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    ¿Por qué socialismo?

    Por Albert Einstein

    ¿Debe quién no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que si.

    Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no hay diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil por que la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana –como es bien sabido– ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

    Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó “la fase depredadora” del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

    En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por si mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y –si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos– son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

    Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: “¿porqué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?”

    Estoy seguro que hace tan sólo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

    Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

    El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de éstos diferentes, y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto “sociedad” significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por si mismo; pero él depende tanto de la sociedad -en su existencia física, intelectual, y emocional- que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la “sociedad” la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra “sociedad”.

    Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido — exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral ha hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

    El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

    Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos — que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos — en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es sólo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

    Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

    La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo — no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción –es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional– puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

    En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré “trabajadores” a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es “libre”, lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

    El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directamente o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

    La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de “contrato de trabajo libre” para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo “puro”. La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un “ejército de parados”. El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a ése amputar la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

    Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

    Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males, el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

    Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?

    Fuente: Monthly Review, Nueva York, mayo de 1949

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    Malinchismo, hipocresía y capitalismo mexicano

    Por Javier Gálvez

    El 15 de octubre, en Madrid, Enrique Peña Nieto, ostentándose como presidente de la República, ofreció a los empresarios y autoridades españolas ayudarles a superar la crisis que ellos mismos han provocado, y que ahora le están cobrando al pueblo ibérico. “Quiero comentarles el interés de nuestro país por apoyar y solidarizarnos con el país hermano de España”, dijo frente a los empresarios Pablo Islas, del Grupo Inditex; José Manuel Entrecanales, del Grupo Acciona; Francisco González, del BBVA y Antonio Brufau, de Repsol. Argumentó la apertura del sector energético mexicano a la inversión española para contribuir a reducir la crisis económica española, claro, -dijo-, siempre manteniendo la propiedad de Pemex por parte del Estado mexicano. De igual forma, presumió que con la ayuda de la paraestatal se construirán dos floteles en los astilleros gallegos, por un monto de 380 millones de dólares. Gracias a esto se crearán 3 mil nuevos empleos directos y 10 mil indirectos en un periodo, de por lo menos, dos años y medio. El único problema es que en nuestra nación el mercado laboral no sólo está a punto de recibir un golpe mortal, sino que ni siquiera a recobrado los niveles del 2007.

    Según datos del INEGI, del primer semestre del año en curso, 29 de cada cien personas trabajan en la informalidad, lo cual representa 13 millones 959 mil hombres y mujeres tiene remuneraciones mínimas y sin protección social alguna. También, en lo que va del año, las contrataciones eventuales en empleos formales aumentaron de 11.5 por ciento  a 14, o sea que 14 de cada cien empleados formales están trabajando, indefinidamente, como eventuales, con el riesgo de que sean despedidos sin ningún problema por parte del patrón. Aunado a lo anterior, más de 60 por ciento de las personas empleadas sólo reciben entre uno y tres salarios mínimos, lo cual significa que tiene un ingreso de entre mil 815 y 5 mil 445 pesos mensuales, por lo tanto, el lo que reciben estos trabajadores y sus dependientes está catalogado como pobre.

    Pero Peña Nieto está contentísimo de invertir, y de seguir perdiendo nuestro dinero, en España. Porque, según el análisis acerca de las ganancias y pérdidas de la participación de Pemex en la empresa española Repsol, basada en información de la Unidad de Evaluación y Control de la Cámara de Diputados, se ha perdido un equivalente a 6.2 por ciento del presupuesto de inversión aprobado para la estatal en el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2012. Las pérdidas representan cerca de 20 mil millones de pesos, que fueron destinados a la compra, en agosto de 2011, de 5 por ciento de títulos de la petrolera Repsol española. Pero, en lugar de refrenar la participación, Pemex aumentó, en agosto del 2011 de 4.8 a 9.8 por ciento su participación en Repsol. O sea que se está rescatando una empresa que ni siquiera es mexicana.

    Las cosas no se quedan aquí. Según el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM, para diciembre de 1987, con un salario mínimo en México, se lograba adquirir 163.8 por ciento de la canasta básica. Pero para el primero de diciembre de 2006, -ya con Felipe Calderón-, con el mismo ingreso se compraba sólo 60.21 por ciento de tal canasta, y para agosto del 2012 apenas 33.95 por ciento. Es decir que el poder adquisitivo se deterioró 79.11 por ciento. El 16 de diciembre de 1987 se requerían 4 horas y 53 minutos de jornada laboral para adquirir la canasta básica, mientras que para diciembre de 2006 ya se necesitaban 13 horas y 19 minutos. Y, sorpresa, en agosto de 2012 los mexicanos necesitamos trabajar 23 horas y 34 minutos para poder comer las calorías básicas para poder sobrevivir, no somos más que, literalmente, esclavos del capitalismo nacional y extranjero.

    Pero la burguesía mexicana, siempre atenta al bienestar del trabajador, ya dijo que asumirá los costos de la reforma laboral, y que no permitirá que se siga deteriorando el poder adquisitivo del sector obrero de la nación. El 17 de octubre, Gerardo Gutiérrez Candiani, presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE), no sólo demandó al Senado de la República que aprueben inmediatamente la reforma laboral, sino que, poniendo el pecho por delante, dijo que dicha reforma producirá costos adicionales a las empresas, ya que se introducen nuevas obligaciones para los patrones, pero aseguró que están dispuestos a asumir estos costos si se aprueba sin cambios el proyecto que los diputados enviaron al Senado. “El sector empresarial va a tener costos. Las empresas van a tener costos, (pero) los vamos asumir a favor de México”, dijo este señor, poniendo mucha seriedad en sus palabras y adusta la mirada. En el paroxismo de tal hipocresía, Candiani agregó: “Nosotros estamos de acuerdo en la Ley, por eso estamos a favor de que los trabajadores tengan mejores condiciones, tengan seguridad social, estuvimos a favor de la regulación del outsourcing, queremos un país y que los factores dela producción estén integrados y a todos nos vaya bien. El sector privado no piensa en que nos vaya bien a nosotros en perjuicio de alguien, al revés, todos tienen que ganar y todo se tiene que sumar”, finalizó.

    Esta persona está diciendo, por decir lo menos, cosas totalmente incoherentes. Porque el outsourcing fue creado a propósito para no dar garantías a los trabajadores, para poder despedirles con cualquier pretexto y para nunca pagarles lo justo por su trabajo. A las tonterías que dijo Candiani, se sumaron los dichos de Margarita Zavala, la esposa de Felipe Calderón, el día miércoles 17. Ella dijo en el Foro de la Equidad, celebrado en la sede del PAN, que la reforma laboral producirá más oportunidades de empleo, principalmente para la mujeres. Lo anterior fue pronunciado, para conmemorar el 59 aniversario del establecimiento del voto femenino en México.

    Más aún, según una nota de Fernando Camacho Servín, del periódico La Jornada del 29 de julio de 2012, cientos de personas acuden diariamente a la Central de abastos de la ciudad de México, para pepenar, entre la basura, el alimento diario. Algunas personas, excluidas del sistema laboral que presume la esposa del presidente, recolectan fruta, le cortan las partes maltratadas y las venden en carritos, con lo cual más o menos consiguen para poder malvivir. Una persona, que se negó a dar su nombre, le dijo al reportero: “de por sí no hay trabajo, y el que hay, no nos lo dan. Algunos dicen: ‘qué asco, ¿cómo me voy a meter a escarbar?’ Pero aquí –dice señalando el montón de desechos– hay mucho dinero. Nada más que hay que saberlo ver”. Todo esto se da porque a la burguesía no le importa en absoluto darle de comer a la gente, sino, -afirma David Lozano, investigador del centro de análisis multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México-, “Para las grandes firmas abastecedoras de comida, la prioridad no es alimentar a la gente, sino vender tanto como puedan. Por eso, advirtió, con tal de abarrotar los anaqueles de los supermercados con sus productos, muchas compañías no dudan en llegar al despilfarro. La pobreza alimentaria no es un problema de abasto, sino de redistribución.

    Nuestra gente se está, literalmente, muriendo de hambre, o tiene que trabajar horas extras ellos y dos o tres miembros de la familia para poder malcomer, mientras el malinchista de Peña Nieto anda estableciendo contratos para rescatar a los eternos conquistadores españoles, y la burguesía nacional se frota las manos esperando clavarle más el diente al cuello sangrante del obrero. ¿Hacen falta más causas para organizarnos y pelear para liberarnos de estos parásitos?

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    Solicitud de firmas en solidaridad con los normalistas de Michoacán

    INFORMACIÓN URGENTE.

    Denuncia ante la represión en Michoacán.

     

    En la madrugada de hoy, 15 de octubre de 2012, policías municipales, estatales y federales tomaron ilegal y violentamente la Escuela Normal de Tiripetío, la de Arteaga y la Normal Indígena de Cherán, Michoacán. La orden del crimen vino directamente del gobernador priísta Fausto Vallejo y del Presidente Felipe Calderón como “respuesta” a un conjunto de demandas estudiantiles que tenían por objetivo mejorar la vida de las normales rurales en beneficio de la educación pública.

    Por la mañana el gobierno informó que había detenido en el operativo a 200 estudiantes, alrededor del medio día dijo que sólo se trataban de 100. La comunidad de Cherán denuncia el arresto de 120 alumnos y 20 padres de familia. Las cifras en las otras normales no son claras, los cargos de los detenidos son “secuestro”, “lesiones”, etc.. Se habla de centenas de estudiantes desaparecidos. La cifra de heridos no queda clara, pero se maneja también por cientos.


    Las tres escuelas normales están ocupadas por fuerzas policiacas de los tres niveles. En Arteaga y Tiripetío la policía está entrando a casas para buscar a estudiantes. En Tiripetío la Policía Federal entró con maquinaria y anuncia que demolerán el edificio de la Normal, el cual es una antigua construcción colonial.

    Hasta ahora estudiantes, autoridades municipales, comuneros y maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) realizan al menos 60 bloqueos de casetas, carreteras, etc. en todo Michoacán. Las organizaciones sociales realizan ahora una caravana en autos y una caminata hacia la Normal de Tiripetío con el objetivo de recuperarla. Los maestros de la CNTE se declararon ya en paro indefinido y se empieza a discutir en todo el estado la posibilidad de un Paro General de todo el Sistema Educativo. En otros estados del país ya se comienzan a planear protestas en solidaridad.


    Propuesta de Pronunciamiento

    Ante la ilegal y violenta ocupación de las Escuelas Normales de Arteaga, Tiripetío y Cherán en el estado de Michoacán la madrugada del 15 de octubre de 2012 por parte de fuerzas policiacas municipales, estatales y federales que tuvo un saldo cientos de estudiantes, padres de familia y pobladores heridos, cientos de detenidos y una cifra igual de desaparecidos, los abajo firmantes:

    Responsabilizamos al gobierno estatal de Fausto Vallejo y al federal de Felipe Calderón de estos hechos violentos.

    Alertamos que la ofensiva gubernamental, además de violar las libertades democráticas y los derechos humanos, va dirigida a desmantelar el proyecto de Normales Rurales y en este caso en específico a cerrar de manera definitiva estas las normales de Arteaga, Cherán y Tiripetío.

     

    Repudiamos la violencia de la mancuerna PRI-PAN que, con estos hechos (y otros como la Reforma Laboral) preludian el modo en que pretende actuar el gobierno de Enrique Peña Nieto.

    Exigimos la inmediata e incondicional libertad de todos los detenidos en los operativos, la presentación con vida de los desaparecidos y el alto a la persecución política en contra de los manifestantes.

     

    Nos pronunciamos en defensa de la educación pública y el proyecto de Normales Rurales.

    Saludamos y reconocemos las protestas sociales que se han dado como respuesta a estos hechos ignominiosos y que tienen un carácter civil y pacífico. Exigimos a las autoridades el respeto a éstas y el respeto los derechos de organización y libre manifestación de

    Hacemos un llamado a estar alerta ante cualquier respuesta del gobierno que siga por le camino de la violencia e invitamos a movilizarse en solidaridad con los estudiantes y pueblos de Michoacán.

    Movimiento de Liberación Nacional

    Enviar correos de adhesión a optmexico@gmail.com

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