Monthly Archives: noviembre 2012

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El Estado de bienestar es una conquista obrera

Tanto los partidos demócrata-cristianos de Europa (hermanos del PAN de México) y los partidos socialdemócratas (primos del PRD y el PRI) se atribuyen la paternidad del Estado de bienestar. Pero tal pretensión carece de verdad histórica. Las burguesías europeas, temerosas de que los pueblos de ese continente al término de la segunda gran guerra hicieran la revolución social, se vieron obligadas a prestar servicios educativos, sanitarios, seguro de desempleo y otros satisfactores similares a los que brindaba el Estado soviético.

 

“La redistribución de la renta nacional por medio del Estado”

El año 1945 fue uno de los más difíciles para la burguesía internacional. La abrumadora derrota de los nazis ante el Ejército Rojo puso en cuestión la dominación del capitalismo en toda Europa. Stalin, al frente de la Unión Soviética, se comprometió con los gobernantes estadounidenses y británicos a respetar a las burguesías europeas, su poder e intereses. Pero el Ejército Rojo y los pueblos de la mayoría de países tenían otros planes: querían acabar con los fascistas y con aquellos que los habían apoyado, las burguesías, sus fracciones más poderosas en algunos casos. Así que barrieron a ambos en Hungría, Rumania, Yugoslavia, Checoeslovaquia, Polonia, parte de Alemania… La destrucción de las burguesías  pudo haber continuado en otros países, como Grecia, pero el pueblo en armas fue masacrado por tropas “aliadas”.

Si Stalin mandó poner dentro de Alemania un muro para dividir físicamente la parte “socialista” de la capitalista, las burguesías europeas edificaron “Estados de bienestar” que actuaron como muros políticos-sociales entre el occidente y el oriente del continente. Se trataba de que los proletarios del occidente europeo no desearan un Estado como el soviético (con empleos para todos, hospitales, escuelas y vacaciones). A cambio les otorgaron una versión capitalista del mismo Estado pero con una ventaja adicional: los Estados de bienestar estarían aderezados de democracia burguesa mientras que el modelo stalinista era totalitario. El trasfondo de este proceso fueron enérgicas huelgas y luchas obreras en esta región del mundo.

El teórico marxista belga Ernest Mandel explicó en 1962 que los servicios que presta el Estado de bienestar son un mecanismo mediante el cual las burguesías pagan una parte del salario a los trabajadores.

“El Estado, al asegurar a los asalariados ciertos servicios que no tienen que comprar con el salario monetario, no hace otra cosa que asegurar, en nombre del conjunto de la burguesía, el pago de una parte integrante de sus salarios. El Estado actúa como cajero principal de la burguesía para desembolsar una parte de los salarios en forma colectiva.”[i]

El Estado de bienestar, que tuvo en Europa su mayor desarrollo, se expandió por la mayoría de los países del mundo. En México tenemos una versión escuálida, chicharronera y mezquina de este fenómeno, aunque le permite al PRI, PAN y PRD hacer demagogia y ganar votos.

Esto quiere decir que si el Estado de bienestar es desmantelado, como está ocurriendo ahora en el sur europeo, ello significa una disminución drástica del salario de la clase trabajadora. Ya empezamos a ver las reacciones obreras y juveniles en defensa de sus derechos.

El Estado como garante de la ganancia de los monopolios

El Estado capitalista tiene distintas caras: una es amable, dadivosa y se conoce con el nombre de Estado de bienestar, que tiende a desaparecer con la crisis. Otra es la cara de perro bulldog, que exhibirá cada vez con más frecuencia. Y otra es en la que se desempeña como garante de la ganancia de los monopolios, que también está ahora en las primeras planas.

La gran noticia de estos años es que los Estados, haciendo uso del erario público –riqueza que en teoría es de todos los ciudadanos- salvaron a los bancos y grandes empresas. En los años 2008 y 2009 los Estados gastaron una cantidad astronómica –se estima que fueron alrededor de 20 billones de dólares- para “rescatar” a los bancos privados y a algunas grandes empresas, como General Motors en los EU.

“Rescatar” a los que quiebran es una medida que va contra las reglas del sistema capitalista. Cientos de miles de micros, pequeños y medianos empresarios quiebran en el mundo cada año y al hacerlo pierden la mayor parte o hasta toda su inversión. Pero el Estado hace una excepción con los grandes capitalistas. Si les va mal en los negocios o quiebran no deben preocuparse porque el Estado les dará dinero para cubrir sus pérdidas. Este dinero del Estado es propiedad de los contribuyentes, de los ciudadanos, del pueblo, pero los gobernantes disponen de esa riqueza para salvar a los burgueses en problemas. Al hacerlo, debilitan las finanzas públicas, lo sobreendeudan al Estado y le causan déficit.

Así ocurrió en México cuando el entonces presidente Ernesto Zedillo rescató a los banqueros y a los empresarios que habían construido carreteras: generó una deuda pública enorme que a la fecha, 20 años después, no se termina de pagar y que obliga a que en el presupuesto federal se deba restringir el gasto social y en obras.

El economista marxista Ernest Mandel dice que es una práctica común de los gobernantes usar los recursos del Estado para salvar a la élite burguesa. Nos recuerda que en Alemania, “después de la gran crisis bancaria de 1931, la república de Weimar adquirió el 90% de las acciones de Dredsner y del Danatbank; el 70% de las del Kommerz und Privatbank; el 35% de las del Deitsche Bank; en 1937, todas estas acciones fueron cedidas de nuevo a los bancos privados, en el momento en que éstos realizan otra vez abundantes beneficios.” “La ayuda  económica a empresas capitalistas en dificultades se trata de una nacionalización de las pérdidas, acompañada de una reprivatización de las ganancias.”

“El Estado se convierte cada vez más en un instrumento indispensable para los monopolios. Realizar la ganancia, y no la ganancia media, sino la sobreganancia a que consideran tener derecho, no puede ya depender únicamente del mecanismo de las ‘leyes económicas’; la política económica del Estado debe, si llega el caso, hacer nulas esas mismas ‘leyes’ cuando su juego amenaza la ganancia de los monopolios.  Expresa la sumisión estatal a aquéllos por la unión cada vez mayor entre el personal dirigente del Estado y los jefes de los grandes monopolios”, concluyó Mandel en su “Tratado de Economía Marxista”, escrito en el ya lejano año de 1962 y que hoy tiene plena vigencia.



[i] Mandel, Ernest, Tratado de Economía Marxista (1962), Tomo 2, México, Era, 1983.

 

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Presentación de “Tú y yo coincidimos en la noche terrible”

En estas páginas se conservan las historias de vida de los 127 trabajadores de la información asesinados o desaparecidos en territorio mexicano durante los dos primeros sexenios de la alternancia. No sólo los que murieron o desaparecieron a causa de lo que estaban escribiendo sobre narcotráfico o corrupción. Sino de los que murieron o desaparecieron por el clima de violencia e impunidad que azota al país. De los que sus asesinatos y desapariciones no tuvieron una investigación. De los valientes. De los que callaron. De los que no sabemos nada. De los olvidados. De los que ya nadie busca. La tristeza y la nostalgia que hay en la raíz de todas estas muertes y desapariciones quieren ser un altar a su memoria.

127 periodistas escribieron los perfiles de cada uno de los periodistas asesinados, también 127. Cuauhtémoc Ruiz, editor de la revista Pluma y de El Socialista, escribió sobre  José Luis Ortega Mata, asesinado en Chihuahua en febrero de 2000.

La presentación será en el Encuentro Internacional de Periodistas que se celebra en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Fecha: Jueves 29 de noviembre

Hora: 16:00 horas

Lugar: Salón 2, planta baja, Expo Guadalajara

Presentan: Lolita Bosch, Alejandro Vélez, Marcela Turati y Froylán Enciso

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Radiografía de una opresión

Por Juan Reséndiz

El libro Sí se Puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a los Estados Unidos, escrito por la periodista Sanjuana Martínez es una estupenda crónica sobre esta comunidad en los Estados Unidos, el “gigante dormido” como gustan llamarla activistas y dirigentes sociales. El libro es un recuento de las protestas y movilizaciones protagonizadas por los latinos en EU con el objetivo de ganar libertades y garantías democráticas, como la legalización de todos los migrantes en el país vecino, cuya mayor expresión se concretó en la poderosa movilización del primero de mayo de 2006.

Es una radiografía de una comunidad oprimida que comienza desde las nulas posibilidades de progreso en su país de origen, sigue con las titánicas y peligrosas  travesías para cruzar al “otro lado” y culmina con las indignantes e injustas condiciones en que laboran para dar sustento a una nación que los desvaloriza cotidianamente y les niega el más elemental derecho ciudadano. El libro que nos presenta la colaboradora de Proceso, es una importante contribución para el entendimiento de esta problemática.

Presentamos algunos párrafos.

 

Del Sueño Americano a la pesadilla

 

La calle César Chávez, en San Francisco, California, donde diariamente acuden cientos de trabajadores indocumentados mexicanos a buscar empleo, es un claro ejemplo de la esclavitud del siglo XXI.

Desde hace años, con la permisividad de las autoridades migratorias y policiales, esta arteria de la ciudad funciona como una agencia de empleo barato, caracterizada por los abusos laborales de todo tipo y por la explotación de los trabajadores.

La escena se repite por todo el país. En cada ciudad o pueblo de Estados Unidos siempre hay una calle, una esquina u otro lugar adonde acuden los jornaleros para ser contratados.

Muchos de esos trabajadores llevan 10 o 20 años viviendo como indocumentados. A la policía, los empleadores y el gobierno así les conviene.

Paradójicamente, el nombre de César Chávez corresponde al histórico fundador del Sindicato de Trabajadores del Campo en 1962, muerto en 1993 como consecuencia de un ayuno en protesta por las malas condiciones laborales.

En California, donde hay entre 8 y 10 millones de sin papeles, la indiferencia del gobierno ha contribuido a que los abusos contra los mexicanos inmigrantes ilegales vayan en aumento, sobre todo en el impago de salarios.

Protegidos por la situación de ilegalidad de los trabajadores, los patrones estadounidenses casi nunca son denunciados, principalmente porque no revelan su identidad a aquellos a quienes contratan.

Además, los obligan a trabajar 16 horas o más, y al final de la jornada sencillamente les dicen que no les van a pagar: Es frecuente. Ellos saben que no los podemos denunciar porque no tenemos papeles y además nunca nos dan sus nombres. Así  es el sistema para los ilegales; lo tomas o lo dejas, dice Francisco García, originario de Morelia, Michoacán.

Francisco está parado en el cruce de César Chávez y Bartlett: Llevo en esta esquina parte de mi vida. Llegué  hace quince años. De aquí  saco para mantener a mi esposa y dos hijos. México no sirve Fíjese nomás que prefiero esto antes que aquello.

La calle César Chávez tiene un código de normas no escrito. En cada esquina o parquímetro se paran trabajadores de distintos estados y municipios de México; por ejemplo, en una esquina los de Palenque, Chiapas; en otra los de Ocosingo y, más adelante, los de San Cristóbal de las Casas.

Hay tres turnos establecidos: mañana, tarde y noche. Hay quien permanece las 24 horas y duerme  en su esquina, como Miguel Ángel  Navarro, de Ciudad Juárez, Chihuahua, que lleva 16 años de indocumentado: Está duro el frío por la noche, pero ni modo. Hay abusos de todos los patrones: los gringos nos caciquean, los hispanos nos sablean y los chinos nos explotan.

Un  trabajador cobra entre siete y veinte dólares la hora,  dependiendo  del empleador y del tipo de trabajo ofrecido: pintura, albañilería, carpintería, plomería, electricidad…

Un trabajador estadounidense cobre entre 45 y 53 dólares la hora en trabajos especializados; sin embargo, el patrón se ahorra más de la mitad contratando a un indocumentado, y además no tiene que otorgar prestación alguna.

La mayoría de los trabajadores indocumentados viven en la indigencia. Duermen en los puentes, calles o estacionamientos de los alrededores y en algunos casos utilizan los tres meses permitidos en los pocos albergues públicos de la zona. A algunos no les alcanza para pagar los altos alquileres de una habitación, que van de 150 a 500 dólares; otros prefieren ahorrar todo lo que ganan para enviarlo a sus familias a México.

Yo soy un homeless (sin hogar)  en toda regla dice José  Cruz, de Cuernavaca, Morelos, que está en la esquina de la calle Shotwell cargando con su bolsa de dormir, Desayuno, como y ceno en los albergues, duermo en un estacionamiento, me baño en un sitio para gente sin recursos y voy a las iglesias a que meden ropa. Aquí está bien padre. Si sabes moverte, no gastas nada.

Se vino caminando con otros dos amigos por la sierra, cruzó la frontera en Tijuana y llegó a San Francisco en tres días: Yo no pagué  coyote –dice-. Me vine sin equipaje; sólo una botella de tequila; ni agua traía. No pasé por Arizona por que allí los rancheros matan como conejos a los que cruzan. Esa es su diversión y nadie le dice nada.

Estos abusos le han destrozado la vida a Camilo Álvarez, un chiapaneco de Palenque, de 35 años, que llegó hace tres y desde entonces vive en la calle: “Duermo debajo del puente y cuando llueve nos dejan pasar la noche en el estacionamiento de la iglesia; allí nos dan el desayuno: café”, dice hablando el español con dificultad.

Mi primo y mi tío nos venimos porque la pobreza en mucha; no teníamos ni para darles de comer a nuestras familias. Por lo menos desde aquí les mandamos cada 15 días 300 o 500 dólares. Con nosotros de este lado, tienen mejor vida. Ni modo, éste es el país más poderoso. No podemos hacer nada.

A su lado está Ángel López, de 34 años, cuyo rostro refleja la desesperación y la tristeza. “Llevo más de siete días sin trabajo;  está muy duro. Ésta es la mala temporada; se mejora en marzo. Estoy preocupado porque desde hace mucho que no les mando dinero”.

Los de la esquina de la calle South Van Ness se quejan de que los chiapanecos suelen aceptar una paga de cinco dólares la hora, mientras que ellos exigen 10. “Nosotros les quitamos el trabajo a los gringos, que cobran a 20 o 50 dólares la hora; pero los chiapanecos nos lo quitan  a nosotros, que cobramos 10” dice Carlos Contreras, de Veracruz.

Señala a otro compañero al que el día anterior el patrón no le quiso pagar su salario: “Trabajé  dos semanas con él y luego no me pagó; me quedó debiendo casi 1,000 dólares”, cuanta desolado.

La monja María del Carmen Díaz, de la iglesia de San Antonio, donde diariamente sirven 200 desayunos a los trabajadores de la calle César Chávez, comenta que la situación de indigencia en la que viven  es muy grave y no los atiende ni el gobierno de México ni el de Estados Unidos.

De tanto estirar la mano pidiendo trabajo cuando pasan los coches, se cansan. Les llevo comida, fruta o pan del que voy recogiendo en los negocios. Es una situación muy triste, que en México ni se conoce. Muchos piensan que vienen al paraíso y mire lo que se encuentran.

Sistema Hipócrita

 

Millones de documentos falsos en manos de inmigrantes, supuestamente “sin papeles” circulan en Estados Unidos.

El mercado negro de documentos es una realidad cotidiana. Efectivamente, esta red de falsificadores funciona a través de teléfonos móviles y ante la indiferente mirada de los patrulleros que recorren la zona. Alrededor de quince hombres se dedican a ofrecer los documentos falsos en una radio de diez calles. Algunos clientes no se bajan del vehículo que conducen.

Con movimientos sigilosos se pide, paga y recoge la mercancía entre el intenso tráfico. La calidad del trabajo exige el uso de equipos de computación e impresión de alta tecnología. Los talleres presuntamente están ubicados, desde hace más de una década, en el segundo piso de la tienda de discos y en la tienda de fotos Passport Photo Studio, donde los inmigrantes pagan y recogen la mercancía.

La industria de documentos falsos funciona a lo largo y ancho del país en los barrios  de las minorías étnicas. En el caso de la comunidad hispana, los lugares de venta en California están plenamente identificados desde hace más de una década.

En San José, la venta se realiza en los centros comerciales La Tropicana, Mi pueblo y entre las calles Store y King, en pleno barrio hispano. En Redwood City, en la tienda La Chávez, y en Los Ángeles, en los parques MacArthur  y Huntington o en la  intersección de las calles Pacific y Gage, entre otros.

Ésta fabrica de documentos falsos funciona en la mayoría de los 50 estados del país. Usan nombres de personas muertas, roban identidades o inventan todo tipo de datos para expedir pasaportes, actas de nacimiento, tarjetas de la Seguridad Social, licencias de conductor, tarjetas de residencia.

Los inmigrantes pueden vivir durante más de 30 años con documentación falsa. Los empleadores no están obligados a comprobar la autenticidad de esos documentos, de tal manera que el trabajador permanece en la clandestinidad. Los honrados dueños de negocios no deberían actuar como detectives para verificar la situación  de sus trabajadores, repite constantemente el presidente George Bush.

Pago de impuestos sin beneficio alguno.

 

De esta manera se institucionaliza un sistema de doble moral y doble realidad: los indocumentados existen y no existen. Existen para trabajar en los puestos y con los salarios que los estadounidenses no quieren. No existen para recibir ayudas: Las cuotas e impuestos que pagan engrosan las arcas el estado a cambio de nada. Según la Asociación Estadounidense los inmigrantes ganan 240 000 millones de dólares al año y pagan 90 000 millones en impuestos, mientras que sólo reciben 5 000 millones en servicios sociales.

Los trabajadores indocumentados se convierten así en ciudadanos de segunda clase que pagan impuestos, pero no reciben beneficios a cambio. El año pasado la Seguridad Social reportó alrededor de 375 000 millones de dólares  en concepto de ingresos no reclamados. Este rubro, conocido como earnings suspense file, se ha ido acumulando  en el transcurso de más de 20 años a base de la mano de obra inmigrante clandestina que no puede exigir la devolución de los impuestos por haber utilizado documentos falsos.

¿Por qué, si pago impuestos, no puedo ser legal? Dice Luís Juárez, quien desde hace tres años trabaja en Estados Unidos con documentos falsos y realiza sus declaraciones tributarias.

El sistema está diseñado para beneficiar a los empleadores y al gobierno. El problema migratorio no lo resuelven porque no les conviene; porque beneficia a Estados Unidos.

Aportación a la economía

La aportación de los inmigrantes hispanos a la economía de Estados Unidos supera los 200 000 millones de dólares anuales, y cualquier reforma que contemple la expulsión o contratación temporal  alteraría  sustancialmente el sistema productivo y financiero del país.

91% de los trabajadores del campo son inmigrantes mexicanos, 80% de ellos ilegales; Estamos hablando de colapsar el sistema, algo que a los legisladores no les conviene hacer.

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