Epistemología, educación y pedagogía marxista

Por David Morera Herrera

logica-marxista

Escribo las siguientes líneas, a propósito del texto “LÓGICA MARXISTA Y CIENCIAS MODERNAS”, del tan prolífico teórico y organizador trotskista argentino de la posguerra: Nahuel Moreno (seudónimo político de Hugo Bressano Capacete) extraordinario pensador y militante por la IV internacional, -tan poco reconocido y tan escarnecido a su vez-, pero justamente por eso mismo, una figura decisiva de la generación que libró la titánica labor de la reconstrucción del trotskismo latinoamericano y mundial, en las más severas condiciones de la segunda posguerra.

Moreno falleció de un ataque cardiaco hace 28 años, exactamente el 25 de enero de 1987 en Buenos Aires. Nahuel siempre tuvo claro el principio de que toda teoría del conocimiento marxista, se da y adquiere sentido desde la trinchera militante. En el texto citado nos dice el autor: “(…) la contradicción principal que la lógica revolucionaria tiende a mediar, a superar, es la de conocer exhaustivamente la realidad pero para revolucionaria. Es la lógica de la contradicción llevada hasta su máxima expresión: conocer para cambiar radicalmente. Pero ni aún revolucionando, transformando la realidad, la lógica marxista revolucionaria deja de ser conocimiento de esa realidad, ya que revoluciona desarrollando las posibilidades, las hipótesis, las tendencias que existen en la misma realidad. Es decir, la lógica marxista desarrolla contradicciones que existen en la misma realidad. Esta está plagada de desarrollos desiguales y combinados, de unidades contradictorias: entre la situación objetiva, de la clase obrera y del pueblo trabajador con su conciencia; entre la capacidad de lucha y organización por un lado, las direcciones reconocidas que no quieren ni luchar ni organizar por otro” https://www.marxists.org/espanol/moreno/obras/08_nm.htm

Compartiendo plenamente esa perspectiva, es preciso abordar el tema de la educación transformadora, liberadora, concebida como un instrumento para la acción revolucionaria de todos y todas las oprimidas. Por ello, para empezar nuestro proyecto de educación popular no debe enajenar ni separar la educación de la cotidianidad y del trabajo colectivo. En consecuencia, de ninguna manera puede ser autoritaria, ni dogmática, como lo es la pedagogía magistral y autoritaria, propia y funcional a la burguesía y la burocracia rapaz, pues trata de imponer mentes y cuerpos dóciles, como establece Michel Fouccault en su célebre obra: “Vigilar y Castigar. Esta educación oficial, retrograda, que emana de los Estados y sus aparatos institucionales, pretende encubrir la realidad social o mistificarla (al respecto, se recomienda leer a Michel Lowy “Objetividad y punto de vista de clase en las Ciencias Sociales” http://laclase.info/teoria/objetividad-y-punto-de-vista-de-clase-en-las-ciencias-sociales).

Así, pues mientras la educación y la pedagogía burguesa procuran deliberada y conscientemente enajenar a las masas de educandos pasivos, receptivos, obedientes. La educación popular revolucionaria, por el contrario, es crítica y autocrítica, como el régimen interno del Partido bolchevique de Lenin, y pedagógicamente se nutre de la vertiente neoconstructivista piagetiana, de la vertiente del ruso Vigotski; así como de la educación popular y la pedagogia del oprimido de Paulo Freire y Clodomiro Santos de Morais.

La educación para la revolución social, debe entonces, procurar ser una educación con conciencia de clase, de género y ambiental, partiendo de la empatía, la solidaridad comunista genuina, el respeto a la enorme diversidad sexual de la especie humana y la escucha mutua, en procura de aproximarnos, relativamente a la verdad, porque solo una teoría y praxis revolucionaria consecuente (en el sentido leninista), puede construir lo nuevo y superar lo viejo en la cultura; desde la trinchera de la divergencia, del debate libre y la contracultura, en un proceso complejo se tesis, antítesis y síntesis, de revolución permanente del propio conocimiento y la misma pedagogía crítica, en una retroalimentación constante con la experiencia y los nuevos desafíos y derroteros que abre. Pues como lo dijo el gran maestro italiano, Antonio Gramsci: “solo la verdad es revolucionaria”.

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