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    #YoSoy132 Juárez se pronuncia acerca de las acusaciones contra Lucha Castro por parte de las autoridades del estado de Chihuahua

    Ciudad Juárez, Chihuahua, a 15 de octubre de 2012.

     

    A los y las compañeras del #YoSoy132 a nivel nacional:

    A los y las ciudadanas del estado de Chihuahua:

    El pasado viernes (12 de octubre) el gobierno estatal de Chihuahua, a través de Raymundo Romero Maldonado, secretario general de gobierno, acusó a la activista social Lucha Castro de tener intereses “poco claros” al hacer señalamientos sobre la responsabilidad del presunto homicida de Marisela Escobedo, José Enríquez Jiménez “El Wicked”, que la fiscalía y el gobernador anunciaron con bombo y platillo como el autor material de tal hecho – haciéndose al mismo tiempo propaganda de la paz “recuperada” en el estado-. Las descalificaciones por parte del gobierno del estado, que se apoyan en la evidente afición a criminalizar a los luchadores sociales, resultan en una clara acusación de encubrimiento de criminales por parte de Lucha, además de fomentar un discurso por parte del Estado para generarse en la opinión pública una mayor legitimidad.

    Marisela Escobedo fue asesinada frente al Palacio de Gobierno en Chihuahua capital hace casi dos años, en diciembre de 2010. Marisela estaba en plantón porque los jueces del caso de su hija Rubí le habían negado justicia al darle libertad “por falta de pruebas”, al asesino confeso Sergio Rafael Barraza; aunque luego de  la presión de organizaciones el gobierno sentenciaría, finalmente, a éste y giraría una orden de aprehensión que nunca se cumpliría: lo que debía culminar con tantos años de activismo de una madre por su hija, se convirtió en una necesidad de seguir luchando. Si esto fuera poco, el hijo de Marisela, Manuel García, ha denunciado amenazas e intimidaciones por parte del Estado para vincular a su familia con el crimen organizado y para cambiar sus declaraciones. En este contexto es que Lucha Castro y otras organizaciones han señalado las irregularidades de la presentación del “Wicked” como homicida aparente de Marisela, quien ha declarado que dicho asesinato fue pactado por los “Zetas” y “La Línea”.

    Como asamblea local del #YoSoy132, nos solidarizamos con Lucha Castro y estamos en contra de la campaña de desprestigio y que criminaliza a los activistas sociales. Los poderes judiciales deben dar justicia, no inventarla mediante la opinión pública y los medios masivos de comunicación; a nadie, más que al Estado incomodaba la lucha incansable de Marisela Escobedo por el esclarecimiento del asesinato de su hija, lo que hace cuestionable, y más con el proceso irregular de los casos de Marisela y Rubí, las declaraciones del fiscal general y del secretario de gobernación. Si el presunto culpable es tal, el Estado debe presentar las pruebas a la opinión pública.

    ¡Por una justicia verdadera!

    ¡Por una democracia autentica!

    ¡Yosoy132 Juárez!

     

    Sitio web de #yosoy132 Juárez: http://www.jzmov.com/yosoy132juarez/?p=864#comment-249

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    Problemas de la vida cotidiana: El amor y la asertividad

    Por Tomás E. Holguín M.

    Contenido:

    -        Las tres formas en que se expresa el amor.

    -        Las reglas de la asertividad.

                   El amor puede expresarse de tres formas, no solo de una. En primer lugar, podemos demostrar nuestro amor siendo agradables con las personas si ellas son agradables con nosotros y de este modo les demostramos gratitud. Ése es uno de los modos más comúnmente aceptado de demostrar que queremos a alguien. Hacemos cosas agradables a cambio.

                   Cuando alguna persona le haga algo inapropiado y usted crea que ella no sabe que eso está mal, hable con ella una vez y, quizá en una segunda ocasión. Razone con ella, perdónela una y otra vez como manifiesta la Biblia, y después compruebe si cambia cuando usted es paciente y comprensivo. Ésa es la segunda forma de demostrar amor, paciencia y comprensión. Pero generalmente no es recomendable hablar con las personas en mas de dos ocasiones sobre las frustraciones que le están originando.

                   Si sigue hablando sobre un problema y nunca hace ninguna otra cosa al respecto, entonces aprenden de usted que lo único que va a hacer es quejarse. Para ellos, eso es fácil de aguantar. ¿Por qué han de cambiar y superar el esfuerzo y la incomodidad que supone cambiar, si todo lo que han de hacer es prestar atención a sus quejas y a continuación seguir actuando tal como lo hacían hasta ese momento?

                   ¿Pero, por qué no cambia una persona después de haber hablado con ella? Porque es inmadura o tiene algún trastorno psicológico. Si habla con una persona y no cambia su conducta, entonces se debe a alguna de estas razones. Las personas maduras, que no padecen ningún trastorno, son capaces de escuchar, admitir que están equivocadas y están dispuestas a mostrar acuerdo cuando comprenden que se han estado portando indebidamente.

                   Ahora, supongamos que habar con ellas una o dos veces no sirve para nada. ¿Qué debería hacer entonces?

                   Entonces puede usar la tercera forma de amor, que es la firmeza o la insistencia. Así es como va. Si alguien le hace algo malo y comentarlo dos veces no ha servido para nada, haga algo que le enfade también. Pero debe ser hecho sin ira, sin culpabilidad, sin compasión ajena, sin miedo al rechazo, sin miedo al daño físico o sin temor al daño económico. Ya que nunca llegará a mostrarse asertiva si no controla estas seis condiciones que la derrotaran en todo momento.

                   Si trata de defender sus derechos con ira se va a mostrar agresiva. Si la persona con quien está tratando tiene la tendencia a enfurecerse, es probable que actúe contra usted con el mismo vigor que usted ha actuado contra ella. Ésa no es forma de lograr la cooperación. Es la mejor forma de dar comienzo a una guerra.

                   La segunda condición, la culpabilidad, probablemente paralizará sus propósitos de ser dura ante alguien porque se sentirá mal por lo que hace.

                   La tercera condición, la compasión ajena, también le llevará a retroceder en sus intentos porque su corazón se romperá por el compromiso en que va a poner a la otra persona. Imagine cómo puede sentirse una madre que niega a su hija la posibilidad de acudir a un baile porque haya sido desobediente. Entonces, cuando la joven se dirige a su habitación llorando y cabizbaja, la madre cede porque se siente mal por haber negado esa posibilidad a su hija.

                   La cuarta condición es el miedo al rechazo. Si tiene miedo de que alguien la rechace, y ese rechazo le produce dolor, probablemente no va a ser muy firme con dicha persona.

                   Los miedos a los daños físicos o económicos son de una categoría diferente. Éstas con consecuencias bastante realistas. Las cuatro anteriores no lo son. Recibir un grito, sentirse culpable, compadecer a otros o ser rechazado, por ejemplo, son inofensivos en principio. Pero las consecuencias físicas o económicas pueden causar un daño realmente grave. Aquí se recomienda retroceder y ceder hasta que las circunstancias cambien a mejor. Pero esto no se tendría que hacer si se está tratando con sentimientos de ira, culpabilidad, compasión ajena o rechazo.

                   Ahora, se ha descubierto que la mayoría de los adultos no aman a las personas a quienes pueden mover a su antojo. En vez de amarlas, las menosprecian porque son débiles. Esto crea sentimientos de asco o disgusto y no de amor. Por lo tanto, si quiere ser amado(a), en primer lugar haga que la otra persona le respete –y eso significa que ha de tener cierta dosis de miedo hacia usted.

                   Pero no ha de ser un gran miedo, un miedo suave, el tipo de miedo que experimentan cuando saben que no va a soportar sus injusticias y que usted responderá incomodándolos del mismo modo que hacen ellos. Ésa es la tercera forma de mostrar amor –con la firmeza que da origen al respeto. Y el modo en que va a conseguirlo satisface dos condiciones: una, necesita disponer del poder para hacer que alguien se sienta incómodo, y dos, necesita disponer del coraje para usar dicho poder.

                   Para un gran grupo de personas que acuden a terapia por presentar síntomas de depresión, ansiedad o ira excesiva,  y que son básicamente decentes, trabajadoras y responsables pero que acaban siendo desgraciadas a consecuencia de la excesiva auto-inculpación y por alimentar la conducta neurótica[*] e inconsiderada de otras personas, es importante enseñarles a defender sus propios derechos y a combatir y confrontar a las personas que siempre las han tratado indebidamente. Para hacerlo deberán aprender las siguientes tres reglas de asertividad:

    1. Si los otros hacen algo bueno para usted, haga algo igualmente bueno para ellos. (+ =+)
    2. Si los otros le hacen algo malo y no se han dado cuenta de que su comportamiento es negativo, razone con ellos, pero sólo en dos ocasiones diferentes. (- = + x2)
    3. Si los otros le hacen algo malo en una tercera ocasión y hablar con ellos en dos ocasiones no ha servido para nada, haga algo igualmente molesto para ellos, pero debe ser sin ira, culpabilidad, compasión ajena, miedo al rechazo, miedo al daño físico o miedo al perjuicio económico. (- = -).

    Estas pautas de asertividad se centran en el aspecto conductual de los procesos curativos de la depresión, la angustia, la ira excesiva u otros trastornos psicológicos. Para las personas no es suficiente hablar o pensar sobre sus problemas psicológicos, muchas veces habrá que hacer modificaciones conductuales y ambientales para poder lograr el tan deseado bienestar[†] físico y mental.

    Y no olviden que: si siempre haces lo que siempre hiciste, siempre recibirás lo que recibiste.

    En todo este proceso, para poder prescindir de la culpabilidad cuando ha llegado la hora de aplicar los cambios conductuales -la hora de ser asertivos; hay que tener en cuenta que el nivel de “lo razonable” será la pauta para saber si es ético lo que se hace.


    [*] Los neuróticos siempre quieren que las personas cambien su conducta de cierta forma para que ellos, los neuróticos, no se vean obligados a aguantar frustraciones. Les encanta convencernos de que somos los responsables de sus problemas y por lo tanto somos nosotros quienes nos debemos comportar de otro modo para que se sientan mejor. Hasta que nos neguemos a seguir con esa tontería, nunca aprenderán que son ellos mismos quienes se crean problemas y que les convendría resolver su propia conducta para evitar sus incomodidades.

    [†] El bienestar es un estado de ánimo, en el que se experimenta tranquilidad y paz interior, y que nos permite vivir gozando de emociones y sentimientos. Ser o estar en bienestar no es una meta, es una tarea que se desarrolla día a día. El bienestar no es un estado fijo, es mas bien, un proceso continuo en el que tenemos que trabajar con las características y habilidades que tenemos para mejorar.

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    Lenin y su mala imagen

    Por Cuauhtémoc Ruiz

    Vladimir Ilich Ulianov no goza en la actualidad de buena prensa. Luego de la caída del muro de Berlín, en 1989, se fue imponiendo en la opinión pública internacional el concepto de los socialdemócratas (“socialistas” en Europa, perredistas en México), en el sentido de que era un hombre autoritario, represor y violento. El brutal dictador de la Unión Soviética, José Stalin –dicen- ya estaba prefigurado en Lenin.

    El libro de Juan María Alponte que lleva el pretencioso título Lenin, vida y verdad[i], es ilustrativo de lo anterior y no da lugar a sorpresas. Ya en el primer párrafo dice:

    “El rebelde está con la base social mientras el revolucionario pretende resolverlo todo autoritariamente y para siempre, desde arriba, sin la base social y por eso fracasa.”

    Los grandes acontecimientos históricos que rodearon la vida y marcaron las decisiones del personaje, la invasión de una decena de ejércitos capitalistas para aplastar la naciente república de trabajadores, el fracaso de la revolución socialista en el resto de países europeos, el apabullante atraso económico, social y cultural de Rusia en 1918 son ignorados para dar paso a una explicación simplista: el problema de Lenin es que eligió ser un revolucionario.

    En esta caricatura no podía faltar la descalificación al modelo de partido que el ruso inventó. Alponte dice: “Lenin impone en 1907 en el V Congreso de la socialdemocracia rusa el criterio apasionadamente discutido del ‘centralismo democrático’ que históricamente sustituiría el debate con la base social y, por tanto, proporcionaría a la cúpula todos los poderes. Lenin no podía imaginar, aunque fuera concebible en aquellos momentos, lo que significaría su victoria: la creación de un partido monolítico, esto es, la barbarie.”

    La compleja y multifactorial explicación de un hecho histórico de enormes proporciones como es la burocratización de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de los partidos comunistas, es sustituida por una (supuesta) mala idea que engendró la cabeza de una persona, el centralismo democrático.

    En esta biografía Lenin aparece como un exiliado que vive cómodamente y sin apremios económicos en las elegantes metrópolis europeas y que dedica buena parte de su tiempo a las intrigas políticas y a perrerías con su amante Inés Armand. En las más de 300 páginas de Lenin, vida y verdad jamás encontraremos una sola alusión al enorme trabajo científico y teórico –reunido en más de 50 volúmenes- que hace de Vladimir Ilich uno de los más geniales y prolíficos pensadores contemporáneos. Tampoco hay una sola página en la que se detenga a relatar la dedicación de Lenin a la formación de “cuadros”, es decir, de líderes socialistas, muchos de ellos provenientes de la clase obrera. No se explica por qué la estructura y la cúpula del partido bolchevique, en 1917, estaba formada por miles de obreros cultos y capacitados, y de una pléyade de personalidades que hablaban varias lenguas, escribían notablemente y destacaban en los más diversos campos intelectuales.

    La tergiversación de la historia

    Lo más revelador es el máximo reproche que este escritor socialdemócrata le hace a Vladimir Ilich. Dice Alponte:

    “Yo no dudo en afirmar que el más grave error de Lenin, error que tendría efectos paranoicos, fue exigir sin más ‘todo el poder a los soviets’, en vez de optar por el acuerdo con los socialdemócratas que, como Kerenski, buscaban una solución moderna y democrática para el país.” (pág. 28)

    Aquí el que aparece de cuerpo entero no es Lenin sino su crítico, tergiversador de la historia. Dice que Kerenski y los socialdemócratas buscaban el progreso de su país. La realidad es que en los meses de 1917, cuando uno y otros estuvieron en el poder en concordancia con la burguesía, se rehusaron a buscar la paz (Rusia guerreaba contra Alemania); a repartir la tierra a los campesinos (en manos de nobles y latifundistas); y a convocar una asamblea constituyente (Rusia no tenía Constitución, es decir, carecía del más elemental Estado de derecho). Una de las lecciones de la revolución rusa es que en circunstancias críticas la burguesía y sus políticos son un factor de regresión histórica. La única clase que mostró cualidades para ofrecer “una solución moderna y democrática” para su país fue la trabajadora, organizada en soviets. Lo que la burguesía europea dio a sus pueblos durante más de tres décadas fueron la primera guerra mundial (12 millones de muertos) y luego el fascismo y el nazismo, con sus 40 millones de cadáveres. Fue la URSS la principal fuerza que derrotó al Tercer Reich en la segunda guerra mundial. Gracias a que existía esa república obrera fundada por Lenin (y a pesar de la horrorosa dirección de Stalin en ella) la humanidad pudo contener y luego propinarle una derrota demoledora a los nazis.

    Lo que hace a la Revolución de octubre de 1917 singular, extraordinaria y de repercusiones universales fue precisamente que por primera vez en la vida de la humanidad la clase trabajadora, auto-organizada democráticamente en consejos y dirigida por un partido, tomó el poder en un país. En el cumplimiento de este sueño, es cierto, Lenin tuvo una intervención decidida y seguramente ello lo llenó de orgullo. Se cumplió así el vaticinio de Carlos Marx, y la URSS, aun a pesar de su posterior y repudiable burocratización y del stalinismo, se convirtió en la segunda potencia mundial y durante un largo periodo expandió considerablemente los derechos económicos y sociales de sus pueblos. El partido de Lenin fue el factor más consciente de ese espectacular salto en el desarrollo de la humanidad que estremeció a todo el planeta.



    [i] Juan María Alponte, Lenin, vida y verdad, México, Grijalbo, 2001, 332 págs.

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