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México. Esclavitud del siglo XXI: Coca-Cola

El día de hoy, 5 plantas de Coca Cola en la Ciudad de México se fueron a paro. Han pasado sobre los vales de despensa, les quitaron los días económicos y otros derechos, pero la gota derramó el vaso cuando fueron sobre las comisiones que representan entre el 30% y el 50% de sus ingresos.

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LA IZQUIERDA, DIARIO
Soledad Farfalla
Maestra de secundaria, Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase
Lunes 24 de junio
“Los esclavos antes trabajaban de sol a sol: salían a las 7 y a las 7 volvían. Nosotros ni siquiera eso tenemos, salgo a las cuatro de mi casa y regreso después de las diez”. Le dice rabioso un trabajador de más de 30 años de trabajo en la Coca Cola al charro de la CROC que ha salido a intentar persuadir a los trabajadores.

El día de hoy, 5 plantas de Coca Cola en la Ciudad de México se fueron a paro. Han pasado sobre los vales de despensa, les quitaron los días económicos y otros derechos, pero la gota derramó el vaso cuando fueron sobre las comisiones que representan entre el 30% y el 50% de sus ingresos.

Estos hombres trabajan entre 10 y 15 horas por día por $294 al día. Llegan a las 7, no saben a qué hora saldrán, puede que sea a las 10 o quizá a las 12, todo dependerá de la hora en la que terminen de vender las hasta 1000 cajas de producto diarias que se les asignan.

“Una navidad me agarró repartiendo” dice uno, “Yo sí llegué a la cena, pero del cansancio me quedé dormido, pobre de mi mujer.” dice otro. Ya entre broma uno dice: “Aunque mi esposa me motive, ya no le rindo del cansancio, le juro que no puedo”. Uno profundiza: “Aquí hay muchos que se han divorciado porque no podemos estar en la casa, nuestras esposas hasta creen que andamos con otra.”

Las historias son brutales y se multiplican, todas sus historias calan, duelen, llenan de rabia. “Un día mi niño me preguntó si ya no vivía en la casa, porque ya nunca me veía.” Nos lo dice un hombre que lleva 5 años entregando sus días a la Coca Cola, nos lo dice un hombre que tiene la fortaleza para bajar 900 cajas diarias de producto, pero que al hablar de su hijo se le quiebra la voz y se le enrojecen los ojos.

Otro dice: “Yo vi crecer a mi hijo en puro video del Whats App, sus primeras palabras, sus primeros pasitos. Cuando llego está dormido, antes de irme está dormido…esto no es vida”

Sumado a las larguísimas jornadas de trabajo, los traslados vuelven imposible estar en casa. Cenan, duermen, se bañan y de vuelta al trabajo. El domingo que “descansan” el cuerpo no rinde mucho y apenas da para convivir un rato.

Es indignante que esto pase, más aún que pasé en la multinacional más grande del mundo. La misma que tan sólo en 2018 facturó 31’856 millones de dólares. Esta descomunal cifra no se podría generar sin la fuerza de los miles de trabajadores que le dan vida a la empresa.

Soy maestra en secundaria, hoy desde temprano fui junto a otros compañeros maestros a una de las plantas que paro en la Ciudad de México. Las historias que allí oímos son brutales. Son las historias de los padres de nuestros alumnos, ahora tengo más claro que nunca las carencias de mis alumnos que crecen y se crían prácticamente solos, porque sus padres trabajan cada vez más.

Hoy con más rabia les decimos a nuestros hermanos trabajadores: ¡No están solos! ¡Nuestras vidas valen más que sus ganancias!

ver más:
http://www.laizquierdadiario.mx/Esclavitud-del-siglo-XXI-Coca-Cola?fbclid=IwAR0btrZqg6ppGly-sOHikklMt3xHbfVHqlNOnW3vgNdlH3L4H925kdj0nRw

 

 

 

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El Tren Maya y el posible colapso ecológico de la Península de Yucatán

Un grupo de biólogas explican los motivos de preocupación por los efectos que podría tener el Tren Maya.

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ECOOSFERA
JUN 26, 2019
Un grupo de investigadoras del Centro de Investigación Científica de Yucatán y de la Universidad Autónoma de Yucatán: Casandra Reyes García, Celene Espadas Manrique, Alejandra García Quintanilla y Manuela Tamayo Chim, explican los motivos de preocupación de los biólogos (y no sólo de ellos), por los efectos que podría tener el Tren Maya.

El llamado Tren Maya puede provocar “un colapso ecológico” en la península de Yucatán. Definen “colapso ecológico” como la situación en la cual “el ecosistema sufre una serie de cambios irreversibles que afectan a gran parte de su organismos y resulta en una extinción masiva”.

Este colapso no afecta solamente a la flora y a la fauna, “sino que repercute directamente sobre todos los seres vivos, incluyendo los humanos, que nos beneficiamos de los servicios que la selva nos brinda”. Algunos de esto servicios son: que los bosques o selvas favorecen la formación de nubes por el vapor de la transpiración y promueven la lluvia, y que las raíces de los árboles favorecen la infiltración del agua al manto freático.

La fauna de las selvas contribuye “al control natural de plagas, así como a servicios de polinización”. La polinización permite la producción de frutos. Los jaguares y pumas “controlan la proliferación de herbívoros ayudando a la regeneración de las plantas en los bosques”. La selva además da madera, leña, frutos, plantas medicinales, colorantes, especias, animales para la caza, y brinda servicios culturales, “la naturaleza es parte intrínseca del ser de los pueblos originarios, son un importante valor intangible”. Estos pueblos han mantenido por milenios una relación armoniosa con la naturaleza. Señalan que:

“Las estaciones Tulum-Carrillo Puerto-Bacalar y Bacalar-Calakmul-Escárcega atraviesan porciones de la península de Yucatán que aún albergan zonas de vegetación conservada, donde se encuentran dos de las áreas naturales protegidas más importantes de México: la Reserva de la Biósfera de Calakmul que por su extensión de selva continua constituye la segunda reserva más importante de América tropical, sólo después de la Amazonia y la reserva de la Biosfera de Sian Ka’an, que alberga un sinnúmero de ríos subterráneos de agua dulce que interconectan con cenotes y petenes, y que ha sido declarada Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO”.

En la Reserva de Calakmul “se encuentra una zona arqueológica que ha sido denominada Patrimonio Mundial Mixto por la UNESCO y que se pretende potenciar como atractivo turístico”. Esta zona está hoy poco comunicada y recibe 40, 000 turistas al año. “Al conectarse con el tren se espera que de los casi 17 millones de turistas que llegan a Cancún, 3 millones lleguen a visitar Calakmul”.

Un adelanto puede verse en la Riviera Maya. Si bien se dijo, escriben las investigadoras, “que se iba a mantener un desarrollo responsable con el medio ambiente y de bajo impacto, y que traería consigo bienestar”, lo que ha ocurrido es que la población local fue reubicada y que la biodiversidad ha sido fuertemente impactada. Ha habido ecocidios “tanto en el mar como en la tierra, donde el coral, las selvas y los manglares han muerto”.

La ONU ha advertido que frente a los problemas ambientales “es necesario adoptar medidas urgentes a una escala sin precedentes para detener y revertir esta situación y proteger así la salud humana y ambiental”.

Ellas comentan: “si el proyecto del Tren Maya no hace un análisis exhaustivo del impacto ambiental, social y económico que causaría, claramente impactará primero a los más pobres”. Son ellos quienes “verán la disminución de miel en sus apiarios y de las cosechas en sus milpas. Concluyen: “es importante detenerse y hacer un verdadero análisis de los impactos del Tren Maya y modificar su ruta para salvaguardar la selva”.

La voz de los pueblos mayas al respecto, puede leerse en el Pronunciamiento de Organizaciones Mayas de la Península de Yucatán del 19 de junio. Su posición en torno al tema fortalece lo expresado por las investigadoras.

Así como hoy vemos islas formadas con los desechos de plástico que hemos arrojando al mar, un día veremos, si se insiste en construir este tren, cómo “cambiarán las lluvias, se vaciarán los mantos freáticos, subirán las temperaturas y los cultivos no serán polinizados.” Esto no sólo afecta a la Península de Yucatán; nos afecta a todos.

ver más:
https://ecoosfera.com/tren-maya-consecuencias-ecologicas-medioambiente-estudios/

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 México. La recuperación natural de la tierra de Texcoco

NAIM

MILENIO
ESTEBAN GARAIZ
Junio 18 2019
“Guadalajara en un llano, México en una laguna”.
Si la Humanidad desapareciera por un virus fulminante, o cualquier otra causa, probablemente en unos 30 años, el vaso profundo de Texcoco habría recuperado, al menos, las lagunas de Casa Colorada, Texcoco Norte y Xalapango, que recibían 7 millones de metros cúbicos de agua con la descarga natural de 7 de los 9 ríos del oriente del Valle de México.

Se rescatarían en breve tiempo, para el lago, más de 5 mil hectáreas, las más profundas de las 12 mil 363 que cubre la cuenca cerrada del llamado Sistema Hidrológico del Lago de Texcoco.

La vegetación halófila del valle, o sea: las especies vegetales de todo tipo que prosperan en suelos salitrosos, habría rápidamente recuperado terreno en las orillas circundantes, ayudadas naturalmente por las aves migratorias y las autóctonas.

“El agua reconoce”, según dice la primera, irreducible, ley física de la Hidráulica. O sea: tira hacia abajo. Así que los pequeños ríos de la cuenca cerrada llevarían para entonces su agua cristalina hacia el centro de la Equis que le costó a la Nación mexicana 14 mil millones de pesos.

Ahí llegarían 7 de los ríos: a la losa de cimentación y a la pista 2, construidas con dinero de los mexicanos, en un espacio de 4 mil 500 hectáreas ¡a 4 metros y medio bajo el nivel freático de la cuenca!

Aunque parece ahora que no habrá que esperar al fin de la Humanidad. Parece que en un plazo no tan largo se retome en esencia el proyecto del benemérito Ingeniero Gerardo Cruickshank y su brillante equipo de la Comisión del Valle de Texcoco, dependiente, como otras regionales, de la entonces Secretaría de Recursos Hidráulicos.

Proyecto que rescató en los años de 1960-80 la cuenca lacustre y liberó a la población de la Ciudad de México de las asfixiantes tolvaneras que ahogaban a la población y que eran causa de toda clase de daños a la salud de los habitantes de la metrópoli. Técnicos patriotas aquellos.

Ahora, como se acaba de publicar en Milenio, con nota de Fanny Miranda el pasado 10 de junio, la nueva Comisión Nacional del Agua ha iniciado la segunda fase del Parque Ecológico Lago de Texcoco, que sin duda cambiará de manera decisiva el clima y el aire respirable de la Metrópoli de la Cd. de México y su conglomerado conurbado.

El reconocido arquitecto y paisajista urbano Iñaki Echeverría es el director general de la restauración del Parque Ecológico Lago de Texcoco. Ya hizo una importante declaración: “al polígono de construcción del NAIM volverán las lagunas de regulación Casa Colorada, Xalapango, y Texcoco Norte, que recibían 6.8 millones de metros cúbicos de agua que descargan siete de los 9 ríos del Oriente del Valle de México”.

Con la franqueza del técnico, comprometido con la recuperación ambiental, contesta que “a la losa terminal no tiene sentido hacerle nada: está 4.5 metros bajo nivel freático”. Los peces nadarán sobre ella. También sobre la locura criminal de haber despilfarrado 14 mil millones de pesos del pueblo de México: un aeropuerto en el fondo del lago. El lago que “no existe”, según dicen los aprendices de geógrafo.

Así van a quedar, en cinco años, recuperadas 903 hectáreas. Como varios de los actuales playones, donde anidan las aves nativas, quedarán cubiertos, se recuperarán otros. Habrá un vivero de halófilas para 130 especies vegetales. Humedad y vida verde, resiliente.

El parque público activo con 300 hectáreas. La superficie de agua recuperada: 903 hectáreas para evaporación y regulación hidrológica de la cuenca. El parque de los más grandes del mundo, será equivalente a 20 veces el Bosque de Chapultepec.

Los viejos de seguro recordarán con agrado la recuperación del siglo XX, cuando de nuevo se hizo habitable la Ciudad de México. Verán con esperanza para sus nietos una ciudad en la que se puede vivir con alegría. La planeación aeronáutica encontrará espacios adecuados para interconexiones, más al norte quizá: no sobre la urbe.

Toda proporción guardada, quizá va siendo hora que también Jalisco y su metrópoli, que ya no cupo en un llano: el de Atemajac, y ya invadió el vecino de Tlajomulco, de la manera más irreflexiva: sin espacios públicos, ni escuelas, ni transporte público, ni centros de salud, ni agua doméstica garantizada, sólo en el afán voraz de las constructoras privadas, vaya pensando ahora en la laguna de Sayula y sus tolvaneras.

No estará de más recordar y tomar en cuenta el rescate ecológico que se logró entre los años 1950 a 1980 en las repúblicas de Asia Central de la entonces Unión Soviética. Por cierto: por donde ahora pasará la Nueva Ruta de la Seda. Ahí se dejó un precedente mundial. Se pued

https://origin-www.milenio.com/opinion/esteban-garaiz/columna-esteban-garaiz/la-recuperacion-natural-de-la-tierra-de-texcoco?fbclid=IwAR3TcOXNB4YmozlH-nbk__sZ8QoY5o5y-_XiAs3gh0aRAOtSCYroCuD265Q

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