Los “ultras” vistos por Lenin y Trotsky

Bolche

Estamos en Moscú en 1920. La revolución socialista, encabezada por el partido bolchevique, vive momentos heroicos. Los “soviets” o consejos de obreros, campesinos, colonos y soldados funcionan y ejercen democráticamente el poder sobre el  pueblo, aunque en forma dictatorial contra la burguesía.

La revolución suscita un enorme entusiasmo mundial entre los trabajadores y los jóvenes. Por todos lados surgen luchadores que abrazan la causa del socialismo. Algunos de estos nuevos militantes revolucionarios se conducen con más ardor que inteligencia, con más voluntad e impaciencia que con políticas basadas en un análisis y conocimiento científico e histórico. Padecen de una “enfermedad infantil”, el “izquierdismo”. Son los desatinados y clásicos “ultras”. Sobre este fenómeno Lenin escribió por esas fechas lo siguiente…

Saber atacar y saber replegarse

Es imprescindible conocer la historia del bolchevismo les decía Lenin a los “ultras”. Hubo una etapa de revolcuión, de 1905 a 1907. Luego  vino la contraofensiva del zarismo, durante los años 1907 a 1910. Decía Lenin que en política revolucionaria es tan importante saber desplegar la ofensiva como saber cuándo replegarse. “los partidos revolucionarios deben completar su instrucción. Han aprendido a desplegar la ofensiva. Ahora deben comprender que esta ciencia hay que completarla con la de saber replegarse acertadamente. Hay que entender –y la clase revolucionaria aprende a comprenderlo por su propia y amarga experiencia- que no se puede triunfar sin saber atacar y replegarse con acierto. De todos los partidos revolucionarios y de oposición derrotados, fueron los bolcheviques los que se replegaron con mayor orden, con menos quebranto de su ‘ejército’ y conservando mejor su núcleo; con las escisiones menos profundas e irreparables, con menos desmoralización y con mayor capacidad para reanudar la acción de un modo más amplio, acertado y enérgico. Y si los bolcheviques obtuvieron ese resultado fue exclusivamente porque desenmascararon y expulsaron sin piedad a los revolucionarios de palabra, obstinados en no querer comprender que es necesario replegarse, que es preciso saber replegarse…”

Añadía que una de las características de los “ultras” consiste en que “no podían comprender la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de clase y sus relaciones mutuas antes de emprender cualquier acción política”…

El lema predilecto de los “ultras”: ¡Ningún compromiso!

Para terminar la guerra de Rusia con Alemania, el nuevo Estado Soviético se vio obligado, en 1918, a firmar una paz en condiciones extremadamente desventajosas, concediendo enormes porciones de la nueva República, prácticamente toda Ucrania. La compleja tarea de negociar con el Káiser le fue encomendada a León Trotsky, nombrado Comisionado de Relaciones Exteriores.

Dentro del partido bolchevique se formó un grupo, “los bolcheviques de izquierda”, en contra de firmar la llamada Paz de Brest Livostk, la población donde se signó dicho acuerdo. A este sector de bolcheviques “les parecía que la Paz de Brest era un compromiso con los imperialistas, inaceptable por principio y funesto para el partido del proletariado. Se trataba -reconocía Lenin- de un compromiso con los imperialistas; pero precisamente de un compromiso de tal género que era obligatorio en tales circunstancias.”

“Figuraos que el automóvil en que viajas es detenido por unos bandidos armados. Les dais el dinero y el automóvil. Más a cambio de ello, os veis libres de la agradable vecindad de los bandidos. Se trata, sin duda, de un compromiso. Pero difícilmente se encontraría un hombre cuerdo que declarase tal compromiso ‘inadmisible desde el punto de vista de los principios’ o que calificase a quienes lo han concertado de cómplice de los bandidos. Nuestro compromiso con los bandidos del imperialismo alemán fue análogo a éste.”

“Rechazar los compromisos ‘por principios’, negar la legitimidad de todo compromiso en general, cualquiera que sea, constituye una puerilidad que hasta resulta difícil tomar en serio”, remató Lenin.

Los “ultras” se negaban a participar en sindicatos reaccionarios y en las instancias burguesas

Estos izquierdistas también se negaban a intervenir en procesos electorales y a participar en los parlamentos burgueses. Un partido revolucionario, decía Lenin,  debe saber utilizar esos procesos y esas instancias para difundir la causa socialista.  Nuestros modernos “ultras” fieles a su pasado declaran de manera hipócrita ser anti partidos y estar en contra de los procesos electorales, pero como buenos oportunistas que son corren un día atrás del PRD y al siguiente atrás de López Obrador, aun cuando ambos establezcan alianzas con el PAN o el PRI. Todo con el solo objetivo de hacerse de huesos o mantener sus cuotas dentro del poder estatal, aun cuando en ello se vaya a la basura la suerte del magisterio.

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