Algunas conclusiones de las elecciones del pasado 7 de julio del 2013

Por Tomás E. Holguín

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Boletín Digital ES33

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En el momento histórico actual de crisis capitalista estamos observando un auge de las luchas sociales. Las luchas ya no se dirigen como en momentos históricos previos contra las dictaduras establecidas por la burguesía en distintos países. Ahora estamos viendo luchas y movimientos sociales contra los regímenes democráticos parlamentarios establecidos también por la burguesía.

Esta es la situación actual a nivel planetario, luchas contra el régimen democrático parlamentario (democracia burguesa); los ejemplos son Argentina (2001), Bolivia (2003), España y Grecia (2008), Turquía (2013), y más recientemente Egipto -primero en el 2012 efectivamente tumban la dictadura de Mubarak, pero este año también tumban el régimen democrático de Morsi, un solo año duró la farsa de la democracia parlamentaria en ese país-. Es decir, la crisis del capitalismo no solo es financiera y económica, también es ideológica, moral y ecológica.

La gente a nivel mundial empieza a descreer en la democracia burguesa, misma que les impone las mismas condiciones de miseria que un régimen dictatorial. Y México no es la excepción a ese descreimiento, en las pasadas elecciones del 7 de julio del 2013, donde se eligieron gobernadores y presidentes municipales, vimos que el gran ganador fue el abstencionismo.

¿Qué factores están implicados en este descreimiento de la democracia parlamentaria (burguesa) en México?

El primero ya lo señalamos haciendo referencia a la situación mundial; estos regímenes no solo han fracasado para generar mejores condiciones de vida material y espiritual para la población trabajadora, sino que ahora son el medio del más cruel despojo de los derechos sociales históricamente conquistados por los trabajadores (sindicalización, seguridad social, pensiones, horario laboral de 8 horas, etc.).

Pero en México podemos agregar otros dos fenómenos grotescos. Uno es la situación de violencia que rodea a las elecciones, donde candidatos, campañas, gobernantes y presidentes son financiados e impuestos por el crimen organizado, es decir, por los empresarios de la droga (una burguesía ilegal).

Cuando un candidato no se ajusta a los gustos e intereses de algún empresario o grupo de empresarios ilegales, simplemente es eliminado, asesinado. Además, en su encarnizada competencia por obtener ventajas políticas y económicas, es decir, más ganancias, se pone en práctica la ley de la jungla, es decir, la ley del mas fuerte -típica del capitalismo-, entre este grupo de empresarios del tráfico de drogas, acribillando y matando a los candidatos que representan a la competencia.

El otro fenómeno es el descarado involucramiento de los grandes medios de comunicación privados en la elecciones, favoreciendo mediáticamente a los candidatos que mejor defienden y representan sus intereses.

¿Quién en México va a creer en las elecciones cuando están plasmadas de dinero sucio, muertes y una perversa parafernalia mediática de manipulación?

La gente trabajadora se da cuenta de estos hechos, de que al final de cuentas los que están metidos y dominan en las elecciones son los ricos, los poderosos, los poderes fácticos, tan despreciados y que nada tienen que ver con el pueblo trabajador, al cual desprecian y asaltan con cada nueva reforma política “democrática”.

Pero qué también pasa en México en relación a la forma régimen democrático parlamentario. Pues que en comparación a otros países del mundo, en general nuestra respuesta ha sido pasiva, es decir, no nos hemos volcado activamente a las calles en masa a defender nuestros derechos e intereses como pueblo trabajador; nuestra respuesta es el simple abstencionismo electoral, el cual fue mayoría en estas pasadas elecciones de julio del 2013.

Aunque sin dejar de reconocer que las candidaturas animales (burro chon, gato Morris, etc.) y algunas candidaturas independientes fueron ese esfuerzo incipiente de agitación y politización entre la población. Politización tan necesaria para adquirir la conciencia de que para defender nuestros derechos e intereses como trabajadores es indispensable salir a las calles a manifestarse; que para responder a la madriza que la burguesía nos está poniendo hay que marchar, tomar carreteras, hacer huelgas, ocupar nuestros lugares de trabajo, hacer barricadas, tomar las plazas públicas, formar organizaciones de base, comités barriales, de trabajo, etc., todo en masa.

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