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¿Una primavera cubana?

Por Roger Burbach *

Boletín Digital Pluma19

* Texto tomado de Punto Final Nº 775

 Este es un fecundo periodo de experimentación y debate en Cuba. Hace casi siete años que Raúl Castro reemplazó a su hermano Fidel, primero como presidente interino, en 2006, y luego como presidente desde 2008. Bajo Raúl, el país está dando pasos para transformar la economía y está irrumpiendo un discurso crítico sobre el desmantelamiento del autoritario modelo comunista.

Julio Díaz Vásquez, un economista que trabaja en la Universidad de La Habana, declara: “Con la actualización del modelo económico, Cuba enfrenta desafíos complejos (…) en sus instituciones sociales y políticas (…) La herencia del modelo soviético hace necesario arrasar las barreras erigidas por la inercia, la intransigencia y la doble moral”. Agrega: “Esas imperfecciones han producido deficiencias en la democracia cubana, sus libertades creativas y en la participación de sus ciudadanos”.(1)

Entre los principales cambios que han tenido ecos internacionales se cuenta el decreto que entró en vigencia el 14 de enero de 2013, que permite a los cubanos viajar al exterior sin una autorización especial. Igualmente, ahora se pueden comprar casas y autos y también venderlos, demostrando que la propiedad privada está siendo reconocida por primera vez desde comienzos de 1960, cuando el Estado tomó el control de virtualmente toda la propiedad.

En el campo, las tierras ociosas -que constituyen alrededor de la mitad de las tierras cultivables-, están siendo distribuidas en usufructo por diez años en parcelas de diez hectáreas cada una, con posibilidad de renovación del plazo. Se informa que actualmente hay 172 mil nuevos productores agrícolas. A lo menos 181 tipos de ocupaciones, como proveedores de alimentos, peluqueros, choferes de taxis, plomeros y zapateros, pueden ser autorizadas ahora como “trabajadores por cuenta propia”, o trabajadores independientes. Hasta 2012, alrededor de 380 mil personas eran trabajadores por cuenta propia de un total de cinco millones de cubanos que conforman la fuerza de trabajo.

131 lineamientos

El más dramático cambio contra el viejo orden económico se produjo cuando el sexto congreso del Partido Comunista, en abril de 2011, aprobó 131 “lineamientos”. Una mezcla de medidas y recomendaciones en que se postula la autonomía de las empresas estatales, una expansión de las cooperativas, nuevas leyes laborales, cambios en el sistema de subsidios, incluyendo modificaciones en el racionamiento de alimentos. Un comité de más de noventa personas, encabezado por el ministro de Economía Marino Murillo, debe implementar esa política.

La principal debilidad de los lineamientos señalados, de acuerdo a Armando Nova, del Centro para el Estudio de la Economía Cubana, es que no se basan en un verdadero diagnóstico de la economía cubana. La baja productividad, así como su gran déficit comercial, especialmente en productos agrícolas, son reconocidos. Pero no se analiza cómo superar esos problemas sistémicos. Sin embargo, los lineamientos no contienen una conceptualización adecuada de hacia dónde se dirige la sociedad, a menos que sea a un compromiso general con el socialismo. “¿Y de qué tipo de socialismo se trata?”, pregunta Nova.

El nuevo socialismo es semejante al que Lenin aplicó con la Nueva Política Económica (NEP) cuando Rusia permitió una producción campesina de pequeña escala y negocios privados. ¿Cuál debería ser el rol de la propiedad privada en Cuba y cómo podría una nueva economía no aumentar la inequidad? Son preguntas críticas que no fueron tratadas por el sexto congreso del Partido Comunista cubano.

Diversos pensamientos económicos

Hay diferentes escuelas de pensamiento acerca de cómo debe avanzar la economía. Camila Piñeiro Harnecker, en Visiones sobre el socialismo que guía los cambios actuales en Cuba, describe tres visiones diferentes: a) una posición estatista, que refleja ampliamente a la vieja guardia; b) una perspectiva de mercado socialista, apoyada por muchos economistas y c), una posición “autogestionaria”, que convoca a un desarrollo democrático y sustentable, principalmente a través de la promoción de cooperativas.(2)

a) Los estatistas reconocen que Cuba enfrenta serios problemas económicos pero argumentan que ellos pueden ser corregidos mediante un Estado más eficiente, no a través del desmantelamiento del Estado. Lo que se necesita es más disciplina y mayor eficiencia en las industrias y empresas estatales. Una pérdida del control del Estado pudiera significar mayor desorganización e incluso permitir el surgimiento de tendencias capitalistas. Esta posición apunta hacia el desastre que ocurrió en la Unión Soviética a fines de 1980, cuando se intentó terminar con el control central de las empresas estatales.

La posición estatista está más profundamente atrincherada entre los burócratas del nivel medio y cuadros del partido, que temen perder estatus e ingresos si termina el control directo del Estado sobre la economía cubana. Algunos directores de las empresas militares manifiestan también esta tendencia, aunque sorprendentemente muchos oficiales, incluyendo a Raúl Castro, están a favor de la descentralización y de un mayor uso de los mecanismos de mercado.

b) Los partidarios de una economía socialista de mercado sostienen que solamente a través del mercado pueden liberarse las fuerzas productivas de Cuba. El Estado debe garantizar más autonomía o independencia a las empresas y permitir que las fuerzas competitivas incrementen la productividad y eficiencia del mercado. En el corto plazo, la privatización y la mercantilización son necesarios, aunque ello signifique un crecimiento de la desigualdad, la explotación de los trabajadores asalariados y la degradación del medioambiente. Mientras el país se desarrolla, el Estado puede nivelar las diferencias y distribuir las nuevas ganancias en programas sociales.

Los economistas que apoyan el mercado socialista tienden a estar localizados en lo que se llama la “academia”, los institutos y centros de investigación, muchos de los cuales están ligados a la Universidad de La Habana. La academia mira a las experiencias china y vietnamita, especialmente su acogida a la inversión extranjera, aunque creen que Cuba puede hacer un mejor trabajo para controlar la corrupción. Esta posición también encuentra apoyo entre los tecnócratas estatales y algunos ejecutivos que quisieran que sus empresas se expandieran y fueran más rentables cuando sean privatizadas.

También los trabajadores por cuenta propia y la gente corriente dan un apoyo significativo a la economía de mercado, ya que sienten que pueden disfrutar de prosperidad material como la del mundo occidental, o China, si se permite mayor iniciativa individual y empresas privadas.

c) La posición autogestionaria, que defiende Camila Piñeiro, tiene una diferencia fundamental con la visión de los economistas acerca de cómo romper con el viejo modelo estatista. En vez de volver a la competencia y el mercado para tener más productividad, los valores democráticos socialistas de participación, asociación y solidaridad deberían estar en el corazón del trabajo y de la nueva economía.

El control no debería venir desde arriba sino desde la base, en la medida en que los trabajadores se comprometan en la autogestión y en la promoción de sus preocupaciones sociales y económicas. Piñeiro escribe: “Los autogestionarios enfatizan en la necesidad de promover una conciencia socialista, solidaridad y un revolucionario commitment con los históricamente marginalizados. Estos principios pueden ser practicados en las cooperativas y en las empresas municipalizadas, y deben estar destinados a incrementar la conciencia y la productividad en el lugar de trabajo”.

Piñeiro admite que el apoyo de la posición de autogestión está menos consolidado y es sostenido por intelectuales y profesionales y por aquellos que están más a tono con los debates internacionales sobre el socialismo del siglo XXI. Uno de los problemas es que el viejo modelo estatista usaba los términos “participación”, “autonomía” y “control de los trabajadores” para caracterizar las relaciones en las industrias, empresas y cooperativas que operaban pobremente y que ahora en Cuba han caído en el desprestigio. Hoy día aquellos que tratan de renovar esos términos son habitualmente mirados como utópicos, que tratan de resucitar políticas fracasadas.

La revista  Temas

La revista bimestral  Temas  es uno de los principales foros para el debate sobre las nuevas direcciones de la economía. Su editor, Rafael Hernández, dijo en una entrevista: “El proceso de cambio es lento pero irreversible. El problema es si el mejoramiento en las condiciones económicas puede ser lo bastante rápido para mantener el apoyo del pueblo en la base. Las cooperativas que ahora existen solamente en el sector agrícola tienen que expandirse hacia pequeñas manufacturas y servicios”.(3)

Se da cuenta que hay que comprometer al sector de profesionales y técnicos, que constituye la cuarta parte de la población trabajadora de Cuba debido al histórico compromiso de la educación pública en todos los niveles. “Su talento debe ser aprovechado en el proceso de cambio económico y social. Necesitamos un sector público, no un sector gubernamental”.

Utiliza como ejemplo la necesidad de facilitar el cuidado de las personas mayores. “Mi madre tenía Alzheimer. Tuve que cuidarla en la casa, pero ella habría tenido un mejor ambiente y tal vez un mejor cuidado si los doctores y el personal médico especializado fuera capaz de echar a andar hogares, ya fueran cooperativas o lugares de atención médica privada de acuerdo a una combinación de subsidios del gobierno y aportes de las familias”.

Hernández también sostiene que las revistas, periódicos y publicaciones en general deben ser responsables ante el público y no ante el Estado. “Periódicos como  Temas  deberían ser obra de sus trabajadores y consejos editoriales y responder a los intereses del público, aunque  Temas  ya funciona de esta forma. El día antes de mi entrevista, los redactores de  Temas  y su directiva habían ido a uno de los municipios de La Habana a discutir acerca de su próximo número sobre el desarrollo social y lo que significa para los residentes locales”.

También está surgiendo en Cuba un debate sobre la democracia y el socialismo. En las páginas de  Temas  apareció recientemente un artículo de Julio César Guanche, “La participación ciudadana en el Estado cubano”. Luego de una extensa consideración sobre la centralización del poder en la presidencia de Cuba y los límites de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Guanche llama a un nuevo “orden colectivo” que comprenda al “Estado, la esfera pública, las organizaciones de masas y grupos ciudadanos… guiados por los principios de autonomía y cooperación, con la directa participación de las bases (populares)”.

Sostiene que Cuba debería acercarse al nuevo “constitucionalismo latinoamericano” tal como se ha manifestado en Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde Asambleas Constituyentes hicieron nuevas constituciones que asumen los principios de la democracia representativa y también los de la democracia directa. Guanche concluye que para “actualizar” o poner al día las instituciones cubanas y “radicalizar el socialismo democrático”, Cuba necesita su propio “proceso nacional constituyente”.

¿Ganadores y perdedores?

Una pregunta crítica es ¿qué significa el proceso de modernización de la economía cubana en términos de equidad social y económica? ¿Beneficiará a todos o habrá “ganadores y perdedores”, como bajo el capitalismo? Mayra Espina Prieto, en una publicación del Centro para el Estudio de la Economía Cubana analiza el impacto social de las políticas que deberán salir de los 131 lineamientos del sexto congreso del PCC.

En la parte positiva, ve un aumento de las oportunidades personales a través de la creación de una economía “multiprotagónica” que incluye “una mezcla de empresas capitalistas, cooperativas, productores agrícolas que usufructúan la tierra, trabajadores por cuenta propia, etc.”.

Al mismo tiempo, advierte sobre la naturaleza precaria de muchas de las nuevas formas de empleo que pueden incrementar los niveles de pobreza. Casi todos los 181 trabajos pensados para ser hechos por cuenta propia exigen poca calificación y por ende, generan pocos ingresos, reproduciendo lo que aparece como economía informal en otros países de América Latina, que es otro aspecto de la pobreza.

Mi experiencia personal en el centro de la ciudad y en La Habana Vieja respalda estas preocupaciones. Entre abril y noviembre de 2012, cuando visité Cuba, advertí un significativo aumento de vendedores de frutas y verduras, un gran número de cafés marginales y gente tratando de hacer negocios con los turistas extranjeros, ya sea ofreciendo simples servicios como ciclotaxis o compañía sexual de mujeres y hombres. Cuando pregunté qué estaba pasando, sus respuestas indicaron que muchos de ellos habían perdido sus trabajos formales, ya que las empresas estatales estaban despidiendo trabajadores sobrantes para aumentar eficiencia y productividad.

Como dice Rafael Hernández: “Este es un empujón desde abajo. La gente ha aguantado mucho desde el colapso de la ayuda soviética hace ya dos décadas. Ahora quieren tener una mejor vida. Si logramos buenos resultados económicos, habrá apoyo popular para la correspondiente participación y para la apertura democrática”. Julio Díaz Vázquez me dijo: “Hay en Cuba más críticas que nunca antes. Tenemos que ver si podemos terminar con el viejo sistema económico y si somos capaces de construir una nueva sociedad”.

En Cuba los tiempos son desafiantes. Puede que esté abusando de la metáfora cuando describo a su sociedad como viviendo una “primavera”. Pero si alguna combinación de las tres visiones logra hacer avanzar la economía cubana, puede haber realmente una primavera en Cuba.

* Roger Burbach es director del Centro para el Estudio de las Américas (Censa), Berkeley, California. Colaborador de la revista Nacla. Trabajó en la Universidad de Chile en el gobierno del presidente Salvador Allende.

Notas


(1) Julio A. Díaz Vázquez, “Cuba: actualización del modelo económico-social”, Centro de Investigaciones de la Economía Internacional, Universidad de La Habana, manuscrito, 2012.
(2) Revista  Temas , La Habana, abril-junio 2012, pp.46-55.
(3) Entrevista con Julio A. Díaz Vázquez, noviembre 2012.

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Las Escuelas Integrales, una alternativa a la educación oficial

Por Aideé Mares

Pluma19

 Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra.

Paulo Freire

La necesidad de contar con una alternativa a la educación capitalista que se imparte en todo el mundo ha generado el surgimiento de diversas iniciativas pedagógicas de transformación educativa. Las Escuelas Integrales de Educación Básica (EIEB) del estado de Michoacán buscan y promueven el conocimiento desde y con la comunidad, como una forma alternativa de educación humanista crítica en dirección a una sociedad socialista.

Las escuelas integrales, hijas de la insurgencia magisterial.

El origen de las EIEB se remonta a 1995, cuando a raíz de la lucha magisterial se fundan las primeras bases para este proyecto. A la fecha existen 26 escuelas integrales además de 44 que se encuentran en proceso de incorporación, lo que quiere decir que son 70 escuelas de los niveles de educación Inicial, preescolar, primaria (regular e indígena) y secundaria atendidas por 550 a 600 maestros, que servirían a una población de 4,800 a 5,000 alumnos. Están a cargo de la sección XVIII del SNTE y de la Secretaría de Educación Pública de Michoacán.

Este bien colectivo se busca mediante la organización y participación de la sociedad a partir del ejercicio pleno de la democracia, entendida como una práctica política y social, como una nueva forma de organizar la vida y el trabajo mediante la participación popular. La educación básica integral inculca a los alumnos la democracia y la organización mediante ejercicios y exige la ruptura de los esquemas sociales paternalistas y autoritarios. En las EIBE toda la estructura escolar cambia para perder la verticalidad que las “competencias educativas” y las pruebas estandarizadas generan, y se establece un reacomodo horizontal.

Las pedagogías revolucionarias.

Esta revolucionaria forma de educación tiene entre sus pilares teóricos a Mijaíl Pistrak, quien plantea la pedagogía del trabajo como instrumento de liberación, construcción del socialismo y del hombre revolucionario. La escuela se organiza de forma tal que el trabajo, y el amor a éste, esté por encima de todo, incluso del currículo escolar. Antón Makarenko en la colonia Máximo Gorki en Ucrania durante 1933, rescató en un periodo de tres años a niños indigentes y huérfanos de la guerra, a los que educó mediante los postulados teóricos de Pistrak. Pues bien, la mayoría de sus educandos llegaron a ocupar altos cargos oficiales y otros se convirtieron en generales o profesionales.

Las EIEB también retoman del brasileño Paulo Freire la pedagogía del oprimido, que es un método de trabajo con el pueblo y para el pueblo, donde utilizando el dialogo se demuestra a la población su situación de opresión y la manera de buscar la liberación. En América Latina, el Movimiento de los Sin Tierra de Brasil retomó a Freire y Pistrak para formar un sistema educativo popular aplicado en asentamientos campesinos edificados sobre tierras ociosas de terratenientes.

Escuelas sin director.

No obstante estas experiencias exitosas, tanto la pedagogía soviética como los movimientos latinoamericanistas tienen que adecuarse a cada realidad social para poder funcionar. Las EIEB en Michoacán han retomado decididamente el principio del trabajo y el generar unión con el pueblo entre sus bases fundamentales.

En las nuevas escuelas michoacanas de inmediato se percibe la unión con el pueblo. Todas las decisiones concernientes a la escuela y la comunidad son tomadas en asambleas donde se reúnen los colectivos de maestros, de padres de familia y de alumnos con los líderes comunitarios. En dichas asambleas cada asistente tiene voz y voto.

Dentro de la escuela integral no existe el “director”. Esta figura desaparece para ser reemplazada por la de un “coordinador” que permanece en función de uno a dos años y que, a diferencia de un director no ejerce poder autoritario en la toma de decisiones sino que manda-obedeciendo, es decir, obedece a la asamblea y genera métodos para que se respeten y cumplan los acuerdos, como comenta Jesús Gutiérrez, coordinador de la Primaria Josefa Ortiz de Domínguez.

Se activa entonces el papel de padres de familia y alumnos y con ello se genera un mayor aprendizaje pues tanto los problemas de la escuela (infraestructura, planes y programas de estudio) como los problemas sociales de la comunidad (agua potable, alumbrado, etc.) son tratados y resueltos colectivamente.

 Es importante observar que cada asistente a la asamblea debe tener bien claro para qué lo hace y qué importancia tiene su participación. Un ejemplo de esta comprensión es la respuesta dada por los alumnos de 8ª fase[2] a la pregunta ¿Qué es una asamblea?: “Asamblea es donde se platican cosas de la escuela, algunos eventos o cosas que se van a hacer…se toman decisiones importantes y todos pueden participar”.

 

El trabajo como acto humano y creativo.

En cuanto al principio del trabajo, este proyecto de escuela no se circunscribe al aula y pone énfasis en talleres, proyectos productivos y organización comunitaria que enseñen al niño a organizarse en pequeñas cooperativas y en aprendizaje de oficios.

Estos procesos productivos también son para padres de familia y la comunidad en general. Dos madres de familia de la Escuela Primaria Integral Josefa Ortiz de Domínguez, de Uruapan, mencionaron que la escuela, “al darles a los niños talleres después de clases les dan más apoyo en lo que necesitan, pues se quedan más tiempo para que no anden por ahí haciendo maldad…hay muchas madres que trabajan o son solteras y no pueden cuidar a sus hijos; para nosotras que vivimos en una zona marginada nos ayuda mucho que se los den”. Otra dijo: ”a  mí me gusta mucho cómo trabaja la escuela, he ido a varios eventos a Caracha para aprender a trabajar huertos. Aquí aprendí a hacer láminas de ferrocemento que puse en mi casa y así gaste menos; también figuritas de yeso que puse de adorno y otras las vendí”.

En resumen, los programas de estudio de las EIEB contienen los de la escuela tradicional pero una de las diferencias entre ambas es el enfoque con que se enseña. Es un enfoque que tanto a alumnos como a padres de familia les es más útil en la vida.

Sin embargo aunque suene a panacea todo lo descrito sobre este tipo de escuelas, es difícil romper los esquemas y los paradigmas que los medios de comunicación nos han metido en la cabeza respecto al modelo de escuela ideal, que por demás se encuentra desvinculado totalmente de la realidad social.

El romper esquemas es difícil y sobre todo cuando los tenemos tan interiorizados. Para algunos maestros es difícil, por ejemplo, superar el complejo de superioridad con el que muchas veces llegan a las comunidades, pero esto se logra con convencimiento y formación, para lo cual se tienen diversas herramientas teóricas. Para padres y alumnos es difícil el romper con el concepto de que la escuela sirve para “guardar” al hijo mientras se va a trabajar y a la que no es necesario dedicarle tiempo, atención y trabajo. Para la comunidad circundante a la escuela integral es difícil acostumbrarse a participar en la escuela (fuera de su rol de padres) y el permitir que ésta juegue un papel en la toma de decisiones colectivas.

El riesgo de la represión económica del gobierno de Vallejo

Pero aun a pesar de estas limitantes los miembros de las escuelas integrales tienen claro que el proceso que llevan es de aprendizaje conjunto, y que cada sujeto ira librándose poco a poco de su alienación y apoyando así a los demás a liberarse a sí mismos.

Sin embargo estos obstáculos no son los únicos a que se enfrentan las EIEB, sino a uno mayor. A los funcionarios del Estado no les conviene que aparezcan este tipo de escuelas porque pueden ser un apoyo de los movimientos democráticos magisteriales y populares. Y, sobre todo, porque educan en la liberación, no en la sumisión ante la explotación y el poder.

El impacto de esta experiencia ha llegado hasta lo alto de la administración pública que reconoce sus méritos pedagógicos pero advierte que este tipo de educación podría serles peligrosa[3].

 Una limitante, entonces, es que las EIEB requieren ser pagadas con recursos estatales. En el caso de Michoacán, el nuevo gobierno priista que encabeza Fausto Vallejo amenaza con disminuir el presupuesto para esta experiencia, como parte de un proceso de represión en su contra. Si así ocurriese, será un reto para la organización sindical de los maestros, la sección XVIII.

Tenemos bases para creer que en el caso en que se cancelara el gasto estatal a este proyecto educativo un buen número de sus maestros lo mantendrían aun sin cobrar sus sueldos. Esta convicción es compartida por el profesor Mario García Flores: “con recursos o sin ellos las escuelas integrales van a continuar, pues un maestro que ha estado en una escuela integral difícilmente va a dejar de hacer algo por su escuela o su comunidad”.[4]

 



[1]http://www.seccionxviii.org/index.php/noticias/37-noticias-actuales/976-impulsa-seccion-xviii-transformacion-educativa-para-el-desarrollo-real-de-michoacan

[2] Al considerarse que debe haber una continuidad en la formación básica, en las EIEB se modifica el concepto de grados escolares, que han sido cambiados a las siguientes fases: 1ª a 3ª fases refieren a preescolar, de la 4ª a la 9ª a la educación primaria y de la 10ª a 12ª a la educación secundaria.

[3] Josefina Vázquez Mota, cuando estuvo al frente de la SEP declaró que las EIEB son “una auténtica propuesta educativa, aunque ‘lástima que es de la disidencia’. Y aseguró que si se tomara esta escuela como modelo para el sistema del país, se requeriría 10 por ciento del producto interno bruto para una inversión decente y la contratación de más de 200 mil profesores.” (La Jornada, 16.04.2008)

[4] http://www.livestream.com/emergencia/video?clipId=flv_c00350c6-2040-489a-b385-f812e1f9ef3f

Para mayor información revisa esta liga donde podrás leer la entrevista realizada al Profesor Cristóbal Flores por corresponsales de la Revista Pluma durante el Encuentro Nacional de Resistencias Autónomas y Anticapitalistas en Cherán el día 26 de mayo de 2012

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Actividad doméstica: una labor no remunerada

Por Ofelia Rivera Cortés y Eréndira Munguía

Pluma19

La revolución industrial y el surgimiento del capitalismo moderno engendró uno de los mayores avances para las mujeres: el acceso a la producción social y remunerada. La debilidad física característica de la biología femenina pudo compensarse con el uso de la tecnología: el manejo de mucha de la maquinaria moderna no requiere de un despliegue de fuerza superior a la capacidad de la mujer. Sin embargo los logros tecnológicos no repercuten en el desenvolvimiento de la mujer en la sociedad, sino que son absorbidos  para beneficio del sistema patriarcal de propiedad privada. La familia se consolida como un elemento de opresión hacia la mujer, donde el hombre es quien tiene todo el poder de decisión, se relegan a la mujer las tareas domésticas y más aún, ésta se ve comprometida a ampliar su gasto de fuerza laboral para cumplir con la doble función: trabajar en la fábrica, oficina, mina, escuela, etcétera, y a la vez dar sus servicios de trabajo doméstico en el hogar sin remuneración alguna.

Explicar con claridad la exclusión del trabajo doméstico en la cuenta de actividades productivas y la desigualdad laboral entre hombres y mujeres no es tarea fácil, y es hoy en día una discusión abierta.

Valoración de las tareas domésticas

Es innegable el gran valor que tienen las labores domésticas dentro del engranaje de las sociedades. Para calcular su valor monetario podemos etiquetar cada actividad por su precio en el mercado y así darnos una idea de la suma a la que asciende su valor. Por poner un ejemplo el lavado de ropa en lavanderías de mostrador cuesta aproximadamente 20 pesos por 1 kg., considerando una carga de 4 kg. se tendría que cada vez que lavamos ropa estamos realizando una actividad con valor de 80 pesos. Solemos decir que cocinamos o lavamos ropa en la casa “para no gastar”; pero si pensamos más detenidamente, simplemente estamos realizando una actividad en lugar de pagar por ella, en lugar de “gastar” dinero estamos “gastándonos” nosotros mismos. De igual forma con la elaboración de algún alimento, la limpieza de calzado, etcétera.

Es decir, el costo del trabajo doméstico puede explicarse también con las definiciones de Carlos Marx de valor de uso y valor de cambio. El que el trabajo doméstico que realizamos sea en beneficio de nuestra propia familia (valor de uso) no implica automáticamente que deba de tener un carácter no remunerado, ya que como cualquier otro trabajo implica un gasto de energía por parte de quien lo realiza y esto hace que adquiera un valor (valor de cambio) equiparable al valor de cualquier otra actividad humana que requiera el mismo despliegue de energía.

Recientemente en México, y por recomendaciones internacionales,   se ha empezado a contabilizar (aunque no desde un enfoque marxista) el valor del Trabajo No Remunerado en el Hogar (TNRH)[1]. Para este cálculo se toman en cuenta todas las actividades domésticas y cuidados del hogar que se traducen en servicios no remunerados prestados a los propios miembros del hogar, y que podrían ser realizados por personas ajenas: labores de limpieza, el pago de servicios,  trámites bancarios, ciertas compras,  la atención de los hijos, etcétera, y se calcula su valor siguiendo los principios que usamos para el lavado de ropa (claro que en una versión más compleja). Según los datos recopilados, en el año 2010:

l  El total de la población que participa en la producción de bienes y servicio (de manera remunerada o no) es de 79 millones de personas, de las cuales 53.5% son mujeres y 46.5% son hombres.

l  La tasa de participación en el trabajo no remunerado es de 61.8 para mujeres y 26.3 para hombres.

l  La tasa de participación en el trabajo remunerado es de 36.1 para mujeres y 67.7 para hombres.

l  El valor económico de las horas de TNRH resultó equivalente al 21.9% en relación con el PIB de la economía total.

Esto confirma que en la actualidad las mujeres son las que realizan la mayoría del TNRH, aun cuando en principio mujer y varón tenemos los mismos derechos y las mismas capacidades para llevar a cabo las labores en el seno del hogar. Al hacer el desglose de la participación en el trabajo remunerado y no, se hace evidente la desvaloración que tiene el trabajo realizado por las mujeres. Entre los trabajadores que trabajan sin recibir remuneración la mayoría son mujeres, en una proporción de 3 a 1.

Aún cuando las tareas domésticas tienen una función primordial en el desarrollo de las personas y de la sociedad en general, y aunque al ser contabilizado dentro del PIB el TNRH resulta ser una parte considerable de éste, para la Estadística Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE)[2] las actividades domésticas no forman parte de las actividades económicas. Esto implica que las personas que se dedican exclusivamente a tareas dentro del TNRH no son tomadas en cuenta dentro de la población económicamente activa y para la sociedad pasan tristemente a formar parte de los “NINI’s”.

Trabajo remunerado y discriminación laboral

Aunado al problema de la desvalorización del TNRH existe una discriminación hacia la mujer en el ámbito del trabajo remunerado. El primer dato a resaltar es la desigualdad en cuanto a los salarios: de la población que cobra cuando mucho un salario mínimo, el 52% son mujeres, mientras que de la población que gana más de cinco salarios mínimos sólo el 28% son mujeres.

El ENOE 2010 divide en 10 grupos ocupacionales las actividades del trabajo remunerado. En la mayoría de los grupos ocupacionales dentro del trabajo remunerado las mujeres ganan menos que los hombres. La situación extrema es la de las ocupaciones industriales, en donde las mujeres perciben una cuarta parte menos de lo que se les paga a los hombres.

La actividad económica donde más integradas están las mujeres es la del comercio, pero es precisamente ésta en donde se encuentra el mayor índice de discriminación salarial. Para alcanzar la equidad salarial entre uno y otro sexo se requiere en el sector comercial aumentar el salario que perciben las mujeres en un 52.2%, para las ocupaciones industriales el aumento debería ser de 29% y para los puestos de funcionarios y directivos el 24.9%. A nivel del total de trabajadores asalariados, para lograr la equidad, el aumento al salario de las mujeres debería ser del 8.6%, siendo los grupos más equitativos en cuanto al salario los que cuentan con menos incursión femenina.

¿Qué hacer ante la desigualdad?

Para resolver estas desigualdades de género necesitamos hacer un análisis profundo y preguntarnos qué las está generando. Como hemos dicho el TNRH no fue desde siempre responsabilidad única de las mujeres. En los hogares preindustriales el trabajo doméstico era mucho más variado y complejo, y los hombres participaban en éste de diferentes maneras como en la caza y la conservación de los alimentos, en la fabricación de textiles, etcétera. Además de que las labores de limpieza no eran tan extensas como lo son ahora debido a la moderna concepción de higiene[3]. Es decir, no es cierto que la asignación a las mujeres como responsables del hogar sea una cuestión de fundamento biológico que haya existido desde siempre, como tampoco es cierto que la modernidad ha venido a disminuir la jornada de trabajo en el hogar. Lo que sí es un hecho para las mujeres es que desde que nacemos los estereotipos sociales nos abordan y encapsulan a una función y paradójicamente es la misma sociedad la que no nos reconoce plenamente las funciones que nos asigna. Sacudir estos prejuicios no es tarea fácil ni siquiera para nosotras mismas, pero es un paso forzoso que debemos dar para llevar una vida plena y feliz. Debemos reconocernos a nosotras mismas como seres humanos igual de aptos y capaces que los varones, al tiempo de exigir la igualdad en derechos. Una de las reivindicaciones que debemos enarbolar es el reconocimiento de la labor doméstica como un trabajo más en la lista de actividades productivas y en donde bien pueden participar y contribuir tanto el varón como la mujer en igualdad de fuerza de trabajo. Exigimos ya reconocimiento y la no discriminación laboral para nuestro género.



[1]    Mujeres y Hombres en México 2011. INEGI. www.equidad.scjn.gob.mx/IMG/pdf/MyH2011.pdf

[2]    Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. ENOE 2010. INEGI.

[3]    El Trabajo de Cuidados. Historia, Teoría y Políticas. Cristina Carrasco et al. 2011

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