¿Éxito o Fracaso? La estrategia de seguridad de Peña Nieto

Por Socorro Reséndiz

ciudadanos-se-manifiestan-a-favor-de-mireles-en-el-distrito-federalMovilización por la libertad de Mireles y Autodefensas detenidos en Michoacán, México DF .

Publicado en Pluma 25

Felipe Calderón Hinojosa, hasta ahora, ha pasado a la historia como el presidente cuya política produjo el mayor número de muertes violentas, pero Peña Nieto amenaza con quitarle ese récord. Durante los primeros 14 meses de esta administración suman 19 mil asesinatos y el subsecretario de Gobernación, Roberto Campa Cifrián, anunció que cada día hay un promedio de 54 muertes violentas en el país. A ese ritmo, serían casi 20 mil por año, más de 100 mil durante este sexenio.

Los años venideros vislumbran un futuro poco promisorio para los mexicanos en los distintos ámbitos de la realidad nacional: la economía está que se cae y la inseguridad pública aumenta. En esto, los gobernantes están empeñados en dos cosas:1) Pretenden hacernos creer que la violencia obedece a “la descomposición del tejido social” es decir, a la pérdida de valores al interior de una parte de la población que vive cómodamente del fruto ilegítimo y redituable de actividades delincuenciales y 2) Que la violencia es tan sólo un problema de seguridad pública y no parte de una descomposición del Estado capitalista.

Desde esta perspectiva, el gobierno federal pretende combatir al crimen organizado y la delincuencia, ahora mediante la llamada “Estrategia de Seguridad” primero aplicada en Michoacán y actualmente en Tamaulipas.

¿En qué se diferencia la estrategia federal de ayer con la de hoy?

Uno quisiera botarse de la risa por la simulación del Poder para enmascarar su política, pero es imposible: son miles y miles los ciudadanos inocentes, mujeres y hombres, que directa e indirectamente sufren los actos de violencia y de la delincuencia, sea porque en sus familias falta una hija o un hijo desaparecido quién sabe por qué y por quién; sea porque esa hija o hijo ha sido asesinado; sea que las familias viven con el miedo de saber que nada deben, pero en cambio, sí temen que algún familiar pudiera ser el siguiente.

La “guerra” de Calderón fue exitosa en cuanto a que logró imponer un monopolio del tráfico de drogas (el cartel de Sinaloa). Consiguió, además, que el H. Congreso de la Unión, el Poder Judicial, la mayor parte del Poder Ejecutivo y los partidos jamás rechazaran tal “guerra” lanzada al margen de la legalidad, ajena a lo establecido en el llamado Estado de Derecho. Guerra por lo demás ilegítima porque no fue motivada para la procuración del interés púbico sino todo lo contrario.

Esa guerra tuvo como fin causar miedo y terror entre la población, Se militarizó una buena parte del país y culminó el sexenio de Felipe Calderón con alrededor de 100 mil muertos y una cifra no reconocida de 26 mil desaparecidos. El resultado fue un país semi-militarizado e intimidado, un cártel predominante, unas regiones con gente enlutada, adolorida, temerosa y casi paralizada- salvo la protesta ciudadana organizada en el Movimiento por la Paz, la Justicia y la Dignidad, el cual, desafortunadamente, no logró alterar la política federal.

La estrategia priista en curso no difiere de la panista, aunque no son idénticas porque la situación en curso es distinta y la experiencia ciudadana también. Esto influye en que el discurso y ciertos actores sean diferentes. Pero la esencia de la política permanece.

Las cifras indican que, como hemos dicho, continúan siendo asesinadas miles de personas, hay miles de desaparecidos (hombres y mujeres) y siguen por las calles de casi todas las entidades federativas miles de soldados, marinos y policías federales. También prosiguen desenfrenadas las actividades delincuenciales y del narcotráfico en las cuales están involucrados mandos militares y policiales, políticos, empresarios y presidentes municipales, etcétera.

Desafortunadamente nadie, ninguna mexicana, ningún mexicano, ningún migrante puede decir hoy que se encuentra a salvo de esta vorágine de horror, sin importar el punto del territorio nacional en que se encuentre, incluido el Distrito Federal.

Baste revisar a diario la información, no de nota roja, sino las primeras planas de los distintos diarios: “Hombre ejecutado”, “activista asesinada”, “joven desparecida”, “Masacre en…”, “presidente municipal asesinado”, “político ejecutado”. Todos los días desaparecen y/o mueren decenas de personas ejecutadas y no necesariamente se trata sólo de criminales asesinados. En mayor medida esos muertos son los mentados “daños colaterales”, aunque sería más justo decir que son inocentes ajenos a las actividades delincuenciales, a pesar de que las autoridades criminalizan a cualquier asesinado para que no se hagan investigaciones.

La estrategia Calderonista sólo ha sido readecuada. El gobierno federal de Peña Nieto le ha introducido su propio sello, como el golpe de timón al Cártel de Sinaloa con la encarcelación de un viejo narcotraficante y en consecuencia una reorganización de los carteles de la droga.

A diferencia del sexenio de Calderón Hinojosa, en esa readecuación ha influido el surgimiento y acción de una forma de organización ciudadana muy peculiar, las llamadas Autodefensas en Michoacán y las Policías Comunitarias en Guerrero.

En este surgimiento incidió de manera determinante el pueblo de Cherán, el cual, en 2011, ante la acción de talamontes, el robo de sus tierras y cultivos, extorsiones, secuestros y asesinatos por parte de grupos criminales decidió armarse, harto de que las autoridades no les pusieran un freno. Cherán expulsó a las autoridades locales, a los narcotraficantes y talamontes, y se convirtió en los hechos en un municipio autónomo, semejante a aquellos promovidos por el EZLN en Chiapas.

La crisis del Estado de Derecho

El gobierno actual y antes los gobiernos panistas han violado sistemáticamente la Constitución que expresamente prohíbe la actuación del Ejército de la manera en la que ahora lo hace. El nombramiento de Alfredo Castillo como Comisionado para el Desarrollo para Michoacán, en la práctica ha usurpado las funciones del gobernador constitucional. El colmo fue cuando una ambulancia oficial fue al pueblo de Tepalcatepec a recoger al Dr. José Manuel Míreles -el autodefensa disidente y renuente al desarme de sus compañeros- para llevarlo a internar a un hospital psiquiátrico. Pareciera un mensaje en el que puede leerse que bastará que se diga que tal o cual líder social está loco para que sea “serenado” en un hospital psiquiátrico.

De la misma manera ilegal llega el gobierno federal a “rescatar” a Tamaulipas mediante un cuasi estado de sitio con soldados, marinos y federales. Para este estado ha designado a cuatro vicegobernadores (llamados coordinadores regionales) que, para variar, usurpan las funciones del gobernador constitucional. Sobre el tema expuso en la televisión la periodista Denise Maerker que “el éxito en Michoacán fue la base social que había, las Autodefensas que le ayudaron a las autoridades.” Añadió que en Tamaulipas no hay autodefensas, “pero no es necesario que existan, sino que haya una alianza de la sociedad civil con las autoridades”.

En realidad lo que esta periodista de Televisa no se atrevió a decir fue que la estrategia federal triunfará si la población (semejante a lo hecho por las Autodefensas michoacanas auténticas) hace el trabajo del gobierno.

Una estrategia ciudadana

Evidentemente, la estrategia de seguridad no es, todavía, un éxito pero lo será si continúa la militarización del país, si el Congreso sigue en silencio, si los medios de comunicación –sobre todo los electrónicos- prosiguen la desinformación, si la sociedad continúa paralizada, inmovilizada, desorganizada.

El objetivo de fondo del gobierno federal es la desarticulación de cualquier iniciativa de organización de la gente e impedir cunda el ejemplo de las Autodefensas y las Policías Comunitarias a otras regiones del país.

Lo anterior enseña que, para realizar una estrategia exitosa desde la sociedad será menester que las Autodefensas Auténticas de Michoacán hagan un llamado a la ciudadanía para organizar un gran movimiento nacional, quizá retomar lo avanzado por el Movimiento por la Paz, la Justicia y la Dignidad, el cual a su vez retomó, limitadamente, banderas de los zapatistas chiapanecos.

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