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    La destrucción del Estado sectario de Israel, es única garantía para la paz*

    *Tomado de revista Pluma no. 11.

    Los acuerdos de Oslo, Noruega, firmados en 1993 entre la Organización parta la Liberación de Palestina, encabezada por Yasser Arafat, el entonces presidente de EU, Bill Clinton y por Yitzhak Rabin por el sionismo, significaron la capitulación de la dirección histórica del pueblo palestino, ya que el líder árabe aceptó la existencia de Israel. Ello ocasionó el surgimiento de nuevos liderazgos como el de Hamas que se niegan todavía a reconocer al Estado sionista.

    Las decadentes burguesías nacionalistas árabes demostraron su total impotencia para enfrentar al imperialismo y al sionismo, siempre dispuestos a conciliar con el enemigo del pueblo palestino, como lo demuestran los gobiernos de Egipto y Jordania, que ya firmaron la paz con Israel.

    Hoy Irán, Hezbolah y Hamas, representativas de la burguesía o pequeña burguesía islámica, despiertan expectativas en las masas árabes de la región por su apoyo a la causa palestina, pero no plantean una perspectiva que sirva para la solución del conflicto. Proponen Estados teocráticos islámicos que preservarían el sistema capitalista, en donde las minorías nacionales y sexuales, las mujeres y los jóvenes no tendrían derechos democráticos, como en Irán, sacudido por movilizaciones populares en pos de esas libertades negadas por el régimen islámico.

    La opresión en Medio Oriente del imperialismo norteamericano y de su enclave sionista sólo podrá ser derrotada con la más amplia movilización internacional por una política justa, que se sintetiza en el planteo de una Palestina laica, democrática y no racista; en donde convivan pobladores de todos los credos en la perspectiva de una Federación de Estados Socialistas de Oriente Medio. Esta es una perspectiva que también incluye a los miles de judíos que entienden que la pelea contra Israel no es una pelea contra los judíos sino contra un Estado racista y xenófobo.

    Los propagandistas del sionismo pretenden identificar nuestra propuesta con el antisemitismo, lo cual está muy lejano de la realidad. Durante la segunda guerra mundial, los revolucionarios trotskistas luchamos en la primera línea del frente contra las tropas nazis que esclavizaban Europa y producían la tragedia del Holocausto. Luchamos contra los alemanes nazis y contra los italianos fascistas, en la más estrecha alianza con los trabajadores alemanes e italianos que enfrentaban estos regímenes totalitarios.

    En el caso del Estado sionista de Israel, llamamos a su destrucción por ser un Estado artificial impuesto por el imperialismo y su socio sionista a costa de la sangre y el territorio de los antiguos y legítimos pobladores de Palestina. Queremos un Estado que permita el retorno de los refugiados y que otorgue plenos derechos a sus pobladores, sean de la religión que sea, lo cual es la única salida para lograr la paz en Palestina.

    Este Estado sólo podrá lograse si las masas de la región rompen definitivamente con las direcciones nacionalistas y fundamentalistas y construyen una dirección revolucionaria socialista, única garantía de que la enorme lucha de los pueblos de Oriente Medio no sea “negociada” en el altar de la convivencia pacifica con el Imperialismo, como hizo Arafat en 1993.

    Llamamos a la más amplia movilización internacional contra Israel y su política de apartheid contra el pueblo palestino; y exigimos a los gobiernos rompan las relaciones diplomáticas, comerciales, deportivas y culturales con este Estado, para aislarlo, y así nos sumamos activamente a la lucha del pueblo palestino por una paz definitiva en la región.

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    Estados Unidos vuelve a asomarse a la recesión


    No es sólo Europa la que enfrenta graves problemas económicos. Los Estados Unidos de América podrían caer en recesión, es decir, en decrecimiento económico, aumento de deudas, mayor desempleo… La Oficina Presupuestaria del Congreso norteamericano vaticina recesión en ese país en 2013.[i] La Organización de Naciones Unidas pronostica algo peor: es la economía mundial en su conjunto la que estaría por recaer “debido al fracaso de las políticas en el mundo desarrollado para resolver la crisis del empleo, disminuir la deuda pública y estabilizar el sistema financiero.”[ii]

    Los signos de extrema debilidad de la economía a ambos lados del Atlántico están convirtiendo en pesadilla el sueño de la recuperación que se vislumbraba hace un año.

     

    Hace unos meses, en septiembre de 2011, Estados Unidos se encontraba al borde la bancarrota, con una deuda mareante de 14 billones de dólares, equivalente a la riqueza que produce todo ese país en un año. Pues bien, el presidente Barack Obama pudo librar la quiebra mediante nuevos préstamos, es decir, postergó la explosión de la crisis pero hinchó más el problema, sumergió a una profundidad mayor a la Unión Americana en los infiernos de la deuda. Se calcula que en una década su deuda se incrementará en un 50 por ciento, hasta una cifra difícil de concebir de 21 billones. Pues bien, se acerca en Estados Unidos el momento en que será imposible evadir la realidad. Pronto el gobierno, que es un fiel defensor de los intereses de la clase empresaria, tendrá que instrumentar planes de austeridad económica que afectarán duramente a la población trabajadora, que ya ha venido siendo afectada desde hace años en sus condiciones económicas.

    Ben Bernanke lleva meses advirtiendo desde la Reserva Federal (banco central estadounidense) que la situación fiscal es insostenible y requiere de un plan de austeridad ambicioso que se gane la confianza del mercado, un recorte de cuatro billones de dólares en el gasto público entre 2012 y 2021. El plan que salió el pasado fin de semana del Capitolio se quedó a la mitad. Aun así, la rebaja será un lastre adicional al crecimiento y al empleo. Es decir, lo mismo que en Europa, Estados Unidos intentará salir de su endeudamiento disminuyendo el crecimiento de su economía y con desempleo, con recesión, lo que ocasionará que le sea más difícil pagar sus deudas… Ingresará en un círculo vicioso y perverso.

    Estados Unidos, Europa… las grandes potencias económicas que dominaron el mundo durante un largo periodo histórico se desploman, lo que es un hecho histórico de mayor envergadura que la caída del “bloque soviético” hace 22 años y que podría tener tanta trascendencia como la segunda guerra mundial. La brutal crisis afectará brutalmente a la clase trabajadora internacional y pondrá a prueba su capacidad de convertirse en la clase dirigente de la sociedad. Se verá si los asalariados son la fuerza social, política y cultural que le muestre al resto de la humanidad un derrotero diferente, una economía basada en las necesidades humanas y no en el lucro, un planeta respetuoso de la naturaleza y un sistema político verdaderamente democrático.

     


    [i] El Mundo, Madrid, 22.05.12.

    [ii] Notimex, 07.06.12.

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    Palestina para los palestinos

     

    Israel: historia de una colonización

    La nueva fase de la guerra entre palestinos y sionistas que volvió a estallar en estos días sólo puede comprenderse recordando los orígenes de la creación de Israel, que es la “historia de una colonización”, como se titula el ensayo clásico del mismo nombre de Gabriel Zadunaisky y de Roberto Fanjul, socialistas argentinos.

    EL MITO DEL PUEBLO JUDIO

    Según los sionistas, el pueblo judío, dispersado por la ocupación romana de Palestina, habría deseado constantemente volver a esa tierra, a la cual tienen más derecho que nadie, según la Biblia. Los sionistas consideran a los judíos que hay por todo el mundo descendientes directos de Abraham, del primitivo pueblo hebreo que habitaba Palestina.

    Esta ideología sobre el origen y solución del problema judío no resiste el menor examen científico. Durante la Edad Media en Europa y en las sociedades precapitalistas, los judíos constituyeron un “pueblo clase” encargado del comercio y las actividades financieras. Sobre esa base se dieron su propia religión, tradiciones y costumbres. La historia conoce numerosos casos de conversión, a veces masiva, al judaísmo. Por tanto, no existe la llamada unidad racial judía. Existían judíos de raza mongólica en el Dayhestan, judíos negros en Etiopía, judíos de origen eslavo en Europa Oriental, etc. Al desarrollarse el capitalismo, las bases económicas que permitían su existencia como pueblo clase se disolvieron. Una gran cantidad de judíos en todo el mundo terminaron asimilándose. Dentro de los judíos se presentaron las diferenciaciones sociales. Unos cuantos formaron parte de la burguesía; la mayoría pasaron a las filas del proletariado. Al llegar el capitalismo a su fase decadente, imperialista, en Europa existían masas de judíos depauperados o desocupados, que empezaban a ver en los partidos socialistas la solución a sus problemas. Numerosos y brillantes marxistas tienen origen judío como Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Rosa Luxemburgo, Radek, etc. En el otro polo estaban los grandes burgueses judíos como los Rothschild, el Barón Hirsh, etc.

    El colonialismo

    En esta época se iniciaron las soluciones colonialistas a los problemas sociales en Europa. El inglés Cecil Rhodes organizó la emigración de miles de europeos miserables al África donde despojaron a los indígenas de sus territorios para fundar Rhodesia. Un origen similar tiene Sudáfrica. Era el momento en que podía nacer el sionismo, es decir, la solución burguesa, imperialista, al problema judío, que preconiza el retorno del pueblo judío a Palestina. A la burguesía convenía que los humildes y desesperados sastres, buhoneros y desocupados de Varsovia fueran fletados para Tierra Santa. La aparición del sionismo durante la época imperialista explica también por qué durante dos mil años los judíos no intentaron regresar a Palestina, a pesar de que hubieran tenido muy buenas posibilidades de hacerlo, especialmente durante la Edad Media, cuando gozaron de una posición privilegiada en el mundo árabe y eran muy buenas sus relaciones con el Islam.

    Teodoro Herzl, el fundador y primer promotor del sionismo buscó apoyo para su proyecto precisamente en los gobernantes imperialistas. Se dirigió al Zar de Rusia, al Káiser de Alemania, al sultán del Imperio turco y a Inglaterra. En la mayoría de los casos fue bien recibido, inclusive por el zarismo que se caracterizó por su represión constante a los judíos rusos. Se le llegó a ofrecer colonizar Uganda o el Sinaí egipcio. En 1917, para entonces muerto Herzl, pero organizado el movimiento sionista, Inglaterra emitió la siguiente declaración: “El gobierno de Su Majestad ve favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para pueblo judío y empleará sus mejores esfuerzos en la realización de su objetivo”. La Organización Sionista contestó: “Confiamos nuestro destino sionista al Ministerio de Relaciones Exteriores inglés y al Gabinete de Guerra Imperial, en la esperanza de que serán considerados a la luz de los intereses imperiales”.

    El despojo a los palestinos

    Pero el sionismo no sólo buscaba apartar a las masas judías de la revolución. Se proponía la creación del Estado de Israel en Palestina, que estaba ocupada por otro pueblo. Despojando a un pueblo se buscaba darle tierra a otro. Eso sólo tiene un nombre: colonialismo. La Organización de la Naciones Unidas –ONU-serviría para darle legalidad mundial: en 1947 resolvió la partición de Palestina en un Estado de Israel y uno Palestino. La URSS, en esos momentos gobernada por Stalin, apoyó la resolución. El delegado de Stalin, Andrei Gromyko reprobó a los árabes que se oponían al despojo y calificó al sionismo como un movimiento de liberación nacional. Esta traición de la burocracia de la URSS se completó con su apoyo a Israel en la guerra contra cinco Estados árabes. El estado de Israel nació así bajo la bendición del imperialismo y el stalinismo negando los derechos nacionales y democráticos del pueblo palestino, que terminó expulsado de su territorio o quedando como extranjero en su propia tierra.

     

    EL EXPANSIONISMO SIONISTA

    El expansionismo sionista empezaría inmediatamente. Menahem Beguin, al frente de un grupo armado sionista, con métodos fascistas expulsó a un millón de palestinos de su tierra. Mediante un pacto entre Golda Meir -israelí- y Abdullah, gobernante árabe traidor a los palestinos, se repartieron el resto de Palestina. El Estado de Israel extendió su superficie más allá de las fronteras señaladas en el mapa de partición de las Naciones Unidas. Como podrá apreciar el lector en los mapas, el expansionismo sionista no se ha detenido. Su pretensión es, según Ben Gurión, el fundador del Estado de Israel, “construir el Gran Israel desde el Nilo al Eufrates”.

     

    CABEZA DE PUENTE DEL IMPERIALISMO EN EL MUNDO ARABE

    El Estado de Israel es colonial, racista y el gendarme de la revolución árabe. Está en una de las zonas petroleras más ricas en todo el mundo. Dentro de Israel la legislación es antiárabe, al permitir se cometa cualquier discriminación, despojo o arbitrariedad contra los palestinos que aún ahí quedan.

    Israel ha salido junto con el imperialismo a aplastar cualquier intento de liberación nacional de los árabes. Cuando Gamel Nasser al frente de Egipto nacionalizó a una compañía anglo- francesa el Canal de Suez, Israel lo atacó y participó en la matanza de miles de árabes. También apoyaron a la Francia imperial contra los revolucionarios argelinos.

     

    LOS ACUERDOS DE OSLO Y LA EMERGENCIA DE HAMAS

     

    Otro hito histórico que es necesario conocer para entender la actual guerra de ocupación sionista son los Acuerdos de Oslo que se hicieron públicos el 13 de septiembre de 1993 en una ceremonia en la Casa Blanca. Los firmantes fueron el gobierno Israelí y la Organización de Liberación de Palestina-OLP- (encabezada por el líder palestino de ese entonces, Yasser Arafat).

    Aquel día el imperialismo, las burguesías árabes y el sionismo estaban de plácemes. No era para menos. La OLP, la organización palestina que había luchado por la liberación de su pueblo, claudicaba y reconocía en tales Acuerdos que el Estado israelí podía a usurpar su tierra.

    Los dirigentes palestinos firmantes de los “Acuerdos de Oslo” los presentaron como la esperanza del retorno a sus hogares de origen de millones de refugiados y como la posibilidad de que contaran con un Estado propio en su tierra. Lamentablemente nada de esto es cierto. Los más de seis millones de palestinos que viven refugiados en los países vecinos no tienen derecho de retornar a su tierra y sólo se promete un mini seudo Estado palestino asentado sólo en el 22 por ciento de la antigua Palestina, entelequia que no tendría derecho a tener ejército ni política exterior propios. Por lo demás, Israel ni siquiera cumplió en estos años con retirar sus colonias en Cisjordania y hasta las ha ampliado.

    Pero al firmar los Acuerdos de Oslo los palestinos sí tienen la obligación de reconocer a Israel,  abandonando de esta forma el histórico proyecto palestino de que existiera una sola “Palestina laica, democrática y no racista”.

    La frustración de esos compromisos y promesas se expresaron en el estallido de la Segunda Intifada del pueblo palestino en septiembre del 2000. Esta rebelión del pueblo palestino, desarmado pero decidido a recuperar su tierra y respeto a su dignidad, se prolongó cinco años. En el ínterin se abrió un proceso de cambio de dirección de las masas palestinas. Estas últimas se desencantaron de la dirección que había firmado los Acuerdos. Al mismo tiempo, fueron favoreciendo a las corrientes que de alguna manera las ayudaban a su lucha, aun fuera con métodos muchas veces aberrantes.  De ese cambio de dirección se han destacado Hamas, Hezbolá y otras direcciones guerrilleras.

    La actual ofensiva militar y genocida israelí contra los palestinos que viven en Gaza expresa la verdadera naturaleza de los llamados Acuerdos de Oslo. Estos se presentaron como el camino de la paz y la armonía entre palestinos e israelíes. Sin embargo, en los hechos, construyeron la senda del infierno y del empeoramiento de la guerra como nunca antes.

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