México llega a la ONU con presos políticos indígenas

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La Jornada
Magdalena Gómez
Martes 23 de Septiembre 2014
Uno de los saldos del retorno príista a Los Pi­nos es la reanudación del activismo en el sistema de Naciones Unidas. De esta manera la esquizofrenia del Estado mexicano se profundiza, pues hoy más que nunca se pregona afuera, incluso se compromete, sin ninguna referencia a lo que pasa en el ámbito interno. El espejo de los pueblos indígenas ofrece un retrato fiel; basta leer las declaraciones emitidas recientemente en la compartición del EZLN con el Congreso Nacional Indígena para dar cuenta de la política de criminalización y despojo que no guarda relación alguna con los derechos y principios que discursivamente se promueven en la ONU.

Hace cuatro años se acordó celebrar una Conferencia Mundial de los Pueblos Indígenas (CMPI) para intercambiar puntos de vista y las mejores prácticas sobre la realización de los derechos de los pueblos indígenas, incluido el cumplimiento de los objetivos de la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos del los Pueblos Indígenas (A/RES/65/198). Como saldo triunfal de la política de simulación, Peña Nieto participará como orador. Nada dirá de los casos de criminalización a la policía comunitaria de Guerrero con Nestora Salgado en un penal de alta seguridad, así como el líder opositor a la presa La Parota, Marco Antonio Suástegui, y también han encarcelado a Mario Luna, vocero de la tribu yaqui en la oposición al acueducto Independencia. Los tres casos reflejan una política de Estado, no son decisiones locales ni tampoco se trata de delincuentes comunes; involucran de nueva cuenta al Poder Judicial como fiel seguidor de la utilización de la ley para promover la injusticia, como se viene denunciando en el Tribunal Permanente de los Pueblos.

En el caso de los yaquis, el agravio se potencia, pues han logrado diversos triunfos jurídicos en tribunales que no se han respetado; tal parece que los Tres Poderes del Estado se reparten los roles para supuestamente conceder unos y golpear otros, pero en conjunto el saldo se llama impunidad. Tampoco habrá voces ni carteles que en la ONU den cuenta de los presos políticos indígenas mexicanos mencionados, no es el estilo de la autodenominada diplomacia indígena. Además de anotar lo que no se dirá en Naciones Unidas tendremos que analizar el resultado de la CMPI.

leer màs:
http://www.jornada.unam.mx/2014/09/23/opinion/022a1pol

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