Regreso sin gloria de un PRI disminuido

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Otra vez, el PRI en Los Pinos. Con Enrique Peña Nieto en la presidencia tendremos un gobierno sumiso a las órdenes que lleguen desde Washington, defensor de los empresarios, amigo de los narcos, represor de obreros, campesinos, indígenas y jóvenes; manipulador de masas empobrecidas, intolerante ante las minorías, demagogo, corrupto y corruptor; insensible ante las creaciones culturales y científicas. Se espera que aproveche estos meses de desconcierto para, aun antes de asumir el Poder Ejecutivo, apruebe con el concurso del PAN (y algunos del PRD) contrarreformas a las leyes hacendarias, laboral y otras.

El PRI regresa a la Presidencia, aunque sin gloria. Lo hace con tal sólo el 38.2 por ciento de la votación oficial, es decir, que más del 60 por ciento de los que acudieron a las urnas no lo aprueban. Podemos suponer que la mayoría de ellos votaron contra el PRI. Y si comparamos la votación oficial que obtuvo este partido con la Lista Nominal de Electores (los ciudadanos que cuentan con credencial para votar), el dinosaurio sólo logró el apoyo (es un decir) del 24 por ciento. O sea que uno de cada cuatro electores sufragaron por este partido y sólo con ese “apoyo” gobernará. Pero más de 60 millones de mexicanos mayores de edad no lo sentaron en la silla más apetecida de México. Por ello la “victoria” de este partido no ha sido la del pueblo sino la de un aparato político-mafioso.

El partido tricolor no obtuvo la mayoría de bancas en las Cámaras de Diputados y Senadores. Podría parecer un problema secundario para el próximo gobierno federal, habida cuenta de que el PAN –y seguramente, sectores del PRD- le ofrecerán sus votos en el Congreso. Pero no es exactamente así: Peña Nieto deberá negociar con esas fuerzas que le son afines pero que le venderán sus servicios, lo que hará tortuoso y difícil el actuar del poder legislativo en los años venideros.

Las numerosas impugnaciones a la elección y la realidad de los incontables chanchullos, anomalías, delitos y toda suerte de mañas de que hicieron gala durante el proceso comicial los doctores en mapachería tricolores pesarán en la siguiente administración, manchada ya en su legitimidad. Y ya no podrá acudir el siguiente presidente al recurso que en circunstancias similares adoptó Calderón. México ya no está para continuar una supuesta “guerra” contra los narcos. El clamor es por verdadera democracia, no sólo en el terreno electoral sino en todos los ámbitos. El PRI no estará dispuesto a ello.

Además, Peña Nieto recibe un país envuelto en graves problemas, que por sus debilidades le será más difícil enfrentar. La economía no levanta y está amenazada por las peligrosas tormentas de la recesión en Estados Unidos y Europa. El precio del petróleo baja. La diarrea de promesas que evacuó el candidato presidencial será muy difícil o imposible de cumplir. Segmentos de sus apoyadores se sentirán defraudados cuando vean que el precio de la luz no baja, que el poder adquisitivo de sus salarios disminuye, que las obras proyectadas se quedan en papeles y discursos.

El Partido Obrero Socialista presentará una firme oposición al nuevo gobierno federal, lo mismo que a los gobiernos en las entidades federativas, sean del color que sea. Llamamos a luchar por la democratización de los sindicatos y las organizaciones populares, así como en las elecciones. Exhortamos a los trabajadores, a los campesinos y los pobres a organizarse para enfrentar a su nuevo enemigo y a sus compinches de otros colores que se subirán al carro del vencedor.

 

Peña Nieto perdió un millón 330 mil votos y el 6.6% de la votación

El PRI llegó a las elecciones presidenciales de 2012 con un récord de victorias en los comicios para gobernadores habidos en los años 2010 y 2011. En promedio, este partido obtuvo el 44.8% de la votación en las nueve elecciones que hubo en esos años en igual número de estados.[i] Esta vez, el PRI redujo su votación –según cifras oficiales- a 38.2%.

Por otra parte, el dinosaurio obtuvo en las elecciones mencionadas el 25.7% de la Lista Nominal de Electores, pero en la de este año cayó a 23.9%. De haber mantenido Peña Nieto las tendencias electorales de su partido, habría obtenido 20.3 millones de votos y no los 19 millones que el IFE le adjudica. Por eso decimos que “perdió” 1.3 millones de sufragios.

Pensamos que observar esto es interesante pues nos revela a un PRI que tuvo un alza electoral relativa en el pasado reciente pero que redujo su fuerza este año. El ejercicio del poder podría erosionar y debilitar todavía más al partido tricolor y su gobierno, lo que abriría mejores condiciones a las luchas de la población.



[i] Ver en el número anterior de esta revista, el artículo de Cuauhtémoc Ruiz, “El dinosaurio no es como lo pintan”, en donde se presentan estos datos,  página 6 (Revista Pluma No 19)

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