Trata de blancas y lucha obrera. ­Valor de uso y valor de cambio

Por Javier Gálvez Cortés

Trata

Las mercancías, según explica Marx en El capital, tienen un doble valor; el valor de uso y el valor de cambio. El valor de uso es aquel que satisface necesidades humanas, y está sustentado en las cualidades propias de la materia con la cual está hecha la mercancía.[1] Por ejemplo, los zapatos tienen un valor de uso en cuanto que satisfacen la necesidad de no caminar descalzos, y por ello están hechos de materiales muy resistentes. El valor de cambio está determinado por la equiparación de unas mercancías con otras. Por ejemplo, un par de zapatos se comparan con dos camisas, en cuanto que dos camisas, y un par de zapatos, contienen, en sí, como productos, el mismo trabajo. O sea que un sastre y un zapatero invierten el mismo trabajo en producir dos camisas, o un par de zapatos. Por lo tanto, el valor será el mismo: si un par de zapatos cuestan, por decir algo, 400 pesos, dos camisas costarían, a su vez 200 pesos cada una.

Las mujeres y los niños como mercancías.

Al principio de la Historia, se daba lo que se llamaba el comunismo primitivo, donde no existía la propiedad privada y la producción de los bienes le pertenecían a todos por igual, su uso y su usufructo. Pero ocurrió que, cuando se impuso el esclavismo, las personas se veían como mercancías que se podían comprar, vender y usar. Los hombres ricos compraban y vendían esclavos, y uno de los objetos más apreciados eran las mujeres, porque se les podían poner los valores de las mercancías: se las usaba sexualmente, y se las intercambiaba.[2] Si se les invertía tiempo y dinero, se reproducían y les daban a los patriarcas más esclavos. Aparte, también, se les explotaba poniéndoles a trabajar, dándoles sólo comida para que no murieran de hambre.[3] Las familias, (esposas-madres e hijos), no eran más que esclavos del hombre rico o patriarca, y estos esclavos también se podían utilizar como mercancías.[4]

Este trato, hacia las mujeres y niños, (propios o ajenos), se conservó también en el feudalismo, ya no se les llamó esclavos, sino siervos o servidores, porque, (según decía el clero católico) Dios mismo había determinado el lugar de cada persona en este mundo, y el lugar de las mujeres era servir a los hombres como esclavas en la casa, y reproducirse lo más posible, dando hijos para que trabajaran para el padre. En la Edad Media, el número de hijos variaba, mínimamente, de entre 5 y 15. Si una mujer tenía menos de 5 hijos, era considerada inservible, y su esposo era tenido como un estúpido, por haberse casado con una mujer tan inútil.

La igualdad proletaria de hombres, mujeres y niños.

Cuando el capitalismo empezó a imponerse en Europa, los primeros en convertirse en obreros, -o en esclavos de los burgueses-, fueron los hombres, porque los hombres eran los dueños de las tierras, talleres o pequeñas factorías, (donde esclavizaban a las mujeres y a los niños). Los burgueses enriquecidos obligaron a los gobernantes a imponer nuevas leyes, principalmente de confiscación de tierras, con lo cual despojaron a los campesinos de sus tierras, para alimentar ganado lanar, con lo cual hicieron grandes fábricas, que a su vez asfixiaron a los pequeños talleres, y los propietarios de los pequeños talleres tuvieron que venderse como esclavos, u obreros, para poder sobrevivir, trabajando de entre 16 y 18 horas diarias.[5]

Paradójicamente, gracias al capitalismo, se dio la igualdad entre el hombre y la mujer. Cuando los burgueses necesitaron más obreros, nunca tuvieron contemplación alguna, ellos agarraron parejo: hombres, mujeres y niños; a todos los convirtieron en esclavos. De hecho, en algunos trabajos, como en las minas, se prefería contratar niños, porque su pequeña estatura servía mejor para que empujaran los carros cargados de mineral por los estrechos túneles. Las mujeres eran contratadas por su capacidad de delicadeza en trabajos manuales que requerían de manos y dedos finos. Pero a todos se les explotaba por igual. Los niños muy pequeños, de entre 4 o 5 años, eran contratados para que hicieran trabajos muy fáciles, como darles de comer, en la boca, a sus hermanos mayores, para que no dejaran de estar trabajando, pegados a las máquinas.[6]

La igualdad que se impuso a las mujeres, con respecto a los hombres, hizo de ellas sujetos que pueden, junto a su clase social, emanciparse. Es decir que el capitalismo, al contratar a las mujeres como obreras, las emancipó de la esclavitud doméstica en la familia; mientras ellas estaban esclavizadas, bajo el totalitarismo del padre u esposo, eran invisibles y no podían participar en los procesos históricos. Pero una vez que estuvieron en la fábrica, formaron parte de una clase social: el proletariado, y participaron de las luchas de emancipación junto a los hombres. Es necesario abundar más en lo anterior; lo que hizo el capitalismo fue iniciar el proceso de enajenación del trabajo femenino, pero eso no era novedad, el trabajo de las mujeres siempre había sido robado por los hombres que las esclavizaban domésticamente; la burguesía, lo que hizo, fue quitarle a los hombres el usufructo del trabajo femenino, eso fue lo novedoso.[7] Es así que el Estado capitalista se asemeja a la antigua Familia esclavista, pero ahora los patriarcas o dueños de los esclavos son los burgueses.[8]

La enajenación del cuerpo femenino.

Pero la mujer, desde el punto de vista de la burguesía, conservó el mismo papel de esclava doméstica que desempeñaba en la Familia, y entonces se le utilizó no sólo como obrera, sino que los capitalistas también las utilizan para su placer sexual.[9] Por lo tanto, las mujeres obreras, al igual que los hombres, tienen que vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir. Pero la fuerza de trabajo es producida a partir del cuerpo del obrero o de la obrera; en ésta lógica se debe entender la utilización del cuerpo de la mujer por parte del capitalista: el cuerpo de la obrera le pertenece al capitalista que la contrató para enajenar los productos de su cuerpo.

Ahora bien, el Estado capitalista produce también ejércitos de desempleados que funcionan como mano de obra de reserva para que los obreros que están trabajando en las fábricas se sientan presionados y agradecidos por funcionar como esclavos en las factorías, ya que su trabajo, y su sobrevivencia, pueden acabarse inmediatamente al ser sustituidos por la masa obrera de reserva. En 1800 y hasta mediados de 1900, eran mucho más frecuentes que hoy las muertes de los obreros debido a la insalubridad de las fábricas, accidentes de trabajo o a la mala alimentación, y estos muertos tenían que ser sustituidos inmediatamente para seguir el proceso de producción capitalista. Por lo tanto, la pobreza extrema y el desempleo son inherentes al Estado capitalista, porque las empresas necesitan, como mínimo, tres veces más desempleados de reserva.[10]

Es así que esta masa de desempleados son vistos también como esclavos utilizables por el burgués. Por lo tanto, así es como debe entenderse la utilización del cuerpo de las mujeres desempleadas, por parte de los capitalistas: el burgués se siente con el derecho de gozar del cuerpo de las mujeres y de los niños desempleados, simplemente porque los considera como esclavos de reserva en el Estado que él gobierna, porque el burgués impone al gobernante en turno. Es así que el Estado capitalista produce una masa gigantesca de desempleados, de los cuales se puede utilizar su mano de obra, como de su cuerpo, con total impunidad, porque el gobernante, como el capitalista, se sienten con el derecho de abusar sexualmente de las mujeres o de los niños, ya que forman parte de la mano de obra de reserva capitalista. Entonces, la pobreza, como el abuso sexual, son inherentes al sistema capitalista.[11]

El capitalismo y la trata en México.

Así es como debe verse el abuso, -que la periodista Carmen Aristegui denunció-, por parte del expresidente del PRI del DF, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, el cual tenía un red de trata de blancas para su uso personal, las cuales contrataba por medio de anuncios en periódicos, solicitando mujeres de entre 18 y 32 años, para trabajar como edecanes en el PRI del DF. Solicitaba madres solteras, desempleadas o en otro tipo de vulnerabilidad, ofreciéndoles entre 8 y 14 mil pesos al mes, sueldo que salía del presupuesto del PRI.[12] Esta persona, consideraba a las mujeres desempleadas como presa fácil para usar sus cuerpos a placer, ya que eran desempleadas o en estado de necesidad y vulnerabilidad.[13]

Otro caso es del industrial maquilador Kamel Nacif Borge, el cual forma parte de una red de trata de niñas y de pornografía infantil, encabezado por otro empresario: Jean Succar Kuri. Kamel Nacif fue de los que más dinero aportó para la candidatura del exgobernador de Puebla, Mario Marín, y al cual le pidió que encarcelaran a la periodista Lydia Cacho, porque Cacho denunció, en 2005, la red de trata de este empresario junto a otros muchos capitalistas y políticos mexicanos.[14] Con respecto a la ley de trata de blancas, Lydia Cacho mencionó que hay “un grupo importante de políticos en todo el país que participan como defensores de todos los grupos e intereses que defienden la legalización de la prostitución, los grupos de las grandes empresas que se dedican a la prostitución de mujeres cada vez más jóvenes y también a la pornografía”.[15] Todo lo anterior demuestra lo antes dicho: el sistema capitalista produce un ejército de pobres, para poder usarlos como mercancías o mano de obra con salarios de hambre.

Por otra parte, Teresa Ulloa Ziáurriz, directora para América Latina y el Caribe de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas de América Latina y el Caribe (Catwlac, por sus siglas en inglés), señaló que sólo en DF hay 250 mil mujeres, víctimas de trata. También, Alicia Leal, fundadora de Alternativas Pacíficas, organización civil en defensa de las mujeres, con refugios para féminas maltratadas y víctimas de trata apuntó que “La impunidad es el problema fundamental. El hecho de que los gobiernos no quieran aplicar las leyes porque entonces tocarían intereses de gente de mucho poder. El fenómeno de la trata en México no es nuevo. Tenemos monumentos, estatuas de tratantes en este país”. Explica que los consumidores de prostitución y pornografía de mujeres, niñas y niños son hombres de poder político y empresarial: “Denunciamos, señalamos y las autoridades voltean para otro lado. No es que no sepan dónde están las víctimas de trata. No es que no sepan dónde están los tratantes. Es que están encubriéndolos”.[16]

El problema es moral, educativo y social, pero, fundamentalmente, es económico-político. La trata, el abuso, la prostitución, la pedofilia y la pornografía infantil son producto de personas que tiene muchísimo dinero, robado a la clase obrera. Y de la misma clase obrera son tomadas las personas que son utilizadas como mercancías para usar de sus cuerpos; extraerles órganos o robarles el producto de su trabajo. El problema es propio de la estructura capitalista, como en este escrito trató de explicarse. Por lo tanto, mientras no cambiemos el sistema capitalista y no le derribemos, imponiendo un verdadero comunismo democrático, de nada sirve que nos rasguemos las vestiduras. La lucha real, de las mujeres, está del lado de la clase obrera, que siempre ha sido enajenada y explotada.


[1] Cfr. Marx. El Capital. México. 1980. Tomo I. Ed FCE. Trad. De W. Roces. pp. 49-51.

[2] Cfr. Marx. El Capital. p. 48.

[3] Cfr. Carlos Marx y Federico Engels. La ideología alemana. México.  1974.  Ed. Ediciones de Cultura Popular. Traducción de W. Roces. p. 33.

[4] La palabra latina Familiam, -Familia-, aún conserva este significado; Familiam significa el conjunto de los esclavos que sirven al patriarca en la casa, en sus campos o en sus talleres, y de los cuales se pueden usar como mejor le parezca al patrón.

[5] Cfr. Marx. El Capital. Capítulo XXIV.

[6] Cfr. Marx. El Capital. pp. 226-236.

[7] Cfr. Engels, Federico. El origen de la Familia, la Propiedad privada y el Estado. México. 2001. Ed. Colofón. p. 188.

[8] Aristóteles postuló, como el mejor gobierno a la Aristocracia, es decir, el gobierno de los mejores hombres. Aristóteles, decía que, para conseguir un gobernante aristócrata, se debía buscar de entre los patriarcas que gobernaban bien a sus familias; esto es obvio si se tiene en cuenta que los patriarcas tenían varias esposas y esclavas, y con todas copulaban, para tener más y más esclavos, siendo así que las familias se conformaban, en ocasiones, de hasta más de cien personas, y si un hombre gobernaba bien a sus esclavos particulares, podía, por ende, regir sobre un Estado esclavista como la antigua Grecia o Roma.

[9] Cfr. Marx y Engels. El Manifiesto del partido comunista. Beijing. 1990. Ed. Ediciones en lenguas extranjeras. p. 56.

[10] Cfr. Marx. El Capital. Tomo I. pp. 543-549.

[11] Cfr. El Capital. p. 545.

[12] Cfr. La Jornada del jueves 03 de abril de 2014.

[13] En México hay 14 millones 655 mil 906 mujeres que trabajan y son jefas de familia. 10 millones 222 mil 419 de ellas tienen hijos. 77 por ciento de ellas se unió a su pareja cuando tenían entre 15 y 24 años. 35.2 por ciento sufre algún tipo de violencia de su pareja: 10.2 por ciento física, 6 sexual, 26.6 emocional, 20.1 económica. ¿Los motivos? El 18.1 por ciento porque sus parejas piensan que la mujer opina diferente, 17.2 porque ella no obedece, 15.6 porque no le avisa a su pareja cuando sale, 14 porque no le dedica suficiente tiempo a atenderlo, 12.5 porque la mujer toma decisiones. (Cfr. Artículo “Deseos” de César Moheno. La Jornada, 31 de diciembre de 2012).

[14] cfr. La Jornada. 14 de febrero de 2006.

[15] Cfr. Redacción de Noticias MVS. 06 de noviembre de 2013.

[16] Cfr. La Jornada. 10 de marzo de 2013.

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