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Boletín Digital ES40

Septiembre en el DF: Gustavo y su “delito” de informar

Por Gibrán Zafra

gustavoSubversiones

Texto tomado de Subversiones AAC

A Gustavo le acaban de quitar las esposas. Junto a otros detenidos atraviesa la entrada del Reclusorio Sur del DF. Al pasar por la aduana se escucha un conjunto de groserías que son su bienvenida: ¡A ver idiotas, hijos de su pinche madre, les gusta andar golpeando policías, les gusta andar de revoltosos, pues acaban de llegar al Reclusorio Sur y aquí ya se chingaron! Vocifera una voz que intimida y a la cual no pueden ver, el que se atreve a voltear es reprendido con una seca cachetada.

Los cuatro hombres son ingresados a una especie de fosa -similar a la que usan los mecánicos para revisar las partes de abajo de los autos- y son desnudados. La orden es ponerse en cuclillas durante media hora con las manos en la nuca y la cabeza gacha, pegada a la pared. Luego de unos cuantos minutos, los tobillos y las rodillas comienzan a entumirse, el cuerpo pierde fuerza y se diezma. Era apenas el comienzo.

El cuerpo de Gustavo, hombre flaco de ojos dormidos y negros, junto a los otros tres se encuentra ahora haciendo largas series de extenuantes sentadillas y lagartijas. Al mismo tiempo un custodio recorta y deshace la ropa que portaban los hombres al ingresar al lugar donde “se chingarían”, según la bienvenida. Los pantalones, las playeras y los tenis quedaron irreconocibles, casi inservibles.

La siguiente práctica era la nombrada por los custodios como la motocicleta: Las piernas haciendo escuadra, la espalda recta y los brazos rígidos hacia al frente. Inmediatamente eran castigados con golpes en la parte que desfalleciera. Los brazos y las costillas eran las principales víctimas.

Los cuatro hombres se fundieron en sus ropas rotas que eran lastimosas. Fueron obligados a tomarse de las manos entre las piernas en cadena, uno detrás del otro, como elefantes. Y mientras avanzaban eran observados por otros internos. Tenían que gritar una denigrante consigna contra su voluntad, pero no había alternativa: ¡Se ve se siente el custodio está presente! ¡Se ve se siente el custodio está presente!

La detención

Dos días antes, el 1 de septiembre, Gustavo se encontraba cubriendo una marcha en el DF con motivo del primer informe de gobierno de Enrique Peña Nieto. La protesta era encabezada por profesores de la CNTE, estudiantes y ciudadanos inconformes con las políticas del PRI. La dispersión de los contingentes y la aparente calma le dieron tiempo de echarse unos tacos cerca de la avenida Congreso de la Unión.

En ese puesto de comida se observaba una extraña escena: Granaderos y policías comían con manifestantes y periodistas. La salsa y la sal danzaban entre las manos de los encargados de imponer el orden y las de los que decidieron salir a las calles para exigir sus demandas.

Gustavo y un grupo de compañeros fueron informados acerca de un contingente de manifestantes que se encontraban por el rumbo del metro San Antonio Abad, sobre calzada de Tlalpan. Decidieron ir. Al llegar se percataron que jóvenes eran detenidos por policías capitalinos y trepados a camionetas.

La cámara que acompañaba a Gustavo comenzó a grabar para tratar de obtener los nombres de los arrestados y documentar lo que sucedía. La actitud de los policías era hostil y agresiva. Los granaderos empujaban a los fotógrafos hacia el arroyo vehicular, la tensión fue subiendo.

Unos gritos alertaron a Gustavo, al voltear pudo ver como su compañero de nombre Rafael estaba siendo detenido por policías. Pidió que se le liberara. No fue escuchado. Su colega sometido logró entregarle su cámara, Gustavo la tomó con las manos y en cuestión de segundos ya tenía encima a policías que lo golpeaban e inmovilizaban.

Cerca de las 4:30 de la tarde Gustavo era arrestado y subido a un camión de granaderos. En el ambiente se escuchó un estruendoso grito: ¡Es prensa, es prensa, es prensa! A la policía no le importó. Fue trasladado a una patrulla, en la cual lo tuvieron dando vueltas por la ciudad junto a otros tres jóvenes. Hasta las 23:30 horas fue presentado frente a un Ministerio Público, en Milpa Alta, una de las delegaciones más lejanas del lugar de donde se dio la detención.

El proceso

Desde el comienzo la detención de Gustavo Ruiz Lizárraga fue arbitraria. El arresto ocurrió cuando se encontraba realizando una cobertura periodística de la marcha del 1 de septiembre para la agencia independiente Subversiones.

Durante el proceso le trataron de sembrar mochilas que no le pertenecían las cuales contenían botellas, gasolina y ropa. Gustavo no permitió que se le asignara otra, pues la suya contenía sólo equipo fotográfico.

Hasta 26 horas después de la presentación ante el MP, Gustavo pudo ver a un abogado. Más de un día estuvo sin saber de qué se le acusaba. La fianza que se le impuso rondaba los 23 mil pesos. Horas después fue informado que la cuota ya iba a ser cubierta y por fin podría ir a casa.

El 3 de septiembre unos sujetos se pararon frente a la celda que Gustavo y los otros tres jóvenes compartían en el MP de Milpa Alta. El primer pensamiento que le vino al fotógrafo de Subversiones fue que su libertad ya estaba cerca, la podía ver y oler. La noticia lo dejó en shock, al parecer la fianza no había sido cubierta en el plazo impuesto por la autoridad y serían trasladados al Reclusorio Sur.

Gustavo se encuentra sentado en un café de la calle Regina, en el centro del DF. Mientras le da un sorbo a su café latte, el cual le deja un rastro de espuma en la orilla de sus labios, confiesa que ese tres de septiembre fue el peor día de su vida. El saber que iba a ser llevado a un reclusorio injustamente, y ver una caótica escena: Su familia y amigos se enfrentaban a la policía para impedir que la camioneta donde iba a ser trasladado se moviera.

La estancia de dos días en el Reclusorio Sur ha dejado una marca imborrable en la vida de Gustavo. El juez le impuso una nueva multa de 126 mil 600. Luego del trabajo de los abogados se logró que se aceptara el pago por medio de afianzadora y con un depósito que rondaba los 20 mil pesos se logró su libertad.

La madrugada del viernes 6 de septiembre Gustavo abandonó el reclusorio. Los abrazos de su familia y amigos que lo esperaban afuera le dieron vida. Fue un momento emotivo. Luego de casi cinco días llenos de amargura disfrutó de su libertad. El proceso aún no termina, las autoridades refutan las evidencias que comprueban que Gustavo estaba trabajando el día de su detención.

Según la declaración de policías, quienes ni siquiera fueron los que detuvieron a Gustavo, el fotógrafo lideraba a un grupo de jóvenes para agredirlos. Lo sucedido, lejos de intimidar a Gustavo, le ha creado un compromiso por continuar trabajando dentro de medios independientes. Sabe que informar en México es tan peligroso que cualquiera puede terminar en la cárcel, coartado de tu libertad.

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No se mata la verdad matando periodistas

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Nuestra Aparente Rendición (NAR, nuestraaparenterendicion.com/) nació en agosto de 2010 tras la matanza de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas: en el norte de México. Como respuesta al terrible suceso, hicimos un llamado urgente para crear conciencia, generar pensamiento y organizarlo para que pudiera ser utilizado con finalidades específicas: atención a víctimas, huérfanos, periodistas, etc. Dos años más tarde nos hemos convertido en un portal reconocido y prestigioso, nacional e internacionalmente. Una referencia ética, ciudadana y necesaria en la que cabemos muchas personas distintas.

A día de hoy Nuestra Aparente Rendición es una asociación civil constituida legalmente fuera de México (en Catalunya) que funciona gracias al esfuerzo de más de 20 voluntarios repartidos entre México, España y los Estados Unidos y la ayuda constante de otros voluntarios que mantienen proyectos específicos. Mantenemos activo el único nombramiento nacional de víctimas de la violencia con el que hemos contado 26320 asesinatos desde el 12 de septiembre de 2010 (hasta el 24 de junio de 2012), trabajamos con colectivos de desaparecidos, huérfanos de la violencia, estudiantes organizados, comunidades indígenas, activistas amenazados, periodistas en riesgo, albergues para migrantes, caminatas por la paz, casas de acogida para mujeres y niñas amenazadas y violentadas y un largo etcétera de personas que se han levantado por la dignidad y la paz de México y de personas que necesitan, desesperadamente, nuestra atención y nuestra ayuda.

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