¡A qué bueno está este baile!. Parte I

Por Eréndira Munguía

tango

¡Bailemos, bailemos!

Ya mencionamos alguna vez que en principio el problema no es que haya distintos géneros, hombres y mujeres, el problema es que dentro de esta sociedad machista se exige el cumplimiento de ciertas tareas por parte de las mujeres al mismo tiempo que se desvalorizan dichas tareas, calificándolas de labores de segunda creando así un círculo vicioso. Si no pedimos la desaparición de los géneros ¿Qué queremos entonces?

proper image-vecorVale la pena hacer un paréntesis para aclara la diferencia entre género y sexo, los distintos sexos son macho y hembra, se distinguen exclusivamente por las funciones biológicas que realizan o que pudieran realizar los individuos; los distintos géneros son, por ejemplo, hombres y mujeres, se distinguen más bien por los distintos roles que realizan dentro de la sociedad, esto es, el género es una asignación social mientras que el sexo es una diferenciación biológica. Aclarado esto no es muy claro si puede existir una sociedad donde a pesar de que haya géneros distintos, éstos puedan convivir sin que uno oprima al otro.

Saliendo de una clase de tango estaba yo cuando me puse a pensar en esto, y ocurrioseme entonces, que sigo sin tener ejemplos reales de este tipo de sociedades, pero creo tener un micro-ejemplo buenísimo: la danza.

En la mayoría de los bailes de salón los hombres y las mujeres tienen asignados cada uno movimientos distintos pero que combinan perfectamente con los del compañero de género opuesto, en total armonía y literalmente al mismo ritmo. ¿Quién es una buena pareja de baile? Aquel o aquella que logra sincronizarse de la mejor manera con su compañer@ de baile. Por ejemplo no tiene ningún sentido que un experto bailarín de tango quiera lucir sus mejores trucos bailando conmigo que soy principiante, lo único que logrará será confundirme, incomodarme y en el peor de los casos hacerme caer, y entonces los dos habremos fracasado rotundamente al intentar bailar. Pero aquella persona que reconoce la cadencia de la pareja y le saca jugo a su poca o mucha técnica, esa sí que sabe el significado de bailar.

Y quienes sí saben bailar son mis maestros de tango, Charlotte y Miguel, que como maestros realizan perfectamente los pasos tanto femeninos como masculinos, ya que muchas veces por ejemplo Charlotte necesita enseñar a los hombres los movimientos y requiere realizarlos ella misma, y Miguel lo propio para corregirnos a las mujeres. Así es como del profundo conocimiento de los roles ellos enseñan a cada pareja de baile a comunicarse entre sí, a acoplarse y disfrutar de la mejor manera cada ejercicio de la danza.

Me encanta el baile por muchas razones y me acabo de dar cuenta de una más: es justo un lugar donde los roles de cada género están diseñados no para que uno se eleve sobre el otro, si no para que los dos juntos realicen el arte del movimiento en armonía. Para mí, de manera muy personal, el baile representa uno de los ejes que me mantienen en este mundo, y parece que no soy la única, ya decía la gran bailarina y coreógrafa Pina Bausch: “Dance, dance… otherwise we are lost” (Bailemos, bailemos…de otro modo estaremos perdidos).

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