CRÓNICA DE UNA TARDE EN EL ZÓCALO: UNA MIRADA AL PLANTÓN MAGISTERIAL

Por Livi Jazmín, y compartida con Keila Gamiño y Mónica López

 

La vida no vale nada si se sorprende a otro hermano,

cuando supe de antemano lo que se le preparaba.

                                                                                                                              Pablo Milanés

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El pasado jueves 12 de septiembre, tres amigas y compañeras de trabajo invitamos a algunos colegas, profesores de educación media superior en el sector privado, a contribuir con un donativo para apoyar a los maestros de la CNTE que mantenían un plantón en el Zócalo, como respuesta a la aprobación de la Reforma Educativa.

En nombre de quienes cooperaron, las tres fuimos a la Plaza de la Constitución. Al llegar, lo primero que vimos fue la enorme cantidad de techos de plástico que, debido a que estaban sostenidos por palos o sujetos con lazos, se movían fácilmente con el viento. Bajo éstos, había maestros reunidos, sentados en el piso, junto a casas de campaña, comales y pocas y amontonadas pertenencias. Afuera de estos campamentos, colgaban carteles con leyendas como la siguiente: “México es el país donde los pobres se vuelven más pobres; los ricos, más ricos y los maestros, delincuentes”.

Aquí y allá, pendiendo en todas las carpas, había botes hechizos para quien deseara cooperar; de manera que, conforme avanzábamos en nuestro recorrido, los 1,170 pesos que logramos reunir en un día, se volvieron mínimos, insuficientes, casi ridículos en comparación con lo necesario para que los maestros se mantuvieran dignamente en el plantón.

¿A quién daríamos el dinero? ¿Cómo elegir, si casi todos estaban en las mismas circunstancias? Por sugerencia de Mónica, buscamos un grupo de mujeres, pues valoramos el sacrificio que hacen al dejar a sus hijos en la comunidad de la que proceden. Después de recorrer dos veces el plantón, nos detuvimos al ver a un grupo de mujeres reunidas, y dijimos: “aquí es donde”. Curiosamente, ellas nos dieron la indicación de dirigirnos a sus compañeros varones, pues los usos y costumbres suelen estar presentes en los movimientos sociales.

El grupo al que nos acercamos pertenece a la Sección XII de Oaxaca, y su región es la sierra mixe (municipio Santa María Tlahuitoltepec). Muy amables y serenos, estos maestros de primaria nos hablaron de las implicaciones de la reforma a nivel laboral, así como de las condiciones en las que trabajan: falta de recursos monetarios y de material para el “desarrollo de proyectos” (eje de los nuevos libros), y niños que caminan de quince minutos a una hora para llegar a su escuela, algunas veces sin haber comido. Estas condiciones se resumen en una palabra: marginación.

Gualterio, uno de los maestros rurales, nos preguntó qué nos había motivado a apoyarlos. Contestamos que la solidaridad con una lucha que consideramos justa, así como la certeza de que el resultado de esta lucha afectará a generaciones venideras. La mirada y las palabras con la que aquellos compañeros expresaron su gratitud nos conmovieron mucho, pues sabemos que dejan sus casas, arriesgan su salud y su libertad, y permanecen con lo menos (de hecho, nos pidieron que no les lleváramos “comodidades” porque eso los dormiría, y necesitan estar despiertos). De esa conversación, que fue tan significativa para las tres, habría de surgir un compromiso mayor, pues poco hicimos, pero más podemos hacer.

Nosotras, como muchos otros que laboran en el sector privado, no tenemos una estabilidad en cuanto a horas de trabajo (varían cada año); además de lo que se nos descuenta, debemos pagarle más a Hacienda, y palabras como “plaza” o “jubilación” nos parecen propias de otra era; éstas son algunas de las razones por las que comprendemos y valoramos el sentido del plantón y de las marchas que realizan los maestros de la cnte, como parte de una lucha por el respeto a los derechos laborales que se históricamente se han conseguido.

En contraste con nuestra postura, casi todos los días escuchamos que los colegas descalifican a los profesores de la cnte, valiéndose de las mismas palabras que se escuchan en los medios. Ante esto, nos preguntamos: ¿cuándo, como gremio y como clase, dejaremos de pensar que las reformas son aisladas y que los activistas son delincuentes? Mónica tiene razón: “A esta clase media le han enseñado a no aspirar a una buena calidad de vida; creemos que somos afortunados porque podemos comprar un coche a 52 mensualidades con intereses.”

Mientras no reconozcamos las reformas como parte de un proyecto de nación que beneficia a los grandes empresarios, golpea a los marginados y mantiene endeudada a la clase media, y mientras no nos solidaricemos con las luchas que se oponen a este proyecto, seguiremos permitiendo el abuso de la clase política en el poder.

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