Ayotzinapa y las luchas estudiantiles en América Latina

Por Eduardo Warisata

ayotziChilpoHomilía en la catedral de Chilpancingo, normalistas y familiares a 1 mes del 26 de septiembre trágico. Foto: Revista Pluma

Piblicado por La Guadaña

A seis meses de lo ocurrido con los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014, es evidente que ha sido resultado de una guerra sistemática emprendida desde hace más de cuarenta años por el Estado mexicano para desaparecer las escuelas Normales Rurales, uno de los reductos de la educación socialista emanada de la Revolución Mexicana.

Históricamente las escuelas Normales Rurales han sido una fuente de organización de los pueblos en defensa de la educación crítica, pública y gratuita; y pilar en la lucha por modificar las condiciones de vida de la población en uno de los estados con mayor índice de pobreza en México. Esta resistencia ha chocado con la mercantilización de la educación promovida por el Estado mexicano (las reformas a la educación básica son una muestra de ello). De las 43 Normales que llegaron a establecerse, el día de hoy sólo persisten 16, las cuales están en permanente pugna por conservar el escaso presupuesto que se les asigna, obligándolas a buscar distintas formas de recaudar fondos para su subsistencia.

Ayotzinapa no es un caso aislado en México, también es la manifestación de la criminalización y aniquilamiento de los movimientos estudiantiles y proyectos educativos populares que se han gestado en América Latina durante todo el siglo XX y hasta la actualidad. Es la disputa por la educación entre la clase popular y la burguesía que mantiene el monopolio sobre la misma, conservándola como aparato de control y al servicio del capitalismo. Basta recordar la destrucción sistemática de la escuela-ayllu de Warisata en 1939, ícono de la pedagogía latinoamericana desde los indígenas y para su liberación. Uno de los fundamentos de la escuela-ayllu era: “Reconstituir los valores comunitarios del ayllu promoviendo una escuela productiva basada en la cosmovisión de los indígenas.”[1] Después de diez años de lucha por mantener el proyecto, los gamonales[2] junto con el gobierno, asediaron, encarcelaron y asesinaron a sus integrantes, hasta que lograron derribar la escuela en forma física; pero no así sus ideas, pues su legado permanece. El proyecto educativo del Estado Plurinacional de Bolivia,  recupera esta experiencia educativa autónoma, reconoce a las 36 naciones que lo integran y con base en ello cada una elabora su proyecto educativo en función de sus características como quechuas, aymaras, guaranís, chiquitanos o cualquier otra nación. Existen bastantes similitudes entre Warisata y la Escuela Normal de Ayotzinapa: ambos son proyectos educativos de formación de maestros vinculados a las clases populares; en los dos casos la escuela está y estuvo dirigida a hijos de campesinos con una fuerte presencia indígena; en la Normal de Ayotzinapa existen proyectos vinculados con la producción, como también existieron en Warisata. En ambos proyectos el Estado desapareció a sus miembros o intenta hacerlo.

Argentina: La Noche de los lápices, 1976

 Otro caso sugerente en América Latina fue la masacre perpetrada durante la última dictadura en Argentina, en 1976, conocida como la Noche de los lápices. Las víctimas fueron en su mayoría estudiantes menores de 18 años quienes militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Sus demandas giraban en torno al otorgamiento del boleto colectivo con descuento estudiantil secundario que la dictadura había cancelado. La respuesta a sus manifestaciones fue la desaparición y asesinato de los y las jóvenes estudiantes. Respecto a esto una joven sobreviviente llamada Emile Moler expresó:

Los jóvenes en aquellos años no éramos inocentes, no teníamos nada de inocentes, no me borren la historia de la militancia. Si dejamos instalado que los jóvenes por ser jóvenes van a ser inocentes, les estamos transmitiendo un mensaje paralizador. Les estamos transmitiendo que hagan lo que hagan no van a modificar nada, por la edad que tienen, y no es cierto.[3]

El promedio de edad de los estudiantes desaparecidos y asesinados de Ayotzinapa es de 21 años; la militancia y organización a través de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) es parte de la formación que recibían en la escuela y que reciben los estudiantes de la normal. Cada año, junto con sus compañeros, realizaban acciones en Guerrero para demandar los recursos para el funcionamiento de la escuela, así como para abrir la convocatoria de ingreso que el Estado permanentemente quiere cancelar. La militancia y organización permite movilizar a compañeras y compañeros de otras normales del país, que no son ni inocentes en su formación política, ni se quedan paralizados,  luchan por la transformación de su realidad, después de todo saben que ser joven y ser consciente es una amenaza para el Estado y no por eso detienen su lucha. Estado que si bien no es dirigido por una junta militar, como ocurrió en la Argentina de la dictadura, realiza todas las prácticas propias de ella: intimidación, persecución, tortura, desaparición y muerte.

México: Tlatelolco, 1968

 La historia y su motor (la lucha de clases) nos da otro ejemplo con los estudiantes en Tlatelolco, México, en 1968. El número de muertes aún se desconoce, sin embargo, las cifras no oficiales (pero las más reales) cuentan más de 300 muertes y centenas de heridos. La orden fue dada por el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, quien no se retractó y nunca fue juzgado.

Los estudiantes de las normales rurales participan cada año en la marcha que se realiza el 2 de octubre en la Ciudad de México para conmemorar la masacre, el año pasado los 43 desaparecidos pensaban realizar lo mismo. Ayotzinapa es el reflejo de una masacre de iguales dimensiones a la de Tlatelolco orquestada por el Estado. En esa línea de represión también están el conjunto de movimientos estudiantiles en México pues no podemos olvidar el asedio, violencia, secuestro, encarcelamiento y desapariciones sobre las y los estudiantes y sus movilizaciones en los últimos 40 años. Proceso que en la actualidad continúa, esos que el gobierno quiere hacer ver como casos aislados pero que representan el archipiélago de la violencia y guerra sistemática muy bien conectada.

La lista podría seguir por toda la geografía latinoamericana sin encontrar excepción en algún país; no podemos olvidar, por ejemplo, la represión sobre la movilización estudiantil conocida como La Revolución de los pingüinos en 2006, en Chile donde un estudiante fue asesinado.

Chile: La Revolución de los Pingüinos, 2006

Chile es el país latinoamericano donde el proyecto de privatización de la educación se encuentra más avanzado. Las movilizaciones estudiantiles de 2006 fueron precisamente contra esta línea de privatización de la educación, que tiene su origen en 1990 durante la dictadura de Pinochet. La Revolución de los Pingüinos buscaba principalmente:

Dentro de las manifestaciones que realizaron los estudiantes en mayo de 2006 más de mil fueron detenidos por el cuerpo policial denominado Carabineros. Algunos días después Michel Bachellet comentó en su mensaje presidencial del 21 de mayo: “¡No toleraré el vandalismo, ni los destrozos, ni la intimidación a las personas! Aplicaré todo el rigor de la ley. La democracia la ganamos con la cara descubierta y debemos continuar con la cara descubierta.” El discurso del Estado se repite en toda América Latina y las reformas neoliberales también. Es común emplear este tipo de discursos para desviar la atención sobre las demandas y el problema central; por otro lado es utilizado para legitimar la represión y deslegitimar la lucha, por lo tanto contribuye a la criminalización de la protesta social. En este sentido también van los discursos para atacar a los estudiantes de Ayotzinapa, incluso intentando vincularlos con el narcotráfico. Baste recordar la serie de amenazas imbuidas en el discurso de Enrique Peña Nieto y sus varios intentos por darle carpetazo al caso.

Chile inauguró con Pinochet las reformas privatizadoras de la educación en América Latina, en ese sentido trabajan los últimos gobiernos en México y la Reforma Educativa lanzada por Peña Nieto. En realidad no es una reforma educativa, sino laboral, porque se dirige a “regular” las plazas para el magisterio (uno de los más críticos y organizados de América Latina) como medio de control. También representa la privatización silenciosa que avanza en el país en todos los niveles. Desde la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana en 1974 y de la reciente Universidad Autónoma de la Ciudad de México en 2001, no se ha creado una universidad pública para atender a la creciente población juvenil que desea estudiar, sin embargo, si han crecido las universidades privadas y el camino de la privatización avanza. No hacer también es privatizar.

La Reforma Educativa afecta a los egresados de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, a pesar de que los jóvenes maestros egresados van a las zonas más marginadas del país. En su estrategia el Estado mexicano pretende deslindarse de su responsabilidad (en el ataque actuaron los tres niveles de gobierno, incluidos políticos y fuerzas armadas), dando la autoría de la desaparición y “posible muerte” de los 43 normalistas (una se ha confirmado, la del estudiante Alexander Mora) a un grupo de delincuencia organizada, estrategia consolidada en la última década por el Estado como escudo protector ante los más de 20 000 desaparecidos y desaparecidas y más de 120 000 muertos y muertas en la última década. Las cifras aumentan y se apuntan a superar los actos más atroces de las dictaduras en varios países de América Latina.

Los mecanismos de control y represión se repiten en todo el continente: ataque a la educación pública, creación de leyes que criminalizan la protesta, toma de recintos estudiantiles por las fuerzas armadas, persecución, agresión, desaparición y muerte para el sector estudiantil organizado y asesinatos en los que casi nunca hay culpables juzgados. Ayotzinapa no es un caso aislado, ni en México, ni en América Latina. Fue el Estado.

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