Ayotzinapa, una deuda más con la justicia

Por José Aureliano Buendía

Un año ha transcurrido desde el asesinato de Alexis y Gabriel, estudiantes de la escuela Normal Rural ”Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa Guerrero, a manos de las corporaciones policiacas estatales y federales mediante uno de los operativos conjuntos -que a lo largo del gobierno de Felipe Calderón se hicieran una costumbre- . Sin embargo, la justicia no ha dado muestra de ser una apremiante en ningún nivel de gobierno y el caso ha dado un giro casi dramático después del sospechoso asesinato de Jaime Galván Rodríguez, único testigo, quien sostenía que elementos de la PFP (Policía Federal Preventiva) fueron quienes detonaron sus armas para arrancar la vida a los jóvenes normalistas. Curiosamente este suceso paso casi desapercibido en los medios de comunicación, pues fue dado a conocer el 15 de Octubre, día en que elementos Federales y Estatales –ahora en Michoacán- volvían a ser usados en contra de los normalistas para acallar la protesta por la reforma curricular a las normales en aquel estado.

A continuación un artículo publicado el 14 de marzo en donde se da cuenta de los antecedentes y el desarrollo de la lucha para exigir justicia por el asesinato de los normalistas, que a la fecha sigue impune.

 

Bienvenido a lo que no tiene inicio.
Bienvenido a lo que no tiene fin.
Bienvenidos a la lucha eterna.
Algunos lo llaman necedad, nosotros lo llamamos… Esperanza.

Este mensaje puede observarse en uno de los muros de la Normal Rural de Ayotzinapa Guerrero y nos da la bienvenida al descender por la escalinata desde la carretera que se dirige de Chilpancingo a Tixtla, lugar emblemático y cuna de célebres personajes en la historia nacional, como Ignacio Manuel Altamirano y Vicente Guerrero. Custodiada por el paisaje rural de los cerros que ascienden en la Sierra Madre del Sur, la normal rural Raúl Isidro Burgos es nuevamente, como en años de la guerra sucia, objeto del odio y la violencia de estado, mostrados en el brutal asesinato de los estudiantes Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús. Tras una campaña mediática desatada desde las esferas del poder para criminalizar a los normalistas por la muerte de Gonzalo Rivas Cámara, empleado de la gasolinera Eva II, la comunidad estudiantil y el pueblo de Guerrero libran una nueva batalla para asegurar la existencia de lo que para muchos jóvenes de escasos recursos es la única oportunidad para acceder a una carrera profesional, además de no dejar que el olvido y la omisión, en un año electoral, nieguen la justicia por la muerte de dos jóvenes estudiantes y un trabajador.

Una historia de agravios

La represión vivida el 12 de diciembre del 2011, en donde perdieron la vida 2 jóvenes estudiantes de 22 y 21 años, así como un empleado de la gasolinera aledaña a la caseta México-Acapulco, no es la primera agresión que el gobierno Federal o los caciques del estado de Guerrero cometen en contra de los normalistas. Desde el surgimiento en 1926, primero como parte de las misiones culturales impulsadas por José Vasconcelos y luego pieza clave del modelo educativo del normalismo rural bajo Lázaro Cárdenas, esta escuela ha tenido que luchar ante la creciente cerrazón de los gobiernos por cumplir con las demandas mínimas para solventar la existencia de un sistema escolar que otorga formación académica, internado, comedor y una serie de servicios que permiten a los jóvenes —hijos de campesinos y trabajadores— ser los próximos profesores de las comunidades rurales y los barrios de las pequeñas ciudades, a lo largo y ancho del estado de Guerrero y sus 81 municipios.

La infraestructura de esta y muchas otras escuelas rurales en el país se conforma de viejos cascos de haciendas, retomados primero por el proyecto callista de Escuelas Centrales Agrícolas o Escuelas Regionales Campesinas, y posteriormente en 1935 como Escuelas Normales Rurales. En Ayotzinapa, como las 15 normales rurales que subsisten en el país, los muros nunca han dejado de gritar, ya sea por medio de consignas revolucionarias, rostros de celebres luchadores sociales o coloridos murales, que a manera de antiguos códices muestran imágenes de las batallas que por 8 décadas han costado la vida a jóvenes de las más diversas regiones del país.

La imagen más reciente que puede observarse en los muros de la normal, es un homenaje de los estudiantes a sus compañeros asesinados, que a manera de epitafio recuerda a los jóvenes cuya vida fue arrebatada a manos de la policía ministerial del estado [1], cuyo primer mando es el gobernador Ángel Eladio Aguirre Rivero:

A la memoria de Alexis y Gabriel.
Su lucha nos elevará la conciencia para lograr sentir el amor hacia la libertad del Pueblo

Calor de hogar

En la entrada principal de la escuela, en medio de una cocina improvisada y al calor del fogón, Teresa, secretaria del comité de padres de familia, junto con algunos padres y madres de los 522 alumnos que estudian en Ayotzinapa, nos platica:

“Nosotros estamos aquí respaldando a nuestros hijos, por que consideramos que la lucha que están dando es principalmente para pedir justicia, justicia por dos de sus compañeros que fueron acribillados por esos asesinos. Nuestros hijos lo único que pedían eran cosas justas, porque de qué sirve que termines de estudiar si después no vas a tener un empleo. ¿Vas a estar trabajando como varios muchachitos, que trabajan en bodega Aurrera ganando un sueldo de 1300 pesos a la quincena que no te alcanza para nada?”

Al igual que la madre guerrerense, quien gana 80 pesos diarios —con lo que le es imposible mandar a su hijo a otra escuela que no sea Ayotzinapa—, todas las familias que en este momento defienden la normal buscan salir adelante en uno de los estados mas pobres del país. Sin embargo, la dignidad se enseña en cada uno de estos hogares. Omar, de oficio tablajero (carnicero) en el municipio de Atoyac, quien nos recibió en su hogar, es padre de uno de los alumnos de la normal. Él nos comenta indignado:

“Está mal hecho lo que hizo el gobernador, que mandó a desalojar a los alumnos con el ‘gobierno libre seguro’ [2], que es un grupo que tiene especialmente para los puros narcotraficantes, no les mando antimotines ni policías estatales sin armas”

Recostado en su hamaca, el hombre que a penas rebasa los 40 años nos platica como cada que le es posible visita a su “chamaco” en la normal. Ante nuestra pregunta ¿Qué opina de la lucha de su hijo?, con un acento característico de la costa grande de Guerrero y de manera firme nos contesta:

“Yo opino que está bien, que esté hasta el final, que luche hasta que sean las ultimas consecuencias. Que no se venga, que ahí esté. Yo lo sigo apoyando en todo…”

Cada noche, los padres de familia y demás pobladores —que sin tener hijos estudiando en la Normal de Ayotzinapa reconocen su importancia— preparan una modesta cena para complementar la alimentación ya de por si precaria, que consta de arroz, frijoles, tortillas y, cuando hay suerte, algún sencillo guisado. Mientras algunos preparan y sirven la comida, una mujer sencilla proveniente de Tixtla, a un par de kilómetros de la escuela,  comenta sin dejar de servir café a los muchachos de la guardia:

“Mi hijo se encuentra estudiando aquí y es por eso que nos encontramos dando el apoyo a los muchachos, que es ahorita cuando más necesitan nuestro apoyo, nuestro cariño como padres para todos aquí, en general, por que aquí todos nos encontramos apoyando a todos, todos son nuestros hijos, todos son nuestros compañeros”

El origen de la protesta y la responsabilidad compartida del poder

El día 12 de diciembre, alrededor de las 12:00 horas, los normalistas se encontraban bloqueando una caseta de la autopista del Sol en la salida de Chilpancingo. La causa: la reiterada negativa por parte del gobernador Ángel Eladio Aguirre Rivero de otorgar una audiencia con carácter resolutivo que permitiera desahogar las demandas que desde hacía varias semanas los alumnos de la normal exigían.

Gerardo Torres, alumno de la normal a quien trataron de inculpar torturándolo y obligándolo a disparar un arma de fuego [3], nos comenta:

“Desde un mes antes del 12 de diciembre nosotros no estábamos de acuerdo con que los profesores quisieran cambiar al director, imponiendo a un profesor de la planta docente. Cosa que no vimos viable ya que este profesor no tiene las facultades para llevar el cargo como director, para lo cual los profesores decidieron hacer un paro laboral y nosotros dejamos de recibir clases”

Existía la demanda de un proceso formal para designar al director de la normal, como también la exigencia de formalizar la inscripción de todos los alumnos de nuevo ingreso, quienes a varios meses de iniciado el ciclo escolar seguían sin estar inscritos de manera oficial ante la Secretaria de Educación del estado. Además, había una serie de demandas como: el mantenimiento a las instalaciones del área asistencial, el incremento al presupuesto del comedor y la garantía de plazas para los alumnos egresados de esta institución. Estas fueron las razones que llevaron a los estudiantes a exigir la atención inmediata del gobernador, quien apenas el 26 de septiembre había reiterado “el indiscutible compromiso de su administración con la educación y el respeto a las instituciones, en especial ésta, que por su historia se ha vuelto un importante ícono en Guerrero” en las instalaciones de Ayotzinapa [4]. Sin embargo, ya al calor del conflicto, su propio subsecretario de Prevención y Operación Policial, General Ramón Miguel Arriola, declararía el 12 de diciembre: “El Gobernador me mando a limpiar la carretera y la carretera esta limpia”.

A diferencia de muchas de las más de 60,000 muertes que han ocurrido en México en los últimos 5 años, durante el operativo en contra de los normalistas, la cobertura mediática, la existencia irrefutable de evidencias y el valor de los estudiantes por denunciar los abusos, hicieron imposible la evasión del caso por parte del duopolio televisivo. Ante la opinión pública nacional, quedó evidenciada la manera en que “trabajan” las corporaciones de seguridad de los tres niveles de gobierno, quienes además del asesinato incurrieron en la tortura, el ocultamiento de pruebas, la modificación de la escena de su crimen… y todo con una enorme saña en contra de los estudiantes.

De acuerdo al informe preliminar presentado por la CNDH: “en los acontecimientos del 12 de diciembre de 2011, participaron 165 elementos policiales: 61 eran policías federales, 73 policías ministeriales, 19 policías estatales y 12 policías preventivos municipales, de los cuales por lo menos 67 portaban armas de fuego”. A pesar de las acusaciones de varios policías ministeriales del estado que responsabilizaban a la Policía Federal del doble asesinato, fueron finalmente procesados dos agentes ministeriales: Rey David Cortes Flores e Ismael Matadama Salinas [5]. Además, se cuenta con la reciente detención de Gloria Rocío Cruz Méndez, agente del Ministerio Publico, y la solicitud del Ministerio Publico Federal y la PGR de detener a otros 21 ex-funcionarios y elementos de la PGJ, acusados del delito de evasión de presos, por haber ordenado la liberación de los 24 estudiantes detenidos durante la refriega [6].

Pese a la detención de funcionarios menores, las instancias judiciales y la CNDH han eludido cualquier responsabilidad de los altos mandos y pretenden con esto acallar la demanda de Juicio Político al gobernador, que se convirtió en la principal consigna del movimiento emprendido por los normalistas. Al respecto Pablo Juárez, miembro del comité estudiantil, nos comenta:

“Hemos analizado el conflicto a partir del informe preliminar que se dio a conocer en días pasados, donde nuevamente se señala algunos responsables por la muerte de nuestros compañeros, ellos directamente manejan que fue policía ministerial, pero también por una parte nos preocupa que dentro del estado aun no se señale en ese informe el nombre de Ángel Aguirre Rivero”

Además del gobernador, el comité estudiantil identifica como otro elemento clave en la represión a Ramón Miguel Arriola:

“Nosotros hemos señalado ya, que para empezar las investigaciones debe ser llamado el general que se encontraba en ese momento como Subsecretario de Seguridad Publica, que es Arriola, ya que nosotros vimos que él estaba dando órdenes directas de atacar a los estudiantes que nos encontramos allí en ese momento”

A estas alturas, cuando pareciera que los agresores fueron únicamente agentes ministeriales, los normalistas siguen responsabilizando a los elementos federales de haber iniciado el ataque:

“La participación de la Policía Federal en el lugar del 12 de diciembre fue el iniciar el alboroto, pues ellos llegaron haciendo dispararos al aire. Ya luego, al igual que los Ministeriales y estatales, estaban disparando a matar hacia los compañeros”

Ángel Eladio Aguirre Rivero, un gobernador “amoroso”

Ángel Aguirre Rivero, aquel político que durante 30 años fuera militante del Partido de la Revolución Institucional (PRI) y quien llegara a la gubernatura del estado como parte la coalición PRD-PT-Convergencia, ha sido señalado directamente por los estudiantes de Ayotzinapa como responsable de la agresión, hasta el punto de exigir un Juicio Político al actual gobernador perredista.

A más de 16 años de haber ejercido el cargo como gobernador interino (1996-1999) —ante la dimisión del ex-gobernador Rubén Figueroa Alcocer, quien estuviera implicado en la masacre de Aguas Blancas en 1995— Ángel Aguirre es colocado por las organizaciones sociales del estado de Guerrero en el banquillo de los acusados por la muerte de los jóvenes normalistas. Para muchas organizaciones es imposible olvidar la impunidad que Aguirre brindó a Figueroa Alcocer, quien hasta la fecha sigue libre pese a haber sido comprobada su responsabilidad en el asesinato de 17 campesinos. A pesar de estos antecedentes, el PRD no tuvo problema en postular a este hombre como candidato a la gubernatura del estado, y el mismo PAN terminaría por declinar a su favor. Aguirre también contaba con todo el apoyo del actual jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard [7], quien ya fue destapado como futuro Secretario de Gobernación de la Republica Amorosa que promulga Andrés Manuel López Obrador.

Para los normalistas queda claro que a pesar del cambio de partido en el gobierno, la justicia para los de abajo sigue siendo negada. Ante esta situación, Pablo Juárez nos comenta:

“Cuando entró por primer año el PRD a gobernar el estado con Zeferino Torreblanca Galindo, en su segundo año de gobierno comenzaron las represiones a la Normal de Ayotzinapa pues nosotros sabíamos que iba a ser el mismo trabajo que se venía llevando a cabo por el estado, debido a que, repetimos, son las mismas ideas de gobernar de todos los partidos políticos. Y más ahora que Ángel Aguirre Rivero que pertenecía al PRI y tiene esas viejas ideas, esas viejas formas de gobernar que son de represión, asesinatos y ataque a las personas que se manifiestan. Entonces, esto continua aun con el cacicazgo en el estado de Guerrero, gobernado por partidos políticos y personajes que cuidan de los intereses de empresariales —que es sobre todo lo que defienden— y por lo que la Normal de Ayotzinapa ha sido atacada.”

Resulta contradictorio que un personaje reciclado de los momentos más negros del PRI en el estado de Guerrero llegara a ocupar la gubernatura bajo el cobijo de un partido de “izquierda”. Sin embargo, la memoria de las trágicas masacres de Aguas Blancas y El Charco, sigue presente en la lucha de personas como Luis Arrollo Castro y María Félix Blanco, de la organización Consejo Comunitario Lucio Cabañas Barrientos, de Atoyac. El apoyo que esta organización brinda a los normalistas de Ayotzinapa parte de reconocerse en la misma trinchera por la defensa de los derechos del pueblo. Con una incansable labor organizativa en colonias y comunidades de la Costa Grande, así como en la lucha por recuperar los restos de su mítico paisano Lucio Cabañas Barrientos, quien fuera egresado de la normal de Ayotzinapa, Luis y María hacen un llamado al pueblo de Guerrero para “abrir su corazón y reconocer que Ángel Aguirre Rivero es el culpable por la muerte de los normalistas”. Luis nos señala:

“Sabemos que Aguirre venia de un grupo. Él se decía inocente, pero era sabedor de todos los hechos que venían ocurriendo de años atrás, sobre todo de las masacres en los casos últimos: Aguas Blancas y El Charco, donde él era directamente el responsable porque vino a sustituir a Rubén Figueroa Alcocer cuando fue destituido. Creemos que es ahí donde tapo muchas cosas de él, entonces, desde ese momento Aguirre Rivero se hace cómplice, se hace responsable también… Hoy con estos hechos se vuelve a comprobar que es un hombre que está al servicio de los mismos caciques”

En tiempos electorales las timoratas declaraciones de López Obrador sobre la represión en Ayotzinapa dejan claro que ante el reclamo de justicia por parte de los estudiantes, la clase política privilegia sus intereses, arrastrando tras de sí a importantes sectores de la población. En el caso del movimiento que apoya a López Obrador, quien sin duda aloja a personas honestas en la base, estos tendrían la responsabilidad de estar en primera fila exigiendo juicio político para Aguirre, de lo contrario, puede ser señal de que gente como Aguirre tiene cabida en su proyecto político.

La FECSM y la vigencia del Normalismo Rural

 Emilio, nombre con el que se presenta uno de los jóvenes que conforman el Comité Nacional de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), al platicarnos la historia de su organización, nos comenta sobre los primeros años:

“Desde su inicio, la FECSM es una organización nacional, pues ya existían los comités ejecutivos estudiantiles, consejos estudiantiles internos de cada escuela, eran mas de 32 normales Rurales y cada una se organizaba al interior. En 1935 se deciden crear una organización nacional, la FECSM, y empiezan a pelear y exigir los primeros derechos estudiantiles, por ejemplo, el aumento en aquel tiempo de 50 centavos a la beca alimenticia, a servicios higiénicos, a la beca”

A 77 años de haber sido creada, la FECSM es hoy en día la organización estudiantil más antigua en el país y, sin embargo, los jóvenes que la integran conforman uno de los sectores más dinámicos y con mayor presencia a nivel nacional. Una organización que en pleno año 2012 se reclama como marxista-leninista representa una ruptura total con el modelo de sociedad que desde arriba se impone todos los días. Es por ello que en ocasiones es difícil augurar un destino cierto para las normales. A pesar de ello, la FECSM mantiene claro el principio de hermandad y solidaridad entre las Normales Rurales, tal y como se mostró después de la represión del 12 de diciembre en contra de Ayotzinapa, cuando contingentes de normalistas de varios estados se desplazaron al llamado de los guerrerenses. Desde Chihuahua y Zacatecas hasta Chiapas y Oaxaca, la noticia de los normalistas muertos era señal de alarma para la Federación Estudiantil, puesto que Ayotzinapa ha sido un pilar fundamental para la cohesión y permanencia de la FECSM.

Desde 1972 —año en que la FECSM regresa de la clandestinidad, después de que Díaz Ordáz cerrara más de la mitad de las normales a causa de su activa participación en el movimiento estudiantil de 1968[8]— y hasta la fecha, la organización estudiantil se mantiene en amenaza constante, tal y como lo señala uno de los miembros del Comité Central de dicha organización:

“A un mes del asesinato de nuestros compañeros, muchas de las normales hicieron una actividad simultánea en sus estados. En la normal de Panotla, Tlaxcala, por ejemplo, hubo hostigamiento por parte de la policía estatal alrededor de la escuela en donde impedían que se realizaran las actividades que se tenían en solidaridad con la normal de Ayotzinapa. En esta escuela las alumnas se han visto condicionadas por los directivos, principalmente por maestros de la planta docente, que no permitan que las alumnas salgan. Les exigen a diario en las aulas que no tengan participación en la lucha estudiantil. Teteles, Puebla, se ve amenazada seriamente por los grupos empresariales del estado, en donde sale a la luz el comentario de que se pretende cerrar la escuela. Mactumatza también se ve atacada por el gobierno del estado de Chiapas, así mismo Hecelchakan, Campeche. La mayoría de las normales están luchando dentro de su mismo estado, por la intención clara de transformarlas o desaparecerlas”

A pesar de los altos niveles de rezago educativo que existen en nuestro país, es común escuchar a funcionarios, empresarios y “lideres” del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) pronunciarse por la desaparición del normalismo rural, incluso, del normalismo en su conjunto. El principal argumento esgrimido en contra de los maestros rurales es la urbanización del país (cerca del 88% de la población nacional habita en ciudades), sin tomar en cuenta, por un lado, que la población rural en términos absolutos no ha dejado de aumentar y que, por otro lado, las necesidades educativas en el campo mexicano —y ahora en los nuevos cinturones de miseria alrededor de las grandes urbes— siguen siendo apremiantes. Finalmente, los detractores del normalismo rural no mencionan las razones del abandono del campo ni los motivos de la deplorable situación que se mantiene en el ámbito rural hoy en día. El problema de fondo, como lo plantea Darío Salas Marín, catedrático de la UNAM, es la manera de concebir lo rural y la transformación que el sistema capitalista ha hecho de éste medio en nuestro país, señalando que:

“Los aspectos particulares del curriculum de las Escuelas Normales Rurales relacionados con los planes y programas de estudio son ‘desruralizados’ por quienes toman las decisiones de la política educativa nacional desde la década de 1980; aquí entendida la desruralización como la educación rural basada paradójicamente en la vida urbana con referentes de estilos de vida para los jóvenes del medio rural” [9].

Queda claro que la sentencia de muerte declarada al normalismo rural ha sido dada por los mismos que desde hace 30 años se conducen bajo la misma ideología que propició la destrucción del campo mexicano y para quienes la educación es solo una mercancía más, carente de sentido transformador y vocación de enseñanza. En su investigación, Darío Salas recoge un análisis necesario para discutir la vigencia del normalismo rural:

“Todo planteamiento riguroso acerca de la educación en el mundo rural conlleva abrir un debate sobre qué tipo de economía, qué modelos productivos, qué ubicaciones preferimos incentivar para que puedan vivir las personas que lo habitan. La realidad es que hasta el momento presente, este debate explícitamente no está teniendo lugar”

Por su parte, la defensa de los normalistas de la FECSM por sus escuelas y su profesión está sustentada en una realidad que rebasa la limitada visión de los tecnócratas del estado. Entre estas nuevas realidades, tomamos como ejemplo el testimonio recogido por la revista Contralínea, que da muestra de la dinámica actual en la normal de Saucillo, Chihuahua:

“Vanessa, secretaria general del Consejo Estudiantil Pablo Gómez, explica que la generación 2004-2008 de la normal Flores Magón, que concluyó sus estudios en junio pasado, enfrenta un nuevo reto: 117 normalistas serán enviadas a las zonas marginadas de Ciudad Juárez, que por su acelerado crecimiento poblacional demanda la creación de escuelas primarias y prescolares en la periferia del municipio. La demarcación creció un 61 por ciento de 1990 a la fecha” [10]

Finalmente, los normalistas lo tienen claro y cada vez que es necesario alzan su voz. Pese a que el estado hace oídos sordos, sus juveniles voces gritan “Mientras la pobreza exista, las normales rurales tendrán razón de ser”.

Entre dos fuegos

En 5 años Felipe Calderón ha convertido a México en un baño de sangre cotidiano. Más de 60,000 mexicanos han caído en la guerra del presidente, que como todas las guerras está sustentada en sendos intereses económicos por el control de un negocio tan criminal como rentable para sistema: el narcotráfico.

El país ha entrado en una espiral de violencia sin precedente. Sin embargo al igual que la violencia de siempre, es el estrato más bajo de la sociedad el que aporta las bajas de todos los días. Aquellos cuya presencia puede pasar desapercibida por los titulares a ocho columnas o el horario estelar en los noticieros televisivos, pero que sin duda su ausencia cala hondo en sus hogares. Tal es el caso de José Martínez y Omar Medina, otro par de normalistas, de quienes su compañero Emilio, parte del comité central de la FECSM nos platica:

“Hay dos desaparecidos de la escuela de Aguilera Durango, desde el mes de septiembre no se sabe de su paradero, incluso los padres de familia de uno de los muchachos se han manifestado y lo hemos ayudado un poco…”

En una guerra en la que bandos contrarios se entremezclan, no se sabe de qué lado vienen las balas o las agresiones, si por razones políticas, económicas o por error. Como parte de la realidad que se vive en las normales, tanto del norte como en el sur del país, es ineludible hablar del clima de violencia, a lo cual Emilio comenta:

“Hay desaparición por parte del crimen organizado y también se ha visto dentro de Guerrero el ataque de grupos armados o de la delincuencia organizada. Por la noche a unos chavos que estaban sacando raite, llegan los golpean y les quitan sus pertenencias, los amenazan de muerte, los tiran y todo ese tipo de cosas. Se ha visto también, en la normal de Zacatecas, un estado donde hay más influencia del narcotráfico, como en los estado del norte, en donde ha habido agresión en contra de las normales rurales y los estudiantes de la FECSM.”

Poco más de tres meses han trascurrido desde que en la Normal Rural de Ayotzinapa, fueron exhibidas la brutalidad y la sinrazón del estado. Esta deuda se suma a la larga lista de agravios en México, con una saña recurrente para el estado de Guerrero, en donde la justicia para las victimas del Aguas Blancas y El Charco aún es negada, en donde para desviar la atención de los reflectores se cocinan al vapor a los culpables, al calor de las acusaciones mutuas de las agencias de seguridad, en donde los únicos culpables son siempre la cola de una larga cadena de mando.

Sin embargo, como todo lo que vive y lucha en el México de abajo, los normalistas cobijados por la FECSM a lo largo del país luchan a diario para defender y construir el futuro del normalismo rural. Ataviados nuevamente en las aulas, en la precariedad de la sierra, frente a su grupo de niños o buscando el raite en la soledad de cualquier carretera del país, los normalistas de Ayotzinapa y la FECSM siempre con la frente en alto.

[1] Reconstruye la CNDH desalojo de estudiantes. La Jornada, 13 de Enero de 2012 (en línea)
 [2] El gabinete de Seguridad Nacional anunció la puesta en marcha —con el despliegue de las fuerzas federales bajo el mando de la Secretaría de Seguridad Pública federal— del operativo Guerrero Seguro, a fin de abatir la violencia generada durante los últimos nueve meses en esa entidad, catalogada como “de alto riesgo”. (El Universal, viernes 7 de Octubre de 2011. Inicia Operativo Guerrero Seguro”)
 [3] Normalista de Ayotzinapa denuncia tortura ante Procuraduría de Guerrero. Proceso, 19 de enero 2012.
 [4] Pagina oficial del Gobierno del Estado de Guerrero, Septiembre 2011. En visita a la Normal de Ayotzinapa, refrenda Ángel Aguirre su compromiso total con el proceso educativo. (enlínea)
 [5] Responsabiliza la PGJE a dos “ex agentes ministeriales” de la muerte de los normalistas. El Sur, 16 de Agosto de 2012
 [6] Caso Ayotzinapa: detienen a funcionaria de Procuraduría de Guerrero. Proceso, 25 de Febrero 2012
 [7] Presenta Dia a Aguirre Rivero como precandidato en Guerrero. La Jornada 29 de agosto 2011
 [8] La resistencia de las normales rurales. Revista Contralinea, 1 de Abril de 2008
 [9] Luis D. Salas. La política del Estado mexicano en relación a la formación inicial del profesorado de las escuelas normales rurales.  Revista Didácticas Específicas Nº 4. ISSN 1989-5240.
 [10] Normal Rural de Saucillo: más allá del hambre y la violencia. Revista Contralinea. Septiembre 2008



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