Tag Archives: EEUU

Boletín Digital ES34

Manning contra Obama: Dos herencias de la revolución de independencia

Por Camilo Ruíz

bradley-manning

Bradley Manning, el soldado americano que filtró  75 mil documentos clasificados a Wikileaks y que provocó la que sin duda ha sido la crisis diplomática más importante de Estados Unidos en muchos años, recibió su veredicto después de tres años de detención y unas siete semanas de juicio: fue declarado inocente del cargo de ayudar al enemigo y de espionaje; dos de los cargos más graves y que podrían haberlo llevado a  condena perpetua o hasta a la pena de muerte. Por supuesto, Manning todavía podría pasar el resto de su vida en prisión por cargos menores.

El gobierno de Obama, que se acerca peligrosamente a la distopia orwelliana de 1984, quiere aplicar un castigo ejemplar para evitar, por la vía de la intimidación, las cada vez más frecuentes filtraciones: en toda la historia pasada, los antiguos presidentes americanos habían tenido que lidiar con tres casos de filtración de información a los medios de comunicación, Obama ha tenido que lidiar con siete.

En una sociedad como la americana –donde el ideal nacional nació, a diferencia del caso de las naciones europeas, a través de una revolución de independencia, pero que probablemente tenga su origen más atrás, en la fundación de las colonias norteamericanas como lugares de tolerancia de la heterodoxia religiosa (al contrario de las colonias ibéricas, fundadas bajo el dogma de la ortodoxia católica) y que ha sido, desde hace cien años, la nación más próspera y poderosa– la contradicción más importante no ha sido aquélla entre las clases poseedoras y las desposeídas; por lo tanto, el conflicto no gira, como en Europa a partir de la segunda mitad del siglo XIX, alrededor de la distribución de la riqueza.

La contradicción que, por el contrario, más ha alimentado el debate público y, pongámoslo así, el motor social ha sido aquélla entre el espíritu de la revolución de 1776 (de un republicanismo, en ciertas cosas, más avanzado que el francés y que conllevaba un enorme contrapeso de poder popular al poder del estado) y las formas sociales y políticas que, efectivamente, se desarrollaron a partir de la revolución.

En Estados Unidos, la ausencia de guerras y la cooptación de los mercados externos provocó que las fuerzas productivas se siguieran desarrollando y que, por tanto, la estructura social no entrara en contradicción total con la estructura económica, como fue el caso durante la primera mitad del siglo XX en Europa, raíz última de la existencia de partidos socialdemócratas y de revoluciones comunistas.

La fuerza de las dos revoluciones que fundaron al estado americano -la Guerra de Independencia y la Guerra de secesión, continuación ideológia de la primera- aunada a la estabilidad económica fue tal, que el conflicto de clase nunca fue tan poderoso. Pero la herencia democrática y de poder popular de la revolución de 1776 sí choca, y sigue chocando, con el estado americano y con sus prácticas antidemocráticas para adentro e imperialistas para afuera. Ese conflicto es lo que explica que individuos como Manning o como Snowden, educados en la idea de la land of the free que a todas luces no lo es, entren en crisis de conciencia en donde su ideal democrático y pragmático de justicia les dice que las cosas que saben no sólo están moralmente mal, sino que algo debe ser hecho y que, para mantener algún vínculo entre la realidad y el ideal, es necesario actuar y hacer pública esa información.

Esa influencia de la revolución del 76, expresada de la manera más translúcida en la constitución con sus primeras amendas, necesitaba de una práctica jurídica particularmente fuerte que interpretara tales leyes. El hecho de que la constitución de 1777 esté todavía en uso, de cierta manera prueba lo que hemos dicho antes: la herencia de esa revolución está todavía vigente, por un lado, y aquellos que interpretan la constitución -los jueces y los abogados- se han, de cierta forma, elevado por encima de la constitución misma, pues sólo bajo una enorme cantidad de interpretación subjetiva, un texto de 1777 puede servir para una sociedad actual.

La preeminencia social de la práctica jurídica en Estados Unidos, como modo de control democrático, es algo difícil de concebir en un país como el nuestro, donde la constitución fue escrita para detener a la revolución agraria y, tan pronto se logró ese objetivo, se intentó hacer con ésta lo mismo que se había hecho con aquélla (aniquilarla). Pero lo importante de todo esto es que el derecho -sobre todo en sus formas más populares, como lo fueron los juicios-shows públicos a los criminales como a los sindicalistas de los años 20 y 30- se convirtió en una correa de transmisión de las luchas políticas del país o, como diría un historiador, en amortizador de la violencia política transformada en debates jurídicos. Ahí donde hay litigios públicos, hay lucha política.

El juicio a Manning -y hace unas semanas a George Zimmerman, por el asesinato de un muchacho afroamericano, Trayvon Martin- marcan, a su modo, un resurgimiento de esta forma de participación política, determinada ahora por la contradicción cada vez más aguda entre el gobierno de Obama y todo ese amplio sector cada vez más decepcionado con él, tanto por los problemas económicos como por la continuación con el gobierno de Bush en materia de política exterior y de daño a las libertades civiles- y a las minorías. Manning y Snowden son los representantes más brillantes y heroicos de esa tradición libertaria que choca de frente con Obama y, más en general, con el capitalismo yanqui. Los siguientes años dirán si la gente se dará cuenta que ese antiguo ideal libertario y democrático no puede ser resuelto ni por los republicanos ni por los demócratas.

Published by:
Boletín Digital ES32

Sobre “Dreamers”

Por Emiliano Ruiz Parra

David Buenrostro, Adrian James, Jahel Ramos
Texto publicado en Gatopardo
2013-07-02 18:47:21
Leído en la presentación de Dreamers, el 28 de junio de 2013 en la Casa Refugio Citlaltépetl de la Ciudad de México.
Existe un país en el mundo en donde no se reconoce el derecho de manifestación para los jóvenes de una minoría racial. Salir a las calles a demandar sus derechos humanos elementales es un delito tan grave que se castiga con la cárcel y el destierro. En ese país se practica una segregación racial sutil pero no menos ominosa: los jóvenes que pertenecen a las minorías étnicas no tienen derecho a acudir a la educación superior, no importa si son buenos o malos estudiantes. En ese país, los oficiales más entusiastas del apartheid encadenan a los miembros de una minoría y los confinan a campos de concentración llamados “ciudades de carpas”. En ese país muy posiblemente se construya el Muro más grande después de la Muralla China. Ese país se llama Estados Unidos de América y es el epicentro del mundo libre.
El escritor indobritánico George Orwell inventó el verbo “doblepensar” en su novela 1984. A través del “doblepensamiento” somos capaces de aceptar que los Estados Unidos ejerza una segregación racial —sutil pero no menos discriminatoria— y al mismo tiempo nos parezca un país de libertades y oportunidades. O que pensemos que Barack Obama es un presidente liberal, progresista y defensor de las minorías, mientras que manda a matar a mujeres, hombres y niños sin orden judicial y, cada día, su gobierno deporte a mil 100 personas: las cifras más altas de la historia. Imaginen a George Bush graduado de Harvard: Ése es Barack Obama.
En ese país, el más rico del mundo, los alumnos de una de las universidades más prestigiadas del mundo, UCLA, pasan hambre y viven de la caridad de personas anónimas que dejan comida en un refrigerador. Esos mismos muchachos viven su infancia, su adolescencia y su juventud en tráileres, porque sus padres no tienen el derecho a comprar el pedazo de tierra sobre el que han dormido durante décadas. Una vez más, ese país se llama Estados Unidos de América, es el más rico y poderoso del mundo.
En su libro Dreamers, Eileen Truax nos cuenta una historia épica, una saga conmovedora que llena al lector de esperanza. En ese país del apartheid sutil, miles, quizá cientos de miles de muchachos de 18, 19, 20, 25, treinta y pocos años se cansaron de esperar. Ellos, los soñadores, llegaron a los Estados Unidos en los brazos de sus padres. Crecieron como estadounidenses: algunos fueron al frente de batalla a defender los intereses de ese país. Otros ya olvidaron la lengua materna y sólo hablan inglés. Son estadounidenses en todo, menos en los papeles. Durante su infancia se acostumbraron a mentir: a ocultar que no habían nacido en suelo estadounidense. Pero cuando llegó el momento de solicitar una licencia de conducir, de abrir una cuenta bancaria y, sobre todo, de acudir a la universidad, esos muchachos carecían de un número, el número de seguridad social, que hace toda la diferencia entre ser un ciudadano o un fantasma.Sin ese número, esos jóvenes viven bajo la amenaza, cada segundo, de ser desterrados. Sin ese número, son inelegibles al sistema de financiamiento de educación superior. Sin ese número, nunca obtendrán un empleo formal. Sin ese número, serán siempre mano de obra barata, mujeres y hombres aterrorizados por la amenaza de la deportación.

En las crónicas de Eileen Truax, los adolescentes y los jóvenes de veintipocos años encabezan la más reciente de las batallas por los derechos civiles en Estados Unidos. A ellos no los define ser mexicanos o guadalupanos. Al organizarse, estos jóvenes construyen de nuevo su identidad, una identidad de clase: son los oprimidos, no importa que sean musulmanes o hindúes, cristianos o católicos. Uno de los protagonistas de este libro se llama Mohammad Abdollahi: nació en Irán, es musulmán y, para mi gratísima sorpresa, es el dirigente de los dreamers mexicanos. Bajo el liderazgo de Mo, un muchacho de 26 años, otros soñadores aprenden a usar sus palabras y sus cuerpos como armas políticas en los actos de resistencia civil. Mo les enseña cómo responder las preguntas de la prensa xenofóbica, cómo aguantar la intimidación de las botas de los policías, cómo ser arrestados sin dar pie a que se les acuse de agresión a la autoridad y, esto es muy bello, les enseña a caminar altivos aunque estén esposados y a sonreír frente a la cámara cuando les elaboren la ficha policial.

Porque estos jóvenes, una vez que han decidido salir de las sombras y convertirse en sujetos políticos, escalan la apuesta a lo más alto. Hay una parte en el libro —la crónica número seis— en donde seis jóvenes acuden a Arizona, la tierra del sheriff Joe Arpaio, para participar en un acto de desobediencia civil, que se desarrollaba dentro de una manifestación masiva de unas 10 mil personas. Su protesta estaba programada a las dos de la tarde. Su dirigente, Mo, cierra los preparativos con la siguiente frase: “con suerte, para las cinco de la tarde todos ustedes van a estar en la cárcel”.

Porque lo que comprendieron estos jóvenes es que el éxito de su protesta residía en hacerse visibles, en salir de la oscuridad a la que el país de las libertades los había condenado. Ellos sabían y saben que cada una de sus protestas terminará en la cárcel. Pero la cárcel era lo de menos; el auténtico temor es el destierro, al que llamamos deportación para ocultar su perversidad.

Pero el triunfo de su lucha residía, justamente, en que entre más organizados, más públicos, más visibles, el riesgo de deportación era cada vez menor. El racista sheriff Arpaio siempre notificaba a las autoridades de Inmigración para que deportaran a los indocumentados, pero las autoridades migratorias tenían y tienen el recurso de no darse por aludidas. Y de pagar un costo político muy alto al deportar a seis estudiantes sin antecedentes penales. El grito de estos jóvenes al escuchar las botas de la policía acercarse a ellos es tan simple como heroico: Undocumented and unafraid!: sin documentos y sin miedo. Porque si estos jóvenes, después de gritar frente al mundo que eran indocumentados, de exhibirse frente a las cámaras de televisión, son liberados por el gobierno, entonces su mensaje al resto de los indocumentados es muy poderoso: salgan de las sombras, organícense, esta batalla la vamos a ganar.

Todos sabemos, sin embargo, lo que pasó con Nancy Landa (dreamer deportada por el gobierno de Barack Obama), porque Nancy está de este lado de la frontera. Los sueños de Nancy fueron secuestrados por una patrulla fronteriza. De un momento a otro, Nancy fue arrojada a México: un país extraño en donde se hablaba una lengua que ya casi había olvidado, en donde no conocía a nadie. Ojo, su caso es sólo uno de mil cien que ocurrieron el mismo día que ella fue deportada. Porque Eileen Truax nos lo recuerda una y otra vez: Barack Obama es el presidente con más deportaciones en la historia. Los dreamers lo llaman deporter in chief: el jefe de los desterradores. Nancy, por cierto, desde Tijuana, le escribió una carta a Barack Obama para exponerle su caso: ella era una estudiante brillante, líder comunitaria y soporte de su familia. Obama le contestó con un borrador burocrático y ofensivo: ahí le responde que su gobierno se concentrará en deportar criminales.

Nancy se identifica como ex dreamer. Pero no, Nancy es ahora una soñadora de este lado de la frontera. Antonio Machado escribió un brevísimo poema: “Entre el vivir y el soñar / hay una tercera cosa / adívínala”. Los dreamers ya resolvieron el acertijo de Machado: la tercera palabra es luchar. Bienvenida, Nancy, a soñar desde México.

Los dreamers son lo mejor que tiene Estados Unidos y son mi esperanza de que ese país se revierta su imperialismo y lo transforme en solidaridad o, cuando menos, en respeto. Para los dreamers ser estadounidense ha sido, cada día de su vida, una batalla política y cultural. No sólo están tallados en el sobreesfuerzo y la organización, sin —y esto es lo importante— en la conciencia política, en una conciencia de clase. Cuando ellos gobiernen ese país tendrán la obligación moral de dejar el “doblepensamiento” orwelliano, abolir todos los apartheids y hacer realidad el país de las libertades y las igualdades.

Todo lo bueno que traiga la reforma migratoria que en estos momentos se discute en el Congreso, es una conquista de estos soñadores, y no una concesión de Obama ni de los republicanos. Al ver la lucha de estos jóvenes y sus extraordinarios frutos, más vergüenza me da que nuestros gobiernos con Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto hayan asumido la línea de abandonar a los mexicanos en su lucha por sus derechos en Estados Unidos. Los dreamers nos dan también una lección de dignidad en política exterior.

Quiero agradecerle a Eileen Truax por haber pasado tantos años al lado de estos soñadores y por contarnos sus historias. Eileen, tu libro me produjo rabia, tristeza, llanto, pero también despertó mi aletargada esperanza. Escribes una historia épica sin perder la ternura: tus soñadores no son víctimas de ese país discriminador; no, ellos son guerreros y van a ganar su batalla. Y te pido una disculpa por no detenerme a hablar de tu estilo fluido y claro, de tu originalidad narrativa, de los cambios de ritmo y del sentido del humor que impregna tus páginas, pero ya me he pasado de mi tiempo. Sólo quiero decirte que nunca me imaginé que allá, del otro lado del muro de la ignominia, hubiera muchachos tan jóvenes que me enseñaran el verdadero significado de la palabra soñar. Y el verdadero significado, hasta donde entendí en tu libro, significa luchar y luchar hasta convertir el sueño en realidad.

Muchas gracias.

Published by:
Boletín Digital ES32

La heroica historia del Detroit Obrero

Por Linda Averill -Freedom Socialist Party-

DRDEtroi

De la serie de artículos “América Negra”. 

Traducción por Camilo Ruíz

 

Casi 50 años después de que el Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos consiguió que se aceptara el Acta de Derechos Electorales, los políticos racistas y sus patrocinadores millonarios están encontrando nuevas maneras de quitarle los derechos civiles a los trabajadores negros. En Michigan, la Ley de Administración de Desastres es la punta de lanza de este movimiento neoliberal y racista.

Sometida a un referendo estatal en noviembre pasado, la ley fue derrotada en las urnas. Pero en diciembre, el gobernador republicano Rick Snyder y un parlamento sometido y débil la aprobaron.

Conocida como el Acta pública 436, la ley le permite al gobernador de Michigan designar un “Administrador de Emergencia” para las ciudades consideradas en riesgo financiero. Este Administrador tiene poderes dictaroriales: puede anular contratos laborales, privatizar servicios y compañías y desautorizar a oficiales electos. Cinco de las seis ciudades con administradores son predominantemente negras, aunque la mayoría de los residentes del estado de Michigan son blancos.

La ley le permite a Snyder reventar a los sindicatos e imponer medidas de austeridad para que el pago de las deudas a los bancos y a los tenedores de bonos estén garantizadas. Es una variación de lo que está pasando en Europa, donde los banqueros piden que los países pobres como Grecia reduzcan los salarios, los empleos y los servicios para pagar los intereses de la deuda.

En Abril, Snyder instaló a Kevyn Orr como el administrador de Detroit. Orr se ganó el favor de las élites como el abogado de Chrysler durante la bancarrota de la empresa, consiguiendo enormes concesiones de los trabajadores.

Orr ha dejado claro que nada es sagrado cuando se trata de equilibrar las finanzas de la ciudad, ni los 48 sindicatos que tienen contratos con ésta, ni las bibliotecas públicas ni ningún otro de los servicios públicos. Pero la gente de Detroit no se están dejando meter en la boca del lobo. Están peleando: huelgas, cierres de avenidas, marchas y otros tipos de protesta le han dado la bienvenida a Orr desde su primer día en la oficina. Y en tanto que la oposición popular se ha fortalecido, Snyder se ha visto obligado a bajar la velocidad de las reformas.

Ni demócratas ni republicanos

La gente de Detroit sabe lo que está por venir con Orr porque las escuelas públicas de la ciudad ya fueron puestas bajo el régimen de administración de emergencia en 2009, dando como resultado que la educación pública esté muriendo por inanición. Durante esos mismos años, el alcalde demócrata Dave Bing y el Consejo de la Ciudad impusieron un recorte del 10% a los salarios y un incremento del 20% en los costos del servicio médico a los empleados públicos.

Huelgas y protestas irrumpieron en respuesta a los ataques de los demócratas. Ahora, Orr viene como el hombre fuerte del régimen para terminar el trabajo. El anterior empleador de este ilustre señor fue Jones Day, un bufete de abogados transnacional que representa a muchos de los bancos que se han engordado gracias a los préstamos hechos a la ciudad de Detroit.

El telón de fondo de esta dictadura de los bancos, gerentes y políticos es una metrópolis que sufre de una tasa de desempleo del 25% y 36% de pobreza. El acceso a buenos empleos y servicios de salud ha disminuido considerablemente en los últimos 10 años.

Auge y caída de Detroit.

Los malos tiempos de hoy contrastan con la historia de Detroit como un centro industrial y cultural próspero. Durante las épocas de escasez de fuerza de trabajo en la Segunda Guerra Mundial, los negros migraron a Detroit y a otras ciudades del norte buscando empleo estable y buenos salarios en la industria, así como alivio de las leyes segregacionistas del sur. En los 60′, Detroit alcanzó fama mundial como la cuna de artistas de la talla de Gladys Knight y Michael Jackson.

Hoy, varios barrios de Detroit parecen zonas de guerra, con cuadras enteras de casas abandonadas. Mientras los pobres son echados del centro de la ciudad, millones de dólares son gastados para convertirlo en el campo de juegos de los millonarios y los turistas. Los empleos en la industria automotriz se han secado gracias a la robotización y a la deslocalización de la industria a países con salarios más bajos. El presidente Obama le ayudó a la General Motors y la Chrysler a cortar los salarios, empleos y a eliminar el derecho a huelga como condición para obtener dinero de los rescates federales. Las tres grandes compañías automovilísitcas están haciendo dinero como nunca, pero los obreros que las hicieron ricas están en la miseria.

Cuando se tronó la burbuja inmobiliaria, Detroit sufrió una de las tasas de expulsiones hipotecarias más altas de Estados Unidos gracias a criterios de préstamos racistas y depredadores. Ahora, los bancos que desahuciaron a los pobres no están pagando los impuestos a la propiedad de las casas con las que se quedaron. Esto empobrece a la ciudad todavía más, pero Orr no ha mostrado ningún interés en castigar a los criminales bancarios.

Un legado de lucha.

El racismo, los político ladrones y la penuria no son nuevos a los habitantes de Detroit. Tampoco lo es su disposición para la lucha.

En la década de los 30′, Michigan ayudó a nacer al movimiento sindical americano con ocupaciones de fábricas y huelgas, en respuesta a brutales condiciones de trabajo. Los sindicatos industriales que nacieron de esta lucha representaron un enorme paso adelante para todos los trabajadores. Cuando los negros se ganaron un lugar en la industria en la década de los 40′, les fueron asignados los trabajos más difíciles y sucios, y eran los primeros despedidos. Mientras que la alguna vez militante Unión de Trabajadores Automovilísticos estaba contra el racismo de boca para afuera, la UTA ignoraba la discriminación hacia sus miembros de color. En los 60′ el racismo y las terribles condiciones hicieron estallar un movimiento sindicalista revolucionario dirigido por trabajadores negros. Huelgas salvajes, protestas masivas de la comunidad y ocupaciones de fábricas tuvieron lugar en toda la metrópoli de Detroit.

El radicalismo sobrevive en sindicatos como el de los Empleados del Estado, Condado y Municipio (AFSCME, por sus siglas en inglés) Local 207, que representa a los trabajadores de los servicios públicos. En el 2009, el sindicato llamó a una huelga apoyada por la comunidad para salvar a Detroit, y declaró: “¡Cero confianza en los políticos! Para ganar debemos construir nuestra lucha independientemente.” Al mismo tiempo, las organizaciones de la comunidad también están subiendo la temperatura de la lucha contra el gobierno. “¡Moratoria ahora!”, una organización de Detroit, llama a demorar el pago de la deuda de la ciudad, y por “acciones de unidad masivas para impedir el gobierno de los administradores de emergencia”. Sus programa y planes están en www.moratorium-mi.org.

Un faro de esperanza.

 Hoy, Detroit pone de relieve algunos de los asuntos más importantes para la clase obrera americana, especialmente sus miembros más explotados. Esto incluye la reducción brutal de los salarios, la robotización de la industria y el desempleo consecuente, y la privatización de la riqueza pública.

Pero la crisis también presenta una enorme oportunidad para los trabajadores. Como la historia mostró en los 30′, una chispa puede provocar un incendio. El Local 207 del sindicato nos dice cómo: “Para ir más allá de las luchas simbólicas, y pelear para ganar, necesitamos asambleas políticas de la base de todos los sindicatos que se puedan coordinar, aprender de cada uno y construir acciones directas de masas, incluyendo huelgas. Al pelear contra el racismo, las palizas a inmigrantes y el ataque a los derechos de la mujeres, los sindicatos pueden unir a todos aquéllos afectados por las políticas de la extrema derecha. No podremos ganar si nos limitamos a las elecciones y a las cortes -¡PERO SÍ ES POSIBLE GANAR!”

La versión original de este texto puede ser encontrada en http://www.socialism.com/drupal-6.8/?q=node/2181

 

Published by:
%d personas les gusta esto: