El infantilismo de izquierda en la sección XXII, la LTS y El Comienzo

Por Camilo Ruiz

Las organizaciones que se reivindican revolucionarias pero que, abierta o tácitamente se pusieron en contra del repliegue de la Sección XXII en septiembre-octubre tienen que explicar todavía una pregunta que pende sobre sus cabezas pero que han evitado responder, probablemente porque no tienen modo de hacerlo: ¿por qué su política concreta hacia el movimiento magisterial fue objetivamente la misma que la del estalinismo?

Ya antes hemos explicado los orígenes sociales de la política del FPR (http://pos.org.mx/mexico-cntela-lucha-magisterial-ante-un-gravisimo-peligro-los-oportunistas-disfrazados-de-ultras/), su necesidad de conservar el hueso que los mantiene dentro del aparato burocrático de la sección 22; de intercambiar sus decisiones políticas dentro de ésta con el gobierno en turno a cambio de prebendas o diputaciones, etc. Al contrario de las insinuaciones que El Comienzo o la LTS han hecho acerca de nosotros, no creemos que la política de los compañeros se deba a que sean corruptos y a que vayan a obtener nada material de ésta, como sí es el caso de la UTE. Por eso es tanto más preocupante que tengan esas políticas: porque ellas nacen de una lectura equivocada de la realidad antes que de la necesidad de roer el hueso de un aparato burocrático; porque atrás de ellas se encuentra, en última instancia, una buena voluntad equivocada que, creemos, es susceptible de ser corregida.

  1. I.                   La LTS: ¿Una táctica equivocada para una estrategia correcta?

Hay, sin embargo, una manera de explicar el miedo de la LTS a posicionarse en torno al plantón masivo y su necesidad imperiosa de elevar a ley divina la supuesta “decisión legítima de las bases”. Se trata del hecho de que su influencia dentro del magisterio oaxaqueño (y por tanto en las jornadas de agosto-septiembre) oscile entre la Caribdis de la nulidad total y la Escila de la insignificancia. El hecho de que hayan sido y sean un grupo ajeno al movimiento les provoca un miedo terrible (por lo demás, completamente comprensible) a “interferir” con la voluntad de una base donde saben que no tienen ninguna voz. Un poco como el derecho de las nacionalidades pequeñas a la autoderminación, pero de cabeza.

Lo bueno de esto es que tienen la humildad de admitir tácitamente que la política “concreta” que ellos crean correcta para el movimiento es completamente irrelevante (en momentos donde el trotskismo y su corriente sufre de la enfermedad de la autoproclamación);  lo malo es que ingenuamente deifican una supuesta “decisión legítima” de unas supuestas “bases”; como si éstas fueran homogéneas, y como si en su seno no se encontraran tendencias con responsabilidad de dirección, tan funestas como lo es el FPR-UTE. La “voluntad” de las bases no es un hecho fijo y dado, inamovible; es la consecuencia de las luchas políticas dentro de ésta; y la LTS, al no mover un dedo para intentar influirla, al evitar la cuestión de la táctica vulgar y terrenal y al contrario, posando su mirada sobre el horizonte lejano de la “estrategia” del paro nacional, en los hechos le hace la corte al estalinismo y justifica sus ultradas. Uno no puede justificar el silencio respecto a la táctica so pretexto de tener una buena estrategia; puesto que ésta no es otra cosa que la consecuencia a mediano o largo plazo de la primera. Sin una táctica correcta, ni siquiera habrá tiempo de poner en práctica la estrategia correcta. Sacrificar la táctica por una buena estrategia tiene consecuencias funestas: ¿para qué queremos los leninistas un partidopolítico que intervenga en las luchas cotidianas de los trabajadores, si podemos tener un grupo de propaganda que les marque cada mes, con su periódico, la estrategia ideal que deben adoptar?

Probablemente, para empezar a corregir este error, deberían cambiar el nombre de su periódico de Estrategia Obrera a Táctica Obrera o, mejor aún, a “Táctica” a secas.

La razón de lo anterior es que, como la LTS sabe que la línea política que ellos propongan es ajena al movimiento magisterial, ésta en realidad tiene como público a los estudiantes que conforman su base social, y no a los maestros mismos. Pero públicos distintos requieren políticas distintas: los compañeros no tienen necesidad de hacer balances concretos a cada momento del movimiento y por tanto proponer tácticas concretas; les basta con señalar estrategias generales y mantenerse tácitamente a favor de las acciones directas más “radicales” que se puedan concebir. El supuesto radicalismo izquierdista de la LTS no está diseñado para convencer a los miembros de la CNTE, sino para impresionar a los estudiantes radicalizados.

Hace unos días la LTS escribió una larga y tediosa (llena, además, de argumentos ad-hominem) respuesta a nuestra primera polémica. Nuestra respuesta “formal” será publicada la semana que viene, pero quiero de todos modos llamar la atención acerca de un par de elementos que caen como anillo al dedo al tema de este ensayo.

Para empezar, aunque la LTS se muestra reticente a decir abiertamente que sí había que mantener el plantón a toda costa, es claro que tácitamente estaban a favor de él. Por ejemplo, nos critican, en uno de los argumentos más risibles de su respuesta, de haber llamado a levantar el plantón desde antes de la represión que sacó a los maestros del Zócalo. Es decir, nos critican por haber prevenido y visto el decline del plantón antes de que éste se hiciera patente a los ojos del gobierno. La consecuencia lógica de su crítica es que había que esperarse a que la Policía reprimiera y encarcelara para entonces pensar si lo que se estaba haciendo era lo correcto. Es decir, hay que esperarse a chocar para frenar. Pero si ya se chocó…

En la respuesta de la LTS hay una combinación desafortunada de voluntarismo idealista con desinterés político. Cuando Trotsky escribió que “la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de su dirección revolucionaria” no se refería a que cualquier puñado de militantes convencidos, armados con la “estrategia correcta” y nada más, pudieran ellos solos hacer girar la rueda de la historia. Esto se ve en la siguiente línea: “en lugar de poner todas las fuerzas para el triunfo de la lucha, para prevenir y contrarrestar la amenaza represiva, el POS decía “hay que retroceder” (…)”. El POS puso todas sus fuerzas al servicio de la lucha, pero un análisis de la correlación de fuerzas (concepto en el que no nos cansaremos de insistir una y otra vez, porque es completamente ajeno a la LTS y a sus “estrategias”) decía que, precisamente para prevenir y contrarrestar la amenaza represiva, había que levantar el plantón masivo y buscar otra forma de lucha, porque en ese momento Oaxaca se encontraba aislada y el gobierno tenía la fuerza material y política para sacarlos del Zócalo… incluso si, como sugieren los compañeros, la represión habría de despertar –sólo parcialmente- al movimiento estudiantil. ¿Se justifica permitir la represión de un sindicato bajo la posibilidad de galvanizar a otro? El lector puede responder esta pregunta.

La extensión y continuación de la lucha, como la marcha de los acontecimientos lo ha probado desde entonces, requería que se levantara el plantón masivo. Hay una relación de causa-consecuencia muy lógica y directa, contra lo que piensa la LTS, entre las estrategias generales y las tácticas concretas; en este caso, entre la posibilidad de un triunfo del movimiento, con evitar la represión, con levantar el plantón. Es una abstracción cobarde decir que los revolucionarios debíamos “poner todas nuestras fuerzas para el triunfo de la lucha”, sin posicionarse antes acerca de la cuestión esencial de si Oaxaca debía o no continuar la huelga y plantón masivo a pesar de la amenaza de represión y el hecho que la 59 les estaba quitando escuelas.

Nuestra política de levantar el plantón masivo estaba basada en una constatación “empírica” muy sencilla. Para ponerlo de una manera muy esquemática, si un movimiento vive un periodo de efervescencia, hay que tener una política ofensiva; si el movimiento vive un período de reflujo (o, lo que es lo mismo, la correlación de fuerzas le es desfavorable), hay que tener una política de repliegue ordenado. Asumamos, por un momento, que nuestros pequeños grupos revolucionarios no pueden cambiar por sí solos el signo positivo/negativo de esos procesos políticos “objetivos”. El análisis del POS decía que la correlación de fuerzas le era desfavorable al plantón masivo y huelga de Oaxaca, y que por tanto había que replegarse. Nos basábamos en el hecho de que cerca de 2/3 partes de los participantes originales ya se habían ido, que otras secciones no se habían realmente sumado, y que la 22 perdía escuelas ante la 59. El plantón era un producto casi único de la Sección XXII, y mostró su fuerza, primero, y su debilidad, después, en tanto que sección; pero también dejaba al descubierto la debilidad de la CNTE en tanto que gremio nacional. ¿Estaba algún actor político en ese momento en la posición de convencer de quedarse a esos 20 000 profesores que se regresaron, o de convencer a los miles de maestros de Michoacán o Guerrero de unirse?

Después de mucho hacerse del rogar, nuestros críticos admiten que el plantón masivo efectivamente sí vivía una fase de decline… pero en el lugar de sacar las consecuencias obvias y políticamente realistas –es decir, levantarlo- pasan varias páginas hablando de las medidas que una estrategia “ofensiva” debería de tener no para solucionar el desgaste del plantón mismo, sino para cambiar el signo de la lucha misma. Una vez más: esa abstracción esconde su terror ante la política “sucia y vulgar”. Estamos de acuerdo en lo que ellos llaman “una estrategia socialista y revolucionaria”, y muchas de esas medidas las hemos desarrollado y propuesto en nuestra prensa; pero al contrario de la LTS, no creemos que hacer llamados a “profundizar la lucha”, “democratizar el movimiento”, “soldar la unidad”, etc., hayan podido ser la solución al enorme peligro ultra que vivió la XXII durante esas semanas. En pocas palabras, uno no puede hacerse con la dirección de las luchas a partir simplemente de enunciar una “perspectiva socialista y revolucionaria”, aún cuando ésta sea correcta. Esto genera una especie de “estrategia del vacío”: la estrategia de lucha propuesta es en términos generales correcta, pero ésta es vista no como la consecuencia de una serie de tácticas puntuales a corto y mediano plazo, sino precisamente como procedimiento discursivo para justificar la ausencia de tales tácticas. Eso, también, es el sectarismo. Y peor cuando encubre a los estalinistas.

  1. II.                El Comienzo: El sacrificio como estrategia

Analicemos la contrastante pero complementaria política de El Comienzo: Hay que concederles a los compañeros que, a lo largo del movimiento, abiertamente expresaron su política –al contrario de la LTS-, y estuvieron siempre por mantener el plantón, en todo momento, a pesar de lo que estuviera pasando en Oaxaca. Aquí tenemos un ejemplo perfecto de milenarismo católico del sacrificio combinado con el delirio político (y con algo de mala voluntad, también). Hasta donde sabemos, El Comienzo no sacó ni ha sacado ningún nuevo número de su prensa, pero en sus intervenciones y en redes sociales, siguieron la línea de mantener el plantón y nos acusaron –lo mismo que la LTS- de “aceptar las migajas del gobierno” -como si conservar la gratuidad de la educación fuera una migaja.

Es interesante que el eje de sus respuestas a nuestra política a favor de un repliegue fuera la palabra “desmovilizar”, y creemos que ahí se encuentra la respuesta. (Hasta escribieron, en un precioso desliz freudiano: “preferimos ser ultras que desmovilizadores”).

La lógica es la siguiente: un plantón es, obviamente, un tipo de movilización, y las luchas sociales deben, ante todo, movilizarse en las calles para ganar. Nadie puede estar en desacuerdo con lo anterior. Lo interesante, muestra de antidialéctica como las hay pocas, es la consecuencia que El Comienzo saca de esto: hay que mantener el plantón de hoy (es decir, la movilización) a toda costa, aun a costa de perder escuelas en Oaxaca, de una represión sangrienta, de ponerse en contra a la población civil, de lo que sea. Es decir, hay que mantener lo que hay hoy a costa incluso de perder las posibilidades de hacer algo mañana. Mañana no importa ¿quién quiere algo mañana, si el día de hoy tenemos a varios miles de profesores en el Zócalo, cerrando avenidas y protestando frente a Televisa?

Se trata, otra vez, de un heroísmo idiota que arropa al oportunismo de los estalinistas. Para El Comienzo, que eleva al cielo de los revolucionarios a todo plantón táctico, la estrategia, a la inversa de la LTS, es una abstracción, un pecado intelectualista pequeño burgués. Por eso son tan radicales en sus planteamientos tácticos y tan oportunistas en sus planteamientos estratégicos –cuando los formulan, que, a decir verdad, tampoco es muy seguido. De ahí que, por ejemplo, se hayan negado a mencionar abiertamente la anulación del voto durante las elecciones, so pena de ponerse en contra a las huestes lopezobradoristas. EC fue incapaz de decir “AMLO es lo mismo que todos los demás, NO hay que votar por él”, y diluyó su línea ante las elecciones en un abstracto “pase lo que pase, hay que rebasar a López Obrador por la izquierda”.

El oportunismo en política nacional y el utraizquierdismo en los movimientos cotidianos son, pues, dos caras de la misma moneda: la consecuencia natural de hacer una lectura milenarista pero en última instancia profundamente pesimista de las perspectivas de las luchas de los trabajadores. “La conciencia del proletariado está adormecida –razonan- y hay que hacer algo radical para despertarla… como sacrificarse y dejar que nos maten a todos”. Hasta entonces, decirles la “amarga verdad”, sea sobre las tácticas de lucha, o sus dirigentes, es un error, y hay que evitarlo a toda costa.

Maquiavelo decía que, en política, uno tiene que a veces actuar como león y a veces como zorro; puesto que sólo la fuerza del león puede derrotar al lobo, pero sólo la astucia del zorro puede evitar las trampas. Y esta lección política básica, la de la flexibilidad de la táctica, que data de hace 500 años, no ha sido todavía comprendida por buena parte del activismo juvenil mexicano. ¿No se explica también el carácter y la composición de estos grupos por su negativa a darse cuenta de que uno no puede ser león todo el tiempo, y que si el gobierno es objetivamente más fuerte entonces hay que evitar las confrontaciones directas, puesto que lo único que está garantizado en estas, como fue el caso del desalojo del zócalo, son las feroces represiones? Pero astucia política no es un término que El Comienzo y compañía entiendan. Para ellos es más heroico (y más revolucionario, por supuesto) inmolarse envueltos en la bandera, antes que pensar qué acciones hay que tomar para evitar una derrota y para conservar lo que se ha ganado.

III.  Agresiones dentro de la CNTE.

Ahora bien, todo lo que hemos mencionado hasta ahora podría quedarse dentro del terreno de un debate político entre organizaciones fraternas si no fuera por el silencio de estos grupos acerca de lo ocurrido en la última asamblea de la CNTE, donde su política se vio finalmente derrotada.

Dos maestros del Istmo fueron agredidos y estuvieron cerca de la muerte: como saben, la región del Istmo fue vanguardia en el repliegue y uno de nuestros compañeros dirige esa regional. Creemos que el ataque iba dirigido contra él. La Sección XXII ha emprendido una investigación para encontrar a los culpables, y lo primero que se encontró fue que ésta fue llevada a cabo por grupos de golpeadores ligados a Ulises Ruiz.

Hay una serie de preguntas que hay que hacerse acerca de este incidente: ¿Por qué Ulises Ruiz tendría necesidad de romper una asamblea donde los “moderados” estaban por ganar y se levantaría precisamente la huelga? ¿A qué sectores dentro del sindicato les hubiera beneficiado que se rompiera la asamblea y no se tomara ninguna decisión ese día?

Concretamente ¿Por qué agredir a los “desmovilizadores”, si son, precisamente, unos reformistas y son cercanos al gobierno? Le dejaremos a los compañeros de la LTS y EC responder esto. Les queremos, sin embargo, llamar la atención sobre un asunto: el silencio sepulcral que han guardado acerca del hecho. Creemos que la línea que se cruzó ese día es una línea roja que la izquierda (ni siquiera los estalinistas) había cruzado en mucho tiempo dentro de un sindicato democrático. La de la agresión física mafiosa y el intento de asesinato, de imponer la política a través de la violencia contra las corrientes que difieren. No esperamos ninguna declaración de repudio del FPR, pero es preocupante es que la LTS y EC no repudien este acto de violencia que objetivamente apoyaba su política de continuar el plantón. La moral es, por supuesto, relativa… pero ¿hasta ese punto?

Hacemos un llamado a los compañeros a no caer en este juego, a mantener un mínimo de integridad moral revolucionaria que sabemos que tienen; a repudiar, pues, los actos de violencia intra-sindical en todo momento, incluso cuando vayan dirigidos contra sus adversarios políticos.

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