Sobre la Huelga de la UNAM 99-00

El S.I. claudica a una dirección burocrática

 

El papel funesto del ultraizquierdismo en la

 huelga en la UNAM de 1999.

 

Por la dirección de la Juventud Socialista del POS

 

7 de abril de 2000.

 

1. Introducción

En la carta que el Secretariado Internacional –SI- de la LIT-CI envió al POS de México el 15de marzo pasado, sobre su participación en la huelga de la UNAM (en Boletín de

Informaciones Internacionales no. 111), la dirección de la LIT-CI acusa al POS-M cuando menos de:

 

a)    “Entregar la dirección de la huelga y dinamitar la unitaria que era la vanguardia en el impulso de la misma…”

b) “Mantener una relación aparatista y ultimatista con el activismo de esa huelga.”

c) Decirle “a las masas que renunciaran a la lucha para ganar las conquistas en la negociación.”

d) Enfrentar a “la dirección de la ultra con una política reformista.”

e) Colocar al POS “objetivamente, del lado del frente perredista para la salida negociada y pacífica, del mismo lado de los que militaron más contra la huelga.”

f) Ser “pacifistas”.

g) No tener el “más elemental criterio clasista”.

h) Razonar con el “sustento teórico de los políticos oportunistas.”

i) “Capitular al régimen y al gobierno”.

j) Enfrentar “abiertamente a los que sí querían conducir” la lucha “contra el gobierno

y el régimen.”

k) “Imponer burocráticamente a la LIT una línea”.

l) Orientarse con una política “opuesta a la tradición de nuestra corriente.”

m) Apreciar las “categorías más queridas por los sectores más conservadores y reaccionarios.”

n) No estar “en primera línea en las asambleas y las barricadas.”

Y otras críticas más, en el mismo tenor, cuya inclusión aquí agotaría las letras del abecedario.

 

En congruencia con el rosario de graves imputaciones que le ha lanzado al POS, el SI asegura también gravemente que “el futuro revolucionario del POS está vinculado a las lecciones que de esta huelga se saquen.” En otras palabras, la sección mexicana de la LIT-CI estaría al borde de convertirse en una vulgar organización reformista y oportunista, si no atiende autocríticamente y corrige las incontables y horribles desviaciones en que ha incurrido en los meses pasados.

Los dirigentes del Movimiento de Trabajadores y Campesinos (MTC) de Costa Rica, sección simpatizante de la LIT-CI, redactaron un documento en el que defienden la política que el POS-M tuvo hacia la huelga universitaria, titulado “¿En qué Internacional estamos?” Los dirigentes costarricenses dicen que, en el pasado, ellos han aplicado políticas similares a las de los mexicanos.

A la fecha –20 días después- el SI no ha dado a conocer este texto a la Internacional ni lo ha contestado, pero es dable suponer que juzgará que la trayectoria de estos compañeros es reformista y oportunista y que también están ante el riesgo inminente de liquidar al MTC como organización revolucionaria.

 

La Juventud Socialista y el POS han recibido en estos meses imputaciones, ataques y críticas como las que hoy levanta la dirección de la LIT. Rechazamos estas críticas injustas, porque son el producto de tergiversar las verdaderas posiciones del POS.

Pero hay posiciones del SI que ameritarán, de nuestra parte, un tratamiento diferente, porque revelan que nuestra dirección internacional incurre en un embellecimiento de la dirección ultra de la huelga estudiantil.

 

Los compañeros de Convergencia Socialista de Argentina han escrito igualmente un texto crítico sobre el POS, aunque evidentemente su contenido y su tono es muy distinto al del SI.

 

En este texto ofrecemos información que creemos aclarará y diluirá algunas de estas críticas y respondemos a algunas de sus observaciones.

 

 

***

La huelga en la UNAM fue duramente derrotada y en ello la mayor responsabilidad es de la ultraizquierda. Las dos afirmaciones que componen la oración anterior son el quid de la cuestión, es decir, son la esencia del movimiento de los estudiantes mexicanos, junto con la traición del PRD a esta lucha. Nuevamente un gran movimiento de amplias masas, que logró estremecer a un régimen político y al gobierno de un país de cien millones de habitantes, ha sido derrotado debido a que fue dirigido por una corriente política funesta –la “ultra”-, tan peligrosa para la revolución como el oportunismo del PRD. Pero nada que se parezca a esto es siquiera insinuado por el SI. Por lo contrario, considera que la “ultra” ni siquiera es en esencia ultraizquierdista, sino que es “progresiva”, luchadora contra el gobierno y el régimen, democrática, etcétera, y que, entonces, la política que debió haber tenido el POS era apoyarla “incondicionalmente”.

 

**

Vistas así las cosas, sólo podemos tener acuerdo con el SI cuando dice que esta discusión es “una de las más importantes que hemos abordado en nuestra Internacional en los últimos años.” No es el futuro del POS-M como organización marxista revolucionaria lo que está en cuestión. En este texto demostraremos cómo el POS y su Juventud pelearon revolucionaria y vigorosamente tanto contra las posiciones reformistas como con las en extremo izquierdistas, al tiempo que se contaban entre los mejores activistas de la huelga.

 

Lo que sí está en juego es el futuro del actual SI que, como han demostrado los compañeros del MTC, fue impotente para elaborar cualquier política, buena o mala, durante los diez meses de la huelga, pero que ahora, en su posición post festum sobre este movimiento, se inclina ante la “ultra”, claudicándole.

 

El POS-M, partido fundador de la LIT y miembro desde hace 25 años de la corriente que dio origen a nuestra Internacional, se prepara entonces para dar una nueva batalla, en los marcos de la LIT-CI y, como siempre, con toda lealtad a su régimen interno y a sus organismos, para derrotar las posiciones que consideramos extrañas y destructivas de nuestro programa, política y método revolucionarios.

 

 

2. DOS METODOS DE ANÁLISIS

 

El SI ofrece una lamentable lección de método sectario de análisis

Entendemos que el SI aprueba lo actuado por el POS desde antes de que comenzara la huelga (20 de abril) y hasta el 3 de julio de 1999, cuando la Juventud del partido emite una Primera Declaración, en la que considera que ha cambiado de manera desfavorable la relación de fuerzas para el movimiento estudiantil. Congruente con esta caracterización, el POS planteó la necesidad de replegarse, es decir, de recoger las conquistas que el movimiento había ya logrado y dejar otras demandas pendientes, para ser ganadas después.

El SI, en cambio, no acuerda en que 70 días después de que estallara la huelga y durante los casi diez meses en que duró, hubiese cambiado la relación de fuerzas entre el movimiento y sus enemigos. Para la dirección internacional, el POS carece de un “mínimo de objetividad” al decir que la huelga se había debilitado considerablemente, porque “la huelga, que presumió debilitada”, “se prolongó, no un día o una semana, ocho meses más. ” (pág. 3). “No cambió la correlación de fuerzas…” durante toda la huelga, asegura rotundamente el SI en uno de los subtítulos de su texto. Sólo apoya su tesis en el acto de conformación del Frente de Universitario de Defensa de la Educación Pública y Gratuita, el 23 de junio, y en que el sindicato de la Universidad Metropolitana hizo un paro en solidaridad de 24 horas. Dice el SI que el análisis de la correlación de fuerzas elaborado por el POS el 3 de julio fue desmentido por la realidad de punta a punta. La huelga que el POS veía con síntomas de agotamiento duró ocho meses más.Y casi al final de su escrito insiste en lo mismo: “a ustedes, que presumían agotada la huelga, no les fue suficiente que ésta durara ocho meses más.” (pág. 13).

 

Está claro que el factor fundamental que el SI considera para medir las relaciones de fuerza entre la huelga y sus opositores es simplemente la existencia misma de la huelga. Si el paro en las instalaciones persistía, entonces la huelga seguía igual de fuerte a cuando estalló.

Este método del SI para hacer análisis no tiene nada que ver con el marxismo, que no toma en cuenta un solo factor o dos para hacer los análisis de la realidad, sino numerosos ingredientes de todo tipo: históricos, económicos, políticos, sociales, etcétera.

 

Polemizando precisamente con la manera de razonar de los ultraizquierdistas, Trotsky decía que: “La ideología marxista es concreta, es decir, observa todos los factores decisivos de una cuestión determinada, no sólo en sus relaciones recíprocas, sino también en su desarrollo. Precisamente la política comienza con este análisis concreto. El pensamiento oportunista, así como el sectario, tienen un rasgo en común: extraen de la complejidad de las circunstancias y de las fuerzas uno o dos factores que les parecen los más importantes –y que de hecho a veces lo son-, los aíslan de la compleja realidad y les atribuyen una fuerza sin límites ni restricciones.”

 

Esta crítica de Trotsky al modo de razonar de los ultras y los oportunistas le viene bien al SI. Para nuestra dirección internacional, los que participábamos en la huelga de la UNAM no teníamos que hacer el trabajo periódico y constante de “observar todos los factores” en sus “relaciones recíprocas” y en “su desarrollo”. Para saber cuál era la relación de fuerzas entre la huelga y sus enemigos bastaba con saber, según el SI, si la huelga continuaba. Si así era, entonces la correlación de fuerzas era la misma a la del día en que estalló.

 

El SI sustituye la complejidad del análisis marxista con el siguiente silogismo:

 

A) Una huelga con ocupación supone una minoría muy activa y una mayoría pasiva que la apoya

B) La huelga duró casi diez meses

Y, de aquí, el SI extrae dos conclusiones:

C) Entonces, la huelga siempre tuvo, en esencia, la misma fuerza y nunca estuvo agotada.

D) Entonces, la política del POS, a partir del 3 de julio, de hacer un repliegue, fue una estrategia equivocada y oportunista.

 

En este texto demostraremos que la premisa “A)” del razonamiento del SI es falsa. El SI asegura que “no hay huelga en el mundo que mantenga eso paralizado con ocupación  (se refiere a las numerosas instalaciones de la UNAM) si no tiene detrás miles que lo apoyen y más miles que lo vean con simpatía o cuando menos lo toleren.” (pág. 3).

Lamentablemente la huelga no tuvo siempre el apoyo que imagina el SI. El movimiento comenzó teniendo un apoyo masivo y mayoritario de los estudiantes. Pero pocos meses después decenas de miles esquirolearon la huelga al participar en las llamadas “clases extramuros” organizadas por las autoridades. Muchos de estos estudiantes habían participado en los comienzos de la huelga. Y en enero de este año de 2000 más de 180 mil universitarios, entre los cuales se contaron 150 mil estudiantes, participaron en un plebiscito (organizado por el rector) en el que la abrumadora mayoría se pronunció por el fin del paro.

 

Pero para el SI hechos como estos no tienen ninguna importancia para el análisis marxista de una huelga y para elaborar una política revolucionaria. El SI los ignora, los omite, pero estos hechos y otros tuvieron lógicamente una fuerza determinante en el desenlace del movimiento, como veremos. Para el SI bastaba despertar cada día y saber que la huelga seguía para decir: “tiene miles que la apoyan y miles más que la ven con simpatía o que cuando menos la toleran.” En consecuencia, según el SI, nuestra política no tenía nada que ver con replegarse y había que demandar la solución íntegra del pliego petitorio. En otras palabras, según el SI, el POS y su Juventud debieron haber tenido la política de la ultra. “Quienes defendían, ultras o no, que la huelga podía y debía seguir, tenían razón contra ustedes”, concluye el SI. (pág. 15).

Nos queda entonces clara la posición de la dirección internacional. El SI, en su crítica al POS, ha abandonado el método marxista de hacer análisis de los que se puedan desprender políticas revolucionarias. Y ello la ha llevado a la claudicación a una dirección funesta, stalinista y ultraizquierdista, la misma que condujo a la mayor derrota en muchos años en México a un movimiento de masas.

 

 

El SI abandona al marxismo como “análisis concreto de una situación concreta”

Nosotros, estudiantes del POS, hicimos durante numerosas ocasiones, durante la larga huelga -en equipo con el Comité Ejecutivo de nuestro partido- lo que Lenin demandaba de los marxistas: “análisis concretos” de las muchas “situaciones concretas” que se presentaron a lo largo del conflicto. Con esto el dirigente de la Revolución de Octubre de 1917 quería decir que los revolucionarios estudiamos marxismo para contar con las teorías, leyes, conceptos, categorías y otras herramientas que nos sirvan para analizar los numerosos hechos que componen una realidad determinada en un momento específico. La elaboración de una política revolucionaria, para incidir en un movimiento social o lucha de las masas, exige un trabajo de análisis cotidiano o casi diario, debido a que, por definición, la realidad es cambiante y lo es a un ritmo mayor cuando existe un conflicto social y político.

Cuando una dirección marxista participa en un proceso revolucionario, o en un gran movimiento de las masas, la necesidad de llevar a cabo esos análisis concretos de cada situación concreta que se presenta se hace más acuciante. Periódica, regular, prácticamente a diario debe reunirse una dirección revolucionaria para hacer ese trabajo de análisis. Sólo así puede ir detectando los cambios que ocurren en esa situación concreta e ir adecuando a ella la política de su partido.

Para Lenin, “el marxismo exige el análisis más exacto y objetivamente verificable de las relaciones de clase y de los rasgos concretos propios de cada momento histórico.”

2

“El objetivo del análisis –ahora citamos a Nahuel Moreno.- es profundizar una y otra vez el estudio de una determinada situación, para elaborar las consignas correctas que pueden fortalecer las tendencias revolucionarias y las que tratarán de destruir a las contrarrevolucionarias.” 3 Para Moreno, “el secreto de la política trotskista consiste precisamente en medir al milímetro las necesidades y el nivel de conciencia de las masas en cada momento y descubrir las consignas adecuadas a ellos. La política trotskista es concreta, presente, a nivel de sus consignas. Esto explica por qué el partido bolchevique fue cambiando de consignas en el breve plazo de unos pocos meses: ¡Todo el poder a los soviets!, ¡Fuera los ministros burgueses!, Todos contra Kornilov!, ¡Asamblea Constituyente!, nuevamente ¡Todo el poder a los soviets!

“Todo el arte y la ciencia de nuestros partidos y direcciones —resume Moreno— pasa por saber detectar los cambios en las necesidades y el nivel de conciencia del movimiento de masas”, concluye. 4

Jamás el SI, en su crítica al POS, nos dice cuáles fueron esos análisis concretos, esos “estudios profundos”, que N. Moreno recomendó que una dirección revolucionaria hiciera “una y otra vez” de una “determinada situación” (en este caso de la huelga, de sus enemigos y su contexto). Tampoco nos dice nunca cuáles fueron las mediciones rigurosas que hizo en cada momento para percibir los cambios en las necesidades y el nivel de conciencia de las masas, para elaborar también en cada momento las consignas adecuadas.

Nada de esto. El SI ha sustituido al complejo y trabajoso método marxista de hacer análisis y de elaborar políticas de manera regular y periódica, por algunos esquemas como éste:

 

Si hay una huelga entonces ésta, por el solo hecho de existir, es tan fuerte como cuando empezó; si la huelga se mantiene en ese nivel de relación de fuerzas, favorable, entonces nuestra política es que tal huelga puede y debe seguir.

El POS y su Juventud actuaron durante el conflicto de huelga, y antes y después de ésta, tratando de ser fieles a las enseñanzas de Lenin, Trotsky y Moreno que hemos citado. A continuación expondremos los análisis que fuimos haciendo y las respectivas políticas y consignas que nos dimos. Esta descripción de las caracterizaciones, de las políticas y consignas del POS nos servirá además para exhibir la calumniosa tergiversación que el SI ha hecho de nuestras posiciones.

 

 

3. TRES FASES EN EL MOVIMIENTO DE HUELGA

5

Fase I:

Estalla la huelga y se despliega un alza de la lucha sindical

 

El 11 de febrero de 1999, el rector Francisco Barnés anunció que propondría al Consejo Universitario la aprobación de un nuevo Reglamento General de Pagos.

El anuncio del aumento de cuotas generó inmediatamente un proceso de discusión en todas las escuelas de la universidad. Las principales corrientes estudiantiles consiguieron ponerse de acuerdo para convocar a la Asamblea Estudiantil Universitaria (AEU) que sería la encargada de conducir la lucha. La primera reunión contó con la presencia de más de 2 mil estudiantes.

No había aún representantes electos de las escuelas. Uno de los acuerdos fue organizar asambleas locales, para elegir a los delegados al pleno de la AEU.

Habían pasado 12 años, después de la huelga de 1987, sin que hubiera otra organización amplia y representativa de la mayoría de los estudiantes que sustituyera al Consejo Estudiantil Universitario de ese entonces. En escuelas como Ingeniería, Química, Medicina o las nueve preparatorias (bachilleratos) no se realizaban asambleas desde esa fecha. Muchos tuvieron que aprender cómo conducir una asamblea, cómo llevar a cabo las votaciones, etc.

El proceso de construcción de las asambleas tuvo desigualdades importantes. Había una nutrida asistencia estudiantil en facultades como Ciencias (1000), Economía (400), Filosofía (500), Psicología (400), Trabajo Social (350), los CCHs (un promedio aproximado de 1000 en cada uno de sus planteles) y algunas escuelas superiores fuera de Ciudad Universitaria (varios cientos). En otras, como Medicina, Ingeniería, Química, Arquitectura y varias escuelas periféricas fue mucho más lento. Sólo se pudieron organizar asambleas masivas unos días antes de que la huelga comenzara. Su discusión se centró básicamente en el aumento de cuotas. En Derecho, Veterinaria, Contaduría, la ENEP Acatlán y la mayoría de las preparatorias, nunca se realizaron asambleas amplias para discutir sobre el aumento de cuotas; de hecho, en estas escuelas la huelga comenzó sin que hubiera una mayoría clara que la apoyara.

En estas primeras semanas las reuniones de la AEU y del CGH eran masivas, pues a ellas acudían cerca de mil 500 estudiantes. A pesar de las diferencias, prevalecía un ambiente democrático, de tolerancia y respeto en las discusiones y la amplia base del movimiento tenía un control muy importante sobre sus dirigentes y delegados.

 

Las movilizaciones

La intensa discusión que en toda la universidad se desarrollaba sobre el aumento de cuotas no tenía correspondencia con la fuerza de las primeras movilizaciones, que fueron creciendo paulatinamente, pero nunca rebasaron los 15 o 20 mil estudiantes.

El 23 de abril, tres días después de estallada la huelga, se llevó a cabo la primera gran movilización, convocada por la AEU. Participaron cerca de cien mil personas. Llegaron de todas las escuelas; incluso estudiantes de posgrado, académicos y trabajadores administrativos. En las calles, miles de personas esperaron la marcha para saludar el paso de los estudiantes que bailaban, gritaban consignas, tocaban batucada y repartían miles de volantes.

Fue muy notoria la participación de importantes contingentes obreros y populares. Varios cientos de trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas y grupos más pequeños del SITUAM, la CNTE, Pascua l, SUTAUR, MPI, telefonistas y ferrocarrileros, entre otros.

6

Esta fue la marcha más importante en toda la huelga, por su número de participantes, por la presencia de contingentes solidarios y por el entusiasmo con que la población salió a saludar la movilización.

En la movilización del 1 de mayo cientos de miles de trabajadores y estudiantes marcharon. Tres fueron los oradores: una representante de todos los sindicatos que participaron, uno a nombre del SME y nuestra compañera Gabriela Pineda, del POS, a nombre del CGH.

Vino otra muy importante movilización, el 12 de mayo, de unas 60 mil personas. Nuevamente, los estudiantes salieron masivamente a las calles, sus contingentes eran mayores que en la del 23 de abril. Pero esta vez, disminuyeron cualitativamente los contingentes solidarios, aunque se mantuvo la presencia de la población en las calles, apoyando la manifestación estudiantil.

 

La huelga y el resto de los universitarios

A las 0:00 horas del 20 de abril, inició la huelga en la mayoría de las escuelas de la UNAM. El mismo inicio del paro fue una irrupción masiva de miles de estudiantes que esa noche permanecieron en sus escuelas, organizaron comisiones, prepararon la propaganda con que las brigadas saldrían al día siguiente a bombardear las escuelas que aún no se sumaban al paro. En menos de una semana todas las escuelas estaban en huelga.

Como ya lo dijimos en nuestro propio balance y demás elaboraciones, la huelga de la UNAM ha sido la más importante movilización en el país luego del inicio de la insurrección zapatista de 1994. Pero deben quedar claros los alcances de la huelga dentro de la propia universidad.

La huelga involucró una decisión únicamente los estudiantes del bachillerato y de la licenciatura. No se sumaron los de posgrado. En los institutos de investigación no hubo nunca la decisión de apoyar la huelga activamente, por lo que siguieron funcionando durante los meses que se prolongó el paro. Entre los académicos las opiniones se dividieron, pero la mayoría no tuvo una actitud de apoyo a la huelga. Tampoco los trabajadores administrativos se involucraron en el movimiento, salvo una pequeña vanguardia de los miembros del Sindicato de Trabajadores de la UNAM apoyó en las guardias, en las cocinas o económicamente. A pesar de su fuerza, la huelga fue siempre estudiantil.

A los compañeros del SI les parece muy destacable el hecho de que la huelga se diera con ocupación de las instalaciones. Debemos aclarar que en nuestro país no hay otro tipo de huelgas. Todas las huelgas obreras se realizan con ocupación de las fábricas, lo mismo que de las oficinas de gobierno, etc. Todas las huelgas estudiantiles también se dan con ocupación de las escuelas. Además, en las huelgas se colocan banderas rojinegras. Estas tradiciones provienen de la influencia de los anarcosindicalistas, precursores de la Revolución de 1910.

 

La elaboración de la Plataforma de Lucha y el Pliego Petitorio

Al mismo tiempo que muchos estudiantes hacían su primera experiencia de organización, también se empezaron a ventilar los problemas más sentidos por la comunidad.

En las primeras asambleas se fueron redactando listas de numerosas demandas que se proponían para que las hiciera suyas el movimiento. Iban desde las cuestiones más elementales, como la necesidad de libros suficientes en las bibliotecas, hasta cuestiones como la7modificación de la Ley Orgánica de la UNAM y la democratización de sus órganos de gobierno.

La Plataforma de Lucha también incluía consignas como el aumento del presupuesto para la educación al 8 por ciento del PIB y 2.5 p ara la educación superior; el desconocimiento de la deuda externa; y el rechazo al Fobaproa y al “rescate” carretero (estos son subsidios multimillonarios a la burguesía financiera a costa del erario público).

 

La huelga abrió brecha; ascenso entre los trabajadores y la juventud

El movimiento universitario comenzó cuando el gobierno intentaba modificar la Constitución para abrir el sector eléctrico a la inversión privada. El Sindicato Mexicano de Electricistas encabezaba entonces una movilización nacional para rechazar el proyecto de privatización.

El 18 de marzo se llevó a cabo una marcha que convocó a miles de electricistas, estudiantes de la UNAM y otras instituciones, sindicatos universitarios, de la industria automotriz y los agrupados en la Unión Nacional de Trabajadores.

La movilización del SME y el naciente movimiento universitario abrieron una nueva coyuntura en la situación política del país, marcada por la ofensiva del movimiento de masas.

Los profesores del Instituto Politécnico Nacional salieron a luchar por un aumento salarial y la mejora de sus condiciones de trabajo; los trabajadores administrativos del Colegio de Bachilleres se fueron a huelga para conquistar su primer contrato colectivo de trabajo; los estudiantes de la Universidad Pedagógica Nacional-campus DF se movilizaron para exigir la destitución de su rectora; los de la Universidad Nicolaíta de Michoacán lo hicieron para abolir las cuotas de inscripción; los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación iniciaron sorpresivamente una movilización masiva en por lo menos tres estados del país contra la “municipalización” (privatización) de la educación y por aumento salarial.

El 24 de abril –la huelga había estallado cuatro días antes- se llevó a cabo el primer encuentro nacional de estudiantes en defensa de la universidad pública y gratuita. Acudieron representantes de grupos estudiantiles de cerca de 15 instituciones. Se acordó un pronunciamiento de apoyo a la huelga de la UNAM, y la organización de brigadas a todos los estados que acudieron al encuentro y a otros.

Decimos en nuestro balance y otras elaboraciones que en el interior del país el grado de organización y movilización estudiantiles son mucho menores a la Universidad Nacional, es decir, prácticamente nulos . Sin embargo, la huelga generó expectativas. Había discusión en las escuelas. Las brigadas del CGH organizaron asambleas y foros en algunas universidades del interior en los que se discutía sobre la problemática que viven las instituciones de educación superior. Se planteaba la necesidad de un pliego común de demandas para ser cumplidas por el gobierno de Zedillo y la Cámara de Diputados. También se discutía la necesidad de que los estudiantes contaran con una organización nacional que se convirtiera en su herramienta de lucha.

 

Fase II:

Declive de la huelga y contraofensiva del gobierno

 

Es derrotada la política de expansión de la huelga y el movimiento

La política de extender el movimiento de huelga en la UNAM a otras universidades y de confluir con la movilización de los sindicatos que habían salido a luchar fue derrotada por el PRD y el gobierno.

Como decimos en el “Primer Balance sobre la Huelga Universitaria”, la política del POS, acertada pero infructuosa, fue la de proponer la creación de un Frente en Defensa de la Universidad (o la Educación) Pública, que no se concretó en gran medida por responsabilidad de las direcciones sindicales. La dirección procardenista del SME, en una reunión con la comisión de enlace del CGH fue explícita al rechazar la propuesta de conformar una alianza para la movilización común de los estudiantes y los electricistas. Los sindicatos universitarios, en particular la dirección del STUNAM, también perredista, nunca tuvieron la política de apoyarse en la huelga para lanzar un movimiento nacional en defensa de la universidad pública. Había condiciones para hacerlo. La huelga daba la cobertura necesaria, pero los líderes sindicales oportunistas bloquearon esa posibilidad.

 

“Por un lado, los líderes sindicales “democráticos” le hicieron un vacío a la huelga universitaria; ni el STUNAM (Sindicato de Trabajadores de la UNAM) y el resto de los sindicatos universitarios, ni el SME, que acababa de protagonizar una lucha contra el gobierno (en la que había contado con el apoyo estudiantil), se dieron una política real de apoyo a la huelga universitaria, mucho menos de construcción de ese necesario frente de lucha. El STUNAM nunca estuvo dispuesto siquiera a parar algunas horas sus labores en las dependencias universitarias que se mantenían trabajando normalmente. El paro nacional de los trabajadores universitarios, tan esperado por el CGH, nunca llegó. Sólo el Situam paró 24 horas en apoyo a la huelga ”. Primer Balance sobre la Huelga Universitaria.

A pesar de insistir, tanto entre la base de este sindicato como a su dirección, hubo una negativa contundente del SITUAM a parar nuevamente en apoyo a la huelga. En El Socialista  denunciamos cómo las direcciones burocráticas de importantes sindicatos se negaron a tener la más elemental actitud de solidaridad real con el movimiento estudiantil, ni que hablar de su negativa total a conjuntar la movilización de estudiantes y trabajadores. En el artículo titulado Los líderes sindicales “democráticos” le hacen un vacío a la huelga universitaria”, denunciamos:

 

“La huelga en la UNAM está poniendo también a prueba a los dirigentes sindicales que se autodenominan “democráticos” y que dicen estar del lado de las causas populares. Quienes tenían expectativas en que los dirigentes del Stunam, el Situam (sindicato de la Universidad Metropolitana) y el SME dieran un apoyo a los estudiantes, se han visto frustrados.(…) No queda sino concluir que estas direcciones sindicales han optado por ponerse, en los hechos, del lado de las autoridades universitarias, adoptando una posición pasiva ante la huelga y coadyuvando a tratar de aislarla.” (El Socialista 249/juventud Socialista #10 – 2ª quincena de mayo de 1999)

 

Hablamos también en el Balance citado sobre los propios obstáculos dentro del CGH para que se concretara esta política:

 

“Por otro lado, el mismo CGH no se jugó a fondo por construir ese frente; no hubo una política de acercamiento y presión constante a las direcciones sindicales, tampoco se llevó a cabo una agitación constante en la base de los principales sindi catos, que era lo más importante para conseguir un firme apoyo a la huelga. La coyuntura que abrió la movilización de la CNTE (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) en el DF y varios estados del país, fue desaprovechada por el movimiento estudiantil. Eran los maestros los mejores aliados potenciales con los que contaba el CGH.”

 

Incluso, la CNTE llegó a proponerle al CGH una alianza sobre varios puntos, entre ellos la solución del pliego petitorio estudiantil y de las demandas magisteriales, pero la política del PRD, que aun contaba con una influencia estudiantil importante, obstruyó esa discusión y no se concretó el acuerdo CGH-CNTE. En esa reunión de la dirección estudiantil, los del POS fuimos prácticamente los únicos que intentamos que se discutiera y acordara la propuesta, pero sin éxito.

En la única marcha conjunta de la CNTE y los estudiantes, al llegar a la residencia presidencial, el CGH rechazó una propuesta de los maestros para firmar y entregar un documento conjunto al presidente Zedillo en el que se exigía la solución al pliego petitorio, con el argumento de que eso “eso violentaba la autonomía universitaria y el conflicto tenía que ser resuelto por los universitarios”. Pocos días después el plantón que mantenían los maestros se levantó.

El gobierno hizo también su trabajo. Se dio la política de conceder las peticiones que le hacían otros movimientos estudiantiles y sindicatos, para que cesaran sus luchas y dejaran aislada a la huelga. Al respecto escribimos en nuestro periódico:

 

“En su intento de aislar la huelga, Zedillo ha debido aceptar numerosos triunfos populares

“La huelga estudiantil ha mostrado nuevamente la debilidad del gobierno, que ha tenido que dar marcha atrás en varios de sus planes privatizadores y de ataque a los trabajadores. La iniciativa presidencial para privatizar la industria eléctrica ha tenido que ser pospuesta por tiempo indefinido, ante el terror que tienen de que se unan firmemente en una lucha los trabajadores y los estudiantes.

“De igual forma quedó abortado el proyecto de las autoridades del INBA para privatizar la Unidad Artística y Cultural del Bosque. En el Politécnico triunfó la movilización de sus trabajadores, que arrancaron importantes conquistas a las autoridades, gracias a diversos paros de hasta 72 horas. “Luego de un referéndum, en el que mayoritariamente la comunidad de la Universidad Pedagógica Nacional se pronunció por la destitución de su rector, éste renunció. Ello detuvo un proceso que podría culminar también en una huelga. En la Universidad Michoacana creció un movimiento, sobre todo en la facultad de Derecho, que demandó la abolición de las cuotas de inscripción. El gobierno y las autoridades, en negociaciones con el PRD, resolvieron reducir en 50 por ciento estos pagos para frenar la lucha.

Recientemente estalló la huelga del Sindicato de Trabajadores del Colegio de Bachilleres y las autoridades respondieron rápidamente a las demandas de los trabajadores. La huelga, que afectó a unos 160 mil estudiantes, se levantó.

“Aunque el triunfo más rotundo lo constituye la reciente movilización de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE). Los maestros de Oaxaca, Michoacán, Guerrero y otros estados se plantearon la alianza con el estudiantado en huelga, se movilizaron masivamente con nosotros hacia Los Pinos e incluso establecieron como una de sus demandas la solución del pliego petitorio del CGH. Con un plantón de miles de maestros en el Zócalo, movilizaciones cada tercer día y la perspectiva de que se unieran en grandes acciones decenas de miles de docentes y de estudiantes de la UNAM, Zedillo prefirió, no sin problemas y contradicciones con los gobernadores y autoridades estatales, resolver las demandas de la CNTE.” (El Socialista, 250, 1ª quincena de junio de 1999).

 

Las corrientes estudiantiles perredistas boicotearon el trabajo de construcción de la Coordinadora Nacional Estudiantil. No movieron un dedo para garantizar los recursos para el viaje de las brigadas del CGH. A pesar de contar con grupos organizados en importantes universidades como la de Guadalajara, Durango, Veracruz, Chiapas, etc., no tuvieron la política de trabajar en esos lugares para conjugar la movilización estudiantil a nivel nacional.

Por supuesto, dentro del CGH, los dirigentes perredistas hicieron lo necesario para que no se ampliara el programa del movimiento estudiantil de la UNAM y se diera cabida a demandas que eran comunes a los universitarios de otros lugares del país. Se basaron en la pobre conciencia de un sector de la masa que se mantenía en las asambleas y que no tuvo la confianza para emprender esa lucha nacional por que percibía la muy escasa organización y disposición del resto de los estudiantes en el país para emprender una pelea conjunta con el CGH. Había temor de llevar la huelga de la UNAM a un callejón sin salida con demandas que no encontrarían eco en muchos miles más de jóvenes.

Pesó la ausencia de un movimiento de masas vigoroso, organizado democráticamente a nivel nacional y dispuesto a salir a luchar conjuntamente con los estudiantes. Después de que se cerró la coyuntura de ascenso de las movilizaciones más allá de la UNAM, ya no hubo ninguna lucha de importancia en la que el CGH se pudiera apoyar para lanzar una política expansiva de su movimiento.

El único logro relativamente importante fue el acto de constitución del Frente Universitario en Defensa de la Educación Pública y Gratuita, el 23 de junio (al que se refiere extensamente el SI), en el estadio de Ciudad Universitaria, que fue resultado de la presión que ejerció el CGH sobre la base del STUNAM, principalmente. En nuestro periódico denunciamos también el boicot de los perredistas a la convocatoria de este acto, pero también debemos decir que la dilación en la fecha para su realización fue un logro de esas corrientes. El acto fue convocado cuando ya no había movilizaciones obreras o estudiantiles, y después de que Barnés había lanzado su contraofensiva aprovechando la declinación de la huelga. La participación de las delegaciones de un número importante de sindicatos y organizaciones populares no se tradujo en esa necesaria movilización conjunta, porque sus direcciones se encargaron, como ya dijimos, de obstruir esa posibilidad. Mirando retrospectivamente este acto, hoy podemos decir que fue menos importante a como lo expusimos en su momento en El Socialista. Según el periodista Granados Chapa, ligado a la Rectoría, en ese acto se mostró ya la debilidad del CGH pues, celebrado en el enorme estadio olímpico universitario, pudo verse que reunió cuando mucho a 15 mil personas.

 

Retroceso parcial de Barnés para lanzar la contraofensiva

El 7 de junio se llevó a cabo una reunión del Consejo Universitario (CU). El rector Barnés le presentó una “respuesta global de solución” a los seis puntos del pliego petitorio. La Juventud Socialista del POS planteó la siguiente caracterización acerca de lo aprobado ese día.

 

“Hay que decir claramente que a pesar de no satisfacer las demandas estudiantiles, lo aprobado por el Consejo Universitario significó un duro revés a Barnés y al gobierno. El CGH logró doblegar la posición de las autoridades mantenida celosa e intransigentemente por más de dos meses y medio luego del 15 de marzo, cuando fue aprobado el primer aumento de cuotas. Transformar las cuotas de inscripción de obligatorias a voluntarias es un importante paso atrás en la posición original del rector, que antes aseguró no retrocedería ni un centímetro en ella. Es un golpe no sólo a las autoridades universitarias sino también a Zedillo y al Banco Mundial, que ordenó al gobierno mexicano establecer elevadas colegiaturas para los estudiantes en la enseñanza superior.” (Declaración de la Juventud Socialista del POS sobre la actual situación de la huelga en la UNAM – 3 de julio de 1999).

 

En tal declaración advertimos que lo aprobado por el CU no representaba una solución aceptable para el movimiento. Que era una maniobra para mantener en pie una parte muy importante de la política privatizadora correspondiente al incremento en los cobros por servicios. Además de que para el resto de los puntos la respuesta era prácticamente nula. Pero también señalamos que la correlación de fuerzas para la huelga había cambiado.

 

“Luego de más de 70 días, el movimiento resiente desgaste, cansancio y debilidad. Es un hecho que no contamos más con la presencia de los contingentes de electricistas en nuestras movilizaciones y que los maestros de la CNTE entraron en una etapa de inmovilidad con las vacaciones escolares. El resto de las organizaciones disminuyeron notoriamente su presencia en nuestras acciones.

“Algunas de las maniobras de las autoridades les han dado resultado. Sin importarles en lo más mínimo cualquier criterio académico, han regalado calificaciones a miles de estudiantes para, por un lado, imponer la terminación del semestre y, por otro, hacer creer a la opinión pública que, a pesar de la huelga, la UNAM sigue funcionando. [a través de clases extramuros y otras actividades] 11

“Las últimas acciones del CGH han mostrado una capacidad de convocatoria decreciente. También han sido desordenadas y poco preparadas. A pesar de los esfuerzos de un número muy importante de escuelas y de huelguistas, la mayoría está por orientar al CGH rumbo al diálogo y el rápido levantamiento de la huelga. Quienes así lo hemos querido, no hemos conseguido que el CGH priorice la discusión de un plan de acción ordenado y contundente que nos coloque en mejores condiciones de fuerza frente a nuestros adversarios. Y este es también un signo de debilidad.” (En “Declaración….” recién citada.

 

La “solución” aprobada por Barnés consiguió confundir a un amplio sector de los estudiantes, de los universitarios y de la población. Por un lado, porque los medios se encargaron de difundir, en una amplia campaña contra el CGH, la falsa versión de que las demandas estudiantiles habían sido plenamente resueltas; pero también porque ciertamente se había dado marcha atrás en un aspecto fundamental de su ataque, el que mayor rechazo había generado: el aumento de cuotas. Por eso, el rector puso al CGH a la defensiva cuando lo llamó a discutir la solución de la huelga, con base en lo aprobado por el CU. Las autoridades y el gobierno ganaron desde entonces la ofensiva política contra el movimiento y no la perderían jamás.

 

La masa estudiantil comienza la retirada

Muchos pensaban que la huelga no podría alargarse por más de un mes y medio o dos meses. Su inesperado alargamiento causó cansancio y desgaste entre muchos compañeros; provocó que se fueran alejando del movimiento.

Pero la jugada política de Barnés y el gobierno fue la que produjo que de un solo golpe miles estudiantes abandonaran el movimiento una vez que vieron que no se aumentarían las cuotas.

 

Asambleas: Inmediatamente este alejamiento se dejó sentir en la asistencia a las asambleas. El número de los estudiantes que participaron en las discusiones se redujo considerablemente. En Ciencias (con una matrícula de 6 mil) ya no rebasaba los 250 estudiantes; en Economía (con matrícula de 2500), eran 150; en Psicología (también con 2500 matriculados), 50; en Filosofía (que tiene más de 6000 estudiantes), 100. En las escuelas que siempre fueron retaguardia la asistencia llegó a ser de entre 15 y 30 estudiantes. Eran los casos de Contaduría, Derecho, Veterinaria y Odontología, todas ellas con una matrícula de 17 mil 500, 10 mil, 4 mil y 2 mil 500 respectivamente.

 

Movilizaciones: Desde el 21 de mayo en la marcha conjunta realizada por el CGH y la CNTE se mostró una franca disminución de los contingentes estudiantiles y continuó la ausencia de los grandes contingentes solidarios; sólo grupos pequeños de estudiantes de otras instituciones acompañaron la manifestación.

La capacidad de convocatoria del CGH se venía abajo progresivamente. Las movilizaciones masivas del inicio de la huelga no se repitieron. El 10 de junio, se congregaron unas 30 mil personas, todavía una cantidad muy considerable, pero que salieron a las calles debido principalmente a la tradicional conmemoración de la represión contra estudiantes que hubo en 1971. Poco a poco fueron cayendo los números del CGH a 30, 20, 15 mil y hasta 5 mil manifestantes. Correctamente, el CGH se manifestó ante las embajadas de países en los que se reprimía a los estudiantes, pero apenas conseguía convocar a esas acciones a algunos cientos de jóvenes. Las novedosas marchas zonales, que recorrían colonias populares reunían también a 800, quizá mil participantes. Recordemos que la matrícula estudiantil total de la UNAM, es cercana a los 260 mil.

Sólo fue posible remontar esta debilidad extrema en la marcha del 2 de octubre, en la conmemoración de la matanza de Tlatelolco, cuando unos 30 mil salieron otra vez a las calles a recordar la brutal represión diazordacista.

12

El apoyo popular en las movilizaciones cegeacheras también se redujo drásticamente. Los contingentes del SME, que llegaron a ser masivos en marzo y abril, brillaron por su ausencia. Las masas que salían a las calles para saludar las marchas ya no estaban.

El ambiente festivo y de alegría en las marchas desapareció.

 

Decenas de miles esquirolearon la huelga en las “clases extramuros”: Los estudiantes perdieron confianza en el CGH, que les prometí a que una vez finalizada la huelga se repondrían todas las clases perdidas. Decenas de miles no se arriesgaron y “esquirolearon” la huelga al acudir a las sedes alternas a realizar sus exámenes finales y extraordinarios para concluir el semestre y llevar a cabo los trámites para obtener el pase reglamentado de ingreso a licenciatura.

Las autoridades reportaron el dato de 190 mil estudiantes que concluyeron totalmente el semestre. Seguramente exageraron, pero un hecho por todos constatado fue que la asistencia a las actividades extramuros creció cualitativamente después del 7 de junio, en esta fase declinante de la huelga.

 

Es abandonada la Plataforma de Lucha y el Pliego Petitorio

En los días previos a la huelga, cuando se discutió el pliego petitorio, la política del POS fue insistir en que se incluyeran las demandas que habíamos planteado en el Suplemento de nuestro periódico, que incluían consignas contra el gobierno y el régimen, como veremos. También dijimos que el pliego petitorio se cumpliría en función de la correlación de fuerzas que lograra el movimiento, por lo que deberíamos estar abiertos a que, en una negociación, obtuviéramos la mayor cantidad de puntos posibles, y entonces decidiríamos el levantamiento de la huelga. Pugnamos por que se aprobara formalmente la Plataforma de Lucha, así como el programa político de la organización estudiantil. Pero no tuvimos éxito. El pliego se redujo a cinco puntos y la Plataforma de Lucha quedó olvidada.

La elaboración del Pliego petitorio fue en realidad el resultado de una negociación entre las corrientes estudiantiles. Una comisión fue la encargada de redactarlo. La posición de los perredistas era de elaborar un pliego con dos demandas: gratuidad y espacios de discusión para transformar la UNAM. Finalmente se acordó un pliego de cinco puntos:

1.Abrogación (desaparición) del Reglamento General de Pagos 2. Derogación de las reformas de 97 (recuperación del pase automático y de la permanencia ilimitada de los estudiantes en la UNAM) 3. El establecimiento de espacios de discusión democrática y resolutiva para la transformación de la universidad 4. No sanciones en el ámbito universitario o penal y desaparición del aparato represivo 5. Alargamiento del semestre el tiempo que durara la huelga.

 

Estos dos últimos puntos, más que demandas eran condiciones elementales para levantar la huelga sin represalias académicas, administrativas o penales. Obsérvese también que no incluía la demanda de un Congreso democrático y resolutivo.

Durante las siguientes semanas, luego del segundo encuentro nacional de estudiantes, tuvimos la política de impulsar fuertemente la construcción de la Coordinadora Nacional de Estudiantes, no sólo enviando brigadas de huelguistas de la UNAM al interior del país, sino también buscando construir un programa nacional común que permitiera a quienes estuvieran dispuestos a luchar tener las mismas banderas en contra del gobierno, ya no sólo en contra de las autoridades universitarias. Por eso decidimos, junto con otras corrientes, ampliar el pliego petitorio del CGH con dos puntos:

 

1.Desaparición del Centro Nacional de Evaluación (Ceneval) y 2. Aumento al presupuesto a la educación al 8 por ciento del PIB y 2.5 para la educación superior.

 

Fue una discusión que se prolongó cuando menos dos semanas. Por un escaso margen, hubo una mayoría a favor de incluir un punto sobre el Ceneval, pero no planteando su desaparición, sino solamente la ruptura de los vínculos que la UNAM mantenía con ese organismo. Para el punto del presupuesto no se logró la mayoría y no entró en el pliego petitorio.

 

Cambió la relación de fuerzas

La descripción de estas dos primeras fases del movimiento muestra claramente que durante los primeros tres meses y medio (desde el inicio del movimiento hasta el mes de junio), la situación cambió dentro y fuera de la universidad. Había cambiado la correlación de fuerzas entre la huelga y sus enemigos. Irrefutables indicadores lo confirman.

La coyuntura de alza de las luchas de los trabajadores y los estudiantes se cerró. Para el mes de junio ya no había una sola movilización en el país además de la huelga universitaria. Cientos de miles de estudiantes del nivel superior estaban de vacaciones.

En los siguientes ocho meses de huelga, ya no hubo más luchas importantes. La huelga se quedó aislada.

Cayó cualitativamente la fuerza de las movilizaciones, tanto por el número de participantes, como por el apoyo que recibía de la población. Las columnas obreras que participan de las primeras marchas del CGH, ya no estuvieron más.

La asistencia a las asambleas también se redujo drásticamente, hasta en un 75 u 80 por ciento, comparada con el inicio de la huelga. Las comisiones dejaron de funcionar en muchas escuelas. Los accesos a las instalaciones que día y noche estaban resguardados, empezaron a quedarse desiertos. Decenas de miles de universitarios fueron alejándose de la huelga y aceptando las clases extramuros.

El perredismo impuso un pliego petitorio muy limitado e hizo que se dejara de lado la Plataforma de Lucha.

La huelga perdió la fuerza que tuvo al inicio, perdió su explosividad. La masa estudiantil que asistía regularmente a las escuelas para participar de las innumerables actividades – culturales, de difusión, de discusión política, académicas, incluso deportivas— se fue, y no a cualquier lugar; muchos de ellos fueron a las clases extramuros, desencantados de la huelga, sin confianza en el CGH y en la fuerza de su movilización. Decenas de miles prefirieron garantizar su futuro académico antes que esperar al término de la huelga para seguir con sus estudios. Decenas de miles esquirolearon la huelga.

 

Dos métodos de análisis

Este es el análisis del POS de los tres primeros meses del movimiento. Esta enorme cantidad de hechos abonan la caracterización de que en este período se produjo un cambio desfavorable para el movimiento estudiantil en la relación de fuerzas. El SI, por su parte, dice que el POS carece de “un mínimo de objetividad”, porque la huelga, que el POS “presumió debilitada, se prolongó no un día o una semana, [sino] ocho meses más.” (pág. 3) En otras palabras, para el SI la huelga no estaba débil sino fuerte, y basa su tesis en el hecho de que el paro continuó un largo período más.14

El POS y el Si hemos llegado a estas conclusiones diferentes y encontradas porque tenemos conceptos distintos de la realidad y sobre cómo comprenderla. Para el POS la realidad es como un poliedro en perpetuo movimiento, y su entendimiento exige tomar en cuenta los múltiples factores e ingredientes que la componen, así como hacerlo cotidianamente, para captar oportunamente sus cambios.

Para el SI la realidad de la huelga es unidimensional y estática. Para comprender la fuerza del movimiento bastaba saber que el paro seguía existiendo tres meses después de iniciado y que continuó algunos más. Sobre el método de análisis de los ultras, Lenin decía que es incapaz de comprender la necesidad de tener en cuenta con estricta objetividad las fuerzas de la clase y sus relaciones mutuas… 5 Estas palabras de Lenin se aplican perfectamente al SI.

Ante la caracterización de una situación desfavorable para la huelga, el POS planteó una política de repliegue. Por su parte el SI, casi un año después de estos acontecimientos, plantea que era correcto continuar la huelga y apoyar a su dirección “incondicionalmente”.

Empero, lo peor todavía estaba por llegar, es decir, una todavía más desfavorable situación para la huelga. La política de la ultra en esa nueva circunstancia, que

comparte el SI, se convertiría en la causante de la dolorosa derrota.

 

Fase III: La descomposición de la huelga y la derrota del CGH

 

El gobierno alargó la huelga para aislarla y destruirla

El SI supone que una huelga con ocupación de instalaciones, por el solo hecho de prolongarse, significa que es un movimiento fuerte y vigoroso, como cuando dio inicio.

En México (y suponemos que en otros países), una huelga que se prolonga generalmente significa lo contrario, es decir, es un movimiento cada vez más débil.

Una política que frecuentemente utilizan en México el gobierno y los patrones contra las huelgas, es dejar que se prolonguen. Cuando eso ocurre, los dirigentes sindicales y los obreros de vanguardia dicen que el gobierno quiere que la huelga “se pudra”. La huelga en Sosa Texcoco, recién terminó luego de… ¡seis años! Los compañeros del SI, cuando visiten México, podrán conversar con obreros de esta huelga que son del POS.

Adelantamos que la fórmula del SI, en el sentido de que una huelga con ocupación de instalaciones que se prolonga es tan fuerte luego de cinco años a como lo fue el primer día, les parecerá una muestra de dudoso humor negro. Aquí los trabajadores perdieron su fuente de trabajo y recibieron una injusta liquidación. La huelga en CASA —cuyos obreros saludaron efusivamente al POS en su 20º aniversario — va a cumplir tres años. Y también se pudre, lamentablemente.

Si los compa ñeros del SI hablasen con estos trabajadores y les expusieran su ecuación: prolongada huelga con ocupación = fuerza constante de la huelga

pensarán que sus interlocutores no tienen la menor idea sobre el movimiento obrero; inicialmente se quedarán desconcertados y nunca creerán que su huelga sigue tan fuerte como el primer día.

Lo mismo pasó con la de la UNAM, luego de que la huelga no se levantó cuando el rector Barnés y el Consejo Universitario ofrecieron una solución parcial e insuficiente al 15

CGH. El rector Barnés declaró a la más importante revista semanal de México: “Me preparo para una huelga larga”. El gobierno se aprestó a prolongar la huelga indefinidamente, sin dar respuesta a las demandas estudiantiles, negándose a establecer una verdadera negociación con el movimiento, esperando a que se fuera erosionando la menguada fuerza de la organización estudiantil. La política de la ultra en este momento, consistente en continuar la huelga y no buscar un triunfo parcial, le hizo el juego a la maniobra del gobierno y preparó la brutal derrota del movimiento en febrero de 2000.

 

La masa fuera de la huelga choca contra la vanguardia del CGH

En agosto de 1999, cuando las autoridades convocaron a los estudiantes a inscribirse para iniciar el ciclo escolar 2000-1, se mostró a qué grado había llegado el divorcio entre la masa estudiantil y la vanguardia. La gran mayoría de los estudiantes se inscribieron y repudiaron al CGH por intentar bloquear los trámites que se llevaban a cabo en las “sedes alternas”. La primera ocasión en que el gobierno del DF reprimió duramente a los huelguistas fue precisamente durante las inscripciones de los estudiantes de Derecho. Un grupo de 200 cegeacheros intentó bloquear los trámites, pero los propios estudiantes lo impidieron. Fue entonces cuando intervino la policía para detener a nuestros compañeros, recibiendo el aplauso de muchos de los cerca de 3 mil que se aprestaban a continuar sus clases.

Jamás se repitió el intento del CGH de bloquear las actividades extramuros y decenas de miles siguieron en clases durante los meses siguientes.

Las movilizaciones fueron cada vez menos y mucho más pequeñas. Las acciones que realizaba el CGH adquirieron un carácter vanguardista y provocador. Al margen de los acuerdos de asambleas sobre las movilizaciones, grupos de provocadores infiltrados —como lo reconoce la absoluta mayoría de los que todavía participábamos en el movimiento, aun los ultras más destacados — apoyados por los estalinistas de la UJRM y los miembros de la LTS (con los que el SI de la LIT mantiene un profundo acuerdo político sobre la huelga), fueron el vehículo de la provocación que expuso al movimiento a dos de las más terribles represiones sufridas: en un mitin frente a Televisa y otro ante la embajada yanqui.

Paulatinamente, durante el segundo semestre de 1999, las escuelas se fueron quedando desiertas. Ya no llegaban ni a ser decenas los estudiantes que permanecían en las escuelas haciendo guardia. El espectáculo era patético. En muchas escuelas ni siquiera había asambleas.

 

El gobierno decide emprender la ofensiva final para terminar la huelga

El alargamiento de la huelga impuesto por el gobierno, con la colaboración de los ultras, tuvo éxito porque logró la descomposición y aislamiento de la huelga.

Se acercaba el 7 de noviembre, día en que sería “electo” el candidato del PRI a la presidencia de la República y Zedillo daba señales de estar por una solución al conflicto, que era un obstáculo para el despegue de la campaña presidencial de su sucesor.

Finalmente, el 12 de noviembre Juan Ramón de la Fuente, hasta entonces secretario de Salud del gobierno zedillista, ocupó la rectoría de la UNAM en sustitución de Barnés. Luego de pudrir la huelga, había llegado la hora de liquidarla. Y se necesitaba de otro hombre en la Rectoría para ello.16

 

Cambia la coyuntura política nacional

El futuro político del país dependía en gran medida de los resultados que tuviera la disputa abierta dentro del PRI para designar al próximo candidato a presidente. En los meses de agosto a noviembre, era muy grande el riesgo de ruptura entre Francisco Labastida y Roberto Madrazo, los dos principales contendientes. Pero no se concretó. El 7 de noviembre, el PRI dice que logró llevar a las urnas a 10 millones de mexicanos en sus elecciones internas, en las que se impuso Francisco Labastida, el candidato de Zedillo. A pesar de las denuncias de fraude y de que se había inflado el número de participantes en esa elección, la elección interna del candidato presidencial priista, primera en sus 70 años de antigüedad, fue un acontecimiento que tuvo impacto a nivel internacional y que para el presidente significó un logro contundente, quizá su mayor triunfo político.

Se abría con este triunfo, el período más brillante de la gris presidencia de Zedillo, ayudado también por el crecimiento económico. En las siguientes semanas se consolidaría la política para la estabilización de la economía; los precios del petróleo subirían vertiginosamente y en la Cámara de Diputados se perfilaba una negociación con la mayoría opositora que daría como resultado la aprobación de un paquete económico a la medida de las intenciones presidenciales.

Los compañeros de Convergencia Socialista de Argentina nos critican porque dicen que vemos que el régimen y el gobierno están fuertes. La posición del POS es que el régimen priísta está en crisis desde hace largos y que de 1988 a 1995 tuvo cinco “infartos, es decir, estuvo en peligro mortal” en distintas circunstancias. No obstante, esa definición general sobre el régimen no debe de ocultarnos que en situaciones particulares o en determinadas coyunturas no sólo no está en riesgo sino que se encuentra relativamente fortalecido, con capacidad de lanzar y de propinar golpes a las masas. Creemos que ello fue lo que ocurrió en México en febrero de este año, 2000.

 

Zedillo tuvo manga ancha para actuar contra la huelga, al contar con la valiosa ayuda de la hegemonía ultra en la dirección del movimiento. La popularidad del CGH había llegado a sus niveles más bajos. De “provocador y torpe” era tildado hasta por el más honesto trabajador electricista.

 

De la Fuente derrota al CGH

Inmediatamente después de llegar a la rectoría, el ex secretario de Salud, emplazó al CGH a negociar, aceptando la mayoría de las condiciones impuestas por el movimiento: el diálogo sería con una comisión de 120 delegados, se transmitiría en vivo y sin cortes por Radio UNAM, sería retransmitido por TV-UNAM, podrían estar presentes todos los medios de comunicación que desearan y habría un circuito cerrado de tv para todo aquel que lo quisiera presenciar en la plaza que se encuentra frente al Palacio de Minería (sede del diálogo). La agenda sería el pliego petitorio estudiantil, se reconocía al CGH como el único interlocutor para la solución del conflicto y se asumía el diálogo como la única vía para resolver la huelga.

Todos estos acuerdos fueron firmados el 10 de diciembre. Se abría claramente la oportunidad de lograr una negociación favorable. Pero la dirección del CGH puso todos los obstáculos necesarios llevar el diálogo al fracaso. En vez de discutir directamente el pliego petitorio y aprovechar la transmisión radiofónica en vivo para denunciar la política neoliberal del gobierno, su corrupción, su sumisión ante el gobierno de EU y los organismos financieros internacionales, su política represiva, la militarización de Chiapas y otros estados del país, etc., el CGH, en cambio, abordó la negociación de 17 manera pueril. Decidió discutir el “formato” del diálogo y condicionó el inicio de la discusión de sus demandas a que formara parte de su comisión la Preparatoria Popular Tacuba y el Centro Libre de Experimentación Teatral (Cleta) —ninguna de las dos eran escuelas de la UNAM —; exigió se incluyeran mil sillas para que “los universitarios puedan presenciar el debate”; una lona o carpa “para evitar que el sol molestara a los delegados ”; y que a éstos se sirviera la misma comida que a los representantes de rectoría. Las autoridades no aceptaron las condiciones y se retiraron de la mesa. El CGH había sido derrotado. La percepción popular fue que el CGH no quería dialogar.

 

Ya se preparaba desde entonces la política que acabaría con la huelga. De la Fuente inició una serie de reuniones “con la comunidad” de las escuelas y dependencias universitarias, en las que recabaría las propuestas para la solución de la huelga. Una vez terminadas sus “consultas”, el 6 de enero el Consejo Universitario aprobó la “propuesta para la solución” negociada entre el gobierno, sectores de la derecha universitaria y el PRD. La propuesta sería sometida a la consideración de los universitarios en un plebiscito el 20 de enero del 2000.

Cabe destacar que a pesar del carácter institucional de la propuesta, voluntariamente decenas de estudiantes de base salieron con entusiasmo a pegar carteles y repartir volantes para convocar a los universitarios a participar en la consulta del rector. El gigantesco aparato publicitario del gobierno se puso en marcha para garantizar el éxito de la política del gobierno. El PRD también cumplió con su parte y Rosario Robles, jefa de gobierno del DF, llamó a votar en la consulta del rector, “para levantar la huelga”.

Pero la clave del éxito político del plebiscito del rector radicó en dos hechos políticos. La “propuesta de solución” incluía por primera vez el compromiso de realizar un congreso resolutivo. Sin esta concesión, además de la cancelación total del aumento de cuotas, la ruptura de los vínculos con el Ceneval y la garantía de no ejercer represalias contra los huelguistas, era probable que la política del rector fracasara. El otro hecho brillantemente usado por el flamante rector fue que él, a diferencia del CGH, aparentaba llamar al conjunto de los universitarios a participar para resolver el conflicto.

El 20 de enero, más de 180 mil universitarios, de los cuáles 150 mil eran estudiantes (según las cifras oficiales), votaron por el levantamiento de la huelga con la propuesta aprobada por el Consejo Universitario. El CGH y la huelga habían sido políticamente derrotados, pues la voluntad de la mayoría, evidente hasta para el más distante, era que el paro terminara. En cuanto a la población, era de la misma opinión: la gran mayoría, según distintas encuestas, estaba por que el paro terminara y aun por que se usara a la policía para romper la huelga.

¿Qué dice el SI sobre esta situación? En primer lugar, omite todos estos hechos, ignora estos acontecimientos enormes, que determinaron el fatal desenlace del movimiento estudiantil. Dice el SI que como la huelga se prolongaba, entonces no había variado su fuerza frente a sus enemigos. “No cambió la correlación de fuerzas…” durante toda la huelga, asegura la dirección de la LIT. Fueron este tipo de análisis, erróneos, superficiales y ligeros, sobre los que el SI construye una política: la huelga debía continuar y el POS debía apoyar a su dirección “incondicionalmente”.

La degeneración pavorosa de la huelga, el debilitamiento extremo del movimiento, el fortalecimiento coyuntural del gobierno en el plano político y económico hicieron posible el golpe político final contra el CGH y la derrota física de la huelga con la entrada de la Policía Federal Preventiva a las instalaciones universitarias y la detención de cerca de mil huelguistas. Ése fue el saldo de más de ocho meses de dirección ultraizquierdista en la UNAM. A esta dirección funesta le ha agregado su apoyo el SI.18

 

 

4. La verdadera política del POS

 

La política del POS contra el PRD y el gobierno (Fase I)

El SI nos hace la grave acusación de haber capitulado al régimen y al gobierno. Nos ubica en el mismo campo del PRD “para una salida negociada y pacífica, del mismo lado de los que más militaron contra la huelga”. Nos acusa, en suma, de haber tenido una política reformista. Todas estas acusaciones sobre la política del POS para la huelga se basan en una grosera tergiversación de la política que nuestro partido tuvo para la huelga. En este capítulo expondremos la verdadera política del POS para la compleja y dinámica situación que vivió la huelga de la UNAM en los 293 días que duró.

*

El POS tuvo varias políticas fundamentales:

1. Denunciamos constante y sistemáticamente el carácter del aumento de cuotas, enmarcándolo en los planes del FMI y el Banco Mundial y el ajuste económico impuesto en México después de la crisis financiera en Asia y la reducción de los precios del petróleo. En otras palabras, la política del POS tuvo un carácter antiimperialista. El SI, obsesionado por la “recolonización” de América Latina, ni para en mientes en este acierto en el programa del POS.

2. Insistimos en la necesidad de politizar el movimiento ampliando sus demandas y dirigiéndolas no sólo en contra de las autoridades universitarias, sino también contra el gobierno y otras instituciones del régimen.

En la discusión sobre quién debía ser el interlocutor para exigir la solución de nuestras demandas, la posición del POS fue que el CGH debía enfilar sus baterías contra el gobierno, por ser el responsable de la política de privatización de la universidad. Para nosotros el interlocutor debía ser el presidente Zedillo. Pero el PRD y la ultra se unieron contra nuestra posición, al decir que ello significaría “romper la autonomía universitaria” y que la solución se tenía que dar en los marcos de la UNAM. El interlocutor, dijeron, debía ser el rector.

 

Nuestra propuesta de pliego petitorio fue la siguiente:

 

Por una nueva universidad, abierta a los trabajadores

 No al aumento de cuotas. Que desaparezca el Reglamento General de Pagos

 Que se aumente el subsidio federal para la UNAM. Por 8% del PIB a la educación y 2.5% a su nivel superior

 Deben derogarse las reformas al reglamento de inscripciones

 La matrícula estudiantil de la UNAM debe aumentar

 Que se cancele el Examen General de Egreso de Licenciatura

 Por la defensa de las condiciones laborales de académicos y administrativos

 Desaparición del Tribunal Universitario, de Auxilio UNAM y todos los grupos de porros y represores. Cancelación de sanciones y consignaciones contra estudiantes y profesores de Economía, Iztacala y CCH.

 Debe romperse la subordinación de la UNAM a los empresarios

 Que renuncie Barnés. Por un nuevo Congreso Universitario democrático y resolutivo.

(Juventud Socialista # 9 – 1ª quincena de abril de 1999.)

 

El SI dice que en la política del POS no hubo “una sola orientación en el sentido de empujar al movimiento contra el régimen y el gobierno” (pág. 8). La simple reproducción de este programa, publicado antes de que estallara la huelga, demuestra que la afirmación del SI es una falsedad, una crítica injusta. La demanda de que se destine el 8 por ciento del PIB a la educación, atacaba no sólo al gobierno, sino a instituciones del régimen, como el parlamento —que tendría que aprobar una medida de este tipo— y a los partidos burgueses, cuyos legisladores componen la institución parlamentaria. Esta consigna tiene para nosotros una gran importancia porque en México se destina apenas el 3.9 por ciento del PIB al rubro mencionado.

Por otra parte, el SI no repara en otra cuestión. Injustamente dice que no intentamos enfrentar al movimiento contra el régimen y el gobierno, y deja la idea de que un partido revolucionario sólo debe atacar a estos dos. Esto sería oportunista. Un partido trotskista debe siempre atacar también al sistema capitalista. Nosotros lo hicimos con consignas como la de romper la subordinación de la UNAM a los empresarios. Sólo hay que imaginar que una burguesía perdiera el control de la principal universidad de su país. También en el número 3 de la edición mexicana de Correo Internacional planteamos:

“Entre las causas profundas de este movimiento que ha marcado 1999, es evidente que está el agotamiento de un régimen político que va en sentido inverso de la nueva época y el mundo, donde en la mayoría de sus latitudes se ha impuesto la democracia. Los problemas de México no se solucionan sólo estableciendo un verdadero Estado de derecho: no únicamente está agotado el modelo autoritario de dominación burguesa sobre el país, también lo está la misma clase capitalista como dirección de la economía y la nación. Más pobreza, sometimiento a Estados Unidos y decadencia es lo único que la burguesía y sus políticos (del partido registrado que sea) pueden darle al país. El movimiento estudiantil surgió no sólo para democratizar una de las más importantes instituciones nacionales, nació de las entrañas y de la acción de los jugos gástricos de decenas de miles de jóvenes que vieron amenazado su derecho a estudiar y a contar en el futuro con un empleo digno. Democracia y un cambio social de raíz se requieren con urgencia en el México del nuevo siglo por venir.”

Por otra parte, el SI no tiene en cuenta que en México la consigna de un congreso democrático y resolutivo ataca también al régimen bonapartista. El SI dice que el mexicano es un régimen democrático burgués, es decir, lo embellece, lo muestra como democrático, cuando no es así.

La consigna de Congreso Universitario es de crucial importancia, tiene un carácter transicional. En un régimen bonapartista, como el mexicano, esta reivindicación democrática cobraba una importancia fundamental, sobre todo por el efecto que podría tener entre la población que no está dispuesta a seguir soportando al PRI y a su régimen autoritario y fraudulento. El congreso de la UNAM, si se hubiese realizado después de una huelga triunfante y con la participación entusiasta de los universitarios, pudo ser un precedente clave para que las amplias masas de trabajadores exigieran a su vez la realización de un Congreso (o Asamblea) Constituyente en el país, para que los ciudadanos mexicanos decidieran el rumbo de la República.

En el artículo “La consulta amplia”, publicado en el semanario Proceso en octubre de 1999, Gabriela Pineda y Francisco Cruz afirmaron:

“El logro más importante del movimiento es que hizo germinar la conciencia de que es necesario un congreso resolutivo mediante el cual los universitarios decidan democráticamente los cambios que la universidad requiere. Durante meses las autoridades se han opuesto a un congreso en la UNAM porque saben que de llevarse a cabo tendría un efecto de demostración sobre la vida política nacional. Si una comunidad es capaz de solucionar sus problemas y de tomar sus decisiones mediante un congreso, ¿por qué no hacer lo mismo en el país mediante una asamblea constituyente y soberana, como la de Querétaro en 1917? La democratización de México es imposible sin echar abajo el título cuarto de la actual Constitución, que legaliza la presidencia despótica.

Hoy todo mundo quiere el congreso, pero en julio pasado, cuando habían transcurrido tres meses de huelga, las autoridades y el gobierno se oponían tajantemente a su realización y el CGH ni siquiera lo había incluido en su pliego petitorio. Esta consigna fue peleada principalmente por nuestro partido. Enfrentamos la resistencia del PRD, que está en contra de imponer cambios profundos en el régimen político, y también de los ultraizquierdistas, que desprecian los avances democráticos de la lucha de las masas.

3. Contra lo que afirma el SI y lo que dicen los compañeros de Convergencia Socialista, de Argentina, el POS peleó por extender la lucha a otros sectores de estudiantes y trabajadores para lograr unificarla también con demandas comunes. Así lo demuestran numerosos artículos aparecidos en nuestra prensa y suplemento, como los siguientes.

“Construyamos el Frente en Defensa de la Educación Pública y contra las Privatizaciones

“El ataque es contra todos los trabajadores y por eso debemos responder de manera unificada; este es el momento para unir fuerzas y dar la lucha de manera conjunta. Por eso debemos llamar a formar un frente de trabajadores que nos permita impedir que los planes del gobierno sigan adelante. Convoquemos a los estudiantes, a los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas, a los trabajadores y académicos del INBA e INAH, así como a los profesores de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (quienes han encabezado algunas de las movilizaciones de trabajadores más importantes en los últimos años) para empezar a formar un frente en defensa de la educación pública, la Cultura y en contra de las privatizaciones.” (Juventud Socialista # 9 – 1ª quincena de abril de 1999.)

“La huelga, el arma más poderosa del movimiento estudiantil

“Especialmente del Sindicato Mexicano de Electricistas, debemos buscar su adhesión a nuestro movimiento. Que se convierta nuestra huelga en un paro indefinido de los universitarios y los electricistas para defender el patrimonio del pueblo: la electricidad y la educación.” Juventud Socialista # 9 – 1ª quincena de abril de 1999.

 

En varias ocasiones presentamos al CGH “planes de acción” para extender la huelga –incluso después de haber expedido nuestra Primera Declaración-, que incluían el que el SME hiciera un paro o huelga en solidaridad. Fracasamos en estos intentos. Hasta cuatro meses después, casi al final del año, cuando la situación era desesperada para el movimiento, la ultra tomó estos planes. Pero ya era tarde.

4. Impulsamos fuertemente la huelga, subrayando la necesidad de acompañarla de un plan de movilizaciones permanente que convocara a otros estudiantes, sindicatos y  organizaciones sociales democráticas a movilizarse conjuntamente con los universitarios.

5. Insistimos en construir el movimiento desde la base, fortaleciendo las asambleas y haciendo de ellas espacios de discusión y decisión democrática. Fue persistente nuestro esfuerzo para que estos organismos se llenaran de estudiantes para convertirlos en instancias ampliamente representativas de la voluntad mayoritaria.

Denunciamos fuertemente la política del PRD de evitar la huelga. Fue público que Cárdenas, cuando aún era gobernador del DF, dio su anuencia al rector Barnés para emprender el aumento de las colegiaturas.

 

Cambia la política del POS (Fase II)

El cambió en la correlación de fuerzas, aparecido claramente en el mes de junio, permitió al gobierno reposicionarse y lanzar su contraofensiva. La política de expandir la huelga y el movimiento a nivel nacional fue la política central de la Juventud Socialista del POS mientras las condiciones objetivas y subjetivas lo permitieron. Cuando la situación cambió y se cerró esta posibilidad, el centro de nuestra política pasó a ser el repliegue del movimiento, es decir, obtener la solución satisfactoria de algunas de las principales demandas de la huelga y levantar ésta; era obtener un triunfo parcial que permitiera preparar en el futuro inmediato o mediato una nueva lucha que conquistara las reivindicaciones que no se hubiesen obtenido en este movimiento. La ultra, en cambio, exigía la solución íntegra de todo el pliego petitorio. Temía la típica política de “todo o nada”.

La política del POS fue revolucionaria, coherente con la estrategia de la movilización permanente de los estudiantes y las altas y bajas de ésta. Frente al deterioro de la correlación de fuerzas y el debilitamiento progresivo de la movilización, y ante la política de las autoridades de postergar indefinidamente la respuesta al pliego petitorio estudiantil, el CGH debió darse una política que obligara a las autoridades y el gobierno a dar una respuesta favorable a algunas sus demandas en una mesa de negociación. Para el POS estaba claro que sólo la movilización y el apoyo masivo de los estudiantes y otros universitarios podría dar como resultado la satisfacción, aunque fuera parcial, de las demandas estudiantiles. Y que esa movilización debía de mantenerse aun mientras se desarollaba esa negociación.

El SI dice que el POS tuvo una política oportunista ante esta cuestión: “a diferencia de los reformistas, nosotros no le decimos a las masas que renunciemos a la lucha para ganar las conquistas en la negociación.” (pág.5)

Esta acusación contra el POS también es calumniosa. El Si no puede citar un periódico, volante o Declaración en la que digamos tal cosa. Por lo contrario, dijimos lo siguiente:

 

“Diálogo” y movilización permanente

“Si hay algo que dé como resultado la desaparición del Reglamento General de Pagos en la UNAM y la satisfacción plena del pliego petitorio estudiantil, es la movilización, la huelga y la solidaridad de otros universitarios y de la población.(…) La enseñanza del movimiento de 1987-1990 nos muestra, entonces, que el diálogo con las autoridades sólo podrá dar buenos frutos si está acompañado y subordinado a la movilización permanente de los estudiantes.(…) Nuestra posición es que tenemos que respaldar nuestras demandas en la participación y movilización permanente de los estudiantes, basada en la información y discusión democrática constantes. Ésta es la única garantía de que cada éxito del movimiento sea la base de un triunfo superior. (El Socialista 249/Juventud Socialista, #10 – 2ª quincena de mayo de 1999.)

Caracterizamos que el gobierno y Barnés tenían la política de abortar el diálogo, aislar la huelga, dividir al CGH y justificar la represión. Por eso nuestra política fue conservar el diálogo. Combatimos la posición del “todo o nada” de la ultraizquierda y también los intentos rupturistas de la huelga del perredismo.

Barnés de Castro y el gobierno no quieren el diálogo. Su objetivo es aislar la huelga, dividir al CGH y justificar la represión. No les demos la oportunidad. Si para obligarlos a sentarlos a discutir y resolver nuestras demandas hay que dar un paso atrás, démoslo. Pero no permitamos que con su ultimátum sectores del CGH decidan levantar unilateralmente la huelga, lo que no creemos sea descartable ante la situación actual del movimiento. Ante todo, debemos permanecer unidos.

Nuestro movimiento aún conserva una fuerza importante. El apoyo de muchos sectores de la población, sobre todo entre los trabajadores, se mantiene, a pesar del brutal bombardeo en televisión y radio contra nosotros. Ese es el capital político con que contamos y que debemos resguardar y utilizar para ganar. Pero la condición es que, con la cabeza fría y la mayor objetividad, seamos conscientes de la fuerza real de nuestro movimiento y actuemos en consecuencia, reposicionando la política del CGH frente al diálogo y la exigencia de solución a nuestras demandas.

Decir que la huelga no se puede levantar sin el cumplimiento cabal de los seis puntos del pliego petitorio, nos parece desproporcionado en función de la fuerza que conservamos. Nuestra posición es lograr el diálogo con las autoridades, para conseguir en éste lo más posible. Las asambleas tendrán que evaluar si lo obtenido es suficiente para levantar la huelga y continuar la lucha por conquistar el resto de nuestras demandas en una movilización posterior. Declaración de la Juventud Socialista del POS sobre la actual situación de la huelga en la UNAM – 3 de julio de 1999.

Recordemos que esta Declaración —la primera de un total de nueve— apareció 75 días después de iniciada la huelga. A estas alturas, como hemos expuesto antes, el movimiento se encontraba ya en plena declinación. En esta situación la JS del POS aplicó la siguiente recomendación de Lenin: “Los partidos revolucionarios deben completar su instrucción. Han aprendido a desplegar la ofensiva. Ahora deben comprender que esta ciencia hay que completarla con la de saber replegarse acertadamente. Hay que entender —y la clase revolucionaria aprende a comprenderlo por su propia y amarga experiencia— que no se puede triunfar sin saber atacar y replegarse con acierto”  [i]

En este momento de la huelga, luego del ofrecimiento hecho en junio por Barnés al CGH, de haberse puesto en práctica la política que propuso el POS en su Primera Declaración, la huelga se pudo haber levantado con un triunfo parcial muy importante, ya que el rector podía ser obligado a ceder más de lo inicialmente ofrecido (aunque, desde luego, no la integridad de los seis puntos).

 

El PRD se pliega al gobierno y se consolida la dirección ultra

Luego del rechazo tajante del CGH a lo propuesto por el rector, en el movimiento huelguístico se perfilaron las posiciones contra las que el partido combatió para llevar al triunfo a la huelga.

La principal corriente perredista, la Coalición Democrática Estudiantil (CEU y REU), fue parte de la negociación que dio como resultado la propuesta del 7 de junio. Siempre a espaldas del CGH, sus principales dirigentes concertaron para terminar con la huelga al más bajo costo. Se volcaron a las escuelas para tratar de que las asambleas aprobaran su posición. El resultado les fue totalmente adverso, pues de 40 asambleas 34 rechazaron tajantemente la propuesta del CU. No obstante, los de la Coalición no renunciaron a levantar la huelga unilateralmente en las escuelas donde pudieran conseguir la mayoría. Desde entonces, el principal sector perredista del movimiento mantendría una política sistemática destinada a levantar la huelga negociando con el gobierno y las autoridades e intentando romper al CGH. Nuestro partido denunció constantemente esta traición. Eso está escrito en la mayoría de los suplementos y periódicos que publicamos durante la huelga.

La ultraizquierda tuvo su típica política de obtener “todo o nada”. Esa fue siempre su respuesta frente a cada una de las maniobras del gobierno contra la huelga.

La estrategia de la ultra no era expandir el movimiento (a pesar de que ese fuera su discurso). Su objetivo era mantener la huelga ilimitadamente. Algunos de sus ideólogos decían que tarde o temprano la prolongación de la huelga obligaría al gobierno a darle una respuesta satisfactoria al CGH para quitarse esa “piedra en el zapato”. Otros afirmaban que estaban dadas las condiciones para que a partir de la huelga se construyera el autogobierno en la UNAM, por lo que la discusión no podía ser como conseguir una pronta respuesta de las autoridades a nuestras demandas, sino como preparar el Congreso Constituyente durante la huelga —que, según ellos (y el SI de la LIT), conservaba todavía todo su poder— que sería el espacio para discutir el nuevo proyecto de universidad que se echaría a andar terminando el paro. Su alucinante propuesta era que asambleas como la de Contaduría, integradas por un promedio de 20 estudiantes (la matrícula de la facultad es de más 17 mil 500) tomaran en sus manos la conducción de la universidad, pues “esa sí era la democracia de los trabajadores”.

*

Contra lo que opina el SI, en el sentido de que se desarrolló la ultraizquierda porque el movimiento estudiantil adquirió grandes dimensiones (pág. 4), fue exactamente al revés.

Fue principalmente el agotamiento de la huelga el que abrió la puerta a corrientes burocráticas, ultraizquierdistas, de corte estalinista para que tomaran en sus manos la dirección del CGH. Los del POS perdimos la codirección de la huelga porque nos quedamos sin la base social que hizo posible su inicio estruendoso.

Nuestro inicial papel de codirección se debió principalmente a una política acertada que empalmó con el amplio rechazo estudiantil a la iniciativa de Barnés y nuestra consecuencia en el impulso de la más amplia y fuerte movilización para detener el ataque. Pero eso no borró nuestra tremenda debilidad cuantitativa dentro del movimiento. Apenas teníamos presencia importante en tres escuelas de 40 que participaban en el CGH.

 

Nuestra política de imponer el congreso a las autoridades mediante la movilización masiva

Roto el diálogo entre el rector y el CGH, se abrió un impase que no terminó hasta que un grupo de profesores eméritos de la universidad presentó al CGH una propuesta que, según ellos, podría convertirse en la base de la solución a la huelga.

Esta propuesta fue recibida con simpatías por amplios sectores universitarios. Sin embargo, el único cambio sustancial respecto de la propuesta aprobada el 7 de junio era que se proponía la suspensión total del Reglamento General de Pagos. El peligro de esta nueva propuesta era que ganara un apoyo mayoritario debido a esta nueva concesión en el punto fundamental que detonó el movimiento, al prestigio del grupo del cual provenía y al dramático alargamiento de la huelga. Algunos sectores académicos ligados al PRD hicieron pública su intención de realizar un referéndum en el que se preguntaría si la propuesta de los eméritos era la solución para la huelga. En nuestra tercera declaración sobre la huelga de la UNAM alertamos sobre el riesgo de que el CGH adoptara nuevamente una posición ultraizquierdista, incongruente con la complicada situación objetiva que vivía la huelga.

El CGH no está en condiciones de rechazar totalmente la propuesta de los eméritos. En la Federación de Colegios de Académicos está por convocarse a una consulta en la que se pondría a consideración de toda la comunidad universitaria, es decir huelguistas y no huelguistas, las propuestas de rectoría, los eméritos y el CGH. El riesgo de que la propuesta de los eméritos fuera apoyada mayoritariamente es muy grande. Nos quedaríamos entonces con el RGP suspendido pero sin el espacio de discusión resolutivo en el que podamos ganar su desaparición y la discusión y anulación de las reformas del ’97, los vínculos con el Ceneval y, en general, la transformación de la Universidad.

Por eso, debemos plantear una nueva opción superior a la de los eméritos que nos permita levantar la huelga exitosamente con el apoyo de la base estudiantil, los académicos y los trabajadores administrativos. Juventud Socialista #13 – 3 de agosto de 1999.

 

El POS contra el PRD y el gobierno, por recuperar a las masas para la huelga y por democratizar al CGH

La principal propuesta de la Juventud Socialista del POS fue la siguiente:

1. El espacio de discusión sobre la transformación de la universidad, debe ser un Congreso Universitario

Las autoridades se han negado reiteradamente a aceptar la realización de un congreso que tenga carácter resolutivo. (…). El otro problema que ya señalamos es la ausencia de la mayoría de los universitarios en esta discusión. Por esta razón pensamos que una alternativa puede ser arrancar a las autoridades, la realización de un referéndum general universitario, a más tardar un mes después de terminar la huelga, en el que se decida sobre el carácter del Congreso (si es resolutivo o no), sobre su composición (representación de los sectores) y sobre su agenda. (Idem)

 

El “referéndum sobre el congreso” fue una de nuestras principales políticas. El referéndum podría volverse un precedente muy peligroso para el gobierno y el régimen, pues se establecería que por ese medio democrático podían resolverse los más importantes asuntos en la universidad y, por qué no, los del país. Por otra parte, confiaríamos en las masas, apelando a un instrumento democrático para que se expresaran contra la intención del gobierno y las autoridades de hacer del Congreso una simulación. En contra de la ultra, teníamos una política para incluir a la masa estudiantil y también a los académicos y trabajadores en las decisiones principales de la universidad. Se trataba de aislar a las autoridades dejándolas en una posición de debilidad.

La propuesta de los eméritos abrió una nueva posibilidad de restablecer la negociación para la solución del conflicto. El Consejo Universitario la hizo suya y acordó presentarla al CGH como su propuesta para negociar.

Pero el CGH mantuvo su política ultraizquierdista. Rechazó la totalidad de la propuesta de los eméritos y le contrapuso el cumplimiento de los seis puntos del pliego petitorio como su propuesta de solución a la huelga.

Así fue como insistimos en que:

El Consejo General de Huelga (CGH) puede obtener un triunfo parcial si actúa con imaginación e iniciativa y adopta una estrategia de negociación que haga posible un nuevo congreso universitario que tome resoluciones que conserven el carácter masivo y de formación de profesionistas al servicio del pueblo. Para lograrlo es necesario también que el CGH se dote de una política que permita la participación de decenas de miles de compañeros estudiantes y de universitarios que hoy no están en el movimiento. Un referéndum que resuelva que un Congreso Democrático y Resolutivo sería el eje de la solución del largo conflicto que ha vivido nuestra universidad se convertiría en un fuerte golpe para las autoridades y las podría obligar a dar una respuesta definitiva para el triunfo de la huelga. (…)

El gobierno y las autoridades saben perfectamente que un Congreso Democrático y Resolutivo en la UNAM puede ser mortal para su política y un ejemplo peligrosísimo que pueden asumir otros sectores de la población. Por eso podemos advertir que en una negociación entre el CU y el CGH el tema que más puede trabar el acuerdo es precisamente ése. En efecto, las autoridades harán todo lo posible para no “dar” el Congreso (…).

Si la mayoría estamos de acuerdo en que un congreso puede ser el eje de la solución del conflicto, debemos hacer lo necesario para fortalecer esta demanda en la mesa de negociación con las autoridades. En ese sentido es que hemos retomado la propuesta de que se lleve a cabo un referéndum para enfrentar la actual política de las autoridades y reforzar la posición del movimiento estudiantil.

Con esta consulta el CGH puede recuperar buena parte de la representatividad perdida y demostrar el apoyo que aún conserva de miles de estudiantes. La tarea será hacer regresar a muchos de los compañeros que se han alejado, otorgándoles una propuesta de acción que verdaderamente los involucrará en la definición de la huelga. Tendríamos que lograr lo que logró la consulta metropolitana: que miles participen propagandizando la consulta, organizando y poniendo mesas de votación, recabando la información del escrutinio, etc. Juventud Socialista #17 – 25 de septiembre de 1999.

Al respecto de nuestra posición sobre el Congreso, el SI nos hace las siguientes acusaciones:

a)    “El POS plantea las mismas posiciones, en esencia, que las corrientes perredistas, sólo que ustedes, para amarrar el Congreso, incluyen su carácter resolutivo…” (pág. 9)

Lo que dice la dirección de la LIT es un disparate. Exigir la resolutividad del Congreso no era una diferencia menor con el PRD. Entre un congreso resolutivo y uno que no lo es existen diferencias de esencia, que sólo los sectarios son incapaces de percibir. El congreso del PRD y las autoridades era para charlatanear. El que propuso el POS era para llevar a cabo democráticamente transformaciones estructurales en la UNAM.

b)    Al SI, que en todo su documento dice que la política del POS es reformista y oportunista, de pronto le parece que nuestra consigna de Congreso Democrático y Resolutivo es muy revolucionaria: “una consigna así exigiría, cuando menos, una situación revolucionaria…”

Entonces, entendemos que para el SI fue un error del POS exigir tal demanda, porque en México no hay una situación revolucionaria o súper revolucionaria. Con esta lógica, los partidos de la LIT tendrían que suprimir de sus programas las consignas transicionales y socialistas, hasta que en sus países se presenten “cuando menos, situaciones revolucionarias”. En otras palabras, si el SI llevara hasta las últimas consecuencias su razonamiento, estaría por políticas y programas reformistas.

c)    Dice el SI que de conseguirse tal Congreso Democrático y Resolutivo, una dirección revolucionaria estaría obligada a alertar a todo el movimiento que sólo se puede materializar tal congreso sobre la base de extender y mantener más sólida que nunca la lucha. En cambio, ustedes [el POS], le dicen al movimiento que todo eso se puede conseguir, negociando (pág. 9).

Como puede fácilmente colegirse ésta es una más de las groseras falsificaciones que hizo el SI de las posiciones del POS. Si se lee lo que hemos extractado del periódico de la JS #17, del 25 de septiembre, nuestra política para ganar el Congreso Democrático y Resolutivo fue que, a través de un referéndum, de una consulta a las bases, “buscando que miles participen organizando la consulta…”, se impusiera esa demanda.

d)    Por último, el SI dice que debimos haber planteado que el Congreso se llevase a cabo durante la huelga, para garantizar su carácter resolutivo.

Esta política del SI demuestra su absoluta ignorancia, incomprensión y desubicación ante la huelga de la UNAM. A estas alturas, septiembre de 1999, la separación entre la vanguardia y la masa estudiantil era abismal, era prácticamente un divorcio. En la huelga había cuando mucho entre 1000 a 1500 estudiantes. Si se citaba un congreso, era seguro que no asistirían las masas, precisamente por esa contradicción-antagonismo entre los estudiantes y el activismo del CGH.

De esta última y terrible realidad vino la política del POS de “referéndum para ganar el Congreso”, que trataba de volver a movilizar a los estudiantes que habían abandonado la huelga, y que intentaba que el CGH mejorara su imagen ante ellos, al tomarlos en cuenta.

Había terror en la ultra a enfrentarse a los estudiantes. Temían que una consulta fuera utilizada por los estudiantes para manifestar su intención de que la huelga se levantara inmediatamente sin obtener “todo”, los 6 puntos íntegros. Era la misma razón por la que se oponían a abrir las asambleas a las bases. “No han estado en la discusión”, “no tienen elementos para opinar”, decían los ultras. Según el SI, “la ultra tuvo una política de extender la huelga y de impulsarla” (pág. 4). Todo lo contrario. La ultra no sólo ya no la extendía a otras universidades y sectores populares sino que conscientemente impedía que la base se sumara a apoyarla. Sugiere el SI que el POS coadyuvó al debilitamiento y aislamiento del movimiento. La realidad fue que el POS se quebró la cabeza por ver cómo se incorporaba la masa estudiantil. La consigna de “referéndum para ganar el Congreso” fue una de las que perseguían eso.

Al respecto de esta política, fue tomada por un grupo de académicos, que llevó a cabo una consulta el 21 de octubre. En ella quedaba perfectamente claro que los universitarios podían optar por un Congreso Resolutivo. Ante esta iniciativa, en los hechos se unieron contra ella las autoridades universitarias, el PRD y … la dirección ultra del CGH, que le hicieron el vacío o se opusieron a ella. Esta consulta, apoyada por el POS, fue llevada a cabo con recursos precarísimos y alcanzó una débil difusión. A pesar de ello, votaron 27 mil universitarios, lo que probó que la gran masa universitaria quería participar de alguna manera en la solución del conflicto y se inclinaba por una salida como el Congreso Democrático y Resolutivo.

La ultra no aprendió nada de esta experiencia, que mostró que la masa universitaria quería influir en la solución de la huelga y apoyando un congreso resolutivo. Si aprendió el rector De la Fuente, que aprovecharía que este anhelo de participación de las amplias masas se volcara hacia su plebiscito, en el que votaron contra la huelga.

 

Nuestros presos no tomaban café cuando fueron detenidos

Dice el SI que el POS se colocó del lado de los que más militaron contra la huelga y desliza la insinuación barata de que el POS no estuvo en la “primera línea de la lucha…” (pág. 15). A esta calumniosa afirmación bastaría responder con un hecho. Nuestras compañeras Gaby y Leda (así como la mayoría de nuestros simpatizantes encarcelados), fueron detenidas el 1º de febrero del 2000, a nueve meses y medio de iniciada la huelga y casi un año de que se anunció el aumento de las cuotas, cuando participaban en una peligrosísima acción encaminada a recuperar para el CGH las instalaciones de la Preparatoria 3 que habían sido tomadas violentamente por personal de las autoridades. La insinuación del SI es injusta y ofensiva contra nuestros militantes, y sobre todo tratándose de mujeres que padecieron la cárcel por su valiente y abnegada participación en el movimiento. Hasta el último momento, el POS militó a favor de la huelga, la defendió, incluso físicamente, lo mismo que al CGH, con cuya dirección mayoritaria manteníamos profundas diferencias.

Las brigadas organizadas por el POS hacia los sindicatos repartían propaganda del CGH, recolectaban fondos para el sostenimiento de la huelga, todavía tres días antes de que fuera rota por la policía.

Es erróneo e injusto igualar nuestra política de repliegue y por conquistar un triunfo parcial con la política del PRD en contra de la huelga, plasmada en sus negociaciones secretas de las cuales resultó la propuesta aprobada por el Consejo Universitario el 7 de junio, la propuesta de los eméritos y el plebiscito del 20 de enero, punto culminante de la política que derrotaría la huelga. Por eso en cada una de estas oportunidades la política del partido fue la de denunciar la “militancia” de los perredistas contra la huelga.

Lo cierto es que a las correspondientes denuncias contra el perredismo siempre sumamos nuestra propuesta política coherente con la correlación de fuerzas desfavorable. A las maniobras del PRD y el gobierno había que responder con una táctica inteligente y audaz que colocara al CGH a la ofensiva y le diera mayores posibilidades de triunfo. Nunca caímos en el absurdo de desconocer las dificultades del movimiento y el impacto que sobre amplias capas de los universitarios tenían las maniobras de rectoría y que dejaban cada vez más aislado al movimiento estudiantil.

Fue la del POS una actitud ejemplar de defensa de la huelga y de leal discusión pública sobre nuestras diferencias con la dirección mayoritaria de las asambleas y el CGH. Desde el momento en que planteamos nuestro cambio de orientación dejamos claro nuestro compromiso con la huelga.

Por ahora no hay tarea más importante que reforzar la huelga, ampliar la campaña de información a la población, pero especialmente a los sectores de trabajadores que decididamente han apoyado la lucha desde el inicio. La participación de los contingentes solidarios en nuestras próximas movilizaciones, que serán determinantes, sólo será resultado de ir a las puertas de sus lugares de trabajo llevándoles la información sobre la huelga y el llamado a sumarse a nuestras acciones. (El Socialista 250/Juventud Socialista #11 – 1ª quincena de julio de 1999).

 

Una importante victoria parcial fue posible

Una semana después de haber sido rota la huelga, escribimos lo siguiente en El Socialista 256:

La huelga pudo terminar de manera completamente distinta. Una victoria resonante estuvo a la mano cuando el rector De la Fuente y el Consejo Universitario (CU) resolvieron una serie de importantes concesiones parciales al CGH. El CGH debió resolver que la propuesta de las autoridades era una base para la solución del conflicto y que levantaría inmediatamente la huelga si se le concedían algunos aspectos secundarios (pero importantes) más, sin que exigiera la solución plena de los seis puntos de su pliego. Esta fue la propuesta del POS, la LUS y el PRT. Pero los ultras desestimaron las concesiones que se vieron obligadas a hacer las autoridades y sobre todo despreciaron el hecho evidente de que una enorme porción de los universitarios y de la población ya estaban cansados de la huelga y querían que ésta se solucionara tomando como base la propuesta del rector y del CU. Los ultras dijeron que querían todo. Este no es el criterio de los obreros cuando hacen una huelga. Saben que una cosa es su pliego petitorio y otra lo que se puede obtener, dependiendo de la relación de fuerzas, y que la mayoría de las veces hay que regresar a trabajar consiguiendo sólo una parte de lo exigido. Pero los ultras no tienen nada que ver con la clase trabajadora. Y hoy lo que tenemos son mil estudiantes tras las rejas.

 

***

El problema de los movimientos populares mexicanos son sus dirigentes. Durante un largo lapso histórico la población estuvo controlada y manipulada por los líderes priístas. Cansados de líderes charros, porros y caciques, sectores de la población lucharon por sus demandas. Nuevos dirigentes sindicales, populares y estudiantiles surgieron en estos años, la mayoría de ellos del PRD.

En la UNAM el PRD perdió la dirección del movimiento del movimiento estudiantil. Su traición al movimiento iniciado en 1987, la conversión de sus líderes juveniles en privilegiados funcionarios del gobierno del DF, la adopción por Cuauhtémoc Cárdenas de políticas neoliberales, etcétera, llevaron a que los estudiantes buscaran a otra dirección. Pero para su desgracia la dirección sustituta –la “ultra”- es tan funesta como la oportunista.

La ultra se pudo encaramar en el CGH –entre otras razones- porque la masa estudiantil carece del influjo de las ideas socialistas, es decir, no tiene la conciencia política que la clase trabajadora debe adquirir para luchar por su liberación. El PRD mal educa a los jóvenes y a los trabajadores en la idea de que debe apoyarse a un político venido del PRI, autoritario y miembro conspicuo de la élite adinerada, que oficia como líder vitalicio de ese partido. Los estudiantes reaccionaron contra esa podredumbre política y moral. Pero luego cayeron presas de lo que Lenin llamó infantilismo político, la “ultra”.

 

***

Los socialistas del POS, de la LUS y del PRT luchamos durante la larga huelga contra las posiciones ultras y oportunistas. A pesar de nuestros esfuerzos, fracasamos en nuestros intentos por dotar al CGH de una política correcta.

El duro golpe recibido por miles de estudiantes, sus compañeros y sus familias generará una intensa discusión y reflexión. Los estudiantes han hecho ya una dolorosa experiencia al ser dirigidos por el PRD y los ultras. Cuando curen sus heridas y se decidan a volver a luchar (más rápido de lo que muchos suponen), buscarán nuevos dirigentes. Los militantes socialistas estaremos nuevamente en la línea de fuego.

 

Sí; una importante victoria parcial fue posible, pero con la política del POS, no con la de la ultra y del SI. Para el SI la política del POS debió haber sido siempre, incluso en enero de este año, “continuar la huelga”, porque esta conservaba una “correlación de fuerzas” tan favorable como nueve meses atrás. Esa política del SI –impuesta por sus admirados ultras- fue letal para el movimiento.

 

 

5. El SI claudica a la ultraizquierda del CGH

El SI oculta la dura derrota de la huelga, para disculpar a la ultra

“Sólo la verdad es revolucionaria”, dice uno de los principios epistemológicos que fundamentan la filosofía y ciencia marxistas, así como la política revolucionaria. El mirar la realidad cara a cara, tal como es, sin embellecerla, es uno de nuestras normas a la hora de elaborar análisis y políticas. A veces la realidad es terrible para la lucha del proletariado, porque en ocasiones sus sacrificios y luchas no obtienen nada o pierden lo conseguido. También en estas circunstancias un partido revolucionario debe hablar con la verdad a los trabajadores, aunque ello implique, como decía Hegel, el maestro de la dialéctica, “el desnudo sufrimiento de la razón.” Sólo enfrentándose a la “realidad real”, por dura que sea, podrán el proletariado, las masas y sus vanguardias, extraer las lecciones de sus errores, aciertos y experiencias para así aprender y poder acometer las luchas del futuro con mayores posibilidades de éxito.

No comparte este principio científico y político el SI a la hora de evaluar lo ocurrido con la huelga de la UNAM. Nosotros, el POS, en nuestra “Primera elaboración…” sobre la situación abierta luego del asalto policial en la UNAM y los mil estudiantes apresados, dijimos, sin rodeos, que ello representaba una derrota del movimiento de huelga (En Informe no. 6, conocido por toda la Internacional). El SI, empero, tiene otro balance sobre esos hechos enormes y tremendos, que estuvieron precedidos por una derrota política de la huelga, ocurrida cuando el 20 de enero más de 180 mil universitarios  votaron a favor del levantamiento del paro. También forma parte de esta derrota política el que a fines de ese mes de enero el 61 por ciento de los ciudadanos estaba a favor de la terminación de la huelga y también de la intervención policial para ponerle fin. Al respecto pudo leerse en el periódico Reforma, del 6 de febrero de 2000. “La encuesta revela también cierta resignación al hecho de que, como van las cosas, podría haber personas lesionadas como resultado del uso de la fuerza en el conflicto universitario (…) Ninguna de las poblaciones entrevistadas considera que si hubiese muertes haya que responsabilizar por ello a un gobierno represivo; sería el costo, opinan los encuestados, de volver al orden y, en todo caso, los paristas son vistos como los responsables principales en caso de tal situación…” [ii]

El SI se anda por las ramas y hace gala de una gran habilidad para inventar eufemismos que edulcoran el triste desenlace que tuvo la huelga. Nunca dice que fue derrotada, sino se refiere al “final de la ocupación” de las instalaciones. O dice que “se acaba la ocupación y la huelga comienza a ser desmantelada.” O la siguiente afirmación increíble, el 5 de marzo, luego de casi de un mes de intervención policial: “es obvio que la huelga declinó, que se bate hoy a la defensiva y en muchos lugares progresivamente se fue poniendo fin a la misma.” (págs. 9 y 10). O sea que, para nuestra dirección internacional, ¡la huelga continúa en buena parte de la universidad, y simplemente ha declinado y está a la defensiva! En la UNAM no existe huelga desde el 6 de febrero y eso en México cualquier persona lo sabe, aun los ultras más insensatos. “¿Qué cambió el 6 de febrero?, le preguntó un reportero una semana después de esta fecha a Alfredo Velarde, asesor del CGH y connotado ultra. Y contestó así: “La huelga fue rota por una fuerza pública paramilitar…” “-¿Qué sigue para el CGH?”, se le inquirió, a lo que dijo: “La continuación de la huelga en el exilio es una propuesta seductora pero impráctica. (…) Veo reducido el margen político para retomar las instalaciones y continuar la huelga…”  [iii]. La presencia de miembros del SI y de la dirección del PSTU en México en estos días será una preciosa oportunidad para que constaten por sí mismos, in situ, que la huelga terminó desde el 6 de febrero. También para que constaten que al sureste de la ciudad de México se alza el volcán Popocatépetl.

Aprovechemos aquí para protestar por otra insinuación calumniosa que nos ha lanzado el SI, cuando afirma que luego del 6 de febrero el POS estuvo a “a la vanguardia de la vuelta a clase” (pág. 10). Dado que para el SI en ese momento (y creemos que ahora) la huelga seguía, entonces sugiere que fuimos rompehuelgas. Ya aclaramos que la huelga había sido derrotada y por partida doble, a través de la represión estatal y de la votación de más de cien mil estudiantes que se pronunciaron el 20 de enero porque terminara. No se puede romper una huelga cuando no hay una huelga. Además, la política del POS no fue la de ponerse a la “vanguardia de la vuelta a clase”. No existe una sola línea en algún documento del POS de donde pueda extraer tal conclusión. Cualquiera puede verificar que la política del POS fue otra y muy distinta: la de promover asambleas en donde los estudiantes resolvieran qué medidas tomar para liberar a sus compañeros presos y para continuar la lucha. Si los escolapios querían hacer nuevamente huelga lo respetaríamos. Es cierto que no propusimos de entrada reinstalar la huelga porque, como al igual que el asesor de la ultra que hemos citado arriba, veíamos “reducido el margen político para retomar las instalaciones y continuar la huelga.” Y así fue.

¿A qué se debe la posición del SI, consistente en negar la evidente realidad de que no había huelga porque había sido derrotada?

La respuesta está en que, si el SI acepta que hubo una derrota (y no cualquier derrota, sino una dura derrota, la más terrible en muchos años en México), entonces tendría que decirnos quién fue el responsable de ese revés, cuál de las corrientes políticas existentes en el movimiento carga con esa culpa. Y no hay otra respuesta a esta cuestión que no sea que:

la principal responsable de este doloroso tropiezo de cientos de miles de jóvenes mexicanos es la ultraizquierda, porque ella dirigió, con una política desastrosa, el movimiento. También cabe una gran responsabilidad en la derrota al PRD, como escribimos oportunamente en El Socialista 256 (2a. quincena de febrero de 2000).

La dirección internacional se niega a llegar a la conclusión de que hubo una fuerte derrota cuya responsabilidad es de la ultraizquierda. Y oculta este gran hecho de la realidad, la desastrosa política de la ultra, porque la ha embellecido y desea ganarla. El SI ha sido muy claro al exponer este objetivo, cuando dice (luego de citar la afirmación del POS de que surgió una amplia vanguardia ultra), que “en México estamos ante un fenómeno, como ustedes mismos señalan, del surgimiento de una vanguardia estudiantil. Miles de activistas han hecho su primera experiencia política y ahí se abrió una batalla de primer orden –como está planteado en todo el proceso actual de reorganización- por ganar peso e influencia en ese sector que surgió al calor de una lucha.” (págs. 13-14)

El SI supone que el sector de activistas ultra es susceptible de ser ganado al programa y al partido revolucionario. En consecuencia, nos plantea dar una “batalla de primer orden” por “ganar peso e influencia en ese sector” de vanguardia y ultraizquierdista.

Nosotros estamos seguros de que esta estrategia del SI, consistente en ganar para la causa revolucionaria y para el partido trotskista a la vanguardia ultra es imposible, porque su naturaleza política es antitrotskista, antirrevolucionaria, aunque su discurso ideológico y algunas de sus acciones sean, por definición, extremadamente radicales.

Adelantamos que esta nueva orientación de la dirección internacional, consistente en ganar a este sector de vanguardia, sólo prepara nuevos fracasos y un agudizamiento de la crisis crónica en que se debate nuestra Internacional, porque será nuestra organización la que deberá hacer concesiones a esa vanguardia, sería la LIT la que deberá abdicar de su programa, método y principios trotskistas revolucionarios; de otra manera, sería imposible ganar a la ultra a nuestras filas.

 

El SI revisa la caracterización trotskista de que la ultra es tan funesta como el oportunismo

“El ultraizquierdismo no es un fenómeno nuevo en el movimiento revolucionario mundial” – recuerda Nahuel Moreno, en un debate con Ernest Mandel, y agrega: “Junto al oportunismo, ha sido un peligro permanente para la construcción del partido revolucionario, y el eje de algunas de las más violentas batallas políticas de Lenin y Trotsky.”  [iv]

Para guardar las formas, es decir, para aparentar que guía su análisis y política siendo fiel a la caracterización trotskista de que la ultraizquierda es negativa en los movimientos de los trabajadores y para la construcción del partido revolucionario, el SI dice que la ultra es “nefasta”. Pero esta no es su verdadera caracterización sobre la ultraizquierda que dirigió la huelga en la UNAM. Nuestra dirección internacional considera que la ultra en realidad no es tal y que es una corriente progresiva de luchadores contra el régimen y el gobierno mexicanos y que, además, practica la democracia obrera. El SI:

  • Considera que la ultra tuvo una “estrategia” correcta de “expansión del movimiento”. (pág. 5)
  • Asegura que los ultras “querían conducir, a su manera, la lucha contra el gobierno y el régimen.” (pág. 8)
  • Evalúa que tienen debilidades pero que son más sus puntos progresivos: “la burguesía, la burocracia y el aparato perredista no los ataca (a lo ultras) por lo que de debilidad tienen, sino por su punto más progresivo -dice el SI-. Los atacan porque ponen en el centro de su actividad la acción directa de las masas, la huelga, el comité de huelga, las asambleas, las barricadas, los piquetes y cortes de tráfico, la extensión de la huelga al movimiento obrero y popular”. (pág. 11)
  • Se rehúsa a calificarlos de una corriente con métodos burocráticos, como hace el POS. “No se termina entonces de entender cuáles son las posturas burocráticas de la ultra” (pág. 12).
  • Juzga que los ultras dirigieron muy bien la huelga y que “tenían razón contra el POS” (pág. 15)

Congruente el SI con su caracterización de que la ultra mexicana es progresiva, nunca le presenta ningún debate ni la más mínima crítica; o, como exigía Moreno, jamás le presenta el SI a la ultra una “violenta batalla política” (como sí hizo el POS).

Ya en páginas anteriores hemos descrito y cuestionado a la dirección ultra. Hagamos ahora un análisis de qué fenómeno particular representa.

 

La ultra mexicana, tan funesta como el oportunismo y tan antidemocrática como el charrismo

El principal grupo ultra que terminó imponiendo su hegemonía en el CGH fue la Corriente en Lucha, asentada fundamentalmente en la Facultad de Ciencias. Es una corriente muy antigua, con décadas de experiencia política, de origen maoísta y estalinista –es decir, antitrotskista- formada principalmente por académicos. No tiene ningún tipo de trabajo entre obreros y trabajadores. Su principal dirigente público –y también el que más descolló en los últimos meses como líder indiscutido del movimiento- es el profesor (y “estudiante”) Mario Benítez. El muchacho tiene 38 años.

El CEM (Consejo Estudiantil Metropolitano) es una corriente que en los últimos seis o siete meses de huelga tuvo un comportamiento consecuentemente ultraizquierdista, al grado que su líder, Higinio Muñoz, fue el principal interlocutor del CGH en el “diálogo” del 4 de febrero de este año con la Rectoría. El CEM es una corriente estudiantil ligada desde hace años al PRD.

La “Unión de la Juventud Revolucionaria de México” (cuyo principal dirigente es el ultra Alberto Pulido, El Diablo, uno de los últimos presos), es la rama juvenil del “Partido Comunista Marxista Leninista”, seguidor del stalinista albanés Enver Hoxa (qepd). Es decir, es una organización antitrotskista.

Uno de los dirigentes ultras que más destacaron es Rodolfo Hernández, dirigente en la Escuela de Trabajo Social. Aceptó, en una entrevista a la revista Proceso, que es del PRD y cobra un salario en este partido.

El principal ideólogo de la ultra lo fue sin duda el escritor e investigador Luis Javier Garrido. El libro más conocido de este caballero es “El Partido de la Revolución Institucionalizada”, en el que hace una apasionada defensa del general Lázaro Cárdenas, el consolidador del bonapartismo mexicano y del mismo PRI. Las posiciones ultras de este personaje no le impidieron declarar, durante la huelga, en una entrevista a La Jornada, que considera que Cuauhtémoc Cárdenas, candidato del PRD, es el “mejor político” de México. Garrido escribe desde hace años en La Jornada, diario del PRD.

Otro de los ideólogos y apoyadores políticos incondicionales que tuvo la ultra universitaria fue nada menos que… el subcomandante Marcos. Numerosos ultras hicieron emocionantes zapatours a la Selva Lacandona, para escuchar la prédica ultra del jefe ciber-guerrillero. Desde luego, Marcos, en su versión ultra, jamás se sintió obligado a rectificar su apoyo político a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994, ni su propuesta, en 1995, de que el líder moral del PRD encabezara un “Movimiento de Liberación Nacional”.

También estuvieron presentes los seguidores mexicanos del PTS, de Argentina, hoy en amables relaciones con el SI de la LIT. Como se recordará, lo que hoy es el PTS se escindió del MAS y de la LIT, en el lejano 1987. Poco después, anunció que rompía con el morenismo, por considerar que nuestra teoría y programa eran oportunistas y que Moreno era un burócrata. Desde entonces, en su prensa no faltan los artículos en que atacan calumniosamente a nuestra Internacional y al POS-M. La dirección de la LIT-CI resolvió hace pocos años que no podía tener relaciones normales ni formales con el PTS, por considerarlo desleal y carroñero. En México, esta corriente, a la que no se le conoce un solo obrero en sus filas, se adaptó con tal frenesí a la ultra, que son la “megaultra”. Otro grupo en extremo izquierdista los expulsó de la ENEP Acatlán, entre otras razones porque robaron mobiliario universitario. La LTS hizo un gran aporte al pliego petitorio del CGH: propuso que éste debería de tener no 6 sino 36 puntos, entre ellos la salida del Ejército de Chiapas. Propuso también que de no ser satisfechos íntegramente estos treinta y seis puntos, entonces el CGH no debería levantar su huelga.

Uníos, la sección mexicana de la UIT (quienes rompieron con la LIT en 1992) se incorporó con sus menguadas armas y bagajes a la moda ultra. También Uníos apoyó a Cárdenas en 1994.

Esta amalgama de maoístas, stalinistas, perredistas, neozapatistas y ex trotskistas es la “ultraizquierda” mexicana. En las publicaciones del POS hemos caracterizado que, como ultras, están más cercanos a Stalin que al Che Guevara. En otras palabras, son más parecidos al stalinismo del “tercer periodo” que a otros fenómenos ultraizquierdistas que tuvieron rasgos progresivos. El stalinismo de los años 30, en su faceta ultraizquierdista, no sólo no tuvo nada de positivo sino que ocasionó la derrota más brutal y sangrienta del proletariado durante el siglo XX: la subida de Hitler al poder en Alemania. No debe olvidarse que el trotskismo y la Cuarta Internacional aparecieron como corriente internacional con un perfil propio al combatir con enjundia al ultraizquierdismo stalinista.

 

Los métodos stalinistas de la vanguardia ultraizquierdista

En su afán de embellecer a la ultra en la conducción de la huelga, el SI minimiza uno de los aspectos más importantes de cualquier dirección: con qué método condujo el movimiento. El SI le dice al POS que no termina de entender cuáles fueron las “posturas burocráticas” de los ultras y en otra parte asegura que los métodos y procedimientos empleados por la dirección de la huelga no disminuyen los méritos de “los que sí querían conducir, a su manera, esa lucha contra el gobierno y el régimen”.  Sostenemos que los ultras no sólo tuvieron “posturas burocráticas” sino que el método privilegiado por ellos fue totalmente antidemocrático, típico en México de los líderes sindicales “charros”: el de la agresión física, la denostación, la expulsión… Y que fue este método, también, uno de los factores determinantes para que el CGH se aislara de las bases universitarias.

La agresión física fue uno de los “argumentos” predilectos y socorridos para ahuyentar a los disidentes de las asambleas. En Economía, varias veces nuestros compañeros estuvieron a punto de liarse a golpes con los ultras, por sus provocaciones. En Aragón, los argumentos fueron sustituidos en la discusión por cadenas y tubos como amenaza contra nuestros aliados. En Acatlán, una compañera nuestra fue amenazada de ser golpeada por un jugador de futbol americano, hermano de la dirigente estudiantil de la LTS, “La Medusa”. A varias decenas de estudiantes se les expulsó formalmente, con el argumento de que habían claudicado al proponer la negociación. Así lograban estos luchadores la mayoría de votos en sus escuelas.

Hechos violentos como los descritos – que no tienen nada que ver con el principio de la democracia obrera- quedaron grabados en videos. Uno de ellos, impresionante por las escenas de violencia entre miembros del CGH, elaborado por el llamado “Canal 6 de Julio”, es igualmente crítico del PRD y la ultra. El CE del POS se lo obsequiará al SI.

Las asambleas se realizaban en la madrugada, para que sólo los habitantes de la huelga pudieran tener derecho a decidir. También se añadían algunos requisitos para tener derecho a votar (entrega de una cantidad mínima de dinero a la semana, labores diarias de limpieza en la escuela, participación en un número mínimo de actividades de difusión y un mínimo de guardias nocturnas), con los que el número de estudiantes con derecho a decidir se redujo a menos de 20 en promedio en esos centros. Las escuelas en huelga dejaron de ser espacios de discusión, organización y múltiples actividades para el apoyo a la huelga y se convirtieron en refugio de lúmpenes y pequeñoburgueses que utilizaban la huelga para su esparcimiento y el saqueo impune.

El CGH se burocratizó. En muchos casos los representantes de las asambleas locales emitían su voto en las plenarias en un sentido opuesto al que habían decidido sus escuelas. Se convirtió en una práctica común de los ultras crear asambleas paralelas cuando no tenían la mayoría en las escuelas. En la plenaria del CGH dejaban sin votos a las escuelas “en conflicto” y con eso garantizaban también la mayoría. En una ocasión el CGH llegó a funcionar con el voto de sólo 29 escuelas (de un total de 40), pues el resto tenían sus votos anulados.

La conducción de las reuniones del CGH no tenía nada que envidiar a los métodos utilizados por los charros del SNTE en contra de los maestros democráticos. Se volvió costumbre que en cada reunión sucedieran varios conatos de riña y que, a golpes, mediante los insultos más soeces y otras agresiones se resolvieran las diferencias. Uno de los sucesos más bochornosos para el CGH, ampliamente difundido por los medios de comunicación, fue cuando un sector de la ultra, para evitar los reclamos a quienes conducían con innumerables maniobras las reuniones plenarias del Consejo, colocó una alambrada de púas para separar a los que presidían del resto de los delegados. Éste no fue un incidente aislado o excepcional. Durante meses la alambrada protegió a los conductores de las asambleas generales del CGH.

El colmo fue cuando, en una sesión iniciada el 30 de agosto y que se prolongó 30 horas, después de que la mayoría de las asambleas se pronunciaron por un replanteamiento del pliego petitorio para emprender una negociación con las autoridades, en la misma reunión, sin acuerdo de las asambleas escolares, los representantes ultraizquierdistas cambiaron totalmente el sentido de la votación dejando sin efecto las legítimas resoluciones tomadas un día antes.

La JS del POS alertó siempre sobre la descomposición de la organización que en otro momento fue representativa de la mayoría estudiantil y propuso una política para defenderla de los ultras y de los oportunistas, que coincidían en los métodos para destruir al CGH:

“El Consejo General de Huelga se acerca vertiginosamente a un punto de no regreso en su proceso de descomposición y de fractura. Alertamos a toda la base estudiantil, a esos miles y miles que votaron a favor de la huelga y, de alguna manera, depositaron su confianza en la organización estudiantil naciente para conseguir el triunfo de esta lucha, que su movimiento está en peligro, que los llamados —y autollamados— “ultras” y “moderados” están haciendo todo lo necesario para llevar al CGH a la ruptura, a la destrucción y con ello abrir la puerta a la derrota del movimiento que hemos construido todos. (…)

“Ultras” y “moderados” nos llevan al mismo callejón sin salida.

“Es así que el sector llamado “ultra” pretendió obstruir o prácticamente abortar el acuerdo asumido en la mayoría de las escuelas de replanteamiento y de demandar un proceso de negociación o diálogo resolutivo que llevara a la solución de la huelga.

“Los “moderados” tuvieron el pretexto que siempre han buscado para salir del CGH y tomar medidas unilaterales. Convocaron una conferencia de prensa para decir públicamente que no reconocerían los acuerdos tomados el día martes en la reunión del CGH. (…)

“Es necesario que la mayoría de los estudiantes tomemos en nuestras manos la defensa de la organización que tanto trabajo nos ha costado construir. Hay que preservar su carácter democrático, incluyente y realmente representativo si queremos conservar la herramienta que será indispensable para continuar la lucha en defensa del derecho a la educación para todos.

“Las autoridades saben que independientemente de cómo se levante la huelga, la persistencia de la organización estudiantil será un obstáculo para el avance de sus políticas en el futuro y por eso harán también lo posible para que esa organización se destruya. No lo permitamos. Esta tarea le corresponde a todos los estudiantes, sobre todo a los que están en las escuelas, en las brigadas, en las comisiones, en las guardias, en la base del movimiento.

“Debemos buscar que sean respetados los acuerdos de las asambleas y, con ello, el funcionamiento democrático y representativo del CGH; también debemos evitar que el CGH se convierta en un ring de bandas, los provocadores deben ser excluidos de las reuniones del CGH; igualmente debemos evitar las expulsiones por diferencias políticas e ideológicas, así como la exclusión de la base estudiantil de las asambleas con criterios arbitrarios como la medición del trabajo; la discusión en el CGH debe servir para fortalecer y enriquecer las decisiones que se tomen en el movimiento, no permitamos más descalificaciones, gritos, porras y otros recursos propios de la derecha. (Juventud Socialista #15 – 3 de septiembre de 1999).

 

La política del POS de devolución de las instalaciones de los centros de investigación

El SI se escandaliza cuando lee que el POS se manifestó por la devolución por el CGH, “sin condiciones”, de los centros de investigación (pág. 8). De ahí vienen algunos de sus más violentos ataques al POS. Lo que el SI no sabe (ni le interesó investigar), es que el CGH, al estallar la huelga, se comprometió a no cerrar los edificios administrativos (salvo la torre de la Rectoría), los institutos y centros de investigación sin la anuencia de las respectivas comunidades. Es decir, que si los académicos y estudiantes de esos institutos no votaban sumarse a la huelga, el CGH respetaría esa decisión.

Fue parte de ese mismo proceso de descomposición del CGH la decisión de cerrar los institutos de investigación tomada unilateralmente por algunos grupos ultras:

“La decisión de cerrar los institutos de investigación es criticable en primer lugar por ser antidemocrática. Se trata de una imposición a las comunidades estudiantiles que en esos lugares no han decidido estallar la huelga. Si de lo que se trata es de fortalecer el movimiento, el reto que se debió asumir en el CGH es el de convencer a esos estudiantes para que en sus asambleas votaran a favor de la huelga. Si se considera que los representantes al CGH de la Coordinadora de Posgrado no cumplen esta tarea, la debieron asumir los estudiantes de las facultades y escuelas del CGH.

“Pero esta decisión también es criticable por sus repercusiones políticas. En el contexto actual cerrar los institutos se convertirá en una acción que al contrario de fortalecer al movimiento lo debilitará, porque contribuirá al aislamiento e incluso el enfrentamiento del CGH con amplios sectores de investigadores.” Juventud Socialista #16 – 17 de septiembre de 1999.

La mayoría ultra en el pleno del CGH solapó la imposición de esos grupos y condicionó la devolución de los institutos. La JS del POS se pronunció claramente a favor de la devolución incondicional de esas instalaciones. La aventura de cerrar los institutos fue ampliamente repudiada por los mismos investigadores y sectores de la opinión pública progresista, y agudizó aun más el aislamiento del movimiento.

 

La renuncia del SI a luchar por construir una verdadera dirección revolucionaria

Tenemos entonces con el SI diferencias muy serias, que van más allá del balance de la huelga universitaria y del ámbito nacional, mexicano. Ellos nos plantean la necesidad de ganar al programa y partido revolucionarios a la ultraizquierda, a la que ven actuando y desarrollándose no sólo en México sino a escala internacional. Dicen que es un sector progresivo y que es parte del proceso de “reorganización política” a nivel mundial. Nosotros planteamos que ganar a ese sector es un error y una ilusión que nos ocasionará graves descalabros. Lo que planteamos es continuar lanzando una “violenta batalla política” contra la ultra porque, de enquistarse nuevamente en la dirección de futuros movimientos, los llevará a mayores derrotas a la que ocasionó en la UNAM.

“Uno de los puntos esenciales del programa trotskista” – volvemos a citar a Nahuel Moreno-, “parte de la definición de que la humanidad está en crisis por la crisis de dirección en el movimiento de masas. O, dicho de otro modo, que el principal obstáculo para el avance de la humanidad  hacia el socialismo es que las masas están dirigidas por conducciones que están en contra de la revolución…” “Y que nuestra principal tarea es construir una nueva dirección internacional para superar este impasse histórico.”  [v]

Para nosotros la ultra mexicana forma parte de esas conducciones “que están en contra de la revolución”. En consecuencia, nos proponemos seguir batallando dentro del movimiento de las masas contra la ultra y el oportunismo, en la estrategia de construir una nueva dirección revolucionaria.

El SI le plantea a su sección mexicana (y todo indica que también a otras secciones de la LIT en otros países) adaptarnos a este “sector de vanguardia”, que en México son los ultras, y subordinarnos a su programa, conceptos y métodos. El SI nos exige que extraigamos autocríticamente “las lecciones que de esta huelga se saquen” “para preservar “el futuro revolucionario del POS” (pág. 1). La lección principal que dice el SI debemos de extraer es que los “ultras” “tenían razón” contra el POS. (pág. 15)

El SI en su viaje a México tendrá el derecho de entrevistarse con los dirigentes de la huelga y de decirles que, frente a la política del POS, tuvieron razón. En ese caso se enfrentará a una situación embarazosa, por decirlo de algún modo. De unos días para acá, ante el enorme descrédito de los ultras ante la enorme masa estudiantil, universitaria, sindical y popular, algunos de sus principales líderes han comenzado a hacer autocríticas públicas, con el objetivo de reacomodarse. Algunas de estas autocríticas se acercan a lo planteado por el POS. Por ejemplo, Higinio Muñoz declaró a El Financiero el 1 de abril que:

“El CGH está a un paso de convertirse en un grupo de porros (golpeadores) que ocasiona su propia represión y rechaza a quienes están en contra de sus planteamientos.” “Muñoz planteó a sus compañeros un cambio de estrategia para no caer en la automarginación, un destino que parece fatal…” Reconoce que el CGH es “un movimiento desgastado, cansado y poco nutrido.” “-¿Y qué va a hacer entonces el CGH?”, se le preguntó, y dijo que “todo lo que hemos realizado después de la entrada de la policía a las instalaciones universitarias se volvió un actuar sin el sustento de las asambleas y con el repudio de la mayoría de los universitarios.” “Es muy difícil que los estudiantes vuelvan a tener confianza y vuelvan al CGH…”

Dos días después El Universal entrevistó a otros tres líderes ultras, El Gato (Mario Benítez), el Diablo y el Mosh. También fueron autocríticos. En el caso de Benítez, considera fue un error que en el CGH se considera como algo “prohibido hablar de negociación”.

Es dable imaginar el diálogo entre el SI y los ultras. El primero diría: “ustedes, compañeros, tuvieron razón”; mientras que ellos, si son congruentes con sus autocríticas, dirían: “no, no tuvimos razón, de la razón estuvo más cerca el POS.” Quizá algunos creerán, luego de leer esta polémica entre el SI el POS, que nos deleitaríamos presenciando una escena como ésta, propia de una comedia de equivocaciones. El SI puede quedarse tranquilo: no nos interesaría mirarla.

Lo que sí nos interesa es el desarrollo de una verdadera polémica en la LIT sobre este tema. Una larga huelga ha puesto al rojo vivo las contradicciones en nuestra Internacional. Sólo un método democrático, en el que se priorice la discusión, podrá ser el camino mediante el cual la LIT reafirme sus principios, su programa y política revolucionarios.

Fuentes:

1 “Los ultraizquierdistas en general y los incurables en particular. Algunas consideraciones críticas.

28.9.1937, en La Revolución Española. Cit. por Nahuel Moreno en El partido y la Revolución, Bs. As.,

ed. Antídoto, 1989, pág. 457)

2 “Cartas sobre táctica”, 8-13 de abril de 1917, en Obras escogidas de Lenin en 12 tomos, Moscú, t. VI,

ed. Progreso, pág. 236).

3 Op. Cit., pág. 296.

4 Op. Cit., pág. 349-350.

5 Citado en El Socialista, no 250, 1ª. quincena de julio de 1999.

6 Citado en El Socialista, no. 250, 1ª. quincena de julio de 1999.

7 Citado por Masiosare, publicación semanal de La Jornada, 13 de febrero de 2000, pág. 5.

8 En Masiosare, La Jornada,, 13.II.2000, pág. 7.

9 Op. Cit., pág. 40.

36

36

10 Op.Cit., pág. 15.


 

 

 

 

 

Deja tu comentario