Tierra, me ves partir

Comment

BREAKING NEWS

Las estadísticas dicen que cada año decenas de miles de personas ingresan a México sin documentos migratorios, la mayoría provenientes de Honduras. Pero los dígitos no explican las razones del éxodo, de la miseria y la violencia que literalmente se respira en sus países de origen. Para quienes se fueron de allí y los que alistan su partida, la ausencia de futuro no deja opciones: quedarse a morir despacio, o jugarse la vida en un viaje al infierno.

Chiapas Paralelo
Por Periodistas de a Pie
Texto: Rodrigo Soberanes Santín
Imágenes: Moysés Zuñiga Santiago
Imágenes: Prometeo Lucero
24 junio, 2014
Progreso, Honduras.- José Luis se coloca su prótesis en la pierna, se pone su camisa de solo una manga y se enreda un paliacate en el único dedo de la única mano que le quedó aquel día, en el desierto mexicano.

Abre la puerta, cruza la obra negra que, afirma, un día será su hogar de hombre casado y sale a la calle a buscar a una familia que tenga una historia de migración para contar. Como presidente de la Asociación de Migrantes Retornados con Discapacidad, tiene un notable interés en conocer  y dar a conocer todos los casos de migración forzada de su tierra y se ofrece como guía para conocerlos.

A José Luis lo conocen bien en esta ciudad, desde hace muchos años. Primero, por su talento para cantar canciones rancheras y religiosas, y después porque hace 8 años perdió un brazo, una pierna y cuatro dedos cuando cayó de un tren de carga en su segundo intento por llegar a Estados Unidos como migrante sin papeles legales. Fue así que, al volver a Progreso, se involucró en acompañar a quienes vivieron lo mismo que él.

Honduras, su país, es el principal expulsor de migrantes en Centroamérica hacia el norte del continente, que es el flujo migratorio de mayor costo humano en el mundo, y Progreso, su ciudad, es en esta nación una de las principales maquiladoras de mano de obra dispuesta a emprender el viaje.

El viaje al norte parece estar en todas partes, sobre todo en los sitios donde inicia el éxodo. Los autobuses estacionados en la rústica terminal del centro de la ciudad salen cada que los choferes y los ayudantes juntan el pasaje suficiente. Los primeros en partir son los que van a San Pedro Sula, el punto de arranque para abandonar el país. Después, cuando se internen en México, vendrá la región de los asesinatos, accidentes mortales, secuestros y desapariciones.

La región donde ocurre lo que el Movimiento Migrante Mesoamericano llama “genocidio migrante”.

Antes de 1998, cuando el huracán Mitch destruyó los cimientos de Honduras, Progreso era un polo de atracción de trabajadores que llegaban del sur del país a la industria bananera y a las maquilas. Hoy, sus calles son una estampa de lo que la migración forzada da y quita: casas construidas con material, pero con familias fracturadas; pequeños negocios comerciales y restaurantes de comida rápida que se mezclan con las costumbres de este lugar; locales de recepción de remesas como Western Union que se levantan como emporios minando el ahorro de los migrantes.

Al caminar por las calles de Progreso, uno encuentra los puestos de la telefónica Claro (propiedad del magnate mexicano Carlos Slim) llenos de clientes reclamando por el mal servicio; más allá, en las polvorientas colonias de la periferia los habitantes esquivan la oscuridad de la noche al salir de sus trabajos para evitar los asaltos. Jornaleros de las últimas fincas bananeras, obreros del parque industrial, taxistas, oficinistas, desempleados, todos ellos vinculados de alguna manera a la migración.

“La mayoría fueron o serán migrantes”, explica Javier, un trabajador de maquila.

Junto a él, su nieto Anthony de 11 años pregunta “¿Honduras es Bonito?”, y él mismo se contesta que no porque “cualquiera te saca una pistola”.

A Anthony no le sirve que le recuerden todas las bellezas naturales de su país. Ni las ruinas de Copán, ni el mar caribeño de Puerto Cortés, ni las maravillas del mar en el departamento de Atlántida, ni la impresionante serranía de Santa Bárbara. Él está creciendo en un país que se está desmoronando.

Mientras, a paso seguro, dominando con habilidad la pierna falsa que le cuelga desde la mitad del muslo derecho, José Luis  camina bajo el intenso sol hondureño y señala las casas que se construyeron con dólares de las remesas de los migrantes, la principal fuente de ingresos de Honduras.

Son casas que se salen del molde, construidas a criterio del dueño. Tienen sus paredes pintadas, espacio para un coche, varias habitaciones y están llenas de protecciones contra ladrones. Cada una representa una historia de supervivencia. A sus ventanas entra más luz.

“Son un montón de casas que las han hecho gracias a las remesas de los migrantes que arriesgan su vida en ese camino. Aquí en Progreso, y en especial en esta colonia es donde está la mera raíz de la migración, donde hay hijos huérfanos porque sus papás se fueron y hay bastante desintegración familiar por causa de la migración”, cuenta José Luis.

En la misma cuadra hay otras casas que son unos cuadritos de concreto con techos de lámina de dos aguas, obra del gobierno nacional de Honduras como parte de un programa social de vivienda.  Son los hogares sin alguien que les envíen remesas.

En una de esas casitas vive Karla, de 17 años, que todavía no se va.
Todavía.

EL PAIS QUE FUE

Guido Eguiguren, sociólogo de la Asociación de Jueces por la Democracia, dedicado a la defensa de derechos humanos en Honduras, explica la migración forzada en su país a partir del huracán Mitch, en octubre de 1998.

“El huracán no solo destruyó físicamente al país, a la infraestructura, a miles de vidas. También mostró hacia el mundo un país que no se conocía, con un nivel de desigualdad impresionante y olvidado por el mundo de la cooperación. Un país que se recordaba por el papel nefasto que jugó en la década de los 80 en la región sirviendo como portaaviones de los Estados Unidos”.

Mientras El Salvador y Nicaragua se batían en sus guerras civiles, Honduras prestaba su territorio para entrenar a las fuerzas armadas de los gobiernos de esos países.

Honduras es un país de pobres, el 66.5 por ciento de sus habitantes no tienen ingresos suficientes para alimentarse. Es también un país muy desigual que escupe a personas como José Luis o Karla para buscar su sobrevivencia: el 10 por ciento más rico de la población concentra un ingreso similar a lo que percibe el 80 por ciento de la población de menores ingresos.

Con Guatemala y El Salvador comparte los primeros lugares de expulsión de migrantes a México y los primeros lugares de brecha entre ricos y pobres. Honduras el tercer lugar, Guatemala el cuarto y El Salvador el séptimo lugar.

leer más:
http://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2014/06/tierra-me-ves-partir/

Deja un comentario

%d personas les gusta esto: