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Boletín Digital ES58

Acerca de santos capitalistas, de perversiones e hipocresías

Francisco Javier Gálvez Cortés

jav

El Espíritu del señor está sobre mí, porque me ha consagrado
para anunciar a los pobres la Buena Nueva,
me ha enviado a proclamar la liberación a los esclavos
y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos
y a proclamar un año de liberación del Señor.
Evangelio de Lucas y Libro del profeta Isaías.

 

Cuando el presente texto sea publicado, ya se habrán declarado santos a Juan pablo II y a Juan XXIII. De igual manera, ya habrá corrido mucha tinta a favor de la canonización, poca en contra, muy poca con un análisis serio, y casi ninguno con un análisis no sólo serio, sino sustentado en la historia, la antropología y la ciencia. Este escrito trata de paliar esta falta. Trata de decir la verdad del Cristianismo y en lo que se ha convertido, conversión que se muestra con una de las más grandes hipocresías de la historia, como es la canonización de Juan XXII y Juan Pablo II.

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Argentina. “Videla, un ser malo y despreciable” : Estela de Carlotto

PRENSA LATINA 
Viernes 17 de mayo 2013
Buenos Aires, 17 may (PL) La argentina Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, afirmó hoy que la historia juzgará el genocidio sufrido por el pueblo durante los años de la dictadura militar de Jorge Rafael Videla.

La historia seguramente considerará el oprobio de esa dictadura, de la que (Videla) no se arrepintió jamás y de la que hizo declaraciones tardías para reivindicar todos sus delitos, destacó en declaraciones a radio Continental.

Hay hombres buenos y malos, este era un hombre malo, despreciable, que nunca se arrepintió de lo que hizo, afirmó la dirigente de esa organización de derechos humanos dedicada al rescate de los nietos nacidos en cautiverio y entregados ilegalmente a familias afines a la dictadura.

De Carlotto rememoró que Videla, fallecido hoy a los 87 años por causas naturales, no pidió perdón, no reparó el daño, e “insistió en eliminar al que pensó diferente e invocó la protección de Dios”, subrayó.

Pero acá fue juzgado y condenado, enfatizó.

El fallecido general llegó al poder en 1976 tras un golpe de Estado para comandar hasta 1981 la dictadura más sangrienta en la historia de Argentina (1976- 1983).

Actualmente era juzgado además por su participación en el siniestro Plan Cóndor, nombre con que se conoce la coordinación entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur de América.

Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia -y esporádicamente, Perú, Colombia, Venezuela y Ecuador- formaron parte de ese gran pacto de muerte creado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos y puesta en marcha en las décadas de los años 70 y 80 del siglo pasado.

Constituyó una organización clandestina internacional para la práctica del terrorismo de Estado y en ella se instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política.
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http://www.prensa-latina.cu/index.php?option=com_content&task=view&idioma=1&id=1422841&Itemid=1

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Boletín Digital ES24

El Ángel Exterminador Sobre la crisis del cristianismo y la renuncia de Benedicto XVI

Por Camilo Ruiz

tocar el cielo

La corrupción y los crímenes encubiertos por los líderes del Vaticano no son nuevos, pero parece que esta vez han llevado a la burocracia católica a una crisis sin precedentes. Una primera aproximación nos podría llevar a pensar que el comportamiento criminal-mafioso de la iglesia es -o debería de ser, si se cree en el dogma de la sociedad civil informada- el principal motivo de su creciente pérdida de popularidad entre las sociedades occidentales.

Las sociedades europeas, sobre todo, han pasado por un largo proceso de secularización desde mediados del siglo XIX y especialmente a través del siglo XX, que ha sido gradual y ascendente en todos los casos, salvo en el de los antiguos países comunistas (donde hubo una secularización muy rápida que afectó a unas tres o cuatro generaciones pero que a partir de la vuelta del capitalismo ha perdido terreno frente a la creciente fe religiosa de los jóvenes).

Sin embargo, el primer problema que salta a la vista es que las sociedades europeas que han avanzado más en su secularización -o más exactamente, en la desintegración de la sociedad religiosa- no son las católicas sino las protestantes. Esto tiene razones históricas más profundas: ¿que no fue el movimiento protestante ya un signo -contradictorio tal vez- de la secularización de las sociedades que lo aceptaron?

El punto aquí es que el cristianismo ha perdido terreno en Europa y, en menor medida, en varios países de América Latina -aunque ha ganado adeptos en África y en partes de Asia. Ahora bien, centrándonos en las sociedades europeo-latinoamericanas hay cuatro casos que parecen remar a contracorriente: México, Brasil, Polonia e Irlanda. En Brasil, por ejemplo, hubo un incremento del 3% en el porcentaje de la población que iba a la iglesia una vez o más al mes entre el período de 1930-1950 y 1998, para llegar al 70%. En Polonia hubo una reducción de 9% y en Irlanda del 23%, que en sí mismos parecen bastante grandes hasta que se les pone en contexto: en Hungría hubo una reducción del 40% durante el mismo período, en la República Checa del 34%. Por el otro lado, Irlanda pasó del 98% al 75%, en tanto que otros países católicos pasaron del 40 al 16% (Francia), o del 65 al 46%, (Italia o Portugal).1  Tales datos no existen para México, pero un 95% de la población declarándose cristiana permite ver que cualquier secularización, si bien existente, ha sido limitada.

Según los sociólogos Hollinger & Haller hay esencialmente cuatro factores estructurales que determinan el nivel de religiosidad de cada sociedad: la doctrina teológica; las relaciones entre la iglesia y el Estado durante los siglos pasados; y la absorción de las formas pre-cristianas de religión por parte de la iglesia. La secularización de las sociedades protestantes se explica por el primer factor; la sociedad religiosa protestante se empezó a disolver porque su doctrina la volvía cada vez menos sociedad religiosa y simplemente doctrina teológica. La alta religiosidad relativa de sociedades como la irlandesa y la polaca se explican, por el contrario, por el segundo. El hecho de que la iglesia peleó con los nativos contra los invasores provocó que la identidad religiosa se confundiera con la nacional.

Sin embargo, para los autores de este estudio la razón principal de la desintegración de la sociedad religiosa es la desigualdad económica entre los distintos sectores. Es decir, entre más desigual sea una sociedad, tenderá a ser más religiosa también. Esto tiene una explicación relativamente sencilla: en un grupo social donde sólo unos pocos triunfan a costa de la mayoría y se elevan por sobre ésta, esos pocos tienen que justificar su triunfo de alguna manera, sea como una consecuencia natural del “derecho del más capaz”, de superioridad impuesta por el prestigio; o por la gracia de un ser supremo. Por el otro lado, la gran mayoría que vive en la miseria puede fácilmente explicar su pobreza como una consecuencia de la gracia -o ausencia de ésta- del señor, o como una prueba impuesta por él, que será redimida en otra vida.
iglesia2El alto nivel de religiosidad en Brasil, México o más recientemente en África, se debe esencialmente a este factor. Como bien se sabe, estas son algunas de las sociedades más desiguales que hay en el mundo.

La consecuencia directa de lo anterior es que la pérdida de popularidad del catolicismo no tiene como causa fundamental la revelación durante las últimas décadas de los horribles crímenes cometidos por los hombres de la iglesia. No se trata de negar la importancia del desencantamiento que una parte de la población puede sentir cuando se sacude un poco al nido de ratas en que se ha convertido el Vaticano, como fue el caso hace unos días, sino simplemente entender que la posibilidad y la extensión del desencantamiento de ese sector de la población está condicionado por los factores antes mencionados, y que sólo puede actuar dentro de esos límites.

Una prueba de esto es que el proceso de secularización ha sido mucho más fuerte en países donde los crímenes cometidos por los hombres de la iglesia han sido una excepción, si no inexistentes; que en países tristemente famosos por las barbaridades de los curas y obispos -México, Irlanda- donde la secularización ha sido mucho más limitada.

El proceso vivido por la iglesia durante las últimas décadas, que probablemente haya alcanzado un punto culminante con la salida del Papa es sin embargo una consecuencia de un largo ciclo de fosilización burocrática. Es decir, la autoridad de la iglesia proviene de sus vínculos con el pasado; de una tradición histórica cada día más menguante o de estructuras sociales desiguales que en el largo plazo tenderían a desaparecer. La iglesia católica se alimenta de la pobreza y el subdesarrollo. La fosilización burocrática necesariamente lleva a la separación entre la gente común y la estructura de la organización. Las fuentes de autoridad de cada una divergen completamente: el cura, el obispo, el propio papa son impuestos a la comunidad de creyentes por la jerarquía vertical de la iglesia, por la élite. El único que puede romper con este ciclo de separación y devolverle a la organización su contacto con el vulgo, su sentido de la realidad, es el Profeta. La figura del profeta necesariamente rompe con la estructura viciosa de la organización, porque el profeta es una aleación desigual entre el creyente común y la fe desmedida. La autoridad del profeta proviene de su carisma, de la comunidad de creyentes, y no de la jerarquía organizacional; por tanto es ajena a esta y no está sometido a sus reglas.

La figura del profeta no es, contra lo que podría pensarse, una excepción a la historia de la religión. Jesucristo mismo es la encarnación perfecta del profeta, pero figuras similares se pueden ver en la historia más reciente, por ejemplo en la China del siglo XIX con la rebelión Taiping y el profeta Hong Xiuquan, quien se creía el hermano menor de Jesucristo -que los mandarines chinos consiguieron derrotar sólo después de la muerte de veinte millones de personas- o en el Brasil de finales del siglo XIX con Antonio Conselhero, derrotado, con el contubernio de la iglesia oficial, tras cuatro expediciones militares; en una batalla más sangrienta que cualquiera de la guerra contra el Paraguay. Los ideólogos de la cienciología de la posguerra americana pueden ser vistos también como pequeños profetas que se mantuvieron fuera de la estructura organizacional.

El Profeta, para Weber, necesariamente conlleva un terremoto dentro de la organización religiosa; pero si éste es aceptado por ésta, o si éste la conquista, aires de renovación fluirán por los pulmones de la iglesia, y se asirá al poder de una manera mucho más fuerte y directa de lo que lo había hecho antes. El surgimiento de los profetas es algo condicionado por la fe religiosa y por el alto nivel de burocratización de la iglesia en tanto que estructura, aunque por supuesto es imposible saber cuándo o dónde surgirá el siguiente. Lo importante del análisis weberiano es que sólo una renovación estructural equivalente a la aparición de un profeta, mutatis mutandis, podrá, si no revertir, sí por lo menos alentar el decline de la religión.

Hollinger F. & Haller M, (2009) Decline or Persistence of Religion?, The International Social Survey Programme,
1984/2009, Charting the Globe, London/New York, Pp. 283/288

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