EL QUE NO SUPERA LA CRISIS ES EL GOBIERNO

Por Juan Reséndiz

DSCF4946Marcha por los 43 normalistas desaparecidos. Foto: J. Aureliano B

Publicado en Pluma 28

Ha ocurrido un brusco giro en la situación política nacional. Hace pocos meses el gobierno federal se mostraba triunfante al aprobar leyes que permitirán la venta de las industrias petrolera y eléctrica a los empresarios locales y extranjeros.

Peña Nieto fue calificado por la prensa internacional “Salvador” de México. Hoy el panorama es muy distinto. Ha aparecido y se desarrolla una profunda crisis política. Afecta principalmente al gobierno aunque lastima a todos los partidos políticos registrados y en general a todas las instituciones.

La problemática ha venido por la matanza y desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, se nutre de los actos de corrupción en que ha sido sorprendido el presidente y otros funcionarios y es avivada por la crisis económica que ha vuelto a emerger.

Se reanima el movimiento estudiantil

El crimen perpetrado contra estudiantes normalistas reanimó el movimiento estudiantil y generó un movimiento de solidaridad en decenas de ciudades de organizaciones sociales, campesinas, indígenas y en menor medida de trabajadores.

Tlatlaya, Ayotzinapa y las casas presidenciales mal habidas, volvieron a colocar a México en la mira internacional.

El gobierno aparece como corrupto y asesino o al menos como falto absolutamente de credibilidad a la hora de asumir su responsabilidad en la represión a estudiantes y otras víctimas.

El movimiento estudiantil obtuvo una resonante victoria que podría oxigenar al Instituto Politécnico Nacional y que se está filtrando hacia el gremio de enfermeras y quizá también al de los médicos.

Hoy el movimiento iniciado por la aparición con vida de los 43 estudiantes de Ayotzinapa parece haber entrado en un proceso normal de desgaste. Sin embargo, la situación favorable a la lucha popular sigue abierta. Las luchas se mantienen al alza en Guerrero y la situación de inestabilidad que se respira en estados como Michoacán, Oaxaca y Chiapas podría anunciar nuevas y muy radicales protestas en este año 2015.

El despojo de tierras, la contaminación y el abuso que se derivan de la aplicación de las llamadas “reformas” impulsadas por Peña Nieto son leña a la hoguera de la inconformidad popular.

En el campo se sufrirá más violencia, despojo y contaminación

Si para la burguesía o clase empresarial las reformas significan la posibilidad de enormes ganancias, para los campesinos e indígenas significan violencia, despojo y hambre.

En su expresión más bárbara se encuentra el “fracking” o extracción de gas a través de la fracturación de rocas en el subsuelo. Esta técnica de extracción de gas despilfarra millones de metros cúbicos de agua y la contamina.

Algo parecido o peor ocurre con la minería a cielo abierto. En los últimos años las comunidades campesinas han venido enfrentando estos métodos salvajes de un capitalismo cada día más avaricioso y depredador que los despoja de sus territorios o los deja contaminados e inertes. Este año este tipo de explotación se intensificará. Añádase la acción de los grupos delincuenciales coludidos con autoridades.

Con motivo de ello los pueblos y comunidades seguramente protagonizarán numerosas luchas.
La puesta en marcha de las reformas estructurales significa para el gobierno y los empresarios una navaja de doble filo. Podrían hacerse de enormes ganancias. O seguir despertando movimientos populares.
De allí la inquietud entre los inversionistas por el clima de violencia e insurrección que se respira en algunas regiones del país.

En lugar de crecimiento económico viene austeridad

Peña Nieto prometió que sus reformas estructurales traerán crecimiento económico, empleos, bienestar.
El presidente ha anunciado enfático que su proyecto nos llevará este año a un crecimiento de 3.7 por ciento del PIB.

Su análisis es compartido por empresarios e ideólogos, quienes apenas hecha esta declaración afanosos corrieron a cantar las alegrías y bondades para este 2015.

Pasados unos pocos días, la realidad les propinó el primer revés del año cuando Luis Videgaray, secretario de Hacienda, se vio obligado a decretar el primer y brutal recorte al gasto público por más de 124 mil millones de pesos.

Esta medida impactará negativamente en la economía, la inversión, el empleo, el gasto social y las expectativas del trabajador.

El tijeretazo pone fin a proyectos como el tren transpeninsular Quintana Roo-Yu-catán y suspende indefinidamente el tren México-Querétaro, además recorta el gasto de Pemex y la Comisión Federal de Electricidad quienes también se verán afectados en sus proyectos de inversión.

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