Ensayo de interpretación de la situación griega y de nuestras tareas

Gérard Florenson

siyza-pact

Traducción: Camilo Ruíz Tassinari

La situación cambia rápidamente. Menos de dos semanas después de la victoria electoral de Syrza, el Banco Central Europeo (BCE) ha marcado el ritmo a través de una primera advertencia al bloquear el financiamiento de los bancos griegos.


Naturalmente, esta no es una decisión independiente. Mario Draghi no intervendría en Grecia sin el permiso de los gobiernos europeos –expresa su voluntad común: los préstamos deben ser rembolsados, las reformas y la política de austeridad impuesta por la Troika deben continuar. Las burguesías europeas no quieren perder un sólo euro. Draghi da así una señal a aquellos que podrían sentirse tentados de seguir el ejemplo de los electores griegos.

Esta reacción brutal no es inesperada. La rapidez con la que llegó le pone fin a las ilusiones acerca de la renegociación pacífica de la deuda, eventualmente apoyada por ciertos estados europeos, Francia entre ellos. François Hollande ha sido claro respecto al “respeto a los compromisos”: si podrían haber ciertos cambios marginales, similares a aquéllos ya habidos en el pasado, ellos estarán condicionados a la continuación de la política económica y social del gobierno de derechas anterior.

Estamos ante el primer arreglo de fuerzas. Lo que desconocemos es la voluntad (y la capacidad) del gobierno dirigido por Syriza de afrontarlo sin renegar sus compromisos sociales en materia de salarios, de empleo y de retiros; compromisos imposibles de mantener si se continúa a financiar el rembolso de la deuda pública y sus intereses.

Comentar desde fuera las pequeñas frases y los grandes discursos de unos y otros presenta poco interés, hay que juzgar por los actos y no por las palabras. Por el otro lado, tenemos varias llaves para analizar una situación que no es completamente inédita.

Syriza y el gobierno Tsipras

La victoria electoral de Syriza es la de un partido obrero reformista. La terminología periodística de “izquierda radical” no quiere decir nada y debemos evitar utilizarla en el análisis. Syriza es una expresión política del reformismo antiliberal, en parte nueva en su forma pero en realidad clásica en su contenido, y que no aparece como radical más que comparada con la izquierda social liberal tradicional que ya ni siquiera es reformista.

Preciso que « reformista » no es un insulto sino una constatación. Syriza no es un partido revolucionario, ni tampoco una alianza anticapitalista. No está inscrito en su programa la expropiación de la banca y de los grandes grupos industriales y comerciales. No preconiza tampoco el “socialismo por etapas”, la acumulación de reformas estructurales hasta que el comunismo autogestionario se imponga por sí sólo. En el mejor de los casos, el “socialismo” puede ser recordado a los militantes el día del congreso, en general por su minoría revolucionaria. Es un partido antiliberal que se opone a las derivas del sistema capitalista y desea domesticarlo, severamente si es necesario, pero sin pretender substituirlo por otro sistema. Es todo y es suficiente, este análisis nos dispensa de buscar otros argumentos para decir que “nosotros no somos Syriza”.

Respecto a “partido obrero”, tampoco se trata de una caracterización moral; Syriza es una organización obrera (podríamos escribir: obrera y popular) por su origen, su historia, su base social y su programa teórico. Pero ese era el caso de la SFIO y de los partidos socialdemócratas europeos, incluido el PS del Congreso d’Épinay. Es decir, no es de ningún modo una garantía para el futuro, sino la razón por la cual los trabajadores pueden considerar en un momento dado ese tipo de partido como su partido. Es esta relación particular para con el proletariado la que hace la diferencia con los partidos burgueses; es esta característica la que conduce a los revolucionarios a proponer el frente único obrero (sin olvidar la última palabra) y en ciertos casos a llamar a votar por los partidos obreros.

Lo anterior no hace del gobierno dirigido por Syriza un gobierno obrero y popular. Léon Blum diferenciaba con claridad entre gobernar y tomar el poder; cuando encuadrado por el sistema capitalista, un gobierno de un partido obrero sigue siendo un gobierno burgués. Sería la misma situación incluso si Syriza no se hubiera aliado con el partido derechista antieuropeo de los Griegos Independientes.

 

El momento presente a la luz de la historia

El programa inmediato de Syriza puede parecer suficiente para la gran mayoría de sus electores, un poco como lo fueron los de Mitterrand o Lula en su tiempo. Los asalariados, los retirados y la juventud no votaron por el socialismo, una abstracción a sus ojos. Ellos esperan medidas inmediatas, en ruptura con la política impuesta por la Troika, para salvarse de la miseria y de la carestía; garantizar servicios públicos igualitarios y eficaces, tener simplemente un techo para dormir y comer. Es eso lo que Syriza les prometió.

Excepto que Syriza les hizo creer que para eso era suficiente con una buena elección electoral, si acaso un poquito de movilización si fuese necesario. Pero nosotros sabemos que en la época de la decadencia imperialista ese tipo de reformismo entra en un impasse inevitable:

-O el gobierno producto del voto obrero y popular capitula rápidamente ante la presión de los capitalistas (en el caso griego, la presión del conjunto de las burguesías europeas y de la Troika, que es su brazo armado). La crisis económica y las dificultades presupuestales sirven entonces como pretexto para rebajar o moderar las reformas más audaces (aunque no se salgan del sistema), como el alza a los salarios y la cancelación de las privatizaciones. Es el escenario de la “pausa” impulsada por Delors en 1983, preludio al cambio completo de orientación;

-O las burguesías griega y europea confrontan al nuevo gobierno, no necesariamente a través de un golpe de estado militar (aunque Grecia tiene una larga tradición y el partido fascista Alba Dorada es influyente entre el ejército y la policía), sino a través del sabotaje económico, una guerrilla institucional, eventualmente también movilizaciones reaccionarias como las que sufrió Chile bajo Allende y más recientemente los gobiernos progresistas de América Latina: mujeres de clases privilegiadas organizando cacerolazos por las calles, huelgas patronales… Eso puede desembocar en un golpe de fuerza para reestablecer el orden o que el caos y la crisis económica permita que los partidos tradicionales ganen las siguientes elecciones.

La experiencia histórica muestra que los imperialismos pueden perfectamente intentar echar a gobiernos que no son ni revolucionarios ni socialistas, que son simplemente gobiernos burgueses que por diversas razones la burguesía no reconoce como suyos. Hemos visto recientemente en Honduras y en Paraguay que un golpe de estado institucional podría ser suficiente, sin intervención militar.

Un partido reformista como Syriza se inclina naturalmente hacia la capitulación, lo que ya se tradujo en de diversos pasos hacia atrás en el programa desde antes de las elecciones, notablemente acerca de la deuda y en las proclamaciones de buena voluntad para con la Unión Europea y su moneda única. También albergan la ilusión mortal de poder cobijarse en el “buen” Francois Hollande contra la malvada Angela Merkel, razón por la cual Alexis Tsipras escribió una carta abierta al pueblo alemán pero no, por el momento, al francés. Los eventos recientes han mostrado que Mario Draghi, presidente de la Banca Central Europea, no era parte de los “buenos”…

Es demasiado temprano para pronosticar el futuro, lo más probable es, por ahora, un periodo de expectativa y de “guerra fría” con avances y retrocesos.

Especificidades de la situación griega

Grecia no es solamente el eslabón débil de la zona euro, sino también una pequeña nación hasta cierto punto oprimida por los países ricos de la UE. Por esa razón la lucha social se combina con una reivindicación de independencia nacional dirigida contra la dictadura extranjera de la Troika. Los vibrantes llamados a la resistencia de Manolis Glezos, héroe de la lucha anti nazi, partisano comunista varias veces encarcelado y hoy en día diputado europeo de Syriza, ilustran ese cocktail explosivo.

Hay, por supuesto, un riesgo de deriva nacionalista, sobretodo porque uno de los elementos de la situación griega es el conflicto con Turquía respecto al futuro de Chipre, fuente de un incremento absurdo en los gastos militares. La alianza con el partido de los Griegos Independientes, que ha recibido el ministerio de la Defensa, va en ese sentido.

Pero la cuestión nacional tiene bases reales; no son los discursos inflamados de Mélenchon (líder socialdemócrata francés) que defiende al imperialismo francés contra Alemania. Grecia no es un estado imperialista, es un país dominado. Hay una combinación entre las luchas sociales y la cuestión nacional; no al nivel del rechazo de la dominación de los gringos en América Latina pero a un nivel que podría pesar sobre el desarrollo de los acontecimientos en la medida en la que someterse ante la burguesía implica someterse ante la Troika.

Existe el riesgo, por supuesto, de que el gobierno se eche para atrás, de un abandono de sus promesas electorales que lo desacreditaría rápidamente. No es una situación deseable, porque lo anterior podría traducirse en un desarraigo de las masas y en el regreso de la derecha al poder.

La presión de las masas para no dejarse robar su victoria puede obligar al gobierno Syriza a oponer una cierta resistencia, de la misma manera en la que Chávez y otros dirigentes “progresistas” se opusieron, de manera parcial e inconsecuente, al imperialismo americano.

Sin embargo, en la situación actual el mínimo de resistencia a la Troika exige un moratorio unilateral del rembolso de la deuda, preludio al repudio de la deuda ilegítima, no sea que para obtener los recursos necesarios para financiar las medidas sociales. Como no será posible de llevar a cabo sin expropiar los bancos, lo anterior podría llevar a una lógica de enfrentamiento entre Grecia y los gobiernos del resto de Europa.

¿Cómo ayudar al proletariado griego?

 

Nosotros no le damos ningún apoyo político a Syriza y todavía menos al gobierno que dirige; nosotros apoyamos al pueblo griego. Eso no es contradictorio más que aquéllos que se han olvidado de la guerra civil española, a aquéllos que confunden la solidaridad con el proletariado y el apoyo incondicional a las direcciones que se apoyan sobre él y hablan en su nombre.

Tampoco podemos contentarnos con afirmar que nuestro mejor apoyo al pueblo griego es el luchar en contra la austeridad en nuestros propios países –en Francia contra la ley Macron; mucho menos con decir que todo se arreglará si Podemos gana en España.

Naturalmente que apoyaríamos militarmente a Syriza si su gobierno fuese agredido por las burguesías, si hubiera amenaza de invasión de Grecia por fuerzas conducidas por la Troika, así como el imperialismo francés intervino en México para castigar a Juárez, culpable de haber decidido un moratorio de la deuda europea a sus acreedores europeos. Y por supuesto en el caso de un golpe de estado.

Pero las armas no son las únicas herramientas de la guerra. La asfixia económica es una forma de guerra, eventualmente combinada con otros tipos de sabotaje, como indicamos antes; nos oponemos al embargo de EU contra Cuba sin habernos vuelto por eso castristas. Y defendemos el derecho del gobierno griego de decidir unilateralmente suspender el pago de la deuda.

En la guerra que la burguesía imperialista francesa y sus partidos consideran llevar a cabo para meter en el huacal a los griegos, estamos en el campo de los griegos contra Francia. Ayudar a los griegos es decirle a los gobiernos, empezando por el nuestro: “¡Bajen las manos frente a Grecia, respecten la elección del pueblo griego, ni injerencia ni sabotaje!”

¿No es eso lo que hicieron los revolucionarios del SWP de EU con la campaña “Fair play for Cuba”, contra la intervención de su propio imperialismo? Su campaña contra la guerra de Vietnam, centrada sobre el regreso de los muchachos, fue ejemplar. No fue fácil contribuir a cambiar la opinión americana, en un inicio favorable a la guerra.

Pongámonos en guardia, si en Francia hay una corriente de simpatía por los griegos que pudieron plantarse frente a la austeridad y a las políticas liberales, no debemos subestimar la fuerza y la propaganda del enemigo de clase. Ya Sarkozy se explayó sobre los 700 euros que cada francés deberá pagar para ayudar a los griegos; la prensa burguesa está aterrada por el riesgo que Syriza implica para la unidad europea y recuerda cada día que todos deben honorar sus compromisos financieros. Por tanto, hay que intensificar nuestra campaña de explicación, martillar que esa deuda no es ni la del pueblo griego ni la del francés. Sería una ocasión de relanzar la campaña contra el pago de la deuda, campaña que desde hace dos años ha pasado a segundo plano a pesar de que los déficits son siempre invocados en apoyo a los presupuestos de austeridad.

Naturalmente esta campaña debe ser llevada a cabo en la mayor unidad posible. Sin embargo debemos, en nuestro propio material, demarcarnos de aquéllos que centran sus intervenciones contra la Europa alemana, guardando silencio sobre el rol del capitalismo francés.

Centrémonos en nuestras propias tareas, la lucha contra el imperialismo francés. Debemos desarrollar y dar a conocer nuestro análisis de la situación griega, pero dejemos a los marxistas revolucionarios griegos, en primer lugar aquéllos reagrupados en Antarsya, determinar su política en Grecia, dialogando con ellos pero sin pretender darles lecciones. A primera vista, tenemos muchas cosas en común!

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