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Boletín Digital ES63

Sobre Eduardo Galeano

Por Rubén Blades

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Publicado por Observatorio Crítico Cuba

Recientemente el escritor uruguayo Eduardo Galeano afirmó que no podría leer nuevamente su libro “Las venas abiertas de América Latina”, por su retórica gastada y por la ausencia de un criterio económico mejor informado. No se mostró arrepentido de haberlo escrito, pero indicó que esa etapa ya estaba superada. Dichas opiniones han creado un torrente de reacciones, sobre todo en el ámbito de la Izquierda latinoamericana.

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Boletín Digital ES41

La persistencia de la Masacre del Perejil

Por Pablo Gentili

 En octubre de 1937, el dictador dominicano Rafael Trujillo condujo uno de los hechos más brutales y desconocidos de la historia del Caribe: la Masacre del Perejil.

Dispuesto a solucionar lo que consideraba ser el “problema haitiano”, Trujillo mandó asesinar a más de 30.000 hombres, mujeres, niños y niñas haitianos que vivían en República Dominicana ejerciendo, casi todos ellos, trabajos rurales en condiciones de esclavitud. Se suponía que la “invasión” haitiana constituía una grave amenaza política, económica y cultural a la sociedad dominicana. Y Trujillo estaba dispuesto a ponerle fin. En pocos días, miles de haitianos y haitianas fueron masacrados por las fuerzas militares y policiales dominicanas con hachas, pistolas, cuchillos y palos. Tuvieron el auxilio de los alcaldes locales, en las zonas de frontera, y de no pocos civiles. Sus cuerpos fueron arrojados a un pequeño río maldecido por tragedias y desencuentros. Se trata del Río Dajabón, cuyos 55 kilómetros separan la frontera haitiana y dominicana desde 1776. Un río miserable y nauseabundo, por la historia y la sangre que ha teñido su cada vez más insignificante caudal.

Lo llaman, el Río Masacre.

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Río Masacre, frontera entre Haití y República Dominicana (Agencia EFE)

Si “compartir” es usado como eufemismo de “dividir”, “quebrar”, “desmembrar”, “despedazar”, “romper” o “fragmentar”, podría afirmarse que Haití y la República Dominicana “comparten” una isla de las Antillas Mayores, en el Mar del Caribe, a 80 kilómetros de Cuba. Están divididas por 360 kilómetros de fronteras, sembradas de muerte y dolor.
No hay cómo diferenciar un haitiano de un dominicano si ambos están en silencio. Trujillo lo sabía. Por eso, para reconocer a los enemigos de la Patria, pidió a su ejército que exigiera a cada hombre, cada mujer, cada joven, cada niño, cada niña, que pronunciara la palabra “perejil”. La raíz francesa del kreyól ayisyen permitiría identificar el repugnante origen que el ejercito, las élites y algunos ciudadanos dominicanos atribuyen a los haitianos. Pronunciar la palabra “perejil” fue la trampa que inventó Trujillo para promover una limpieza étnica basada en sus más despreciables aspiraciones eugénicas.

Los único haitianos que no fueron exterminados trabajaban en las grandes haciendas de empresas o millonarios norteamericanos. La propiedad del imperio no se toca ni dentro ni fuera de sus fronteras, incluidos sus esclavos.
P-E-R-E-J-I-L
Su pronunciación equivocada costaba la vida. Y se la costó a 30.000 inocentes, con cuya desaparición, Trujillo dio por terminado el “problema haitiano”.

La situación de Haití no era diferente a la de siempre, desde que sus habitantes decidieron tener la osadía de ser la primer nación negra a independizarse de un imperio. Una crisis económica profunda, la ocupación militar norteamericana (que “dejó” formalmente el país en 1934), una gran miseria y la pertinaz inestabilidad institucional generada por su casi siempre corrupta e ineficiente dirigencia política. Una situación que, aún con matices, tampoco ha sido muy distinta del otro lado de la frontera. Allí, más allá de la petulante superioridad étnica y cultural que se atribuyen los sectores dominantes dominicanos sobre los haitianos, crisis económicas, corrupción, dictaduras y ocupaciones militares norteamericanas, también han marcado su historia. Como en la metáfora borgiana, a los haitianos y a los dominicanos, no los une el amor, sino el espanto.

Habitada por la misma gente y separada por la violencia, mucho más que por la lengua, la historia de la isla que comparten ambos países está marcada por el deseo de los haitianos más pobres (si es que se puede ser “más pobre” en Haití) de buscar un futuro digno en la República Dominicana.  También, por la siempre cínica actitud de los gobiernos dominicanos de aprovechar las ventajas de la mano de obra esclava o semi-esclava haitiana en la cosecha de la caña de azúcar o en los trabajos más pesados de la construcción, mientras se llevan a cabo oscilantes acciones de expulsión migratoria y una permanente política de estigmatización, desprecio y humillación pública hacia los vecinos invasores.

Actualmente, hay en República Dominicana cerca de un millón de haitianos y haitianas que viven “clandestinamente” en el país. Trabajan y sobreviven en condiciones de penuria. Los que pueden tener una ocupación regular en la construcción civil, no ganan más de 150 dólares por mes. Aún así, los exiguos recursos que obtienen los haitianos y haitianas que trabajan ilegalmente, mantiene miles de familias del otro lado de la frontera. Viven con menos de 100 dólares. Envían 50 o más a sus familias. La frontera entre República Dominicana y Haití es una de las más brutales marcas de la prepotencia sub-imperial que aún persiste en el mundo. Poco se ve, poco se la denuncia, poco nos indigna. Quizás, porque Haití no exista, nunca existió. Quizás, porque las élites dominantes de República Dominicana siempre han cifrado sus esperanzas en un futuro de prosperidad, exterminando, borrando, pulverizando a sus vecinos.

El terremoto que asoló Haití en enero del 2010, creó la ilusión de que el abismo que separa ambas naciones tendería a cerrarse progresivamente. Poco, o casi nada ocurrió. O sí… ocurrió lo de siempre. El presidente dominicano, Leonel Fernández encontró en el histrionismo patriotero la forma de unirse en un gesto de hermandad con su par haitiano, Michell Martelly. En política, nada vale más que una obra y la foto con la que se la inaugura. Así fue que el mandatario de lengua española donó al mandatario de lengua, en este caso, francesa, una Universidad. Y la inauguraron juntos, quedando fijados para la posteridad en un acto que apenas arrancó un leve murmullo de aguas en el Río Masacre.

La donación de República Dominicana a Haití consistió en la Universidad Henri Christophe del Norte, situada en Limonade, a 130 kilómetros de Port au Prince. Si Haití la necesitaba o no, poco pareció importarle a un presidente amigo de la educación en países ajenos, pero enemigo en el propio. República Dominicana posee una de las inversiones en educación más baja de América Latina y el Caribe y, desde hace años, enfrenta la valerosa lucha de diversos movimientos y organizaciones de defensa de la educación pública. Esos mismos movimientos y organizaciones, que junto con otros, siempre han trabajado por el fortalecimiento de los lazos de solidaridad y amistad entre ambos países.

Tampoco pareció importarle demasiado a Leonel Fernández que la histórica Universidad del Estado de Haití estuviera hecha pedazos, que en ella hubieran muerto decenas de profesores y centenas de alumnos. Sacarse fotos en ese tipo de sitios carece de toda gracia. ¿Quién podría reconocer sobre los escombros el tamaño de su sonrisa generosa? El flamante edificio de Limonade fue inaugurado dos años después del terremoto. Y allí permanece, aún sin concluir, sin alumnos, sin profesores y sin que se haya dictado una única clase contando la silenciosa y dramática historia de los desencuentros entre dominicanos y haitianos.

La foto quedó a la altura de las circunstancias.

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Los presidentes Leonel Fernández (derecha) y Michel Martelly (izquierda) inauguran el Campus de Limonade donado por el gobierno dominicano a 130 kilómetros de Port au Prince, en enero del 2012.

A 76 años de la Masacre del Perejil, el abismo entre ambos países sigue aumentando. Hace pocos días, el Tribunal Constitucional de República Dominicana ha negado el derecho a la ciudadanía a los niños y niñas de padres haitianos que viven en el país. Mientras miles de dominicanos emigran clandestinamente a Estados Unidos en busca de un futuro mejor, la justicia de su país niega a los hijos e hijas de emigrantes haitianos lo que todos los tratados internacionales sobre derechos humanos y derechos del niño proclaman. La nacionalidad dominicana para los hijos de inmigrantes haitianos es “inconstitucional”. Un nuevo gesto de barbarie y de agresión hacia el país vecino, que UNICEF ha condenado vehementemente.
La Masacre del Perejil persiste. Hoy se ha vuelto, quizás, más higiénica, literalmente, más eugénica. “Se trata de una limpieza étnica legal”, sostiene la destacada escritora dominicana Rita Indiana, en El País:

“Queremos que construyan nuestras casas, iglesias y puentes, queremos que corten nuestra caña y que limpien nuestra mierda, pero sin formar parte de la sociedad civil, víctimas de una ilegalidad irreparable, para cuya superación nos abren cada vez más caminos los países del Primer Mundo, adonde los dominicanos acudimos de la misma forma, en cientos de miles”.

Un millón de haitianos y haitianas que viven en República Dominicana son, simplemente, “extranjeros en tránsito”. Sus hijos, sus hijas, no existen. No tienen nacionalidad. Tampoco tendrán en Dominicana, como sus padres no tuvieron en Haití, derecho a la escuela, a la salud, a nada. No tienen patria ni la tendrán, aunque sean iguales a cualquier niño o niña dominicanos, aunque pronuncien como ellos la palabra “perejil”
Han pasado 76 años desde que Trujillo soñó un sueño de exterminio, desprecio y humillación. El río que corta, que divide, que hace sangrar esa isla del Caribe llena de gente heroica a ambos lados de la frontera, se sigue llamando Masacre.
Y Ud., ¿cómo pronuncia perejil?

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Boletín Digital ES28

AMERICA LATINA: ¿CRECIMIENTO ECONOMICO A FAVOR DE QUIEN?

Por Hugo cedeño. NUPORI

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Santo Domingo, Republica Dominicana.

Los últimos informes del Fondo Monetario y el Banco Mundial, embellecen el desarrollo económico de América Latina y el Caribe. Elogian “su crecimiento robusto” e instan a sus respectivos gobiernos a “aprovechar el momento para hacer reformas”
Es incuestionable, que coyunturalmente, la crisis económica y social por la que atraviesan los países imperialistas, ha sido un alivio para la mayoría de los gobiernos del continente.
Muchos capitales sin oficio en Europa y estados Unidos son invertidos en la región con la finalidad de lograr mayores tasas de ganancia.
Los datos arrojados por los analistas señalan que parte de las inversiones tienden hacia turismo, comunicación e inmobiliarias.
Otros capitales se dirigen a empresas ya instaladas, asociados a capitales nativos o Estatal, mediante el sistema Joint Ventures.
Por ejemplo, en Republica Dominicana se ha realizado la venta de la mayoría de las acciones de empresas locales que habían tenido una trayectoria de éxitos. Algunas de estas, incluso, con amplio mercado en el exterior, tales como la licorera Brugal & Compañía, Helados Bon, la Cervecería Nacional Dominicana, Embotelladora Dominicana, que pasó al control del grupo cervecero brasileño Ambev, adquiriendo el 51% de sus acciones, la empresa Aeropuertos Dominicanos Siglo XXI (Aerodom), fue vendida en un 100 por ciento a la firma global Advent International.
Todo indica que muy pocos recursos se dirigen hacia nuevos sectores productivos para favorecer la ampliación del mercado interno.
Son inversiones que frente a cualquier eventualidad política se retiran a buscar nuevas y mejores oportunidades de inversión. De ahí su nombre de “capitales golondrinos”.
Por otro lado, en promedio, las empresas transnacionales repatrían a sus casas matrices una proporción de sus utilidades ligeramente superior (55%) a la que reinvierten en los países de la región donde fueron generadas (45%). Muy pocas de esas ganancias es reinvertida en el país en que se generan.
Muchas de estas compañías extranjeras elevan el costo de producción mediante gastos superfluos, altos salarios y privilegios de sus ejecutivos, sobre todo los extranjeros.
Otras reciben subvenciones gubernamentales amparadas en que la actividad económica no le genera buenos ingresos y si el gobierno decide rescindir el contrato tiene que pagar todo el dinero que supuestamente deja de ganar la empresa por los años faltantes para finalizar el acuerdo.
Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que las inversiones que llegan al continente en nada modifican la cruda realidad que padecen los trabajadores y amplios sectores de las masas.
Lo cierto es que a pesar del publicitado “crecimiento económico” las desigualdades sociales empeoran y la pobreza crece como una bola de nieve cuesta abajo.
Nos explotan y saquean:
La entrega de los recursos naturales a los monopolios es una política que ha generado grandes ganancias a las multinacionales, ingresos fiscales a los gobiernos y mucho dinero a los funcionarios corruptos.
Sin tomar en cuenta que las mega-minería destruyen el sistema ecológico, la agricultura y ganadería, cultura y estilo de vida de comunidades aborígenes, los gobiernos firman contratos onerosos que atentan contra la soberanía e independencias nacionales.
La participación del sector minero es tal, que por ejemplo, en Chile representa el 15% de la economía, en Bolivia el 10% o más, lo mismo que para México, Colombia y Venezuela. Si esta tendencia sigue, dentro de 10 años será del 12.5% para toda la región.
En países como Haití, las empresas mineras como la canadiense Majescor, Newmnt, Eurasian Mineral, exploten el 15% del su territorio, (3, 885 KM2).
Para facilitárselo el Fondo de Reconstrucción de Haití, que controla Bill Clinton, prioriza las inversiones en comunicación terrestre, puertos y aéreo puertos, que sirvan para el transporte de las toneladas de oro, plata y otros minerales.
Lo mismo hace la mayoría de los gobiernos del continente para facilitar el transporte de los minerales que extraen los monopolios mineros, además de brindarles seguridad asignándoles militares y policías para custodiar sus instalaciones.
En fin, a pesar de que el FMI, el Banco Mundial y los distintos gobiernos del continente hacen hasta lo imposible para publicitar el “crecimiento económico” en la región, lo cierto es que no pueden ocultar los siguientes datos:
128 millones de personas viven en villa-miserias.
El 41% vive en la pobreza y el 20% por debajo de la misma.
De los 15 países del mundo con mayor desigualdad social 10 son de América latina y el Caribe.
Las mujeres y la población indígena y afro descendientes son los grupos más afectados. Tienen que vivir con 1$ por día, en promedio
Las mujeres de la región reciben un menor salario que los hombres por igual trabajo, tienen mayor presencia en la economía informal y acarrean con una doble carga laboral.
Seis de cada 10 jóvenes sólo consiguen trabajo en condiciones de informalidad. En la región hay 22 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan, en gran parte debido al desaliento que genera un mercado laboral con escasas oportunidades.
De acuerdo con datos del Estudio Mundial de Naciones Unidas sobre Violencia contra los Niños, se muestra que Latinoamérica tiene una tasa de homicidios representativa, entre adolescentes de 15 a 17 años, un promedio de 22.3 homicidios (37.7 niños y 6.5 niñas) por cada 100 mil habitantes.
De los 130 millones de familias que viven en las ciudades de Latinoamérica, 5 millones están obligados a compartir vivienda con otra familia, 3 millones residen en viviendas irreparables y otros 34 millones habitan en inmuebles que carecen de título de propiedad, agua potable, saneamiento, pisos adecuados o espacio suficiente.
Además, la gran mayoría de estas viviendas están situadas en barrios que carecen de facilidades urbanas básicas como transporte público, parques y hospitales.
El 21% de las viviendas urbanas latinoamericanas no tienen la infraestructura básica necesaria (destaca la carencia de saneamiento, un 15%, y la carencia de agua potable, un 9%).
Por otro lado, el 12% de las viviendas latinoamericanas están construidas con materiales deficientes (un 6% de la vivienda urbana latinoamericana tiene el suelo de tierra).
El 40 por ciento de los matriculados en escuelas de la región alcanza solamente nueve años de escolarización, lo que se considera internacionalmente como una situación de “indigencia educativa
En América Latina y el Caribe la inequidad en salud afecta principalmente a los grupos más vulnerables: personas en situación de pobreza, mujeres (que son generalmente las responsables de la salud en las familias), niños, grupos étnicos minoritarios, pobladores rurales.
Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS) más de un cuarto de la población latinoamericana carece de acceso regular a servicios básicos de salud, y algo más de la mitad cuenta con algún seguro de salud, público o privado.
Dentro del capitalismo esta realidad no puede cambiar:
Los trabajadores y demás sectores empobrecidos nada pueden esperar del modelo económico capitalista que tanto alaba el FMI y el Banco Mundial y que naturalmente sirve a sus propios intereses y los que representan.
Cuando estos aparatos dicen que hay crecimiento económico en la región lo que indica es que si los gobiernos sacrifican a sus trabajadores y demás sectores de masas, tendrán mucho dinero para pagar la deuda externa e interna.
De manera que lo que para estos sectores es bueno y digno de alabanzas, para los explotados se traduce en sangre, sudor y sufrimientos.
Los trabajadores deben tomar en sus manos su propio destino.
Para poder construir un modelo a favor de los trabajadores, explotados y oprimidos, solo tienen que tomar en sus manos su destino confiando en su propia fuerza.
Es tarea de los revolucionarios y revolucionarias socialistas ayudarlos a encontrar la forma de lograrlo, sobre todo, en lo que a elaboración del programa, la política, el método, las consignas y las distintas tácticas se refiere.
Y no hay otra forma que no sea tomar en cuenta la realidad objetiva en que se desenvuelve la lucha de clase en el mundo, el continente y cada nación en concretas, las necesidades de las masas trabajadoras y la experiencia que hacen con sus direcciones.
Pero además, saber actuar con la táctica política concreta y en el momento preciso para que empalme con las masas trabajadoras y la convierta en realidad.
Porque no basta con tener política correcta, sino se plantea a tiempo, porque la lucha de clase no espera, sino que exige que las correcciones se hagan al calor del movimiento de masas.

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