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Eclesiología, papado y disidencia

Por Francisco Javier Gálvez Cortés

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Boletín Digital ES23

Jesus1

Serán entregados aún por padres y hermanos, y parientes y amigos;
y harán morir a algunos de entre ustedes,
y serán odiados por todos a causa de mi nombre.
Jesús de Nazaret. Evangelios sinópticos.

En cuestiones religiosas hay mucha ignorancia. Como consuelo de muchos, se debe decir que la ignorancia no es privativa sólo de cuestiones religiosas, sino que también hay una enorme incapacidad para comprender la política, la sociología, la psicología, la filosofía y demás disciplinas humanas. Deseo dedicar este ensayo para dar un poco de luz a las actuales circunstancias de lo que vive mi iglesia, la católica.

Religión e iglesias.

Jesus2En primer lugar, una religión es un conjunto de creencias organizadas que ofrecen, en su mayoría, la garantía de salvación de los males del mundo. Las religiones que más conocemos, y que están emparentadas entre sí, -porque son monoteístas-, son la Cristiana, la Musulmana y la Judía. La religión Cristiana tiene su base en la creencia de que Jesús de Nazaret fue Dios encarnado en el mundo. O sea que Cristo tuvo, en sí y por sí, ambas naturalezas: la humana y la divina, de forma plena. A la religión Cristiana pertenecen varias iglesias; iglesia no significa otra cosa más que asamblea, en este caso de creyentes. Una de éstas iglesias es la Católica. Pero también están las iglesias Luteranas, las Calvinistas, las iglesias Bautistas, las Sabatistas, Menonitas, y demás denominaciones. Aquí comienza el primer error: esas son iglesias, nos son religiones. Se confunde a las iglesias con las religiones. Las iglesias son grupos de creyentes que se reúnen en torno a un obispo, pastor, sacerdote, iluminado, según sea la interpretación que estas iglesias hagan de la Biblia. Algunas iglesias evangélicas se han denominado a sí mismas como cristianas, y crean mucha confusión, porque ellas no son más cristianas que las comunidades católicas, las luteranas, las bautistas o las calvinistas. Es el mismo error que cometen los estadounidenses, que se dicen a sí mismos americanos, como si nosotros, los demás habitantes del continente, no fuéramos americanos, sino sólo mexicanos, nicaragüenses o colombianos. En el catolicismo, también se entiende por iglesia cada diócesis, la cual es un conjunto territorial más o menos extenso, conformado por parroquias. Tal territorio está dirigido por un obispo, el cual puede ordenar sacerdotes, es decir que la diócesis puede continuar, por sí misma, con la tradición apostólica iniciada por Cristo. Cada iglesia se entiende como independiente o autónoma. De ahí que varios católicos entiendan al Papa sólo como el obispo de Roma, y que, por lo tanto, no debería tener injerencia en las otras iglesias. De ahí también que, cuando la diócesis de Chiapas fue muy presionada por el Vaticano, debido a la pastoral que estaba llevando a cabo Don Samuel Ruiz, empezó a murmurarse la posibilidad de que la diócesis de Chiapas se independizara del catolicismo, y sólo así fue como la curia romana, y el entonces Papa, Juan Pablo II, dejó en paz Tatic Samuel.

Eclesiología e igualdad radical.

Pues bien, en la teología cristiana hay una rama de estudios que se llama Eclesiología, que se dedica a estudiar la esencia de la iglesia, su historia y desarrollo a lo largo del tiempo. Para el cristianismo católico, la iglesia o la asamblea de creyentes está formada por todos los bautizados, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones y ninguno vale más o menos que otro, ninguno tiene preeminencia sobre otro. Esto se funda en el dicho de San Pablo, en la carta a los Gálatas, (Omitiré citas bíblicas para evitar el tedio en la lectura), “Ya no hay libres ni esclavos, hombres ni mujeres, judíos ni griegos, sino que todos son uno en Cristo Jesús”. Esto inspira a la iglesia católica, y todo lo que lo contravenga es una herejía, por más cánones y artículos del derecho eclesial se citen; todos somos exactamente iguales.

La Cristología como base de la Eclesiología.

Por lo tanto, la iglesia debe entenderse, en su desarrollo histórico, como la línea ascendente en la cual Cristo avanza a la cabeza, inspirando a sus seguidores, hacia la salvación. Si alguien quisiera ser mayor, “que se convierta en esclavo de los demás”, dijo Jesús en el Evangelio de Juan. Aquí entramos entonces en otra rama teológica llamada Cristología, que es el estudio de la encarnación de Dios en el Mundo; es decir que, si Cristo es Dios encarnado, entonces la Cristología es el estudio de las formas en las que se encarna Dios. Una de las maneras en que Dios se encarnó fue por medio de Jesús de Nazaret. Pero no sólo de esa manera, otra forma de encarnarse se da en los ritos de la iglesia, en sus fiestas, pero principalmente en su actuar; fundamentalmente en sus acciones hacia los más desprotegidos: pobres, mujeres y niños violentadas, migrantes, en fin: todo el que sufra o esté desprotegido. Todo el que opta por los sufrientes, como lo hizo Solalinde, Raúl Vera, Monseñor Méndez Arceo, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, y otros muchos, esos son verdaderos cristianos. Los que no lo hacen, no se pueden llamar cristianos, o sólo lo son de palabra. Bien le dijo Cristo al joven rico, que le cuestionó al maestro: “Señor: ¿qué debo hacer para entrar al Reino de los Cielos?” A lo que Jesús contestó: “Vende todo lo que tienes, repártelo a los pobres, y sígueme”. El joven se fue apesadumbrado, sin unirse a Cristo. Este joven no podía decirse seguidor de Cristo, no podía optar por los más desprotegidos, no podía ayudarles a superar su situación o a denunciar las injusticias cometidos contra ellos.

Encarnación de Dios como vida de la iglesia.

IglesiadelosPobres
Por lo tanto, la encarnación de Dios, en el mundo, se da en las iglesias que siguen radicalmente las enseñanzas de su maestro. Es así que Dios no se encarna en las iglesias cuyos supuestos dirigentes ostentan lujos, que no expulsan a pastores envilecidos o que protegen a curas pederastas. No se puede soportar, por ejemplo, la opulencia en medio de la pobreza vivida en México, la indiferencia ante lo menores y desprotegidos del pueblo de Dios. Peor aún: muchos de éstos dirigentes eclesiásticos no corrigen a sus curas o religiosos corruptos, pero sí reprimen a sus sacerdotes cuando éstos eligen el camino de la denuncia ante las injusticias, cuando se alían a la Teología de la Liberación o protegen a migrantes. Dios no se encarna en los jerarcas que se alían a los poderes fácticos que se dedican a explotar al humilde y al oprimido; bien lo dijo el profeta Isaías ya hace más de 2500 años: “Ay de ti, que vendes al pobre por un par de sandalias, que cobras impuestos por la comida del pobre, mientras tu gente muere de hambre: Dios nunca olvidará estas ofensas contra su pueblo”. El profeta Isaías es considerado el prototipo o antecesor directo de Cristo. Dios no puede encarnarse en estas iglesias. El mismo Cristo se pronunció sobre estos falsos pastores, les llamó “Sepulcros blanqueados: limpios por fuera pero llenos de podredumbre por dentro. Hipócritas, raza de víboras”.

Cristianismo comunitario, cristianismo radical.

Es así que Cristo significa, fundamentalmente, encarnación de Dios en su iglesia. Dios se encarna, -toma forma en la carne y en la sangre humanas-, sólo en comunidad. Es un mal entendido comprender la encarnación de Dios sólo en la persona de Jesús de Nazaret; Jesús fue Cristo en cuanto que formó y encabezó, el movimiento original que fundó el cristianismo. La original comunidad que se reunía en torno a Jesús de Nazaret era de entre 100 y 150 personas, entre hombres, mujeres y niños. Este grupo crecía o decrecía, porque algunas personas sólo seguían al profeta por temporadas y luego regresaban a sus aldeas. Sólo un grupo de entre 70 y 100 personas seguían a Jesús a todas partes, estas personas eran sus discípulos, creían en lo que Jesús decía y optaron por los más pobres y oprimidos. Este grupo, sus verdaderos discípulos, estaba compuesto, en su mayoría, por mujeres. En la iglesia primitiva los hombres siempre fueron una pequeña minoría. De hecho, el cristianismo primitivo parecía un movimiento de mujeres, una naciente religión de mujeres, y los hombres que seguían a Jesús muchas veces eran acusados de homosexuales, porque andaban entre puras mujeres, o de cornudos, porque dejaban a sus esposas solas en las aldeas por irse a fundar el Reino de Dios. Pasajes de los evangelios, -alumbrados por la exegética actual-, demuestran que las mujeres tuvieron un carácter preponderante en la fundación del cristianismo. Estas mujeres cargaban con sus hijos, que por lo regular eran niños, porque los hijos mayores se negaban a seguir a sus madres, que iban en pos de un profeta itinerante. Recordemos que las mujeres y los niños, -como ocurre actualmente-, eran las principales víctimas en sociedades machistas como en la que vivió Jesús de Nazaret, el cual se distinguió por la protección hacia las mujeres y por el amor prodigado a los niños. A los niños y a las mujeres se les golpeaba, abandonaban, esclavizaban o simplemente se les ignoraba. Era mal visto que hablaran en público, y cuando lo hacían, en ocasiones se les abofeteaba. Pero en este grupo, -el del cristianismo fundado por Jesús de Nazaret-, se aceptaba a cualquiera, y se podía hacer cualquier cosa, -conviene repetirlo- cualquier cosa, con la única condición de que se hiciera por amor al prójimo y sin dañarle, respetando siempre su dignidad como hijo de Dios.

El grupo que seguía a Jesús formaba una verdadera familia; se protegían mutuamente, procuraban que todos comieran o que tuvieran lo indispensable para vivir. Esta iglesia primitiva se debe entender como en lo que en Sociología se ha llamado grupos entusiamáticos, es decir que se congregan en torno a un líder carismático, radicalizan sus posturas y viven en comunión, viven con entusiasmo su propia vida. La familia original de Jesús, -cuando éste tomó renombre Palestina-, fue a buscarle, porque decían y así lo creían, que Jesús estaba loco por hacer lo que hacía: vivir caminando de un lugar a otro, durmiendo donde podía y junto a quién fuera, llamando a un cambio radical del sistema de cosas, defendiendo a las mujeres y escuchándoles, amando a los niños y motivándoles a que aprendieran a hablar y a expresarse. Cuando Jesús se enteró de que su familia original le andaba buscando, renegó de ellos, y dijo que su verdadera familia eran los que obedecían a Dios y actuaban con amor al prójimo. Debe decirse que, desde el principio, familiares carnales de Jesús le siguieron, y otros después se le unieron. Por lo tanto, cualquiera que se diga cristiano, es verdaderamente encarnación de Dios en el mundo, en cuanto que actúe en comunidad y de forma amorosa hacia el prójimo.

Ejemplo vivo y perversión de la comunidad original.

Después que Jesús fue asesinado por los poderes fácticos, el grupo original siguió reuniéndose. Presidían las reuniones, principalmente, diaconizas y profetizas o apóstolas. Las diaconizas servían la comida, organizaban las reuniones, atendían enfermos y estaban siempre al pendiente de lo que necesitaba cada miembro de la iglesia. Las profetizas eran apóstolas itinerantes que vivían de un lado a otro, animando a las iglesias, enseñando las originales palabras y hechos de Jesús. También había diáconos y apóstoles, pero, -cabe señalar nuevamente-, eran una ínfima minoría. De los diáconos y diaconizas salieron después los sacerdotes y sacerdotisas. Pero después se impuso el patriarcalismo en las iglesias, entre el siglo I y II, e intentaron borrar toda huella de la actividad de las mujeres.

Quemaron cartas y evangelios de las apóstolas, acusaron de prostitutas a las originales seguidoras de Jesús, o las calumniaron, diciendo que eran gente de escasa moralidad. Uno de estos casos fue el de María la Magdalena, la mejor discípula del profeta y la que más radicalmente le seguía, la que nunca le negó, como Pedro. De hecho, tras la muerte de Jesús, fue María de Magdala la que se percató de que Cristo había enseñado que, si ellos continuaban con la obra del maestro, era porque Cristo estaba vivo y resucitaba en cada miembro de la Iglesia. Fue María la que, -como narra el evangelio de Juan-, encontró el sepulcro vacío, vio que Cristo había resucitado, fue corriendo a la casa donde se habían escondido los demás y les anunció la Buena Nueva en la que se sostiene todo el Cristianismo: Cristo Jesús ha resucitado y vive en su Iglesia. “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra esperanza”, pronunció después Pedro una y otra vez, y utilizó este postulado como ariete para su predicación, hasta su muerte en Roma. Es decir que el Cristianismo se sostiene en el postulado de María de Magdala; Occidente ha estado sustentado, religiosamente, en la interpretación de esta mujer a la que Jesús de Nazaret amó más que a nadie en el mundo. Pero, como ya mencioné antes, se empezó a imponer el sacerdocio y apostolado masculino y cobarde, relegando a las mujeres a la esclavitud.

Los que se dicen cristianos.

Por lo tanto, con base en lo que hasta aquí se ha dicho, se puede postular que Dios no está encarnado en el Vaticano, y mucho menos está encarnándose en ninguno de sus representantes. Bergoglio, cuando era obispo en Argentina, entregó, -por lo menos-, a dos de sus sacerdotes para que los torturaran las fuerzas de seguridad del dictador Rafael Videla, porque estos sacerdotes habían optado por la Teología de la Liberación, y por defender a los pobres; a Bergoglio le pareció mal que sus sacerdotes siguieran radicalmente a Cristo. Bergoglio ayudó también a robar a una recién nacida de una guerrillera apresada, y entregó a la criatura a una familia de militares, porque, según el ahora papa, con los milicos represores estaría mejor. Bergoglio nunca se opuso ni denunció las atrocidades de Videla, nunca dijo nada contra los secuestros ni desaparecidos por el régimen militar. Ahora se dice que ha optado por los pobres, pero repetirá lo que ya ha hecho siempre el falso lado caritativo de la iglesia: se dedicará a dádivas, dará limosnas, desayunos gratis, mientras el Banco Ambrosiano sigue lavando dinero del crimen organizado.

Bergoglio no es la solución para mi Iglesia. San Francisco De Asís, cuando su padre le reclamó obediencia porque hasta la ropa que traía el santo se la había dado su progenitor, el santo de Asís se desnudó y dijo que desde ese momento nada le debía a su padre, que era completamente libre para seguir radicalmente a Cristo. Entonces Francisco se puso, a manera de vestimenta, un gran trozo de fieltro que encontró en el camino y se lo ciñó con un lazo que alguien le regaló. Desde entonces vivió de la limosna, predicando y trabajando para que a nadie le faltara qué comer. Casi siempre se quedaba sin comer porque, -lo consideraba el santo de Asís-, era preferible que los pobres comieran antes que él. Vemos cuánta diferencia hay entre el antiguo obispo Argentino y un verdadero seguidor de Cristo. Si Bergoglio verdaderamente quisiera seguir a San Francisco, se denudaría como lo hizo el santo de Asís, quitándose toda la ropa que simboliza el lujo producto de la explotación que ejercen los poderes fácticos sobre los más pequeños hijos de Dios.

El pueblo de Dios necesita un cambio radical. Volver a las bases. En el catolicismo se han empezado a levantar voces disidentes muy fuertes, debido la corrupción inherente a la curia romana, que es machista, perversa y cobarde. Nos encaminamos a un segundo cisma histórico, que será terrible para todos los que nos decimos cristianos católicos. No creo que Bergoglio, con toda su palabrería, pueda evitar el cataclismo. Los que más sufrirán serán los disidentes, los que siempre han padecido persecución, tanto de las iglesias como de los Estados. Muchos sacerdotes, laicos y agentes de pastoral han sufrido represión, tortura y muerte, ante la mirada complaciente de sus obispos, y la represión tomará más fuerza que nunca. Aquí también cabe decir: quiera Dios que yo me esté equivocando.

Nuestra Iglesia está a punto del colapso. Y Bergoglio empujará a mi Iglesia a su derrota necesaria. Yo no me estoy basando en las profecías del cándido San Malaquías, y mucho menos en el Apocalipsis de San Juan. Estoy hablando con bases eclesiológicas, religiosas, teológicas y anteponiendo conocimientos políticos, económicos, antropológicos y filosóficos. Quiera Dios que después de este holocausto, mi iglesia, en la que nací y a la que amo, salga fortalecida y verdaderamente cristiana.

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