La debacle de EPN en Jalisco

Por Camilo Ruiz Tassinari

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Publicado por el Barrio Antiguo

Durante la guerra, la legitimidad política depende del éxito militar. El gobierno que es derrotado por el enemigo pierde el derecho de gobernar en casa. A partir de 2006, Calderón arrastró al sistema político mexicano a una lógica peligrosa para la propia élite: al sustentar su autoridad en la lucha contra los malos tras una dudosa elección, abría la posibilidad de que, en caso de derrota, esa legitimidad se disipara.

Aquí un primer paréntesis. El régimen mexicano, a pesar del discurso guerrerista y de la militarización de varios estados, no ha dejado de tener a la sanción popular en las urnas como resorte de legitimidad. Estamos lejos de una imbricación total entre la guerra y la política, precisamente porque la guerra no es total. El hecho de que al inicio de su sexenio Peña Nieto haya intentado cambiar de discurso respecto al conflicto abierto con el narcotráfico y que haya abogado por algo así como una guerra menos rimbombante y basada en operaciones quirúrgicas va en esta dirección. Pero, en fin, el conflicto existe, y la legitimidad de los gobernantes depende en parte de su capacidad de ganarle a los malos.

Es con esta luz con la que hay que aproximarse a la ofensiva del Cártel de Jalisco a partir del 1 de mayo. Unos días después, empieza a salir a la luz la verdad (o una parte más representativa, por lo menos) de lo que realmente sucedió ese día. Ahora sabemos que el helicóptero que tumbaron pertenece al Cuerpo de Fuerzas Especiales, conocido como GAFE hasta que una cuarentena de ellos desertó para formar Los Zetas hace una década. El CFE es la élite de la élite del ejército mexicano. Algo así como los Dorados de Villa, el comando de más confianza del presidente y el mejor entrenado que tiene las fuerzas armadas mexicanas.

El que un grupo criminal haya podido tirarles un helicóptero y matar a varios de ellos es, desde el punto de vista militar, algo inusitado y escandaloso. Es un fracaso tremendo para el ejército y para el gobierno: una debacle. Por eso la SEDENA evitaba referirse explícitamente a la caída del helicóptero o mostrar fotos de los restos, porque en el ejército también hay castas, y no es lo mismo que mueran unos soldados rasos que ganan 6 mil pesos al mes que admitir que la crema y nata de las fuerzas armadas sufrió bajas importantes.

Me parece que la ofensiva del 1 de mayo puede marcar un giro en la guerra contra el narcotráfico. Por un lado, porque el que hasta hace poco era considerado un actor mediano y regional se ha vuelto repentinamente una superpotencia militar capaz de desquiciar la segunda ciudad más grande del país. Por el otro, porque las fuerzas armadas en general, y la estrategia de EPN de desplegar a las tropas organizada y quirúrgicamente en particular, están humilladas.

La legitimidad de Peña Nieto está en juego. No sólo ante la población (lo cual, en general, parece importarle poco), sino también ante sus fuerzas armadas. Los jefes del ejército saben que las derrotas militares, así sean simbólicas, allanan el camino para las defecciones de las tropas al campo contrario. Peña Nieto sabe que tiene que ser contundente si quiere resarcir la humillación que le provocó El Mencho. La ceremonia para despedir con todos los honores de estado a los militares muertos es la primera escenificación de esa búsqueda. La segunda ha sido la llegada a Jalisco de los juguetes más nuevos y caros de las Fuerzas Armadas, como alistándose para el juicio final.

Es ahí donde se jugará buena parte del futuro de la legitimidad política-militar de Peña Nieto. El abandono total de lo poco que quedaba de la idea de la intervención quirúrgica por la llegada de miles de soldados para literalmente ocupar Jalisco tiene un cierto sabor a espectáculo y a desesperación. ¿Funcionará?

El problema de Peña Nieto, lo verdaderamente dramático para las fuerzas armadas, es que claramente un alto mando del ejército le dio el pitazo al CJNG. Sólo así pudieron haberse enterado y planear el enorme despliegue de fuerza del 1 de mayo. El cártel no sólo tiene los recursos humanos, financieros y militares para ponérsele al tú por tú al ejército; también tiene cooptado a un sector de este. El tener una quinta columna dentro definitivamente dificulta las posibilidades de éxito de una ofensiva tan grande.

Mi intuición es que El Mencho, tras el ataque, va a intentar negociar. Su ofensiva no fue un “Yo los puedo destruir”, fue un “Intentar destruirme les saldrá extremadamente caro”. En ese sentido, mandar a miles de soldados a Jalisco parece efectivamente caer en la trampa. Aquí EPN se enfrenta a una paradoja más o menos irresoluble: no intentar destruir contundentemente al cártel debilitará sus lazos con el ejército, mientras que una gran ofensiva parece ser militarmente una mala idea.

Pero los caminos de la narco-política mexicana son siempre inesperados, y no hay que descartar que una solución mediada que pretenda hacer las dos cosas sea encontrada, con mayor o menor ayuda de los narcotraficantes. Eso es pura especulación, y hay que ver con atención antes de aventurar mayores juicios.

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