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    La civilización, por Federico Engels

    Tomás Efrén Holguín Mendoza.

    En su historia, la humanidad ha pasado por diversas formas de agrupación social, o de sociedades. Federico Engels define 3 periodos característicos basado principalmente en los modos de producción que tuvo de cada uno de ellos, pero también los define según fenómenos coexistentes a dichos modos de producción, como lo serían los tipos de organismos desarrollados para la toma de decisiones comunes o políticas, o los tipos de familia que se dieron en esas sociedades. Estos tres tipos de sociedad que ha tenido la humanidad son el salvajismo, la barbarie y la civilización.

                Así, podemos considerar que a través de la historia la humanidad se ha proveído de distintos tipos de organización social por distintas necesidades, motivos y razones. La primera de ellas, a la vez que espontanea, fue con el objeto de lograr la sobrevivencia de la especie, pero conforme este reto evolutivo se fue solventando poco a poco para la especie y el hombre y mujer como individuos, se fueron generando otras necesidades, motivos y razones propias de la humanidad para conformar sus sociedades. Y la ultima -así como actual-, forma de organización social que se ha proveído la humanidad es la civilización, que hasta el día de hoy se ha regido por sus propias necesidades, motivos y razones, parte de las cuales expongo a continuación en palabras del señor Federico Engels a través de su libro: “Origen de la familia. La propiedad privada y el Estado.”

                “La civilización es el grado de evolución de la sociedad en que la división del trabajo, el cambio entre individuos que de ella se deduce, y la producción mercantilista que abarca ambos hechos, alcanzan su pleno desarrollo y vuelven de arriba abajo toda la sociedad anterior.

                En todos los grados inferiores de la sociedad, la producción era esencialmente en común; así como el consumo se efectuaba bajo un régimen de reparto directo de los productos en el seno de pequeñas o grandes colectividades comunistas. Esa comunidad de producción se realizaba dentro de los más estrechos límites, pero traía consigo a favor de los productores el dominio del proceso de su producción y de su producto. Saben qué llega a ser del producto: lo consumen y no sale de sus manos. Y mientras las producción se efectúa sobre esta base, no puede ejercer autoridad sobre los productores ni hacer surgir frente a ellos el espectro de fuerzas extrañas.

                La civilización comienza con el estadio de la producción mercantilista, la cual se caracteriza desde el punto de vista económico por la introducción: 1.º, de la moneda metálica, y con ella del capital en dinero, del préstamo, del interés y de la usura; 2.º, de los mercaderes, como clase intermediaria entre los productores; 3.º, de la propiedad territorial y de la hipoteca; y 4.º, del trabajo de los esclavos como forma dominante de la producción. La forma de familia que corresponde a la civilización y vence definitivamente con ella es la monogamia, la supremacía del hombre sobre la mujer, y la familia individual como unidad económica de la sociedad. El conjunto de la sociedad civilizada se resume en el Estado, que, en todos los periodos clásicos modelos, es exclusivamente el Estado de la clase directora y sigue siendo en todos los casos una maquina esencialmente destinada a tener a raya a la clase oprimida y explotada. También es característico de la civilización: por una parte, fijar el antagonismo entre campos y ciudades como base de toda la división del trabajo social; y, por otra parte, instaurar los testamentos por medio de los cuales el propietario puede aún disponer de su bienes hasta después de su muerte.

                La mas baja codicia ha sido el alma de la civilización desde sus primeros días hasta hoy; su único objetivo final es la riqueza, y siempre la riqueza, pero no la de la sociedad, sino la de tal o cual bellaco individuo. Si a pesar de eso han correspondido a la civilización el desarrollo creciente de la ciencia, y, en algunos periodos, el mas significativo florecimiento del arte, sólo ha acontecido así porque sin ellos no hubiera sido posible la plena conquista de la fortuna.

                Siendo la base de la civilización la explotación de una clase por otra, su desarrollo es constantemente antinómico. Cada progreso de la producción es al mismo tiempo un retroceso para la clase oprimida, es decir, para la mayoría. Cada beneficio para unos es por necesidad un perjuicio para otros; cada grado de emancipación conseguido por una clase es un nuevo elemento de opresión para otra. La prueba más inconcusa de esto nos la da la introducción del maquinismo, cuyos efectos conoce hoy el mundo entero. Y si entre los bárbaros apenas puede establecerse la diferencia entre los derechos y los deberes, la civilización señala entre los dos una diferencia y un contraste que saltan a la vista del hombre menos inteligente, en el sentido de que da casi todos los derechos a una clase y casi todos los deberes a la otra.”

                A este punto, ponemos el ejemplo de la última gran crisis económica de la civilización bajo el modo de producción capitalista. Crisis financiera y económica iniciada y llevada a sus máximas consecuencias por los mercaderes-banqueros y clase burguesa en su totalidad en las bolsas de valores en sus afanes compulsivos de más y más riquezas –para ellos-. El derecho que para ellos tuvo el Estado (gobiernos) fue rescatarlos, pagarles sus deudas y cuidar de sus estilos de vida excéntricos y onerosos; el deber que el mismo Estado (gobiernos) tuvo para los explotados de por vida –los trabajadores comunes y corrientes-, en todo el orbe mundial, fueron los múltiples programas de ajuste y de austeridad que nos aplicaron, con la entrega de nuestras pensiones, los recortes en salud, educación, ciencia, arte y deportes, y la pauperización de nuestras condiciones de trabajo y vida con “reforma” tras “reforma estructural”. Todos los derechos les fueron concedidos a los ricos, empresarios, banqueros y burgueses en esta crisis sin ningún deber para la sociedad, y a nosotros los trabajadores, subempleados y desempleados nos dejaron todo el deber de solventar la crisis que ellos provocaron sin que se nos concediera el más mínimo derecho. Por eso, en las manifestaciones de los trabajadores en EEUU y de otros países, la consigna principal en sus protestas ante los programas de austeridad fue y sigue siendo: “su crisis, que ellos la paguen” o “Que la crisis la paguen ellos”.

                Bueno, continuemos con la descripción que hace Engels de la civilización: “Pero no hace falta que suceda lo contrario, puesto que lo que es bueno para la clase directora debe ser bueno para la sociedad con la cual se identifica aquélla. Cuanto más progresa la civilización más obligada se cree a cubrir con el manto de la caridad los males que ha engendrado fatalmente, a paliarlos o a desaprobarlos. En una palabra, introduce una hipocresía convencional que no conocían las primitivas formas de la sociedad ni aún los primeros grados de la civilización, y que a la postre llega a pretender que la explotación de la clase oprimida la ejerce la clase explotadora únicamente en beneficio de la clase explotada; y que si esta última no lo reconoce así y hasta se muestra rebelde, esto constituye por su parte la más negra ingratitud hacia sus bienhechores, los miembros de la clase explotadora.”

                Citando a Morgan, amplía el panorama histórico de la sociedad humana y la civilización: “los intereses de la sociedad son superiores y anteriores en absoluto a los intereses individuales, y unos y otros deben concertarse en una relación justa y armónica. La simple caza de la fortuna no es el destino final de la humanidad, a lo menos si el progreso continúa siendo la ley del porvenir como ha sido la del pasado. El tiempo transcurrido desde el advenimiento de la civilización no es más que una fracción ínfima de la existencia pasada de la humanidad, una fracción ínfima del tiempo futuro que aún le queda por delante. La disolución de la sociedad se yergue amenazadora ante nosotros, como el término de una carrera histórica cuya meta es la fortuna, porque semejante carrera encierra los elementos de su propia ruina. La democracia en la administración, la fraternidad en la sociedad, la igualdad en derechos y la instrucción general, inaugurarán la próxima etapa superior de la sociedad, a la cual tienden constantemente la experiencia, la ciencia y la razón. Será una reviviscencia de la libertad, igualdad y fraternidad de las antiguas gentes, pero bajo una forma superior”.

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    El capital financiero manda sobre los gobiernos y los ciudadanos

    Jeffrey Garten escribió que no son los gobiernos ni mucho menos los pueblos los que mandan. Son los grandes capitalistas los que imponen sus designios e intereses. ¿Es este autor un revolucionario, un seguidor de las teorías de Marx? Para nada, es un profesor de la muy elitista universidad de Yale, en Estados Unidos, y escribe en la revista Newsweek, una de las más conservadoras, ligada al Pentágono, el ministerio de la guerra del imperio.

    Dice Garten que “no importa qué normas apruebe EU u otro gobierno, serán los corredores de bolsa y los inversionistas en Nueva York, Londres, Dubái, Hong Kong y Tokio –no los hombres y mujeres en los asientos del poder político- quienes resolverán los grandes retos del día. Seguirán siendo los mercados financieros los que con decisión empujarán a los líderes en una dirección u otra. Alrededor del mundo, los mercados todavía ejercen el papel  de disciplinarios cuando nuestros líderes elegidos no pueden tomar decisiones duras incluso más que los millones de ciudadanos en las urnas.”

    “La banca y las operaciones bursátiles dominan a la política”, concluye Garten, y ya sabemos qué tipo de políticas imponen:

    “Los corredores e inversionistas exigirán aumentos tributarios importantes para todos los ciudadanos, con cortes severos de gastos en las autorizaciones, la defensa y los programas discrecionales”, dijo este profesor en marzo de 2010, cuando ya Grecia, Portugal e Irlanda sufrían el garrote vil de “los mercados”.

    “¿Por qué mandan los mercados y no los gobiernos?”, pregunta Garten. “Primero, su tamaño es abrumador. Los activos financieros mundiales han crecido de US$12 billones en 1980 a más de 200 billones para 2008.“[i] México genera al año apenas 1.5 billones de dólares, ni siquiera el uno por ciento de la riqueza en manos de los capitalistas financieros. Con tal poder económico, parecería que no existe nada ni nadie capaz de resistírseles.

    60 familias dominan Estados Unidos

    Hace 160 años Carlos Marx escribió que el Estado se presenta como un ente representativo de todas las clases pero en realidad es un instrumento de la clase que domina la economía. A principios de los años 30s del siglo pasado el escritor norteamericano conservador Ferdinand Lundberg, que muy probablemente no conoció la obra del fundador del socialismo científico, escribió que “los EU son hoy día propiedad y dominio de sesenta de las familias más ricas, apoyadas por no más de 90 familias de riqueza menor.  Dominan no solamente el mercado sino todas las palancas del gobierno. Son el gobierno verdadero, el gobierno del dinero en una democracia del dólar.”

    Poco después una comisión del Senado de EU, en febrero de 1937 reconoció que doce grandes empresas, sus directivos “son inmensamente más poderosos que los miembros del Gabinete.”

    Incluso el secretario del Interior de los Estados Unidos en esos años, Mr. Harold L. Ickes, consideraba como “una de las más extrañas anomalías de la historia que los Estados Unidos, democráticos en la forma, sean autocráticos en sustancia: América ha sido dirigida por los monopolios, que a su vez son dirigidos por un pequeño número de accionistas.”

    La confesión del alto funcionario del más poderoso gobierno del mundo llevó a León Trotsky a hacer los siguientes comentarios:

    “El diagnóstico de Mr. Ickes es correcto. Sin embargo, lo que Ickes llama ‘una de las más extrañas anomalías de la historia’ es en realidad la norma incuestionable del capitalismo. La dominación del fuerte por el débil, de los muchos por los pocos, de los trabajadores por los explotadores es una ley básica de la democracia burguesa. Lo que distingue a los Estados Unidos de los otros países es simplemente el mayor alcance y la mayor perversidad de las contradicciones de su capitalismo.”[ii]

    Dijimos que pareciera que no existe poder que se les pueda oponer a los capitales financieros internacionales. Nosotros sostenemos que sí podría haber un poder mayor y sobre todo que actuara con criterios diferentes, a favor de la colectividad: sería el poder de la clase trabajadora mundial organizada y conciente, acompañada de sus partidos revolucionarios. A la tarea de construir un partido mundial de la revolución social está abocada esta revista y decenas de miles de militantes en más de cien países.



    [i] “Los mercados mandan; Los financieros siguen teniendo la sartén por el mango”, Newsweek, 17/05/2010.

    [ii] Qué es el marxismo, León Trotsky, Introducción al Capital de Marx, de Otto Ruhle, 1938, ed. Nueva Claridad, Madrid, s/f,.

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    Nacimiento del partido político [1]

               El partido político nace en conexión con tres fenómenos: a) la movilización social de los intereses en la lucha obrera organizada; b) la extensión progresiva del sufragio; c) la gradual unificación política (socialista) de las luchas obrera. Quizá se pueda explicar entonces por qué el partido político en sentido estricto y específico nace con el partido socialista, es decir, con un partido que reivindica la transformación social y plantea una temática completamente nueva, ya sea para la vida política o para la ciencia política.

                La moderna técnica organizativa de las fuerzas políticas fue inaugurada, en casi toda Europa, por los partidos socialistas, y nació de la necesidad de dar al movimiento una base muy generalizada y un esqueleto sólido en capas y clases que hasta entonces habían permanecido del todo ajenas a la vida publica, y de la necesidad de luchar con medios adecuados, pero distintos de los acostumbrados, contra un Estado receloso y hostil (Morandi).

                En rigor, se ha querido ver el origen de los partidos políticos en la Revolución Francesa y en el nacimiento de los “clubes”. Naturalmente, en ello hay algo de verdad: por otra parte en el curso de la Revolución Francesa se registra una gran irrupción popular en la vida política y una primera coloración social intensa de la lucha política. Sin embargo, es innegable que sólo con la formación de los grandes partidos socialistas europeos los nuevos organismos asumen (en la teoría y en la práctica) las tres características fundamentales que serían rasgos institucionales de todos los partidos: un programa homogéneo, una organización extendida y estable, un funcionamiento continuo. Al mismo tiempo, sólo con los partidos socialistas se precisarían dos características destructivas para el viejo sistema político: la solicitud programática del sufragio universal y la inserción cotidiana de las masas populares en la lucha política como ámbito de las reivindicaciones que significan una transformación social. De estas dos características derivarán algunas de las modificaciones fundamentales que el partido político introdujo en el estado moderno.

                Marx sintetiza del siguiente modo el proceso de formación del partido de los trabajadores:

    “Las condiciones económicas transformaron primero a la masa de la población del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, pues, esta masa es ya una clase con respecto al capital, pero aun no es una clase para sí. En la lucha (…) esta masa se une, se constituye como clase para sí. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Pero la lucha de clase contra clase es una lucha política” (K. Marx, Miseria de la filosofía).



    [1] Cerroni U, Magri L, Johnstone M. Teoría marxista del partido político/I. 7.ma Ed. México: ediciones pasado y presente; 1980.

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