La privatización como un robo

Por Javier Gálvez Cortés

Pierre-Joseph Proudhon, anarquista de la primera mitad del siglo XIX, pronunció la frase que da título al presente escrito. El anarquismo es una corriente socialista que propone, como lo hacemos los marxistas-trotskistas y los seguidores de la llamada Teología de la liberación, la colectivización de los medios de producción y la autodeterminación del sujeto humano, es decir, que los hombres y las mujeres manejen, por sí mismos, las empresas en las que laboran y se repartan las ganancias por igual; de la misma manera, que puedan asociarse libremente en una sociedad, sin necesidad de que se le obligue por medio del aparato Estatal, que fue creado para reprimir por medio de los cuerpos armados, la religión y la moral. O sea que el Estado, -primero esclavista y después capitalista-, utiliza la moral, (que no es otra cosa que costumbres o normas que se dicen buenas y adecuadas), para convencer a las personas de que no protesten, de que trabajen por un mísero sueldo y que se porten bien.

Si la moral no funciona, entonces el Estado utiliza las asociaciones religiosas para ejercer una mayor presión sobre las personas. La mayor parte de las asociaciones religiosas, y sus representantes, incitan a sus seguidores a que respeten a los gobiernos establecidos y no se rebelen contra ellos, asustándoles con el fuego del infierno u otras calamidades. Si nada de eso es suficiente para calmar los anhelos de libertad y autonomía en las personas, entonces el Estado utiliza las fuerzas armadas. Primero a la policía, que previene cualquier disturbio, después a la policía militarizada, como fue el caso de la PFP que utilizaron Peña Nieto y Vicente Fox para reprimir a los habitantes de San Salvador Atenco, porque sus habitantes defendían su tierra, la cual Nieto y Fox les querían comprar a 7 pesos el metro cuadrado para construir un aeropuerto. Si el rebelde no entiende que debe portarse bien, entonces se le encarcela o elimina, como es el caso de los presos y asesinados políticos en México.

La privatización en la Historia.

El primer tipo de privatización ocurrió con el modelo de producción esclavista, modelo que también produjo al Estado. Ocurrió que grupos de gentes salvajes, bárbaras y cuyo único mérito consistía en saber reprimir y matar, conquistaron a pueblos pacíficos, dedicados a sembrar, cosechar y a domesticar animales para poder sobrevivir. La tierra, los animales y el agua de los campesinos era de propiedad colectiva o comunista, es decir que todos hacían uso de esos elementos, los cuidaban y los frutos se repartían por igual en toda la comunidad. Los grupos bárbaros no sólo privatizaron el uso de los recursos como la tierra y el agua, sino que también privatizaron el usufructo de lo que los campesinos producían, haciéndoles esclavos; si no querían obedecer, simplemente les mataban. Para reprimir y matar a los disidentes, y conquistar más esclavos, se creó al ejército.

No cualquiera podía ser militar, sino que se pertenecía a una casta o clase social considerada sagrada, es decir que ser soldado era una consagración a algún dios o deidad, aquellos que les consagraban eran los sacerdotes de los grupos religiosos dominantes, los cuales estaban aliados a los reyes. La mayor parte de las ocasiones, los reyes eran también sumos sacerdotes o se decían descendientes de algún Dios. Grandes naciones esclavistas fueron el antiguo Egipto, Mesopotamia, Roma y Grecia, entre otras. Estos Estados estaban firmemente establecidos por medio de la moral o las costumbres, sus religiones y por el ejército; a la persona que no quería someterse al Estado, -fuera esclavo u hombre libre-, se le consideraba apestado, loco, brujo o cualquier otra cosa que pudiera servir para acusarle ante algún tribunal y poder matarle. Por lo tanto, se privatizó la tierra, el agua, el fruto del trabajo humano y las consciencias de las personas. Las ganancias de todo esto las obtenían los ejércitos, los sacerdotes y los gobernantes.

El Feudalismo.

De la antigua sociedad esclavista surgió el llamado Feudalismo, en el cual ya no se trataba a los esclavos como tales, sino como más o menos iguales a los antiguos bárbaros asesinos. En la Edad Media todos eran hijos de Dios, ya no había esclavos; pero Dios mismo, -decían los gobernantes, los militares y las iglesias-, había elegido a ciertas personas para dominar y gobernar. ¿Quién creen que eran esas personas? Pues los reyes, los militares y los sacerdotes, los cuales privatizaban los productos, las tierras y el agua de los campesinos.

Capitalismo.

Hacia el siglo XV empezó a surgir una nueva clase social, -la burguesía- que empezó a quitarle el poder a los grupos religiosos, a los reyes y a los militares. La burguesía creó un nuevo sistema de Gobierno y un nuevo Estado llamado capitalista. Lo impuso por medio de guerras, que fueron émulos de la Revolución Francesa y de la guerra de independencia norteamericana. Estas guerras produjeron la llamada democracia burguesa, es decir que se creó un Estado donde sólo llegan al poder aquellos que son elegidos por los burgueses o por los capitalistas. Por lo tanto, el gobierno en turno debe implementar políticas que favorezcan a los capitalistas o burgueses que los eligieron. Por ello Fox y Peña Nieto trataron de imponer la construcción de un aeropuerto en San Salvador Atenco, porque la burguesía lo necesitaba para agilizar el traslado de mercancías, la facturación y el progreso de la misma burguesía. Por eso también, cuando no pudieron privatizar la tierra de los campesinos, los reprimieron por medio de la policía militarizada y condenaron a sus líderes a varias decenas de años en la cárcel.

Privatizaciones en México. El agua.

Todo lo anterior está perfectamente estructurado, y ahora se están acomodando las cosas para lograr una privatización, también perfecta, de la mayoría de los mexicanos. Según el informe presentado el 23 de mayo, por Giancarlo Delgado Ramos, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, la explotación del agua embotellada en México está concesionada sólo a cuatro empresas, las cuales obtienen una ganancia de 40 mil a 45 mil millones de dólares anuales.

El investigador Delgado Ramos, -según lo informó el periódico La Jornada del día 24 de mayo-, mencionó lo siguiente: “Se trata de un gran negocio, porque en realidad no produce nada; el agua es un recurso de la naturaleza, lo único que ellos ofrecen es el servicio de embotellarla, para lo cual usan petróleo y materias primas de los países pobres y las ganancias son para las trasnacionales. Además, después son las naciones en desarrollo las que deberán hacerse cargo de la basura generada por esta industria (botellas PET).” Esto ocurre en nuestro país, donde en ocasiones, el agua de la llave sale sólo una o dos horas al día, y con arena o apestando a putrefacción, mientras que las empresas embotelladoras productoras de refrescos son las que más han contribuido a que México sea un país de gordos desnutridos, pero las escuelas, impulsando la moralidad y las buenas costumbres entre sus alumnos, les exigen llevar dos o tres kilos de PET al mes.

De igual forma, La Jornada del 20 de junio dio cuenta de la sequía padecida a mediados del presenta año, donde se perdieron en México 80 mil cabezas de ganado, miles de empleos y se generaron pueblos fantasmas porque los campesinos tuvieron que emigrar. Rosa Rojas, -la reportera que escribió la nota-, mencionó que Don Armando González Alvarado, campesino del Ejido de El Vergel, en Zacatecas, es privilegiado porque posee tierras con mantos freáticos, pero no pudo aprovechar el agua porque los 36 mil litros por minuto que se extraen de sus terrenos, están concesionados por 36 años al grupo canadiense Goldcorp, dueño de la minera el Peñasquito, que produce concentrados de plata, oro y zinc, que exporta a su país natal. “Hasta Dios nos abandonó”, dijo don Armando González. La mina devuelve el agua, pero contaminada y sin poder ser reutilizada. Gold Corp, con sede en Vancouver, cuenta entre sus propiedades en México, según el sitio web de Business News Americas, la mina de oro-plata-plomo-zinc Peñasquito; la mina de oro-plata Los Filos, y la mina de oro El Sauzal, Noche Buena y Camino Rojo en México. Este último proyecto también se ubica en el municipio de Mazapil, en San Tiburcio. Estos casos sólo son algunos ejemplos.

Privatizan la tierra y el aire.

Carlos Beas, en un artículo de La Jornada del 03 de noviembre, dijo que en el Istmo de Tehuantepec se han creado 11 parques eólicos para producir electricidad, en tierras que también les expropiaron o rentaron por varios años  a los campesinos, evitando con ello que pudieran producir maíz, que era lo que se acostumbraba ahí. Uno de los beneficiarios de la producción de electricidad es Wall Mart, empresa que ha sido acusada por la sobreexplotación de sus obreros. También, en el parque Eurus, en el ejido La Venta, donde se producían 12 mil toneladas de alimentos al año, hoy se produce electricidad para la contaminante cementera Cemex. En el Ingenio de Santo Domingo, -donde había una zafra de 40 mil toneladas al año de caña-, hoy el parque eólico sólo produjo el desalojo de los obreros y su expulsión de la región.

Mientras tanto, en el agua de la laguna Superior, que colinda con los parques eólicos, han empezado a aparecer, misteriosamente, manchas de aceite muy parecido al que usan los rotores de las hélices, que producen un ruido muy alto y que tiene artos a los niños de las escuelas de alrededor, que han empezado a bajar sus calificaciones. Aunado a todo lo anterior, se da el caso de los restos de cientos de aves que a diario aparecen destrozadas, porque la zona es de migración de pájaros. El artículo menciona también que los campesinos se han convertido en rentistas, recibiendo al año, por una hectárea en La Venta, entre 11 mil y 22 mil 500 pesos por cada generados. Pero cuando la empresa española Iberdrola ganó la licitación del parque de la Venta II recibió la cantidad de 25 millones de dólares, como estímulo por parte del Banco mundial, ya que la generación de electricidad por medio del viento se considera un mecanismo de desarrollo limpio.

Privatizarían el usufructo de su madre, si alguien pagara por ella.

El miércoles 07 de noviembre paró la planta de basura del bordo poniente, en el Estado de México, donde, -según la nota de Laura Gómez, de La Jornada-, laboraban dos mil familias. Cada persona que ahí trabajaba ganaba entre 400 y 500 a la semana, sin ninguna prestación. Aun así, las familias habían logrado dar escuela y hasta universidad a sus hijos, laborando directamente en la basura. ¿A quién creen que el gobierno le concesionó el uso del bordo para la producción de biogás? Pues a empresas españolas y mexicanas, a las cuales les vale madres que las dos mil familias que ahí trabajaban se mueran de hambre.

¿Con la bendición de Dios?

Ya se eligió, por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM, al obispo José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, y muy allegado al grupo político priista Atlacomulco, del Estado de México, de donde salió Peña Nieto. El 15 de junio de 1996, El papa Juan Pablo II designó a Robles Ortega como Obispo Auxiliar de Toluca, donde se asienta el grupo Atlacomulco, donde duró hasta 2003, cuando fue movido a Monterrey. Pero durante toda su estancia en el Estado de México, siempre se le ligó a los políticos priistas de la entidad. Por su parte, Peña nieto siempre estuvo atento a la jerarquía católica. Celebraba el cumpleaños de Onésimo Cepeda, -el obispo empresario enemigo acérrimo de la Teología de la Liberación. Peña siempre asistió a las reuniones de la CEM antes y durante su estancia como gobernador. Y en 2009 no escatimó en gastar, -con recursos públicos, claro-, para solventar los gastos del viaje de los obispos al Vaticano, para ver al Papa Benedicto XVI, donde Peña aprovechó para presentarle al obispo de Roma, a su entonces novia Angélica Rivera. Todo esto habla de un contubernio, por decir lo menos, entre los jerarcas de la Iglesia católica y el nuevo gobierno. Robles Ortega, -ni tardo ni perezoso-, en sus primeras declaraciones dijo que ve con buenos ojos las acciones políticas que está impulsando Peña Nieto, y que espera un diálogo fructífero con su gobierno. Afortunadamente aún quedan  gente decente, como el Obispo Raúl Vera, partidario de la Teología de la Liberación, discípulo de Samuel Ruiz, y que siempre ha estado denunciando las injusticias hacia los obreros, campesinos y contra las minorías. Aún estamos vivos los verdaderos partidos de izquierda, que velamos por el cambio radical de la sociedad y por la emancipación del pueblo de todos estos jerarcas, burgueses y gobiernos podridos.

Todo lo anterior muestra cómo es que se están cerrando las pinzas en torno a nuestra gente, y la puntilla es la reforma laboral, que, literalmente, esclaviza al obrero a un sistema explotador por demás. ¿Hace falta más para decidirnos a luchar contra este sistema?

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