Monsanto y el imperialismo norteamericano

Por Javier Gálvez

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Boletín Digital

En Junio del presente año fue derrocado el gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, cuando se creía que esa nación hermana ya había superado las etapas de autoritarismo y represión por parte de los intereses norteamericanos. Pero si pasaron los gobiernos represores apoyados por el Imperio del norte, se impusieron en esta ocasión los intereses de los grandes consorcios capitalistas, que no vacilan en matar de hambre, como antes los Estados autoritarios mataban con balas y cárcel. El objetivo de las empresas transnacionales que derrocaron a Fernando Lugo, -con el apoyo de Europa y de Estados Unidos-, es el de convertir a los países subdesarrollados en productores extractivistas, como en la minería, y agroexportadores; para lo cual deben eliminar o transformar a los campesinos que viven de su trabajo en sus tierras, para convertirlos en meros peones o mineros, a la par de acallar cualquier tipo de protesta que les defienda.

Latifundismo en Paraguay.

 En Paraguay existe una agrupación compuesta por terratenientes, especuladores y rentistas de la tierra llamada Unión de Gremios de Producción (UGP), los cuales fueron comprados con regalías equivalentes a 30 millones de dólares, en 2011, por parte de la empresa Monsanto -dedicada a especular con semillas transgénicas-, para que le permitieran introducir soya genéticamente manipulada y que se reprodujera en el campo uruguayo. Aparte, la UGP se encarga de la facturación de las semillas que produce Monsanto, transacción que le deja a la UGP una cantidad similar anual, a la mencionada anteriormente. Cuando Fernando Lugo trató, -con la constitución en la mano-, de evitar que se siguiera comercializando con semillas transgénicas y apoyar a los grupos de campesinos desposeídos, la UGP fue la principal agrupación que presionó para su destitución por medio de golpes del periódico ABC Color, el cual está dirigido por Aldo Zuccolillo, empresario ligado por los mismos intereses económicos a Héctor Cristaldo, líder de la UGP. Zucolillo se reunió en enero con Horacio Cartes, agroempresario, -también beneficiado por Monsanto-, y líder del Partido Colorado, el antiguo partido de derecha y añejo represor al servicio de Estados Unidos. La reunión entre Zucolillo y Cartes fue para planear el derrocamiento de Lugo, que ocurrió 6 meses después de este encuentro.

El imperialismo capitalista de Monsanto.

Monsanto, -menciona Gustavo Duch Guillot, coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y culturas-, es una de las pocas empresas que se reparten la producción, distribución y ganancias que representan las semillas a nivel mundial, acaparando las mejores tierras fértiles y provocando el enfrentamiento entre campesinos originalmente poseedores de tierras, y terratenientes y latifundistas regionales que se alían a la empresa Monsanto. El acaparamiento se da desde África, España, Honduras, Colombia, Senegal, Egipto y, como ya vimos, en Paraguay. Pero la tierra, sin agua, no sirve de nada. Por lo tanto, las empresas como Monsanto se hacen de las tierras que están en cuencas de ríos y presas o que tiene fácil acceso al agua, dejando, literalmente, en la hambruna a millones de campesinos que no les queda de otra más que vender sus tierras y hacerse peones o mineros, y que -en poco tiempo-, tendrán que emigrar y ser víctimas del crimen organizado, porque Monsanto hace una producción intensiva en las tierras por él adquiridas lo cual hace que la tierra se degenere en pocos años, sin la capacidad de recuperarse.

Apoyo Norteamericano a Monsanto.

En el mismo tenor, Carlos Fazio denunció, en el periódico La Jornada, la protección militar que brinda Estados Unidos a estas empresas transnacionales. El Comando Sur del Pentágono y del Departamento de Estado, pertenecientes a la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos (Usaid, por sus siglas en inglés), desplegaron toda una estrategia militar para controlar las actividades agroexportadoras y reprimir a todo aquel que se oponga a sus prácticas. La Usaid controla en Paraguay la fiscalía, el Poder Judicial y la Policía Nacional, razones por lo cual logró desplegar tropas en el oriente de ese país.

Monsanto, EU y México

La Usaid, -por medio de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), la Freedom House y el Instituto Democrático Nacional-, está canalizando millones de dólares para acciones subversivas en países amigos, países entre los que se encuentra México, con el aval sonriente de Vicente Fox y ahora de Felipe Calderón, y sin duda esta política continuará con Peña Nieto.

Todo lo anterior se está dando debido a que el gobierno mexicano autorizó, en 2012, más de mil 800 hectáreas a Monsanto para que sembrara su maíz transgénico, a pesar de que se cuentan con estudios de estas semillas producen cáncer y muerte prematura. Bruno Ferrari, el todavía secretario de economía, antes de trabajar para Felipe Calderón fue funcionario de Monsanto. Para 2009, cuando Ferrari era director de ProMéxico, arregló una reunión con Calderón y el director ejecutivo de Monsanto en el foro económico de Davos. Con base en esta reunión, Calderón anunció que se permitiría la siembra de maíz transgénico en nuestro país. La nación del maíz, está lleno de semillas genéticamente manipuladas con el único fin de enriquecer a las grandes empresas transnacionales.

Peligros latifundistas en México.

Debido a la cercanía con el imperio norteamericano, y por los intereses que se están creando en nuestra nación por parte de las empresas como Monsanto, es muy factible que nuestra nación tenga el mismo destino que Paraguay, si no es que ocurre algo igual de grave: que nos llenemos de gente con cáncer y que nuestra riqueza sirva para engrosar las arcas ya repletas de los capitalistas internacionales.

La catástrofe está a la puerta. En una nota publicada por el periódico La Jornada, firmada por Myriam Navarro, del 29 de Octubre, se da cuenta la desesperación de campesinos empobrecidos de Santiago Ixcuintla, en Nayarit, que están vendiendo sus tierras en las cuencas del río Santiago. ¿A quién creen que se las están vendiendo? Pues a Monsanto, empresa que ya adquirió 2 mil hectáreas en esa región para la siembra de maíz transgénico.

Es necesario estar alerta y denunciar todas estas cosas. Trabajar y organizarnos para defender lo nuestro, aun que parezca que las batallas están perdidas de antemano. Pero pueblos como Cheran, San Salvador Atenco y otros, han demostrado que, con dignidad y valentía, se puede defender la tierra.

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