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El obrero de la literatura

Por G. Valdez Valenzuela

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Boletín Digital ES68

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Publicado en Pluma 25

“La vida de Revueltas es casi la de uno de sus personajes, probablemente el más poderoso.” Carlos Monsiváis

Nacido el 20 de noviembre de 1914 en Canatlán, en el estado de Durango, José Revueltas Sánchez fue el noveno de una familia de talentos extraordinarios: Silvestre Revueltas (compositor), Fermín (pintor) y Rosaura (actriz).

Revueltas fue un hombre de ideas y de acción. Desde muy joven sobresalió como un ser humano integral con una amplia diversidad de perspectivas: escritor, militante comunista, siempre inclinado a romper los marcos de referencia. Recurrió a la literatura, al guion cinematográfico, a la academia, al activismo partidario, a las acciones de la calle para promover la utopía de una vida mejor.

Todo el programa político, toda la moral revolucionaria de José Revueltas está condensada en su vida y en su obra literaria. Su marxismo presenta una imagen dura, sin concesiones, de la realidad nacional.

Revueltas es el primer marxista mexicano en subrayar que el punto clave para la emancipación en la sociedad de clases contemporánea es la independencia proletaria. En este sentido alienta la necesidad de reivindicar la personalidad de Ricardo Flores Magón, a quien reconoce como un revolucionario que plantea la urgencia de que la clase obrera participe en la inminente lucha armada, pero salvaguardando su independencia como clase.

Diferencias y ruptura con el estalinismo

Su denuncia constante del régimen represivo, aunque con un lenguaje obrerista y proteccionista, además de enfrentarse a las prácticas burocráticas de una parte de la izquierda, provocó que fuera expulsado del Partido Comunista Mexicano en 1943.

De ahí en adelante (1943-1955) Revueltas piensa que la construcción del partido revolucionario se dará a través de un proceso de unificaciones. Intenta poner en práctica la idea al aliarse, junto con su grupo El Insurgente, a Vicente Lombardo Toledano, al PCM y a otros marxistas, para crear la Liga Socialista Mexicana. Lo que revueltas nunca previó es que su alianza con el lombardismo (al que ya juzgaba como oportunista y de derecha) no iría a ningún lado porque éste se encontraba ya en la antesala del charrismo.

Después se integra al Partido Popular en 1948. En 1955 abandona el PP para solicitar su reingreso al PCM, objetivo que alcanza en 1956. Éste lleva a cabo un cambio de decoración, un cambio de luces: el PCM se pretende “el único partido de la clase obrera en México, el único partido marxista leninista-estalinista.”

Si bien el reingreso al PCM puede interpretarse como una concesión táctica, Revueltas hace un recuento que coincide con el “informe secreto” de Kruschev –donde éste critica duramente a Stalin-, señalando que el partido debe reconocer su “inexistencia histórica”, su alejamiento del máximo y su incapacidad organizativa para intervenir en la lucha de los ferrocarrileros de 1959. Nuevamente es expulsado junto con sus partidarios en la VIII convención del PCM, celebrada en 1960.

Ávido de militancia, aplicando simple y llanamente el “entrismo”, ingresa al Partido Obrero y Campesino de México (POCM) para intentar en su seno organizar a la vanguardia del proletariado. Revueltas vierte lo mejor de sus esfuerzos en interesantes polémicas y descubre la imposibilidad de desarrollo de una corriente marxista en el POCM. Es así que aparece la Liga Leninista Espartaco al tiempo escribe el Ensayo Sobre un Proletariado sin Cabeza. En este libro, Revueltas abraza, en forma definitiva, la idea de construir el partido de la clase obrera.

Ironías que tiene la política, al tiempo que Revueltas admite limitaciones en el análisis del Ensayo… respecto al problema mundial de la crisis de dirección revolucionaria, prefiere publicar una serie de artículos sobre las divergencias entre los marxistas-leninistas del mundo y en especial sobre la pugna chino–soviética; al interno de la LLE se abre una discusión sobre el centralismo democrático, tan violenta que provoca una escisión en el comité central y la consiguiente expulsión de Revueltas de la liga.[1]

Arte y revolución: el 68

Revueltas mantiene siempre al arte y a la estética –y sus relaciones con la política- como una de sus preocupaciones centrales. Probablemente en esto resida la esencia del marxismo revueltiano y de su obra literaria.

Después condena al estalinismo y reivindica a Trotsky. Teoriza al movimiento estudiantil del 68 y agita sus banderas: universidad crítica, autogestión académica; por un movimiento de nueva izquierda independiente, flexible y democrático.

Parece que el mismo Octavio paz se asombraba ante las nuevas técnicas narrativas que iba experimentando el joven Revueltas. ¿Qué le reprochó? Le reprocho su juventud –decía- pues todos esos defectos, esa falta de sobriedad en el lenguaje, ese deseo de decirlo todo de una vez, esa dispersión y esa pereza por cortar las alas inútiles a las palabras, a las ideas y a las situaciones, esa ausencias de disciplina interior y exterior, no son sino defectos de juventud.

Pero, lejos de abandonar estas huellas, Revueltas se desenvuelve estilísticamente como un autor arriesgado que crea personajes marginales. Maneja la prosa con destreza, construye oraciones sobre series de dos o tres frases paralelas, o a veces con una o dos palabras; hasta crear una literatura que se podría llamar “del lado moridor”

Desde niño empezó a escribir. A los 15 años le persiguieron por ser un gran escritor. Con la influencia de Faulkner arraiga su arte en un estilo. Escribió literatura de la cárcel al haberla vivido.

Un escritor de la opresión –y de la emancipación

Corresponde a Revueltas enseñarnos en páginas ya célebres cómo la violencia genera un parentesco que une a los proletarios, libres y encarcelados. En 1968 fue acusado de ser “instigador intelectual” del movimiento estudiantil que culminó con la masacre del 2 de octubre. Por esa acusación lo enviaron preso al “Palacio Negro” de Lecumberri. Desde ese cajón rectangular de odio escribió una de sus más depuradas novelas: El Apando.

En ésta muestra la banalidad, lo insignificante, lo trivial de la vida en cautiverio. Va contra la cuadricula de la vida moderna: exhibe la cultura de la ilegalidad institucional y crea, quizá, la primera novela que aborda el problema del narcotráfico. Así lo muestra la estructura narrativa vigorosa, el lenguaje despiadado que refleja con inclemencia la naturaleza vital de los apandados:

“Venga el paquete, vieja”, primero conciliadora, pero conseguida agresiva dentro del sofoco de la entonación cautelosa.

“¡Venga la droga, vieja pendeja!” “¡Venga el paquete, vieja jija de la chingada!” era muy posible que la madre no escuchara en realidad (pag. 47).

A decir de sus críticos, Revueltas expresó contradicciones: una mayor unidad y coherencia en su novelística que en sus reflexiones políticas. Su novela Los días terrenales y su pieza de teatro El cuadrante de la soledad provocan la condena de Vicente Lombardo Toledano, de la burguesía y del propio PCM. Le reprocharon su sello “existencialista” y antimarxista. Los personajes de la novela -decían estos críticos-, no eran comunistas que pensaran y actuaran conforme al marxismo-leninismo. En efecto, Revueltas no describe el rostro placentero de la burguesía nacional “amiga de los trabajadores” existente en el discurso de ideólogos y falsificadores del marxismo. Revueltas representa fielmente la realidad, una realidad desgarrada. Trata de la vida del proletariado en las vecindades. Un proletariado perseguido, aniquilado por el alcohol y la miseria.

En definitiva, la obra literaria de Revueltas se consagra como una crónica de la vinculación del poder burgués con el poder de los delincuentes libres y encerrados; comprueba que ante la impunidad de los crímenes del poder, la respuesta se halla, afortunadamente, en las autodefensas comunitarias, que luchan por su autonomía y se oponen al desarme.

[1] *Gastón García Cantú refiere que Enrique Gonzales rojas y Jaime Labastida fueron responsables de esta expulsión. Una explicación más completa se encuentra en “Los Intelectuales y el Poder” de G.G.C y Gabriel Carreada, Ediciones J Mortiz, México, 1993. art. El estalinismo en México.

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