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Un llamado a la acción internacional en solidaridad con los prisioneros políticos egipcios

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Egypt Solidarity preparó esta declaración en colaboración con activistas egipcios que están estrechamente vinculados con la movilización de las campañas por los presos políticos tanto dentro como fuera de Egipto, incluyendo a familiares y amigos de detenidos. Con el fin de evitar exponer a individuos y familias al riesgo que el régimen tome represalias en su contra, dirigimos este llamado en su nombre. Leer más…

Declaración de los Revolucionarios Socialistas de Egipto “La masacre de hoy no es más que la primera etapa en el camino de la contrarrevolución”

Por Revolucionarios Socialistas de Egipto

isna (14 of 27)

La sangrienta disolución de las concentraciones del parque Al-Nahda y de Raba´a al-Adawiyya no es más que una masacre, preparada de antemano. Su objetivo es liquidar a los Hermanos Musulmanes (HM). Forma también parte de un plan para destruir a la revolución egipcia y restaurar el estado militar-policial del régimen de Mubarak.

Los Revolucionarios Socialistas no han defendido en ningún momento el régimen de Mohamed Morsi y de los Hermanos Musulmanes. Hemos estado siempre en las primeras filas de la oposición contra ese régimen criminal, fracasado, que ha traicionado los objetivos de la revolución egipcia. Que ha protegido incluso los pilares del régimen de Mubarak y su aparato de seguridad, sus fuerzas armadas y sus corrompidos hombres de negocios. Hemos participado con todas nuestras fuerzas en la ola revolucionaria del 30 de junio de 2013.

Nos hemos opuesto igualmente desde el comienzo a las concentraciones de los Hermanos Musulmanes así como a sus tentativas de restablecer a Morsi en el poder.

Sin embargo, hay que resituar los acontecimientos de hoy en su contexto, es decir su utilización por los militares para romper las huelgas obreras. Hemos igualmente asistido al nombramiento de nuevos gobernadores provinciales, en gran medida salidos de las filas de los restos del antiguo régimen, de la policía y de los generales del ejército. Finalmente, están las políticas realizadas por el gobierno del general Abdel Fatah Al-Sissi. Éste ha adoptado una hoja de ruta claramente hostil a los objetivos y a las reivindicaciones de la revolución egipcia, es decir: libertad, dignidad y justicia social.

Este es el contexto en el que se desarrolla la brutal masacre puesta en marcha por el ejército y la policía. Se trata de un ensayo sangriento de la próxima liquidación de la revolución egipcia. Su objetivo es romper la voluntad revolucionaria de todas y todos los egipcios que reclaman sus derechos -ya se trate de los pobres, de las trabajadoras y trabajadores o de los jóvenes revolucionarios- instaurando un estado de terror.

La reacción de los Hermanos Musulmanes y de los salafistas, que consiste en ataques contra los cristianos y sus iglesias, es sin embargo un crimen sectario que no hace más que servir a las fuerzas de la contrarrevolución. El estado de Mubarak y Al-Sissi que jamás ha defendido a los coptos y sus iglesias, es cómplice de esta abyecta tentativa de provocar una guerra civil, en la que los cristianos egipcios serán las víctimas de los reaccionarios Hermanos Musulmanes.

Estamos absolutamente en contra de las masacres de Al-Sissi, contra su tentativa odiosa de hacer abortar la revolución egipcia. La masacre de hoy no es más que la primera etapa en el camino de la contrarrevolución. Con la misma firmeza estamos en contra de todos los ataques contra los cristianos de Egipto y contra la campaña confesional que no hace más que servir a los intereses de Al-Sissi y sus proyectos sangrientos.

Dirigidos por quienes han entrado en el gobierno Al-Sissi, numerosas personas que se consideran ellas mismas como liberales y de izquierda han traicionado a la revolución egipcia. Han mercadeado con la sangre de los mártires para blanquear al ejército y la contrarrevolución. Esas personas tienen sangre en las manos.

Nosotros, Revolucionarios Socialistas, no nos desviaremos un instante de la vía de la revolución egipcia. No haremos jamás compromisos con los derechos de los mártires revolucionarios y su sangre pura: la de quienes han caído enfrentándose a Mubarak, la de quienes cayeron enfrentándose al régimen de Morsi y la de quienes caen actualmente enfrentándose a Al-Sissi y sus perros de guardia.

¡Abajo la dominación del ejército!
¡Contra la vuelta del antiguo régimen!
¡Contra la vuelta de los Hermanos Musulmanes!
¡Todo el poder y toda la riqueza al pueblo!

Revolucionarios Socialistas de Egipto, 14 de agosto de 2013

Traducido de la versión en francés publicada en A l´Encontre, traducción a su vez de una traducción inglesa de la versión original en árabe.

El suicidio de la izquierda árabe

“A veces la gente tiene una creencia fundamental muy fuerte. Cuando están ante pruebas que van en contra de esa creencia, la nueva la evidencia no puede ser aceptada. Se crearía una sensación muy incómoda, llamada disonancia cognitiva. Y debido a que es tan importante proteger esa creencia fundamental, se racionalizará, ignorará e incluso negará aquello que no encaja con la creencia fundamental”. Frantz Fanon (“Los condenados de la tierra”)

 

Publicado en Rebelion
Alberto Cruz
CEPRID
Viernes 16 de Agosto 2013
Egipto estalló. Como era previsible. Y el estallido se ha llevado por delante a la izquierda árabe. Mejor dicho, a los restos de la izquierda árabe porque ésta, en realidad, se ha suicidado. La situación recuerda mucho a la película “La vida de Brian”, de los fantásticos Monty Python: en la escena final, un grupo de aguerridos –y bien armados- luchadores se acerca a quien consideran líder revolucionario, Brian, que está crucificado, y para salvarle… se suicidan. Pues eso viene haciendo la izquierda árabe desde las tan traídas y llevadas “primaveras”. Quien tenga interés en profundizar en la tesis de quien esto escribe que recurra a un viejo artículo de hace exactamente un año titulado “¿Dónde fueron todas las flores en la ‘primavera árabe”?” (1). Quien no, que evite seguir leyendo y no pierda más el tiempo.

Si ya entonces no tenía ninguna esperanza en las revueltas, que no revoluciones, tan alabadas en Occidente por una progresía que nunca –reitero, nunca- ha tenido en cuenta la geopolítica (es evidente en Siria, pero este sector “progre” sólo parece comenzar a darse cuenta ahora, cuando se constata con toda su crudeza tras el golpe de Egipto), mucho menos cuando se observa la deriva de la izquierda árabe y su accionar en ellas. También ahora se comienzan a publicar críticas, de una forma aún tímida y que hasta este momento se han mantenido ocultas, de lo que hace la izquierda árabe. Hay miedo a que te etiqueten como un simpatizante de los islamistas y ya se sabe que luego es difícil quitarse esas etiquetas.

Pero cualquiera que tenga los ojos abiertos, no ya la mente, tiene que ver que si la izquierda árabe comenzó a ser irrelevante en la década de 1990 tras el golpe militar en Argelia, con la postura que ha adoptado en Egipto de apoyo al golpe militar y los llamamientos en el mismo sentido que está haciendo en Túnez sólo tiene un futuro: la nada.
Leer más:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172597

Masacre en Egipto deja 278 muertos; gobierno decreta estado de emergencia

  Desalojo de campamento en Egipto deja 278 muertos. Foto: AP
PROCESO.COM.MX
LA REDACCIÓN
14 DE AGOSTO DE 2013 
MÉXICO, D.F. (apro).- Un operativo policiaco encaminado a desmantelar las acampadas de los seguidores del depuesto presidente egipcio Mohamed Morsi en las plazas de Rabea al Adauiya y del Nahda de El Cairo, dejó un saldo de 278 muertos y más de mil 400 heridos, según cifras del Ministerio de Sanidad.Tras la masacre, la Presidencia egipcia decretó el estado de emergencia en todo el país durante un mes.

La decisión obedece al “peligro” que se cierne sobre “la seguridad y el orden en los territorios del país”, con la aprobación del Consejo de Ministros, según un comunicado de la Presidencia leído en la televisión estatal,
Adli Mansur, presidente interino, ordenó a las Fuerzas Armadas, con la ayuda de la policía, adoptar las “medidas necesarias” ante esta situación.

Tras la jornada violenta el vicepresidente egipcio de Relaciones Exteriores, Mohamed el-Baradei, renunció al cargo, en una carta dirigida a Adli Mansur.

“Presento mi dimisión del puesto de vicepresidente y pido a Alá el altísimo que preserve nuestro querido Egipto de todo lo malo, y que cumpla las esperanzas y aspiraciones de pueblo. Lamentablemente de lo ocurrido hoy se beneficiarán aquellos que llaman a la violencia y el terror.

“Ha llegado a ser difícil para mí continuar al frente de la responsabilidad de tomar decisiones con las que no estoy de acuerdo y de las que temo sus consecuencias”, agregó el premio Nobel de la Paz egipcio en su misiva.

El-Baradei añadió que no es capaz de asumir la responsabilidad de “una sola gota de sangre ante Alá, ante su conciencia y los ciudadanos”, en particular porque estaba convencido de que la violencia “era evitable”.

El exministro llevaba en el cargo desde el pasado 14 de julio, después del golpe de Estado militar que depuso al presidente, el islamista Mohamed Morsi, el pasado 3 de julio.

En su carta, el también exdirector del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) sostuvo que ha intentado defender en su puesto los principios de la Revolución del 25 de enero, que derrocó al régimen de Hosni Mubarak en febrero de 2011.

“Creo que la estabilidad y la prosperidad sólo se lograrán mediante un consenso nacional, y la paz social, a través de la creación de un Estado civil, en el que no se implique la religión en política”, subrayó.

El-Baradei dijo que con el derrocamiento de Morsi esperaba que se pusiera fin a la polarización, y argumentó que por esa razón aceptó el cargo. Sin embargo, con el cambio de autoridades, “hemos llegado a un estado de polarización más dura y el tejido social está amenazado porque la violencia no trae más que violencia”, lamentó.

Antes del comunicado oficial de Adli Mansur y la renuncia de El-Baradei, el grupo de los Hermanos Musulmanes, quienes han sido acusados de incitar a la violencia, afirmaron que al menos 200 personas murieron y miles resultaron heridos en el marco de la operación policiaca para desmantelar las acampadas de los seguidores de Morsi en El Cairo.
Leer más:
http://www.proceso.com.mx/?p=350042

Egipto. Crónicas en directo del 3 y el 4 de julio. Golpe de Estado en la revolución

Por Jacques Chastaing

egipto

Traducción de Faustino Eguberri
Tomado de VientoSur

El objetivo de este golpe de estado, derrocando a Morsi, no es enfrentarse frontalmente a la revolución, romperla, sino más bien contenerla, frenarla, impedirla ir hasta el fin de lo que lleva en sí misma.

El ejército había hecho ya lo mismo en febrero de 2011 cuando había abandonado a Mubarak en el momento que había ya llamamientos a la huelga general y cuando todo mostraba que comenzaban a tener eco. Abandonando lo accesorio, Mubarak, el ejército preservaba lo esencial, la propiedad de los poseedores. Hoy empieza a hacer lo mismo.

La protesta permanente no para en Egipto desde hace más de dos años, ampliándose desde diciembre de 20112 y alcanzando desde esa fecha un nivel incesante de actividad, con una extensión considerable de los conflictos sociales puesto que Egipto logra récords mundiales de huelgas y protestas sociales desde comienzos de año. Estos movimientos sociales han encontrado una cristalización política extraordinaria a través de la campaña Tamarod que no solo llegaba a obtener 22 millones de firmas contra Morsi sino a movilizar a millones y millones de egipcios en las calles para exigir la caída de Morsi. No era difícil comprender que si la calle hacía caer a Morsi, eso significaba la puerta abierta a un desencadenamiento de reivindicaciones sociales y económicas que iban a atacar a los ricos, a los poseedores, a la propiedad y por tanto también al ejército puesto que es el mayor de los propietarios de Egipto, tanto en el terreno industrial como agrícola o comercial. El ejército tenía que evitarlo.

Evidentemente habría podido atacar directamente al movimiento social y enfrentarse junto con los Hermanos Musulmanes y accesoriamente el FSN a la revolución en marcha.

El problema para el ejército es que no era capaz de ello.

Había intentado ya un golpe de estado contra la revolución en junio de 2012, dado algunos pasos en ese sentido pero había finalmente retrocedido, ante la movilización popular, a la que temía tanto más en la medida de que a pesar de dos años de represión feroz (más de 11.000 condenas de militantes por tribunales militares, torturas, asesinatos…) el movimiento social estaba más vivo que nunca, no tenía miedo y sobre todo sus propios soldados parecían menos seguros que nunca. Había habido revueltas en la base del ejército y de la policía, se había visto a oficiales manifestarse con los revolucionarios. La dirección del ejército había temido entonces que su aparato militar se disolviera ante esta prueba. Por ello habían finalmente confiado el poder a los Hermanos Musulmanes que parecían ser los únicos que tenían un aparato (2 millones de afiliados) y una ideología influyente, la religión, para frenar esta revolución que no paraba.

Sin embargo, en junio de 2013 la situación era aún peor. Los Hermanos Musulmanes han perdido toda su influencia, el veneno religioso no funciona ya o funciona menos, y el movimiento revolucionario era mucho más fuerte que en 2011, infinitamente más numeroso en las manifestaciones, sobre un fondo de luchas sociales bastante más importantes que en enero de 2011 y mucho más experimentado, con numerosos militantes que no tenía en 2011. Oponerse al movimiento habría querido decir perder probablemente el ejército, que se habría dislocado, la única barrera entre la revolución y la propiedad. Pues el FSN no tiene ningún peso real incluso si da pruebas de buena voluntad contra la revolución en numerosas ocasiones.

El ejército ha preferido por tanto no enfrentarse directamente a la revolución, sino intentar desviar su curso, momentáneamente.

Por supuesto, hay que preguntarse porqué el movimiento revolucionario ha aceptado esta colaboración momentánea del ejército a su causa, cuando son muy numerosos los que saben que no se puede tener confianza en el ejército por haberlo conocido, a través de sus cárceles, sus torturas y sus mil violencias. Sencillamente, porque si el movimiento es muy fuerte, su conciencia lo es un poco menos, aunque vaya creciendo. No es porque no sepan cual puede ser el peligro de un golpe de estado militar en estos momentos, sino porque no saben sencillamente aún lo que quieren y qué hacer, qué objetivos tener. Es significativo que quienes se han encontrado a la cabeza de este movimiento sean simplemente demócratas, revolucionarios ciertamente, pero demócratas sobre todo, que no juran más que por las papeletas de voto y la democracia representativa, con el único objetivo de organizar nuevas elecciones presidenciales, pero que no quieran en ningún caso hacerse los representantes de las reivindicaciones sociales de los más pobres, ni siquiera de su antiliberalismo y menos aún de su anticapitalismo. La debilidad del movimiento es pues la de sus jefes, o más exactamente la de su conciencia, lo que tiene en la cabeza y que le hace aceptar tales jefes.

En esta situación, veremos al ejército intentar recuperar posiciones, arañar de nuevo las libertades, reprimir, como lo hizo tras la caída de Mubarak, pero tendrá muchas más dificultades para hacerlo que hace dos años, porque el movimiento es infinitamente más fuerte, más experimentado y advertido de lo que es el ejército. Y este último no tendrá ya a su lado a su amigo/rival que es la hermandad de los Hermanos Musulmanes para engañar a la gente. En fin, la situación social es lamentable, la economía está a dos dedos de hundirse, y por eso la mayor parte de la gente está en la calle. Sin embargo el ejército no tiene respuesta y es además un gran propietario ultra rico, en definitiva el objetivo de muchas luchas sociales. Y el FSN, si es admitido en el gobierno, no podrá engañar mucho tiempo a los pobres, no habiendo tenido jamás una gran autoridad entre la población y sobre todo entre los más pobres.

El futuro es de la revolución. Y no solo en Egipto como se ve en Turquía, Brasil… Sin embargo es quizá de la convergencia de esos movimientos, de sus estímulos recíprocos, de lo que podrán enriquecerse con lo mejor en cada uno de ellos, para finalmente tener una conciencia clara de lo que quieren, de los objetivos que harán de la próxima revolución una revolución claramente social y no solo democrática.
Hay un número considerable de gente en la Plaza de Tahrir y en Ittahidiya, pero también ante el palacio Qubba y ante la sede de la guardia presidencial. Y cada vez más. ¿Habrá más gente que los días precedentes? Es muy posible.

4 de julio, 18:00 h.

Toda la noche ha sido de fiesta. Todo Egipto estaba en la calle, festejando su segunda revolución en dos años, en medio de una algarabía ensordecedora. Y quienes no estaban presentes acababan por acudir, pues era imposible dormir por el enorme ruido y la emoción intensa. Porque no cae solo una dictadura exterior a los cuerpos, militar o policial, sino también una dictadura en las cabezas, una policía de las costumbres y de los espíritus, la de los Hermanos Musulmanes.

No se puede medir aún la inmensa importancia para el futuro de, por primera vez en la historia, una participación de entre el 30% y el 40% de las personas adultas de un país en una revolución y, de otra parte, el derrocamiento de una dictadura islamista por una revolución popular. Es una liberación mental que no puede sino anunciar otras. Sissi, el nuevo hombre fuerte del ejército y del nuevo régimen, lo ha comprendido bien al querer, en su declaración de la caída de Morsi, rodearse por el jeque de Al Ahzar y el papa de los coptos, para intentar hacer creer, por autosugestión, en la continuidad de la alianza del sable y del hisopo, así como del representante del FSN para mostrar un aire de unidad del pueblo tras el nuevo poder. Esta apariencia no era una demostración de fuerza sino una confesión de debilidad.

Pues se han visto cosas increíbles estos últimos días.

Las decenas de millones de personas en la calle es algo que ha visto todo el mundo.

Pero algo que se ha visto menos y que ilustra esta voluntad salvaje de liberarse de todas las prisiones, incluidas las mentales, es la participación masiva e inaudita de las mujeres y de los niños, que se han implicado a fondo en esta revolución, en la que tenían tanto que ganar. Formaban al menos la mitad de los participantes en las manifestaciones y ciertamente estaban entre los sectores más determinados.

Es el Alto Egipto, la región más atrasada del país, la que sufre más la opresión de los prejuicios religiosos, allí donde dominan no solo los Hermanos Musulmanes y los religiosos coptos, sino también los terroristas de la Jamaa Al-Islamiya, es ahí donde se han visto las mayores transformaciones, la mayor valentía. No solo manifestaciones en las que había 5 o 10 veces más participación que cuando la caída de Mubarak, sino manifestaciones en las que, más que en otras partes, se sabía que había peligro de muerte, hasta tal punto las amenazas de un baño de sangre por parte del poder han sido numerosas y explícitas; y donde más que en otras partes, era preciso una valentía inimaginable para plantear todo lo que oprimía al pueblo. Y es ahí donde se han visto mujeres en nikab (enteramente veladas) manifestarse en grupo gritando “Abajo el guía supremo” (de los Hermanos Musulmanes). No se está quizá lejos del gesto de Hoda Sharaoui que, durante la revolución egipcia de 1919, había subido a un cajón y, en plena plaza pública, se había arrancado demostrativamente el velo, para hacer del movimiento feminista árabe -con el de Irán- uno de los primeros del mundo en aquel momento, para convertirse después en una de las dirigentes internacionales del movimiento feminista árabe y mundial y redactar la parte referida a las mujeres en la constitución turca de Mustafa Kemal, una de las más avanzadas del mundo con la de la Rusia de entonces. Infinitamente más avanzada en cualquier caso que la de la Francia de aquellos años en la que se condenaba aún a muerte a una mujer por aborto. Lo que está ocurriendo en Egipto significa una nueva perspectiva para el futuro.

Y esto se ha visto en todo el Medio Oriente. Hay que imaginar el impacto social y en las costumbres en Arabia Saudita, en Qatar, Yemen o Irán… Las redes sociales de esta región, de Marruecos a Barhein, vibran con lo que está ocurriendo. Hay que hacer como los egipcios y las egipcias…

Los egipcios saben el impacto de lo que acaban de hacer. Es también por eso que gritan su alegría y su orgullo. Va bastante más allá de la caída de un tirano.

Acaban de hacer caer el gendarme que había en su cabeza.

Aprendieron ayer a no tener miedo haciendo caer a Mubarak. Hoy, se desembarazan de las demás opresiones que les asfixiaban.

Por supuesto, ha habido las 91 agresiones sexuales en estos últimos días, en la plaza Tahrir, de las que la prensa que odia al pueblo en revolución no deja de intentar aprovecharse, como los Hermanos Musulmanes que llamaban a esa plaza la “plaza del acoso” para decir a las mujeres que no debían ir allí, que tenían que quedarse en casa, no meterse en política. Pero las mujeres han ido, masivamente. Por supuesto, son 91 agresiones de más, pero en este país en el que el integrismo religioso transforma a los hombres en obsesos sexuales, estas agresiones forman parte de la vida cotidiana en todas partes, en los autobuses, el metro, la calle… y en mucho mayor número. Las mujeres han tenido mil veces razón en ir a Tahrir, para que no haya nunca más esas agresiones, para liberar a los egipcios liberándose, tomando su vida en sus manos. Y las organizaciones feministas egipcias han tenido también razón llamando a acudir, a la vez que pedían a las mujeres que se armaran con agujas para colchones, que son casi como cuchillos. Apostamos a que mañana la vida familiar, la vida social, van a ser diferentes.

Se han visto también numerosas pancartas que decían “Hermanos tunecinos, escuchadnos” que, como decía el escritor Khaled Al-Khamissi, son un mensaje al pueblo tunecino pero también a todos los pueblos árabes oprimidos… Y más lejos, pues se ha visto una democracia de la calle y de las plazas superior a la de las papeletas de voto. Lo que hace que se cabreen todos los dirigentes occidentales y los medios a su sueldo, y puede relanzar todos los “indignados” desde España a los Estados Unidos, puesto que los de la Puerta del Sol ya se habían inspirado directamente en Tahrir 2011. ¿Qué efecto tendrá Tahrir 2013, en el momento en que de Taksim a Río, de Atenas a Sofía, de Santiago a Lisboa, los pueblos sacuden lo que les aplasta y buscan los caminos de su emancipación?

Por eso, quienes antes decían que la revolución egipcia estaba muerta, ahogada por el invierno islamista, son también quienes hoy dicen que solo es un golpe de estado militar, son también quienes se sitúan ahora al lado de la legitimidad electoral de los Hermanos Musulmanes y de los terroristas de la Jamaa Al-Islmiya, son también quienes apoyan la denuncia de la barbarie sexual en la plaza Tahrir, pues no hay nada que odien más, o teman más, que un pueblo que comienza a emanciparse. Y que pueda servir de ejemplo.

Se ha visto lo increíble, médicos, abogados o magistrados abrazarse con hombres y mujeres llegados desde los poblados de chabolas; pues estas manifestaciones populares eran, aún más que en enero de 2011, manifestaciones de los de abajo, de los barrios pobres y de los obreros. No se pueden imaginar 30 a 40 millones de adultos en la calle en un país de 85 millones de habitantes sin comprender que eran mayoritariamente “proletarios”, que prolongaban de forma política lo que intentaban obtener de forma social los meses que precedían a este levantamiento siendo derrotados cada uno en su rincón.

Pues, y es lo más importante, según militantes de extrema izquierda egipcios, habría llamamientos a huelgas que deberían ser organizadas desde hoy jueves en los trenes, los autobuses, las cementeras y en el canal de Suez, convocadas por militantes sindicalistas de esos sectores, para preparar una huelga general. Es imposible no pensar -cambiando lo que hay que cambiar- en el estado de espíritu que presidió el desencadenamiento de junio de 1936 en Francia. Los trabajadores franceses se habían puesto en huelga inmediatamente después del triunfo electoral del Frente Popular, pero antes de que éste estuviera realmente en el poder, un mes después. Estaban infinitamente felices por ese éxito, lo demostraron, pero al mismo tiempo, querían cambios inmediatamente y desconfiaban suficientemente del nuevo poder como para ponerse ellos mismos a la obra, sin esperar, si no querían que se les olvidara, a ellos y a sus reivindicaciones. Se verá en los días o semanas que vienen si los llamamientos a la huelga tendrán efecto y si llegarán hasta la huelga general. Pero es una posibilidad muy real. Hay que recordar que las huelgas habían estallado ya en número importante justo tras la elección/nominación de Morsi, en junio de 2012, porque los trabajadores querían probar su voluntad de mantener sus promesas y decirle que había prisa. Hoy hay todavía más prisa.

La mayoría de los hombres y mujeres que se han levantado, lo ha hecho porque tiene hambre (el 40% de los egipcios vive con menos de un dólar por día), porque no puede aguantar más la miseria, el paro, los cortes de electricidad (a veces 8 horas al día), de agua, las subidas de precios, la penuria de pan, de gasolina y de gas para circular y cocer sus alimentos, las amenazas de supresión de las subvenciones públicas a los productos de primera necesidad. Y hay prisa porque desde el comienzo del año 2013 Egipto ha batido todos los récords históricos mundiales, en número de huelgas y protestas, en las fábricas y los barrios, y sobre todo en marzo, abril y mayo (respectivamente 1354, 1462 y 1300). La participación masiva de esos 4 últimos días es una consecuencia de esta participación masiva en las luchas sociales estos últimos meses.

Se ha visto, en fin, a “comités populares” espontáneos, tomar en sus manos la seguridad de esos millones de personas en movimiento, la sonorización, la alimentación, la circulación, la higiene (el problema de los WC no es el menor cuando millones de personas permanecen días enteros en la calle). “Comités populares” que continúan las tentativas de autoorganización hechas en febrero y marzo de 2013 en Port Said, Mahalla y Kafr el Sheikh donde los habitantes habían tomado en sus manos, simbólicamente o unos días, la policía, la educación o sencillamente la vida municipal. “Comités populares” en los que decenas de miles de hombres, infinitamente más que en 2011, y en particular de los medios populares, hacen una experiencia que no olvidarán pronto, sobre todo en la situación social que viene.

Entonces la alegría de la victoria, el orgullo, la liberación mental, los comienzos de autoorganización, la avalancha de movimientos sociales, la urgencia y la desconfianza hacia los de arriba, en particular hacia el ejército, del que muchos desconfían pues se acuerdan de su paso por el poder de febrero de 2011 a junio 2012, todo esto forma poco a poco una conciencia colectiva que debería mostrar sus exigencias políticas y prácticas de aquí a poco, para pasar de una segunda revolución política a la construcción de una revolución social, la única verdaderamente democrática hasta el fin y para todos.

Egipto: La revolución cooptada vuelve a la calle

Por Camilo Ruiz

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Comienzo esta columna confesando que, hasta hace un par de horas, mi tema era otro. Planeaba dedicar este texto a las candidaturas animales y en especial al Burro Chon en Ciudad Juárez, del que me tendré que limitar a decir que le doy todo mi apoyo y confío ciegamente en su habilidad de estadista, superior a la de cualquier otro candidato, para gobernar esa ciudad.

Sin embargo, creo que en el mundo ha sucedido algo que, en treinta o cincuenta años, recordaremos todavía como un trueno destructor en una noche oscura y sería por tanto un error no dedicarle, por lo menos, algunas líneas.

La revolución democrática egipcia, que tiró a Mubarak en 2011 después de 30 años en el poder, terminó por ser cooptada por las ilusiones democrático-burguesas primero, el ejército después y, finalmente, los Hermanos Musulmanes; un movimiento que, como buena parte de las corrientes burguesas en los países del tercer mundo, empezó combatiendo -un poquito- a las potencias coloniales y, con el paso del tiempo, cuando se dio cuenta que era más rentable pactar con ellas y co-administrar el estado, se dedicaron a medrar de las finanzas públicas y a imponer una agenda más bien neoliberal que poco honor le hacía al sustantivo “hermandad”, pero cuyo epíteto “musulmán” no dejaba de atemorizar a los laicos, a los cristianos y a los musulmanes menos radicales.

Un año después de la entrada de Mohamed Morsi, candidato de la Hermandad, como presidente de Egipto, la gente vuelve a salir a la calle a pedir la destitución de éste. Después de treinta años de dictadura, es natural que las masas, que adquieren el conocimiento sólo a través de un tortuoso sistema de prueba y error, piensen que la democracia, en sí misma, será la panacea que resolverá sus problemas. En Egipto, donde la democracia fue impuesta por la fuerza después de una serie de jornadas de enormes movilizaciones, se le ha grabado a la gente que si salen a protestar por millones pueden tirar dictadores y poner a gobiernos en jaque (un proceso sináptico que en México, donde la democracia se impuso a cuentagotas, en dos o tres etapas separadas y como arreglo entre las élites, no se hace todavía). Afortunadamente, los egipcios han comprendido rápido -en un año exáctamente- que el proceso de elegir a los gobernantes no resuelve nada en sí mismo y que la revolución tiene que dar otro paso adelante para evitar volver atrás. La naturaleza de ese paso adelante es lo que definirá la dinámica de la revolución.

En la prensa occidental, acostumbrada, a pesar de su corrección política, a ver al Oriente todavía como una región entre romántica y salvaje dominada por fuerzas teológicas erradicadas, supuestamente, desde hace tiempo en el Occidente racional, a menudo se olvida que la gente sale a la calle por, básicamente, las mismas razones que en nuestros países. Es cierto que una parte de los manifestantes en Egipto están ahí por motivos, digamos, culturales: por su rechazo a la constitución islamista de Morsi y su desdén generalizado hacia el laicicismo nasserista de la república egipcia. No trato de negar este factor movilizador, que seguramente ha llevado a las calles a millones de mujeres preocupadas por el futuro de su género en un país dominado por los islamistas radicales. Sin embargo, para los materialistas irredentos como yo, es claro que hay otro factor estructural que ha sacado a esos 17 a 33 millones (!!!) de personas a las calles, y que ha recorrido los países árabes desde la primavera del 2011, para terror del FMI: el bajo crecimiento económico, la estructura social tan dispar e injusta y la riqueza desmedida y sin pudor de las élites. En corto, el fracaso del capitalismo en el Medio Oriente.

Las movilizaciones de estos últimos días expresan el inveterado desinterés del gobierno egipcio hacia aquellos que están, socialmente, excluidos. El sistema de partidos instaurado, tras la caída de Mubarak, y el interregno militar mostró que, una vez resuelta la inclusión política, lo más importante seguía pendiente. Hay que recordar que la primavera árabe empezó con la inmolación de un hombre con título universitario, en una región con desempleo del 30% y que ganaba poco más de 1500 pesos al mes. Los excluidos no quieren votar, quieren dejar de serlo. La exclusión de esos millones fue y es otra vez el motor de la revolución en Egipto; con la salvedad, ahora, de que ya terminó la borrachera democrática-musulmana y que, por tanto, las perspectivas de los manifestanes son otras, son más elevadas.

No hay que hacerse ilusiones falsas tampoco. Esta vez, el ejército muy probablemente evitará formar un gobierno, como lo hizo tras la caída de Mubarak, porque sabe que detentar el poder y hacerlo mal otra vez desgastaría su prestigio. Los manifestantes no necesariamente tienen un programa claro o común acerca de lo que quieren, más allá de echar a Morsi y a los Hermanos Musulmanes. La posibilidad de formar un gobierno, entonces, le quedará posiblemente primero a un gobierno “técnico” -invento paradójico de la modernidad supuestamente post-ideológica- con el apoyo de los militares y después a alguna corriente laica y pequeño-burguesa con algunas propuestas sociales para combatir la pobreza y demás verborrea propia a la socialdemocracia. La mejor perspectiva que podría tener el movimiento, después de la muestra abrupta de fuerza descontrolada, sería la de recrear y fortalecer los consejos barriales que durante buena parte del interregno militar, en los hechos, administraron a las comunidades en algunas partes del país. El primer paso para que una corriente política interesada en incluir a los excluidos pueda hacerse con el poder, es que los excluidos se den cuenta que no se necesita de expertos ajenos a ellos mismos para administrar la vida pública.

Sin embargo, la institución central del bloque histórico egipcio es el ejército. No sólo por su fuerza militar, sino esencialmente por lo que representa ante la gente: por su supuesto rol de, por un lado, guardián de las tradiciones nasseristas-socialistas de mediados de siglo XX y, por el otro, como supuesto liberador del pueblo egipcio; es decir, es un sistema donde lo que prima es el consenso y donde la institución central es todavía hegemónica.

La gente salió a la calle jubilosa cuando el ejército le puso un ultimátum a Morsi. La fuerza de atracción ideológica de los militares hacia la izquierda es todavía poderosísima. La revolución egipcia, para realmente profundizarse, -para hacerse permanente- tendrá que entrar en conflicto con esa institución que al final de cuentas le permitió todo a Mubarak y que no supo gobernar el país tras la caída de éste. Los egipcios han hecho las movilizaciones más numerosas de la historia de la humanidad, probablemente. El éxito de su revolución dependerá de su capacidad para darse cuenta que no basta con caminar las calles, hay que tomarlas.

Egipto. ¿Golpe de Estado o “revolución permanente”?

Rebelión
Santiago Alba Rico
Martes 9 de Julio 2013
El golpe de Estado en Egipto, entre otros efectos, ha levantado una polvareda en la que es difícil distinguir las posiciones de unos y otros, hasta tal punto se cruzan de manera promiscua y a veces delirante. Conviene, pues, aclarar de qué y desde dónde estamos hablando.
Hay un sector de la izquierda que llamo “estalibán” que, siguiendo aquí a Bachar Al-Assad, está a favor del golpe de Estado porque derriba una “dictadura islamista” cómplice de Israel y los EEUU.

Hay otro sector, un poco más consecuente, pero en la misma lógica complotista, que desconfió desde el principio de las revoluciones árabes -a las que siempre negó su condición de tales- y que condena ahora el golpe de Estado por la misma razón: porque, según ellos, tanto esas revoluciones como este golpe de Estado son maniobras de Israel y los EEUU para remodelar la zona acomodándola -como se acomoda uno en un sillón- a sus intereses.

Con estas dos posiciones he discutido tanto que cualquier cosa que añadiera ahora resultaría redundante. Tan sólo recordar que la proliferación de “agendas” más o menos autónomas en la región (como efecto de la resistencia criminal de Bachar Al-Assad y el conflicto armado generado en Siria) invita a pensar, por ejemplo, que son los saudíes, más que los estadounidenses, los que han derribado a Mursi de su condición de primer presidente civil electo en la historia de Egipto.

Pero hay una tercera posición que está a favor del golpe de Estado porque niega que se trate de un golpe de Estado. Es con ésta con la que me interesa discutir ahora y ello por un motivo fundamental: porque es la que defienden no sólo Arabia Saudí, EEUU, Marruecos, Jordania, la UE, el Frente Nacional de Salvación egipcio, los salafistas, etc, sino también todos aquellos grupos y personas con las que he compartido trincheras (en relación con Siria, por ejemplo), en las que me he apoyado, a las que respeto y que, además de valientes y comprometidas, nutren las únicas fuerzas de izquierda en Egipto (los Socialistas Revolucionarios o el movimiento 6 de abril) que quieren realmente una revolución.

¿Cuáles son mis objeciones? Empecemos por enumerar, al contrario, los tres principios fundamentales que compartimos:

1.- En el mundo árabe ha habido -y hay- revoluciones cuyo efecto fundamental hasta ahora es la toma de conciencia -y de cuerpo- de un pueblo movilizado (eso que dice el título del último libro de Gilbert Achcar: “achaab iurid”, “el pueblo quiere ).

2.- Esa revolución es un proceso histórico de larga duración; hay que darle tiempo (en torno, pongamos, a 15 años).

3.- Todos los procesos revolucionarios están llenos de contradicciones.
leer más:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=170859

Egipto: ¿Golpe de Estado o revolución? O más bien… ¿Revolución y golpe de Estado contrarrevolucionario?

Islamismo, democracia y revolución. Un debate (amistoso) con Santiago Alba Rico


Izquierda Anticapitalista
Brais Fernandez || GrundMagazine
Lunes 8 de julio de 2013,
Santiago Alba Rico es sin duda uno de los pensadores críticos más lúcidos y agudos que tenemos en la izquierda alternativa. Sus artículos sobre las revoluciones árabes han sido y siguen siendo un punto de referencia esencial para aproximarse a unos procesos que rompen esquemas, abren espacios y nos sitúan ante una nueva etapa histórica. Las cuestiones que plantearé a continuación son, más que una respuesta a los interrogantes que la Historia nos plantea, un ahondar en una serie de dudas, intentando acercarnos al fenómeno desde la complejidad. Obvia, por supuesto, recalcar que son esbozadas desde el mismo campo del comunismo crítico y heterodoxo al que se adscribe el compañero Alba Rico, y desde luego, todo lo aquí planteado tiene voluntad de ser meramente aproximativo, huyendo de fórmulas acabadas y tajantes.

¿Golpe de Estado o revolución? O más bien… ¿Revolución y golpe de Estado contrarrevolucionario?

No hay duda de que uno de los aciertos fundamentales de Santiago Alba Rico es haber identificado el inmenso peligro que se esconde tras el golpe de estado militar contra los Hermanos Musulmanes. El ejército es el primer capitalista colectivo de Egipto, responsable de la represión durante décadas contra el islamismo político y la izquierda, con una actuación brutalmente represiva desde el inicio de la revolución. Controlan el 30% del PIB a través de las empresas que ellos mismos privatizaron bajo Mubarak y mantienen fuertes lazos con el imperialismo norteamericano. La cuestión esencial es intentar comprender, una vez caracterizado el golpe como contrarrevolucionario, a qué responde éste. ¿Existe una correlación entre las inmensas movilizaciones populares de los días previos al golpe, y el golpe de estado? ¿Es el golpe de estado la culminación de esas movilizaciones o es una reacción ante ellas? La respuesta de Santiago Alba Rico parece orientarse más bien a la primera de las opciones. Creo que la problemática de esta respuesta está en la conceptualización excesivamente unilateral que hace Santiago Alba Rico del concepto de revolución:

“Podemos hablar de “revolución” en uno de estos dos casos:

a) Cuando una mayoría social, con intereses diversos o no e incluso sin un programa político, derroca una dictadura.

b) Cuando un programa político de transformaciones radicales, mediante las armas o no y con el apoyo de una mayoría social, se impone sobre una “democracia burguesa”.”

La problemática de esta conceptualización es ver la revolución como un simple “acto”, sólo como un “momento político”. Esta visión no es una definición de revolución, es sólo una parte, una arista, un prisma, de lo que es una revolución. Como explicaba Trotsky (y recuerdo que Santiago Alba es un comunista de los que gusta de Trotsky, como buen heterodoxo) el dilema de una revolución es precisamente el ser una “entrada de las masas previamente despolitizadas en la vida política”. Por lo tanto, es un proceso, y la capacidad para controlar los ritmos, los saltos, al menos en primer momento, no depende de una subjetividad organizada y dirigente. Precisamente la creación de una mediación (lo que en otros momentos se llamó “el partido”) es lo que trata de darle un carácter consciente a un proceso de por sí experimental y caótico.
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http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article28640

Egipto. Golpe de Estado militar. ¿Cómo desbaratar la democracia?

En Egipto, el ejército tiene la última palabra

Rebelion
Esam Al-Amin
CounterPunch
Domingo 7 de Julio 2013
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

¡Los generales han vuelto a las andadas!
El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, ha sido destituido un año después de que el pueblo egipcio le eligiera de forma democrática. Quienes se oponen a Mursi y a los Hermanos Musulmanes (HM) consideran que el paso dado por el ejército es un apoyo al movimiento popular y un esfuerzo tardío por revivir o restaurar la revolución egipcia que derrocó a Hosni Mubarak hace más de dos años. Sin embargo, para los seguidores de Mursi o para quienes sencillamente sentían algún respeto hacia un gobierno democrático y el imperio de la ley, la acción del ejército no es sino un descarado, si bien blando, golpe de estado militar.

¿Qué es en realidad lo que está pasando? Aquí van los hechos:

El ejército ha disfrutado siempre en Egipto de un estatus privilegiado y autónomo y está tácitamente considerado como el poder en la sombra. Sin embargo, durante décadas, el poder político se fue concentrando en manos de una elite política y empresarial básicamente corrupta que monopolizó el poder y saqueó los recursos del país. Pero la revolución que derrocó a Mubarak representaba en esencia el rechazo no sólo del dictador sino también de todo su régimen corrupto. Una de las principales demandas de la revolución era poner fin a la dictadura y la represión y defender los principios de la democracia y el estado de derecho.

En los dos años siguientes, el proceso político que siguió al derrocamiento de Mubarak permitió que el pueblo egipcio manifestara su voluntad en numerosas ocasiones a través de elecciones libres y justas y en varios referenda. El pueblo egipcio acudió a las urnas al menos en seis ocasiones: para votar un referéndum que trazara el camino político a seguir (marzo 2011), para votar por las cámaras altas y baja del parlamento (noviembre 2011-enero 2012), para elegir un presidente civil en dos vueltas (mayo-junio 2012) y para ratificar la nueva constitución (diciembre 2012). En cada una de las ocasiones, el electorado votó por la opción de los partidos islamistas ante la frustración de la oposición liberal y laica.

Para descontento de los islamistas, todos sus triunfos en las urnas fueron invalidados bien por el Tribunal Constitucional Supremo (TCS), nombrado por Mubarak o por el ejército. La cámara baja del parlamento, en la que los islamistas consiguieron el 73% de los escaños, fue disuelta por el TCS hace un año; ahora, el ejército acaba de suspender la nueva constitución a la vez que derrocaba al presidente democráticamente elegido.

No cabe duda de que los HM han cometido errores garrafales. Por ejemplo, incumplieron varias de las promesas hechas a sus socios de la coalición laica y liberal, incluyendo la de no disputar la mayoría de los escaños parlamentarios, no presentar un candidato presidencial o excluir a otros en la composición de la Asamblea Constituyente Constitucional. Quizá el error más grave fue aliarse estrechamente con los grupos salafíes durante el proceso de redacción de la constitución, enajenándose así de muchos laicos, liberales, así como cristianos, aunque los HM no se preocupaban mucho de la batalla ideológica constitucional. Lo que buscaban era aparecer flanqueados por los salafíes respecto a la identidad islámica del Estado. Con tal de conseguir este objetivo, perdieron en el camino a la mayoría del resto de grupos.
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http://www.rebelion.org/noticia.php?id=170774

Egipto: “desconfien del ejercito”

No se trata evidentemente de subestimar los aspectos contradictorios de la intervención del ejército y de dar pruebas de un optimismo beatífico tras la caída del presidente. Pero recordemos que hace un año, cuando la victoria de Morsi, algunos afirmaban ya que la revolución estaba muerta y que los egipcios se habían dejado “robar su victoria” por los Hermanos Musulmanes. El pueblo egipcio acaba de probar al mundo entero que no era así, y que permanecía vigilante, no bajando la guardia frente a los elementos contrarrevolucionarios. Desde hace 30 meses, la población egipcia ha hecho en realidad la demostración de que no pretendía dejar que nadie, civil o militar, le confiscara su revolución. Y nada indica, muy al contrario, que esta dinámica popular se haya roto.

Izquierda Anticapitalista
Julien Salingue
Sábado 6 de julio de 2013
Desde ayer por la noche la fórmula es repetida sin cesar en numerosos medios y en las redes sociales: “el ejército egipcio ha derrocado a Mohammad Morsi”. Esta afirmación parece a primera vista intachable, al menos si uno se concentra en los acontecimientos del 3 de julio por la noche y en su dimensión estrictamente institucional. A quienes afirman que los recientes acontecimientos se resumen en un golpe de estado del ejército, otros responden que asistimos a una nueva etapa de la revolución egipcia. Si se examina, la realidad se sitúa a medio camino entre esas dos posiciones.

¿Golpe de estado versus revolución?

En efecto, si bien la destitución del presidente egipcio ha sido formalmente organizada (y anunciada) por el ejército, y no por estructuras autónomas salidas del movimiento de revuelta que agita Egipto desde hace 30 meses, ésta no se habría producido jamás sin las manifestaciones históricas del 30 de junio y de los días siguientes. Mohammad Morsi se ha visto obligado a irse porque los egipcios se han movilizado por millones, no porque el ejército egipcio hubiera decidido repentinamente derrocarle. La focalización sobre el aspecto institucional de los acontecimientos conduce a numerosos observadores a ocultar el papel motor de la movilización popular en la caída del presidente egipcio.

La hipermediatización del “golpe de estado” hace en efecto eco a la submediatización, por no decir la no-mediatización de las movilizaciones que sacuden Egipto de forma ininterrumpida desde la caída de Mubarak en febrero de 2011. Las cifras hablan por si mismas: durante los 5 primeros meses del año 2013, ha habido no menos de 5.544 manifestaciones en Egipto, muy mayoritariamente por cuestiones económicas y sociales /1. El éxito de la campaña “Tamarod” (Rebelión), también centrada en estas cuestiones (y no en la denuncia de ningún tipo de “islamización de la sociedad egipcia”) /2, participa de esta dinámica de protesta contra la política de los Hermanos Musulmanes.

La intervención del ejército

La intervención de los militares debe, evidentemente, ser considerada con lucidez, y no se trata de subestimar la tentación autoritaria que existe entre numerosos responsables del estado mayor, que no se volvieron hostiles a la dictadura de Hosni Mubarak más que cuando éste estaba condenado por la amplitud del levantamiento de 2011. Pero esta intervención, presentada un poco apresuradamente por algunos comentaristas como una “revancha” de los militares contra los Hermanos Musulmanes, debe ser comprendida ante todo como la ruptura de una entente tácita (aunque conflictiva) entre dos fuerzas, el ejército y los Hermanos, que se habían fijado por tarea llevar el orden a un país afectado por un hervor revolucionario continuo desde la caída de Mubarak.

El presidente Morsi y su gobierno han sido incapaces de frenar la protesta durante estos últimos meses, profundizando una situación de inestabilidad política y sobre todo económica que no gusta en absoluto al ejército que controla, recordemos, más de un tercio de las riquezas egipcias. El ejército ha considerado que los Hermanos Musulmanes habían hecho la demostración de su incapacidad para estabilizar el país, y que debía por tanto emplearse él mismo en restaurar la calma y dar un frenazo a un proceso revolucionario que podría hacerle perder una parte significativa de su influencia política y económica.

Tal es, en efecto, la debilidad de las lecturas demasiado entusiastas que ven en la intervención del ejército una nueva etapa de la revolución, cuando el objetivo del estado mayor es precisamente ponerle fin.
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http://www.anticapitalistas.org/spip.php?article28631

Asume Mansur la presidencia de Egipto; presos, líderes islamitas

El mandatario interino promete celebrar comicios y proteger el sistema republicano

La Hermandad Musulmana llama a realizar protestas este viernes por el “golpe de Estado”

                                Foto Reuters- La Jornada
 La Jornada
Reuters, Afp, Dpa, Xinhua y Pl
Viernes 5 de julio de 2013
El Cairo, 4 de julio.-El titular del Tribunal Constitucional egipcio, Adly Mansur, presentó este jueves juramento como presidente interino del país, un día después del golpe de Estado contra el mandatario islamita Mohamed Mursi, al tiempo que las fuerzas de seguridad arrestaban a los principales dirigentes de la Hermandad Musulmana, entre ellos al máximo líder Mohamed Badie.

Mansur, de 67 años, encabezará un gobierno de transición que preparará el camino para las elecciones generales y deberá revisar la Constitución. Aunque aún no se conoce la fecha para los comicios, tanto presidenciales como parlamentarios, dijo que la dará a conocer pronto.

Mansur, quien fue designado por los militares para remplazar a Mursi, subrayó que “la celebración de comicios es la única vía para alcanzar un futuro más libre y democrático”, y prometió en un breve discurso “proteger el sistema republicano” y ser “garante de los intereses del pueblo”.

Tal vez consciente de los riesgos de una sociedad polarizada, expresó un signo de paz con la Hermandad Musulmana. “Este movimiento es parte del pueblo y está invitado a participar en la construcción de la nación, ya que nadie estará excluido, y si responden a la invitación, será bienvenida”, expresó.

Rechazan diálogo

La Hermandad Musulmana rechazó de manera tajante la oferta de Mansur, en un comunicado en el que manifestó su indignación por los arrestos contra sus líderes. “Anunciamos nuestro categórico rechazo del golpe militar contra el presidente electo y la voluntad de la nación. Rechazamos participar en cualquier actividad con las autoridades usurpadoras”, declaró.

“Rechazamos el terror del Estado policial, que arrestó a figuras de la cofradía y cerró canales satelitales”, indicó el movimiento islamita en un comunicado leído a partidarios de Mursi congregados en el distrito de Nasr City, en El Cairo, rodeados por vehículos militares.
leer más:
http://www.jornada.unam.mx/2013/07/05/mundo/024n1mun

¿Adónde va Egipto?

TeleSur
Por Esther Vivas
Viernes 5 de Julio 2013
La emblemática plaza Tahrir en El Cairo ha vuelto a ser el corazón de la protesta social en Egipto. Y un grito unánime exigiendo la renuncia del presidente Mohamed Morsi se ha impuesto. Pero la toma del poder por parte de los militares, tras cuatro días de masivas protestas en todo el país, abre una serie de interrogantes sobre el futuro de la revolución. Muchos son los que se preguntan, ¿adónde va Egipto?

El ascenso de los Hermanos Musulmanes al poder fue tan rápido como ha sido su caída. Las aspiraciones de cambio que muchos depositaron en ellos, se han visto truncadas tras un año de Gobierno. La situación no solo no ha mejorado desde entonces sino que ha ido a peor. La continuidad en la política social y económica, en relación al antiguo régimen, ha sido la tónica dominante. El arraigo social y la fuerte estructura organizativa permitieron a los Hermanos Musulmanes erigirse como la fuerza electoral dominante, pero quienes vieron en ellos y en Mohamed Morsi una alternativa, hoy los señalan como responsables de la situación de crisis.

Asimismo, su prepotencia en el poder ha agudizado el malestar social. La nueva Constitución fue aprobada de manera unilateral en el parlamento por los Hermanos Musulmanes. Y Mohamed Morsi se auto-otorgó total inmunidad como presidente. El retroceso en libertades individuales y colectivas, especialmente de las mujeres, y la persecución de periodistas críticos con el Gobierno y la Hermandad no han hecho sino añadir más leña al fuego.
leer más:
http://www.telesurtv.net/articulos/2013/07/05/adonde-va-egipto-3523.html

Egipto. La manifestación más grande de la historia de la humanidad: un mensaje al mundo

Publicado por PARTIDO OBRERO SOCIALISTA-MÉXICO
Por Jacques Chastaing 
fuente http://npa2009.org/
Trad. del francés: Daniel Gil
Ayer 30 de junio, en casi todas las ciudades de Egipto, grandes o pequeñas, pudo haber entre 14 millones de manifestantes anti Mursi, según la agencia Reuters, que cita fuentes militares, y 33 millones según CNN o la BBC. En ambos casos, había más que en los 18 días sumados de la revolución de enero de 2011, que hizo caer a Mubarak. Es la manifestación más grande de la historia de Egipto y probablemente incluso de la historia de la humanidad.

Manifestaciones festivas

Las manifestaciones, verdaderos ríos humanos, no han conocido casi violencias. Según el Ministerio de Salud ha habido cinco muertos y 613 heridos (a menudo tras una provocación de los Hermanos Musulmanes), lo que es lamentable, pero escaso en relación con la considerable cantidad de personas que ha salido a la calle. Las manifestaciones han estado marcadas sobre todo por un inmenso ambiente festivo. La gente, sintiéndose simplemente feliz de verse tan numerosa, cantaba, reía, lanzaba fuegos artificiales. Para muchos, a pesar de los dos años y medio de luchas y protestas, era su primera manifestación. Llegaron familias enteras, niños y padres, incluso se han podido ver pueblos vaciarse casi por completo para ir a unirse, a pie, a las manifestaciones de las ciudades más cercanas.

También había cientos de miles de personas en las ventanas aplaudiendo los manifestantes, gritando y cantando con ellos o agitando banderas. Muchas personas mayores que no podían caminar decidieron manifestarse en la puerta de sus edificios, solos o en grupo, siempre con banderas o pancartas. Cientos de barcos de pesca se “manifestaron” sobre el agua en Damieta, igual que hicieron barcos de turistas en Lúxor. Agentes de la policía, incluso de las Fuerzas Especiales (antidisturbios), se han manifestado en gran número contra la dictadura.

El lema principal que todos esos millones de manifestantes dirigieron como un rugido a la atención de Mursi fue, de un extremo a otro de Egipto, unánime: “¡Lárgate!” [irhal]. Como lo fue la tarjeta roja que llevaban millones de esos manifestantes y en la que estaba escrita la misma palabra: “¡Lárgate!”.

Pero también podían oírse muchas otras cosas: “Queremos mujeres en todos los puestos de gobierno”, “musulmanes y cristianos unidos son la revolución”, “las mujeres son el orgullo de Egipto”…

Expresiones de ira

Mezclada con el ambiente festivo, también estuvo presente en todas partes la ira Social, en primer lugar: el domingo, día laborable en Egipto (el festivo es el viernes), la mayoría de las fábricas, oficinas y tiendas cerraron, lo que añade profundidad a la magnitud de la movilización. Un sindicalista señaló que había una presencia de sólo un 10% en la fábrica más grande de Egipto, la textil Misr en Mahalla al-Kubra. La inmensa mayoría de los manifestantes afirmaba estar allí porque ya no aguantaban no tener trabajo, ni dinero, los cortes de agua y electricidad constantes, la escasez de gasolina… La manifestación unió y cristalizó las miles de protestas de carácter económico y social que han atravesado el país desde principios de año y que, ellas también, han alcanzado cifras récord en la historia mundial.

Después, política: muchas pancartas y banderas denunciaban el apoyo de Obama a los Hermanos Musulmanes, a los terroristas islamistas que, sin embargo, dice combatir. “Despierta, América, Obama sostiene un régimen fascista en Egipto”, se oía decir, lo que era válido para todos los regímenes occidentales o los medios de comunicación que han reconocido al régimen de los Hermanos Musulmanes y lo ayudan o son complacientes con él.

Era una clara advertencia también a todas las dictaduras islamistas del mundo árabe, y a todas las dictaduras, sin más. Muchas personas decían: “¡Que miren y que tiemblen!”.
leer más:
https://skydrive.live.com/redir.aspx?resid=E441D8721A0E27E7!1642

La Revolución en marcha: “Para entender lo que pasa en Egipto”

Por Alfredo Guerrero

Para entender lo que pasa en Egipto

Publicamos un artículo aparecido en la revista Pluma, a principios de 2011, en la que se narran y explican los principales  hechos que condujeron a la caída de la dictadura de Hosni Mubarak y el posterior encumbramiento en el poder de los militares y luego de los Hermanos Musulmanes. Este texto puede servir para comprender los antecedentes de la revolución que hoy sigue sacudiendo a ese país.

 

No puede haber duda en cuanto al carácter revolucionario que tienen las movilizaciones en el medio Oriente y norte de África. Estamos hablando de la primera gran oleada revolucionaria del siglo XXI.

Sabíamos que la crisis económica global era profunda, producto del rotundo fracaso del capitalismo a escala global, y que en ese contexto, el panorama en esa región del mundo, después de las intervenciones militares imperialistas en Afganistán e Irak, guardaba ya su respuesta bajo el brazo. Pero el detonante desatado en Túnez a fines de 2010 adelantó todos los pronósticos.

Al levantamiento tunecino le siguió el egipcio. Obreros, estudiantes, empleados, comerciantes, mujeres y niños, por miles, salieron a las calles. Aquí analizamos el desarrollo de la Revolución egipcia luego de la caída del dictador Hosni Mubarak. Es que, como dijo, el gran escritor portugués José Saramago, una revolución no termina sino que apenas empieza luego de la caída de un régimen despótico.

La revolución contra Mubarak

Robert Fisk publicó el 4 de febrero de 2011 una crónica que refleja el grado de decisión y la rabia de la población egipcia en la lucha contra la dictadura:

“La contrarrevolución del presidente Hosni Mubarak chocó con sus oponentes ayer en un aluvión de piedras, garrotes, barras de hierro y palos, en una batalla que duró todo el día en el centro mismo de la capital que él afirma gobernar. (…) La lucha a mi alrededor en la plaza Tahrir era tan terrible que podíamos oler la sangre. Los hombres y mujeres que están exigiendo el final de la dictadura de 30 años de Mubarak –vi a mujeres jóvenes con bufandas y faldas largas de rodillas rompiendo las piedras del pavimento mientras caían rocas a su alrededor– luchaban con inmenso coraje que más tarde se convirtió en una crueldad terrible…

“Algunos arrastraban a los hombres de seguridad de Mubarak por la plaza, golpeándolos hasta que salía sangre de sus cabezas y manchaba su ropa. El Tercer Ejército egipcio, legendariamente famoso por cruzar el Canal de Suez en 1973, no pudo –o no quiso– ni siquiera cruzar la plaza Tahrir para ayudar a los heridos…

“Un comandante de tanque simplemente esquivó las piedras que rebotaban contra el tanque, saltó dentro del vehículo y cerró la escotilla.

“…y luego los manifestantes que tomaron la plaza para pedir el derrocamiento del anciano comenzaron a romper las piedras para tirarlas de vuelta.”

La movilización multitudinaria constante que empezó el 25 de enero en la Plaza Tahrir contra un gobierno proimperialista, neoliberal, decrépito, corrupto, represor y de privilegios descarados, culminó su primer propósito el 11 de febrero de 2011 con la caída de Hosni Mubarak.

 

Un mubaraquismo sin Mubarak

El pueblo egipcio fue capaz de derrocar al dictador. Pero no de imponer su propio gobierno encabezado por los trabajadores, pues carecía de organización y de conciencia para hacerlo. En esa situación, a la caída de Mubarack los militares se hicieron del poder y el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas (CSFA) tomó el gobierno. El escritor español Juan Goytisolo retrató el momento histórico que vive Egipto después de la caída del Faraón: “…el proceso de transición egipcio ha seguido un curso previsible: los altibajos de un camino difícil y sembrado de trampas. Los jóvenes impacientes que ocupaban la plaza acusaban ya al CSFA de intentar perpetuarse en el poder y sus correspondientes privilegios: un mubaraquismo sin Mubarak.”

Las Fuerzas Armadas, columna vertebral del régimen dictatorial, recipiendarias de una cuantiosísima ayuda económica anual norteamericana de un mil 300 millones de dólares y corrompidas en sus estamentos superiores por las privatizaciones de empresas públicas, se hicieron del poder. Éste es uno de los más grandes obstáculos de la revolución egipcia. Además de que el proletariado egipcio tiene que vencer a las fuerzas armadas, debe enfrentarse también a los Hermanos Musulmanes, un partido burgués islámico reaccionario que también pretende apagar la revolución.

Primeros logros revolucionarios

Luego de la caída del presidente Hosni Mubarak, éste fue detenido junto con cincuenta de sus colaboradores, incluyendo a dos de sus hijos. Su partido, el Nacional Democrático fue disuelto. En escuelas, prensa, televisión, universidades y empresas, los trabajadores, estudiantes y empleados encontraban la madeja de la revolución destituyendo a sus dirigentes, a los “pequeños Mubarak” y exigiendo una mejora de sus condiciones de vida.

En el sindicato de los médicos, los Hermanos Musulmanes, preservaron la mayoría a nivel nacional, pero perdieron el control de las secciones regionales; ganaban sí, las elecciones del sindicato de maestros, pero perdían también la presidencia del sindicato de periodistas, y sobre todo la del poderoso sindicato de abogados. La dinámica del movimiento rebasa y rechaza a las direcciones sindicales tradicionales.

Se desataron en el curso del año huelgas y movilizaciones locales contra la corrupción o contra dirigentes del antiguo régimen aún en su puesto. El 5 de enero de 2011 la fiscalía de Egipto pidió la muerte en la horca para el expresidente de Egipto Hosni Mubarak, para su último ministro del Interior, Habib el-Adly, y para otros seis antiguos altos cargos de las fuerzas de seguridad, como responsables de la muerte de al menos 225 personas durante la revuelta de enero de 2011.

La movilización de las masas acabó con el régimen de Mubarak, su estado de emergencia, logró la elección de legisladores en un tiempo relativamente corto, pero ha entregado el Poder, primero a militares y todo parece indicar que luego arribarán al gobierno Los Hermanos Musulmanes.

Meses de intenso forcejeo entre militares y proletariado

Los meses pasados han estado, entonces, signados por un enfrentamiento constante entre el gobierno militar y el proletariado. En este proceso, el CSFA ha recibido casi siempre el apoyo de los Hermanos Musulmanes. Ambas fuerzas intentan abortar el proceso revolucionario. Muchas cosas no han cambiado desde el encarcelamiento de Mubarak. No hablamos sólo de la penosa situación económica en que vive la mayoría del pueblo. Centenares de detenidos en las protestas contra el dictador siguen presos y la censura de los medios informáticos es la misma de antes. La represión del Ejército es constante. Por ejemplo, el 9 de octubre miles de cairotas se congregaron frente a la televisión estatal para hacer algunas exigencias. Los militares que protegen con tanques la sede de aquélla dispararon contra los manifestantes con un saldo de 21 víctimas mortales.

Después de esos hechos, miles de personas volvieron a acampar en la Plaza Tahrir para exigir la dimisión del Gobierno militar. El 18 de noviembre, una multitud de egipcios volvió a tomar nuevamente esa plaza, luego de que los cuerpos represivos del Estado intentaron dispersar a quienes se encontraban acampando. La Revolución egipcia volvía a tomar aire…

Según Goytisolo, la creciente tensión entre el Ejército y los “indignados” de Tahrir desembocó en “la convocatoria el 25 de noviembre del Día de la Cólera, en recuerdo de la que fue origen de la caída del dictador. La plaza vivió la misma furia y exaltación de comienzos de año: la multitud exigió la dimisión de Tantaoui (cabeza del gobierno militar), el aplazamiento de las elecciones del día 28 y la formación de un nuevo Gobierno… Pero los Hermanos Musulmanes fueron los grandes ausentes de (ese) Viernes de la Última Oportunidad…”

“La amplitud de la manifestación y su violenta represión desencadenaron más movilizaciones que superaron ampliamente el marco de El Cairo y de Alejandría. Al mismo tiempo exhibieron el oportunismo de los Hermanos Musulmanes quienes se negaron a participar en las nuevas movilizaciones.

La complicidad entre los Hermanos Musulmanes y el Ejército frustró la anunciada marcha de un millón contra la cúpula militar.”

Las protestas contra la Junta Militar no mermaron en diciembre. El periódico El País  reportó 60 muertos y más de 2000 heridos tan solo en ese mes (24/12/2011). Por su virulencia contra la población rebelde, el odio contra los militares crecía.

En la celebración del primer aniversario de la caída de Mubarak, el 11 de febrero de este año, grupos opositores convocaron a una huelga general para exigir al Consejo de las Fuerzas Armadas que entregue el poder a una autoridad civil.

Si bien la huelga no tuvo la respuesta esperada por los activistas, la jornada fue vista como el día de la desobediencia civil.

Este proceso no ha sido en vano. Hace unos meses la mayoría de la población tenía confianza en las Fuerzas Armadas, el pilar del Estado capitalista. Ahora han comprendido que son sus enemigas.

 

Las elecciones legislativas

Los Hermanos Musulmanes obtuvieron el 47% de los escaños en el nuevo Parlamento. Su formación, el Partido de la Libertad y la Justicia (PLJ) contará con 235 diputados de un total de 498. En tanto que los salafistas de Al Nur (islamistas radicales) han obtenido el 24% de los diputados, 121 en total. Los laicos del Nuevo Wafd y del Bloque Egipcio fueron la tercera y la cuarta formación más votadas, respectivamente.

El nuevo Parlamento elegirá una comisión encargada de redactar la futura constitución del país africano. Antes de junio, según lo acordado con los militares, también se celebrarán elecciones presidenciales, cuyos participantes tendrán que anunciar su candidatura antes del 15 de abril.

La Revolución se profundiza

Aunque parece muy alto el caudal electoral de la Hermandad Musulmana -47%- no lo es. Ese porcentaje disminuye cuando las masas aparecen en las calles. Y es que las elecciones reflejan sobre todo a las masas pasivas. Y en Egipto cuenta en estos momentos revolucionarios la masa que toma las calles.

Si la movilización continúa, el Ejército tendrá que ceder y adelantar las elecciones. Una ganancia adicional del proletariado egipcio está en que está ganando claridad sobre lo que es la Hermandad Musulmana, que es actualmente uno de los bastiones del capitalismo en ese país.

“Los revolucionarios entienden, afirma Nuria Tesón, que la Hermandad, les ha dado la espalda y que desde antes de las elecciones los Hermanos Musulmanes habrían llegado a algún tipo de acuerdo con los militares. “Desde marzo no les hemos visto criticar a la Junta por los abusos”, dice Bahey el Din Hassan, director del Instituto de El Cairo para el Estudio de los Derechos Humanos.

El rechazo a los Hermanos por su boicoteo a las protestas se extiende.

 

La izquierda radical

Los jóvenes activistas se alistan ya para iniciar una campaña de huelgas en las universidades y centros de trabajo. Han lanzado como consigna principal la creación de un gobierno revolucionario de salvación nacional, la dimisión del fiscal general y el establecimiento de una tabla de salarios.

Dichas demandas forman parte de las planteadas por la Alianza de Revolucionarios de Egipto, que aglutina a más de 50 grupos políticos. Desde el 10 de febrero miles de egipcios participaron en varias marchas contra la Junta Militar que confluyeron en la sede del Ministerio de Defensa en El Cairo. Una de las demandas más coreadas por la multitud fue el juicio de aquellos miembros del ejército responsables de la salvaje represión que se cobró más de un centenar de vidas durante los 12 meses de transición política.

Estas organizaciones denuncian que los militares están por mantener el poder antidemocrático.

Para las masas egipcias, la revolución es, además del rechazo a la dictadura, la demanda de un cambio social profundo, salarios dignos, fuentes de trabajo, contra los privilegios y desigualdades económicas.

Transformar la actual situación de un capitalismo que los explota sin misericordia, sólo se conseguirá, dice la izquierda radical, con un “gobierno revolucionario de salvación nacional”. No obstante sería necesario que ese gobierno tomara forma real aglutinando a las organizaciones obreras, sindicales, populares y juveniles, para que su política se encamine a satisfacer las necesidades de los sectores más vulnerables de la sociedad; en ese propósito, tendría que expropiar a las trasnacionales, a capitalistas y militares enriquecidos. Solamente así iniciaría Egipto una verdadera transformación social.

Fuentes:

Robert Fisk publicó en The Independent el 4 de febrero de 2011

Juan Goytisolo, La plaza de la liberación, suplemento Domingo, El País, Madrid, 1-5-2011.

Alain Gresh de Le Monde Diplomatique (24 de noviembre 2011)

Olga Rodriguez (VS 0 sección Web 08/12/2011)