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    Los gastos sociales no causaron la crisis

    Un amplio sector de la burguesía internacional propaga la especie de que los gastos sociales hechos por los Estados son los principales causantes de la crisis. En consecuencia, plantean reducirlos o eliminarlos. Pero tal idea interesada no resiste el menor análisis.

    El Premio Nobel en economía Paul Krugman refutó la idea de que “Europa está en apuros porque se ha esforzado demasiado en ayudar a los pobres y a los desafortunados”. “Allá por 1991-rememora este economista-, cuando Suecia atravesaba una crisis bancaria, el Instituto Cato publicó un jactancioso informe en el que afirmaba que esto demostraba el fracaso de todo el modelo del Estado del bienestar. ¿He mencionado ya que Suecia, un país que sigue teniendo un Estado del bienestar sumamente generoso, es en la actualidad uno de los países más productivos, con una economía que crece más rápidamente que la de cualquier otra nación rica?

    “Fijémonos en los 15 países europeos que usan el euro y clasifiquémoslos según el porcentaje del PIB que gastaban en programas sociales antes de la crisis. ¿Destacan Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia por sus Estados del bienestar excesivamente grandes? No, no lo hacen. Sólo Italia se encontraba entre los cinco primeros, y a pesar de ello, su Estado del bienestar era más pequeño que el de Alemania. De modo que los Estados del bienestar excesivamente grandes no han sido la causa de los problemas.”

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    La destrucción del Estado sectario de Israel, es única garantía para la paz*

    *Tomado de revista Pluma no. 11.

    Los acuerdos de Oslo, Noruega, firmados en 1993 entre la Organización parta la Liberación de Palestina, encabezada por Yasser Arafat, el entonces presidente de EU, Bill Clinton y por Yitzhak Rabin por el sionismo, significaron la capitulación de la dirección histórica del pueblo palestino, ya que el líder árabe aceptó la existencia de Israel. Ello ocasionó el surgimiento de nuevos liderazgos como el de Hamas que se niegan todavía a reconocer al Estado sionista.

    Las decadentes burguesías nacionalistas árabes demostraron su total impotencia para enfrentar al imperialismo y al sionismo, siempre dispuestos a conciliar con el enemigo del pueblo palestino, como lo demuestran los gobiernos de Egipto y Jordania, que ya firmaron la paz con Israel.

    Hoy Irán, Hezbolah y Hamas, representativas de la burguesía o pequeña burguesía islámica, despiertan expectativas en las masas árabes de la región por su apoyo a la causa palestina, pero no plantean una perspectiva que sirva para la solución del conflicto. Proponen Estados teocráticos islámicos que preservarían el sistema capitalista, en donde las minorías nacionales y sexuales, las mujeres y los jóvenes no tendrían derechos democráticos, como en Irán, sacudido por movilizaciones populares en pos de esas libertades negadas por el régimen islámico.

    La opresión en Medio Oriente del imperialismo norteamericano y de su enclave sionista sólo podrá ser derrotada con la más amplia movilización internacional por una política justa, que se sintetiza en el planteo de una Palestina laica, democrática y no racista; en donde convivan pobladores de todos los credos en la perspectiva de una Federación de Estados Socialistas de Oriente Medio. Esta es una perspectiva que también incluye a los miles de judíos que entienden que la pelea contra Israel no es una pelea contra los judíos sino contra un Estado racista y xenófobo.

    Los propagandistas del sionismo pretenden identificar nuestra propuesta con el antisemitismo, lo cual está muy lejano de la realidad. Durante la segunda guerra mundial, los revolucionarios trotskistas luchamos en la primera línea del frente contra las tropas nazis que esclavizaban Europa y producían la tragedia del Holocausto. Luchamos contra los alemanes nazis y contra los italianos fascistas, en la más estrecha alianza con los trabajadores alemanes e italianos que enfrentaban estos regímenes totalitarios.

    En el caso del Estado sionista de Israel, llamamos a su destrucción por ser un Estado artificial impuesto por el imperialismo y su socio sionista a costa de la sangre y el territorio de los antiguos y legítimos pobladores de Palestina. Queremos un Estado que permita el retorno de los refugiados y que otorgue plenos derechos a sus pobladores, sean de la religión que sea, lo cual es la única salida para lograr la paz en Palestina.

    Este Estado sólo podrá lograse si las masas de la región rompen definitivamente con las direcciones nacionalistas y fundamentalistas y construyen una dirección revolucionaria socialista, única garantía de que la enorme lucha de los pueblos de Oriente Medio no sea “negociada” en el altar de la convivencia pacifica con el Imperialismo, como hizo Arafat en 1993.

    Llamamos a la más amplia movilización internacional contra Israel y su política de apartheid contra el pueblo palestino; y exigimos a los gobiernos rompan las relaciones diplomáticas, comerciales, deportivas y culturales con este Estado, para aislarlo, y así nos sumamos activamente a la lucha del pueblo palestino por una paz definitiva en la región.

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    Estados Unidos vuelve a asomarse a la recesión


    No es sólo Europa la que enfrenta graves problemas económicos. Los Estados Unidos de América podrían caer en recesión, es decir, en decrecimiento económico, aumento de deudas, mayor desempleo… La Oficina Presupuestaria del Congreso norteamericano vaticina recesión en ese país en 2013.[i] La Organización de Naciones Unidas pronostica algo peor: es la economía mundial en su conjunto la que estaría por recaer “debido al fracaso de las políticas en el mundo desarrollado para resolver la crisis del empleo, disminuir la deuda pública y estabilizar el sistema financiero.”[ii]

    Los signos de extrema debilidad de la economía a ambos lados del Atlántico están convirtiendo en pesadilla el sueño de la recuperación que se vislumbraba hace un año.

     

    Hace unos meses, en septiembre de 2011, Estados Unidos se encontraba al borde la bancarrota, con una deuda mareante de 14 billones de dólares, equivalente a la riqueza que produce todo ese país en un año. Pues bien, el presidente Barack Obama pudo librar la quiebra mediante nuevos préstamos, es decir, postergó la explosión de la crisis pero hinchó más el problema, sumergió a una profundidad mayor a la Unión Americana en los infiernos de la deuda. Se calcula que en una década su deuda se incrementará en un 50 por ciento, hasta una cifra difícil de concebir de 21 billones. Pues bien, se acerca en Estados Unidos el momento en que será imposible evadir la realidad. Pronto el gobierno, que es un fiel defensor de los intereses de la clase empresaria, tendrá que instrumentar planes de austeridad económica que afectarán duramente a la población trabajadora, que ya ha venido siendo afectada desde hace años en sus condiciones económicas.

    Ben Bernanke lleva meses advirtiendo desde la Reserva Federal (banco central estadounidense) que la situación fiscal es insostenible y requiere de un plan de austeridad ambicioso que se gane la confianza del mercado, un recorte de cuatro billones de dólares en el gasto público entre 2012 y 2021. El plan que salió el pasado fin de semana del Capitolio se quedó a la mitad. Aun así, la rebaja será un lastre adicional al crecimiento y al empleo. Es decir, lo mismo que en Europa, Estados Unidos intentará salir de su endeudamiento disminuyendo el crecimiento de su economía y con desempleo, con recesión, lo que ocasionará que le sea más difícil pagar sus deudas… Ingresará en un círculo vicioso y perverso.

    Estados Unidos, Europa… las grandes potencias económicas que dominaron el mundo durante un largo periodo histórico se desploman, lo que es un hecho histórico de mayor envergadura que la caída del “bloque soviético” hace 22 años y que podría tener tanta trascendencia como la segunda guerra mundial. La brutal crisis afectará brutalmente a la clase trabajadora internacional y pondrá a prueba su capacidad de convertirse en la clase dirigente de la sociedad. Se verá si los asalariados son la fuerza social, política y cultural que le muestre al resto de la humanidad un derrotero diferente, una economía basada en las necesidades humanas y no en el lucro, un planeta respetuoso de la naturaleza y un sistema político verdaderamente democrático.

     


    [i] El Mundo, Madrid, 22.05.12.

    [ii] Notimex, 07.06.12.

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