El León se Agazapa para Saltar – Crítica y exaltación de la obra de Moreno

¿El león se agazapa para saltar?

 Una reflexión sobre la situación mundial y las perspectivas revolucionarias

 

 

Comité Ejecutivo del POS-México, junio de 2009.

 

 

Nosotros no pertenecemos a una iglesia que tiene una Biblia que

se llama “Teoría de la Revolución Permanente”, escrita por Trotsky

en 1927, como esa Biblia escrita cien o ciento cincuenta años

después de Cristo. Nosotros no tenemos, felizmente, una Biblia.

(No tenemos) ningún documento definitivo, sino documentos científicos, que

cambian con la realidad y con el nuevo estudio de la realidad. Si yo

lograra que de este curso ustedes salgan convencidos de que tienen

la obligación de pensar y que ese pensamiento esté abierto, habría

logrado el mayor porcentaje de éxito que quiero en este curso.

N. Moreno, 1984.

 

 

 

 

P r e á m b u l o

 

Del espíritu crítico con el que debe encararse esta discusión

 

Con este documento la dirección del POS prosigue la elaboración que desde hace años ha venido llevando a cabo. Este texto está dedicado a la situación de la lucha de clases a nivel mundial (y también a explicar racionalmente la marginalidad y crisis que los grupos revolucionarios hemos sufrido en los años pasados) pero, inusualmente, lo comenzamos con una lista de de citas tomadas del libro de Nahuel Moreno, Escuela de Cuadros, Argentina, 1984, dictada dos años antes de su muerte. Con ellas, queremos mostrar que el autor estaba llevando a cabo una revolución en el pensamiento marxista, lo que no pudo concluir, y que incluía el concepto de “situación revolucionaria”.

 

Moreno había llegado a la conclusión de que en textos clásicos, como La Revolución Permanente, de Trotsky, existen errores. Llamaba entonces a sus discípulos a pensar y a tener un pensamiento abierto, crítico.

 

Al fundarse la CIR (Corriente Internacional Revolucionaria) y ante la perspectiva de formar una organización internacional con la UIT (Unidad Internacional de los Trabajadores), es necesario retomar al menos parcialmente la tarea que se fijó Moreno, imprescindible para dilucidar qué ocurre hoy en el mundo. Ya existe un debate dentro de la CIR y con la UIT sobre la naturaleza de la situación mundial actual. Para que éste sea fructífero y nos lleve a definiciones, caracterizaciones y políticas correctas, es necesario conocer las obras clásicas y sobre todo la elaboración que Moreno preparaba sobre el tema.

 

El fundador de la LIT (Liga internacional de los Trabajadores) hizo críticas certeras al pensamiento de Trotsky. De la misma manera, un cuarto de siglo después, es evidente que en la teoría de Moreno existen también errores que nuestra actual perspectiva histórica nos permite apreciar. Es decir, su obra debe estudiarse con la misma actitud crítica de la que él hizo gala.

 

Aquí nos limitamos a evaluar sólo algunos de los conceptos que Moreno puso en su mira, sobre todo aquellos que nos acerquen a entender mejor y a definir con más aproximación la situación política internacional actual.

 

 

 

Citas tomadas del libro de N. Moreno (1984):

 

 

Nosotros también nos equivocamos mucho

Queremos ver si les inculcamos a los compañeros esto que hemos dicho de Lenin y Trotsky. Queremos ver si le inculcamos que hay que pensar todos los días, que

hay que ser crítico. No debemos creer que tenemos todos los problemas solucionados.

Por eso yo traté de solucionar los problemas y de explicar clarito el

lío que es el marxismo. Tratamos de crear una asimilación crítica.

Es decir, que vean que cada día se producen fenómenos nuevos;

que estamos en el siglo más espectacular que ha conocido la

historia, y es espectacular porque cada día hay un fenómeno nuevo.

Ese también es un objetivo fundamental del curso: que sea

crítico, para que elaboren. Por eso el capítulo sobre revolución

permanente es muy importante para mostrarles los distintos tipos de

revoluciones, y que pueden surgir nuevos tipos de revoluciones

como el que barajaron Lenin y Trotsky, y otros como el del chiste

de Paraguay. Y el curso tiene que ser crítico: que sepan que Lenin y

Trotsky se equivocaron, y que nosotros también nos

equivocamos mucho. (subrayados en el original)

 

 

Trotsky no siempre aplicó la ley que había elaborado

Concretamente, se ha dado una de las más importantes leyes del

desarrollo desigual y combinado, y desgraciadamente Trotsky no la aplicó.

Trotsky volvió a pecar de poner un signo igual, y dijo:

“Revolución obrera = la hace la clase

obrera = la hace un partido marxista revolucionario”. Nuevamente

cometió ese gravísimo error, que es de

lógica formal, de creer que todo es igual a todo, y no es desigual

y combinado. No cumplió con

una de las más importantes leyes del desarrollo desigual y

combinado, que dice que sectores de una clase pueden hacer

revoluciones de otra clase.

 

 

Modificación permanente de la teoría de la Revolución permanente

Pero es muy posible que nuevos hechos obliguen a que la teoría de la revolución permanente se vaya modificando sistemáticamente en forma permanente. (pág. 45) En conclusión, hay que cambiar la teoría de la revolución permanente en su redacción…

 

 

Los documentos del morenismo están llenos de errores

Puede ser. [En ese caso] es un error. Estas son todas

cuestiones nuevas. Miramos hacia atrás (en los documentos del

morenismo) y están lleno de errores. Esto está lleno de problemas.

No es raro que hagan preguntas y

más preguntas, ni que encuentren formulaciones equivocadas en

viejos documentos del partido. Creemos que, si tuviéramos que

pasar un examen, en general lo pasaríamos bastante bien; porque

aclaro que muchos de estos problemas, en forma parcial, no

generalizada, nosotros los venimos planteando desde hace años.

Por ejemplo, el problema de [la definición de] situación

revolucionaria. Hace veinte años que nosotros venimos escribiendo

que hay un nuevo tipo de situación revolucionaria. Hoy en día, a lo

mejor hay varios [tipos]. No digo que hace veinte años

encontramos el problema. Pero sí [digo] que hace veinte años, o

más, que nosotros venimos planteando una serie de cuestiones, la

búsqueda de la solución a una serie de problemas teóricos que nos

plantea la realidad. Creo que hemos tenido más o menos la virtud

de no tener miedo de pensar por nuestra cuenta, y eso nos ha

llevado a errores muy grandes, pero también a aciertos bastante

importantes. (pág. 61)

 

 

Un sano empirismo es lo más dialéctico que hay

Siempre hemos intentado teorizar sin ignorar los fenómenos

reales. Entonces quería hacerles un alerta metodológico. Cuando

era joven a mí siempre me encantaba Lenin, por su empirismo. Y

eso que yo venía, al revés de Lenin y de Trotsky -y no sé si de

Kautsky-, de una formación filosófica hegeliana y, por lo tanto,

aparentemente por mis gustos tendría que estar en contra [del

empirismo]. Ahora, ya de viejo, vuelvo a los primeros amores: me

encanta Lenin por su empirismo. Porque en el fondo ese empirismo

es, en relación al proceso histórico, lo más dialéctico que hay; en

contra de ciertos elementos de tipo mecánico, como metodología,

de Trotsky. Busquemos después las palabras que maticen esto, para

que no vaya a fondo contra Trotsky. Es decir, para unirlos a los dos,

[a Lenin y a Trotsky] en nuestro “santoral”. No quiero bajar a

nadie, sino dar a cada uno su lugar.

Me adelanto a decir, entonces, una comprobación metodológica:

un sano empirismo, un sano hálito empírico es lo más dialéctico

que hay. Porque, de hecho, este sano empirismo de Lenin es:

“Dejemos que los hechos se produzcan, [que] las revoluciones [se

produzcan], y después hacemos las teorías”. Y no como creo que es

más o menos el enfoque de Trotsky: “Hacemos teorías de cómo va

a ser una revolución para todo el siglo”.

 

Se necesita una tratado sobre las revoluciones

¿Qué quiere decir “sano empirismo”? ¿Qué hubiera dicho

Lenin? Lenin hubiera dicho: “Soy medio empírico. ¿Por qué no

vemos [qué pasa en la realidad]?; después vemos, ajustamos [la teoría] a la

realidad; la realidad es tan rica, somos empíricos, no jodamos, no

seamos tan pedantes”. Así actuaba él. Al leerlo uno va viendo que

se va adaptando y sacando tácticas. Siempre es un estudioso

apasionado de lo que da la realidad. Y la realidad inmediata para

[elaborar] política inmediata; la realidad más general para

[elaborar] teoría más general. Por eso en el problema teórico

siempre es un poco tardío. Lenin es uno de los últimos en escribir

sobre el imperialismo, pero después redondea [el tema].

¿Por qué digo esto? Porque, de hecho, estamos elaborando entre

todos y vamos a ver si entre todos elaboramos, por fin, una teoría

marxista de las revoluciones. ¡Fíjense que cuestión seria! Se ha

discutido sobre reforma y revolución, pero no tenemos un tratado

sobre las revoluciones que ha habido y los tipos de revoluciones

que puede haber, ni hay alguien que empíricamente plantee esto,

que es leninista: la realidad es tan rica que puede haber otros tipos

de revoluciones. (pág. 62)

 

 

Sobre China, Trotsky cometió un error monumental

-Trotsky no niega que pueda haber revoluciones sin partido;

sólo pone al partido como condición para que triunfen. (Este es

un cuestionamiento que le hicieron a N.M.)

 

Pero para mí ése es el sectarismo. Para él la caída de Chiang

Kai-shek no es una revolución, [aunque afectó] nada menos que a

la tercera parte de la humanidad. Entonces ya no [sólo] es un error.

Trotsky le dice a Chen Tu-hsiu que no debe apoyar [a Mao], que es

un loco, que cómo cree que la caída de Chiang Kai-shek es

importante si Mao es igual a Chiang Kai-shek. Y resulta que

Chiang Kai-shek cayó, y cuatro, cinco o seis años después, (los maoístas)

expropiaron. Entonces, una de dos: o Chiang Kai-shek iba a

expropiar a la burguesía, o el error de Trotsky ya no es un error: es

un monumento como para que se ría un chico que recién entra al

trotskismo. (pág. 129)

 

Trotsky escribió categóricamente: “Mao Tse-tung va a un régimen capitalista, de

hecho contrarrevolucionario; si voltea a Chiang Kai-shek no

significa nada para la humanidad”. Dijo eso por su formulación de

la teoría de la revolución permanente. Hoy en día la realidad

muestra que eso fue un desastre.

 

 

Todo está replanteado y es necesario reorganizarlo

Todo está replanteado y es necesario reorganizarlo. De hecho, es el gran tema,

la gran discusión dentro del marxismo de posguerra y dentro del

propio trotskismo. Es la razón teórica de la crisis del propio

trotskismo. Por eso, no es casual que nosotros modifiquemos

cuestiones de documento a documento. Creemos que ya tenemos

algunas ideas directrices muy importantes, pero que todavía falta

perfeccionar.

 

 

¿Tiene vigencia la teoría de la Revolución permanente?

Porque, de verdad, para interpretar estos últimos cuarenta años,

el texto de las Tesis de la Revolución Permanente (de Trotsky) es flojo,

y esto es lo menos que se puede decir. Uno lo lee y lo lee y casi

no se encuentran más que una o dos Tesis que se hayan cumplido.

A eso tenemos que sumar que somos, desde el

punto de vista numérico, una secta. En la etapa más revolucionaria

de la humanidad, el partido más revolucionario que dio la

humanidad es una secta. Somos muy débiles. Es un problema de

honestidad intelectual de mi parte aclararles esto a ustedes, y

llegado el momento, también a los compañeros jóvenes. Nosotros

no vamos a engañar a nadie. El que se asuste por eso que se vaya.

Estamos discutiendo entonces el futuro del trotskismo, si

tenemos razón de ser o no: es la crisis más grande; [estamos

discutiendo si] las Tesis y la teoría de la revolución permanente

tienen vigencia. (pág. 71)

 

 

Tesis a un tiempo acertadas y equivocadas

Es decir, nosotros, que hemos planteado toda una serie de “heterodoxias”

-entre comillas-, creo que tenemos más mérito que nadie, estamos más

capacitados que nadie para decir si todo lo que nosotros decíamos

llevaba a una revisión como la de Barnes, es decir: las Tesis de la

revolución permanente y el trotskismo se equivocaron o, al revés

[como sostenemos nosotros], no se equivocaron para nada aunque

se equivocaron muchísimo.

 

 

Error de Trotsky ante la Segunda Guerra

Todo era para echar al nazismo. El trotskismo era pequeño.

Nosotros creemos que hay posibilidades de que Trotsky haya

errado total y absolutamente su análisis y su política sobre el

hecho más importante -revolucionario y contrarrevolucionario-

que se ha dado en la historia, que es la Segunda Guerra Mundial, y

por eso somos una secta. (subrayados en el original)

 

 

Los regímenes no han sido estudiados

Porque el problema de los regímenes no ha sido trabajado por el marxismo. Prácticamente no hay más que algunas frases… Pero, por ejemplo respecto a (la teoría de la) Revolución permanente, nosotros insistimos en que Trotsky tiene razón, pero no en el enfoque. En vez de tomar el sujeto, tiene que tomar el objeto. Ahí nosotros tomamos el factor estructural a muerte. (subrayado en el original)

 

*                     *                      *

 

Como vemos, Moreno es un gran subversor del marxismo y quizás algunas de sus críticas a Trotsky son exageradas (como la de la segunda guerra). Al mismo tiempo, es el teórico marxista más sobresaliente de la posguerra y el mayor defensor de la ortodoxia marxista, de sus principios científicos, teóricos, programáticos y de su metodología. Con ese mismo espíritu crítico debemos nosotros, 25 años después, acometer la elaboración de la teoría sobre el mundo actual.

 

 

 

 

Capítulo I

 

 

Una elaboración acertada sobre las relaciones de fuerza entre las clases

 

 

Para los militantes marxistas, el estudio de las relaciones de fuerza entre las clases es uno de los más importantes. La primera regla de la política revolucionaria dice que para saber cómo enfrentar a los adversarios y enemigos de clase hay que conocer cuál es la fuerza que tiene cada antagonista: la clase trabajadora y sus aliados, y el bloque de los contrarrevolucionarios. A partir de ese conocimiento puede elaborarse una estrategia y tácticas correctas.

 

Los leninistas coincidimos en que la Primera Guerra mundial abre un nuevo derrotero para el sistema capitalista, que pasa de ser un modo de producción progresivo para la humanidad y se convierte en una traba para las fuerzas productivas, porque genera guerras y penalidades para las masas, más que beneficios.

 

Con otras palabras, la clase trabajadora internacional lucha a partir de ese momento contra una clase social, la burguesía, que está asentada sobre una sistema económico-social en decadencia y que ya no puede crear un progreso general y sostenido, como lo hizo en las centurias pasadas. Este fenómeno modifica las relaciones de fuerza entre las clases y da lugar a una nueva época histórica, terminal o “superior” del sistema capitalista. Sus símbolos son la primera guerra mundial y la revolución socialista de fines de 1917.

 

Para N. Moreno otra gran fecha fundacional es la derrota de los nazis y del Eje en la segunda gran guerra, porque a partir de entonces predominan las revoluciones triunfantes y el alza de las luchas de las masas en el mundo, a diferencia de la fase anterior (1923-1943) en la que la tónica la marcaron dolorosísimas derrotas. La posguerra es una etapa histórica de decenas de revoluciones descolonizadoras y de revoluciones anticapitalistas en 15 países, entre ellos en el más poblado, China. Estos procesos revolucionarios quedaron enfriados cuando las burocracias dirigentes entronizaron regímenes dictatoriales.

Otro acontecimiento histórico es lo ocurrido en 1968. A partir de las rebeliones juveniles y obreras de ese año se sucedieron oleadas revolucionarias que liquidaron a la mayoría de dictaduras en el orbe. La derrota militar de EU en Vietnam en 1975 aceleró este proceso que tiene su cenit con las caídas de las dictaduras estalinistas en la Unión Soviética y en sus satélites, precedida por revoluciones democráticas en Portugal, Irán, Nicaragua, Grecia, Argentina, Brasil, etcétera.

La LIT en su congreso de fundación (1985) captó lo esencial de este proceso al caracterizar que en el mundo existía una situación revolucionaria:

“Eso es lo que nos lleva a definir la situación como alta­mente favorable para la LIT y como revolucionaria a escala mundial. Es decir, como un proceso desigual a escala mun­dial, pero caracterizado por la situación revolucionaria: la crisis del capitalismo mundial, el ascenso y las luchas revo­lucionarias de los trabajadores del mundo entero y la crisis irreversible de los aparatos contrarrevolucionarios.

“¿Por qué decimos que hay situación revolucionaria? ¿Porque creemos que va a haber una Revolución de octubre en algún país del mundo? No. ¿Porque va a haber grandes moviliza­ciones revolucionarias, guerras civiles, crisis revoluciona­rias, aunque no triunfen? Sí. Creemos que hay crisis revolu­cionarias y que las va a seguir habiendo”, dijo enfáticamente N. Moreno (N.M.) en ese congreso.

Y, en efecto, poco después, entre 1988-1990 ocurrieron numerosas revoluciones, la mayoría triunfantes, que cambiaron las relaciones de fuerza entre las clases a nivel planetario y abrieron una nueva etapa histórica, aunque ninguna de ellas fue una revolución como la habida en el décimo mes de 1917 en Rusia.

Entonces, si no fueron revoluciones tipo octubre, como predijo Moreno, ¿qué tipo de revoluciones fueron? Y, ¿qué revoluciones vaticinó?

 

Capítulo II

Los pronósticos y las caracterizaciones equivocadas de Moreno

 

Moreno es el gran teórico de la posguerra porque su obra -a un tiempo continuadora y en ruptura en algunas cuestiones con la de Trotsky- es la que nos permite comprender racional y científicamente el mundo que vivió. Estudió con tenacidad de entomólogo las revoluciones china, cubana, yugoslava y en el oriente de Europa, y los más importantes acontecimientos históricos habidos entre los años 40 al 80, que sólo son plenamente entendibles a la luz de su pensamiento. Además, y esto es lo más importante, fue un estratega de la revolución mundial, un obsesivo constructor de una organización internacional revolucionaria y de una técnica para hacer política de la que nos beneficiamos miles de militantes.

 

Esta creación teórica la desenvolvió en una permanente polémica con algunos de los más destacados pensadores de su época, como Ernest Mandel, Ernesto Guevara, Jack Barnes, Althusser y muchos otros. Su lucha fue por preservar y desarrollar una teoría que diera base a un programa marxista adecuado al mundo contemporáneo y que todo ello se corporizara en una asociación internacional de los trabajadores.

 

Moreno (N. M.) y su corriente también acertaron en el trazo grueso del proceso hasta 1990, a saber, que se sucederían numerosas revoluciones en el mundo y que inaugurarían una nueva etapa histórica en la lucha de clases, lo que ocurrió. Estas revoluciones, que llamó democráticas o “de Febrero”, derrotaron a regímenes contrarrevolucionarios o reaccionarios “para imponer una etapa de amplias libertades democráticas que abre la perspectiva de lograr la designación de los gobernantes por medio de elecciones”[1].

 

Esto ocurrió también en las importantes revoluciones que la muerte (1987) le impidió conocer -como la habida en la Unión Soviética en 1989. Pero la mayoría de las características que predijo tendrían estos procesos, la naturaleza de la fase histórica que pensaba se desarrollaría y otros pronósticos que elaboró son discutibles o francamente erróneos.

 

 

1. Un concepto equivocado de las revoluciones democráticas

 

El concepto de N.M. de las revoluciones que recién habían ocurrido o que ocurrirían en esos años (años 80s del siglo pasado) es que serían eran es esencia iguales a la habida en el segundo mes del año 1917 en Rusia.

 

“Las analogías históricas y estas discusiones, tanto teóricas como

políticas -no sólo sobre nuestro país-, tendrán consecuencias teóricas

amplias e importantes. Para nosotros, la revolución

“democrática” argentina es similar a la revolución

de 1905 y a la de febrero rusa…” (Op. Cit.)

 

Pero salvo las cualidades de que estas revoluciones derrocan regímenes autoritarios (y que entregan el poder a corrientes políticas conservadoras), no aparecieron otras características que vaticinó tendrían estos procesos, no repitieron en lo esencial la Revolución de febrero rusa.

 

 

1.2. No instauraron gobiernos o regímenes kerenskistas

 

En el mismo texto que recién citamos, agrega que:

 

“Una característica de todas las revoluciones democráticas no sólo es el cambio de

régimen, sino el hecho de que quienes sostienen al gobierno “revolucionario”

son partidos burgueses o pequeñoburgueses que

controlan al movimiento de masas. Esto hace que sean gobiernos

extremadamente débiles, kerenskistas.  (155)

 

Es cierto que los nuevos gobiernos que se asentaron sobre las ruinas de las dictaduras fueron generalmente de partidos burgueses o pequeño burgueses. Pero es un error decir que dieron lugar a gobiernos y regímenes kerenskistas, es decir débiles, inestables. La enorme mayoría instauraron regímenes de democracia burguesa y gobiernos correspondientes, estables, y sólo los menos tuvieron rasgos kerenskistas, que fueron desapareciendo.

 

 

1.3. No se desarrolló un poder obrero y popular

 

En el cuadro que autor hizo sobre este tipo de revolución aparece el “poder dual”:

 

“MODELO I: REVOLUCIÓN RUSA

 

(…)Poder dual: Hay organismos obreros democráticos de poder.”

 

En otra parte, el autor asegura que se desarrollará un poder obrero y popular:

 

“El poder obrero y popular en un momento determinado existe, pero puede estar atomizado, ser molecular, no organizado ni institucional. Siempre, cuando entra en crisis el poder

y el régimen existentes, queda una tierra de nadie y la existencia de

hecho de dos poderes.”

 

Es cierto que en algunos países en donde ocurrieron este tipo de revoluciones hubo síntomas o en casos excepcionales doble poder, pero no puede decirse que lo hubo como característica distintiva. En donde hubo este fenómeno, fue liquidado.

 

 

1.4. La revolución democrática no abrió la fase de la Revolución de Octubre

 

Para N. M. el triunfo de la Revolución democrática o de Febrero (para él eran sinónimos) abre la fase de la revolución socialista, es decir, de un proceso continuo como el que desembocó en la revolución habida en Octubre de 1917 en Rusia. Moreno no barajó la posibilidad de que se pudiese generar una discontinuidad o ruptura entre la revolución democrática y la revolución de Octubre, es decir, que entre una y otra se desarrollara una etapa histórica de regímenes democrático burgueses. Para nosotros es ahora evidente que sistemas políticos de este tipo se introdujeron como una cuña entre ambas revoluciones, la democrática y la socialista, y aplazaron ésta última durante un periodo histórico.

 

Así lo dijo:

 

“Pero una vez que se derrotó al régimen (dictatorial), se sacó una

losa que nos permite salir al aire libre y plantear estas tareas como

inmediatas y fundamentales. Esta importancia de primer plano,

inmediata, que adquieren las tareas anticapitalistas y las otras tareas

democráticas y antiimperialistas, como la lucha por la independencia

nacional, hace que la etapa abierta después del triunfo (de la revolución democrática) sea la de

la revolución socialista.  (Op. Cit., subr. nuestro).

 

“Lo otro que hay que agregarle a la teoría de la revolución

permanente es, primero, que las revoluciones democráticas hoy en

día son anticapitalistas y antiimperialistas, [y el imperialismo] es la

máxima expresión del capitalismo. Y, por esa vía, inevitablemente

se avanza: se tiene que transformar en revolución socialista.”

 

“El nuevo contenido está marcado por la marcha desde la revolución democrática

triunfante hasta la revolución socialista sin solución de continuidad” (los subrayados son nuestros).

 

 

1.5. Caracterizaba que el capitalismo estaba agotado

 

Para N.M. la base objetiva de que el proceso político de fines del siglo XX fuera tan potente como el habido en 1917 en Rusia se debía a que, para él, el capitalismo como sistema económico-social era incapaz de solucionar los problemas y las necesidades materiales mínimas de las masas:

 

“Pero no sólo es la etapa de la revolución socialista por las tareas

que enfrenta, es decir porque adquieren mucho mayor peso las tareas

anticapitalistas, sino fundamentalmente por el problema del

poder y del gobierno. Es la etapa donde para solucionar los problemas

ya no es suficiente la caída del régimen contrarrevolucionario,

sino que es indispensable en el terreno económico y social voltear

el sistema capitalista semicolonial. (Op. Cit., subrayado nuestro)

 

Como veremos más adelante, para él la crisis económica era tan profunda que las corrientes políticas reformistas ya no tenían espacio de actuación.

 

 

1.6. Vislumbró sólo dos perspectivas históricas, ninguna de las cuales ocurrió

 

“Esto significa, en cuanto al futuro, que la clase obrera tiene dos

alternativas y sólo dos a partir de este momento (luego del triunfo de la revolución democrática): ser derrotada por un golpe contrarrevolucionario o hacer la revolución socialista.” (Op. Cit.)

 

Apareció una tercera alternativa: la existencia de la clase trabajadora bajo un régimen de libertades democrático burguesas y de relativo crecimiento del capitalismo.

 

 

1.7. Vaticinaba la destrucción de las fuerzas armadas burguesas

 

“…al igual que la destrucción de las Fuerzas Armadas, (el doble poder) se puede dar en el

trayecto de la revolución democrática a la revolución socialista; no

tiene por qué ser previo al triunfo de la revolución democrática.”

 

 

1.8. Suponía que la burguesía quería liquidar el régimen democrático

 

“Otra forma de demostrar, pero por la negativa, que ha habido

una revolución triunfante, es la política de la contrarrevolución,

que no descansará hasta derrotar la nueva etapa democrática. Si

no hubiera habido cambio de régimen no querrían derrotarlo.” (subr. nuestro)

 

Lo excepcional fue que la burguesía quisiera cancelar su régimen democrático (por ejemplo, un sector del empresariado venezolano en 2003); su estrategia fue consolidarlo en todos los países o combinarlo con el régimen anterior.

 

 

1.9. Caracterizaba contradicciones agudas y explosivas

 

“El triunfo de la revolución democrática argentina abrió una etapa

de contradicciones y luchas cada vez más agudas y explosivas.

Esto se debe a una razón muy sencilla: que ese triunfo plantea una

contradicción gravísima, no resuelta, que se va a agudizar cada vez

más por la etapa pos triunfo de la revolución democrática.”

 

“[En las revoluciones de febrero] hay enfrentamiento en las calles, movilizaciones de masas, etcétera, etcétera.(…), la de febrero origina un poder dual, hay crisis en el ejército, etcétera…”

 

Pero en la mayoría de los casos, luego de las revoluciones que acabaron con dictaduras se estabilizaron más o menos rápidamente regímenes democrático burgueses en los que las luchas de las masas disminuyeron cualitativamente.

 

2. Exageró la crisis en los aparatos contrarrevolucionarios

“Pero hay un tercer factor que hace que la situación para el imperialismo sea tremenda –citamos a N. M.-, que es la crisis de los apara­tos contrarrevolucionarios. Ahora sí se dio lo que nosotros, los trotskistas, veníamos esperando. El guevarismo y el maoísmo, unos aparatos, unos sub aparatos stalinistas que a partir de 1968 fueron grandes potencias que arrastraron a lo mejor de la vanguardia [de ese período], ya desaparecieron. El maoísmo y el guevarismo desaparecieron como corrientes del movimiento obrero mundial. (…)

“El aparato contrarrevolucionario stalinista y la Segunda Internacional subsisten, pero también en crisis completa, dejando de lado los votos que sacan. Todavía no ha ocurrido como con el maoísmo; no han desaparecido. No vamos a decir que la crisis ha hecho que murieran, pero sí que están en un proceso colosal de crisis.

“Es una situación revolucionaria por la crisis económica, por las luchas de las masas. (…) Pero pocos han tocado el hecho decisivo en el que noso­tros insistimos. Me da la impresión de que, en el fondo, no nos damos cuenta de la magnitud de la definición del fenó­meno: [la situación revolucionaria se da] en un momento de crisis total de los aparatos contrarrevolucionarios. Es justa­mente al revés de 1943, 1947 o 1949, cuando hubo un ascen­so revolucionario colosal pero al mismo tiempo hubo fortificación de los aparatos. Esa es la gran contradicción: ahora no, ahora hay una crisis colosal de los aparatos.

“Debemos darnos cuenta de lo específico de este elemento, que viene agravándose desde 1968 hasta ahora, haciéndose cada vez más grave. El ascenso del movimiento de masas y la crisis económica no dan pie al reformismo y esto hace que para las propias masas la crisis de los aparatos cada vez sea más grande. Es fácil combatir a la burocracia, facilísimo. Los burócratas les dicen a los obreros: “¿Qué vamos a hacer? Hay que aguantar la disminución del nivel de vida”. Y los trotskistas -‑ya casi solos-‑ y los obreros por la base deci­mos: “¿Cómo? No queremos que nos disminuya el nivel de vida”. Comienza un lío bárbaro entre las masas, los trotskis­tas y los burócratas (Intervención en el Congreso de fundación de la LIT, 1985).

 

3. Imaginó la existencia de infinidad de grupos revolucionarios fuera del trotskismo

“Hay infinidad de grandes revolucionarios, luchadores y grupos que se reivindican de Mao, de la Revolución Ininterrumpida, etcétera, etcétera. Pero [están] en la línea de hacer la revolución contra la bur­guesía, no en la línea de la unidad y del bloque de las cuatro clases. Entre otras cosas porque en Latinoamérica, donde están esos maoístas, por más que busquen a las otras tres clases no van a encontrar nada más que una, que son los trabajadores súper explotados.”

 

Ante este fenómeno –inexistente- planteó que nuestros partidos trotskistas deberían proponerle a esos grupos el “Frente único revolucionario” en la mira de hacer grandes partidos. En México, uno de los pocos lugares en donde se aplicó esta política, los resultados fueron catastróficos.

 

4. Caracterizó que ya había llegad la “hora del trotskismo”

“Ahora sí se dio lo que nosotros, los trotskistas, veníamos esperando”, dijo, en alusión a que aparecerían excepcionales oportunidades políticas. Y en la Actualización del Programa de Transición, en 1981, escribió una tesis que anuncia que “ha llegado la hora de construir partidos trotskistas con influencia de masas”.

 

5. Caracterizó que el imperialismo yanqui estaba al “borde de la caída”

“Por un lado soy de un optimismo terrible. Yo opino que ya

estamos al borde de la caída del imperialismo yanqui por El

Salvador. Creo que se ha hecho uno de los engaños más terribles.

Este número de nuestro periódico es histórico porque plantea a

fondo esa cuestión. Todo lo que pasa es que El Salvador está por

ganar. Ya es un Vietnam, nada más que al lado de Norteamérica.

Lo que están haciendo [las direcciones y también] todas las

corrientes de la Cuarta es algo terrorífico. Le están entregando el

triunfo a la burguesía superreaccionaria del área, que está

aterrorizada porque la revolución avanza. Es decir, está mejor que

en España. Está mil veces mejor que en China. En El Salvador

están dándole una paliza espantosa al imperialismo. Entonces hay

una cortina de humo: que ya el imperialismo invade, que se traga

todo, que hay que cederle.

 

“Si el imperialismo invade es un lío. En tres, cinco, ocho o diez

años es el fin del imperialismo. Esa es la verdad. Ya está cobrando

una paliza monstruosa. Si invade Nicaragua recibe otra paliza

terrible. Puede ocupar la mitad, puede terminar de liquidar a toda

Nicaragua, pero van a morir veinte, treinta, cuarenta mil [yanquis].

Y se arma lío en toda Centroamérica. En este sentido soy muy optimista.”

 

 

*      *       *

 

 

Lo que sucedió luego de la caída de las dictaduras, fue la entronización y estabilización de regímenes democrático burgueses en la mayoría de países. Es interesante saber que Moreno atisbó que podría darse esta variante, aunque, lamentablemente, la desechó al considerar que no era viable o que duraría sólo un “corto interregno de uno o dos años”.

 

 

 

 

 

Capítulo III

 

 

La etapa de las Revoluciones democráticas “al cuadrado” o “congeladas”

 

 

En la escuela que Moreno dictó en Argentina en 1984, gracias a una de sus discípulas, recordó una interesante categoría: revolución “abortada o congelada”, que es la variante que en esencia ocurrió en el mundo en las décadas pasadas. Esta es la parte del diálogo que sostuvo sobre el tema:

 

“Trotsky ha escrito cuestiones muy interesantes sobre la revolución

alemana. Por ejemplo dijo que era una revolución, pero que se iba

dando por etapas, por medias revoluciones. Y otra cosa que

escribió es esa cita que vos, Turquita, me aportaste sobre la

revolución abortada. La compañera ha aportado una categoría de

Trotsky apasionante y muy buena. Nosotros ya sabíamos eso,

conocíamos toda la elaboración de Trotsky sobre ese tema, pero

habíamos olvidado la definición en sí.

Trotsky, si no recuerdo mal, sostenía que la caída del Kaiser era

una revolución socialista y de hecho dirigida por la socialdemocracia.

 

-Congelada por la socialdemocracia.

-Congelada, abortada. Es una categoría muy interesante que me

parece que hay que incorporar: en qué medida una revolución de

febrero que no se transforme en una revolución socialista, [en la

cual] no hay una contrarrevolución burguesa [triunfante], es una

revolución congelada o abortada. Habría que trabajar eso a fondo;

está dentro de nuestro análisis (págs. 66-67).

 

En la misma Escuela volvió a referirse al tema y acuñó otra denominación para estas revoluciones: “doblemente democráticas”, porque, primero liquidan un régimen dictatorial, y luego instauran y consolidan un régimen democrático burgués:

 

“Estamos en contra del criterio stalinista de

las revoluciones por etapas. Estamos en contra del criterio stalinista

de que la revolución es democrática y sólo democrática. Opinamos

que es combinada. No renegamos de nada de lo que dice Trotsky

en ese sentido. Pero, debido al peso del stalinismo y a nuestra nula

influencia, han sido doblemente democráticas: han sido

democráticas porque el gran objetivo era tirar abajo a un régimen

fascista, y han sido democráticas porque el stalinismo las frenó

llevándolas a un nuevo régimen democrático burgués.”

 

Desde otro ángulo, al explicar el pensamiento de Preobrazhensky, divergente del de Trotsky, hizo una pintura exacta de lo que ocurriría en la mayoría de los países años después, luego del triunfo de las revoluciones democráticas:

 

“Pensando en términos argentinos, un Preobrazhensky actual

habría dicho:

 

“ ‘Ustedes dicen que sólo un partido revolucionario

marxista, y sólo la clase obrera salva a la Argentina haciendo una

revolución socialista. (Pero) el gran problema objetivo que tiene la

Argentina es sacarse de encima la dictadura militar, esa es la gran

tarea y, francamente, no me vengan a molestar, a ser esquemáticos

o dogmáticos de que sólo la clase obrera y un partido marxista

revolucionario centralizado voltea a este gobierno. Esa clase y ese

partido pueden no ser ni la clase obrera ni el partido marxista

revolucionario. Y una vez que voltean al gobierno militar, no está

descartado que, por cinco, diez, quince años, ese gobierno

solucione los problemas del país sin hacer la revolución socialista.’ ”

 

 

Al estudiar la revolución democrática en Argentina, N. M. se percató que el plan de la burguesía era consolidar un régimen democrático:

 

“Concretamente, la burguesía quiere que

las masas dejen de movilizarse y que las Fuerzas Armadas y el gobierno

se fortifiquen a través del llamado a elecciones, con la apertura

democrática legal. Estos intentos han fracasado hasta la fecha

ya que, por el contrario, las libertades democráticas han servido

para que las masas pierdan el miedo y se lancen en oleadas a la

lucha. Esta política de la burguesía puede verse fortificada (y no

negamos la posibilidad de que así suceda) e incluso concretada

durante un corto interregno de uno o dos años, a través del

juego de las instituciones democráticas burguesas: lo que hemos

denominado contrarrevolución democrático-burguesa.[2]

 

“La gran maniobra del gobierno, los partidos políticos y la burocracia

sindical es desviar la movilización de masas hacia las elecciones

internas de los grandes partidos primero, y después hacia la

elección nacional, para desembocar por último en un régimen democraticoburgués

que estabilice y supere la crisis del sistema burgués.” (Op. cit, subrayado nuestro).

 

Por un momento Moreno miró con preocupación que el proyecto de instaurar y estabilizar regímenes democrático burgueses se concretara y alertó a sus seguidores a tener “cuidado con un falso optimismo”:

 

“Todo lo que venimos diciendo –dijo- no debe llevarnos a una confusión:

creer que el plan burgués ha caído en el vacío, que su maniobra

de desviar la movilización revolucionaria al proceso electoral, a

la reorganización de los partidos, no tiene ningún éxito. Por el contrario,

ha logrado, en buena medida, postergar los grandes enfrentamientos

contra el sistema capitalista. Ha conseguido hacer olvidar

en cierto grado la explotación y la colosal crisis económica del régimen

y del sistema. Ha podido aparentemente superar la crisis de

los grandes partidos y alejar la posibilidad de una huelga general

que enfrente al régimen en forma completa, total, hasta su caída. En

la actual etapa la burguesía se conforma con superar esta crisis de

los partidos políticos burgueses como paso previo a lograr una democracia

burguesa sólida, fuertemente estructurada en la próxima

etapa del gobierno constitucional.”

 

Sin embargo, inmediatamente después de escribir estas palabras Moreno cayó precisamente en un optimismo sin fundamento, al apreciar que este proyecto no tenía mayor asidero y que sería sólo un fenómeno efímero:

 

“Como todas las maniobras de la burguesía en esta etapa de

crisis y de ascenso revolucionario, tiene vuelo corto; son éxitos

efímeros…”

 

“Esto no quiere decir que no exista una contrarrevolución democrático-burguesa,

pero ésta dará un régimen extremadamente inestable,

que no hará más que exasperar, en esta época revolucionaria, el

enfrentamiento revolución-contrarrevolución. Un régimen democrático-burgués

puede tener un rol permanentemente contrarrevolucionario,

de canalización de las luchas obreras, en una etapa de

estabilidad de la burguesía, de acumulación capitalista normal. En

una situación de crisis, de intensificación de la lucha de clases, el

régimen democraticoburgués es un interludio hacia la revolución

socialista o hacia la contrarrevolución fascista.”

 

 

 

Capítulo 4

 

 

La era Preobrazhensky

 

Veinte años de democracia burguesa y de crecimiento económico mundial

 

La democracia burguesa que hay en Europa (…) es producto de la movilización revolucionaria de las masas mundiales. Negamos que sea una maniobra de los monopolios o del imperialismo. Los monopolios y el imperialismo quieren Estados totalitarios. Donde hay democracia, es una conquista histórica del movimiento de masas mundial.

La democracia burguesa en Estados Unidos es una conquista histórica, revolucionaria, de las masas norteamerica­nas desde la Independencia, la Guerra de Secesión y las colosales batallas sistemáticas del movimiento de masas norteamericano para impedir el proceso del imperialismo hacia un estado bonapartista de tipo totalitario.

N. Moreno.

 

 

 

 

Moreno erró en su pronóstico sobre el curso histórico y en lugar de Revoluciones de Febrero que continuaban hasta convertirse en Revoluciones como la de Octubre de 1917, aparecieron regímenes de democracia burguesa que congelaron durante una fase histórica el proceso revolucionario internacional. Más bien se cumplió el vaticinio de Preobrazhensky quien, según Moreno, de haber vivido en los años 80s de la centuria pasada hubiese dicho:

 

‘Ustedes dicen que sólo un partido revolucionario

marxista, y sólo la clase obrera salva a la Argentina haciendo una

revolución socialista. (Pero) el gran problema objetivo que tiene la

Argentina es sacarse de encima la dictadura militar, esa es la gran

tarea y, francamente, no me vengan a molestar, a ser esquemáticos

o dogmáticos de que sólo la clase obrera y un partido marxista

revolucionario centralizado voltea a este gobierno. Esa clase y ese

partido pueden no ser ni la clase obrera ni el partido marxista

revolucionario. Y una vez que voltean al gobierno militar, no está

descartado que, por cinco, diez, quince años, ese gobierno

solucione los problemas del país sin hacer la revolución socialista.’ ”

 

 

Debemos entonces hacer un esfuerzo por describir qué fue lo que ocurrió en la realidad en estos últimos veinte años.

 

Lo más característico en el mundo luego de las revoluciones de 1989-1990 son los siguientes hechos:

 

  • a) Las revoluciones democráticas son parte de la revolución socialista internacional e inauguran una nueva fase histórica, superior a la anterior, es decir, más favorable a las masas trabajadoras.
  • b) Se generalizan los regímenes políticos de democracia burguesa en la mayoría de países. El “sistema mundial de Estados” es predominantemente democrático burgués.
  • c) Estos regímenes tienen en su génesis revoluciones, es decir, son representativos de grandes victorias de las masas, que establecieron una relación de fuerzas entre las clases cualitativamente más favorable para el proletariado, en relación con la habida en los regímenes dictatoriales. Al mismo tiempo, estos regímenes son una contención de la revolución, ahora mediante procedimientos “democráticos”.
  • d) Las revoluciones democráticas habidas en los países obreros ideológicamente aparentaron luchar contra el comunismo y generaron la ilusión entre amplios sectores de la población mundial de que el socialismo ha fracasado. En este aspecto fueron un triunfo de los imperialistas.
  • e) La caída del estalinismo del Kremlin como fuerza contrarrevolucionaria organizada a nivel mundial conllevó al declive de su control totalitario sobre amplios sectores del proletariado internacional, que ahora están en mejores condiciones objetivas para obtener su independencia política.

 

  • f) La economía mundial crece y en algunas regiones y países lo hace espectacularmente, como en China y en la India. El crecimiento de la primera quizá no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Es un crecimiento lleno de contradicciones, probablemente más de las que hubo que en otras fases históricas. La novedad es que algunos países como China e India crecieron a expensas de la industria instalada en la mayor potencia mundial, Estados Unidos.

 

  • g) En los países semicoloniales y obreros las burguesías o burocracias abrieron las economías a los capitales privados. Está en debate si estos procesos concluyeron en el “Tercer Mundo” con su recolonización y en los Estados obreros con la restauración del capitalismo.

 

  • h) El desenvolvimiento de la economía mundial fue fundamentalmente pacífico, es decir, sin grandes enfrentamientos militares como las dos grandes guerras habidas en la primera mitad del siglo XX. En relación con esas conflagraciones, durante esta etapa las guerras fueron pocas y contrarrevolucionarias, como las de Afganistán e Irak, que aceleran la decadencia de los EU.

 

  • i) Cientos de millones de campesinos dejaron de serlo. El proletariado mundial amplió su número y objetivamente se fortaleció. La mayoría de la población mundial ya vive en ciudades.

 

  • j) Sectores de las poblaciones explotadas mejoraron su nivel de vida (consumo, educación y salud[3]), aunque, aun en el mejor momento de la “globalización”, persistieron cientos de millones de seres humanos en la miseria. Algunos sectores del proletariado, como en EU, sufrieron una caída en sus salarios.

 

  • k) El imperialismo hegemónico, el de EU, continúa su declinación sin que aparezca a la vista uno que pueda sustituirle. El frente contrarrevolucionario mundial, fincado en dos enormes poderes en la etapa histórica anterior -el de los imperialistas y el de la burocracia estalinista-ahora tiene un solo pilar (relativamente) sólido, los imperialistas.

 

  • l) Ocurren algunas revoluciones propias de la etapa histórica anterior, como en México (2000) y en Indonesia (1997), que (casi) completan el ciclo de revoluciones anti-dictatoriales o democráticas.

 

  • m) El deterioro del medio ambiente, llevado a cabo en todas las épocas por todas las civilizaciones, alcanza en esta fase histórica niveles alarmantes, pudiendo llevar al colapso a la humanidad.
  • n) La mayoría de los regímenes políticos democráticos gozó de una estabilidad relativa.
  • o) Las burocracias sindicales y políticas se adaptan a la democracia burguesa y preservan en ella sus privilegios, es decir, se consolidan, aunque con distintos grados de crisis.
  • p) La “reorganización de los trabajadores”, es decir, el surgimiento de poderosas asociaciones democráticas de las masas dirigidas por corrientes revolucionarias o proto revolucionarias, no ocurrió.
  • q) Las grandes figuras políticas de esta etapa fueron burócratas estalinistas como Deng; neoestalinistas (Yeltsin, Putin); burgueses que encabezaron revoluciones democráticas (Fox, Alfonsín) o personajes con lenguaje antiimperialista como Hugo Chávez, Evo Morales y Correa. En el Cercano Oriente el fundamentalismo islámico ganó la escena política.
  • r) No fue la “hora del trotskismo” porque bajo regímenes democrático burgueses estables la corriente marxista revolucionaria no puede plantarse ampliamente entre sectores de la clase trabajadora.
  • s) El trotskismo profundizó su crisis y marginalidad. Casi toda una generación de revolucionarios se perdió al integrarse al juego parlamentario, al abrazar proyectos reformistas o al desmoralizarse. El morenismo sufrió una diáspora.
  • t) Persiste la crisis en la dirección del proletariado, aunque en esta etapa ya no debe enfrentar a burocracias poderosas y totalitarias como fueron las estalinistas en su cenit.
  • u) La conciencia de las amplias masas en el mundo corresponde con los regímenes de  dominación que padecen: es predominantemente democrático-burguesa; otros cientos de millones tienen una conciencia bonapartista; y una pequeña pero significativa minoría es crítica de la democracia burguesa y de los imperialistas, defiende la salud del medio ambiente y cree en la igualdad de hombres y mujeres.[4] El shock que significa para cientos de millones de proletarios en el mundo la actual crisis económica y financiera internacional podría mover su conciencia hacia posiciones revolucionarias.
  • v) Aparece un nuevo tipo de revolución, no estudiada por el marxismo, que intenta derribar al régimen democrático burgués y tiene algunas similitudes con la de Octubre de 1917. Estas revoluciones –ninguna de las cuales triunfa- son excepcionales porque ocurrieron sólo cuatro o cinco en todo el mundo y en países de la periferia (Albania, Ecuador, Argentina, Venezuela y Bolivia), pero podrían anunciar algunas de las características del futuro: insurrecciones urbanas, síntomas de poder obrero y popular, regímenes kerenskistas, conciencia anti inmperialista y anti-liberal.
  • w) En donde hubo grandes y continuados procesos de lucha de la clase trabajadora (como Francia, desde 1995) o donde hubo procesos revolucionarios (Argentina, Venezuela) se pone de relieve que el trotskismo puede superar la marginalidad.
  • x) Estalla la más grave y profunda crisis financiera y económica desde la Gran depresión de los años 30 del siglo pasado. En perspectiva pueden pronosticarse crisis políticas, enormes protestas y revoluciones.

 

 

Dentro de esta discusión que ahora hacemos dentro de la CIR y con la UIT, es necesario ponernos de acuerdo si estos elementos son los que sintetizan y definen en lo sustancial al mundo de 1991 a 2008. Dentro de los millones de elementos que componen la realidad, es imprescindible saber si estos son los más significativos o no para definir ésta, y si es necesario incorporar más.

 

 

El Comité Central del POS a esta fase histórica abierta en 1990 la denominó la etapa de de los regímenes democrático-burgueses, misma que no estaba prevista por la teoría marxista. Lo más probable es que ya haya pasado por su momento de esplendor y que la crisis económica y financiera comenzada hace algunos meses anuncie su declinación, es decir, que vayan apareciendo elementos de una situación revolucionaria mundial, es decir, de revoluciones que marquen su fin.

 

Estudiaremos entonces las (escasas) revoluciones contra los regímenes demo-burgueses.

 

 

 

 

Capítulo V

 

 

En el futuro mediato, revoluciones contra los regímenes demo burgueses

 

 

 

Nahuel Moreno vaticinó que las revoluciones que conoció y anticipó en el ocaso de su vida serían como las rusas de 1917. Que derrocarían tiranías e impulsarían a los pueblos a auto organizarse. Y que ello se constituiría en una gran oportunidad para los revolucionarios, que así podrían encaminarse junto con esas muchedumbres organizadas y concientes de establecer el gobierno de sus propios destinos.

 

En efecto, tempestades incontenibles de trabajadores, jóvenes, campesinos, indígenas y mujeres rompieron en esos años con sus cotidianeidad y dedicaron durante un tiempo su energía, pasión e inteligencia –y en no pocos casos su vida y su sangre- a la actividad subversiva. Derribaron a sus opresores y conquistaron lo que llamó el cura Miguel Hidalgo la “inestimable alhaja de la libertad.”

 

Nuestro maestro acertó entonces en lo sustantivo: en la dirección positiva del proceso histórico, en que esos cientos de millones de seres humanos sufrientes no soportarían su situación y se insurreccionarían.

 

Pero lamentablemente otras de sus previsiones no se cumplieron, como la que auguraba que esas multitudes crearían organizaciones que tendrían intrínsecamente un gran poder político y social que causaría que el poder capitalista fuese débil e inestable. Y que en el seno de esas muchedumbres fermentaría una nata de individuos que abrazarían las ideas subversivas, semillero de nuestras organizaciones marxistas.

 

Lo que pasó en esas revoluciones, como ya hemos dicho en el segundo capítulo, es parecido a lo que estudió Trotsky en Alemania a principios de los años 20 del siglo pasado, es decir, un proceso lleno de mediaciones, de hendiduras, de “medias revoluciones”, en la que la revolución, al consolidarse el régimen democrático burgués, queda “congelada” durante una etapa histórica.

 

La irrupción de la gravísima crisis financiera y económica en el capitalismo mundial va a calentar la lucha de clases y podríamos presenciar un nuevo desenvolvimiento del proceso revolucionario internacional. En perspectiva, se desarrollarán en los próximos años revoluciones contra regímenes democrático burgueses.

 

Interesa entonces desentrañar la naturaleza de estas revoluciones, conocer sus características, sus puntos fuertes e insuficiencias.

 

En el documento de la dirección del POS de 2005 propusimos que a las revoluciones que sólo tiran dictaduras, les llamemos “democráticas” y no de “Febrero”. Y que reservemos esta última denominación para aquellas que, además de demoler tiranías, generan en forma más o menos rápida organizaciones de poder de las clases subalternas y regímenes como el de Kerensky en Rusia en 1917.

 

Las revoluciones más avanzadas que hubo en los años recientes contra gobiernos y regímenes democráticos intentaron completar la obra de la Revolución de febrero y tuvieron algunas características de la Revolución de Octubre.

 

Así estudiamos este proceso en Argentina 2001, un mes después de la insurrección que tumbó al gobierno electo en urnas de De la Rúa:

 

 

“Diferencias entre las revoluciones democráticas y las revoluciones contra regímenes democrático-burgueses”

 

Frente a la posición de la pequeña sección de la LIT en Argentina, que caracterizaba a la insurrección habida en este país como esencialmente igual a la del mes de febrero de 1917 en Rusia, replicamos que:

 

“Son más las diferencias entre las revoluciones democráticas o contra regímenes dictatoriales, y las nuevas revoluciones contra regímenes democrático-burgueses.

 

“La revolución argentina de diciembre de 2001 forma parte de un nuevo tipo de revolución que, hasta donde sabemos, apenas apareció en los años recientes en la historia y no está en los libros clásicos de marxismo: son revoluciones contra regímenes democrático-burgueses. Mientras que la revolución de febrero de 1917 derrumbó a un régimen autocrático, la de Argentina tumbó un gobierno asentado sobre un régimen democrático-burgués, al que ha dejado maltrecho. Este nuevo tipo de revolución ya ocurrió en Albania en 1997 y en Ecuador en enero de 2000. Es necesario entonces hacer un análisis de este tipo de procesos inéditos, ya que, de ser cierta nuestra tesis, significaría que tal tipo de revolución debe enfrentarse con un nuevo tipo de programa y política.

 

1. “Una revolución contra un régimen dictatorial no es igual a una revolución que enfrenta a uno democrático-burgués. La segunda revolución es más avanzada que la revolución democrática. La conciencia de las masas (primer factor a tomar en cuenta al analizar una revolución) es mayor, porque han entendido que no basta conquistar un sistema político de democracia formal para satisfacer sus necesidades materiales fundamentales.

 

“Una de las diferencias más notables entre una revolución democrática y una que enfrenta a un régimen de democracia formal es que, en esta segunda, las masas han avanzado un gran trecho en la comprensión y conciencia sobre la naturaleza antiobrera y proimperialista de los partidos burgueses y pequeño burgueses “democráticos” así como de las instituciones políticas. En Argentina, algunas instituciones muy importantes para el control de las masas, como son los partidos burgueses y pequeño burgueses (y la gran mayoría de los políticos que los conforman), el parlamento y el poder judicial han perdido credibilidad ante la población trabajadora. Esto no ocurría en 1983 (fecha en que se asienta el régimen democrático-burgués), cuando el pueblo argentino sufría una “borrachera” electoral y tenía la ideología de que la democracia con sus instituciones iba a ser la base de la solución de sus problemas y anhelos materiales y culturales.

 

2. “Cuando las masas llevan a cabo una revolución contra un régimen político democrático-burgués significa que la contrarrevolución ha quemado ya dos importantes fusibles: el dictatorial y el democrático. En otras palabras, una revolución contra un régimen democrático implica que las masas han avanzado un tramo más en relación con las masas que apenas han derrocado una dictadura. En esta segunda la contrarrevolución es cualitativamente más débil que cuando pierde a su sistema dictatorial.

 

3. “La revolución contra el sistema político democrático-burgués es, entonces, una estación de paso entre la revolución democrática y la revolución socialista o Revolución de Octubre. Este tipo de revolución no ocurrió en el ejemplo clásico de Rusia en 1917, porque la revolución de febrero de ese año fue tan fuerte que abrió paso casi inmediatamente a un régimen de dualidad de poderes o kerenskista. En los últimos 27 años, no ha pasado lo mismo que en Rusia en 1917. En este lapso hubo numerosas revoluciones (que empezaron con la Revolución de los claveles en Portugal, en1975) que también derribaron dictaduras, pero en lugar de que sobre sus ruinas se desarrollaran regímenes kerenskistas, se establecieron regímenes de democracia burguesa. (…).[5]

 

4. “Los sujetos sociales que hacen una y otra revolución también son diferentes. Mientras que la revolución democrática generalmente es llevada a cabo por una amplia alianza policlasista, y la burguesía comúnmente adquiere un papel preponderante o hegemónico en ésta, que le permite casi de manera “natural” hacerse del poder; en la revolución contra la democracia burguesa los sujetos sociales son plebeyos y proletarios, y entre sus enemigos están ahora sus antiguos “aliados” en la lucha antidictatorial.

 

5. “Tanto la revolución del mes de febrero como la argentina lesionaron la espina dorsal del Estado capitalista, las fuerzas armadas. En el ejemplo cercano, el Ejército no vive la fractura y disgregación que sufrió el ruso, pero por ahora es imposible que pueda intentar seriamente dar un golpe que reinstaure un régimen de fuerza, bonapartista.

 

6. “Llamar “revolución de febrero” o “revolución democrática” al acontecimiento abierto en diciembre de 2001 es no sólo teóricamente equivocado sino políticamente sectario. Esta revolución se asienta en las conquistas de la revolución democrática de 1983 y se sirve de ellas. La revolución socialista iniciada en Argentina con la caída de la dictadura militar hace casi veinte años, permaneció en este lapso y ahora ha dado un nuevo salto de calidad.

 

7. “También es menos avanzado el fenómeno argentino en relación con el del segundo mes de 1917, porque éste logró la instalación casi inmediata de un régimen kerenskista o de dualidad de poderes. A la distancia, desde México, visualizamos que ya existen en Argentina algunos organismos de poder de las masas pero apreciamos que todavía no configuran una situación nacional de doble poder, pues aún no tienen la fuerza, la extensión y la centralización como para que ya sean un factor súper-estructural determinante.

 

8. “Ambas revoluciones, la rusa y la recién habida en Argentina tienen una similitud fundamental: ambas son inconscientes, es decir, en las dos las masas revolucionarias ignoran que para encontrar una solución de fondo a sus problemas y necesidades, requieren forjar organizaciones e instituciones soviéticas que, junto con un partido obrero socialista e internacionalista, lleven a cabo una revolución social que se extienda más allá de sus fronteras.

 

9. Al no ser concientes de que deben tomar el poder, entonces el gobierno lo ejercen fuerzas conservadoras. Se produce el fenómeno que Trotsky denominó paradoja de la Revolución de Febrero.

 

“10. “Sendas revoluciones son en el plano político, es decir, las masas suponen que basta cambiar la superestructura (y no también la estructura económica y social) para solucionar sus problemas. Son, entonces, revoluciones políticas, aunque ya hemos explicado que atacan distintas superestructuras.

 

11. “Los programas de la revolución democrática y de la que derriba al régimen democrático-burgués son diferentes: como su nombre lo dice, las masas que hacen una revolución democrática ponen en primer lugar la lucha contra un régimen dictatorial y ansían fundamentalmente libertades y derechos políticos, o suponen que la democracia será la base para satisfacer sus necesidades materiales. El programa de la revolución contra la democracia burguesa es más avanzado porque ya no necesita poner en el centro de sus tareas la conquista de democracia, cada vez cree menos en las instituciones democrático-burguesas -y, por tanto, experimenta la creación de nuevas instituciones obreras y populares-; y pone el énfasis en las consignas económicas antiliberales y antiimperialistas (y todavía no en reivindicaciones anticapitalistas y socialistas).

 

12. “En el caso argentino, la revolución contra el régimen democrático-burgués es incompleta, pues no han surgido organismos de poder obreros y populares centralizados y nacionales.”

 

Las revoluciones en Ecuador (enero de 2000) y la de Bolivia tres años después fueron más avanzadas que la argentina de 2001 porque en ellas se desarrolló mucho más la organización independiente de las masas, aparecieron algo más que gérmenes de poder popular y fueron evidentes las divisiones y hasta enfrentamientos en el seno de las fuerzas armadas. Debido a estas características ya tuvieron similitudes con la revolución de Octubre. Su diferencia fundamental con este acontecimiento radicó en la ausencia de un partido leninista con influencia política.

 

Estas revoluciones plantearon el problema del poder, es decir, al caer el gobierno se puso en cuestión quién debía entonces hacerse de éste, pudiendo hacerlo objetivamente el pueblo trabajador organizado. Pero ya hemos dicho que fueron acontecimientos en los que la mayoría de los trabajadores en lucha carecían de la conciencia de que ellos debían hacerse del poder nacional. También carecían de partido obrero revolucionario, herramienta imprescindible para lo anterior.

 

 

*             *                 *                  *

 

 

“Ser la vanguardia de las revoluciones contra la democracia burguesa”

 

Esto es lo que podemos decir ahora sobre estas revoluciones,[6] pero los compañeros de la UIT, que están asentados en Suramérica, y los de OS de Argentina, podrían aportar mucho a este estudio, que será inapreciable si es que de veras se calienta el proceso político porque, como decimos en el documento de 2005, “debemos ser la vanguardia de las revoluciones contra la democracia burguesa”.

 

 

Construir hipótesis sobre el futuro

 

Antes hemos criticado a Moreno por no para haber elaborado distintos supuestos sobre lo que podría ocurrir en la realidad futura. N. M. criticó el método de Newton que apuesta todo a un escenario, pero para calcular el curso histórico él se casó con uno solo: aseguró que habrían revoluciones de Febrero que desembocarían en revoluciones tipo Octubre de 1917.

 

Nuestra hipótesis fuerte es que se desarrollarán procesos insurgentes contra la democracia burguesa pero es necesario tomar en cuenta otras posibilidades, como las siguientes.

 

 

El capitalismo supera la crisis actual y logra un crecimiento como el de los años pasados

En esta posibilidad el proletariado y las masas se repliegan y aceptan los duros planes de desempleo, austeridad y mayor explotación que Barack Obama está negociando con los líderes sindicales corruptos de su país y que tratará de extender a todo el orbe. Entonces, al cabo de dos o tres años la economía mundial vuelve a crecer y los regímenes democrático burgueses siguen orondos.

 

 

Gobiernos tipo Chávez y Evo

Dentro del régimen político democrático se han desarrollado gobiernos similares a los de Lázaro Cárdenas en México y de Juan D. Perón en Argentina. Son los de Chávez, Evo, Correa y quizás Ahmadinejad en Irán. Todos ellos defienden el sistema capitalista y buscan un statu quo con los imperialistas, aunque en ocasiones choquen con éstos y con sectores de las burguesías. Pero hay que estudiar si ellos han impulsado algunos cambios económicos, sociales, políticos y culturales que, sin ser todos ellos revolucionarios, han sido muy apreciados por sectores de las poblaciones y que les darían un largo apoyo a estos gobiernos “populistas de izquierda”, que son uno de los principales obstáculos actuales para el desarrollo de la revolución socialista internacional.

 

La perspectiva represiva

Podría ocurrir que empiecen a desarrollarse grandes protestas en distintas partes del mundo y que terminen en derrotas sangrientas, en baños de sangre que replieguen a los trabajadores y posterguen el proceso revolucionario durante años.

 

 

Puede haber más hipótesis sobre lo que podría ocurrir en los años siguientes. Si están bien construidas, serían bienvenidas en este texto.

 

 

                                                         *       *       *       *

 

En el documento del POS de hace cuatro años escribimos que “la aparición en los años recientes de:

    • “crisis en algunos regímenes democrático-burgueses,
    • “fuertes movilizaciones de masas contra un número creciente de estos regímenes,
    • “las primeras revoluciones contra los regímenes democráticos, y de atisbos de dualidad de poderes,

“nos ofrecen las primeras oportunidades de avanzar firmemente en la construcción de nuestros partidos”.[1] Si a esos hechos añadimos el boquete de gran calado y amplitud en la economía y finanzas en el capitalismo mundial que explotó el año pasado, esta hipótesis se fortalece.

 

Esta posibilidad es a la que apostamos en este documento. Por ello en el siguiente capítulo intentamos un estudio de los más importantes momentos o situaciones que recorre un país hasta llegar a una revolución contra un régimen democrático-burgués.

 

 

Capítulo VI

 

Situación revolucionaria e insurrección bajo un régimen democrático

El ejemplo de Bolivia 2003

 

Todo lo que digamos sobre crisis (revolucionaria) y situación revolucionaria

 y prerrevolucionaria es tentativo, ya que son conceptos

 que estamos elaborando y reelaborando. Tienen que ver con

 muchos fenómenos que se han dado en esta posguerra

 (y posiblemente en la propia guerra mundial),

sobre todo con las revoluciones democráticas y/o de febrero triunfantes.

                                                                                                                                                                                            N. Moreno.

 

Es necesario hacer un estudio de los procesos políticos más avanzados habidos en esta nueva etapa de la lucha de clases, que son las insurrecciones en Albania (1997), Ecuador (2000), Argentina (2001) y Bolivia (2003 y 2005). También lo ocurrido en estos años en Venezuela (aunque, como ya hemos dicho, es un tanto diferente a los ejemplos anteriores). La comparación de ellos con las realidades nacionales actuales nos dará valiosos elementos de análisis y para hacer política. Aquí sólo contamos con alguna información para examinar el caso boliviano de 2003 en sus momentos más altos.

 

 

El triunfo popular en la Guerra del agua

 

En abril de 2000 cambian las relaciones de fuerza entre las clases con el triunfo del pueblo cochabambino en la llamada guerra del agua, al lograr la expulsión de la empresa transnacional que pretendía privatizarla. El combate tuvo características insurreccionales a nivel local, sus repercusiones nacionales fueron múltiples y profundas, trascendió las fronteras y el desenlace fue visto como una victoria de todo el pueblo boliviano.

 

Animados por el éxito, ese mismo mes y año campesinos, estudiantes, trabajadores y policías amotinados derrotaron el “Estado de sitio” dictado por el presidente y general Hugo Bánzer y le lanzaron tantas luchas que en septiembre el gobierno estuvo al borde del colapso.

 

Estos acontecimientos terminaron con el aletargamiento popular causado por la durísima derrota que sufrió en 1985 el sector más combativo y representativo del proletariado en el país, los mineros, que impuso una situación en la que la burguesía estuvo a la ofensiva política durante 15 años. La derrota canceló la situación de lucha y efervescencia política en la que estuvo el pueblo en los años 1982-1985.

 

La economía boliviana entró en recesión en el 2000 y partir de entonces el déficit fiscal sería ya imparable. Se desataron oleadas de luchas de los cocaleros que dejaron al gobierno de Bánzer a la defensiva y sumamente debilitado. El vuelco de los sectores populares hacia la izquierda se manifestó en las elecciones de junio de 2002, en las que los partidos campesinos MAS y MIP obtuvieron altas votaciones. Surgió de ellas el gobierno del “Goni” Sánchez de Losada, todavía más débil que el de su antecesor.

 

En agosto de este año ocurre un hecho trascendente dentro de la Central Obrera Boliviana (COB), que en un congreso depone a los dirigentes pro gobiernistas (aunque no los sustituye por líderes clasistas sino por “anti neoliberales”).

 

Las luchas también fueron de campesinos no cocaleros y de sectores de trabajadores urbanos.

 

Los sectores populares nunca vieron al gobierno del “Goni” –al que apodaron también El gringo- como suyo y ya en enero de 2003 bloqueos de carreteras lo hicieron tambalear.

 

En febrero de 2003 hubo un ensayo de insurrección en la que el pueblo pudo tomar el poder. Fue en reacción a una serie de impuestos y de medidas pro imperialistas, así como contra la feroz represión con la que el gobierno contestaba a las protestas y en las que dejaba decenas de muertos y heridos.

 

La novedad es que “por primera vez  los trabajadores urbanos toman la iniciativa; son las ciudades principales las que son epicentros de estas luchas…” La vanguardia de la insurgencia fueron la Central Obrera Boliviana y sus organizaciones departamentales.

 

Sectores de “trabajadores, ‘sectores medios’, desocupados, juventud y hasta de policías” se insurreccionaron. “Por 24 horas no hubo gobierno, las masas se adueñaron de la sede del gobierno, La Paz.” Goni huyó del Palacio de Gobierno escondido en una ambulancia y se refugió en el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. El pueblo iracundo incendió y saqueó los edificios de la Presidencia, Trabajo, Desarrollo, Aduana, la Alcaldía de El Alto, de los partidos políticos MNR y MIR, los centros comerciales y el de la Coca Cola. También hubo saqueos en Cochabamba. Oruro y Santa Cruz. La división en las fuerzas armadas llegó al grado que se enfrentaron a tiros policías contra militares.

 

El gobierno tuvo que suprimir ministerios y el plan de venta del gas quedó en suspenso. Quedó a punto para recibir el golpe de muerte en octubre de ese año.

 

Para entonces ya habían surgido “Comités Cívicos” en Oruro, Potosí y otros lugares, y que eran “coordinadoras de trabajadores sindicalizados y de la población entera cuyos métodos de lucha son los bloqueos de carreteras.”

 

Para julio de 2003, “las movilizaciones de maestros, padres de familia, gremiales, estudiantiles, jubilados, mineros, cocaleros, de los sin tierra, de departamentos, provincias y regiones con bloqueos de caminos son el tema de fondo cotidiano en el país.” [2]

 

Surgieron y /o se fortalecieron numerosas organizaciones populares en toda Bolivia. Había un alto grado de organización interna en los barrios de El Alto (700 mil habitantes, asiento de “muchas fábricas” y “dormitorio de trabajadores, niños, hombres y mujeres marginados”) y en La Paz.

 

Aparecieron algunos “órganos de poder” en Chapare y en Achacachi, donde gobernaban y no había policías.

 

 

La insurrección de octubre de 2003

 

Este levantamiento ya fue una versión corregida del de ocho meses antes. Nació de una huelga general convocada por la COB contra la privatización del gas. Cinco días después de lanzada, una reunión “ampliada” de los dirigentes de la central obrera decide exhortar al pueblo a llevar a cabo también bloqueos de caminos “hasta que renuncie el Goni”, es decir, ya no le exigía al gobierno sino que buscaba deponerlo.

 

La iniciativa obrera hizo “pasar a un segundo plano a las Coordinadoras de Defensa del Agua y del Gas, a las que incorporó y disciplinó.” Y logró que otros sectores sociales como los colonizadores y los cocaleros se sumaran a la lucha. La COB ya era “el ente centralizador de todos los sectores.” El epicentro de la lucha era El Alto y el Departamento de La Paz.

 

La división burguesa rápidamente apareció: el MIR de Zamora se fracturó y el partido NFR pasó a la oposición. Hasta el vicepresidente se distanció de Goni. El trasfondo era una crisis económica en picada, con 14 por ciento de desempleados y un 10 por ciento del PIB de déficit fiscal.

 

Los bloqueos de carreteras se generalizaron. La huelga se extendió a nivel nacional. La Paz fue tomada por multitudes.

 

El gobierno contestó con una sangrienta represión, mató a 80 personas e hirió a centenas. Pero ello no contuvo la insurrección y más bien la exacerbó. Un sector de la policía, la de tránsito, confraternizó con la población. Evo Morales propuso que, para solucionar la crisis, se convocara a elecciones para una Asamblea Constituyente.

 

Mientras tanto, las instituciones de la democracia se sumían en un mayor descrédito: “El Parlamento es ahora más cuestionado debido a su inoperancia y lentitud… ha perdido más credibilidad que nunca antes”, lo mismo que el Poder Judicial.

 

Sectores de la oficialidad del Ejército cuestionaron en público la entrega del gas a capitalistas extranjeros y la crisis en el seno de la policía se agudizó.

 

Interrogados por la prensa sobre el valor de la democracia, cuyo aniversario 21 se festejaba en esos días, “los trabajadores y el pueblo la maldicieron y la hicieron culpable de la colonización, la miseria, el hambre, los muertos y los heridos. La gente encuestada decía: ‘¿de qué democracia nos hablan, de los muertos, de los hambrientos?’ ”

 

El presidente cayó pocos días después. La dirección de la COB estuvo de acuerdo en que asumiera el gobierno el vicepresidente.

 

 

*                       *                         *

 

Las distintas situaciones de la lucha de clases en el proceso boliviano 1982-2003

 

En este sintético relato del proceso político boliviano deliberadamente hemos intentado omitir lo más posible las categorías de análisis marxista, lo que ahora haremos.

 

1982: triunfa la revolución democrática

El triunfo de la revolución democrática en 1982 inaugura una nueva etapa histórica de la lucha de clases en Bolivia. No comienza con esa revolución una época distinta ni tan sólo una situación diferente de la lucha social. Es pertinente intentar ir dejando en claro lo que significa cada una de estas categorías.

 

En la Escuela de 1984, N. M. explicó que:

 

“¿Qué es una época? [Es] cuando el desarrollo de las fuerzas

productivas entra en contradicción (con las relaciones de producción). Las épocas son de medio siglo, un siglo, dos siglos, cinco siglos. El surgimiento del feudalismo

lleva siglos. Entonces, una época tiene que ver con el desarrollo de

las fuerzas productivas. La definición de época se da por el

desarrollo [de las fuerzas productivas], cuando [ese desarrollo] se

paraliza.

 

Etapa tiene que ver con grandes triunfos que no se vuelven a

cerrar, o con grandes derrotas (…). Por ejemplo,

la etapa fascista tiene un régimen bien fascista, inmediatamente

después del triunfo del fascismo. (…)

 

“Y dentro de estas etapas hay a su vez (…) distintos tipos de situaciones.”

 

El triunfo del pueblo boliviano de 1982 funda una nueva etapa histórica de la lucha de clases y ésta tiene distintas situaciones, mismas que aquí intentaremos enunciar.

 

 

1982-1985: Una situación revolucionaria dentro de la nueva etapa

Los trabajadores y el pueblo boliviano no se conformaron en 1982 con derribar a la dictadura e intentaron continuar el proceso revolucionario, profundizarlo. Fracasaron en su intento y sufrieron en 1985 una severísima derrota, que dio lugar a una realidad diferente.

 

1985-1999: Régimen democrático e iniciativa política burguesa

La derrota de 1985 suprime la situación revolucionaria pero no liquida la revolución democrática de 1982. Esto que parece un juego de palabras no lo es y es importante aclararlo. La derrota obrera y popular de 1985 detiene el proceso revolucionario pero no lo elimina. La burguesía boliviana tuvo fuerza para lo primero pero no para volver a imponer una dictadura. No pudo dar un golpe sangriento con miles de muertos, presos y exiliados y con supresión de las libertades, la prensa, las elecciones y los partidos.

 

Cuando decimos que logra congelar el proceso revolucionario entendemos que consigue estabilizar y consolidar a su nuevo régimen de dominación, “democrático”. En la situación a la que nos estamos refiriendo ello significa que logra disminuir la amplitud e intensidad de las luchas de las masas y las principales instituciones que dominan son los partidos contrarrevolucionarios, el Parlamento y la judicatura. Las instituciones obreras y populares son eliminadas o su papel se torna insignificante o funcional con el sistema de dominación.

 

 

Cada régimen refleja una determinada relación de fuerza entre las clases

 

Aquí se impone una reflexión sobre qué entendemos por régimen político de dominación. Por régimen entendemos la forma que adopta el Estado capitalista, es decir, mediante qué superestructuras o instituciones la burguesía controla al pueblo y preserva su sistema económico de explotación. Sabemos que existen distintos regímenes y que cada uno de ellos se basa en instituciones diferentes. Esto quiere decir que la burguesía crea, inventa, elimina o desarrolla instituciones que articula entre sí con el fin de estructurar un determinado, complejo y coherente dispositivo militar, político, jurídico e ideológico para dominar y someter a la sociedad. La burguesía y la burocracia acuden a la lucha de clases, a la lucha contra el proletariado y el pueblo, enfundadas en un determinado régimen político.

 

Igualmente hay que recordar que cada régimen de dominación se asienta en una determinada relación de fuerzas entre las clases. La existencia de un régimen fascista estable, por ejemplo, es revelador de una derrota sangrienta del proletariado; un régimen kerenskista, donde hay poderes de las dos clases sociales antagónicas, refleja un proletariado a la ofensiva y una burguesía en crisis.

 

La burguesía, entonces, no elige mediante qué forma estatal o régimen domina al proletariado y a la sociedad. De acuerdo con la relación de fuerzas con la que se encuentre, tanto a nivel nacional como internacional, intentará imponer y consolidar el régimen de dominación correspondiente.

 

Como ya lo hemos dicho en nuestro documento de 1999, la existencia de numerosos regímenes de democracia burguesa en el mundo expresa dos hechos: grandes triunfos de los proletarios que derrocaron dictaduras y consiguieron libertades; y la fuerza que tienen todavía nuestros enemigos, que si bien no pudieron sostener sus dictaduras, sí lograron detener los procesos revolucionarios a través de parapetar una eficaz Línea Maginot “democrática”.

 

Algo similar lograron las direcciones stalinistas luego de que encabezaron revoluciones antifascistas o anticolonialistas.

 

Moreno explicó así este proceso:

 

“En los países del Este de Europa, cuando es el Ejército Rojo

el que derrota al nazi, ¿qué tipo de revolución y de regímenes y

gobiernos son?

 

“Para nosotros es una revolución de febrero y también

democrática, porque se derrota a un régimen

contrarrevolucionario…

 

“Pero se impone un régimen burocrático y contrarrevolucionario de la burocracia.

 

-“Sí, pero primero se triunfó. Se triunfó contra el nazismo. Hubo

conatos de surgimiento de organizaciones del movimiento obrero,

Pero al no haber partido revolucionario… Hubo dos operaciones:

Una fue la revolución, que no fue social, fue sólo política: voltear al

fascismo. Desde que triunfó el stalinismo hubo una etapa de

democracia tremenda, con legalidad para todos los partidos, incluso

los burgueses.”

 

La segunda “operación” consistió en que posteriormente el stalinismo impuso el “régimen burocrático y contrarrevolucionario”, y suprimió la democracia política.

 

 

Una diferencia entre los procesos de hace medio siglo y los de la etapa histórica que actualmente vivimos, reside en que la contrarrevolución ya no tiene la fuerza para imponer dictaduras y tiene que aceptar -a veces beneficiándose de él, las más de las veces maldiciéndolo, a regañadientes- el régimen democrático.[3]

 

 

La etapa histórica democrático burguesa en Bolivia

 

Volviendo al ejemplo boliviano, si seguimos con el empleo de las categorías, lo que tenemos es:

 

*  Comienza en 1982 una etapa de la lucha de clases superior a la anterior, dictatorial. En esta nueva fase histórica, formada a su vez por una sucesión de diferentes situaciones de la lucha de clases, la continuidad o el elemento común es el régimen democrático. Esta es una de las razones por las que podemos denominar a esta fase histórica en Bolivia como la del régimen democrático burgués.

 

* Distintas situaciones de la lucha de clases en el periodo de 14 o 15 años que va de 1985 a 2000: situación reaccionaria, situación no revolucionaria, situación prerrevolucionaria y situaciones intermedias entre una y otra. En éstas, la iniciativa política la tiene la burguesía. Razones de espacio nos impiden elaborar la periodización con cada una de estas situaciones.

 

Es hasta abril de 2000 cuando comienza una situación revolucionaria. Pero antes de llenar de contenido esta aseveración es necesario acudir a lo que dijo Moreno sobre esta categoría.

 

 

“Si una Nación entera se avergüenza…”

 

La definición de Moreno que nos parece más rica y precisa es esta:

 

Las situaciones (revolucionarias) son los momentos que preparan el salto de una etapa a otra. Si no, paramos el paso de una etapa a otra. Para pasar de una etapa a otra, tiene que haber situaciones (revolucionarias).

 

“Definimos a la situación (revolucionaria) como un momento dentro de

la etapa.

 

“Sí, pero el momento en que se acerca la revolución. Es lo mismo: estamos dando la situación objetiva que puede permitir que la revolución triunfe, nada más, así de sencillo.

 

“¿Qué diferencia hay entre situación y crisis revolucionaria?

 

“Crisis sólo es cuatro días, cinco días, un mes, no más. Se tiene

que resolver enseguida, porque cuando hay crisis (revolucionaria), el Estado, el

gobierno, el régimen entero está suspendido en el aire. La burguesía

no lo puede [permitir]. Puede ser veinte días, pero tiene que haber

una salida.

 

“La crisis es una situación más explosiva.

 

“Claro, de pocos días. Una situación [revolucionaria dura]

años.

 

“Entonces, la definición de situación es nada más que de

tiempo.

 

“No, las situaciones (revolucionarias) provocan la inflexión: son las que permiten

pasar de una etapa a otra.

 

“Pero tienen que ver con el tiempo.

 

“Ah, claro. Siempre la situación es una parte mucho más

pequeña de la etapa. Se está en el punto del cambio. Por eso es muy

importante la definición de ella.”[7]

 

En resumen: situación revolucionaria es “el momento en que se acerca la revolución”, la “situación objetiva que puede permitir que la revolución triunfe”.

 

Dentro de la situación revolución revolucionaria hay “picos”, momentos culminantes y extremos, “crisis revolucionarias”, que son cuando la burguesía pierde el control de la situación.

 

Es curioso que ligado a “situación revolucionaria” no incluya Moreno insurrección, una importante categoría de todo gran proceso revolucionario. Insurrección es para nosotros sinónimo de revolución, es el momento estelar y culminante de la lucha de las masas. Es el momento decisivo de un proceso o situación revolucionaria porque generalmente durante éste puede ser derribado el poder enemigo. Si la insurrección es fuerte puede generar a su vez  “crisis revolucionarias”, es decir, momentos en que la burguesía pierde todo control de la situación y puede caer.

 

Pensamos que una mejor definición de situación revolucionaria es: las condiciones para que una población haga una revolución, es decir, se insurreccione contra determinado régimen o Estado.

 

Estas condiciones o requisitos de una situación revolucionaria fueron enumerados por Lenin y Trotsky y más adelante los analizaremos.

 

Octavio Paz versificó sobre el tema del pueblo que prepara un levantamiento. Para él ese pueblo herido en su dignidad tiene:

 

“Una rabia amarilla y negra,

acumulación de bilis…

La vergüenza es ira

vuelta contra uno mismo:

Si una nación entera se avergüenza

Es león que se agazapa para saltar.”

 

“El momento en que se acerca la revolución”, decía Moreno, o el “león que se agazapa para saltar”, cantó el poeta, configuran una situación revolucionaria.

 

 

                                            *                *                 *                *

 

Volviendo a Bolivia, la situación revolucionaria aparece claramente en abril de 2000, cuando se dan las condiciones para que la revolución estalle, o para que la población se insurreccione, a saber:

 

* Crisis económica

* La mayoría de los sectores sociales explotados y oprimidos del país, incluidos los medios, se oponen al poder. La nación entera se avergüenza.

* Evidente división, debilidad y crisis burguesa.

 

A partir de esa fecha van estallando en Bolivia semi insurrecciones e insurrecciones, hasta que la de octubre de 2003 derriba al gobierno de Sánchez de Losada.

 

 

Cada régimen genera su sepulturera, su propia situación revolucionaria

 

Resta ahora recordar que para Moreno hay distintos tipos de “situación revolucionaria”. Falta ahora precisar qué los define y cuáles son las particularidades de una situación revolucionaria dentro de un régimen democrático burgués.

Para Trotsky y para Lenin sólo había un tipo de situación revolucionaria, porque para ambos todo proceso revolucionario desembocaba en un drama como el de octubre de 1917. Los requisitos para una situación de este tipo según Trotsky son:

a) “crisis y confusión de la clase dominante”,

b) “radicalización de la pequeña burguesía”,

c) “disposición revolucionaria del proletariado y

d) “la existencia de un partido proletario revolucionario con influencia de masas”.

A Moreno le tocó conocer otras revoluciones, imprevistas o ignoradas en el concepto eurocéntrico de los marxistas clásicos, en las que ejércitos de campesinos derrumbaron el Estado capitalista y expropiaron a la burguesía:

“Se han producido revoluciones –afirmó Moreno en 1980- que tuvieron las mismas consecuencias económicas de Octubre —la expropiación de la burguesía— pero fueron dirigidas por partidos oportunistas pequeñoburgueses, no obreros revolucionarios. En ciertas circunstancias excepcionales (China, Cuba), la ausencia de un partido bolchevique fue compensada por la agudización de los tres factores objetivos (los incisos “a”, “b” y “c” en el párrafo de arriba), a un grado tal que obligaron a las direcciones pequeñoburguesas (Mao, Castro) a romper con la burguesía por la presión revolucionaria del movimiento de masas.

“Reconociendo el hecho de que ha habido un solo Octubre, y que los demás fueron “febreros” –concluyó Moreno-, podemos enriquecer el clásico análisis de Trotsky y afirmar que existen dos tipos de situaciones revolucionarias: pre–octubre y pre–febrero. Cada una posee características claramente definidas que la diferencian de la otra. Llamamos pre–febrero a la situación que Trotsky definía como prerrevolucionaria, cuando los tres factores objetivos se combinan con la crisis de la dirección revolucionaria del proletariado. En caso de triunfar, será —como lo demuestra la teoría y lo confirma la historia— una revolución incompleta, con objetivos limitados nacionales, en fin, un “febrero” que expropia a la burguesía y allí se detiene.

“En cambio, en el pre–octubre , se agrega la presencia dirigente de un partido bolchevique con influencia de masas; si se produce la victoria revolucionaria de “octubre”, entonces no se detiene en la expropiación de la burguesía de su propio país, sino que avanza en la organización y movilización del proletariado mundial, en la extensión de la revolución a todo el orbe.” [4]

Moreno agregó al menos dos situaciones revolucionarias más, que forman parte de las de “pre-febrero”.

En ellas la “Revolución de febrero” no elimina el poder económico y político capitalistas. Como ya hemos dicho anteriormente, a estas revoluciones el autor las llamó también “democráticas”. Aquí recordaremos la habida en Brasil en 1984. Cuando en este país tanto el régimen del general Figueiredo como la economía cayeron en crisis “cada vez más agudas y, al mismo tiempo, hubo un vuelco cada vez más masivo de la población hacia la oposición y enfrentamiento al régimen”, Moreno diagnosticó que había una situación revolucionaria. Estos tres requisitos también los encontró en Argentina en 1982.

Otro tipo de situación revolucionaria es aquella en la que el régimen dictatorial cae sin movilizaciones de las masas o una insurrección, sino a través de un proceso eleccionario. Son los casos de España en 1931, de Hungría (¿?) en 1989 y de México en el año 2000. En éstos, es tal la crisis y debilidad en el régimen dictatorial y es tan real la amenaza de que el pueblo se levante, que sus representantes prefieren abandonar el escenario sin luchar.

 

*                 *                      *

En conclusión, cada régimen político de dominación de la burguesía (o de la burocracia) genera un tipo de revolución y una situación revolucionaria específica. El régimen kerenskista, donde hay un doble poder en la sociedad, puede generar una situación revolucionaria apta para una Revolución como la de octubre de 1917 en Rusia.

Los regímenes dictatoriales generan situaciones revolucionarias de revoluciones democráticas.

En los regímenes democráticos pueden crearse situaciones revolucionarias que amenacen su existencia y los requisitos para que éstas aparezcan son muy parecidos a los de los regímenes dictatoriales, con las diferencias que ya hemos apuntado al comparar las revoluciones democráticas y las revoluciones contra regímenes democráticos.

La situación revolucionaria dentro de un régimen de democracia formal exige un mayor nivel de conciencia de las masas, una comprensión de la inutilidad de la mayoría de las instituciones democráticas.

Para que un pueblo se insurreccione contra un gobierno electo en las urnas y asentado en un régimen democrático, tiene que ser al menos consciente de que debe destruir ese sistema opresivo. La conciencia de esa negación la alcanzó la insurrección argentina de diciembre de 2001 y se manifestó en su consigna favorita: “¡Que se vayan todos!” los políticos del sistema.

Los procesos ecuatoriano y boliviano fueron más allá, porque además de comprender que había que destruir las instituciones de la democracia burguesa, avanzaron un trecho en la comprensión de que es necesario que los de abajo, los desheredados, los oprimidos, los humillados, los marginados deben construir sus propias organizaciones. Ecuador (enero de 2000) y Bolivia (2003-2005) revelan una barroca creatividad en la organización de sus poblaciones.

Pero la cuestión es no solamente que las masas se organicen, porque generalmente lo hacen sólo para poder exigir a la burguesía tal o cual satisfactor, como terminó pasando en Ecuador y en Bolivia. El gran salto en la conciencia –propia de una Revolución de Octubre- es cuando comprenden que sus organizaciones democráticas pueden y deben ser para regir sus vidas, para gobernar. (Y que deben de estar también dirigidas por un partido político revolucionario.) Esto lo empezamos a ver en estos dos países, aunque fue incipiente.

Esta falta de conciencia se reflejó en que las revoluciones de los años 2000, 2001 y 2003, luego de tirar a los gobiernos “democráticos” y de dejar maltrechos a los regímenes democráticos, dejaron un vacío de poder que pudo ser llenado nuevamente por las fuerzas conservadoras, fenómeno que Trotsky estudió y llamó “paradoja de la revolución de febrero.”

En resumen, es insuficiente afirmar que existe tal o cual situación de la lucha de clases en determinado país. Es necesario agregar qué régimen está atacando o atacará la insurrección o la revolución.

Podemos ahora abordar cuál es la actual situación de la lucha de clases en el mundo.

Capítulo VII

 

La actual situación mundial de la lucha de clases

 

 

Ya estudiamos una situación revolucionaria en un plano nacional -el de Bolivia, en el capítulo anterior- y en seguida intentaremos hacerlo a nivel mundial. Se trata de contestar la pregunta que titula este trabajo: ¿se acerca el momento en que estallen revoluciones en algunos países? ¿Existe ya una situación revolucionaria mundial? ¿El “león se agazapa para saltar”?

 

Planteémoslo con las palabras de Nahuel Moreno (1923-1987): existe una situación de este tipo en “el momento en que se acerca la revolución”; es “la situación objetiva que puede permitir que la revolución triunfe…”. En síntesis, dijo, es cuando en algunos países “va a haber grandes movilizaciones revolucionarias, guerras civiles, crisis revolucionarias, aunque no triunfen.”

 

En 1985, el Congreso de fundación de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT) caracterizó correctamente que existía en ese momento una situación revolucionaria, porque pocos años después, entre 1989-1991, se sucedieron las revoluciones en el centro y oriente de Europa, que cambiaron la faz del mundo.

 

En los años de 2005 y 2009, más de veinte años después, la dirección de los restos de la LIT afirmó lo mismo, que existe en el orbe una situación apta para revoluciones.

 

Ante ello, vale preguntarse si pueden igualarse situaciones tan distintas en el mundo, la de 1985 con la de 2005-2009. Nosotros pensamos que no y que denominar fenómenos diferentes con conceptos y términos iguales es un error contra el que ya advertía el filósofo alemán Hegel, que decía que ello era estar “en la noche en la que todos los gatos son pardos.”[5]

 

En el año de 2005 la dirección del POS replicó de la siguiente manera:

 

“La LIT plantea correctamente que en los años de 1989-1991 comenzó una nueva etapa de la lucha de clases. Pero aquí se queda a medias, porque comete el error de no analizar las características de esta nueva fase histórica.

 

“El POS afirma que lo que define el actual periodo histórico, es la entronización de regímenes democrático-burgueses en la mayoría de países del mundo y la aparición de sus sepultureras, las revoluciones que empiezan a derrocarlos.

 

“Ya ha habido en el mundo en estos años, cuatro o cinco revoluciones contra regímenes democrático-burgueses (en Albania, Ecuador, Argentina y Bolivia), algunas huelgas generales (como en República Dominicana y Francia), enormes movilizaciones contra regímenes democráticos (las de Europa contra la guerra en Irak) y en Perú, Paraguay, Costa Rica, Panamá, etcétera. Todavía no tenemos tantas revoluciones como las que ya habían ocurrido entre 1975-1985, cuando la LIT en su primer Congreso definió que en el mundo existía una situación revolucionaria.”

 

Tampoco ha ocurrido una gran revolución en un país central que modifique, como el acontecimiento del mes de octubre en Rusia en 1917, el tablero internacional.

 

“Empero, en nuestro esquema, la situación actual (sin ser revolucionaria) es superior a la situación revolucionaria de la etapa histórica anterior, porque las masas subieron un peldaño en la escala histórica. En la etapa anterior los pueblos hicieron revoluciones contra dictaduras; ahora las masas se insurreccionan contra democracias burguesas. Estas nuevas revoluciones están más cerca de revoluciones socialistas como la de octubre de 1917 en Rusia, que las revoluciones democráticas de la etapa histórica anterior.”

 

Expliquemos aquí algunas de las afirmaciones de la dirección del POS. Comencemos por la aseveración de que la actual etapa histórica de regímenes democráticos es superior al periodo de dictaduras, para lo cual es necesario echar un vistazo a la historia de estos cien años.

 

 

Etapas históricas denominadas por el régimen que en ellas predomina

 

 

Proponemos la siguiente periodización de la época contemporánea, en la que el nombre de la etapa histórica lo da el régimen político predominante en ella. En este esquema, el criterio de la definición es la relación de fuerzas entre las clases y la denominación la da el régimen político, porque éste condensa, de manera estructural, una determinada relación de fuerzas entre las clases.

 

 

 

1917       Empieza la época de la revolución socialista internacional

 

Con la Revolución rusa y la toma del poder por el proletariado y los bolcheviques, comienza una nueva época en la historia de la humanidad, la de la transición del capitalismo al socialismo.

 

 

  1. I.              1918-1923                 Etapa soviética

 

El impacto del acontecimiento soviético fue universal y algunos países europeos estuvieron cerca, en los años inmediatamente posteriores, de repetir la experiencia.

 

 

II. 1924- 1944                    Etapa fascista

 

Esta etapa estuvo determinada por apabullantes derrotas del proletariado en Italia, China, Alemania, Unión Soviética y España, y por la instauración de los regímenes políticos más regresivos jamás vistos en toda la historia, el de Mussolini, Hitler, Franco, el Mikado y el de Stalin, responsables de matanzas de cientos de miles o millones de personas.

 

Generó revoluciones de liberación nacional, democráticas y anticapitalistas en Europa central y oriental y en otros países.

 

 

III. 1945-1990                     Etapa bonapartista o dictatorial

 

En esta larga fase histórica la inmensa mayoría de países estuvieron dominados por dictaduras de todo tipo, es decir, tanto reaccionarias como de “izquierda”.

 

III. a   1945-1974

 

Puede subdividirse este periodo de 45 años por las numerosas Revoluciones anticolonialistas y por las “Revoluciones de Febrero que lograron la expropiación de las burguesías”, la última de las cuales fue la vietnamita.

 

III. b   1975-1991

 

En este sub periodo ya no hay revoluciones anticapitalistas como la china o cubana, y lo que llena el escenario son las revoluciones democráticas (que empiezan en 1975 con la revolución portuguesa) que no cambian el sistema económico-social, y que hacen caer como piezas de dominó a los regímenes stalinistas en Europa oriental en 1989-1991.

 

 

IV. 1991-  ¿?             Etapa de los regímenes democrático burgueses

 

Como ya hemos dicho, está caracterizada porque en la mayoría de países existe democracia burguesa.

 

Genera revoluciones contra los regímenes democráticos y posiblemente revoluciones como la de octubre de 1917.

 

*                       *                            *

 

Existe un “sistema mundial de Estados”

 

Nahuel Moreno decía que el marxismo ha estudiado poco los regímenes políticos. Nosotros afirmamos que el capitalismo no sólo extiende su modo de producción por todo el mundo, sino también lo que Marx y Lenin llamaban un “sistema de Estados”[8], es decir, regímenes políticos parecidos en la mayoría del orbe. Por ejemplo, los imperialistas norteamericano y francés, y la burguesía mexicana impulsaron en Centroamérica, en los años 80 del siglo pasado, la entronización de regímenes democráticos burgueses. Frente a las insurrecciones habidas esos años, que amenazaban con barrer a las dictaduras centroamericanas y repetir las experiencias china y cubana, los contrarrevolucionarios negociaron la instalación de regímenes democráticos burgueses.

Otro ejemplo de la existencia de un “sistema mundial de Estados”, es que la Unión Europea exige que sus Estados miembros sean democracias burguesas. Existe un proceso de homogeneización de los sistemas políticos en vastas regiones del planeta.

 

 

La definición de la situación de la lucha de clases

 

Luego de denominar con el régimen predominante una etapa histórica determinada, podemos pasar a un análisis más concreto, es decir si existe tal o cual situación de la lucha de clases:

 

a) contrarrevolucionaria,

b) no revolucionaria,

c) prerrevolucionaria,

d) revolucionaria;

e), f) y g) o momentos intermedios entre una y otra.

 

Definir qué situación de la lucha de clases existe en un país dado es útil políticamente, porque responde a la pregunta de cuál es el estado en que se encuentra el régimen político en determinado momento. Por ejemplo, si el régimen está por caer y por ser sustituido por uno más regresivo, entonces decimos que hay una “situación contrarrevolucionaria”; en el otro extremo, si el régimen está por caer y puede ser relevado por uno superior, entonces tenemos una situación revolucionaria. Si existe un régimen estable, que no está amenazado seriamente por ninguno de sus flancos, en un entorno económico sano, entones definimos que existe una situación no revolucionaria.

 

 

La situación mundial actual

 

Así, para caracterizar la situación mundial en 2009 decimos:

 

i)              Estamos en la época de la revolución socialista internacional.

ii)             En esta fase histórica las burguesías enfrentan al proletariado y a los pueblos en la mayoría de los países con regímenes democráticos; y

iii)  Podemos ahora analizar qué situación de la lucha de clases existe.

 

Usaremos aquí, en una primera operación científica, el método que usan con frecuencia los mecánicos automotrices (y también los médicos) para hacer diagnósticos, el método de la eliminación. Por ejemplo: ¿actualmente en numerosos países ha habido golpes de Estado que han instaurado dictaduras y estamos ante el peligro real de que ello ocurra en otros? Al contestar “No”, eliminamos la categoría situación contrarrevolucionaria.

 

¿Existe una situación de paz social, donde casi no hay enfrentamientos entre las clases y entre los países, y la economía funciona? Al responder negativamente, eliminamos la categoría situación no revolucionaria.

¿Acaso existe en el mundo una situación en la que puede “haber grandes movilizaciones revolucionarias, guerras civiles, crisis revolucionarias, aunque no triunfen.”? Además de esto, ¿existen una crisis económica y una crisis política, es decir, crisis en los regímenes democráticos burgueses?[6]

¿Estamos en “el momento en que se acerca la revolución”, como decía Moreno de una situación revolucionaria?

Contestamos no, que algunas de las condiciones de una situación revolucionaria ya están en la realidad pero otros apenas empiezan a desarrollarse:

- Sí existe una profunda crisis económica.

- La mayoría de los regímenes son más estables que inestables. No existen crisis políticas en los más importantes países.

- El hegemón de la dominación mundial, el imperio norteamericano, decae y está en crisis su control internacional, como puede percibirse en la derrota (relativa y no tan severa como la de Vietnam) que está sufriendo en Irak y en el atolladero en que se encuentra en Afganistán. Pero su situación política-militar todavía no es desesperada.

- Las revoluciones siguen siendo un fenómeno escaso en el mundo en esta fase histórica y más si lo comparamos con las que hubo entre 1975-1985. A esa fecha ya había habido más de una docena de revoluciones, estaba fresco el humillante revés de EU en Indochina, y cuatro o cinco años después se sucedieron más de una docena de revoluciones más, que cambiaron el panorama internacional, es decir, que trajeron una nueva fase histórica. La situación actual dista de ser así.

También podría generarse una situación revolucionaria internacional si en un país imperialista importante, como Francia, ocurriese una revolución, la que seguramente se irradiaría hacia todo el planeta. Pero no es ése todavía el caso.

O si en algunos países se desataran fuertes movilizaciones y protestas obreras y populares, que ocasionaran crisis en los regímenes, lo que no ha ocurrido.

Por lo anterior, nos inclinamos por decir que actualmente en el orbe existe una situación prerrevolucionaria que, por la crisis económica, transita hacia una situación revolucionaria. Sobre el mapamundi, el león todavía no se agazapa para saltar.[7]

La definición que hacemos de la situación mundial actual nos permite a los revolucionarios sacar conclusiones políticas: no estamos ya en la hora del socialismo, o sea que carecemos de las condiciones para construir partidos marxistas con influencia de masas, porque eso ocurrirá cuando la lucha de clases acceda a un nivel superior. Nuestras tareas son otras, aunque ya no son las de la marginalidad pasada. Nuestra función actual es preparar las futuras revoluciones, es decir, podemos y debemos insertarnos entre los trabajadores y los jóvenes, acompañar sus luchar y llenarlas de conciencia revolucionaria y socialista, tratar de dirigirlas.

 

Un largo proceso histórico de revoluciones incompletas

 

Volvamos ahora a nuestro esquema histórico, a la periodización que hicimos arriba, con el fin de interpretar el desenvolvimiento que ha tenido la revolución socialista internacional desde que comenzó hace casi cien años.

 

La contrarrevolución logró evitar a esta fecha el triunfo de la revolución mundial, pero ha debido aceptar revoluciones parciales, contenidas durante periodos históricos por sus diferentes regímenes.

 

Marx, Lenin y Trotsky concibieron que la revolución socialista en el plano nacional ocurriría en un solo acto, como la Comuna de París, en la que la clase trabajadora (organizada democrática y anti burocráticamente) derroca a la burguesía, inmediatamente después toma directamente el poder e inicia la construcción del socialismo, alentándolo allende sus fronteras.

 

Este tipo de revolución completa e integral pocas veces se repitió, en Francia en 1871 no triunfó y ni siquiera la revolución rusa lo repitió. En Rusia la revolución socialista se desdobló en dos revoluciones, la de Febrero y la de Octubre de 1917. En los pasados 60 años la revolución socialista internacional se ha fragmentado en todavía más revoluciones, aunque van en dirección de procesos como el de octubre de 1917.

 

Así, antes de que estallen Revoluciones como la de octubre de 1917, ha habido al menos estas revoluciones:

 

- Democráticas, que sólo derrocan dictaduras, sin afectar el sistema económico.

- Anticolonialistas, que liberan a los países de la tutela imperial pero no modifican el sistema económico capitalista.

- De independencia nacional, que expulsan tropas invasoras.

- Las que son como la de Febrero de 1917, que derroca dictaduras y genera un doble poder, capitalista y obrero.

- Las que expropiaron a la burguesía pero instauraron regímenes autoritarios y nacionalistas, no soviéticos e internacionalistas (China, Cuba, Vietnam…).

- La que golpea al régimen democrático burgués y genera un doble poder.

 

 

La periodización que hemos hecho nos muestra que, partir del campanazo de la Revolución rusa de 1917, la burguesía y sus agentes han venido haciéndole frente a la revolución socialista internacional con los diferentes regímenes de dominación que han logrado articular. Nos revela que las masas en lucha han intentado hacer la revolución socialista pero no han podido hacerla de manera total y sólo han hecho revoluciones incompletas y destruido algunos de los regímenes burgueses o burocráticos de dominación, en una línea ascensional, sin haber llegado todavía a hacer una Revolución como la de Octubre de 1917.

 

Ni Lenin ni Trotsky se preguntaron suficientemente sobre el fenómeno de que el proceso revolucionario en Rusia se había desarrollado en dos actos, el de febrero y el de octubre de 1917. Trotsky lo estudió en su Historia… y explicó que el proletariado ruso tuvo que hacer dos revoluciones debido a que llegó a la primera sin la suficiente conciencia política, pero no se preguntó si algo parecido iba a repetirse en otros países. Mucho menos se imaginó lo que ha pasado en estas décadas, cuando:

 

Entre una Revolución que derroca un régimen como el de los zares y una Revolución como la de Octubre de 1917, han habido otras revoluciones, parciales, inconclusas, separadas entre sí ya no por diez meses o por dos o tres años sino por décadas o etapas históricas.

 

N. Moreno rectificó de la siguiente manera el esquema de Trotsky sobre la revolución política en la Unión Soviética, que para éste ocurriría en una sola revolución:

“El retroceso que han originado en todos los Estados obreros degenerados la burocracia y la aristocracia obrera para mantenerse en el poder y aumentar sus privilegios instaurando un régimen totalitario, más la inmadurez de la dirección del proletariado debido a este régimen totalitario, indican que la revolución política tendrá que pasar por dos etapas revolucionarias que grosso modo serán semejantes a la revolución de febrero y a la de octubre. Es lo que hasta aquí indica la experiencia. (…) Lo que caracterizará a esta primera revolución de febrero antiburocrática será que a su frente no tendrá un partido trotskista, pues no habrá tenido tiempo de madurar y de formarse.

“Vemos por eso muy difícil que la revolución política se dé en una sola revolución. Creemos que comenzará con esta primera revolución de febrero, la que dará paso a la democracia en general; y en este proceso surgirán órganos de poder obrero, seguramente los soviets o los comités de fábrica, y paralelamente se fortalecerá el partido trotskista, el único que puede llevar a cabo la verdadera revolución política, la de octubre, que imponga una dictadura revolucionaria del proletariado.”[8]

Moreno extendió el concepto de que la revolución socialista se dividiría también en dos revoluciones (como las de febrero y octubre de 1917) a los países capitalistas con dictaduras.

La explicación de Moreno de por qué la revolución socialista se desdobla en dos revoluciones, está fincada en que el proletariado y las masas carecen de la conciencia de que deben organizar instituciones propias, autónomas y democráticas que tomen el poder y empiecen la construcción de una sociedad nueva. Mientras no exista esta conciencia, las revoluciones son parciales, incompletas, sus tareas quedan inconclusas. Y para Moreno esa conciencia va aparejada necesariamente del desarrollo de una institución peculiar y decisiva, el partido revolucionario del proletariado.

Pero ya en esta lógica de pensamiento, Moreno no se preguntó si la revolución socialista en el plano nacional se fragmentaría ya no en dos sino en tres (y quizás más) revoluciones, ni previó que la contrarrevolución lograría incrustar durante décadas el régimen democrático burgués, como constatamos que ha pasado en los pasados 25 años:

  1. Hubo en la fase histórica anterior (1975-1991) revoluciones democráticas, es decir, que derribaron regímenes autoritarios y que fueron sucedidos por regímenes democráticos estables y longevos.
  2. Han empezado a aparecer revoluciones contra los regímenes democráticos, que podrían generar un doble poder, en el que coexistirían conflictivamente las instituciones políticas de la burguesía con las que el proletariado y las masas generen.
  3. Si las instituciones políticas obreras y de las masas se extienden e eliminan a las burguesas, para lo cual es imprescindible que exista un partido marxista que las dirija concientemente, entonces tendremos revoluciones como la de octubre de 1917.

*                           *                                 *

 

A partir de 1917 comenzó el proceso de la revolución socialista internacional y éste no se ha detenido, como puede verse con las decenas o quizás centenas de revoluciones que ha habido en el planeta en estas décadas. La burguesía no pudo eliminar este proceso pero si pudo acotarlo, mediarlo, fragmentarlo. Evitó hasta hoy las revoluciones que le son mortales, como la de octubre de 1917 en Rusia, pero no pudo eliminar las revoluciones parciales. Para lograr este propósito contrarrevolucionario ha ido incrustando sus distintos sistemas políticos o regímenes de dominación, con los que ha golpeado en la conciencia de los trabajadores y ha hecho todo lo posible para que no se desarrollen partidos marxistas. Es decir, ante la revolución mundial la burguesía ha hecho todo lo que ha estado a su alcance, desde promover el nazismo hasta ganar la ayuda (entusiasta) de la socialdemocracia y la colaboración (no menos entusiasta) del stalinismo.

Pero esta estratagema de la burguesía mundial e imperialista contra la revolución socialista internacional tiene límites, porque sus principales armas, que son los distintos regímenes políticos (de los que forman parte los fascistas, stalinistas y socialdemócratas), las ha ido perdiendo. A esta fecha ya agotó dos de sus principales cartas contrarrevolucionarias, el fascismo y el bonapartismo (lo que incluye a la mayoría de corrientes stalinistas). Todavía esgrime la carta de la democracia burguesa contra el proletariado y el socialismo, pero la presente crisis económica y financiera actúa como un ácido que la carcome, debido a que el sistema parlamentario requiere de una economía sólida, para que los trabajadores voten por las opciones burguesas y conservadoras.

En perspectiva, tenemos que un tercer fusible de la burguesía contra la revolución social mundial –el “democrático”- podría calcinarse en los próximos años. Si ello es así, y las masas de trabajadores intensifican sus luchas, presenciaremos la aparición, crecimiento y desarrollo de nuevas instituciones obreras y populares, parecidas a la Comuna de París de 1871, a los soviets rusos de 1917, a Solidarnosc en Polonia en 1981, a las organizaciones de indígenas, campesinos pobres, estudiantes y obreros ecuatorianos y bolivianos de los primeros años de este nuevo siglo. Sólo en una situación y una atmósfera como éstas podrían desarrollarse partidos marxistas cuyo programa socialista sea acogido por millones.

 

En síntesis: la crisis en la dirección del proletariado, es decir, el que la clase trabajadora haya sido dirigido históricamente por corrientes conservadoras del statu quo capitalista y no por un partido revolucionario, ha sido el factor fundamental que ha ocasionado que las masas trabajadoras hayan sufrido un largo, accidentado y penoso recorrido histórico para hacer la revolución socialista internacional. Conclusión que ratifica, una vez más, la necesidad de nuestro esfuerzo por construir un partido mundial de la revolución socialista.

 

 

Epílogo:

 

Si no existiera el trotskismo habría que reinventarlo

 

Si no existiera el trotskismo, habría que reinventarlo tal cual es en sus formulaciones esenciales, que casi son las formulaciones esenciales del marxismo, pero ahora en estado casi puro. Justamente todos estos puntos débiles hacen surgir los puntos más primitivos y más sólidos, las rocas graníticas que hacen a toda la concepción del marxismo, y eso es, para mí, la revolución permanente, lo esencial de la revolución permanente.

Antes que nada, el eje de la teoría de la revolución permanente de Trotsky, es el carácter internacional de la revolución, la revolución socialista internacional. Es decir, que el punto central de todo programa de un partido es que la gran tarea no es hacer una revolución socialista nacional, sino internacional. Y creo que es de vida o muerte que la Cuarta Internacional se fortifique y surja un partido mundial fuerte; que el partido mundial y sus secciones tengan como objetivo central hacer la revolución socialista en el mundo; que para eso haga todos los sacrificios, todo lo que sea necesario; que tenga la línea del Partido Bolchevique: “preferimos que se hunda Rusia pero que se haga la revolución en Alemania, porque es un país mucho más importante”.

Nahuel Moreno, 1984.

 

 

 

Fuentes y notas:

Del Capítulo VI:

 

[1] Tomado de “Tesis para el XIII Congreso de la COB”, MST, Bolivia, en BII de la LIT-CI no. 150, octubre de 2003.

 

[1]  Sobre las consecuencias contradictorias que tiene un régimen democrático burgués en la lucha de clases, puede leerse el texto del CC del POS “La democracia de la globalización: conquista y trampa”, en Segundo ensayo sobre un proletariado sin cabeza, México, ed. El Socialista, 2006.

 

[1] Moreno, N., Actualización del Programa de Transición, Bs. As., Ed. Antídoto, 1980.


[1] “Argentina, 1982: empieza la revolución”, en Escuela de cuadros, Argentina 1984, Bs. As., Antídoto, 1995.

[2] Op. Cit., págs. 181-2, subrayado en el original.

[3] Para una demostración de esta afirmación, puede leerse la revista Pluma no. 10, de fines de 2008, especialmente lo que se cita del libro “El fin de la pobreza”, del economista liberal Jeffrey Sachs. Agreguemos aquí lo que dice Miguel Ángel Ferrer en su artículo “El placer de comer”, en un medio “progresista”, Orbe, quincenario editado por Prensa Latina en el diario mexicano La Jornada: “En 1950, la población del orbe era de dos mil millones de seres humanos. Ahora es de seis mil millones. (…) En el mismo periodo, la producción de alimentos en todo el orbe se multiplicó por doce. Así que hoy, a comienzos del siglo XXI, hay cuatro veces más alimentos por persona que hace sesenta años.” (16-27/05/09.

[4] Transparencia Internacional llevó a cabo en 69 países a través de Gallup la encuesta “Barómetro Global de la Corrupción 2009”, que incluye al menos dos datos interesantes: el 65% opina que el Estado ha sido capturado por el sector privado a través de sobornos y el 68% considera que los partidos políticos son organizaciones corruptas. En “Partidos corruptos: 68%”, Juan Ciudadano, Reforma, México, 08/06/09, pág. 16.

[5] Hagamos aquí dos acotaciones: La Revolución portuguesa generó importantes gérmenes de poder obrero y popular, que fueron desmantelados. Por otra parte, la revolución contra el régimen democrático burgués no tiene que ser necesariamente un paso imprescindible e insalvable en el camino hacia una revolución como la de Octubre de 1917. No está descartado que, bajo el régimen democrático-burgués en descomposición tenga un gran crecimiento el partido obrero revolucionario y el poder obrero y popular, “y que -en un mismo proceso en el tiempo y el espacio- se combinen la revolución que derroca la democracia burguesa y la revolución que lleve a los obreros al poder. Empero, esto por ahora no es visible todavía en ningún país.”

 

[6] En Venezuela también se ha desarrollado en los años pasados un proceso revolucionario, aunque ha sido distinto al ecuatoriano, argentino y boliviano, que incluyeron insurrecciones contra gobiernos burgueses. En Venezuela el proceso se potenció luego del golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez (2003), derrotado por una vigorosa insurrección popular, que abrió paso a una reorganización del movimiento obrero que creó la Unión Nacional de Trabajadores, en la que han tenido un papel muy importante los compañeros trotskistas de la USI, sección en ese país de la UIT.

[7] N.M., Escuela de cuadros, 1984, Bs. As., Ed.           ,1995.

[8] La frase completa de Lenin dice así: “No vivimos solamente dentro de un Estado, sino de un sistema de Estados”.Existe una expresión similar de Carlos Marx en  La ideología alemana,. La cita del revolucionario ruso está en sus  Obras, vol. XVI, pág. 102, citado por Trotsky, León, en Crítica del Programa de la Internacional Comunista, España, Fontamara, s/f, pág. 97.


Del Capítulo VII

[1] “Crítica a las Tesis Mundiales del CEI”, Comité Central del Partido Obrero Socialista, Junio de 2005, En Segundo ensayo sobre un proletariado sin cabeza, México, ed. El Socialista, 2006.

[2] Tomado de “Tesis para el XIII Congreso de la COB”, MST, Bolivia, en BII de la LIT-CI no. 150, octubre de 2003.

 

[3]  Sobre las consecuencias contradictorias que tiene un régimen democrático burgués en la lucha de clases, puede leerse el texto del CC del POS “La democracia de la globalización: conquista y trampa”, en Segundo ensayo sobre un proletariado sin cabeza, México, ed. El Socialista, 2006.

 

[4] Moreno, N., Actualización del Programa de Transición, Bs. As., Ed. Antídoto, 1980.

[5] Otros compañeros afirman que existe en el mundo una situación revolución revolucionaria desde 1968, con fluctuaciones, altas y bajas.” Nosotros creemos que esto es es un error y que Igualar una realidad como la de 1969 con la actual de 2009 diciendo que ambas son “situación revolucionaria” no tiene utilidad científica. Es como denotar a toda enfermedad grave con el nombre de “cáncer”. Si así lo hacemos, fallaremos seguramente en la prescripción médica, para todas aquellas enfermedades graves que no son cancerosas. Hegel combatió este método, al que le llamó estar en la “noche en la que todos los gatos son pardos”. Él decía que el “pensamiento científico” tiene que hacer un esfuerzo “ardoroso” y “trabajoso” para captar la “diversidad” de fenómenos que se dan en la realidad. Y a cada fenómeno se lo debe denotar con un nombre distinto, para no confundir a uno con otro. (En Fenomenología del espíritu, Prólogo, México, FCE, pág. 15).

[6] t. (Actualización del Programa de Transición, Bs. As., tesis xxxiii, 1981, subrayados nuestros).

 

 

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