China tiembla: El origen de la crisis económica

Por Camilo Ruiz

Camilo

El lunes por la mañana, en quince minutos desaparecieron 837 mil millones de dólares de los mercados financieros chinos. Eso es la fortuna de Carlos Slim unas quince veces, o la producción nacional de Holanda. El gobierno obligó a las bolsas de valores a echar las cortinas abajo para evitar que continuara el sangrado. Ese dinero, equivalente al 7% del valor de las bolsas de Shenzhen y Shanghái, no ha vuelto. Es poco probable que lo haga.


China, el país que sostuvo sobre sus hombros el crecimiento mundial durante los últimos quince años, pasa por su peor crisis económica moderna. Sin el alto crecimiento chino y su flujo de capital a Estados Unidos durante los peores momentos de la recesión post-2008, la economía mundial habría colapsado. En este sentido, también es inconcebible pensar el progreso y la estabilidad de los gobiernos de Lula en Brasil o los Kirchner en Argentina sin el boom producido por la demanda china de materias primas. Hoy eso ha terminado.

Después de una década con tasas de crecimiento anual del doce o del trece por ciento, hoy China araña apenas el 7%. Esos son los datos oficiales, pero los analistas le quitan entre medio y dos puntos porcentuales al crecimiento del PIB. De todos modos, diríamos desde este lado del Pacífico, 7% es muchísimo –Peña Nieto acá festeja un crecimiento del 2.5%.

El Partido Comunista Chino afirmaba en la última sesión de su Comité Central que la economía necesitaba crecer a un ritmo no menor de 6.5% anual. ¿Necesitar para qué? La respuesta es simple: para mantener la estabilidad social. Menos de eso significa millones de desempleados, inflación y miseria. Varios analistas prevén que en 2016 el crecimiento no pasará del 4%. Si tienen razón, habrá devastación.

La crisis china se presenta, por ahora, como un estallido de la burbuja financiera, y muy probablemente en el futuro próximo, también de la burbuja inmobiliaria. Sin embargo, el problema está en otra parte.

¿Por qué China se desaceleró en 2015, cuando lo peor de las crisis en Europa había pasado y Estados Unidos, su principal socio comercial, recobraba ritmo? Ante todo, ¿por qué la burbuja financiera explotó ahora y no antes (o después)?

El pánico invadió las bolsas de valores cuando fueron publicados los resultados –decepcionantes– de una encuesta de consumo a los principales jefes de empresa. Aquí hay, pues, un primer factor: los mercados financieros perdieron súbitamente la confianza cuando notaron un brusco descenso en el consumo interno. Los datos de la producción industrial fueron también peores de lo anticipado: por primera vez en dos décadas la industria automovilística, por ejemplo, funciona a una capacidad menor a la máxima (cuando la norma había sido un funcionamiento mayor a la máxima, a través de los turnos extra). Aquí también la respuesta es transparente: la enorme industria china vive una crisis de sobreproducción. Sus orígenes yacen en dos peculiaridades que conforman, por un lado, la estructura del consumo interno y, por el otro, la capacidad exportadora y la posición de China dentro de la economía mundial. Veamos.

En cuanto al factor interno, las familias chinas siguen ahorrando entre el 40 y el 50% de sus ingresos, algo inédito en el resto del mundo. Los chinos tienen una frase para esto, que se puede traducir como tragar amargura, esto es, la disposición a retardar la gratificación a cambio de un futuro estable. Esta sigue siendo una de las principales barreras culturales a la penetración total del capital, que preferiría que los consumidores no sólo gasten sus ahorros en comprar, sino que se endeuden y gasten más de lo que ganan. La prensa financiera ve en esto un segundo problema. Para ellos, las enormes masas de capital guardado en los bancos por las familias producen exceso de crédito, que suele ir a empresas estatales de dudosa competitividad, o a proyectos de infraestructura con bajo rendimiento. Al contrario, me parece, el boom en infraestructura china sería impensable sin el ahorro familiar, además de que las empresas estatales no son tan arcaicas como se les pinta. El conjunto de factores –el altísimo ahorro, el crédito barato a la infraestructura, la permanencia de las empresas estatales– forma un sistema: en China, a pesar de los deseos del Partido Comunista y de los empresarios, no prima todavía la ley del valor.

La otra causa de la crisis tiene que ver con el pilar del boom chino según el saber popular: la invasión mundial de sus manufacturas. China se hizo la fábrica del mundo y el principal país exportador debido, en gran medida, a sus bajísimos salarios. En 2002, los salarios chinos eran la cuarta parte de los mexicanos, unos 60 centavos de dólar la hora. Hoy son dos tercios más altos o, si la tasa se ajusta a la productividad, hasta el doble. Durante los últimos cinco años los salarios chinos han crecido a un ritmo del 8% anual; es decir, a una tasa superior al crecimiento de la economía. ¿Qué ha empujado los salarios a la alza de esa manera tan espectacular?

china_g1Tomado de Milenio Diario/Financial Times, 18/01

De entrada, la mano de obra china es menos abundante que antes a partir de un fenómeno demográfico sencillo: la gran migración del campo a la ciudad no podía ser eterna y ya casi alcanza la saturación, además de que la población económicamente activa de China disminuye a causa del envejecimiento. Sin embargo, prácticamente lo mismo ha pasado en México o, por ejemplo, en Indonesia, dos países en los que los salarios no han variado en veinte años. Entonces, ¿qué explica la diferencia salarial en el caso chino? Aquí la respuesta es eminentemente política: en China los salarios han subido porque este país es el escenario de la mayor insurgencia laboral en el mundo desde el final de los años sesenta.

El otro reporte, tal vez menos presente en la mente de los especuladores, pero esencial para entender lo que pasa en el gigante asiático, es el que publicó el 7 de enero el China Labour Bulletin, el más prestigioso y respetado centro de estudios laborales. El CLB le pone números a algo que ya se suponía: diciembre fue el mes con más huelgas en la historia moderna de China, con cerca de 450. En total, en el 2015 hubo dos veces más conflictos laborales que en el 2014 (2 800 contra 1 300). Hay que notar que el CLB es un pequeño centro en Hong Kong que muy posiblemente no tiene modo de conocer los conflictos laborales alejados de los cuatro o cinco grandes centros industriales de la costa china, sobre los cuales no hay estadísticas oficiales ya que ninguna huelga es legal, y que a menudo no son cubiertos por la prensa. En pocas palabras, la tendencia es clara pero el número total de luchas obreras puede ser muy superior. Para volver a nuestro caso de control, México, con un proletariado unas siete veces menor, en 2015 hubo 68 huelgas estalladas a lo largo y ancho del país.

Es en este punto en el que la economía deja de sernos útil para explicar los resortes de la crisis en China. La insurgencia “fría” laboral china (no ha habido, a pesar de todo, huelgas generales o rupturas frontales con los sindicatos oficiales) es uno de los más impresionantes procesos históricos en curso. Ha forzado a los patrones a aumentar los salarios –lo cual hasta hace un par de años podía hacerse sin afectar la rentabilidad– y ha averiado el modelo económico explotador-exportador del PCC.

En resumen, ahora que es claro que el consumo interno no va a crecer y que varios países (como México) ofrecen una fuerza de trabajo mucho más barata, el modelo exportador chino entró súbitamente en crisis. En otras palabras, China ya no puede exportar como lo hacía antes y su mercado interno no puede absorber el grueso de su producción industrial. La respuesta del PCC ha sido la solución de libro de texto: devaluar la moneda para abaratar el precio internacional de sus exportaciones y así (artificialmente) competir con países como la India, Bangladesh y México. Es una ironía de la historia que el boom del sector automovilístico que vive nuestro país sea una consecuencia de las luchas industriales en oriente. Por sus dimensiones y su radicalidad, en la resolución (o no resolución) de la crisis laboral-económica China se juega buena parte del futuro de la lucha de clases a nivel mundial.

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