Las mujeres y la inteligencia

Por Juanita Acosta

curieMarie Curie con su esposo Pierre en el laboratorio

“Las mujeres inteligentes tienden a permanecer solteras”, dice el título de una nota ampliamente difundida durante el año 2015. Poco faltó para decir que las demás mujeres se casan por brutas… como yo, que firmé un acta de matrimonio por esas fechas. Para empezar, la veracidad de esa nota periodística es más que cuestionable, pero no nos vayamos por ahí. Lo que me llamó la atención es que muchas solteras se sintieron aludidas y rápidamente compartieron la nota en redes sociales, pavoneándose de ser inteligentes.

No es difícil imaginar que estas reacciones virales van en contra de la cantaleta de que una buena mujer debe casarse y, por lo tanto, ser lo suficientemente agradable para que un hombre la elija como esposa, la cual venimos escuchando hace décadas. O sea, la vieja historia del príncipe azul. Este esquema, de cierto modo, había garantizado una actitud dócil de las mujeres hacia los hombres, sobre todo en las jóvenes.

La nota que mencioné al inicio decía basarse en algún estudio en una universidad de Reino Unido. Traté de rastrear este dato y resulta que son varias universidades interesadas en temas por el estilo y, aunque los estudios puedan ser serios, el sensacionalismo del que echan mano algunos periodistas no es serio ni profesional. A mí me causa resquemor el eco que esas retorcidas interpretaciones encuentran en la vox populi; reacciones viscerales (contra las casadas) que están lejos de ser revolucionarias. Y yo, querido lector, me considero feminista y socialista. Así que ahí va mi impresión sobre esto.

Existe una realidad que no se puede negar. Según el INMUJERES, en México, durante el año 2011 (son los datos más recientes que tiene la institución), 47% de las mujeres con pareja, mayores de 15 años, fueron violentadas por esta. Con tantas posibilidades de ser violentada, es natural que una mujer se lo piense dos veces antes de entrar a una relación que se supone es de por vida. Esta estadística no revela información sobre el sexo de las parejas de esas mujeres. Suponiendo que son 100 parejas heterosexuales, esta estadística debería decirnos que de cada 100 hombres 47, son violentos; y no que de cada 100 mujeres, 47 son idiotas.

El orgullo de estar soltera por considerarse más inteligente que las que se casan deja ver una sociedad confundida. En vez de cuestionar la capacidad de los hombres para ser buenos compañeros, se cuestiona la inteligencia de la mujer. Básicamente, en vez de criticar una sociedad que sistemáticamente subyuga a las mujeres, se culpabiliza a la mujer individual por ser pendeja, vaya, por casarse. Y esto es machismo duro y puro.

Las notas que más circularon por internet no son claras definiendo lo que consideran “inteligencia”, equiparándola con el grado de escolaridad, lo cual es un error pues no es un secreto que muchas veces la razón para interrumpir los estudios no es la falta de cerebro, sino de recursos económicos. Costear la educación y la manutención de un estudiante nunca ha sido problema para los ricos, y es aquí donde el género y la clase social se cruzan, dejando peor paradas a las mujeres pobres.

Por cierto, otra cosa que yo pondría en tela de juicio es la sobrevaloración de la inteligencia, la cual debería ser vista como un medio para desenvolverse e intervenir en tu entorno, no como un fin y un fetiche. Cuando dos personas conviven muy de cerca en un ambiente ideal para el desarrollo personal (en igualdad de condiciones y libre de violencia), sea una pareja o el parentesco que fuera, se desarrollan habilidades que enriquecen a cualquier personalidad; por ejemplo la asertividad, la negociación y la empatía. Deberíamos tener el objetivo de crear esas condiciones para relacionarnos y quitarnos el fetiche por la inteligencia en sí. Llámenme romántica.

Definir la inteligencia no es cosa sencilla, lo que sí es fácil es nombrar a mujeres que han aportado a la ciencia, tecnología y al acervo cultural e intelectual de la humanidad. Escritoras como Isabel Allende y Virginia Woolf. Científicas de la talla de Marie Curie, quien fuera la primera persona en recibir dos premios Nobel en distintas especialidades, física y química. Por cierto, las tres estaban casadas.

Es nefasto que las mujeres nos compremos el cuento de que somos nuestras propias enemigas y cuestionemos la inteligencia de otras sin siquiera plantearnos, por ejemplo, el acceso a la educación y una vida libre de violencia para todos. Hay que crear las condiciones favorables para que mujeres y hombres puedan desarrollarse intelectualmente, sin que sea un problema el género, el estado civil, ni mucho menos la clase social.

Un buen comienzo sería dejar de chingarnos entre nosotras. De lo que se trata es de unirnos, proponer desde nuestra perspectiva para que este mundo sea menos violento y más placentero para nosotras, independientemente de si queremos vivir en pareja o no.

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