Pluma 21. Una “reforma” educativa que omite la violencia, pobreza y tv-idiota

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No es posible democratizar la enseñanza de un país sin democratizar su economía y sin democratizar, por ende, su superestructura política. (José Carlos Mariátegui 1984-1930)

 

Prof. Heriberto Magariño. Istmo de Tehuantepec.- A Peña Nieto le urge cumplir sus compromisos con los empresarios que lo llevaron a la presidencia. Apenas diez días después de iniciar su gestión, envió una iniciativa de ley para modificar la educación que, de ser aplicada, significará un duro golpe para la calidad de la enseñanza, su carácter gratuito, y podría dejar en la calle a decenas de miles de docentes. La ley culpabiliza a los profesores del desastre educativo. Y ni menciona el efecto que tiene la extendida pobreza en el desempeño educativo de millones de mexicanos. Tampoco dice nada sobre el funesto papel de las televisoras y radioemi­soras, que son las verdaderas “educadoras” de la mayoría de los mexicanos.

¿Educar a un pueblo hambriento?

Es evidente que la educación en México está en una profunda crisis. La catástrofe educativa se manifiesta de muchas man­eras, empezando porque millones de edu­candos desertan de las escuelas en todos sus niveles.

Por otra parte, es poco, pobre y malo lo que los estudiantes aprenden. Las deficiencias educativas de decenas de mil­lones de mexicanos son notorias. ¿A qué se debe esto? ¿Quiénes son los respons­ables de los males educativos? El nuevo gobierno federal acaba de informar que en el país hay 13 millones de personas ex­tremadamente pobres, es decir, lo son a tal grado que a diario pasan hambre.

Y hay otros 40 millones de com­patriotas que, aunque cuentan con alimen­tos, carecen de ingresos y recursos para vestirse adecuadamente y habitar una vivi­enda digna, así como para viajar, comprar libros y periódicos, computadora, etcé­tera.

Esta abrumadora realidad económica y social es ignorada en el proyecto educativo de Peña Nieto, que jamás reconoce que un pueblo que so­brevive precariamente está incapacitado para aprovechar plenamente la experiencia educativa.

La ley ignora a la tv y radio privadas

El difunto Carlos Monsiváis decía que en México la verdadera Secretaría de Educación Pública está en las oficinas de Televisa y TV Azteca. La influencia de la televisión y la radio sobre las mentes de la población es ampliamente reconocida.

No está a discusión que es­tos poderosos medios de comunicación determinan en gran medida la (des) in­formación de la gente, su manera de pensar, de sentir y sus valores. Lamen­tablemente, su influencia es negativa.

De acuerdo con Manuel Pérez Rocha, un especialista en educación:

La televisión y la radio, con su frenética sucesión de estímulos visuales y auditivos, destruyen la capacidad de man­tener la atención más allá de unos segundos en un solo tema:

¿cómo lograr que en la escuela los niños aprendan a leer una página?

La televisión y la radio presentan la extrema violencia como un valor:

¿cómo extrañarnos de la violencia escolar?

La televisión y la radio propagan la competencia (la competitividad) como actitud sagrada:

¿cómo lograr que en el aula se ejerza la 1indispensable cooperación que exige la buena educación?

La televisión y la radio fomentan los fanatismos y difunden las creencias mágicas dándoles crédito:

¿cómo lograr que los niños se in­teresen por la ciencia?

No obstante el papel funesto que tiene la tv y la pobreza sobre la educación, según la nueva ley los culpables del desas­tre son los profesores.

“… es innegable que el desempeño del docente es el factor más relevante de los aprendizajes…”

A partir de ello, la ley recién aprobada es­tablece las bases para despedir maestros.

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