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Epitafio

Por Iñigo López

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Boletín Digital ES24

viejoEPITAFIO

 

Aquí duerme Antonio.

Vivió junto al mar cuando niño.

Ahí encontró un caracol marino,

lo metió entre su pecho

y siempre lo tuvo por corazón.

Aquí duerme un caracol marino.

 I

Pregunté a los caminos:

¿han visto ustedes a mi hermano?

Tiene la nariz grande

y ojos de niño nacido a destiempo.

Ayer se fué por el camino de las madreselvas.

Había una gran oscuridad

y mi hermano Antonio

quiso saber quien cantaba a lo léjos,

llamándolo desde la sombra.

Lo perdí, perdonen.

¡Yo, se bien que eso no se hace!

No había estrellas

no había gallos cantando en la lejanía

Y aunque tengo por sabido

que toda navegación en la sombra es ominosa

si no se tiran migas de luz

del pan de los astros

para encontrar el camino de regreso,

aún así,

lo dejé salir

macilento y taciturno como iba.

Y fue ayer que

alguien vino a decirme

que dos norias negras duermen

bajo una lápida

a la orilla del camino de las madreselvas.

Pero….verán ustedes, no puede ser Antonio:

mi hermano nunca tuvo norias negras en la mirada.

Él tiene amistad con todo lo que vive y,

ante todo,

es un hijo de la mar

En su casa,

por los rincones

vagan anémonas,

cardúmenes de peces de colores

que flotan en los remansos de luz

que dejan las estrellas.

Mi hermano Antonio

acostumbra apacentar

grandes rebaños de geranios solferinos

en el heno naranja y amarillo del sol septentrional,

y en la noche los conduce a las cañadas de la luna

a abrevar

el agua profunda de la madrugada…

Cómo ven: es claro el equivoco

no puede ser él……

Antonio andará  bajo la lluvia

con su nariz grande

y sus ojos de niño

desmesuradamente abiertos

aunque haya nacido a destiempo

lo sabe Dios

y el polvo de los caminos.

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