Tú y yo coincidimos en la noche terrible

Textos de Cuauhtémoc Ruiz Ortiz y Miguel Ángel Bueno Méndez

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Boletín Digital ES19 Pluma21

Este texto se encuentra en la revista Pluma 21

“Éste es un libro que guarda escritas las vidas de los 126 periodistas y trabajadores de la información asesinados o desaparecidos en México de 2 de julio de 2000 a 2 de julio de 2012. Las dos primeras legislaturas de la democracia. No sólo de los que murieron a causa de sus investigaciones, no sólo de los amenazados, no sólo de los que estaban escribiendo sobre el narcotráfico. Sino de todos ellos”, escribieron Lolita Bosch y Alejandro Vélez Salas, coordinadores y editores de este libro publicado por el proyecto Nuestra Aparente Rendición.

En este libro se habla de “los muchísimos cuyas muertes no han tenido una investigación justa y exhaustiva. De los valientes y los responsables. De los olvidados. Y de aquellos que como nos dice Diego Osorno, en su texto sobre Félix Alonso Fernández García, murieron dos veces:

Su nombre está perdido en la lista de periodistas mexicanos asesinados, e incluso, hay quienes a veces escatiman incluirlo. Félix es uno de esos periodistas asesinados dos veces. Primero con cuernos de chivo canallas y luego, cuando “colegas” justifican sus muertes diciendo que andaban en malos pasos.

“Y de todos, todos aquellos a quienes casi hemos olvidado y sobre quienes se pregunta Carlos Dada cuando nos cuenta en este libro la muerte de Francisco Ortiz:

Dicen que su asesinato no tuvo nada que ver con su trabajo Pero cómo saberlo si no hubo investigaciones; si no hay sospechosos; ni móvil; ni siquiera consenso sobre cómo lo mataron. Nada. Cómo saber si a Francisco Ortiz lo mataron porque a alguien le molestó una pregunta de más; o por una venganza personal; o por cualquier especulación que queramos incluir aquí. Cómo saberlo en todos los demás casos. Cómo, pues, saber si lo que ocurre en México son atentados contra la libertad de expresión, contra la prensa, o actos de violencia de otro tipo. Cómo entender lo que sucede, si nadie investiga; y cuando alguien investiga, nadie le cree porque todo el sistema está penetrado…

“Porque ésta es, también, nuestra pregunta. Aquí nuestra respuesta. Una denuncia y un lamento.”

Este es  “un libro donde 126 periodistas adoptan a sus colegas muertos y desaparecidos escribiendo sobre ellos.”

Publicamos dos de las biografías aparecidas en este libro, una sobre José Luis Ortega Mata, escrita por Cuauhtémoc Ruiz; y otra acerca de Miguel Ángel Bueno Méndez, por Omar García.

 “Nuestra Aparente Rendición (NAR, nuestraaparenterendicion.com/) nació en agosto de 2010 tras la matanza de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas: en el norte de México”, explica su inspiradora, Lolita Bosch. “Como respuesta al terrible suceso, dice, hicimos un llamado urgente para crear conciencia, generar pensamiento y organizarlo para que pudiera ser utilizado con finalidades específicas: atención a víctimas, huérfanos, periodistas, etc. Dos años más tarde nos hemos convertido en un portal reconocido y prestigioso, nacional e internacionalmente. Una referencia ética, ciudadana y necesaria en la que cabemos muchas personas distintas.

“A día de hoy Nuestra Aparente Rendición es una asociación civil constituida legalmente fuera de México (en Catalunya) que funciona gracias al esfuerzo de más de 20 voluntarios repartidos entre México, España y los Estados Unidos y la ayuda constante de otros voluntarios que mantienen proyectos específicos. Mantenemos activo el único nombramiento nacional de víctimas de la violencia con el que hemos contado 26320 asesinatos desde el 12 de septiembre de 2010 (hasta el 24 de junio de 2012), trabajamos con colectivos de desaparecidos, huérfanos de la violencia, estudiantes organizados, comunidades indígenas, activistas amenazados, periodistas en riesgo, albergues para migrantes, caminatas por la paz, casas de acogida para mujeres y niñas amenazadas y violentadas y un largo etcétera de personas que se han levantado por la dignidad y la paz de México y de personas que necesitan, desesperadamente, nuestra atención y nuestra ayuda.

“Entre todos nuestros proyectos, hemos alcanzado alrededor de un millón de visitas y hemos colaborado con asociaciones como Amnistía Internacional, instituciones como la UNESCO, universidades como la Columbia University de Nueva York y espacios culturales como el Centro Rojas de Buenos Aires.” El libro Tú y yo coincidimos en la noche terrible, editado por NAR, cuyo título es un verso de Manuel Maples Arce, fue presentado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en diciembre pasado.

José Luis Ortega Mata

Atropellado por la misma fuerza tenebrosa

Por Cuauhtémoc Ruiz Ortiz.

El día del asesinato de José Luis Ortega Mata apenas habían transcurrido 81 días del gobierno de Vicente Fox. Se suponía que México, con un presidente no proveniente del PRI, por fin gozaría de democracia. De los 16 millones que votaron en 2000 por el PAN, muchos hubiesen preferido votar por otras opciones pero decidieron hacerlo por Fox para “enterrar a los dinosaurios”. Empero, en los 12 siguientes años de gobiernos panistas serían asesinados aún más periodistas que bajo los sangrientos sexenios del priato.

Ortega Mata era el director del Semanario Ojinaga en la ciudad del mismo nombre. Presidía la Asociación de Fotógrafos y Camarógrafos del lugar. Cinco días antes de su muerte, publicó que en Aldama, cerca de la capital, había casas donde se almacenaban grandes cantidades de droga. También había anunciado la publicación de una investigación sobre financiación de campañas políticas por capos del narcotráfico.

Sus asesinos lo bajaron de su coche. Uno de ellos lo sujetó para que el otro pudiera dispararle a placer. Le incrustaron dos balas calibre 22 en la cabeza. Dejaron su cámara fotográfica, billetera y teléfono celular.

– México no es el país más peligroso para ejercer el periodismo” -atajó molesto Jorge Zermeño, embajador mexicano en España, al corresponsal de La Jornada, a fines de 2010-. “Acuérdese que hay lugares más difíciles”.

–      ¿Cuáles, por ejemplo?

–Pues no lo sé. Pero México no es el país más peligroso del mundo.”

Ojinaga es una ciudad de 26 mil habitantes, en la frontera con Texas. El nombre se lo puso Benito Juárez en honor de Manuel Ojinaga, que combatió la Intervención francesa y fue muerto por los imperialistas. En 1910, el general Toribio Ortega, en el cercano Coyame, se adelantó a la insurrección contra la dictadura de Porfirio Díaz a que había convocado para seis días después Francisco I. Madero. Cada 14 de noviembre el hecho es estruendosamente celebrado en la región. José Luis Ortega Mata era bisnieto del militar revolucionario.

 “¿Por qué el obrero ruso muestra todavía poca actividad frente al salvajismo con que la policía trata al pueblo, los castigos corporales impuestos a los campesinos, la censura, las torturas de los soldados, la persecución de las iniciativas culturales?”, se preguntaba en 1902 V.I. Lenin. A lo que contestó: “Debemos culparnos a nosotros mismos de no haber sabido aún organizar denuncias lo suficiente amplias, brillantes y rápidas contra todas esas ignominias. Si lo hacemos el obrero comprenderá o sentirá que el estudiante y el miembro de una secta religiosa, el campesino y el escritor son vejados y atropellados por esa misma fuerza tenebrosa que tanto le oprime y le sojuzga a él en cada paso de su vida. Al sentirlo, él mismo querrá reaccionar, sentirá un deseo incontenible de hacerlo; y entonces sabrá” organizar protestas eficaces.

 “Amanecía el 20 de febrero del 2001 cuando cayó como bomba la noticia de que José Luis había sido asesinado. La noticia atrajo a comunicadores de todo el estado y de El Paso, Odessa y Midland en la Unión americana”, me dice por teléfono desde Ojinaga David Reynosa, director de La Voz del Desierto, amigo de la víctima y que lo sustituyó en la dirección del semanario. “Los Ortega Mata son varios hermanos: Toribio es fotógrafo y Armando dirigió “Prensa Libre”. José Luis tenía 37 años y estaba casado con Alicia Cortés. Tenía tres hijos, el mayor de 15 años. La familia emigró a Estados Unidos”.

La presión pública obligó a una respuesta de las autoridades. El 29 de abril de 2001 fue encarcelado Jesús Herrera, pero el testigo ocular que lo culpaba se encontraba en una cárcel el día del crimen.

El procurador Arturo González Rascón dejó entrever que el crimen se debió a motivos pasionales, “ya que el arma utilizada no es del tipo que utilizan los narcotraficantes y a que es una pistola empleada por mujeres.”

En julio de 2001 Jesús Herrera quedó en libertad. El caso no ha sido aclarado.

Miguel Ángel Bueno Méndez

 Carta de un reportero para un colega que ya no está

Por Omar Méndez (Reportero de El Informador y canal 44 de la Universidad de Guadalajara, Jalisco)

Hola Miguel:

Sé que no me lees pero que me escuchas. Sé que donde quiera que estés, la estás pasando mejor que en este infierno en que vivimos. De tu historia sé muy poco, sé cómo moriste pero no logré encontrar una nota tuya en Internet. Como si te hubiera tragado la tierra, como si decir Miguel Ángel Bueno Méndez fuera nombrar un fantasma que nunca existió.

He pensado en ti esta última semana. A nadie le consta que fuiste reportero, quizá porque trabajabas en un periódico local de Huixquilucan, en el estado de México, el diario Nuestro Distrito. Me cuesta trabajo entender esta maldita idea de que los periodistas son importantes sólo si trabajan en medios grandes de ciudades aún más grandes.

Sé que los periodistas de la nota roja escribieron que fuiste “levantado” y “ejecutado” el 23 de junio de 2010, en lugar de decir que te secuestraron y asesinaron. Sé que vas a decir que soy un paranoico pero el respeto por el lenguaje debe ser el respeto por nuestra profesión. Decir que fuiste ejecutado equivale a decir que te lo merecías. ¿Quién merece morir, Miguel, si lo único que hacemos es usar el lenguaje para preguntar?

Sé que el fin de tus días llegó en el camino nuevo a Huixquilucan, en la colonia Canteras, en los límites del municipio de Naucalpan, dentro de un Ford Ghia. Que de acuerdo con las versiones de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México, un grupo de hombres fuertemente armado te secuestraron y que tú, el reportero, al oponer resistencia, fuiste herido con un impacto de bala y obligado por la fuerza a subir a la camioneta donde finalmente te encontraron sin vida.

Te imagino tirado, con un impacto de bala en la cabeza. Me da asco, nunca he soportado la sangre. En ese entonces la policía supuso que fuiste baleado en el interior del vehículo. Y de ti es todo lo que sé. No se ha resuelto tu caso. Algunos periodistas nos olvidamos de los compañeros ausentes, como lo hacen las autoridades. Sólo nos acordamos cuando llega el nuevo asesinado. El 3 de mayo de 2011, día de la Libertad de Prensa, apareció tu nombre en un desplegado en varios medios nacionales. Tu nombre entre el de muchos otros que han sido matados desde el año 2000.

No sé en qué momento alguien decidió que matando a un periodista se mata a la verdad. Tengo poco tiempo en este oficio pero todos los días que salgo a la calle no puedo más que pensar si regresaré. No creo en Dios, pero cada que puedo platico con él como ahora platico contigo. Me hubiera gustado mucho decirte que tu asesinato se esclareció. Que las cosas van mejor por acá. Que tenemos plena seguridad de que hacer preguntas no es un oficio de alto riesgo. Me hubiese encantado encontrar una respuesta, pero no la tengo.

Ha pasado una semana que sólo traigo en la cabeza tu nombre: Miguel Ángel Bueno Méndez. Sé que te he fallado y me dueles.

Antes, las crisis vocacionales llegaban cada tres o seis años con las coberturas electorales. Hoy nos han cambiado el modelo: ¿valdrá la pena perder una vida por ganar una historia? En el México del nuevo milenio parece que esta dicotomía es la única moneda de cambio. Pero no quiero renunciar. Sé que mi profesión debe servir para algo más que para contar muertos y hablar de desaparecidos. Y en eso creo. En que los profesionales de la comunicación debemos mandar un mensaje, que no todo está perdido. Que hay soluciones.

Miguel, adonde quiera que estés, voy a seguir pensando en ti.

Me tengo que ir porque mañana tengo seis asignaciones, dos entrevistas y un reportaje que aventajar. Después de todo, creo que el cansancio y las crisis emocionales son formas de censura tan efectivas para silenciar a un periodista como las penas de cárcel o una bala. Pero sé que la mejor manera de recordarte, sin estancarme, es haciendo lo que debemos hacer.

Preguntar en México nunca fue tan malo. Pero quedarse callado siempre ha sido de cobardes.

Hasta siempre,

Omar García

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