Encuentro con Nestora Salgado

Por Cuauhtémoc Ruiz

IMG_6505Policías comunitarios en espera de visitar a la comandante Nestora Salgado, afuera de la torre médica de Tepepan. Foto: Revista Pluma

El pasado domingo 21 de junio conocí a Nestora Salgado. Pude visitarla en el penal de Tepepan, en la Ciudad de México. Me pareció que goza de salud y gran ánimo, contenta pues su lucha consiguió que la trasladen a este lugar en dónde tiene un mejor trato frente al torturante régimen carcelario en el penal de alta seguridad en Nayarit. Parece ser un lugar cómodo el amplio cuarto de hospital, iluminado y con vista al exterior en el que sigue presa.

Nestora se suelta a hablar con fluidez y me dice, como Edith Piaf, que no se arrepiente de nada, que está orgullosa de haber unido a su pueblo contra los delincuentes y las injusticias, y que también enfrentó a una red de pornógrafos infantiles y liberó a niños y adolescentes de sus esclavistas. Dice que si por las muchas justicias que hizo tiene que pagar con cárcel, no le importa. Se mantiene firme, me dice, pues está segura de no haber hecho nada malo y de siempre haber obrado con honradez y en favor de su pueblo. Dios aparece con frecuencia en sus palabras.

Conversar con ella es como hablar con alguien que conociera de toda la vida. Se trata de una persona excepcional, de una mujer sumamente inteligente, de fuerte carácter y al mismo tiempo, dulce. La severa comandante es también una mujer femenina. Nunca le importó estar vestida con una fea piyama.

Pronto estamos haciendo bromas y reímos. Me dice que es una buena lectora y que le es satisfactorio que la hayan ya visitado escritoras famosas. Al pensar que tuvo pocos estudios en escuelas, recuerdo a Villa y a Zapata, venidos de abajo y grandes líderes populares.

Debo cambiar bruscamente de conversación porque los incompetentes-corruptos que manejan el centro penitenciario nos quitaron casi una hora de dos horas escasas de visita. No dejaron pasar a su cuñado Rodolfo pues vestía un pantalón azul. Cleotilde Salgado, hermana de Nestora, le visitó brevemente para que yo pudiera conversar más.

Me centro en cómo continuar la campaña por su libertad y la de los otros presos, por quienes se muestra muy interesada. También me pregunta por el doctor Mireles, que iniciará una huelga de hambre en prisión el 27 de junio. Rápidamente la conversación adquiere otro cariz, el de un intercambio político sobre táctica. Nos entendemos rápidamente, como con mis compañeras y compañeros del POS, con un mismo lenguaje en el que me hace, maliciosamente, útiles confidencias.

Quedamos de organizar junto con ella y todos los presos y sus familias, algo fuerte. Ella se muestra decidida a todo. Y pronto.

Nos avisan que la hora de la visita ha terminado. Nos damos un segundo abrazo y le pido permiso de darle un beso en la mejilla.

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