Una defensa comunista del Mundial de Brasil 2014

Por Ramón I. Centeno

mundial-arte-protesta-624x378Publicado en El Barrio Antiguo

Por fin llegó el Mundial de Brasil 2014 y, por supuesto, no ha faltado el/la activista de izquierda que adopta por misión fastidiar a los demás durante el evento. “¡¿Que no te das cuenta de que mientras tú ves el futbol, el Congreso avanza en la privatización el petróleo?!”, grita por estos días el representante mexicano de esta especie. Semejante actitud política tiene varios problemas, de los que mencionaré dos: 1) es falsa, 2) es inefectiva.

Es falsa porque supone que la apertura del petróleo mexicano a las trasnacionales es un asunto que se ha producido en un solo episodio… justamente durante el Mundial. Es inefectiva porque olvida que la persuasión política es un acto más cercano a la seducción que al regaño. Para adelantar conclusiones, el izquierdismo histérico merece ser rechazado.

Para Nahuel Moreno, quien fuera la principal figura del trotskismo latinoamericano durante la Guerra Fría, el militante comunista debía ser alguien “normal”. En una reunión con el partido peruano de la corriente que fundó, luego de constatar su desastre interno, lo puso así:

“No es de bolches no estar organizados […] Todos tienen que tener ubicación social. Tiene que ser el partido el que les busque trabajo […] Todo normal, gente normal. Peruanos normales que hacen trotskismo en Perú —normal— con gente normal, con matrimonios normales.”

Con base en esta noción nos ganamos al “Pacas” (desconozco el origen del apodo), un obrero mexiquense cuyo analfabetismo no le impedía estar al corriente de las discusiones dentro de mi organización. Su hija le leía los documentos en voz alta. En alguna fábrica de Naucalpan, el Pacas había armado un pleito porque la patronal no lo dejaba poner dentro de la planta un altarcito a la Virgen de Guadalupe. El camarada que se ganó al Pacas trabajaba en la misma fábrica y, a pesar de ser ateo, se sumó a la lucha del altarcito. Poco después, el Pacas fue apoyando la lucha por la democracia sindical y contra los charros de la CTM. Nunca supe si el Pacas siguió siendo guadalupano, pero sí se volvió comunista. Además, veía el futbol.

Un contraejemplo lo viví directamente. En 2006, como parte de La Otra Campaña que emprendió el EZLN, programamos junto con otros grupos estudiantiles una reunión en Ciudad Universitaria (UNAM) justo cuando México disputaría contra Argentina el partido de octavos de final en el Mundial de Alemania 2006. La coincidencia fue accidental, pero resultó inútil sugerir un cambio de fecha. Algunos se pusieron histéricos: “¡¿Cómo vamos a cambiar nuestra reunión por un partido de futbol?!”. El resultado: no asistimos más de 20 personas, un fracaso considerando que apenas el mes anterior tuvimos una asamblea con más de mil junto con el sub Marcos. Visto en retrospectiva, habría sido mucho más audaz adelantar la reunión dos o tres horas y hacer una invitación a ver el partido juntos al finalizar.

Sin embargo, la reunión se hizo y algunos salíamos por turnos para ver cómo iba el marcador en la diminuta televisión a blanco y negro de un señor que vendía golosinas cerca en la calle. Así fue como me perdí un partidazo de la selección mexicana que, sin embargo,fue derrotada con un golazo de Maxi Rodríguez. (Todavía me cala cuando veo la repetición de ese gol.)

Las luchas contra el actual ciclo de reformas neoliberales de Peña Nieto, contra el enfoque militarizado hacia el narcotráfico por la libertad de Nestora Salgado y de todos los policías comunitarios presos no son más difíciles a causa del Mundial. Eso supondría, por ejemplo, que sin ese torneo la burguesía mexicana y la trasnacional habrían quitado el ojo de nuestro petróleo. En contraste, estas luchas sí se complican cuando la izquierda pelea con el futbol.

El izquierdismo histérico implica, de parte del activista, la adopción de una postura arrogante como juez de los demás. La actitud del comunista, por el contrario, es la del camarada, que implica una relación y un trato entre iguales. La primera fórmula aísla, la segunda acerca.

Es cierto que en Brasil han habido protestas que recordaron al mundo la terrible desigualdad que se vive en la sede del Mundial, la cual, por cierto, no es muy distinta a la de México. Sin embargo, no hay que perder de vista lo crucial. La presente exclusión de millones de almas en el mundo no es un producto del futbol, sino del capitalismo.

PD: En el partido contra Brasil, México jugó con los colores del anarco-sindicalismo, precursor de la Revolución de 1910.(Esa combinación rojinegra que en nuestro país todavía está presente en las banderas que los trabajadores colocan a la entrada de su centro de trabajo cuando hay huelga.) ¿Habrá sido una evocación inconsciente al México bronco? ¡Ojalá!

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