Burocratismo en el PSTU

Nacional-trotskismo, burocratismo y menchevismo pueden destruir al PSTU (y a la LIT)
El documento “Los problemas de régimen y de concepción de partido” (en adelante lo llamaremos Documento) puesto a discusión en el precongreso del PSTU, evidencia que estamos ante una situación de extrema gravedad. No únicamente en el partido brasileño, sino en el conjunto de la Internacional. No está de más decir que el desarrollo y las conclusiones de este debate tendrán implicaciones cruciales para todos.
Para nosotros ha sido motivo de gran preocupación confirmar que los problemas que existían hace años se han perpetuado e intensificado, al grado de llevar a la redacción de un texto en el que se hace una dura sentencia sobre el PSTU y la mayoría de las secciones de la LIT, las cuales estarían en camino de convertirse en organizaciones no bolcheviques.
El Documento parte de reconocer: los organismos son despreciados por una parte de los militantes y tienen una existencia formal; otros no se reúnen y cuando lo hacen funcionan empírica y desordenadamente. Los criterios militantes están diluidos, en la práctica no se aplican; muchos militantes no cotizan, el periódico prácticamente no se vende y el trabajo con la revista teórica es casi inexistente. Se votan cosas que no se cumplen, las campañas centrales únicamente se realizan por algunos. Se aplican líneas diferentes en procesos políticos de primera importancia. Ha habido adaptación a la democracia burguesa y a los aparatos sindicales. Hay un alejamiento de la clase obrera y apequeñoburguesamiento de los cuadros y dirigentes. La dirección del partido solapa esta situación e incluso la promueve, porque, en síntesis, tiene un concepto menchevique de partido.
Sí, el diagnóstico es terrorífico, la lista de problemas es alarmante, pero más peligrosos son aquellos que se omiten, los que el Documento ni considera. Se anuncia entonces que, dado que el diagnóstico es equivocado por parcial, la medicina será ineficaz; quizá logre apaciguar algunas dolencias, pero los virus seguirán en el organismo extendiendo la infección y amenazando con hacerla irreversible.
Comencemos por el problema más importante.
El nacional trotskismo en la base de la degeneración del PSTU y la LIT
El documento no nos convoca en ninguna de sus páginas a participar de esta discusión. No existe una sola línea en que se apele a la Internacional para que sea parte de la solución de los problemas en el partido brasileño. Nunca concibe el Documento la posibilidad de que otras direcciones nacionales, cuadros o militantes de la LIT fuera de Brasil ayuden a resolver su desviación. En el Documento, las únicas referencias a la Internacional sirven para justificar la crisis, pues la del PSTU, se dice, es un subproducto de la que vive la LIT.
El concepto de fondo que hay en el Documento es que el partido brasileño, sin la ayuda de los demás en la LIT, puede enfrentar los retos de la lucha de clases en Brasil, que puede con sus propios recursos militantes solventar sus problemas y, en última instancia salir de su crisis. Es un concepto nacional trotskista que nada tiene que ver con el bolchevismo.
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No es casual que el Documento no contenga un solo capítulo, ¡qué va! ¡un subtítulo siquiera!, donde se hable del peligro de esta desviación. Por supuesto, el texto no se detiene a explicar el carácter internacionalista del partido y a explorar si la infección del régimen partidario ha llegado a ese plano. No obstante que en su introducción el Documento considera que el balance presentado a la LIT por el CEI, “da nueva luz” sobre los problemas, desestima completamente la alerta (que nosotros consideramos completamente insuficiente) que se dedica al riesgo nacional trotskista en el PSTU y en ningún momento se hace referencia a ella.
Nuestro diagnóstico es —a diferencia del documento de Balance del CEI, que lo considera un tema sobre el que sólo hay que “estar alerta”—, que el PSTU sufre una profunda desviación nacional trotskista. Además pensamos que a ella se debe, en gran medida, que los problemas añejos hayan crecido y adquirido una nueva y más temible dimensión. Si hace años el PSTU hubiese escuchado las críticas y sugerencias de secciones hermanas, como el POS y los integrantes de las Tendencias Leninistas I y II, entonces los problemas no serían tan grandes y estarían en camino de ser resueltos.
El internacionalismo es una de las características esenciales del partido bolchevique, derivada del carácter mundial del modo de producción capitalista al que pretende destruir. Decía Moreno: “Para los marxistas, el hecho científico primero y decisivo es la existencia del sistema económico, político y social capitalista mundial, al cual están supeditadas las especificidades nacionales. Dicho de otra manera, lo nacional es una expresión específica del sistema mundial.” Y añade, “el internacionalismo proletario surgió en respuesta a un problema objetivo, no es algo inventado por Marx en su escritorio. El Manifiesto comunista publicado en 1848, es un documento de obreros emigrantes, las ligas obreras europeas, que se encontraban sumergidas en un proceso de ebullición revolucionaria. Eran alemanes, franceses, belgas, ingleses, italianos…”
Con base en estas mismas consideraciones, el fundador de la LIT reconoció que su gran salto teórico sucedió cuando el partido argentino y su dirección adoptaron una visión internacionalista y comprendieron la necesidad imperiosa de ser parte de una organización internacional democráticamente centralizada. Porque este descubrimiento supuso la construcción de un cerebro colectivo a nivel internacional, como la única forma de entender cabalmente esa realidad, esa totalidad mundial, para intervenir en ella y transformarla revolucionariamente.
En esta inteligencia, el centralismo democrático a nivel internacional juega, en esencia, el mismo papel que a nivel nacional. Se trata del medio fundamental para convertir a la organización internacional en una arma de combate contra el capital mundial, pues este régimen es la base de una teoría revolucionaria del conocimiento, donde democracia y centralismo son los engranajes básicos del mecanismo teórico para comprender la realidad: la democracia implica la elaboración colectiva de la línea política y las teorías que la sustentan, implica la participación crítica de las direcciones y militantes de los diversos países; el centralismo pone a toda la organización en movimiento con el objetivo de probar las caracterizaciones y las políticas decididas, para después evaluarlas nuevamente con base en un método democrático y científico, marxista, corrigiendo los errores y profundizando los aciertos.
Parafraseando a Moreno, podemos decir que en el plano internacional la LIT (su dirección, sus secciones nacionales, con sus direcciones, cuadros y militantes) es el sujeto, y la realidad mundial es el objeto que debe ser conocido y transformado; el centralismo democrático es el que establece la relación entre el sujeto y el objeto, en otras palabras, es la única forma para que el partido mundial pueda intervenir revolucionariamente en la lucha de clases. Para ello es fundamental que la Internacional funcione realmente como cerebro colectivo, con todas sus neuronas interconectadas, intercambiando, analizando y sintetizando información; construyendo teorías, definiendo políticas, haciendo balances, corrigiendo las inevitables fallas.
Asimismo, sabemos que el centralismo democrático es una fórmula algebraica, donde la combinación precisa de ambos componentes de la ecuación depende del estado que guarde la lucha de clases y la madurez de la dirección internacional, su autoridad ganada; y no hay que olvidar que tanto para Trotsky como para Moreno, nos encontramos en un período histórico en que a nivel internacional debe predominar la democracia por encima del centralismo, debido a la inexperiencia, a la tremenda debilidad de las direcciones nacionales y la propia dirección internacional, pues ninguna está realmente probada en la lucha de clases.

No obstante, para Nahuel, lo que hace indispensable a la Internacional, a pesar de ser pequeña y débil, es que refleja “las experiencias y opiniones de militantes y dirigentes de muchos países. El análisis siempre va a ser más amplio, más rico, que el que pueda elaborar un partido nacional, por brillantes que sean sus dirigentes.” Y agregaba: “Honestamente creo que ningún partido trotskista —y recordemos que estamos hablando del partido que aspira al socialismo con democracia obrera— puede tomar el poder sin la ayuda política y teórica de la internacional, por pequeña y débil que sea. Así se daría por tierra con esa idea profundamente errónea, nefasta, de que la internacional es sólo un adorno, no la necesidad política más profunda del movimiento obrero internacional.”
¿Dónde está la solicitud del Documento brasileño para que los partidos de la internacional ayuden a resolver los problemas? ¿Dónde el pedido urgente de colaboración para elaborar la línea política para el Brasil y enfrentar los grandes retos que implica la batalla contra el Frente Popular? El lector puede recorrer cada una de las páginas del documento y jamás encontrará semejante cosa.

Para romper con el nacional trotskismo, el PSTU debe verse con los ojos de los militantes y cuadros de Argentina, Perú, México, España, Turquía…, pues sólo así logrará tener una comprensión plena, totalizadora de su realidad, valga decir, de sus problemas y de las posibles soluciones. Cosa que jamás se propone hacer el Documento.
Al contrario, lo que podrá leerse en el texto de marras es la evidencia del fenómeno conocido en nuestra corriente internacional como “partido madre”, que es también sintomático del nacional trotskismo que infecta al PSTU.
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Para el Documento no existe el nacional trotskismo, pero sí una Internacional en crisis y tremendamente débil, por lo que el PSTU está llamado a “ser la palanca para el desarrollo de la LIT”, sin considerar siquiera que las otras secciones puedan colaborar en esa tarea.
“Partido madre” es, precisamente, el que tiene una dirección como la del partido brasileño que se pretende autosuficiente y no concibe que los partidos y grupos —significativamente más pequeños—, componentes de una internacional semidestruida, estén en condiciones de señalarle errores y proponer correctivos. Este concepto destruye a la internacional y al propio “partido madre”, convierte a los partidos hermanos en simples satélites y a la dirección internacional también termina subordinándola.
Un ejemplo de los efectos de esta práctica nefasta en nuestra Internacional lo hemos atestiguado recientemente. El SI se ha abstenido de elaborar declaraciones sobre importantes hechos políticos en el mundo y se limita a remitirnos a la página web del PSTU para “bajar” los artículos de su periódico, convirtiéndolos de hecho en posición oficial de la LIT. También se ha delegado al PSTU la capacidad de centralizar campañas internacionales. Así ha sucedido ante la revolución boliviana, pues el SI, también abstemio de estas tareas, se contentó con hacer extensiva la campaña del PSTU a toda la LIT para hacer aprobar mociones en los sindicatos y organizaciones de nuestros países, respaldando la nacionalización de los hidrocarburos. La campaña puede ser correcta —de hecho lo es, aunque seguramente insuficiente como consecuencia de que no sea producto de una elaboración colectiva internacional—; lo que de ninguna manera está bien es que el PSTU se convierta en el “centro” internacional. Ahora la dirección de la LIT ya no asume su responsabilidad y sólo se ocupa de redactar documentos centrales en los precongresos y editar boletines internacionales. Porque de las tareas internacionales prioritarias: debates internacionales, participación en foros, intervención en los procesos revolucionarios, acercamiento de los sectores combativos que surjan en ellos, etc…, de todo ello se ocupa la dirección del PSTU.

Obviamente, la responsabilidad de esta peligrosísima degeneración no es sólo de los dirigentes brasileños; de hecho, la responsabilidad principal recae en el SI de la LIT. Por esa razón, en su documento de balance —respaldado por la mayoría del CEI— se desarrolla lo fundamental de la línea para la consolidación del “partido madre” que es retomada por el Documento que se discute en el PSTU. Del balance del SI son tomadas las frases y las tareas que textualmente se reproducen en el “programa para bolchevizar al partido”: “h- por una verdadera internacionalización del partido! Incorporemos la Revista Teórica y los Boletines de Información de la LIT a la vida partidaria! Transformemos al partido en una palanca para la reconstrucción de la INTERNACIONAL! Comencemos por divulgar más ampliamente lo que pensamos, lo que opinamos y lo que hacemos en Brasil! Por una intervención del PARTIDO en los demás procesos revolucionarios, principalmente latinoamericanos! Por un plan de asignación de cuadros que auxilien en las tareas internacionales dentro y fuera del país! Por una política de aproximación de los sectores más combativos que surjan en los procesos revolucionarios!”

Los partidos de la LIT están borrados, ¡no existen! Jamás se apela a ellos o a la propia dirección internacional para enfrentar exitosamente los grandes retos y aprovechar las oportunidades. Para los compañeros es inconcebible que militantes y cuadros de otros países sean convocados a viajar a Brasil e intervenir en la lucha de clases en ese país y ayudar a construir el partido, aportando la experiencia de sus propios países y organizaciones. Se convoca a la lectura de boletines que se producen una vez cada cuatro meses en promedio y a incorporar en la vida partidaria una revista teórica abierta en un gran porcentaje de sus páginas a marxistas que no son parte de la LIT y donde jamás encontrará una contribución polémica hecha en los marcos de nuestra propia internacional, donde alguna sección hermana critique al PSTU, al FOS, al PRT español, al POS mexicano o la propia dirección internacional.
El SI se conforma con hacer un llamado ritual a “estar alertas” frente al riesgo del nacional trotskismo, a pesar de que reconoce que puede destruirnos y de que hay elementos para que se desarrolle en el PSTU.
Contrariamente a la actitud negligente del SI, nosotros afirmamos que al nacional trotskismo hay que COMBATIRLO con política, con medidas concretas y muy firmes dada su gravedad, no sólo prendiendo el semáforo amarillo. Por nuestra parte, a pesar de no estar convidados por el Documento, en la parte final de esta contribución haremos algunas propuestas para combatir este cáncer.
Y como todo cáncer, este también hace metástasis y se extiende más temprano que tarde a otros órganos, en este caso, a otros aspectos de la vida partidaria:
El nacional trotskismo es profundamente antidemocrático, anula a las direcciones nacionales y a la misma dirección internacional electa en los congresos mundiales, aplasta la iniciativa de los cuadros a nivel internacional e impone una centralización burocrática en torno del partido madre. Y si esta grave desviación se concibe como normal en el plano internacional, no podía ser que ocurriera distinto a nivel nacional.

En efecto, el concepto de partido esbozado en el Documento adolece de este otro grave flagelo, el de la antidemocracia.
Antidemocracia de hecho y de concepto del partido brasileño
Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver y ese es el caso de la dirección del PSTU que, a pesar de las abundantes evidencias de la existencia de fuertes rasgos antidemocráticos en el funcionamiento de su partido no los consideran un problema.
El Documento puesto a discusión en el PSTU presenta numerosas pruebas de que en el partido no existe una verdadera democracia y por tanto el régimen centralista-democrático está pervertido.
El capítulo III del Documento comienza hablando de la situación de los organismos partidarios y su relación con los problemas en la concepción de partido. El primer ejemplo que brinda es el siguiente:
“Durante la huelga bancaria ocurrida en septiembre de 2004, una nota de la dirección decía: ‘debido a la huelga bancaria y a las elecciones, no tuvimos condiciones de hacer una reunión del CE’. Si funcionásemos de acuerdo a la concepción bolchevique, la nota diría:’Esta semana, por la huelga bancaria y las elecciones, nos vimos obligados a realizar dos reuniones del CE’”, después el texto se pregunta, “¿Cómo garantizar la intervención centralizada del partido en la lucha de clases si el organismo responsable de dirigir y centralizar esa actividad si no se reúne?” La respuesta está unas líneas adelante: “se funciona en base a orientaciones individuales que, ante el ‘vacío’, acaban siendo impuestas, llevando a lo que llamamos funcionamiento bonapartista…”

Es decir, el partido se dirige antidemocráticamente. Pero jamás se hace este diagnóstico. Sólo se dice que el bonapartismo “lleva a una intervención completamente anárquica”. Esto puede ser ocurrir o no, pero el hecho incontrovertible es que, ante la ausencia de democracia, es decir, de discusiones y decisiones colectivas en los organismos, se impone la autoridad de los dirigentes quienes “bajan” la línea sin consulta para que sea aplicada.
El mismo Documento agrega “los individuos y, principalmente, los dirigentes actúan por encima y por fuera de los organismos. La utilización permanente de los teléfonos —que generalmente acaban sustituyendo a los organismos— para mover al partido es una expresión de esa deformación”. ¡Pero ante la evidencia que es tan grande como un rascacielos, el Documento nunca diagnóstica la profunda antidemocracia que estos hechos evidencian!

Y aún hay más.
Más adelante, en el subtítulo “III.4 Las actividades y la concepción del partido”, se muestra que es una constante que un sector importante de la militancia no participe de las actividades y se sugiere que este fenómeno se debe a que la dirección “imprime un ritmo frenético de actividades”. Ni por asomo, el documento se cuestiona si este ausentismo de la militancia se debe a una incomprensión de la importancia y el carácter de las actividades. No le pasa por la cabeza a los dirigentes del PSTU que, al no haber organismos que funcionen regular y democráticamente, los militantes se sienten menospreciados y conciben que su presencia en las actividades puede ser tan formal como en las reuniones. Desde este punto de vista, el dilentantismo de la base es consecuencia de la antidemocracia en el partido, es resultado del bonapartismo, del centralismo burocrático, que concibe que sin discusión todos los militantes acudirán puntuales a las actividades, muchas veces convocados por una llamada telefónica.

¿Centralismo burocrático para combatir el menchevismo?

El capítulo IV desarrolla la política para combatir la desviación menchevique y como el concepto del partido reivindicado por el documento es uno basado en el centralismo burocrático, de ninguna manera se plantea que para erradicar las prácticas antidemocráticas que hemos descrito en el anterior subtítulo, haya que recuperar un funcionamiento basado en un régimen realmente centralista democrático.
Expresión de lo anterior es la consigna con la que el documento propone impulsar una “revolución en el partido” y que reza “¡organismo y disciplina!”
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De ahí en adelante, el documento se dedica a explicar la importancia de la disciplina y amenaza que, en caso de que no se convenzan los militantes les será aplicado el estatuto, bajándolos a la condición de simpatizantes o quizá de amigos del partido; pero, puede darse también el caso más feliz, en que únicamente se discuta una sanción para los incumplidos. Así lo advierte en los puntos 58, 59 y 60, incluidos en es mismo capítulo IV.
¡Una dirección que —según ella misma— acaba de cometer tan tremendos errores, que ha impulsado durante años un concepto menchevique de partido, que ha puesto al PSTU al borde de la destrucción como partido bolchevique, revolucionario, propone para resolver la crisis que ella misma ha provocado, sancionar a los militantes incumplidos, sean dirigentes o de base! ¡Qué cosa más aberrante!

Bolchevismo es sinónimo de centralismo democrático
Lo que refleja el Documento es una enorme incomprensión sobre el significado y la importancia real del centralismo democrático. Este régimen, inventado por los revolucionarios rusos, no es únicamente un aspecto organizativo del partido bolchevique, como lo concibe el Documento en su introducción. Tampoco es una más de sus características. Se trata de la esencia del bolchevismo, es un tema de la mayor importancia, como siempre lo trataron nuestros maestros revolucionarios.
El centralismo democrático es la única forma de funcionamiento que garantiza que los núcleos del partido sean realmente organismos vivos, donde los obreros, los jóvenes que integran al partido sientan que la organización es verdaderamente suya, que se les toma en cuenta, que su opinión, lo mismo que su actividad cotidiana y, por supuesto, su contribución económica son realmente imprescindibles para la construcción del partido y el cumplimiento de sus tareas fundamentales.
Sin centralismo democrático, no hay bolchevismo y no hay partido con una política y programa revolucionarios, porque, como lo advirtieron en numerosas ocasiones Lenin, Trotsky y Moreno, sin ese régimen la política partidaria tiende a degenerar.
El partido no es una suma de partes, como es el concepto del Documento, sino una unidad de diversos elementos interrelacionados y jerarquizados, donde el centralismo democrático es un elemento fundamental, determinante.

100 años de lucha contra el menchevismo… y contra el burocratismo
La batalla de los revolucionarios durante estos más de cien años de lucha de clases no ha sido únicamente librada contra el concepto menchevique de partido. La otra variante contrarrevolucionaria de organización contra la que han luchado nuestros maestros es la burocrática.
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El Documento expone una visión distorsionada de esta batalla del bolchevismo, pues, según él, nuestros maestros habrían peleado todo el tiempo por defender la organización centralizada contra la que no lo era.
Incluso afirma, distorsionando la historia, que a pesar de ser la concepción bolchevique la única realmente probada para llevar a cabo una verdadera revolución socialista, ella no fue la victoriosa, sino la menchevique. La verdad es que el concepto de organización que impresionó y ganó a más jóvenes y obreros de vanguardia en el siglo pasado, el fue el estalinista, de partido ejército, basado en un régimen centralista burocrático; y no fue gratuito, porque en estos últimos 100 años, se llevaron a cabo decenas de revoluciones triunfantes, que fueron dirigidas por ese tipo de organizaciones.
La batalla de Lenin, Trotsky y Moreno siempre fue en defensa del centralismo democrático como una unidad, como fórmula algebraica. La idea acabada de los dirigentes revolucionarios rusos, acerca del régimen interno de los partidos que debían construirse en esta época de revolución socialista, fue plasmada con toda claridad en las Tesis sobre la estructura, los métodos de acción y la acción de los partidos comunistas, aprobadas en junio de 1921 por el Tercer Congreso de la Internacional Comunista.

Con las siguientes líneas inicia la tesis sexta.
“La centralización democrática en la organización del Partido Comunista debe ser una verdadera síntesis, una fusión de la centralización y de la democracia proletaria.”
Desde 1923, León Trotsky inició una batalla al interior del partido bolchevique en contra de la burocratización. El “nuevo curso” fue concebido por Trosky como un periodo de cambio profundo, abierto por una resolución aprobada por el Comité Central del partido bolchevique, en el que el objetivo central sería revertir el proceso de burocratización operado en el propio partido y el estado soviético. A partir de este momento y hasta el nacimiento de la Cuarta Internacional, el fundador del Ejército Rojo destinó su mayor atención a convencer a quienes se encaminaban a construir con él la nueva Internacional y sus secciones, de que la democracia en el partido es una necesidad vital.

“Para la construcción de nuevos partidos y de una nueva internacional se debe prestar mucha consideración al problema del régimen partidario. La democracia obrera no es un problema organizativo sino un problema social. En última instancia, la liquidación de la democracia obrera es consecuencia de la presión de los enemigos de clase por medio de la burocracia obrera.”
“El régimen partidario”. 17 de agosto de 1933
Ese combate siguió siendo necesario, indispensable, a medida que pasaron los años y se demostró que otro tipo de direcciones, no bolcheviques, podían dirigir una revolución y tomar el poder, ganando un enorme prestigio entre la vanguardia. Nos referimos a los partidos ejército, las guerrillas, en las cuales domina un régimen centralista burocrático, en gran medida adoptado y justificado en la caricatura estalinista del partido bolchevique contra la que combatió Trotsky..
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Nahuel Moreno, en una escuela de cuadros realizada en 1984, habló de la necesidad de la democracia en el partido en los siguientes términos.
No ha habido ninguna revolución que haya triunfado sin partidos disciplinados. Incluso demasiado centralizados, como la guerrilla, que impone una disciplina militar a lo político. El comandante da una orden: hay que apoyar al frentepopulismo, por ejemplo, y nadie puede discutir…
Pero Lenin también era maniático del otro polo: la democracia. Dentro del partido una democracia extraordinaria, muy grande. Este es lo que se llama centralismo democrático…
El centralismo democrático es lo contrario de un ejército. Los guerrilleristas, las corrientes pequeñoburguesas y ni hablar de los burócratas creen que es lo mismo: que se discute en el Comité Central pero que, a medida que se va bajando, se discute cada vez menos; que lo que baja son órdenes, como en un ejército. Y esa orden llega al último eslabón, que es el menos importante, el militante.

El partido debe ser democrático
Precisamente porque el concepto estalinista de organización fue el que predominó durante la mayor parte de las últimas décadas, la lucha por la construcción de partidos que funcionaran democráticamente y no sólo en forma centralizada definió en gran medida el carácter de nuestra corriente histórica. Este hecho incontrovertible se omite en el Documento y abre la puerta a la peligrosa interpretación, completamente errada, de que los mecheviques eran partidarios de la democracia, además representa una gravísima subestimación de la enorme fuerza que llegó a adquirir el estalinismo mundial y la forma en que contaminó incluso a las organizaciones trotskistas.
El funcionamiento adecuado de los núcleos, su acción centralizada, su existencia no formal, dependen de que exista democracia. Así se explicaba en un folleto publicado por el viejo MAS argentino, dirigido por Moreno:
El militante de base debe sentir que en las reuniones él no es un objeto, uno más que va a hacer número, sino, por el contrario, es sujeto, y por tanto parte activa en la construcción del partido y la elaboración de su línea política. Sus opiniones, lo que él piensa, lo que quiere hacer es lo que vale para el partido. Por eso las reuniones de los equipos de base no pueden hacerse solamente con informes administrativos o de disciplina.

En última instancia, sin democracia en el partido revolucionario no puede haber centralismo. La primera es condición de lo segundo, precisamente porque el partido es un colectivo de revolucionarios que en modo alguno pueden caracterizarse por su sumisión o acriticismo. Trotsky, en su texto sobre el régimen partidario, escrito el 17 de agosto de 1933, lo decía de la siguiente forma: Un revolucionario se forma en un clima de crítica a todo lo existente, incluida su propia organización. Sólo se puede lograr una firme disciplina por medio de la  confianza conciente en la dirección. Para ganarse esta confianza son necesarios una política correcta y también una actitud honesta hacia los propios errores…
“Por otra parte, queda claro que un régimen partidario democrático conducirá a la formación de un endurecido y unificado ejército de luchadores proletarios sólo si nuestras organizaciones, apoyándose en los firmes principios del marxismo, están dispuestas a combatir irreconciliablemente, aunque con métodos democráticos, toda influencia oportunista, centrista y aventurera.
Sin centralismo democrático no hay teoría revolucionaria
Pero el centralismo democrático de ninguna manera es únicamente una fórmula organizativa. El régimen interno bolchevique es también el método utilizado por la dirección revolucionaria para conocer la realidad en la que interviene cotidianamente. Por un lado, la democracia interna sirve para que el partido funcione realmente como un cerebro colectivo y puedan ser asimiladas todas las experiencias y puntos de vista expresados por sus militantes, cuadros y dirigentes.
En tanto que el centralismo es la otra parte de esta teoría del conocimiento, que tiene como objetivo probar la línea partidaria, sus conceptos teóricos en la realidad. El centralismo es necesario, desde este punto de vista, pues es la forma de confrontar la acción política del partido con la realidad. Nuevamente, es únicamente a través de un método democrático que se pueden obtener los saldos más importantes de esta “experimentación”.
Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario, escribió Lenin en su libro ¿Qué hacer? Trotsky y Moreno, a su vez, demostraron que sin centralismo democrático no hay teoría revolucionaria. El fundador de la LIT lo explica de esta forma en su texto Partido mandelista o partido leninista:
“La necesidad de vida interna democrática tiene que ver con la relación objetiva que el partido tiene con el movimiento de masas y con la dialéctica de esa relación. En primer lugar, el partido necesita democracia porque la elaboración de su línea política es colectiva. No es obra de algunos individuos particularmente inteligentes o preparados, sino del choque de las opiniones de todos aquellos que componen el partido; de todos esos militantes que expresan al sector del movimiento de masas sobre el que desarrollan su actividad. Pero una vez elaborada, esa línea debe ser confrontada con la realidad, lo que se hace a través de la actividad militante de cada uno de los equipos e individuos y del partido en su conjunto. Esta actividad práctica es la única que nos indica los aspectos correctos e incorrectos de la línea votada, y la discusión democrática de ese balance es la que permite las rectificaciones necesarias de la política.
“Sintetizando, la democracia es la que establece la relación del sujeto (partido revolucionario) con su objeto (movimiento de masas) y, por lo tanto, la única garantía de una elaboración objetiva (científica) de la línea política y de su confrontación objetiva (científica) con la realidad de la lucha de clases.”
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Pero para que opere el centralismo democrático, esta teoría del conocimiento, es indispensable un cambio de actitud entre la militancia, promovido por la propia dirección del partido, que lleve a que cada compañero se asuma como un sujeto en el proceso de la elaboración teórica y política del partido y, por tanto, de su propia formación. Así lo clamaba Trotsky en el su carta a una asamblea del partido soviético, escrita el 8 de diciembre de 1923.
Nuestra juventud no debe limitarse a repetir nuestras fórmulas. Debe conquistarlas, formarse una opinión, una fisonomía propias y ser capaz de luchar por sus objetivos con el coraje que dan una convicción profunda y una total independencia de carácter. ¡Fuera del partido la obediencia pasiva que hace seguir mecánicamente las huellas de los jefes! ¡Fuera del partido la impersonalidad, el servilismo, el carrerismo! El bolchevique no es solamente un hombre disciplinado; es un hombre que, en cada caso y para cada problema, se forja una opinión firme y la defiende valerosamente no sólo contra sus enemigos sino en el seno de su propio partido. Quizá constituye hoy una minoría en su organización. Entonces se someterá, porque se trata de su partido. Pero esto no significa que esté equivocado. Quizá vio o comprendió antes que el resto, el nuevo camino o la necesidad de un viraje. Planteará el problema una segunda, una tercera, una décima vez si es necesario. Con ello hará un servicio a su partido, familiarizándolo con el nuevo camino o ayudándolo a realizar el viraje necesario sin convulsiones internas.

La importancia de los balances
La dirección del PSTU no tiene la costumbre de hacer balances serios de su actividad y sus líneas políticas. Esta es una consecuencia más de la perversión del régimen interno, basado en el funcionamiento formal de los núcleos y su conducción con base en métodos antidemocráticos, bonapartistas.
Lamentablemente, esta falencia se mantiene en el Documento, pues sigue siendo un aspecto secundario al que apenas le dedica 5 líneas de un párrafo diluido en un subtítulo dedicado a la “importancia de las reuniones”.
Sin embargo, los balances son parte fundamental del funcionamiento centralista democrático del partido bolchevique. Son un elemento esencial de esta teoría revolucionaria del conocimiento, pues es el momento en que, con base en un método democrático, científico, el partido tiene la oportunidad de valorar la certeza de sus elaboraciones políticas y corregir los errores.
Más grande aún es la trascendencia de hacer balances regulares y minuciosos de nuestras líneas y actividades, cuando venimos en el PSTU y en la LIT de cometer garrafales errores. Si Moreno y Trotsky insistieron tanto sobre la debilidad de los organismos de dirección de los que hacían parte, esto es mucho más aplicable a nuestras actuales direcciones que acusan una debilidad incomparablemente más grande.
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La desviación burocratico-menchevique y la política
El Documento dedica el apartado III.6 para alertar que el régimen menchevique “acoge, convive y desarrolla políticas del centrismo y del reformismo”. Para demostrar que este fenómeno ha ocurrido ya en el PSTU se utilizan los ejemplos de las corrientes que han roto con el partido y han ido a formar el PSOL con sectores centristas y reformistas. “Todas esas concepciones estaban presentes y se desarrollaron dentro del partido”, dice. Y luego se reconforta, porque “el partido viene resistiendo a esas expresiones políticas… Que las rupturas hayan sido hasta ahora minoritarias son una expresión de eso”.
Este es un balance autocomplaciente y distorsiona la realidad pues esas expresiones políticas contrarias al “espíritu revolucionario” no han sido únicamente desarrolladas por las corrientes minoritarias. Ocurre al contrario, pues la responsabilidad de las desviaciones que hasta ahora ha producido esta desviación menchevique, estaliniana y nacional trotskista —sumamos nosotros— es de la mayoría dela dirección que, como se afirma en el mismo Documento, fue esta dirección la que llevó a que el PSTU capitulara a las presiones de la democracia burguesa y a los aparatos sindicales: “desde la dirección venimos dando un combate cada vez menor a las presiones de la democracia burguesa y el sindicalismo sobre el partido, lo que llevó a una adaptación creciente a las condiciones de la lucha legal”, dice el texto, a lo que recientemente se sumó que la dirección permitió y hasta estimuló que se postulen candidatos arribistas.

La propia dirección del PSTU ha debido reconocer y autocriticarse por haber capitulado a Lula y al PT en años pasados. En nuestra carta enviada al partido brasileño en 2001 advertíamos sobre los desvíos oportunistas de nuestra sección en ese país en las elecciones del 98. No repetiremos aquí las citas que ya transcribimos en esa misiva, por lo que remitimos al lector a dicho documento para recordarlas.

Un programa que sirva para bolchevizar al partido
Efectivamente, una revolución es necesaria en el partido y, estratégicamente, esa revolución debe tener como objetivo la bolchevización.
Sin embargo, no es con el programa desarrollado por el Documento como esta revolución podrá llevarse a cabo. Ya decíamos anteriormente, si el diagnóstico es equivocado, el remedio no será el adecuado.
Como puede verse a continuación, el programa del documento es una lista de consignas y, en algunos casos, medidas generales, que no anuncian una resolución de los problemas. Pues aunque algunas de ellas sean correctas, también son insuficientes y no atienden a los problemas más graves, que, como demostramos, el Documento ni siquiera considera. Por otro lado, tiene ausencias imperdonables por tratarse de problemas señalados con mucha claridad en el diagnóstico, algunos de ellos de la mayor gravedad, como la adaptación al burocratismo sindical y la democracia burguesa.
a- ¡Por el funcionamiento de todo el partido a través de los organismos! Actuemos de acuerdo con el principio: ‘¡Fuera del organismo nada. Dentro del organismo, todo!’
b- Por la redefinición de quiénes son militantes, aspirantes, simpatizantes y amigos del partido, basado en el criterio de que todo lo que se vota en los organismos del partido (políticas y actividades) es de cumplimiento obligatorio de todos los militantes. ¡Para los militantes la disciplina de los organismos es sagrada!
c- Por la adopción de un nuevo criterio de cotización al partido. ¡Pasar a cotizar de acuerdo con las posibilidades, debiendo la tabla ser apenas una referencia! ¡Al mismo tiempo no se debe más tolerar atrasos en el pago de las cuotas y demás compromisos financieros partidarios bajo pena de sanción disciplinaria!
d- ¡Por la jerarquización del trabajo con el Periódico y la Revista Teórica! Ordenemos la intervención cotidiana del partido en base a la discusión del periódico en los organismos. Actuemos con el criterio expuesto en el balance de la Internacional y transformar la Revista Teórica en un material de discusión obligatoria en todos los organismos del partido (de la dirección a la base). ¡Utilicemos esos instrumentos para la educación revolucionaria de los activistas y de los obreros! ¡Todos los organismos deben discutir y planear el trabajo con el periódico y con la Revista Teórica!
e- ¡Por una auténtica proletarización del partido! ¡Por una orientación política y organizativa que lleve a la estructuración del partido en el movimiento obrero y que nos permita captar obreros para formarlos en el marxismo y en el internacionalismo! ¡Por una política de proletarización de cuadros de la juventud! ¡Por la reducción cualitativa de los licenciados sindicales para que podamos mejorar el trabajo estructural y de base!
f- ¡Por una política de selección de los cuadros que se apoye en el criterio de la disposición profesional! ¡Que la dirección redefina quiénes son los cuadros, de la dirección o no, que tienen disposición profesional y haga una lista nacional!
g- ¡Por una política de educación partidaria que eleve la formación teórica, ideológica y cultural del partido! ¡Aumentemos las publicaciones a través de nuestro Instituto! ¡Organicemos un sistema de cursos permanentes para los militantes y cuadros! ¡Incrementemos el Instituto Latino Americano! ¡Avancemos en la organización de la Biblioteca y el Archivo Nacional -Centro de Documentación- y de las bibliotecas en las sedes regionales! ¡Estimulemos la realización de eventos culturales en las sedes con las películas que fueron tan bien recibidas por el partido!
h- ¡Por una verdadera internacionalización del partido! ¡Incorporemos la Revista Teórica y los “Boletines de información de la Internacional” a la vida partidaria! Transformemos el partido en una palanca para la reconstrucción de la Internacional! ¡Comencemos por divulgar más ampliamente lo que pensamos, lo que opinamos y lo que hacemos en el Brasil! ¡Por una intervención del partido en los demás procesos revolucionarios, principalmente latinoamericanos! ¡Por un plan de desplazamiento de cuadros que auxilien en las tareas internacionales dentro y fuera del país! ¡Por una política de aproximación de los sectores más combativos que surjan en los procesos revolucionarios!
i- ¡Iniciemos la revolución en el partido comenzando por la dirección! ¡Por la adopción de nuevos criterios para la definición de una próxima dirección! ¡Que sus miembros sean electos solamente después de un riguroso balance en los organismos dirigentes, el cual será presentado al Congreso. El criterio para la elección de la dirección, además de los tradicionales (balance de actividades y capacidad de los dirigentes), debe también tomar en cuenta la disposición profesional del dirigente, su actitud ante los organismos del partido y su relación como las finanzas!
Para realizar la revolución bolchevique en el partido se necesita partir de otras premisas y preparar inmediatamente medidas concretas y contundentes.
¡RECUPEREMOS EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO EN EL PARTIDO!
Lo primera tarea, la más importante pues de ella depende el futuro del partido, hoy en riesgo, es recuperar el régimen interno bolchevique. Es imprescindible que el partido funcione a través de sus organismos, pero estos, a su vez, deben hacerlo con base en un régimen verdaderamente centralista democrático.
Las reuniones de las células deben poner en el centro las discusiones políticas y la preocupación porque los militantes opinen y participen activamente en la elaboración de la línea política. En la medida que los militantes hagan realmente suya la política del partido, una consecuencia natural será la de llevar a los compañeros en la fábrica o la escuela el periódico que contiene esa línea, además de pagarlo puntualmente para garantizar su publicación regular, lo mismo que su calidad. Igualmente ocurrirá con las finanzas; en un régimen sano, realmente centralista democrático, el militante, comprenderá la necesidad de que su aporte económico se realice puntualmente y con el mayor esfuerzo, pues de eso depende, en primer lugar, preservar la independencia política del partido y, en seguida, contar con un aparato fuerte, capaz de dar las respuestas cotidianas a las múltiples tareas que impone la lucha de clases.

Sin embargo, dada la gravedad de la situación en el partido; es necesario que junto con la paciente discusión entre la base militante, se tomen una serie de medidas urgentes para empezar a recomponer el régimen.

PARA LA PROLETARIZACIÓN DEL PARTIDO 14
El Documento atina en un aspecto central a la hora de buscar las razones de la crisis. La composición social del partido y de su dirección. Esto, como escribiera Trotsky a los dirigentes del Socialist Workers Party (SWP) de Estados Unidos, es algo a lo que “debe prestarse la mayor atención”.
En su debate con los dirigentes norteamericanos a propósito de un proceso degenerativo en el partido similar al que se está viviendo en Brasil, Trotsky alerta sobre el enorme riesgo de que los obreros sean minoría en una organización revolucionaria y, peor aún, en su dirección.

Trotsky recomienda “orientar en la práctica a toda la organización hacia las fábricas, las huelgas, los sindicatos”…, y añade que la “orientación del conjunto del partido hacia el trabajo en fábrica está íntimamente vinculada al problema de la estructura organizativa del partido.” Se podrá responder a esta crítica que el PSTU no es el SWP y que sus cuadros y militantes obreros son muchos más que los que había en el partido norteamericano de entonces. Sin embargo, en el partido brasileño hay un proceso de abandono, de alejamiento de la clase obrera; el partido está dejando de ser obrero y esto debe atacarse con la mayor prontitud y contundencia.

El programa para la revolución bolchevique en el partido debe postular la proletarización como una política concreta, que debe incluir medidas como las planteadas por el fundador de la IV Internacional: ¡orientación hacia las fábricas!, ¡reestructuración del partido al servicio de la proletarización!
La situación del partido norteamericano era de tal gravedad que Trotsky, quien a pesar de advertir que “la distribución y alineación de nuestras fuerzas no debe responder a un esquema apriorístico, sino a tareas concretas y concretamente elaboradas en distintas partes del país, o inclusive de una ciudad.” Proponía:
Solo podemos sentar una norma general: el militante del partido que en tres o seis meses no a gana a un obrero nuevo para el partido no es un buen militante.
“La composición social del partido”. Del archivo de James P. Cannon.
En el PSTU deben pensarse medidas concretas equivalentes, de acuerdo a la gravedad de la situación. Obviamente, con el criterio de Lenin, Trotsky y Moreno, de que es la dirección quien debe ser vanguardia en la aplicación de la línea partidaria y del centralismo democrático.

Por otra parte, Trotsky propone elegir “la mayor cantidad posible de obreros a los comités locales y central”. Y es que para él, “el obrero que pasa inadvertido en las condiciones ‘normales’ de la vida partidaria revela cualidades notables cuando cambia la situación, cuando no bastan las fórmulas generales y las plumas fluidas, cuando se necesita un conocimiento de la vida obrera y cualidades prácticas”.

El partido debe ir a construirse entre el proletariado y no cualquier sector de esta clase, sino entre el más empobrecido, el más explotado; pues también la construcción del partido entre los sectores más privilegiados, más aristocráticos de la clase puede convertirse en un factor degenerativo. El trotskismo, decía Moreno, refleja políticamente al sector más explotado del proletariado. Los partidos reflejan intereses de clase y de sectores de clase. Los trabajadores más privilegiados son también quienes se adaptan más fácilmente a las políticas de coptación de la burguesía y sus aliados. Generalmente, son los más conservadores. Son la base social de los partidos reformistas o partidos obreros burgueses.

SOBRE EL PAGO DE CUOTAS, DEL PERIÓDICO Y LOS PROFESIONALES (RENTADOS) DEL PARTIDO
Es sumamente grave lo que se describe en el Documento sobre el deficiente trabajo con el periódico, la debilidad de las finanzas y el criterio no bolchevique con que se asume este aspecto especialmente importante de la vida del partido. Pero por lo expuesto tanto en el diagnóstico como en las medidas curativas, podemos inferir que estos problemas se están enfrentando con criterios y políticas equivocadas.
El periódico debe ser autofinanciable. Todo lector debe comprender que el periódico es un medio de información, organización y educación política que requiere del esfuerzo económico de quien lo adquiere para que continúe cumpliendo con esa labor. Los primeros en aplicar esta norma deben ser los militantes, cuadros y dirigentes del partido. Por eso, luego de una discusión paciente, en la que se explique la importancia de la prensa partidaria, su papel en la construcción del partido y su relación con los sectores de trabajadores y jóvenes que lo leen, es necesario aplicar medidas drásticas congruentes con estos criterios: hay que separar las finanzas del periódico de las finanzas centrales; no puede haber regional, zona, célula o militante endeudados por dos números del periódico no debe recibir el siguiente número, hasta no cubrir su deuda; en última instancia, debe considerarse la posibilidad de que la periodicidad de la prensa partidaria dependa de que se consiga hacerla autofinanciable.
Como parte de una política para proletarizar al partido y para mejorar cualitativamente el trabajo con el periódico, es necesario que cada organismo partidario tome como tarea vender la prensa a la puerta de una fábrica, de un hospital o algún otro centro de trabajo. Es necesario que esta actividad se realice en forma sistemática, y sea objeto de evaluación permanentemente en el equipo; para mejorar el diálogo con los trabajadores, para invitarlos a ser distribuidores de nuestro periódico, en última instancia, para convocarlos a militar en nuestras filas.
El salario de los rentados del partido debe pagarse con las cuotas regulares de los militantes. Al conocer la enorme deuda que tienen las regionales del partido con las finanzas centrales o que un número de militantes no cotiza, surge la pregunta obligada: ¿cómo se paga el salario de los rentados del partido? Nosotros creemos que como parte del establecimiento de criterios sanos y educativos para el conjunto de la militancia debería normarse que el salario de los rentados partidarios provendrá de las cuotas pagadas regularmente por los militantes. De esta forma, el aparato del partido corresponderá realmente con la fuerza militante, que cumple cabalmente con los requisitos incluidos en los estatutos, correspondientes con el carácter bolchevique del partido.

PARA COMBATIR EL NACIONAL TROTSKISMO 16
Es necesario reafirmar el concepto de que el partido es integrante de una organización internacional superior, que debe entre otras cosas, debe apelar a la internacional para corregir los graves problemas que a nivel nacional se presentan.
Es insuficiente y equivocado sólo dar a conocer a los partidos las opiniones e informaciones generadas por el partido en Brasil; es necesario ponerlas a consideración de toda la internacional, someterlas a su escrutinio, mantener los oídos bien abiertos a las críticas y las propuestas que sugieren enmendar lo realizado.
No basta desplazar cuadros brasileños que auxilien en las tareas internacionales dentro y fuera del país; se requiere que el partido convide a cuadros provenientes de otros partidos a militar en el PSTU, para enriquecer el quehacer partidario con su experiencia ganada en la intervención en la lucha de clases de otros países.

Además, es necesario romper con el criterio del partido madre que sólo puede aportar cuadros para dirigir otros partidos. La dirección del PSTU (lo mismo que las direcciones de otras secciones de la LIT) debe alentar el desplazamiento también de militantes o cuadros medios que vayan a la base de los partidos de la LIT, para desde ahí contribuir a su construcción, sobre todo en los países donde se desarrollan procesos revolucionarios de primera magnitud y donde las fuerzas de la LIT son angustiantemente débiles, comparándolas con el tamaño de las oportunidades que presenta la lucha de clases en esos países.
UNA POLÍTICA REVOLUCIONARIA PARA ENFRENTAR LAS PRESIONES OBJETIVAS SOBRE EL PARTIDO
Los problemas del partido que, se reconoce, son expresión de la adaptación a la legalidad burguesa y los aparatos sindicales, deben enfrentarse, no únicamente con medidas que incidan en el régimen partidario, sino con política y programa para incidir en esa situación objetiva que nos presiona.

Particularmente, en el ámbito sindical, ¿cuál es el programa del partido para combatir el carácter burocrático de los sindicatos? Sabemos que el PSTU está dando una batalla contra la reforma sindical que promueve el gobierno de Lula y nos congratulamos por ello. Sin embargo, el Documento refiere otro proceso, más antiguo, que se remonta a los años 80, cuando a pesar de la fundación de la CUT y los avances ocurridos en esos años, no cambió el carácter de los sindicatos como brazos del estado burgués.
No conocemos en detalle la estructura de los sindicatos brasileños, pero por lo descrito en el documento podemos inferir las siguientes cuestiones:
Los dirigentes sindicales son trabajadores privilegiados, pues perciben sueldos relativamente onerosos, que incluso los llevan a rechazar ser rentados del partido debido a que sus percepciones disminuirían.
Se trata de fuertes aparatos, que manejan cuantiosos recursos económicos y están en capacidad de pagar sueldos de numerosos “licenciados”.
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Es posible que los dirigentes se mantengan en sus cargos por prolongados periodos, en los que se mantienen alejados del trabajo, gracias a la licencia sindical. Al parecer, hay derecho de reelección sin límites.
Todos estos son factores de burocratización. ¿Cuál es el programa del partido para combatirlos? En todo caso, los dirigentes del PSTU deberían ser los primeros en asumir dicho programa y convertirse en un ejemplo para sus compañeros trabajadores.
Nos parece evidente que un programa de este tipo debería incluir una política con los siguientes ejes:
evitar que los dirigentes tengan cualquier tipo de privilegio sobre el resto de los trabajadores,
debe imponerse un límite al número de licenciados que integran las direcciones sindicales,
los dirigentes después de un número limitado de periodos ocupando un cargo sindical, deben regresar al trabajo.

SOBRE LA DIRECCIÓN
Particularmente nos llama la atención una ausencia clave del Documento en este rubro:
Es necesario elegir a la nueva dirección del partido a un número mayor de obreros, con el objetivo de que, poco a poco, se conviertan en mayoría dentro de los máximos órganos de dirección. Para Trotsky, la única manera de formar una dirección obrera es promoviendo a los obreros para ocupar puestos en la dirección partidaria.
Para un obrero, la militancia en el organismo de dirección partidaria es una escuela política superior. Algunos de los nuevos miembros obreros de los comités partidariois demostrarán que no están a la altura del puesto: pueden ser removidos en el congreso siguiente. La selección de los elementos más capaces y abnegados para los organismos de dirección es, naturalmente, un proceso lento y que jamás termina. Al elegir a estos nuevos camaradas, se corre un riesgo inevitable. Si sólo la tercera parte de los nuevos miembros obreros de los comités locales y central demuestra estar a la altura del puesto, el resultado es excelente.
“Observaciones adicionales sobre el régimen partidario”. Del archivo de James P. Cannon.
Por otro lado, si bien es importante establecer los criterios para la elección de la nueva dirección del partido, es también de la mayor trascendencia establecer con claridad la forma en que esa dirección debe conducir al partido. Es decir, debe establecerse con toda claridad, que además de elegir a la nueva dirección con criterios bolcheviques, el nuevo organismo deberá velar todo el tiempo por recuperar el régimen centralista-democrático.

En el mismo debate de Trotsky con los dirigentes norteamericanos, al que hemos aludido, el revolucionario ruso insiste en que “es imposible sobreestimar” el aspecto de la democracia partidaria, y explica que ésta es:
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a. El estricto cumplimiento de los estatutos partidarios por los organismos de dirección (congresos regulares, período de discusión, derecho de la minoría a expresar sus puntos de vista en reuniones partidarias y en la prensa).
b. El Comité Central y sus miembros deben mantener una actitud paciente, fraternal, en cierta medida pedagógica con la base, incluidos los impugnadores y los descontentos… Cuando Lenin propuso expulsar a Orjonikije del partido (1923), dijo con toda razón que el militante de base tiene derecho a ser revoltoso, no así el miembro del Comité Central. Los métodos del “terrorismo” psicológico incluido el responder a cualquier objeción, crítica o duda en forma altanera o sarcástica: éstos son los métodos periodísticos o “intelectuales” que resultan intolerables para los obreros y los condenan al silencio.
c. No bastan las reglas democráticas puramente formales señaladas en el punto a. y las medidas puramente negativas —no aterrorizar, no poner en ridículo— señaladas en el b. Tanto los comités locales como el Comité Central deben mantener permanentemente un contacto activo e informal con la base, sobre todo cuando se está preparando una nueva consigna, una nueva campaña o se están verificando los resultados de una campaña que acaba de culminar… El Comité Central debe estar integrado no sólo por buenos organizadores y buenos oradores, escritores, administradores, sino también por personas estrechamente ligadas a la base y orgánicamente representativas de ella.

Op cit.
Siguiendo a Trotsky y a Lenin, Nahuel Moreno advierte que “el centralismo democrático se aplica en forma diferente según se trate de militantes de base de cuadros medios o miembros del CC.”
El centralismo democrático no es bajar órdenes para que los militantes de base las apliquen, por ejemplo: bajar la orden de duplicación de la venta de periódico y entonces informar que se votó la duplicación.
Esto en lugar de centralismo democrático es burocratismo, es centralismo burocrático.
A medida que ascendemos en el partido y vamos hacia los organismos de dirección el centralismo se aplica en forma diferente. El centralismo y la disciplina es cada vez más grande, un miembro del CC no puede ir a su regional y plantear que está en dudas con la línea votada, sus dudas debe discutirlas en su organismo, acatar la línea política votada por el CC. Pero a medida que vamos bajando la democracia es cada vez mayor, cuando llega a la base es total, casi da la impresión de un partido anarquista…
¿Por qué funcionamos así? Porque en estas cuestiones políticas nos movemos por los intereses de clase. Este funcionamiento del partido sirve enormemente para la elaboración y el ajuste de la línea política. Ninguna dirección por sí sola, ni Lenin, ni Trotski, ni Marx acierta completamente su línea política… Las líneas políticas muchas veces son incorrectas, porque las direcciones son débiles, porque todavía ninguno ha pasado por la prueba de dirigir al movimiento obrero y de masas.

En una intervención en la escuela de cuadros a la que hemos hecho referencia en páginas anteriores, Moreno enfatiza sobre el método con el que la dirección debe presentarse ante la base, hablando de la aplicación del centralismo democrático.
La única virtud que nosotros queremos tener es la de ser honestos. En vez de decirles a los compañeros de base que están frente a una dirección extraordinaria, queremos decirles la verdad. Somos una dirección débil, y eso hay que corroborarlo todos los días en la base.

La responsabilidad de la dirección internacional

La dirección de la LIT es la principal responsable de la degeneración menchevique-estaliniana-nacional trotskista en el partido brasileño.
En efecto, la situación del PSTU es una derivación de la crisis que ha sufrido la LIT; pero el impulso de un concepto de partido diferente al bolchevique, donde no se aplica el centralismo democrático y se han incrustado conceptos mencheviques y nacional trotskistas, es un resultado de una política de construcción avalada por el Secretariado Internacional, el cual está ubicado en Brasil precisamente para contribuir al seguimiento de las políticas y el proceso de construcción de la sección más importante de la Internacional.
Y lo más grave es que tampoco en las elaboraciones internacionales, que se discuten en el marco del precongreso mundial, se advierte un cambio de rumbo.
El Balance puesto discusión entre la militancia de la LIT, refleja entre otras cosas, la persistencia de ese concepto. En dicho documento, jamás se menciona —igual que en Documento puesto a discusión en el PSTU— que el partido debe ser democrático. Al contrario, se apela a la disciplina, a la aplicación de los estatutos, como clave para la resolución de la crisis en los partidos y su reconversión en organizaciones bolcheviques.

Es que el concepto de la mayoría de la dirección internacional es ajeno al sostenido por Trotsky y Moreno para la construcción de los partidos y la Internacional. Por ejemplo, en la reunión del Comité Ejecutivo Internacional de la LIT realizada en abril de 2004, donde se votaron los documentos respaldados por ese organismo para el precongreso y la convocatoria al VIII Congreso Mundial, el miembro español del CEI, a nombre del Secretariado Internacional, explicó que le había sido encomendada la tarea de redactar una propuesta de modificación a los estatutos de la LIT, tomando como modelo los estatutos de la IV Internacional, porque la normatividad de la Internacional fundada por Moreno era democratista y lo que se necesitaba era una mayor centralización.
Tanto Moreno como Trotsky insistieron en la necesidad de fortalecer el polo democrático frente al centralista, en esta etapa inicial de la construcción del partido mundial revolucionario y sus secciones nacionales. Sobre todo porque, como decía Moreno, “nuestras direcciones son débiles aunque quienes dirijan sean viejos y se hayan pasado la vida estudiando el marxismo. Son débiles porque todavía ninguno ha pasado la prueba de dirigir”. Y esta situación descrita por Moreno no sólo no ha cambiado positivamente. Al contrario, nos hemos debilitado aún más. Nuestras direcciones son significativamente más débiles que aquellas de las que hablaba Moreno. ¡¿Cómo es posible que se diga que se necesita más centralización a manos de una dirección que ha llevado al principal partido de la LIT a una degeneración de tan graves dimensiones?!
Incluso se plantearon aberraciones como desaparecer las secciones simpatizantes, la militancia individual y quitar, de facto, el derecho a los militantes para que hicieran contribuciones individuales a la discusión de precongreso.
La infección está en la médula. Desde hace largos años, el SI está integrado por dos de los principales dirigentes del partido brasileño. Además del concepto menchevique y estaliniano del partido que han promovido los dirigentes de la LIT, la desviación nacional trotskista ha sido alimentada por ellos y en el futuro se anuncia que seguirá siendo de la misma forma. El Documento que se discute en el PSTU sobre concepto de partido toma una frase textual del balance redactado por el SI: El desarrollo del PSTU debe ser una palanca para el desarrollo de la LIT (las negritas están en el original). Tampoco menciona jamás, que para combatir el riesgo del nacional trotskismo que puede “destruir al PSTU y a la LIT”, es necesario que los dirigentes y militantes brasileños sometan a un permanente escrutinio la política aplicada por el partido brasileño y escuchen atentamente las críticas y opiniones que provengan de otros partidos, así sean mucho más pequeños.

Es el concepto de partido madre del que hablamos antes y que está en el Documento brasileño. A los dirigentes de la LIT no les preocupa combatir el nacional trotskismo; sólo dedican algunas líneas de su balance para advertir sobre el riesgo del despotismo nacionalista de los brasileños, que se “consideran superiores respecto del resto de los pueblos latinoamericanos”. (BDI-2 en español, p 16)

Al fin, la preocupación del SI por reconvertir a los partidos y grupos de la LIT en verdaderas organizaciones bolcheviques es de dientes para afuera. Así lo demuestra el hecho de que se excluyera del temario del seminario internacional, al que se convocó a participar a los principales cuadros y dirigentes de la Internacional, el tema del concepto de partido, cuando se reconoce formalmente que este es uno de los flagelos más graves que sufre la LIT. Se desaprovechó así, sin explicación alguna, la oportunidad de discutir y ganar, con una paciente pero exhaustiva discusión y profundo estudio, a lo mejor de la Internacional, para un concepto realmente bolchevique de partido y de internacional.

Fraternalmente
Comité Central del Partido Obrero Socialista
México, julio de 2005
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