México. Se está incubando un levantamiento popular e indígena. Fragmento del documento XV Congreso POS

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A partir de que Enrique Peña Nieto –EPN- llegó al gobierno se ha venido dando un vertiginoso incremento de las luchas y las protestas po pulares. Empezó la juventud, el movimiento Yo soy 132. Triunfó el movimiento en la Universidad Autónoma de la Ciudad de Méxi- co. Luego vinieron las tenaces y aguerridas manifestaciones de los maestros. Las policías comunitarias se extendieron por un tercio del país y sorprendieron por la eficacia mostrada contra los delincuentes. Menos espectaculares pero igualmente firmes fueron las comunidades campesinas contra las empresas mineras y eólicas. Este vasto movimiento ha tenido como su epicentro a Guerrero, aunque abarca a Chiapas, Tabasco, Oaxaca, Michoacán y otros estados, todos ellos con una fuerte presencia indígena.

Se está incubando una nueva insurrección, mucho más profunda y extendida a la que vivimos en 1994 con el EZLN. No decimos que ya va estallar, sólo que viene madurando.


PARTIDO OBRERO SOCIALISTA
Revista Pluma
Nueva época, año VIII, no. 22,
Verano 2013
Se incrementan las luchas
El movimiento Yo Soy 132 hirió la pretensión del PRI de mostrarse como un nuevo partido demócrata. Comenzó como un movimiento vigoroso y ahora está debilitado pero encendió un espíritu rebelde que se mantiene entre la juventud y que podría estallar en cualquier momento, como en Michoacán, con los normalistas indígenas de Tiripetío retuvieron casi 60 vehículos y a algunos funcionarios.

En estos meses ha existido un auge del movimiento magisterial. Aunque la lucha dista de ser nacional, la perseverancia y arrojo de los docentes ha sido una pesadilla para el gobierno federal, los gobiernos del PRD en Guerrero y Oaxaca y el PRI en Michoacán. El epicentro se encuentra en Guerrero, en donde la alianza entre los maestros, normalistas, algunos sindicatos de empleados públicos y las policías comunitarias ha metido en graves aprietos a los gobernantes.

Socialismo y policías comunitarias
Algunas comunidades también se organizan en contra de los delincuentes organizados. Son las policías comunitarias. Los campesinos toman las decisiones en asambleas. Son ellas las portadoras de soberanía y las que determinan quiénes formarán parte de estos cuerpos armados. Son instancias democráticas y fuertemente arraigadas.
Para el Estado la existencia de estas organizaciones armadas es incompatible con su ser, porque significa que le han sustraído el monopolio de la fuerza. Si bien actualmente las armas de las policías comunitarias son para defenderse de los delincuentes, mañana podrían ser enderezadas contra el poder burgués y los capitalistas.
Las policías comunitarias son iniciativas altamente revolucionarias que sin saberlo han puesto en práctica la consigna socialista de armamento popular.
En términos de la ciencia de la revolución las policías comunitarias son experiencias embrionarias de un poder armado campesino y popular.

El Estado en los hechos es reemplazado por organismos creados desde la base de la sociedad. El EZLN y sus Juntas de Buen Gobierno forman parte también de estas instancias de doble poder. En Chiapas el zapa tismo gobierna a través de las Juntas de Buen Gobierno a decenas de miles de indígenas en siete regiones.
Esto para el Estado mexicano es, en dinámica, imposible de tolerar, y el hecho de que sea un fenómeno en ascenso ha encendido los focos de alarma entre la clase dominante. La contradicción para el Poder es que se encuentra limitado para combatir a grupos que enfrentan a criminales y que traen la seguridad que no son capaces de garantizar las instancias estatales.
La burguesía y sus políticos han emprendido una intensa campaña mediática con el objetivo de socavar estos organismos.
Otras causas que explican el carácter explosivo de las movilizaciones indígenas son la miseria que se padece más en el campo y que aumentará con el alza en los precios de los alimentos. Por otra parte, el gobierno de Zedillo y los siguientes traicionaron al EZLN al incumplir el convenio firmado con éste, los Acuerdos de San Andrés Larráinzar. De continuarse desarrollando este movimiento, será más desconfiado de la burguesía y más radical. Las razones que atizan la lucha indígena y campesina son problemas estructurales del capitalismo, como la necesidad que éste tiene de explotar bárbaramente los recursos naturales del país; la falta de empleos, la carestía y la miseria; y la extensión de la burguesía delincuente y narcotraficante que se encuentra cada vez más imbricada con otros sectores de empresarios y con los políticos burgueses.

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