Ideología y clase social

Por Tomas E. Holguin

ilustracion-pawel-kuczynski-clase-social-inferioridadIlutración:Pawel Kuczynski

El hacer y el pensar están inseparablemente unidos, son momentos inseparables de una misma actividad humana, pero no son idénticos. Lo que el hombre piensa sobre lo que hace no siempre coincide con lo que en realidad hace. Hay profundas influencias de orden social –en primer término la lucha de clases- y de origen afectivo que inciden para que el hombre se engañe a sí mismo acerca de su actividad y de sus obras.

Tomemos el caso de grupo trotskista como el nuestro, el Partido Obrero Socialista. Todos los que estemos en él tenemos ciertas ideas acerca de la existencia y las funciones del grupo y de sus relaciones con otros grupos. Ahora bien: estas ideas pueden no coincidir con lo que realmente es el grupo, con lo que realmente hace. Y para comprender realmente lo que el grupo es, no podríamos basarnos en lo que sus integrantes creen, sino en lo que el grupo hace. Esto vale no sólo para un grupo trotskista sino para toda la sociedad.

Hay un aspecto de la realidad que es el que más profundamente penetra al hombre y más completamente lo circunscribe, condicionando el curso general de su vida exterior e interior. Ese aspecto de la realidad es la clase social a la que pertenece el individuo.

La circunstancia de que la gente sea propensa a confundir sus sueños con la realidad y no sea plenamente consciente de la influencia de factores de clase sobre su conducta y su experiencia no significa que las clases sociales no existan. Las diferencias de riqueza, de ingresos, de ocupación, de prestigio, de autoridad y de poder, que son todas manifestaciones de la estructura de clase, representan realidades básicas de nuestra existencia.

Todo, desde la probabilidad de permanecer vivo durante el primer año de vida hasta la probabilidad de conocer las mejores obras de arte, la probabilidad de crecer sano y fuerte, y si se enferma de curarse rápidamente, la probabilidad de evitar convertirse en delincuente juvenil, y la probabilidad de obtener una educación superior –todas estas probabilidades de vida- están crucialmente influenciadas por la posición que se ocupa en la estructura de clase.

¿En qué se revela la posición de clase? En una batería de características, en una constelación de situaciones entre las cuales tenemos: la ocupación, el ingreso, la riqueza, la duración de la vida, la salud física y mental, la educación, la protección que acuerda la justicia, la conducta sexual y familiar, las características temperamentales, etc.

Las investigaciones demuestran que la clase social es una constelación, una configuración, una totalidad de condiciones y formas de vida, que siempre tienden a marchar juntas, y que se estructuran en torno a la relación que diversos grupos humanos establecen respecto de otros, en el proceso de trabajo mediante el cual se mantiene la sociedad entera.

Esas investigaciones demuestran que existe una elevada correlación matemática –estadísticamente comprobable- entre condiciones y formas de vida tales como: a) la propiedad (o falta de propiedad) de medios de producción, de transporte, de cambio, etc.; b) la ocupación; c) el nivel de ingresos y la riqueza; d) el poder (la capacidad de controlar a otros); e) el prestigio; f) la educación. Esas mismas investigaciones psicosociales están revelando concretamente cómo la clase modela la personalidad. Empíricamente se está constatando cómo y a través de qué mecanismos los niños de las clases dirigentes van estructurando una personalidad audaz, agresiva, confiada, segura de sí misma, ambiciosa, mientras que todo lo contrario ocurre con los niños de las clases explotadas.

Bibliografía. Peña, Milcíades. Introducción al pensamiento de Marx. Notas de un curso de 1958. Rosario, Último Recurso, 2007, p. 85-8.

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