Todos los mensajes etiquetados historia

Guevara: héroe y mártir de la revolución permanente

Por Nahuel Moreno (Argentino)

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Artículo publicado en La Verdad, 23/10/67, periódico del PRT de Argentina.

Con el asesinato del Che no sólo perdemos los revolucionarios latinoamericanos a nuestro líder indiscutido, junto con Fidel, sino al más apasionado luchador de la revolución permanente de nuestra época.

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Víctor Serge, un desconocido que la izquierda necesita

Por Ramón I. Centeno

Victor Serge

He esperado, sin éxito, algún pretexto para escribir sobre Víctor Serge. Al final, he optado por hacerlo sin alguna razón especial de por medio. Hace unos meses me crucé con partes que desconocía de su pensamiento y, desde entonces, pienso muy seguido en su obra. Antes de eso sólo había leído, hace muchos años, un libro suyo que creo que todo activista serio haría bien en leer: “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión”.

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El terror y el marxismo revolucionario. Sobre el uso político de la violencia

Pluma 24

“Lo que hay que condenar no es la violencia que repara, sino la violencia que destruye”

Maquiavelo, 1469-1527

violenciaLa Violencia 3: Los Revolucionarios, 1969
Rafael Canogar 

En una época en la que la gran mayoría de la izquierda mundial ha abandonado todo proyecto de transformación radical de la realidad y se limita, en Europa, a luchar contra la austeridad o en América Latina, contra las aristas más filosas del imperialismo; el capitalismo no deja de producir fenómenos mórbidos, a menudo extremadamente violentos (como el narco en nuestro país) a los cuales es difícil darles una respuesta que no sea de simple defensa de última línea. La izquierda puede y debe defender los derechos democráticos y humanos, pero limitarse a eso es un suicidio político. Es un signo de nuestra decadencia que tengamos que dedicarnos a defender cosas que fueron instauradas hace más de doscientos años.

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Nelson Mandela explica por qué recurrió a la violencia

Pluma 24

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En los primeros días de diciembre de 2013 murió Nelson Mandela, el hombre que dirigió al pueblo de Sudáfrica en su lucha contra el racismo y la segregación. Como sabemos, a sus funerales acudieron los más importantes personajes de todo el orbe. Lo que poco se sabe es que fue encarcelado en 1963 acusado de usar la violencia. Y era cierto: había recurrido a la lucha armada. El líder compareció en abril de 1964 ante el Tribunal Supremo de Pretoria y explicó sus razones. Fue condenado a cadena perpetua. Estas fueron algunas de sus palabras.

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Genaro Vázquez Rojas: El maestro guerrillero

Por Juanita Acosta

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Publicado en Pluma 24

Genaro Vázquez Rojas nació el 10 de junio de 1931 en San Luis Acatlán, Guerrero. Fue hijo de campesinos pobres, Alfonso Vázquez y Felicitas Rojas. Desde niño solía acompañar a su padre, líder campesino, a las asambleas que organizaban los ejidatarios, por lo que nunca le fue ajena la práctica democrática, la discusión y la búsqueda de consenso que existe entre camaradas.

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LA EXPROPIACION PETROLERA FUE UNA HAZAÑA PROLETARIA, NO DE LÁZARO CÁRDENAS

Por Cuauhtémoc Ruiz

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Este artículo recoge una cuidadosa investigación histórica que contradice una de las principales falsedades de los libros de texto gratuitos: la idea de que el petróleo fue nacionalizado por iniciativa del presidente y general Lázaro Cárdenas.

Este texto fue publicado en la prensa del POS hace 25 años, en marzo de 1988. En ese momento Cuauhtémoc Cárdenas, hijo de Lázaro Cárdenas, se presentaba como el candidato presidencial representativo del pueblo y defensor de las causas nacionales, como la historia oficial dice que fue su padre. Este ensayo tuvo la intención de establecer la verdad histórica y de mostrar a los trabajadores que no pueden confiar en los políticos de la burguesía. Un cuarto de siglo después, las conductas neoliberales y antidemocráticas del hijo del prócer decepcionaron a sus seguidores y hoy es un político venido a menos, desplazado de los reflectores desde 2006, cuando no pudo ser el abanderado del PRD en la contienda electoral. Pero el proyecto actual del PRI-gobierno de privatizar la mayor riqueza nacional le han dado un nuevo realce al hijo del Tata, que pretende aparecer como el continuador de la obra paterna ante la contra reforma energética de Peña Nieto y del PAN.

La verdad histórica, empero, dice otra cosa: los trabajadores sólo pueden confiar en sus propias fuerzas, en su organización, unidad y lucha; y no en personajes como los Cárdenas, padre e hijo.

*Tomado del periódico El Socialista, Partido Obrero Socialista, México, no.94, marzo 1988, editado.

Movilización en el Zócalo de la Ciudad de México, en 1938.

Sigue estando en la mente de millones de mexicanos que la nacionalización del petróleo fue obra principal del general y presidente Lázaro Cárdenas del Río. La historia oficial sostiene que la recuperación de los recursos petroleros se debió “al valor de un hombre que contó con la solidaridad de su pueblo”.

A los trabajadores se nos ha hecho creer que cardenismo es sinónimo de una política acorde con los intereses nacionales, popular, democrática y hasta socialista.

En este artículo, basado exclusivamente en información obtenida en libros escritos por admiradores o apologetas de Cárdenas, demostramos que el General no tenía planeado que su gobierno diera un paso tan trascendental y que la decisión de nacionalizar el petróleo le fue impuesta fundamentalmente por la lucha del proletariado. Fue la imponente movilización obrera y popular la que enfrentó en marzo de 1938 a la administración cardenista al dilema de decretar la expropiación o perder la confianza popular y el mismo poder. Posteriormente, cuando Lázaro Cárdenas creyó que la movilización popular había menguado, estuvo por volver a dejar en manos de las compañías extranjeras una porción de las riquezas petroleras, pero nuevamente la acción proletaria de lo impidió.

  1. I.              CONCESIONES DE CÁRDENAS A LAS COMPAÑÍAS

Cuenta el historiador de origen israelita Tzvi Medin que el conflicto petrolero surgió del choque entre las compañías extranjeras y las exigencias de los obreros, organizados en 1936 en el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana e incorporado a la CTM (Confederación de Trabajadores de México). Las condiciones salariales y laborales de los trabajadores petroleros eran pésimas.

El 26 de julio de 1936 fueron presentadas por el sindicato las exigencias obreras de aumento de salarios y de prestaciones en el primer proyecto de Contrato de Trabajo. Las compañías rechazaron estas exigencias al afirmar que les costarían 65 millones de pesos.

Ante el conflicto “(…) el Estado intervino constituyendo una convención obrero-patronal con la participación de delegados gubernamentales. La convención se prolongó durante 120 días, finalizando en mayo de 1937 en un rotundo fracaso. A fines del mismo mes estalló la huelga de los obreros petroleros”.

Sigue narrando el mismo historiador que “los obreros suspenden la huelga y plantean frente a la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje un conflicto de orden económico, lo que implicaba que un grupo de peritos debía examinar, por parte del gobierno, el estado económico de las empresas para verificar si las mismas se encontraban en la posibilidad económica de satisfacer las demandas de los obreros”.

El dictamen de la comisión pericial fue elaborado y en él se considera que “… la situación financiera de las empresas petroleras debe calificarse de extraordinariamente bonancible y que sin perjuicio alguno para su situación se encuentran capacitadas para acceder a las demandas de los obreros hasta por una suma anual de 26 millones de pesos”.

Los obreros petroleros demandaban 65 millones de pesos en aumentos salariales y prestaciones, mientras que la comisión pericial del gobierno de Cárdenas, a pesar de reconocer que la situación de las empresas era “extraordinariamente bonancible”, sólo las mandató a pagar a sus trabajadores 26 millones. El gobierno de Cárdenas, a través de la comisión mencionada, protegió la economía de las empresas imperialistas ante las exigencias obreras, mandatándolas a pagar una suma muy por debajo de lo que demandó el sindicato petrolero.

“Los obreros aceptaron el informe de los peritos, pero no así las empresas petroleras, que anunciaron que estaban dispuestas a pagar un máximo de veinte millones de pesos”.

 

Entonces, Cárdenas pensó que si concedía a la mayor empresa petrolera, la compañía inglesa “El Águila”, la explotación de los ricos yacimientos de Poza Rica, ésta acataría el laudo de la Junta. Ofrecía así un jugoso negocio a los imperialistas: éstos pagarían los 26 millones a que los obligaba la Junta, y a cambio les concesionaría la explotación en la región mencionada.

“A principios de noviembre de 1937 –dice Tzvi Medin-, el gobierno concertó un acuerdo con “El Águila”, según el cual la compañía inglesa recibía una nueva concesión para la explotación de la zona de Poza Rica, considerada uno de los más grandes depósitos petrolíferos del mundo. “Cárdenas no había planificado la expropiación, y el acuerdo concertado con “El Aguila” es una demostración de ello”, agrega este autor.

El historiador soviético Anatol Shulgovski afirma que el petróleo mexicano y especialmente el que la empresa inglesa extraería de la región veracruzana tenía, además de un enorme valor económico una gran importancia estratégica para el imperio británico. “Según las palabras que recogió de Van Jaselt, representante de la compañía El Águila, esta región no era inferior a las zonas petrolíferas de Irak. Como consecuencia del inminente conflicto bélico que se aproximaba, la Segunda Guerra Mundial, el petróleo mexicano adquirió para Inglaterra un significado particularmente importante. La prensa de Inglaterra y de los Estados Unidos señalaba que las nuevas concesiones le daban a Inglaterra la posibilidad de transportar el petróleo a través del Océano Atlántico, evitando así el más peligroso camino, el del Mar Mediterráneo”.

Un mes después de este hecho, el 18 de diciembre de 1937, “la Junta Federal, valiéndose del peritaje, pronunció un laudo, según el cual las empresas debían pagar a sus obreros los 26 millones reclamados.”

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LA TOSUDEZ DE LAS COMPAÑÍAS ATIZÓ LA LUCHA

Cárdenas esperaba que luego de entregarle Poza Rica, la empresa con nombre de ave de rapiña y las demás compañías petroleras extranjeras en México acatarían el laudo de la Junta. En lugar de ello las empresas ejercieron una serie de medidas de presión económica contra México, como el envío de barcos y carros tanque a Estados Unidos; retiraron cuantiosos fondos de los bancos y provocaron una devaluación del peso ante el dólar. Además, solicitaron a la Suprema Corte de Justicia de la Nación amparo contra el laudo dictado por la Junta.

Esta reacción de las compañías imperialistas provocó un alza sin precedentes de las protestas obreras y populares en todo el país, una intensificación de las protestas que a la fecha no ha vuelto a ser vista en México.

“El día 7 de marzo de 1938, los empresarios tuvieron una reunión con el Presidente Cárdenas. Adujeron su imposibilidad de cumplir el laudo de la Junta y consultaron si podían aplazar su cumplimiento.

“A las diez de la noche de ese mismo día, los dirigentes del sindicato petrolero le comunicaron al presidente Cárdenas su acuerdo de “dar por terminados los contratos de trabajo en vista de la actitud rebelde de las empresas”…”. La nueva negativa de las compañías imperialistas atizó todavía más la movilización del proletariado mexicano. Se preparaba la huelga petrolera y, tras ella, la huelga general.

“El rompimiento de los contratos -dice Fernando Benítez- significaba la suspensión de los trabajos en toda la industria y por consiguiente su paralización definitiva. Sin embargo, el día 8, en una tercera junta con los petroleros, el Presidente insistió todavía en que las compañías no deberían pagar más de los 26 millones, y se comprometió “a que el laudo sea reglamentado en tal forma que no provoque ninguna dificultad entre las empresas y los obreros”.

Todavía el 10 de marzo hubo otra entrevista entre los representantes de las compañías y Cárdenas. Un día antes, el Presidente se había entrevistado con el embajador inglés y éste le dijo:

“Me parece absurdo que las compañías no acepten el fallo. Hemos dejado el asunto en manos de los americanos, pero nosotros los ingleses estamos en mayoría y voy a convencerlos de que les conviene ceder”.

“El Presidente, creyendo que el embajador O’ Malley había influido en los representantes de la empresas, los mandó citar, y cuando los tuvo en su despacho les preguntó:

“¿Han reflexionado sobre el problema y me traen solución?”

“Señor Presidente, le traemos un memorándum con las razones por la cuales no podemos aceptar su propuesta”, contestaron.

EXPROPIAR O PERDER EL PODER, TAL FUE EL DILEMA

La situación que había en México en ese entonces es narrada así por Shulgovski:

“Por todo el país, los trabajadores se preparaban para huelga general en apoyo de los trabajadores petroleros. Los obreros exigían del gobierno la anulación de todos los contratos que dejaban de regir desde el 18 de marzo de 1938. Pero antes de que llegara la fecha señalada, los petroleros comenzaron a abandonar el trabajo. La milicia obrera, creada especialmente, resguardaba los objetos más importantes de las regiones petroleras. Los obreros impedían que las compañías extrajeran la maquinaria más valiosa”.

Dos horas antes del discurso con el que Cárdenas anunció la expropiación, “se habían suspendido completamente las labores en las regiones petroleras”.

“El economista mexicano Jesús Silva Herzog con gran exactitud definió la situación en aquel entonces: si el general Cárdenas no realiza la nacionalización, su gobierno no se hubiera podido sostener en el poder”.

Cárdenas hizo todo lo posible por no afectar, por no expropiar a las compañías imperialistas petroleras en México. Les hizo todo tipo de concesiones y dio garantías, pero éstas se mantuvieron inflexibles y no cedieron. En el otro extremo, los obreros mexicanos y el pueblo se lanzaron a la lucha como nunca antes lo habían hecho ni han vuelto a hacer, poniendo en peligro el gobierno capitalista de Cárdenas. La expropiación petrolera, entonces, se consumó en contra de la voluntad de Cárdenas, a quien no le quedó otra alternativa sino dar ese paso o, como vaticinó en ese momento Silva Herzog, “no se hubiera podido sostener en el poder”.

Hasta un apologeta de Cárdenas como Fernando Benítez reconoce que si las compañías petroleras hubieran cedido el día 10 de marzo: “habrían logrado prolongar un imperio que 40 años después, en manos de México, figuraría entre las empresas más poderosas del mundo”.

Saquemos otra conclusión: el cardenismo es una corriente nacionalista burguesa que, en su momento de esplendor, en la década de los 30s del siglo pasado, estuvo porque en México coexistieron los capitales imperialistas con los intereses nacionales. El nacionalismo burgués que encarnó mejor que nadie el general Cárdenas trató siempre de pactar con el imperialismo para que éste no resultara afectado en los inmensos intereses que tenía en México. Sólo cuando Cárdenas sintió que estaba amenazado su poder por la huelga general proletaria que estuvo a punto de estallar, se decidió a expropiar uno de los enclaves imperialistas en el país.

Ahora veremos cómo el cardenismo, durante la gesta por la recuperación petrolera, se manifestó como una corriente anti obrera. Y veremos también cómo el verdadero héroe que conquistó el petróleo para México fue el proletariado, y a su cabeza los trabajadores petroleros.

III. LA MOVILIZACION OBRERA Y POPULAR IMPUSO LA EXPROPIACION

Hemos dicho que la expropiación petrolera fue obra de las luchas de los obreros y campesinos. Los cuatro primeros años de administración cardenista son los de mayor auge de las movilizaciones del pueblo mexicano. En el año de 1934 hubo 202 huelgas, en las que participaron unos 15 mil obreros; al año siguiente el número de huelgas se incrementó espectacularmente, pues hubo 642, y los huelguistas aumentaron en más del 1000 por ciento, al haber 145 mil. La temperatura subió más en 1936, porque hubo 674 huelgas. Y en 1937, en los meses previos a la expropiación, las huelgas llegaron nada menos que a 833, con 185 mil obreros en lucha. Debe considerarse que en 1938 en México la población apenas llegaba a unos 20 millones, y que el número de obreros y de establecimientos industriales era también muchísimo menor al actual.

La lucha en el campo también fue muy intensa. A fines de 1936 las movilizaciones de los obreros agrícolas impusieron la expropiación de tierras en la Comarca Lagunera. En este año fue fundada la Confederación de Trabajadores de México (CTM). A mediados de 1937 los ferrocarrileros, otro de los sectores de vanguardia del proletariado, conquistó la nacionalización de este medio de transporte, el que durante algunos años quedó bajo su administración.

Dentro de este ascenso de las luchas se destacó la de los petroleros. “A comienzos de los años treinta -relata Shulgovski- los movimientos se sucedían ya en una, ya en otra región petrolera. Se fortaleció inconmensurablemente entre las filas de los petroleros la aspiración a la unidad”. En 1934 se creó el sindicato nacional petrolero y en julio de 1936 tuvo su primer congreso extraordinario. En noviembre de 1936 exigió la firma de un contrato colectivo de trabajo y el 31 de mayo de 1937 estalló la huelga general petrolera.

“En vísperas de la huelga, la dirección de la CTM se dirigió a todos los sindicatos que integraban sus filas; las peticiones de los obreros, decía, son justas y legales; la decisión de los petroleros requiere apoyo con todos los recursos posibles… La dirección sindical llamó a los trabajadores a dar pasos concretos para la organización de la ayuda a los huelguistas. Dicho movimiento de solidaridad debía encauzarse por la línea de organización de mítines y demostraciones, de propaganda entre la población, así como de la creación de comités sindicales de colaboración con los petroleros. En caso de necesidad, decía la CTM, otros destacamentos de la clase obrera declararán una huelga general de solidaridad”.

IV. CARDENAS CONTRA LOS TRABAJADORES PETROLEROS

La historia oficial ha difundido la especie de que Cárdenas alentaba las huelgas y apoyaba los derechos obreros. Pero por estas fechas el periódico El Nacional, vocero del gobierno, publicó un Editorial titulado “Llamado del Presidente a los trabajadores y empresarios”, el cual, según Shulgovski, hacía tales consideraciones que “significaban un pronunciamiento contra la huelga general de solidaridad… Para que el movimiento no escapara al control de gobierno, éste buscaba la terminación de la huelga trasladando la solución del conflicto a los cauces institucionales”.

En estas condiciones, los agentes de Cárdenas en la CTM, Lombardo Toledano y Fidel Velázquez maniobraron dentro de la central sindical para que ésta renunciara a su idea de apoyar la huelga petrolera. Y el 12 de septiembre de 1937 Cárdenas volvió a lanzarse contra los trabajadores petroleros. Declaró el Presidente que el sindicato petrolero ha “desdeñado toda transacción que, con un mínimo de sacrificio de sus principios y con ligera mengua de sus intereses permita un acercamiento conciliatorio que ponga fin a las dificultades…”

En noviembre de 1937, luego del acuerdo con la compañía “El Águila” (mediante el cual, como hemos dicho, Cárdenas le concesionó la explotación de la zona de Poza Rica), volvieron a tensarse las relaciones entre el gobierno y los trabajadores. “Los obreros… estaban descontentos por el acuerdo entre el gobierno y las compañías inglesas, referente al otorgamiento de nuevas concesiones, considerando que con marcha atrás y compromisos, era imposible frenar a los monopolios imperialistas”.

El año de 1937 terminó con nuevos enfrentamientos: “en diciembre de 1937, los obreros petroleros apoyados por otros destacamentos del proletariado, declararon su intención de realizar un paro de 24 horas, exigiendo de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje inmediatamente la resolución. En algunas regiones petroleras hubo paros cortos. “Ante la disyuntiva de una nueva acción de los trabajadores, el gobierno condenó la presunta huelga como ‘ilegal’. En la declaración del gobierno se decía que dicha huelga era un acto hostil a las instituciones revolucionarias…”

LAS DECLARACIONES DEL GOBIERNO CARDENISTA NO FRENARON LA LUCHA

Pero los obreros no se amilanaron. Y a pesar de que sus dirigentes sindicales eran cardenistas (Lombardo Toledano y Fidel Velázquez), en febrero de 1938 los obreros impusieron que se reuniera la CTM. “El Congreso de la CTM celebrado a fines de febrero de 1938 demostró una vez más la decisión de la clase obrera de luchar hasta el final contra la política provocadora de las compañías. En la resolución del congreso se subrayó la tarea de rechazar la ofensiva del imperialismo, también se acordó que, en caso necesario, los obreros tomarían la dirección de la administración de la industria petrolera.

“(…) Por aquel tiempo se intensificaba la lucha de los petroleros. En las regiones petroleras del país se celebraban mítines masivos de obreros con motivo de la visita a estas regiones del secretario del Trabajo. El sindicato de petroleros llamó a sus hermanos de clase a cohesionar más estrictamente sus filas contra el imperialismo y la reacción interna. La CTM desplegó una gran actividad en la movilización de la clase obrera para el apoyo de la lucha de los petroleros. En un telegrama-circular del Comité Ejecutivo Nacional a las organizaciones locales, se hablaba de la necesidad de desplegar por todo el país demostraciones y mítines de solidaridad con la lucha de los petroleros”.

Y el día primero de marzo de 1938 (fecha en que la Suprema Corte debía determinar si otorgaba o no el amparo pedido por las compañías contra el laudo de la Junta de Conciliación), “desde todos los confines de la capital hasta el edificio de la Suprema Corte se dirigieron delegaciones de los sindicatos. Sobre sus cabezas ondeaban numerosas mantas con consignas antiimperialistas. “La sala de justicia estaba repleta de reporteros y representaciones diplomáticos. La sesión de la corte se convirtió en un proceso de acusación a las compañías imperialistas. Encendidos discursos patrióticos, exclamaciones de aprobación o indignación, tal era la atmósfera en que transcurría la sesión”.

Ya hemos narrado cuál era el ambiente en el país el 18 de marzo de 1938. La movilización obrera y popular era tan fuerte que Silva Herzog diagnosticó que si el gobierno de Cárdenas no actuaba en consonancia con los reclamos del proletariado iba en camino de perder el poder. En el discurso en que anunció la nacionalización, Cárdenas reconoció lo mismo. Justificando el trascendental paso que estaba dando, dijo que la prolongación del conflicto llevaría a que “la actividad financiera se paralizara, resultaran imposibles todo tipo de comercio, de trabajos sociales y de medidas de primera importancia, además de que la existencia del mismo gobierno se vería amenazada, ya que el perder el Estado su poder económico se llegaría a la pérdida del poder político…”.

El 23 de marzo de 1938 hubo en todo México manifestaciones antiimperialistas en las que participó más de un millón de personas. Y el 26 de abril cerca de 30 mil obreros unidos en batallones participaron en un desfile en la capital. “Los círculos democráticos del ejército apoyaron la idea de crear los batallones obreros y expresaron su acuerdo de impartir educación militar a los trabajadores”.

La fuerza y presencia social y política el proletariado era tan grande que, luego de la expropiación, el Consejo Administrativo, creado provisionalmente para dirigir la empresa, tuvo que encargar a los jefes de las secciones del sindicato de petroleros, ejercer funciones de consejeros locales y controlar los procesos productivos en sus localidades.

En resumen, el proletariado estuvo dispuesto a emplear la huelga general, se organizó parte de él en milicias armadas, arrastró a otras capas de la población explotada y oprimida e impuso la expropiación no sólo en contra de las compañías extranjeras sino del mismo Cárdenas y su gobierno. Lo hizo contra el gobierno de Cárdenas, que amenazó sus huelgas y llegó a considerar a una de ellas “ilegal”; también lo hizo sin dirigentes que representaran genuinamente sus intereses, pues a su cabeza estaban líderes a los que hoy llamamos charros. Tampoco encontró el proletariado a su guía en el Partido Comunista Mexicano, pues este partido, dominado por el dictador soviético José Stalin, apoyó fervientemente a Cárdenas. A pesar de todo ello los obreros impusieron la expropiación y, con ella, un México más soberano y libre.

EL PROGRAMA PRESIDENCIAL DE CÁRDENAS NEGABA LA EXPROPIACIÓN

La historia oficial ha dejado la idea de que Cárdenas tenía planeado decretar la expropiación petrolera y que sólo buscó el momento oportuno para hacerlo. Sin embargo, el historiador de origen israelí Tzvi Medin reconoce que “… ni el Plan Sexenal ni Cárdenas postularon con anterioridad al 18 de marzo de 1938 la expropiación de las empresas petroleras.

“Solamente se intentaba la limitación de las mismas en beneficio del interés nacional… Lo que se quería era la reforma de las condiciones existentes, pero no la desaparición de las empresas extranjeras que operaban en el país. Lo que se buscaba parecería que fuera lo que algunos ideólogos latinoamericanos reformistas consideran como la posibilidad de la humanización del capital, como la posibilidad de una convivencia con capitales imperialistas que tomen en cuenta las necesidades nacionales (…) “Cárdenas no postulaba la expropiación y la misma no fue consecuencia de un plan determinado…”, concluye este historiador.

Una opinión similar expresa Manuel López Gallo: “El programa de trabajo cardenista ni siquiera dejaba entrever que don Lázaro hubiera tenido la intención de expropiar los bienes de las empresas petroleras. El Plan Sexenal claramente expuso el ideario sobre la cuestión campesina. En cuanto el petróleo, únicamente mencionaba la necesidad de ampliación de las zonas de reservas nacionales.”

Lorenzo Meyer afirma que la ley de expropiaciones de 1936 no fue un instrumento jurídico deliberadamente creado por Cárdenas para legitimar la posterior nacionalización petrolera.

El programa de Cárdenas no contemplaba la expropiación y hasta se oponía implícitamente  a tal medida, ya que en el proyecto gubernamental del “Tata” se considera que en el país pueden coexistir los capitales imperialistas con las “necesidades nacionales”.

El último sueño de Maquiavelo

Por Camilo Ruiz Tassinari

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Dicen que, poco antes de morir, Maquiavelo tuvo el siguiente sueño: Una multitud aparece, llena de gente extremadamente pobre y que claramente ha sufrido toda su vida. Sus ropas no son más que harapos, sus pieles están chupadas por el hambre. Maquiavelo sabe que estas son las personas para quien Lucas escribió “Benditos sean los pobres, pues para ellos es el paraíso”. La gente pobre desaparece, y a continuación un grupo reducido de individuos, todos ellos majestuosos y graves, entran a un senado o sala de audiencias. Entre ellos Maquiavelo reconoce a Platón, Séneca, Plutarco, Tácito y otros similares. Maquiavelo pregunta quiénes son esas personas tan majestuosas, y una voz le responde que son los malditos y que sus almas tienen prohibido entrar al cielo. “La sabiduría del mundo está en enemistad con Dios” dijo Maquiavelo al relatar su sueño. Luego le preguntan a cuál de los grupos le gustaría pertenecer, si le gustaría entrar al cielo o quedarse con almas malditas; a lo que Maquiavelo responde sin pensarlo que preferiría irse al infierno y discutir asuntos de Estado con las grandes mentes a quedarse en el cielo junto con esas “alimañas sinvergüenzas” que le habían mostrado antes.

La anécdota, contada por primera vez por un religioso francés de principios del siglo XVII, unos cien años después de la muerte de Maquiavelo, es muy probablemente cierta, y explicativa del pensamiento del italiano. Si cada época ha inventado a su propio Maquiavelo de acuerdo a sus necesidades, el estilo y la ironía de su escritura ha sido precisamente el elemento sacrificado en esa larga búsqueda de respuestas políticas. El día de hoy estamos bastante seguros de algunas de las preferencias políticas del pensador renacentista que, si bien no eliminan esa necesidad de reinterpretación permanente, al menos sí la encuadran en una serie de hechos sobre los que tenemos certeza. Por ejemplo, Maquiavelo, como se puede ver, era profundamente anticlerical. También prefería las repúblicas a las monarquías o los principados. Eso no significó que, en un mundo lleno de monarcas absolutistas, Maquiavelo no buscara trabajo con ellos, -con los Medici en Florencia- ; pero lo hizo para su disgusto y bajo otra idea, si se quiere superior: la creencia de que la tarea primordial era unificar a Italia en tanto que nación, y que esto podía ser llevado a cabo con igual efectividad por una república o por un principado; y que por tanto la distinción democracia/autoritarismo era secundaria respecto a la tarea de la unificación nacional.

Pero eso no significaba que Maquiavelo no fuera profundamente crítico hacia los monarcas con los que esperaba trabajar. Es aquí donde entra en juego su ironía y su estilo. Las burlas del italiano hacia el Vaticano y hacia los Medici alcanzan a veces niveles surrealistas. Por ejemplo: en el último capítulo de El Príncipe, donde Maquiavelo hace un llamado a los “liberar Italia y expulsar a los bárbaros” –llamado que tiene como recipiendarios a la familia Medici, en ese momento en poder en Florencia y en el Vaticano; y que Maquiavelo esperaba que pudieran, a partir de la unificación de esas dos fuerzas en el centro de la península, expandirse hacia los extremos para someter a los otros estados y expulsar a los ejércitos extranjeros- en ese último capítulo escribe lo siguiente: “Italia espera a quien pueda curar sus heridas y ponerle fin a los saqueos en Lombardía y a las contribuciones del Reame y de Toscana, y cauterizar las llagas desde tanto tiempo gangrenadas”. En el original, Maquiavelo no utiliza precisamente la palabra “gangrenadas”, sino el vocablo “infistolite” que quiere decir “llena de fístulas”.

¿Por qué utilizar una palabra tan específica, que inevitablemente hace referencia a un padecimiento médico? La historia es la siguiente: Cuando el Papa Julio II murió en 1513 (mientras Maquiavelo escribía el Príncipe) y se congregó el cónclave para elegir al nuevo representante de Dios en la Tierra, el Cardenal Giovanni di Lorenzo di Medici (tío del dedicatario del Príncipe) cabalgó lo más rápido que pudo desde Florencia a Roma para estar presente desde el principio del cónclave. El problema es que Giovanni tenía, probablemente desde su nacimiento, una fístula anal. Normalmente el cardenal mantenía semejante padecimiento bien desinfectado y a raya, pero uno puede imaginarse las consecuencias que un viaje a caballo de varias horas tuvo para esa fístula. Cuando el cardenal Medici llegó a Roma olía tan mal que el resto de los cardenales tuvieron que pedir que no se sentara junto a ellos en el cónclave, porque no podían soportar el hedor. Todo mundo creía que se iba a morir, al punto que Giovanni jugó la siguiente treta: aislado del resto de los cardenales, le pidió a su secretario que les hiciera saber que la familia Medici estaba dispuesta a pagar una enorme suma de dinero a cambio de que lo eligieran: la familia quería “congraciarse” con el Espíritu Santo y hacer a uno de sus más distinguidos miembros Papa antes de que muriera. Por el otro lado, el Vaticano no perdería nada pues como Giovanni claramente estaba por morir en unos pocos días o semanas que esto sucediera se podría convocar a un nuevo cónclave y elegir al Papa que ellos realmente quisieran. En el inter, la Iglesia de Pedro recibiría una generosa donación y se consagraría con la familia más poderosa de Italia.

Pero tan pronto como llegó a Roma, Giovanni di Medici se sometió a un largo (y seguramente doloroso) tratamiento de curación y desinfección; los cardenales cayeron en la trampa y lo hicieron Papa, y para cuando el recién nombrado León X salió al balcón de la Basílica de San Pedro a saludar a la prole por primera vez, su estado de salud era tan bueno y su recuperación tan milagrosa que los cardenales, atónitos, corrieron al preguntarle al secretario qué había pasado “No lo sé –dijo este- probablemente la gracia de Dios lo curó…”

Y así los Medici se hicieron con el poder del Vaticano. Maquiavelo habría de cifrar en ellos sus esperanzas de liberación nacional, pero no sin antes recordarle a todo el mundo de los padecimientos infecciosos de los supuestos próceres liberadores.

Poco después del primer registro escrito que tenemos del último sueño de Maquiavelo, otro religioso francés –pero esta vez un protestante- Innocent de Gentilli escribió un largo texto de polémica donde denunciaba al italiano como un instrumento del diablo. El argumento de Gentillet se reduce a la siguiente idea: Maquiavelo no inventó, como se cree, la ciencia política, sino la ciencia tiránica, pues toda su filosofía es una guía para que los tiranos dominen a los pueblos. Gentillet tiene razón, pero no de la manera en que él cree. En efecto, Maquiavelo inventa la ciencia tiránica al mismo tiempo que la ciencia política, porque estas dos son una y la misma cosa: la política se reduce al ejercicio del poder, y para que haya poder tiene que haber uno que lo ejerza y otro sobre el que sea ejercido. En pocas palabras, una tiranía. Para hablar de política –o para ejercerla-, pues, hay que asumir lo anterior y llevarlo a sus últimas consecuencias. Maquiavelo era consciente de esto y de sus consecuencias. Ante todo, el rechazo mutuo y sin concesiones del paraíso. Pero si una crítica habría que hacerle al pensador italiano, sería exactamente esa: El homo politicus tiene que rechazar abiertamente el paraíso de los pobres para quienes fue inventado, pero precisamente su tarea principal consistiría en convencer a esas “alimañas sinvergüenzas” harapientas y hambreadas de darle la espalda a las puertas del paraíso; en hacerlos también malditos.

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A 96 años de la Revolución Bolchevique: Cuando los trabajadores tomaron el cielo por asalto

Por NUPORI (Núcleo por un Partido Revolucionario Internacionalista)

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Los días 24 y 25 de octubre (8 y 9 de noviembre según el calendario occidental) de 1917 se produce el acontecimiento más grande de la historia de la humanidad. La clase trabajadora rusa, aliada con los campesinos pobres y bajo la dirección del Partido Bolchevique, derriba al Gobierno Provisional surgido de la revolución de febrero, entregando el poder a los sóviets de obreros, soldados y campesinos.

Se iniciaba así la construcción de una nueva sociedad, en la que por primera vez millones de personas intervenían directamente, a través de los sóviets, en la gestión de la sociedad. Millones de obreros, soldados y campesinos pobres, en los meses de febrero a octubre, habían pasado por la escuela de los demócratas burgueses y sus aliados mencheviques y social-revolucionarios. Con estos partidos en el Gobierno Provisional las cuestiones centrales que las masas necesitaban solucionar (la paz, el pan y el reparto de la tierra) no habían avanzado ni un centímetro.
Historia de la Revolución Rusa. León Trotski

Tomado de Trinchera de los Trabajadores. Periódico de NUPORI (Núcleo por un Partido Revolucionario Internacionalista), República Dominicana, organización fraterna integrante del Comité por la Reagrupación Internacional Revolucionaria (CRIR)
Año 3 No. 4. Octubre – Noviembre

El Che, era socialista. Su lucha continúa

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A 46 años de su muerte

Este ocho de octubre se cumple un año más del cobarde asesinato de Ernesto “El Che” Guevara a manos del  ejército boliviano. Miles de jóvenes y luchadores sociales, en diferentes partes del mundo, recordarán esta infamia perpetrada en contra del dirigente revolucionario, así como también realizarán actos para reivindicar su trayectoria.

Desde este espacio el Partido Obrero Socialista se suma a estos homenajes. Y aprovechamos la ocasión para ofrecer a Ustedes nuestra visión, por medio de esta semblanza, del activista guerrillero que conmocionó al continente latinoamericano y al imperialismo yanqui hace ya cerca de cinco décadas.

Cuba socialista, su primer legado

El Che nos dejó el acontecimiento histórico más importante de esta post guerra en nuestro continente: La revolución cubana.

Esta primera obra de expropiación a la burguesía y al imperialismo en América (que hoy viene prostituyendo Fidel Castro), abrió la puerta para que de inmediato comenzará a desarrollarse en la región un potente movimiento nacionalista y revolucionario, que fue bien comprendido por el dirigente guerrillero bajo la estrategia de hacer la revolución en toda América Latina.

Su internacionalismo y socialismo chocó con la posición estalinista

Debe recordarse que los partidos comunistas de esa época, influenciados la gran mayoría por la burocracia stalinista soviética, no estaban por hacer la revolución social, lo que en término concretos significaba que se oponían a extender la revolución cubana hacia otros países de la región. Su postura política estaba más por apoyar a los sectores burgueses “progresistas” y/o “nacionalistas”. Así el intento del Che por extender la revolución se enfrentó no sólo al imperialismo y a las burguesías, sino que también chocó con los intereses contrarrevolucionarios de los falsos socialistas enquistados en el Kremllin, quienes trabajaron en su contra.

No deificar su figura

Nosotros, los marxistas contemporáneos, los trotskistas, no somos religiosos ni tenemos la intención de deificar al Che. Nuestra manera de honrarlo es poniendo de relieve sus aportes y, al mismo tiempo, manteniendo una visión crítica sobre su obra.

Guerrilla o lucha obrera y de masas

El comandante consideraba que la guerrilla era la única vía para hacer la revolución. Jamás se detuvo a hacer un análisis específico de cada país y de la lucha de clases interna, lo que le hubiera permitido distinguir una riqueza de métodos para la acción y entender que la guerrilla era solamente uno más entre tantos. Que podía o no utilizar dependiendo del contexto social e histórico de país o región en concreto. El extremo fue emprender acciones guerrilleras donde las condiciones eran totalmente desfavorables.

 

Menosprecio al movimiento obrero y de masas

Guevara siempre vio con desdén las organizaciones y las acciones de las masas trabajadoras urbanas. Nunca buscó enlazarse con este sector, ni tuvo una política para permitir la entrada en la escena de la lucha de estas fuerzas proletarias. Tampoco promovió ni intentó desarrollar estas formas organizativas.

No vio la necesidad de un partido proletario

Creía que basta tan solo un grupo de 30 a 50 hombres armados que, valientes y decididos, inflamaran al resto de la población para realizar la revolución. En ese esquema no cabía la necesidad de construir un partido dotado de un programa revolucionario. La enseñanza que nos deja este error es que el voluntarismo, por honesto que sea, no  basta para cumplir las tareas que a la clase explotada  (organizada en su propio partido) le corresponde realizar.

Los errores teórico programáticos del Che ya se venían manifestando después de la experiencia cubana, en sus reveses en el Congo y en otros países. Finalmente estos culminaron con la muerte del comandante en el poblado de La higuera, en el oeste de Bolivia. Claro que atrás de su deceso también está la traición o abandono por parte de la burocracia soviética y cubana.

Más grande que sus yerros son su incansable militancia revolucionaria, su voluntad inquebrantable de poner en práctica sus proyectos e ideales y, sobre todo, su moral a toda prueba, que le permitió dejar la vida cómoda de alto funcionario dentro del gobierno cubano por la lucha y finalmente la muerte junto a sus camaradas y campesinos de un pequeño país de la América oprimida.

El programa desconocido del CNH en 1968: Hacia la toma del cielo por asalto

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Nuestra lucha ha venido a poner al desnudo no sólo el carácter represivo del gobierno, sino también la estructura de injusticia y explotación sobre a cual descansa. El apoyo que los sectores populares nos han prestado nos obliga a poner en discusión dicha estructura y a plantear a las masas populares nuestros puntos de vista, acerca de cómo transformarla y de la línea de acción que conjuntamente estudiantes, obreros campesinos, empleados, en una palabra el pueblo en su conjunto, debemos poner en acción para desterrar de nuestro país, de una vez por todas, la explotación, la miseria, el abuso y la represión.

Así inicia el programa político del CNH, aprobado pocos días antes de la intervención militar a la Ciudad Universitaria. La comisión que lo redactó fue encabezada por Carlos Sevilla González (apasionado trotskista fallecido el 4 de octubre de 2011.Sirva esta nota como pequeño homenaje) y en ella participaron miembros del CNH y otras personalidades, entre ellos el gran escritor y socialista revolucionario José Revueltas. El CNH resolvió que se reprodujera el documento para todos sus miembros. El día de la invasión militar Sevilla fue detenido por el ejército cuando distribuía este texto.

Se ha observado correctamente que el pliego petitorio inicial del CNH contenía sólo demandas democráticas. Pero este texto democrático muestra que en el CNH maduraban las condiciones para la ampliación de su horizonte que se dirigía hacia una concepción claramente definida por el carácter revolucionario de sus demandas. En el seno de la organización estudiantil estaba en curso una discusión que apuntaba a concretar la alianza obrero-campesina-estudiantil bajo un programa político que tenía como bandera una transformación radical de México.

En sus párrafos introductorios se incluían las siguientes líneas:

El gobierno no es el gobierno de todos los mexicanos, sus recursos están dedicados, casi en su totalidad a asegurarse (sic) a incrementar los privilegios de la gran burguesía formada por los grandes industriales, los grandes comerciantes, los grandes terratenientes, los banqueros y los corruptos políticos de la familia revolucionaria.

El PRI es el organismo de control político que obliga a las masas a moverse y a votar  por sus candidatos mediante el engaño, las amenazas y el chantaje. Desde hace mucho tiempo ha dejado  de representar  a cualquiera de los sectores populares que obliga a mantenerse en su seno, para servir directamente a la gran burguesía.

A continuación enlistaba sus demandas:

a)  Defensa y mejoramiento de los niveles de vida mediante aumento de salarios inmediatos y aumentos sucesivos conforme aumentan los precios.

b) Detener la desocupación reduciendo la jornada de trabajo.

c) Control obrero como medio de asegurar un reparto justo de las utilidades.

d) Libertad de los presos políticos y respeto de las garantías individuales por parte del gobierno.

e) Ganar la independencia y la democracia sindicales formando comités de lucha elegidos directamente por los trabajadores.

f) Por una central de trabajadores sobre la base de los comités de lucha.

g) organizar comités de lucha campesinos.

h) Por créditos oportunos y baratos. Por la administración de los bancos oficiales de crédito agrícolas y ejidal, por los propios campesinos y sus representantes, sujetos a remoción cuando sea necesario.

i) Mayores recursos al campo.

j) Eliminar los intermediarios, haciendo comités de lucha campesinos y de trabajadores a su servicio.

k) Luchar por reconquistar las tierras que han sido arrebatadas a los campesinos cuando se han realizado obras hidráulicas y de mejoras por parte del gobierno.

El programa concluía de manera contundente:

Si mañana nuestros centros de estudios se ven ocupados por la bota militar, nosotros partiremos al campo de la batalla nacional con este Programa en la mano y no nos detendremos ante ninguna circunstancia, caiga quien cayera y hágase lo que se hiciese.

La importancia de este texto histórico es de gran magnitud. Sin duda representa la base para emprender  la formación de lo que será el “Programa de la Revolución Socialista en México” que se forjará en las futuras luchas.

El CNH y la alianza obrera, campesina y estudiantil

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Durante el movimiento estudiantil de 1968 también se dieron indicios de la unidad estudiantil, obrera y campesina. Sectores de trabajadores asalariados como los maestros y los empleados fueron de los apoyos más importantes del movimiento. Los profesores universitarios y del politécnico formaron la Coalición de Maestros de Enseñanza  Media y Superior Pro Libertades Democráticas. Igualmente sectores de obreros industriales hicieron patente su apoyo a los estudiantes. Trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad y el Grupo de Sindicatos Independientes se pronunciaron a favor del movimiento en desplegados aparecidos en la prensa nacional el 13 de septiembre, día de la gran manifestación silenciosa. El Sindicato Revolucionario de Trabajadores de la Fábrica de Loza “el Ánfora” y la Comisión Organizadora de Telefonistas también se sumaron a la exigencia del cumplimiento de los seis puntos del pliego petitorio estudiantil.

Por su parte el movimiento nació con la idea de que debería de ligarse con los trabajadores. La exigencia de que fuera derogado el artículo 145 del Código Penal, uno de los famosos seis puntos del no menos famoso “pliego petitorio”, fue enarbolado en solidaridad con los ferrocarrileros presos, que sufrían cárcel por violar ese ordenamiento. Y el CNH llegó a aprobar el hacer una de sus multitudinarias manifestaciones por “los barrios obreros” de la Ciudad de México, que lamentablemente no se pudo concretar pues no se encontró un itinerario viable.

El movimiento estudiantil se convirtió igualmente en un punto de referencia de las luchas que libraban los trabajadores del campo y la ciudad. Era frecuente que a las reuniones del CNH y a las escuelas llegaran campesinos y trabajadores para informar de tierras ocupadas y de asambleas en los centros de trabajo realizadas a pesar de los matones a sueldo.

Miembros de las disidencias sindicales democráticas llegaban a dar su apoyo al Consejo y a pedir el apoyo de los estudiantes. Una de las expresiones más significativas de la posición de los trabajadores  frente al movimiento tuvo lugar el 28 de agosto. Un día antes los estudiantes habían realizado una manifestación multitudinaria en el Zócalo, en la que había sido izada la bandera   rojinegra de huelga en el asta de la Plaza de la Constitución. Los burócratas habían sido llamados por las autoridades a realizar “un acto de desagravio del lábaro patrio”. La asistencia era obligatoria so pena de perder el empleo. Pero el impacto del movimiento había llegado también a los trabajadores estatales, que salieron de sus oficinas para llenar el Zócalo gritando “somos borregos”, “nos llevan, somos borregos, bee, bee”. Habían perdido el temor. En ese momento los estudiantes repartieron volantes, explicando las razones de su lucha. El acto de desagravio se convirtió en una nueva manifestación pública contra el gobierno y sus métodos autoritarios. Los trabajadores al servicio del Estado  hicieron suyas las demandas de libertad a los presos políticos, destitución de los jefes de policía y la desaparición del cuerpo de granaderos. También el campesinado fue atraído por el imán del movimiento estudiantil. El ejemplo más sonado es el de la lucha de los comuneros de Topilejo, un pueblo en la sierra del Ajusco. Un autobús de la línea que llegaba a esa comunidad se volcó ocasionando muertos y heridos. La empresa se negó a pagar una indemnización justa y los pobladores se dispusieron a pelear por el pago completo de las indemnizaciones, pero también por la modernización del servicio de transporte y la reparación del camino para evitar nuevos accidentes. El dirigente priista de la CNC traicionó la lucha de los campesinos, quienes en asamblea resolvieron acudir a los estudiantes movilizados. El apoyo se dio de inmediato. Los estudiantes pusieron a su disposición los camiones de la Universidad para sustituir el transporte que la empresa había suspendido. Los de Enfermería, Agricultura, Trabajo Social y Medicina, establecieron el campamento “el Soviet” en la comunidad para prestar los servicios de su especialidad. Con el apoyo de los estudiantes y el CNH se logró el triunfo de la lucha y se selló así uno de los capítulos más importantes de la unidad estudiantil-campesina. Hasta los últimos momentos la solidaridad obrera y campesina acompañó la movilización estudiantil. El 2 de octubre los de Topilejo estaban en Tlatelolco, junto con los contingentes de los ferrocarrileros y las mantas de las secciones sindicales, presentes en el mitin. Los electricistas de igual forma se hicieron presentes en la concentración. La Plaza de las Tres Culturas se pintaría con la sangre roja de todos, porque en la matanza de esa fecha hubo mártires que salieron de los campos, los talleres, las fábricas y las aulas.

Lucio Cabañas. El guerrillero socialista

Por Juanita Acosta

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A esos que se cubren su cabeza con bacinicas verdes les decimos: no les tenemos miedo porque el pueblo está con nosotros decidido a triunfar”. Así era como Lucio Cabañas se refería a los soldados y policías.

Lucío Cabañas Barrientos o, como le decían, Chío, nace en El Porvenir, situado en el Municipio de Atoyac de Álvarez, estado de Guerrero. El guerrillero socialista más conocido de México era también llamado “el maestro Lucio” o “El Profesor” y fue el fundador del Partido de los Pobres. Es el segundo hijo del matrimonio entre Rafaela Gervasio y Cesáreo Cabañas. Su madre lo dio a luz en la huerta El Venado a orillas de El Porvenir el 15 de diciembre de 1937. Para ese entonces, Lucio Cabañas ya tenía una hermana de dos años, Facunda, y dos años más tarde nacería su hermano Pablo. Hay una anécdota respecto al nombre del guerrillero: resulta que debió apellidarse Cabañas Gervasio pero cuando su abuela fue a registrarlo, por error, le puso Cabañas Barrientos.

Sus padres, Rafaela y Cesáreo, se conocieron en una de las populares reuniones de El Porvenir, donde había guitarras, violines y mucho baile. Fueron novios un tiempo pero Cesáreo vivía con una muchacha y por ese motivo Rafaela decidió terminar su relación con él. Cesario, no conforme, fue por Rafaela hasta la huerta de café donde estaba y, con la ayuda de tres compañeros, se la robó para casarse con ella, como era costumbre. Ella tenía 17 años y se sabe que él era un hombre mayor. Duraron juntos 10 años. Muchos años después contó Rafaela: “Lo abandoné porque se portó mal conmigo”.

Pobreza en la infancia

El periódico Reforma publicó un amplio reportaje en 2002 sobre la vida de Lucio Cabañas. Pablo Cabañas Barrientos habla allí de la infancia de su hermano. Recuerda que disfrutaron su infancia, gozaron de mucho cariño y cuidados. “No recuerdo que Lucio haya sido bueno para las canicas. A  él le gustaban otras cosas. Era muy observador, le gustaba platicar con la gente grande, de experiencia, y desde chico se preocupaba por la gente. Cuando andábamos trabajando me decía ya mataron a fulano; o zutano no tiene para comer. Esas eran sus pláticas”. Doña Rafaela contó que su hijo era muy chistoso, le gustaba jugar y cantar y desde muy chiquito ayudaba en las labores de “la corta del café.” Como niño era cariñoso, amable y nunca fue grosero. Lucio nunca recibió juguetes, tenía que fabricarlos él mismo. Su primer carrito fue hecho con cajas de cerillos y corcholatas. Ya de niño contaba con la creatividad, el ingenio, la destreza y la observación que necesitaba para producir sus juguetes. Facultades que incrementaría y, en la edad adulta, le servirían para resolver problemas en la guerrilla.
Crecieron entre cafetales y era una familia muy pobre. Vivían en el tiempo y en el lugar donde los niños tenían que trabajar encargándose de pequeñas comisiones como llevar bastimentos necesarios para las haciendas.

Rafaela y Cesáreo se separan cuando Lucio tenía tres años. Ella lo abandonó, como dice, y se llevó a sus tres hijos, pero Cesáreo se los quitó para ponerlos al cuidado de su madre, Aldegunda Iturio de la Cruz, quien muere solo cuatro años después. A partir de entonces son Dominga y Marciana, hermanas de Cesáreo, quienes se hicieron cargo de los niños.
A los cinco años de su separación, Rafaela se volvió a casar, esta vez con Juan Serafín Martínez, quien se la llevó a vivir a San Martín de las Flores. De ese matrimonio nacieron los otros hermanos de Lucio: Alejandro, Bartola, Juana, Manuel y Conrado. Pero Rafaela quedaría viuda cuando su segundo esposo fue asesinado por el jefe de la Policía Montada. Por calumnias lo sacaron de su casa y lo asesinaron en la carretera Atoyac-Y Griega, junto a su hermano.
Lucio vivió sus primeros años en El Porvenir. Después se iría con toda su singular familia (padre, dos tías, una hermana y un hermano) a vivir para El Cayaco, donde Cesáreo tenía a María, una mujer que trabajaba una huerta de coco.

Estudiante destacado

Cuando Lucio tenía ocho años ingresó a la primaria después de que toda la familia se mudó al pueblo de El Cayaco, municipio de Coyuca de Benítez. No habían ido a la escuela porque en El Porvenir no había. Los tres hermanos entraron a primer año. En esa escuela, Facunda y Pablo estudiaron hasta segundo año y Lucio hasta tercero. Después de eso se dedicaron de lleno al campo.

Cuando Lucio tenía 12 años su padre fallece. Fueron años de mayor pobreza. Se alquilaban como peones. Padecieron hambre.

A los 17 años Chío se va a Tixtla. Se fue a estudiar, y en la escuela Vicente Guerrero cursó cuarto año; por ser autodidacta y muy destacado, consiguió boleta de quinto sin haber asistido a las clases. Finalmente terminó la primaria a los 18 años, de ahí se fue becado a la escuela Normal de Ayotzinapa.

Orador y líder

Tenía cualidades de líder, era buen orador y rápidamente se destacó como dirigente. Su primera acción política como estudiante fue reunir a los alumnos para emprender una campaña de reclamo a los profesores, ya que sólo daban clases dos o tres días a la semana y lo demás se iban a descansar. Lucio, para mover la conciencia del alumnado, insistía en repetirles que esto era injusto: los estudiantes, junto con sus familias –les decía-, hacían el esfuerzo para asistir a la escuela, aun cuando las condiciones económicas no los favorecían y a los maestros parecía no importarles, pues no daban sus clases regularmente. La Sociedad de Alumnos, tras una lucha, logró la remoción del director.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana, en 1959, Lucioe Inocencio Castro Arteaga instalaron un radio de bulbos en la Normal que, diariamente, captaba las transmisiones del Ejército Rebelde desde la Sierra Maestra de Cuba. “Lucio aprovechaba el interés y entusiasmo de los radioescuchas para explicar la trascendencia e importancia histórica que tenía para Cuba, México y América Latina la lucha emprendida por los cubanos revolucionarios”, recuerdan Miranda y Villarino, quienes fueron alumnos de esta escuela. Fue elegido Secretario General de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, para el periodo de 1962-1963.

Un gobernador tirano

Raúl Caballero Aburto era gobernador del estado de Guerrero. Era un temible represor. Los casos de ley fuga eran comunes y sólo por sospechas o denuncias dolosas, eran ajusticiados muchos ciudadanos. En 1960 la Normal Rural de Ayotzinapa se suma al movimiento contra el gobierno de Raúl Caballero, y Lucio fue nombrado presidente de la huelga en esa escuela.
Una de las muchas manifestaciones contra Caballero, que encabezaría Lucio, fue el 11 de diciembre de 1960 en el zócalo de Ayotzinapa. La policía disparó contra  los asistentes al mitin. Hubo heridos y se llevaron preso a Lucio junto con otros organizadores de la protesta.
Escribe Víctor Cardona Galindo, cronista de Atoyac: “La escuela Normal de Ayotzinapa y la lucha popular estudiantil le dieron la más importante formación teórico-práctica. Fue allí donde conoció la teoría revolucionaria y el ejemplo del Che Guevara. Lucio Cabañas no era afecto a las bebidas embriagantes ni a los cigarros, su preocupación eran los problemas sociales. Solía alejarse al campo donde buscaba pláticas con ancianos campesinos porque de ellos aprendía valiosas experiencias. En noviembre de 1963 egresó de la Normal de Ayotzinapa”  como profesor.

El Profesor

Lucio se desempeñó como maestro en Mexcaltepec. Ahí organizó a campesinos para evitar que compañías madereras se quedaran con los recursos forestales que les pertenecían a ellos, habitantes originarios y dueños de las tierras.
El 18 de mayo de 1967 es una fecha conocida en la región por haber sucedido una tragedia: la matanza de Atoyac. Se convocó a una manifestación pacífica que pretendía la destitución de la directora de la primaria Juan N. Álvarez. La policía judicial abre fuego contra campesinos y maestros, y mata a 11. Aunque el blanco principal era Lucio, él logró salir con vida y a partir de entonces tuvo que esconderse y pasar a la clandestinidad, desde la sierra de Guerrero.
Bajo estas condiciones, en ese mismo año, 1967, funda el Partido de los Pobres con su brazo armado: la Brigada Campesina de Ajusticiamiento. Un profesor rural de Atoyac  funda una organización armada que se opone a la desigualdad social.
El gran escritor mexicano Carlos Montemayor –recientemente fallecido- se inspiró en el movimiento armado en Guerrero para escribir la novela Guerra en el Paraíso. El personaje principal es Lucio Cabañas.

Lucio muere en un enfrentamiento con militares, a los 37 años. Fue en un lugar selvático de Ocotlán, la madrugada del 2 de diciembre de 1974. El candidato al gobierno de Guerrero por el PRI, Rubén Figueroa, había sido secuestrado por un grupo de guerrilleros y a partir de ese momento la cacería que los militares emprendieron contra Lucio se agudizó, hasta finalizar con su muerte en manos del ejército.

Extraído de Páginas de Atoyac, de Víctor Cardona Galindo, en El Sur de Guerrero, diciembre de 2012.

A 70 años de la derrota que hundió al nazismo. Stalingrado, la batalla que cambió la historia

Por Camilo Ruiz Tassinari

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Por azares del destino, la única estructura que se mantuvo en pie en varios centros de metros a la redonda en el barrio más asediado de Stalingrado fue una extraña escultura socialista, donde un grupo de niños obreros y campesinos bailan tomados de las manos alrededor de un cocodrilo. Los niños siguen sonriendo, sin saber que absolutamente todo a sus alrededores había sido completamente destruido. Sus ropas y sus rostros están cubiertos de una especie de ollín o de ceniza negruzca, producto de la artillería y del humo de los edificios incendiados. Uno también puede ver esto en sentido metafórico: los niños como los jovencísimos soldados del Ejército Rojo, rodeando al reptil fascista en las afueras de Stalingrado después de meses de batalla campal.

 

 

En medio de la Segunda Guerra Mundial, el 31 de enero de 1943 se rindió en Stalingrado el mariscal nazi Von Paulus, luego de que había acosado brutalmente a esta ciudad durante tres meses. 140 mil alemanes habían muerto en ese sitio en combate o de frío, hambre y enfermedades. Habían sido destruidas o caído prisioneras 22 de sus divisiones. La superioridad de la artillería soviética había sido completa. La derrota germana era apabullante. A partir de esa fecha no sólo la guerra contra los nazis, la historia de la humanidad toda, dio un vuelco. A partir de ese momento el gran cambio consistió en que el proletariado en el mundo, luego de 20 años de reveses, deja de dedicarse centralmente a defenderse de la contrarrevolución y comienza el alza de las luchas populares más grande jamás vista. El mérito principal de este gran giro histórico fue del pueblo y del Estado soviético.

Combates cuchillo en boca

La victoria militar en Stalingrado fue una hazaña militar incomparable. Para empezar, las fuerzas alemanas eran numéricamente superiores, de 900 000 contra unos 650 000 soldados soviéticos. El tipo de batalla, también, fue algo que no se había visto más que en algunas guerras civiles y para lo cual los ejércitos no estaban preparados. Si en las confrontaciones militares normales los ejércitos pelean por grandes posiciones espaciales -por puentes, cimas de montañas, por recorrer la línea del frente algunos kilómetros- en Stalingrado se peleaba calle por calle, edificio por edificio e incluso piso por piso. Los alemanes inventaron una palabra para esto: rattenkrieg, o en castellano, guerra de ratas. Éste tipo de enfrentamiento significó que la superioridad tecnológica alemana, tan patente al principio de la guerra en el uso de la aviación y sobre todo de los tanques ligeros, no sirviera para nada. Pero también significaba que los soviéticos tuvieron que pelear con cuchillo en mano por cada centímetro de la ciudad. El comandante soviético de la batalla, Vassily Tchuikov, calcula que en el principal barrio de la ciudad donde se llevaron a cabo los combates, en el montículo de Mamaiev, cayeron mil misiles de obús, minas o granadas sobre cada metro cuadrado de terreno, al punto de que cuando terminaron los combates el acero y el plomo estaban fundidos con el pavimento.

La batalla fue tan larga y tortuosa que, lo mismo que en Leningrado, la gente tuvo que empezar a comerse a las mascotas. Cuando se acabaron las mascotas tuvieron que comerse a las ratas y a las palomas. Uno de los regimientos estaba formado por profesores de la universidad de Stalingrado, que decidieron salir a las calles a pelear contra los invasores nazis. Probablemente todos esos intelectuales se habían dado cuenta de lo que Vassili Grossman, enviado como reportero a la batalla de Stalingrado, pondría después en éstas palabras: “En los tiempos crueles y terribles a los cuales a nuestra generación ha sido condenada a vivir en esta tierra, no debemos nunca hacer la paz con el mal. No debemos hacernos indiferentes hacia nosotros mismos o poco exigentes hacia nosotros mismos.”

La capacidad económica de la Unión Soviética

Hay una serie de elementos geoestratégicos, económicos, políticos y militares que hay que tener claros para comprender la victoria soviética en Stalingrado y en la segunda guerra.

En las guerras totales, llega un punto en el que se termina  la capacidad de pelea acumulada por cada país en tiempos de pre-guerra y el factor determinante se vuelve la capacidad de cada Estado de proveer al frente con materiales de guerra y comida para los soldados. La victoria de la Unión Soviética a partir de ese momento no depende más de la astucia de los oficiales, porque no eran más astutos; ni de la preparación de los soldados, porque no estaban mejor preparados; ni tampoco en principio del tamaño de los ejércitos en guerra, como había sido el caso en la batalla contra Polonia o Francia (porque los alemanes ya se habían enfrentado a enormes ejércitos soviéticos en el verano de 1941 y los habían rodeado y tomado prisioneros); sino simple y llanamente en la capacidad de cada maquinaria industrial de producir más motores, más armas y más aviones que la otra, y de aprovisionar los enormes frentes. El ejército alemán había tenido cada vez más dificultades para aprovisionar a sus ejércitos durante la campaña de 1942. Aquí se trata simplemente de materialismo puro y duro: la capacidad de pelea de un ejército depende enormemente del estado físico de sus soldados y del estado técnico de sus armas. Los soviéticos tuvieron éxito al llevar toda la industria de la parte occidental a las ciudades de los Urales en unos cuantos meses, y en transformar hasta la más anodina fábrica de cigarros en fábricas de armamento.

La historia como resurrección: El pueblo en armas

Ver a las guerras como un juego de potencias poderosísimas implica perder de vista las vidas y los sufrimientos de aquéllos que suelen no ser otra cosa que la carne de cañón de la historia. El triunfo del proletariado soviético en Stalingrado fue, en efecto, el triunfo de la superioridad económica y técnica soviética sobre la alemana, pero también la suma de todas las pequeñas historias, a veces bellas y a veces absurdas, de heroísmo y sacrificio llevadas a cabo por gente que hasta pocos meses antes no tenía absolutamente nada que ver con la guerra, pero que se vio de improviso arrojada al campo de batalla de la historia.

La movilización popular  se dio en escala masiva después de la primera ofensiva nazi durante el verano. El pueblo soviético rápidamente se dio cuenta de que, a pesar de todas las fallas del sistema soviético, las consecuencias de la invasión nazi serían mucho peores. Los alemanes pensaban implementar en Ucrania y en el oeste de Rusia la política del lebensraum, el “espacio vital”, que consistía en darle las tierras de los campesinos eslavos a los ocupantes alemanes, mientras los primeros fungían como siervos o mano de obra semi esclava de los segundos. Este apoyo popular a la URSS tomó muchas formas, una de las cuales fue la formación de guerrillas antinazis más o menos independientes del Ejército Rojo y del Partido Comunista (se calcula que tenían unos 400 000 combatientes), pero sin duda la más importante fue la movilización del proletariado y los campesinos hacia las filas del Ejército Rojo, que tuvo en sus filas a unos 35 millones de hombres durante la guerra. No es difícil ver, detrás de las dimensiones de esta movilización, una toma de conciencia masiva de que “ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo si éste vence.” En Stalingrado, por primera vez en veinte años, el enemigo dejó de vencer.

Por qué Stalin asesinó a los Líderes de la Revolución Rusa

Una guerra civil de la burocracia contra los Trabajadores

Camilo Ruiz
Revista Pluma
Nueva época, año VIII, no. 21,
Primavera 2013
Partido Obrero Socialista- http://pos.org.mx

Entre los muchos crímenes del estalinismo, las purgas llevadas a cabo entre 1936 y 1938, son uno de los hechos históricos menos comprendidos y que más daño le han hecho a la imagen el comunismo. Durante esos dos años, Stalin y compañía asesinaron a un sin número de antiguos líderes revolucionarios, primero; y luego desataron una represión silenciosa y masiva que cobró, según algunos cálculos, hasta aproximadamente un millón de víctimas.

Los periodistas de la época y los historiadores de las últimas décadas han visto en las Purgas -con honrosas excepciones- la prueba de que el comunismo era esencialmente un sistema malvado que devoraba a sus hijos. Hay decenas de libros acerca del tema, y en general uno encuentra en ellos dos o tres ideas recurrentes y poco originales, pero que han tenido un gran impacto en la opinión pública. Una de ellas es que lo que hizo Stalin no fue sino una continuación de lo que ya había empezado Lenin, sólo que con más fuerza; y que por tanto las Purgas nacieron “naturalmente” del desarrollo del Estado soviético, que era represivo desde siempre. Otra más recurre a razones psicológicas, a algún delirio de persecución que Stalin supuestamente sufría…

Los principales líderes de la revolución, acusados por Stalin
La Gran Purga comprende varios eventos distintos y bastante diferentes los unos de los otros.
Por un lado están los Juicios de Moscú, tres grandes shows públicos donde los altos dirigentes bolcheviques de tiempos de Lenin fueron “encontrados” culpables de cargos a cual más surrealistas: los primeros 16 fueron sentenciados por pertenecer al “Bloque Contrarrevolucionario de Izquierda Trotskista-Zinonievista-Kamenevita”, otros fueron acusados de ser espías nazis, cuando varios de ellos eran judíos, etc.
En esos tres juicios, Stalin mató a unos sesenta bolcheviques de la vieja guardia. Por ejemplo, de los siete miembros del Politburo durante la insurrección de Octubre, dos murieron por enfermedad -Lenin y Stalin- y cinco fueron asesinados por el terror estaliniano.

Otro proceso distinto fue la purga en el sentido más amplio de la palabra. Después de los dos primeros juicios a los dirigentes hubo otra depuración, que incluyó asesinatos pero también deportaciones o simples expulsiones del partido en todos los niveles.
Esta purga cobró la mayor cantidad de víctimas (la gran mayoría de ellas, desconocidas) y fue particularmente violenta contra los escritores, los científicos y los miembros de minorías nacionales. Dos ejemplos para ilustrar la extensión de las Purgas y su intención de generar terror: los científicos a cargo de una estación de meteorología fueron enjuiciados y fusilados, acusados de no prever una temporada de sequía.
Otro caso casi cómico: un ferrocarrilero, A.A. Belski, fue acusado, juzgado y asesinado por haber sido conductor del tren que Trotski utilizó durante la guerra civil; tiempo después se supo que él sólamente había trabajado en un tren que llevaba el nombre de “Trotski”, aunque León Trotsky nunca se había subido a éste.
El tercer proceso se refiere a la purga dentro del ejército. Los nueve principales jefes del ejército fueron ejecutados en un juicio secreto. Al poco tiempo unos 40 000 oficiales de mediano y bajo rango fueron destituidos y unos 5 000 asesinados.

Lo anteriormente descrito parece difícilmente explicable, sobre todo si tomamos en cuenta que la sociedad rusa había peleado una larga guerra contra la contrarrevolución un par de décadas antes, y suscita no pocas preguntas.
¿Por qué una sociedad que había derrocado el capitalismo permitió tal masacre? ¿Qué lógica había detrás de todo esto? ¿Qué ganó -si algo- el Estado Soviético con estas purgas?

Una tercera guerra civil
La perspectiva más adecuada desde la cual analizar las Purgas es la de entenderlas como la tercera guerra civil que vivió Rusia tras la Revolución de Octubre (siendo la primera la guerra contra la contrarrevolución, ganada en 1921, y la segunda, la guerra contra los campesinos tras la colectivización forzosa, terminada en 1933). En ese caso, la pregunta que surge es ¿Guerra civil entre quién y quién? En efecto, los cientos de miles de víctimas no estaban organizados, mucho menos militarmente, y tampoco tenían necesariamente los mismos objetivos; en muchos casos de hecho ya ni siquiera estaban involucrados en política.
Habrá que volver atrás unos años para que esto empiece a cobrar sentido.
La Revolución de Octubre en 1917 inauguró una década de revoluciones en Europa que movilizó energías que no se veían desde la Revolución Francesa. En el caso de Rusia, este potente movimiento de las masas se encontró también con un partido político experimentado que tuvo la capacidad de tomar el poder. Estos dos elementos confluyeron como en pocos momentos de la historia lo han hecho otra vez: por un lado la energía desbocada de las masas y por otro un partido organizado, disciplinado e ideológicamente muy firme, el partido bolchevique.

Pero el fracaso de la revolución en Europa Occidental aisló a la joven república socialista, que pasó por tres o cuatro años de guerra, invasión militar por más de una decena de países y hambruna.

Europa Occidental aisló a la joven república socialista, que pasó por tres o cuatro años de guerra, invasión militar por más de una decena de países y hambruna.
Las energías populares se toparon con el muro de contención de la contrarrevolución mundial y nacional. Aislada y hambrienta, con la pequeña vanguardia de obreros revolucionarios muertos en la guerra civil, una capa de burócratas y administradores venidos en su mayoría del antiguo aparato estatal zarista encabezados por Stalin se hizo con el poder.
A la época de radical revolución que extenuó las fuerzas y se llevó tantas vidas le siguió otra donde las masas se retiraron de la vida pública. La muerte de Lenin en 1924 y el ascenso de Stalin al poder en medio de una tremenda lucha dentro del partido bolchevique sella este período.
Pero este triunfo de Stalin y el posterior exilio de Trotsky en 1927 no significaba, de ningún modo, que la pelea hubiera terminado.

A pesar de que el primero estaba a la cabeza del Estado soviético, quedaban todavía otras tendencias con las que Stalin tenía que lidiar; instituciones apenas tocadas por la contrarrevolución política -como el ejército-; una oposición trotskista ilegal pero ciertamente influyente (se calcula que hacia 1927 el partido trotskista en Rusia era tan grande como era el partido bolchevique en el momento de la revolución; es decir, tenía unos 23 000 militantes) y, sobre todo, la idea de la Revolución como un recuerdo glorioso y fresco en la mente de millones de personas que habían participado en ella. La época de 1922-1924, entre la enfermedad que llevó a la tumba a Lenin y el “coronamiento” de Stalin no fueron sino los primeros pasos de la contrarrevolución política que vivió la URSS.

En ese sentido, la Gran Purga a partir de 1936 bien puede ser vista como una guerra por parte de la burocracia comandada por Stalin contra todo aquello que le recordaba a las masas la revolución y que podía hacer estallar una nueva. En pocas palabras, fue una guerra civil preventiva.

Trotski,el principal acusado
Naturalmente, el principal acusado en todo este proceso fue Léon Trotski, el símbolo vivo de lo que quedaba de la revolución y el líder de una oposición organizada cuya mera existencia era un peligro para el régimen -y más en la perspectiva de una larga guerra contra el fascismo. De ahí el carácter público y espectacular de los primeros juicios y los cargos hechos contra los acusados, tachados de trotskistas, terroristas y conspiradores apoyados por los nazis o los japoneses para derrocar al gobierno. Había pues, en el discurso de Stalin, que unir los opuestos: a Trotski con la contrarrevolución y con el nazismo. El adjetivo “trotskista” se volvió un insulto dentro del movimiento revolucionario.
Desde el exilio, Trotski y León Sedov (hijo de éste, que escribió el principal libro acerca de los Juicios de Moscú) entendieron estos procesos judiciales como una reacción impulsada por el miedo de la burocracia estalinista a una nueva edición de la Revolución de Octubre, ésta vez contra ésta. Las Purgas se vieron precedidas de una crisis alimentaria, consecuencia de la colectivización forzosa en el campo: los precios de la canasta básica subían, las desigualdades entre la capa de directores de empresa y funcionarios por un lado, y los trabajadores y los campesinos por el otro, se agrandaban más y más, etc.
La mayoría de los historiadores anglosajones (Robert Conquest, Robert Service, Richard Pipes) han negado la existencia, o el peso político, de una oposición organizada contra Stalin, y por tanto la necesidad de eliminarla. Como hemos dicho antes, la oposición trotskista era políticamente importante en algunas regiones, pero es cierto que en 1936 no estaba de ningún modo en la posibilidad de organizar una nueva revolución.

La “oposición” a la que nos referimos es también una un tanto subconsciente, encarnada en los ideales igualitarios de la población y de los cuadros comunistas que habían pasado por la guerra. El caso del juicio contra los generales muestra este punto de una manera bastante clara.

La purga de los militares
Los dirigentes del ejército en 1936 eran los mismos que habían peleado y ganado la guerra civil quince años antes, bajo las órdenes de Trotski. El estado mayor del ejército se había mantenido al margen de las luchas intestinas durante todos esos años, y aunque habían estado bajo las órdenes de éste en su momento, ninguno de ellos era trotskista. Esta neutralidad había mantenido al ejército como una institución casi intacta desde la Guerra Civil. En éste, los cuadros no eran nombrados azarosamente por un burócrata en el Kremlin y era una de las pocas instituciones que tenía un prestigio verdadero y enraizado entre el pueblo ruso.

Desde un par de años atrás, Stalin había presionado a la cúpula del ejército, intentando remover a los miembros del Estado Mayor, en quienes no confiaba y sospechaba de su pasado “trotskista”. Algunos de los generales fueron enviados durante algunos meses a “misiones” al este de Rusia, con el objetivo de apartarlos de la toma de decisiones, y Stalin intentó nombrar a sus vasallos al Estado Mayor.
Estos intentos no funcionaron; Stalin no pudo consolidar una base de poder dentro del ejército de la misma manera en que lo estaba haciendo dentro del Partido. Lo que exactamente sucedió durante las pocas semanas antes del 22 de mayo de 1937, día de la ejecución de los generales, es uno de los principales misterios de la historia soviética a la fecha. Mientras que los otros juicios habían sido públicos y habían sido precedidos por meses o años de encarcelamiento y difamación; los generales fueron repentinamente capturados, torturados durante dos semanas y luego juzgados en secreto, para ser ejecutados al día siguiente. El secretismo extremo con el que se llevó a cabo no concuerda con la necesidad de desprestigiar a los enjuiciados.