Cuatro meses: no olvidamos, no perdonamos

Agencia SubVersiones

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Publicado por Subversiones AAC

Han pasado cuatro meses desde que 43 estudiantes normalistas fueron desaparecidos por policías, en contubernio con el ejército y elementos del cártel Guerreros Unidos, y pareciese que no quedó rastro alguno. La manifestación realizada para recordar a los estudiantes –junto con el cúmulo de agravios que no cesa– incluyó varias rutas. Distintas marchas que desbordaban la capital mexicana con descontento, representado por personas de barrios y colonias diferentes; además de organizaciones, colectivos, familias, estudiantes, pueblos indígenas, quienes lo expresaron con mantas, consignas, pintas, mensajes, gritos, rebeldías. Esa es la diversidad que este 26 de enero pudo observarse en las calles y avenidas de la Ciudad de México.

Desde las 10 de la mañana, varios contingentes comenzaron las movilizaciones partiendo desde los cuatro puntos cardinales de la capital y de esta forma se hizo presente en la cotidianidad el recordatorio de lo que ocurre en el país: desaparición forzada, asesinato de estudiantes y periodistas, imposición de reformas de todo tipo, corrupción, violencia. Una guerra.

A lo largo de las fotografías que presentamos en esta publicación es posible observar que, sin importar el número de personas, la memoria y la rabia salió a las calles para manifestarse. Aunque cada día las movilizaciones son menos efectivas y más desgastantes, cómo no salir a las calles para gritar lo evidente: el Estado mexicano es la reunión de una partida de asesinos. Cientos de cartulinas y de mantas, mujeres y hombres pintados en el rostro, se convirtieron en el lenguaje de esta jornada de conmemoración y de exigencia.

En algunas de las concentraciones también asistieron los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos. Repartidos en diversas rutas, no hubo un sólo momento de distracción. Pese al tráfico generado, la ciudad no se convirtió en un caos total y sus habitantes pudieron realizar sus actividades cotidianas al mismo tiempo que podían sumarse a la movilización. Pocos minutos después de las cuatro de la tarde, la manifestación central partió del Auditorio Nacional y con alrededor de unas 2000 personas fue incorporándose al resto de los contingentes, los cuales estaban diseminados en la ruta que lleva hacia el Zócalo capitalino.

Entre los contingentes más numerosos que salieron a las calles desde muy temprano se encontraba el magisterio oaxaqueño, michoacano y guerrerense, así como estudiantes de las universidades públicas capitalinas y organizaciones barriales y laborales como el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

Frente a una Plaza de la Constitución semi abarrotada, el contingente principal arribó y luego de un rápido acomodo en el templete, la voz de padres y madres comenzó a escucharse atentamente: «Enrique Peña Nieto ya no es presidente de México, lo desconocemos basados en el artículo 39 de la Constitución», sentenció Felipe de la Cruz, vocero de las familias. Don Mario, originario de Tlaxcala, una de las voces más conocidas de este movimiento sentenció enérgico: «Mi hijo ahora tiene 42 hermanos más, mi hijo ahora tiene 43 familias más y yo ahora tengo 42 hijos más. No nos vamos a rendir en esta búsqueda».

Si no fuera por la fuerza y claridad de los familiares de los estudiantes desaparecidos, que con su firmeza han sostenido física y moralmente la búsqueda de sus hijos, mucho de este repudio al Estado tal vez no existiría. En los pasos y palabras de cada madre y padre se concentra la denuncia de las cabezas del monstruo y sus horrores. Mentiras y corrupción son algunas de las características y por ello uno de estos padres subrayó que «Queremos decirles que no creemos en tantas mentiras que nos han dicho, que primero nos los mataron y estaban en las fosas y ya después en el basurero de Cocula. El gobierno lo único que ha hecho es lastimarnos con tantas mentiras, un día dice una cosa y otro día dice otra».

Más adelante, el padre de Alexander –un caso paradigmático luego de ser considerado el único estudiante reconocido mediante unos presuntos restos encontrados en el basurero de Cocula–, de manera sencilla dijo mantenerse firme en la lucha por la presentación con vida de los 43 normalistas, «A 2 meses y 10 días de desaparecido me lo dieron por muerto y a 1 mes y 45 días de esto, no he visto nada de lo que me iban a entregar de sus restos […] Hoy me pongo en pie de lucha y exijo con vida a mi hijo Alexander Mora Venancio».

Uno de los temas que resaltó en varias de las intervenciones fue el desarrollo de las elecciones en Guerrero, su falta de legitimidad y el engaño que esto significa para la sociedad estatal y para el resto del país, por lo que se afirmó que no se permitiría el proceso electoral y en su lugar se fortalecerá la construcción de poder popular. «Votar por gobernantes es votar por el crimen organizado», declaró Felipe de la Cruz.

De esta manera y con la intervención de más familiares, así como de las palabras de algunos estudiantes normalistas, concluyó la octava jornada conocida como #AcciónGlobalPorAyotzinapa. En otras partes del país, como Puebla y Michoacán, también se llevaron a cabo movilizaciones. De igual forma se registraron actos de solidaridad en Catalunya y Alemania.

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