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Acerca de santos capitalistas, de perversiones e hipocresías

Francisco Javier Gálvez Cortés

jav

El Espíritu del señor está sobre mí, porque me ha consagrado
para anunciar a los pobres la Buena Nueva,
me ha enviado a proclamar la liberación a los esclavos
y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos
y a proclamar un año de liberación del Señor.
Evangelio de Lucas y Libro del profeta Isaías.

 

Cuando el presente texto sea publicado, ya se habrán declarado santos a Juan pablo II y a Juan XXIII. De igual manera, ya habrá corrido mucha tinta a favor de la canonización, poca en contra, muy poca con un análisis serio, y casi ninguno con un análisis no sólo serio, sino sustentado en la historia, la antropología y la ciencia. Este escrito trata de paliar esta falta. Trata de decir la verdad del Cristianismo y en lo que se ha convertido, conversión que se muestra con una de las más grandes hipocresías de la historia, como es la canonización de Juan XXII y Juan Pablo II.

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Argentina. “Videla, un ser malo y despreciable” : Estela de Carlotto

PRENSA LATINA 
Viernes 17 de mayo 2013
Buenos Aires, 17 may (PL) La argentina Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, afirmó hoy que la historia juzgará el genocidio sufrido por el pueblo durante los años de la dictadura militar de Jorge Rafael Videla.

La historia seguramente considerará el oprobio de esa dictadura, de la que (Videla) no se arrepintió jamás y de la que hizo declaraciones tardías para reivindicar todos sus delitos, destacó en declaraciones a radio Continental.

Hay hombres buenos y malos, este era un hombre malo, despreciable, que nunca se arrepintió de lo que hizo, afirmó la dirigente de esa organización de derechos humanos dedicada al rescate de los nietos nacidos en cautiverio y entregados ilegalmente a familias afines a la dictadura.

De Carlotto rememoró que Videla, fallecido hoy a los 87 años por causas naturales, no pidió perdón, no reparó el daño, e “insistió en eliminar al que pensó diferente e invocó la protección de Dios”, subrayó.

Pero acá fue juzgado y condenado, enfatizó.

El fallecido general llegó al poder en 1976 tras un golpe de Estado para comandar hasta 1981 la dictadura más sangrienta en la historia de Argentina (1976- 1983).

Actualmente era juzgado además por su participación en el siniestro Plan Cóndor, nombre con que se conoce la coordinación entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América.

Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia -y esporádicamente, Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador- formaron parte de ese gran pacto de muerte creado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y puesta en marcha en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado.

Constituyó una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado y en ella se instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política.
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http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=1422841&Itemid=1

El Ángel Exterminador Sobre la crisis del cristianismo y la renuncia de Benedicto XVI

Por Camilo Ruiz

tocar el cielo

La corrupción y los crímenes encubiertos por los líderes del Vaticano no son nuevos, pero parece que esta vez han llevado a la burocracia católica a una crisis sin precedentes. Una primera aproximación nos podría llevar a pensar que el comportamiento criminal-mafioso de la iglesia es -o debería de ser, si se cree en el dogma de la sociedad civil informada- el principal motivo de su creciente pérdida de popularidad entre las sociedades occidentales.

Las sociedades europeas, sobre todo, han pasado por un largo proceso de secularización desde mediados del siglo XIX y especialmente a través del siglo XX, que ha sido gradual y ascendente en todos los casos, salvo en el de los antiguos países comunistas (donde hubo una secularización muy rápida que afectó a unas tres o cuatro generaciones pero que a partir de la vuelta del capitalismo ha perdido terreno frente a la creciente fe religiosa de los jóvenes).

Sin embargo, el primer problema que salta a la vista es que las sociedades europeas que han avanzado más en su secularización -o más exactamente, en la desintegración de la sociedad religiosa- no son las católicas sino las protestantes. Esto tiene razones históricas más profundas: ¿que no fue el movimiento protestante ya un signo -contradictorio tal vez- de la secularización de las sociedades que lo aceptaron?

El punto aquí es que el cristianismo ha perdido terreno en Europa y, en menor medida, en varios países de América Latina -aunque ha ganado adeptos en África y en partes de Asia. Ahora bien, centrándonos en las sociedades europeo-latinoamericanas hay cuatro casos que parecen remar a contracorriente: México, Brasil, Polonia e Irlanda. En Brasil, por ejemplo, hubo un incremento del 3% en el porcentaje de la población que iba a la iglesia una vez o más al mes entre el período de 1930-1950 y 1998, para llegar al 70%. En Polonia hubo una reducción de 9% y en Irlanda del 23%, que en sí mismos parecen bastante grandes hasta que se les pone en contexto: en Hungría hubo una reducción del 40% durante el mismo período, en la República Checa del 34%. Por el otro lado, Irlanda pasó del 98% al 75%, en tanto que otros países católicos pasaron del 40 al 16% (Francia), o del 65 al 46%, (Italia o Portugal).1  Tales datos no existen para México, pero un 95% de la población declarándose cristiana permite ver que cualquier secularización, si bien existente, ha sido limitada.

Según los sociólogos Hollinger & Haller hay esencialmente cuatro factores estructurales que determinan el nivel de religiosidad de cada sociedad: la doctrina teológica; las relaciones entre la iglesia y el Estado durante los siglos pasados; y la absorción de las formas pre-cristianas de religión por parte de la iglesia. La secularización de las sociedades protestantes se explica por el primer factor; la sociedad religiosa protestante se empezó a disolver porque su doctrina la volvía cada vez menos sociedad religiosa y simplemente doctrina teológica. La alta religiosidad relativa de sociedades como la irlandesa y la polaca se explican, por el contrario, por el segundo. El hecho de que la iglesia peleó con los nativos contra los invasores provocó que la identidad religiosa se confundiera con la nacional.

Sin embargo, para los autores de este estudio la razón principal de la desintegración de la sociedad religiosa es la desigualdad económica entre los distintos sectores. Es decir, entre más desigual sea una sociedad, tenderá a ser más religiosa también. Esto tiene una explicación relativamente sencilla: en un grupo social donde sólo unos pocos triunfan a costa de la mayoría y se elevan por sobre ésta, esos pocos tienen que justificar su triunfo de alguna manera, sea como una consecuencia natural del “derecho del más capaz”, de superioridad impuesta por el prestigio; o por la gracia de un ser supremo. Por el otro lado, la gran mayoría que vive en la miseria puede fácilmente explicar su pobreza como una consecuencia de la gracia -o ausencia de ésta- del señor, o como una prueba impuesta por él, que será redimida en otra vida.
iglesia2El alto nivel de religiosidad en Brasil, México o más recientemente en África, se debe esencialmente a este factor. Como bien se sabe, estas son algunas de las sociedades más desiguales que hay en el mundo.

La consecuencia directa de lo anterior es que la pérdida de popularidad del catolicismo no tiene como causa fundamental la revelación durante las últimas décadas de los horribles crímenes cometidos por los hombres de la iglesia. No se trata de negar la importancia del desencantamiento que una parte de la población puede sentir cuando se sacude un poco al nido de ratas en que se ha convertido el Vaticano, como fue el caso hace unos días, sino simplemente entender que la posibilidad y la extensión del desencantamiento de ese sector de la población está condicionado por los factores antes mencionados, y que sólo puede actuar dentro de esos límites.

Una prueba de esto es que el proceso de secularización ha sido mucho más fuerte en países donde los crímenes cometidos por los hombres de la iglesia han sido una excepción, si no inexistentes; que en países tristemente famosos por las barbaridades de los curas y obispos -México, Irlanda- donde la secularización ha sido mucho más limitada.

El proceso vivido por la iglesia durante las últimas décadas, que probablemente haya alcanzado un punto culminante con la salida del Papa es sin embargo una consecuencia de un largo ciclo de fosilización burocrática. Es decir, la autoridad de la iglesia proviene de sus vínculos con el pasado; de una tradición histórica cada día más menguante o de estructuras sociales desiguales que en el largo plazo tenderían a desaparecer. La iglesia católica se alimenta de la pobreza y el subdesarrollo. La fosilización burocrática necesariamente lleva a la separación entre la gente común y la estructura de la organización. Las fuentes de autoridad de cada una divergen completamente: el cura, el obispo, el propio papa son impuestos a la comunidad de creyentes por la jerarquía vertical de la iglesia, por la élite. El único que puede romper con este ciclo de separación y devolverle a la organización su contacto con el vulgo, su sentido de la realidad, es el Profeta. La figura del profeta necesariamente rompe con la estructura viciosa de la organización, porque el profeta es una aleación desigual entre el creyente común y la fe desmedida. La autoridad del profeta proviene de su carisma, de la comunidad de creyentes, y no de la jerarquía organizacional; por tanto es ajena a esta y no está sometido a sus reglas.

La figura del profeta no es, contra lo que podría pensarse, una excepción a la historia de la religión. Jesucristo mismo es la encarnación perfecta del profeta, pero figuras similares se pueden ver en la historia más reciente, por ejemplo en la China del siglo XIX con la rebelión Taiping y el profeta Hong Xiuquan, quien se creía el hermano menor de Jesucristo -que los mandarines chinos consiguieron derrotar sólo después de la muerte de veinte millones de personas- o en el Brasil de finales del siglo XIX con Antonio Conselhero, derrotado, con el contubernio de la iglesia oficial, tras cuatro expediciones militares; en una batalla más sangrienta que cualquiera de la guerra contra el Paraguay. Los ideólogos de la cienciología de la posguerra americana pueden ser vistos también como pequeños profetas que se mantuvieron fuera de la estructura organizacional.

El Profeta, para Weber, necesariamente conlleva un terremoto dentro de la organización religiosa; pero si éste es aceptado por ésta, o si éste la conquista, aires de renovación fluirán por los pulmones de la iglesia, y se asirá al poder de una manera mucho más fuerte y directa de lo que lo había hecho antes. El surgimiento de los profetas es algo condicionado por la fe religiosa y por el alto nivel de burocratización de la iglesia en tanto que estructura, aunque por supuesto es imposible saber cuándo o dónde surgirá el siguiente. Lo importante del análisis weberiano es que sólo una renovación estructural equivalente a la aparición de un profeta, mutatis mutandis, podrá, si no revertir, sí por lo menos alentar el decline de la religión.

Hollinger F. & Haller M, (2009) Decline or Persistence of Religion?, The International Social Survey Programme,
1984/2009, Charting the Globe, London/New York, Pp. 283/288

Eclesiología, papado y disidencia

Por Francisco Javier Gálvez Cortés

Jesus1

Serán entregados aún por padres y hermanos, y parientes y amigos;
y harán morir a algunos de entre ustedes,
y serán odiados por todos a causa de mi nombre.
Jesús de Nazaret. Evangelios sinópticos.

En cuestiones religiosas hay mucha ignorancia. Como consuelo de muchos, se debe decir que la ignorancia no es privativa sólo de cuestiones religiosas, sino que también hay una enorme incapacidad para comprender la política, la sociología, la psicología, la filosofía y demás disciplinas humanas. Deseo dedicar este ensayo para dar un poco de luz a las actuales circunstancias de lo que vive mi iglesia, la católica.

Religión e iglesias.

Jesus2En primer lugar, una religión es un conjunto de creencias organizadas que ofrecen, en su mayoría, la garantía de salvación de los males del mundo. Las religiones que más conocemos, y que están emparentadas entre sí, -porque son monoteístas-, son la Cristiana, la Musulmana y la Judía. La religión Cristiana tiene su base en la creencia de que Jesús de Nazaret fue Dios encarnado en el mundo. O sea que Cristo tuvo, en sí y por sí, ambas naturalezas: la humana y la divina, de forma plena. A la religión Cristiana pertenecen varias iglesias; iglesia no significa otra cosa más que asamblea, en este caso de creyentes. Una de éstas iglesias es la Católica. Pero también están las iglesias Luteranas, las Calvinistas, las iglesias Bautistas, las Sabatistas, Menonitas, y demás denominaciones. Aquí comienza el primer error: esas son iglesias, nos son religiones. Se confunde a las iglesias con las religiones. Las iglesias son grupos de creyentes que se reúnen en torno a un obispo, pastor, sacerdote, iluminado, según sea la interpretación que estas iglesias hagan de la Biblia. Algunas iglesias evangélicas se han denominado a sí mismas como cristianas, y crean mucha confusión, porque ellas no son más cristianas que las comunidades católicas, las luteranas, las bautistas o las calvinistas. Es el mismo error que cometen los estadounidenses, que se dicen a sí mismos americanos, como si nosotros, los demás habitantes del continente, no fuéramos americanos, sino sólo mexicanos, nicaragüenses o colombianos. En el catolicismo, también se entiende por iglesia cada diócesis, la cual es un conjunto territorial más o menos extenso, conformado por parroquias. Tal territorio está dirigido por un obispo, el cual puede ordenar sacerdotes, es decir que la diócesis puede continuar, por sí misma, con la tradición apostólica iniciada por Cristo. Cada iglesia se entiende como independiente o autónoma. De ahí que varios católicos entiendan al Papa sólo como el obispo de Roma, y que, por lo tanto, no debería tener injerencia en las otras iglesias. De ahí también que, cuando la diócesis de Chiapas fue muy presionada por el Vaticano, debido a la pastoral que estaba llevando a cabo Don Samuel Ruiz, empezó a murmurarse la posibilidad de que la diócesis de Chiapas se independizara del catolicismo, y sólo así fue como la curia romana, y el entonces Papa, Juan Pablo II, dejó en paz Tatic Samuel.

Eclesiología e igualdad radical.

Pues bien, en la teología cristiana hay una rama de estudios que se llama Eclesiología, que se dedica a estudiar la esencia de la iglesia, su historia y desarrollo a lo largo del tiempo. Para el cristianismo católico, la iglesia o la asamblea de creyentes está formada por todos los bautizados, todos tenemos los mismos derechos y obligaciones y ninguno vale más o menos que otro, ninguno tiene preeminencia sobre otro. Esto se funda en el dicho de San Pablo, en la carta a los Gálatas, (Omitiré citas bíblicas para evitar el tedio en la lectura), “Ya no hay libres ni esclavos, hombres ni mujeres, judíos ni griegos, sino que todos son uno en Cristo Jesús”. Esto inspira a la iglesia católica, y todo lo que lo contravenga es una herejía, por más cánones y artículos del derecho eclesial se citen; todos somos exactamente iguales.

La Cristología como base de la Eclesiología.

Por lo tanto, la iglesia debe entenderse, en su desarrollo histórico, como la línea ascendente en la cual Cristo avanza a la cabeza, inspirando a sus seguidores, hacia la salvación. Si alguien quisiera ser mayor, “que se convierta en esclavo de los demás”, dijo Jesús en el Evangelio de Juan. Aquí entramos entonces en otra rama teológica llamada Cristología, que es el estudio de la encarnación de Dios en el Mundo; es decir que, si Cristo es Dios encarnado, entonces la Cristología es el estudio de las formas en las que se encarna Dios. Una de las maneras en que Dios se encarnó fue por medio de Jesús de Nazaret. Pero no sólo de esa manera, otra forma de encarnarse se da en los ritos de la iglesia, en sus fiestas, pero principalmente en su actuar; fundamentalmente en sus acciones hacia los más desprotegidos: pobres, mujeres y niños violentadas, migrantes, en fin: todo el que sufra o esté desprotegido. Todo el que opta por los sufrientes, como lo hizo Solalinde, Raúl Vera, Monseñor Méndez Arceo, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, y otros muchos, esos son verdaderos cristianos. Los que no lo hacen, no se pueden llamar cristianos, o sólo lo son de palabra. Bien le dijo Cristo al joven rico, que le cuestionó al maestro: “Señor: ¿qué debo hacer para entrar al Reino de los Cielos?” A lo que Jesús contestó: “Vende todo lo que tienes, repártelo a los pobres, y sígueme”. El joven se fue apesadumbrado, sin unirse a Cristo. Este joven no podía decirse seguidor de Cristo, no podía optar por los más desprotegidos, no podía ayudarles a superar su situación o a denunciar las injusticias cometidos contra ellos.

Encarnación de Dios como vida de la iglesia.

IglesiadelosPobres
Por lo tanto, la encarnación de Dios, en el mundo, se da en las iglesias que siguen radicalmente las enseñanzas de su maestro. Es así que Dios no se encarna en las iglesias cuyos supuestos dirigentes ostentan lujos, que no expulsan a pastores envilecidos o que protegen a curas pederastas. No se puede soportar, por ejemplo, la opulencia en medio de la pobreza vivida en México, la indiferencia ante lo menores y desprotegidos del pueblo de Dios. Peor aún: muchos de éstos dirigentes eclesiásticos no corrigen a sus curas o religiosos corruptos, pero sí reprimen a sus sacerdotes cuando éstos eligen el camino de la denuncia ante las injusticias, cuando se alían a la Teología de la Liberación o protegen a migrantes. Dios no se encarna en los jerarcas que se alían a los poderes fácticos que se dedican a explotar al humilde y al oprimido; bien lo dijo el profeta Isaías ya hace más de 2500 años: “Ay de ti, que vendes al pobre por un par de sandalias, que cobras impuestos por la comida del pobre, mientras tu gente muere de hambre: Dios nunca olvidará estas ofensas contra su pueblo”. El profeta Isaías es considerado el prototipo o antecesor directo de Cristo. Dios no puede encarnarse en estas iglesias. El mismo Cristo se pronunció sobre estos falsos pastores, les llamó “Sepulcros blanqueados: limpios por fuera pero llenos de podredumbre por dentro. Hipócritas, raza de víboras”.

Cristianismo comunitario, cristianismo radical.

Es así que Cristo significa, fundamentalmente, encarnación de Dios en su iglesia. Dios se encarna, -toma forma en la carne y en la sangre humanas-, sólo en comunidad. Es un mal entendido comprender la encarnación de Dios sólo en la persona de Jesús de Nazaret; Jesús fue Cristo en cuanto que formó y encabezó, el movimiento original que fundó el cristianismo. La original comunidad que se reunía en torno a Jesús de Nazaret era de entre 100 y 150 personas, entre hombres, mujeres y niños. Este grupo crecía o decrecía, porque algunas personas sólo seguían al profeta por temporadas y luego regresaban a sus aldeas. Sólo un grupo de entre 70 y 100 personas seguían a Jesús a todas partes, estas personas eran sus discípulos, creían en lo que Jesús decía y optaron por los más pobres y oprimidos. Este grupo, sus verdaderos discípulos, estaba compuesto, en su mayoría, por mujeres. En la iglesia primitiva los hombres siempre fueron una pequeña minoría. De hecho, el cristianismo primitivo parecía un movimiento de mujeres, una naciente religión de mujeres, y los hombres que seguían a Jesús muchas veces eran acusados de homosexuales, porque andaban entre puras mujeres, o de cornudos, porque dejaban a sus esposas solas en las aldeas por irse a fundar el Reino de Dios. Pasajes de los evangelios, -alumbrados por la exegética actual-, demuestran que las mujeres tuvieron un carácter preponderante en la fundación del cristianismo. Estas mujeres cargaban con sus hijos, que por lo regular eran niños, porque los hijos mayores se negaban a seguir a sus madres, que iban en pos de un profeta itinerante. Recordemos que las mujeres y los niños, -como ocurre actualmente-, eran las principales víctimas en sociedades machistas como en la que vivió Jesús de Nazaret, el cual se distinguió por la protección hacia las mujeres y por el amor prodigado a los niños. A los niños y a las mujeres se les golpeaba, abandonaban, esclavizaban o simplemente se les ignoraba. Era mal visto que hablaran en público, y cuando lo hacían, en ocasiones se les abofeteaba. Pero en este grupo, -el del cristianismo fundado por Jesús de Nazaret-, se aceptaba a cualquiera, y se podía hacer cualquier cosa, -conviene repetirlo- cualquier cosa, con la única condición de que se hiciera por amor al prójimo y sin dañarle, respetando siempre su dignidad como hijo de Dios.

El grupo que seguía a Jesús formaba una verdadera familia; se protegían mutuamente, procuraban que todos comieran o que tuvieran lo indispensable para vivir. Esta iglesia primitiva se debe entender como en lo que en Sociología se ha llamado grupos entusiamáticos, es decir que se congregan en torno a un líder carismático, radicalizan sus posturas y viven en comunión, viven con entusiasmo su propia vida. La familia original de Jesús, -cuando éste tomó renombre Palestina-, fue a buscarle, porque decían y así lo creían, que Jesús estaba loco por hacer lo que hacía: vivir caminando de un lugar a otro, durmiendo donde podía y junto a quién fuera, llamando a un cambio radical del sistema de cosas, defendiendo a las mujeres y escuchándoles, amando a los niños y motivándoles a que aprendieran a hablar y a expresarse. Cuando Jesús se enteró de que su familia original le andaba buscando, renegó de ellos, y dijo que su verdadera familia eran los que obedecían a Dios y actuaban con amor al prójimo. Debe decirse que, desde el principio, familiares carnales de Jesús le siguieron, y otros después se le unieron. Por lo tanto, cualquiera que se diga cristiano, es verdaderamente encarnación de Dios en el mundo, en cuanto que actúe en comunidad y de forma amorosa hacia el prójimo.

Ejemplo vivo y perversión de la comunidad original.

Después que Jesús fue asesinado por los poderes fácticos, el grupo original siguió reuniéndose. Presidían las reuniones, principalmente, diaconizas y profetizas o apóstolas. Las diaconizas servían la comida, organizaban las reuniones, atendían enfermos y estaban siempre al pendiente de lo que necesitaba cada miembro de la iglesia. Las profetizas eran apóstolas itinerantes que vivían de un lado a otro, animando a las iglesias, enseñando las originales palabras y hechos de Jesús. También había diáconos y apóstoles, pero, -cabe señalar nuevamente-, eran una ínfima minoría. De los diáconos y diaconizas salieron después los sacerdotes y sacerdotisas. Pero después se impuso el patriarcalismo en las iglesias, entre el siglo I y II, e intentaron borrar toda huella de la actividad de las mujeres.

Quemaron cartas y evangelios de las apóstolas, acusaron de prostitutas a las originales seguidoras de Jesús, o las calumniaron, diciendo que eran gente de escasa moralidad. Uno de estos casos fue el de María la Magdalena, la mejor discípula del profeta y la que más radicalmente le seguía, la que nunca le negó, como Pedro. De hecho, tras la muerte de Jesús, fue María de Magdala la que se percató de que Cristo había enseñado que, si ellos continuaban con la obra del maestro, era porque Cristo estaba vivo y resucitaba en cada miembro de la Iglesia. Fue María la que, -como narra el evangelio de Juan-, encontró el sepulcro vacío, vio que Cristo había resucitado, fue corriendo a la casa donde se habían escondido los demás y les anunció la Buena Nueva en la que se sostiene todo el Cristianismo: Cristo Jesús ha resucitado y vive en su Iglesia. “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra esperanza”, pronunció después Pedro una y otra vez, y utilizó este postulado como ariete para su predicación, hasta su muerte en Roma. Es decir que el Cristianismo se sostiene en el postulado de María de Magdala; Occidente ha estado sustentado, religiosamente, en la interpretación de esta mujer a la que Jesús de Nazaret amó más que a nadie en el mundo. Pero, como ya mencioné antes, se empezó a imponer el sacerdocio y apostolado masculino y cobarde, relegando a las mujeres a la esclavitud.

Los que se dicen cristianos.

Por lo tanto, con base en lo que hasta aquí se ha dicho, se puede postular que Dios no está encarnado en el Vaticano, y mucho menos está encarnándose en ninguno de sus representantes. Bergoglio, cuando era obispo en Argentina, entregó, -por lo menos-, a dos de sus sacerdotes para que los torturaran las fuerzas de seguridad del dictador Rafael Videla, porque estos sacerdotes habían optado por la Teología de la Liberación, y por defender a los pobres; a Bergoglio le pareció mal que sus sacerdotes siguieran radicalmente a Cristo. Bergoglio ayudó también a robar a una recién nacida de una guerrillera apresada, y entregó a la criatura a una familia de militares, porque, según el ahora papa, con los milicos represores estaría mejor. Bergoglio nunca se opuso ni denunció las atrocidades de Videla, nunca dijo nada contra los secuestros ni desaparecidos por el régimen militar. Ahora se dice que ha optado por los pobres, pero repetirá lo que ya ha hecho siempre el falso lado caritativo de la iglesia: se dedicará a dádivas, dará limosnas, desayunos gratis, mientras el Banco Ambrosiano sigue lavando dinero del crimen organizado.

Bergoglio no es la solución para mi Iglesia. San Francisco De Asís, cuando su padre le reclamó obediencia porque hasta la ropa que traía el santo se la había dado su progenitor, el santo de Asís se desnudó y dijo que desde ese momento nada le debía a su padre, que era completamente libre para seguir radicalmente a Cristo. Entonces Francisco se puso, a manera de vestimenta, un gran trozo de fieltro que encontró en el camino y se lo ciñó con un lazo que alguien le regaló. Desde entonces vivió de la limosna, predicando y trabajando para que a nadie le faltara qué comer. Casi siempre se quedaba sin comer porque, -lo consideraba el santo de Asís-, era preferible que los pobres comieran antes que él. Vemos cuánta diferencia hay entre el antiguo obispo Argentino y un verdadero seguidor de Cristo. Si Bergoglio verdaderamente quisiera seguir a San Francisco, se denudaría como lo hizo el santo de Asís, quitándose toda la ropa que simboliza el lujo producto de la explotación que ejercen los poderes fácticos sobre los más pequeños hijos de Dios.

El pueblo de Dios necesita un cambio radical. Volver a las bases. En el catolicismo se han empezado a levantar voces disidentes muy fuertes, debido la corrupción inherente a la curia romana, que es machista, perversa y cobarde. Nos encaminamos a un segundo cisma histórico, que será terrible para todos los que nos decimos cristianos católicos. No creo que Bergoglio, con toda su palabrería, pueda evitar el cataclismo. Los que más sufrirán serán los disidentes, los que siempre han padecido persecución, tanto de las iglesias como de los Estados. Muchos sacerdotes, laicos y agentes de pastoral han sufrido represión, tortura y muerte, ante la mirada complaciente de sus obispos, y la represión tomará más fuerza que nunca. Aquí también cabe decir: quiera Dios que yo me esté equivocando.

Nuestra Iglesia está a punto del colapso. Y Bergoglio empujará a mi Iglesia a su derrota necesaria. Yo no me estoy basando en las profecías del cándido San Malaquías, y mucho menos en el Apocalipsis de San Juan. Estoy hablando con bases eclesiológicas, religiosas, teológicas y anteponiendo conocimientos políticos, económicos, antropológicos y filosóficos. Quiera Dios que después de este holocausto, mi iglesia, en la que nací y a la que amo, salga fortalecida y verdaderamente cristiana.

Bibliografía.

Biblia de Jerusalén.

Duquoc, Christian. Mesianismo de Jesús y discreción de Dios. España. 1985. Ed Cristiandad. Trad. Rufino Godoy.

González Faus, José Ignacio. Acceso a Jesús. España. 1983. Quinta edición. Ed. Sígueme Salamanca.

González Echegaray, Joaquín. Arqueología y Evangelios. Navarra. 1994. Ed Verbo Divino.

El documento Q. Varios autores y revisores. España. 2002. España. Ed. Sígueme Salamanca. Edición bilingüe, griego español.

Theissen, Gerd. Estudios de sociología del cristianismo primitivo. España. 1985. Ed. Sígueme Salamanca. Traductores: Francisco Ruiz y Senén Vidal.

Theissen, Gerd. La religión de los primeros cristianos. España. 2002. Ed. Sígueme Salamanca. Traductor: Manuel Olasagasti Gaztelumendi.

Theissen, Gerd. Colorido local y contexto histórico en los evangelios. España. 1989. Ed. Sígueme Salamanca. Traductor: Manuel Olasagasti Gaztelumendi.

Jesús y su tiempo. Varios autores. España. 1968. Ed. Sígueme Salamanca.

Los evangelios apócrifos. Preparación de Aurelio de Santos Otero. España. 1999. Ed Cristiandad.

Documentos del Concilio Ecuménico Vaticano II. México. 1983. Ed Paulinas.

Malina, Bruce. El mundo del nuevo Testamento. Navarra. 1995. Ed Verbo Divino. Trad. Víctor Morla Ascencio.

Malina, Bruce y Rohrbaugh, Richard. Los evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I. Navarra. 1996. Ed Verbo Divino. Trad. Víctor Morla Ascencio.

Vidal, Senén. Los tres proyectos de Jesús. España. 2003. Ed. Sígueme Salamanca.

Velasco, Martín. Introducción a la fenomenología de la religión. España. 1997.sexta edición. Ed. Cristiandad.

El Ángel exterminador. Sobre la crisis del cristianismo y la renuncia de Benedicto XVI

Z-Benedicto-XVI.Luis-El-Cartún-PérezLa corrupción y los crímenes encubiertos por los líderes del Vaticano no son nuevos, pero parece que esta vez han llevado a la burocracia católica a una crisis sin precedentes. Una primera aproximación nos podría llevar a pensar que el comportamiento criminal-mafioso de la iglesia es -o debería de ser, si se cree en el dogma de la sociedad civil informada- el principal motivo de su creciente pérdida de popularidad entre las sociedades occidentales.

Las sociedades europeas, sobre todo, han pasado por un largo proceso de secularización desde mediados del siglo XIX y especialmente a través del siglo XX, que ha sido gradual y ascendente en todos los casos, salvo en el de los antiguos países comunistas (donde hubo una secularización muy rápida que afectó a unas tres o cuatro generaciones pero que a partir de la vuelta del capitalismo ha perdido terreno frente a la creciente fe religiosa de los jóvenes).

Sin embargo, el primer problema que salta a la vista es que las sociedades europeas que han avanzado más en su secularización -o más exactamente, en la desintegración de la sociedad religiosa- no son las católicas sino las protestantes. Esto tiene razones históricas más profundas: ¿que no fue el movimiento protestante ya un signo -contradictorio tal vez- de la secularización de las sociedades que lo aceptaron?

El punto aquí es que el cristianismo ha perdido terreno en Europa y, en menor medida, en varios países de América Latina -aunque ha ganado adeptos en África y en partes de Asia. Ahora bien, centrándonos en las sociedades europeo-latinoamericanas hay cuatro casos que parecen remar a contracorriente: México, Brasil, Polonia e Irlanda. En Brasil, por ejemplo, hubo un incremento del 3% en el porcentaje de la población que iba a la iglesia una vez o más al mes entre el período de 1930-1950 y 1998, para llegar al 70%. En Polonia hubo una reducción de 9% y en Irlanda del 23%, que en sí mismos parecen bastante grandes hasta que se les pone en contexto: en Hungría hubo una reducción del 40% durante el mismo período, en la República Checa del 34%. Por el otro lado, Irlanda pasó del 98% al 75%, en tanto que otros países católicos pasaron del 40 al 16% (Francia), o del 65 al 46%, (Italia o Portugal).[1] Tales datos no existen para México, pero un 95% de la población declarándose cristiana permite ver que cualquier secularización, si bien existente, ha sido limitada.

Según los sociólogos Hollinger & Haller hay esencialmente cuatro factores estructurales que determinan el nivel de religiosidad de cada sociedad: la doctrina teológica; las relaciones entre la iglesia y el Estado durante los siglos pasados; y la absorción de las formas pre-cristianas de religión por parte de la iglesia. La secularización de las sociedades protestantes se explica por el primer factor; la sociedad religiosa protestante se empezó a disolver porque su doctrina la volvía cada vez menos sociedad religiosa y simplemente doctrina teológica. La alta religiosidad relativa de sociedades como la irlandesa y la polaca se explican, por el contrario, por el segundo. El hecho de que la iglesia peleó con los nativos contra los invasores provocó que la identidad religiosa se confundiera con la nacional.

Sin embargo, para los autores de este estudio la razón principal de la desintegración de la sociedad religiosa es la desigualdad económica entre los distintos sectores. Es decir, entre más desigual sea una sociedad, tenderá a ser más religiosa también. Esto tiene una explicación relativamente sencilla: en un grupo social donde sólo unos pocos triunfan a costa de la mayoría y se elevan por sobre ésta, esos pocos tienen que justificar su triunfo de alguna manera, sea como una consecuencia natural del “derecho del más capaz”, de superioridad impuesta por el prestigio; o por la gracia de un ser supremo. Por el otro lado, la gran mayoría que vive en la miseria puede fácilmente explicar su pobreza como una consecuencia de la gracia -o ausencia de ésta- del señor, o como una prueba impuesta por él, que será redimida en otra vida. El alto nivel de religiosidad en Brasil, México o más recientemente en África, se debe esencialmente a este factor. Como bien se sabe, estas son algunas de las sociedades más desiguales que hay en el mundo.encabezeta blog

La consecuencia directa de lo anterior es que la pérdida de popularidad del catolicismo no tiene como causa fundamental la revelación durante las últimas décadas de los horribles crímenes cometidos por los hombres de la iglesia. No se trata de negar la importancia del desencantamiento que una parte de la población puede sentir cuando se sacude un poco al nido de ratas en que se ha convertido el Vaticano, como fue el caso hace unos días, sino simplemente entender que la posibilidad y la extensión del desencantamiento de ese sector de la población está condicionado por los factores antes mencionados, y que sólo puede actuar dentro de esos límites.

Una prueba de esto es que el proceso de secularización ha sido mucho más fuerte en países donde los crímenes cometidos por los hombres de la iglesia han sido una excepción, si no inexistentes; que en países tristemente famosos por las barbaridades de los curas y obispos -México, Irlanda- donde la secularización ha sido mucho más limitada.

El proceso vivido por la iglesia durante las últimas décadas, que probablemente haya alcanzado un punto culminante con la salida del Papa es sin embargo una consecuencia de un largo ciclo de fosilización burocrática. Es decir, la autoridad de la iglesia proviene de sus vínculos con el pasado; de una tradición histórica cada día más menguante o de estructuras sociales desiguales que en el largo plazo tenderían a desaparecer. La iglesia católica se alimenta de la pobreza y el subdesarrollo. La fosilización burocrática necesariamente lleva a la separación entre la gente común y la estructura de la organización. Las fuentes de autoridad de cada una divergen completamente: el cura, el obispo, el propio papa son impuestos a la comunidad de creyentes por la jerarquía vertical de la iglesia, por la élite. El único que puede romper con este ciclo de separación y devolverle a la organización su contacto con el vulgo, su sentido de la realidad, es el Profeta. La figura del profeta necesariamente rompe con la estructura viciosa de la organización, porque el profeta es una aleación desigual entre el creyente común y la fe desmedida. La autoridad del profeta proviene de su carisma, de la comunidad de creyentes, y no de la jerarquía organizacional; por tanto es ajena a esta y no está sometido a sus reglas.

La figura del profeta no es, contra lo que podría pensarse, una excepción a la historia de la religión. Jesucristo mismo es la encarnación perfecta del profeta, pero figuras similares se pueden ver en la historia más reciente, por ejemplo en la China del siglo XIX con la rebelión Taiping y el profeta Hong Xiuquan, quien se creía el hermano menor de Jesucristo -que los mandarines chinos consiguieron derrotar sólo después de la muerte de veinte millones de personas- o en el Brasil de finales del siglo XIX con Antonio Conselhero, derrotado, con el contubernio de la iglesia oficial, tras cuatro expediciones militares; en una batalla más sangrienta que cualquiera de la guerra contra el Paraguay. Los ideólogos de la cienciología de la posguerra americana pueden ser vistos también como pequeños profetas que se mantuvieron fuera de la estructura organizacional.

El Profeta, para Weber, necesariamente conlleva un terremoto dentro de la organización religiosa; pero si éste es aceptado por ésta, o si éste la conquista, aires de renovación fluirán por los pulmones de la iglesia, y se asirá al poder de una manera mucho más fuerte y directa de lo que lo había hecho antes. El surgimiento de los profetas es algo condicionado por la fe religiosa y por el alto nivel de burocratización de la iglesia en tanto que estructura, aunque por supuesto es imposible saber cuándo o dónde surgirá el siguiente. Lo importante del análisis weberiano es que sólo una renovación estructural equivalente a la aparición de un profeta, mutatis mutandis, podrá, si no revertir, sí por lo menos alentar el decline de la religión.


[1]             Hollinger F. & Haller M, (2009) Decline or Persistence of Religion?, The International Social Survey Programme, 1984/2009, Charting the Globe, London/New York, Pp. 283/288