Guerrero, México. El asesinato de los dirigentes de UP en 2013. Ensayo de la matanza de Ayotzinapa

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Partido Obrero Socialista
por Camilo Ruíz
Revista Pluma # 27
Lunes 17 de Noviembre 2014
En junio de 2013, Abarca asesinó a tres activistas igualtecos, miembros de su propio partido. Guerrero se cimbró en ese momento como consecuencia del crimen, pero Abarca pudo salir indemne. Fue defendido por el gobernador Aguirre, por los chuchos y también por Los Pinos.

La red de alianzas que en ese momento apoyó a Abarca sería la misma que, poco más de un año después, se volvió a salpicar de sangre tras el 26 de septiembre.

Abarca ya había matado. Lo sabía el PRD, lo sabían Murillo Karam, Osorio Chong y Peña Nieto. Lo sabían Lázaro Mazón y López Obrador. Decidieron no hacer nada. Para entender Ayotzinapa, hay que entender el asesinato de junio de 2013.

Ejecución precursora
La historia del asesinato de Arturo Hernández Cardona, Félix Bandera Román y Ángel Román Ramírez, dirigentes campesinos y militantes del PRD, empieza dos meses antes de su secuestro. El primero de abril de 2013, en una reunión con el cabildo de Iguala, Hernández Cardona acusa a Abarca de estar detrás del asesinato de Justino Carvajal Salgado. Abarca también es acusado de estar detrás del homicidio de un dirigente de colonos, Francisco Adame Juárez.

Las palabras de Hernández Cardona son proféticas: “si no decimos nada, corremos el riesgo de que se les prive de la vida a compañeros de la Unidad Popular (UP) y al rato se va a decir que fue el mismo mecanismo utilizado, que fue el crimen organizado y entonces no se va a investigar nada y no habrá responsables ni culpables en estos.”

El 9 de marzo Carvajal Salgado había sido asesinado por un comando en el centro de Iguala. Abarca había llegado a la escena del crimen en unos pocos minutos y le había ordenado a los forenses no dar ninguna información. El crimen nunca fue resuelto, pero Hernández Cardona estaba seguro de que Abarca había estado detrás de éste. En la reunión del 1ero de abril en la que Hernández Cardona interpeló públicamente al alcalde, éste salió enfurecido del lugar, pero su esposa se agarró a los gritos con el líder de la UP, a quien amenazó. La Dama Imperial tuvo que ser contenida por otra regidora del PVEM para que no golpeara a Hernández Cardona. El 29 de mayo tres dirigentes de Unidad Popular (entre ellos Hernández Cardona), una organización perredista ligada a Izquierda Democrática de René Bejarano, acudieron a la Fiscalía Norte de la PGR de Guerrero.

Contaron que en los días pasados se habían reunido con José Luis Abarca para intentar llegar a un acuerdo respecto a la distribución de fertilizante y la inclusión de los campesinos adheridos a la UP en los programas de ayudas municipales, pero que no habían podido llegar a un compromiso y que la situación era muy tensa. Ante el MP, los tres dirigentes responsabilizaron a José Luis Abarca, a su esposa y al jefe de la policía local en caso de que algo malo les pasara.

Declararon: “Tenemos el temor fundado de que José Luis Abarca Velázquez, presidente municipal constitucional de Iguala, pudiese ordenar privarnos de la vida”.

Al día siguiente, miembros de la UP cerraron una caseta de la autopista Iguala-Cuernavaca. No obtuvieron ese día tampoco ningún compromiso de parte de las autoridades. Hernández Cardona se quedó atrás junto con otras siete personas para cuidar la retaguardia de la caravana de manifestantes. De camino a Iguala, fueron detenidos por dos camionetas con seis hombres armados, quienes los obligaron a bajarse del carro. Inmediatamente, uno de ellos disparó en la pierna de Hernández Cardona. Los siete fueron metidos a las camionetas y llevados a un monte.

Allí fueron golpeados con machetes y con látigo de alambre. Fueron torturados unas veinticuatro horas. A las seis de la tarde del día siguiente los sicarios comienzan a cavar las tumbas. En la noche llega Abarca y su secretario de seguridad pública. Los dos observan la tortura mientras beben cerveza. El edil le dice a Hernández Car- dona: “Qué tanto andas chingando con el abono, me voy a dar el gusto de matarte”. Y le da dos tiros. La ausencia de los siete activistas es notada inmediatamente en Iguala, y en la Ciudad de México los bejaranistas comienzan a presionar por su reaparición. Abarca se da cuenta de que no podrá mantenerlos escondidos mucho tiempo más. Son llevados a un páramo donde asesinan a otro de ellos, pero los otros cuatro consiguen meterse al monte y huir.

A su regreso a Iguala, los cuatro so- brevivientes se separan y se esconden. Los tres cuerpos aparecen el 3 de junio, rodeados de narcomantas firmadas por Los Rojos.

La PGR y Gobernación
Para los igualtecos es claro que Abarca es el responsable. Todo mundo sabía que el edil tenía un pique con el líder campesino y la declaración del día anterior al secuestro no dejaba lugar a ninguna duda. Circulaban los videos en internet de la trifulca entre Hernández Cardona y la esposa de Abarca, en donde ésta lo amenazaba.

Varios poderes le piden a la PGR que atraiga el caso: el Congreso Estatal, el propio Ángel Aguirre y la Comisión Permanente del Congreso Federal.
Bejarano, que tenía información de primera mano porque los asesinados eran de su corriente, se reúne con Murillo Karam a principios de julio y le pide que atraiga el caso.

La PGR no da respuesta, así que Bejarano convence a uno de los sobrevivientes de dar una declaración notariada ante el ministerio público, que al poco tiempo es hecha pública. Es decir, desde julio existía una declaración oficial de uno de los sobrevivientes señalando a Abarca como responsable directo.
A pesar de lo anterior, la PGR dice que lo sucedido es un delito de fuero común (es decir, que no es tan grave y que los responsables de la investigación deben ser las instituciones de justicia guerrerenses). Haciendo caso omiso de las pruebas documentales, la PGR da un carpetazo y evita meterse. Pero Bejarano insiste y lleva el caso a Osorio Chong a mediados de noviembre, para que investigue.

El Secretario de Gobernación tampoco acepta atraer el caso.En pocas palabras, el PRI tuvo una política consciente de no meterse en el asunto y dejar que Abarca se saliera con la suya. ¿Por qué? Porque habían hecho una alianza con la mayoría del PRD, los Chuchos, de no tocar a Aguirre y dejar que las tribus perredistas se mataran entre ellas (lo que en este caso quería decir que los chuchistas exterminaran a los bejaranistas).

La responsabilidad del PRD El día 3 de junio los cuerpos aparecen. Inmediatamente las organizaciones salen a las calles a protestar. La UP toma el ayuntamiento de Iguala y se pertrecha en él. La Normal de Ayotzinapa cierra una autopista. El día 5 Ángel Aguirre, gobernador de Guerrero, tras reunirse con Abarca y con su esposa declara a los medios que no aceptará presiones políticas es decir, que lo apoya hasta el final.

Esta declaración fue reproducida por los principales diarios guerrerenses. El mensaje del “no aceptaré presiones políticas” es transparente: No aceptaré que toquen a Abarca. Aguirre se posicionó contra el desafuero de Abarca, procedimiento empezado por una facción de los legisladores perredistas locales, y al final Nueva Izquierda mayoriteó el congreso local para evitar que esto continuara.

Sin duda que los chuchos sabían de lo que sucedió y de la responsabilidad directa de Abarca. Lo que hay que preguntarse es si el asesinato fue llevado a cabo bajo órdenes o permiso de ellos, como modo de deshacerse del ala más molesta de su partido. El PRD hace presión sobre el gobierno federal para que no atraiga el asunto a las instancias federales lo que consigue fácilmente (contraprestación de haber firmado el Pacto por México).

Se dan cuenta de que una investigación profunda mostraría la responsabilidad de Aguirre y llevaría a su destitución, especialmente en vista de que Abarca financió la campaña de Aguirre para gobernador. Más en general, sería un golpe político duro que la opinión pública nacional se diera cuenta de que un edil y un gobernador perredista asesinaron a miembros de su partido.

En este caso, las encuestas y la popularidad importaron más que hacerle justicia a sus propios militantes. El PRD calcula que puede aguantar las protestas en Guerrero y el enojo de los bejaranistas. Les sale bien el cálculo: diez días después, la UP deja el palacio del ayuntamiento y el asunto empieza a ser lentamente olvidado. Por supuesto, la Fiscalía Estatal nunca hace nada. Estamos ante una clara estrategia por parte del PRD y del gobierno federal de castigar a los responsables de un triple asesinato político.
El peso de la información es tan apabullante que no se trata de una simple omisión, sino de un contubernio abierto para encubrir a los asesinos. El gobierno federal y el PRD son los principales actores del encubrimiento de Hernández Cardona y compañía, pero para entender toda la trama hay que mencionar a otros dos actores, que por omisión también terminaron por jugar a favor de Abarca.

Lázaro Mazón y AMLO
A los pocos días del crimen, Morena publicó una escueta declaración donde se condena el asesinato de los dirigentes guerrerenses.
Ni una sola palabra, tampoco, sobre Abarca. Como se sabe, desde 2011 Morena estaba en los hechos dentro del gabinete del gobierno de Guerrero a través de Lázaro Mazón, compadre de AMLO y gran amigo de Abarca, como él mismo habría de admitir ante la PGR cuando estalló el asunto de Ayotzinapa y tuvo que dejar el cargo.

Mazón era secretario estatal de salud. AMLO aplica la lógica de la responsabilidad ministerial, es decir, la idea de que los miembros de un gabinete de gobierno forman un frente y son mutuamente responsables por las acciones de los otros ministros. Pero la responsabilidad de Mazón (quien gobernó Iguala dos veces) no se reduce a su participación en el gabinete del asesino Aguirre. Fue Mazón mismo quien postuló a Abarca para edil de Iguala, a pesar de las sospechas, hechas públicas desde la precampaña, de que estaba ligado al narcotráfico.

Hay que ser ingenuo para no ver en toda esta trama algo más que una simple omisión, un lapsus.
Mazón sabía sin duda de las conexiones criminosas de Abarca. ¿Hasta qué punto el pejista era parte de ellas?
Eso es una cosa que todavía no se sabe. Lo que no hay que dejar de resaltar, es que tras el asesinato de 2013, López Obrador no declaró nada ni les exigió a los militantes de su partido que salieran inmediatamente del gobierno de Guerrero.
AMLO arropó a los asesinos con su silencio reconfortante, les dio de comer en la boca. Por si fuera poco, Lázaro Mazón había sido destapado el 9 de junio de 2014 como el candidato del Peje para la gubernatura de Guerrero.
Era el gallo del Peje. En el ensayo general de la masacre de Ayotzinapa, AMLO movió sus piezas… contra los normalistas.

 

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