Tag Archives: República Dominicana

Boletín Digital ES41

La persistencia de la Masacre del Perejil

Por Pablo Gentili

 En octubre de 1937, el dictador dominicano Rafael Trujillo condujo uno de los hechos más brutales y desconocidos de la historia del Caribe: la Masacre del Perejil.

Dispuesto a solucionar lo que consideraba ser el “problema haitiano”, Trujillo mandó asesinar a más de 30.000 hombres, mujeres, niños y niñas haitianos que vivían en República Dominicana ejerciendo, casi todos ellos, trabajos rurales en condiciones de esclavitud. Se suponía que la “invasión” haitiana constituía una grave amenaza política, económica y cultural a la sociedad dominicana. Y Trujillo estaba dispuesto a ponerle fin. En pocos días, miles de haitianos y haitianas fueron masacrados por las fuerzas militares y policiales dominicanas con hachas, pistolas, cuchillos y palos. Tuvieron el auxilio de los alcaldes locales, en las zonas de frontera, y de no pocos civiles. Sus cuerpos fueron arrojados a un pequeño río maldecido por tragedias y desencuentros. Se trata del Río Dajabón, cuyos 55 kilómetros separan la frontera haitiana y dominicana desde 1776. Un río miserable y nauseabundo, por la historia y la sangre que ha teñido su cada vez más insignificante caudal.

Lo llaman, el Río Masacre.

rioMasacre

Río Masacre, frontera entre Haití y República Dominicana (Agencia EFE)

Si “compartir” es usado como eufemismo de “dividir”, “quebrar”, “desmembrar”, “despedazar”, “romper” o “fragmentar”, podría afirmarse que Haití y la República Dominicana “comparten” una isla de las Antillas Mayores, en el Mar del Caribe, a 80 kilómetros de Cuba. Están divididas por 360 kilómetros de fronteras, sembradas de muerte y dolor.
No hay cómo diferenciar un haitiano de un dominicano si ambos están en silencio. Trujillo lo sabía. Por eso, para reconocer a los enemigos de la Patria, pidió a su ejército que exigiera a cada hombre, cada mujer, cada joven, cada niño, cada niña, que pronunciara la palabra “perejil”. La raíz francesa del kreyól ayisyen permitiría identificar el repugnante origen que el ejercito, las élites y algunos ciudadanos dominicanos atribuyen a los haitianos. Pronunciar la palabra “perejil” fue la trampa que inventó Trujillo para promover una limpieza étnica basada en sus más despreciables aspiraciones eugénicas.

Los único haitianos que no fueron exterminados trabajaban en las grandes haciendas de empresas o millonarios norteamericanos. La propiedad del imperio no se toca ni dentro ni fuera de sus fronteras, incluidos sus esclavos.
P-E-R-E-J-I-L
Su pronunciación equivocada costaba la vida. Y se la costó a 30.000 inocentes, con cuya desaparición, Trujillo dio por terminado el “problema haitiano”.

La situación de Haití no era diferente a la de siempre, desde que sus habitantes decidieron tener la osadía de ser la primer nación negra a independizarse de un imperio. Una crisis económica profunda, la ocupación militar norteamericana (que “dejó” formalmente el país en 1934), una gran miseria y la pertinaz inestabilidad institucional generada por su casi siempre corrupta e ineficiente dirigencia política. Una situación que, aún con matices, tampoco ha sido muy distinta del otro lado de la frontera. Allí, más allá de la petulante superioridad étnica y cultural que se atribuyen los sectores dominantes dominicanos sobre los haitianos, crisis económicas, corrupción, dictaduras y ocupaciones militares norteamericanas, también han marcado su historia. Como en la metáfora borgiana, a los haitianos y a los dominicanos, no los une el amor, sino el espanto.

Habitada por la misma gente y separada por la violencia, mucho más que por la lengua, la historia de la isla que comparten ambos países está marcada por el deseo de los haitianos más pobres (si es que se puede ser “más pobre” en Haití) de buscar un futuro digno en la República Dominicana.  También, por la siempre cínica actitud de los gobiernos dominicanos de aprovechar las ventajas de la mano de obra esclava o semi-esclava haitiana en la cosecha de la caña de azúcar o en los trabajos más pesados de la construcción, mientras se llevan a cabo oscilantes acciones de expulsión migratoria y una permanente política de estigmatización, desprecio y humillación pública hacia los vecinos invasores.

Actualmente, hay en República Dominicana cerca de un millón de haitianos y haitianas que viven “clandestinamente” en el país. Trabajan y sobreviven en condiciones de penuria. Los que pueden tener una ocupación regular en la construcción civil, no ganan más de 150 dólares por mes. Aún así, los exiguos recursos que obtienen los haitianos y haitianas que trabajan ilegalmente, mantiene miles de familias del otro lado de la frontera. Viven con menos de 100 dólares. Envían 50 o más a sus familias. La frontera entre República Dominicana y Haití es una de las más brutales marcas de la prepotencia sub-imperial que aún persiste en el mundo. Poco se ve, poco se la denuncia, poco nos indigna. Quizás, porque Haití no exista, nunca existió. Quizás, porque las élites dominantes de República Dominicana siempre han cifrado sus esperanzas en un futuro de prosperidad, exterminando, borrando, pulverizando a sus vecinos.

El terremoto que asoló Haití en enero del 2010, creó la ilusión de que el abismo que separa ambas naciones tendería a cerrarse progresivamente. Poco, o casi nada ocurrió. O sí… ocurrió lo de siempre. El presidente dominicano, Leonel Fernández encontró en el histrionismo patriotero la forma de unirse en un gesto de hermandad con su par haitiano, Michell Martelly. En política, nada vale más que una obra y la foto con la que se la inaugura. Así fue que el mandatario de lengua española donó al mandatario de lengua, en este caso, francesa, una Universidad. Y la inauguraron juntos, quedando fijados para la posteridad en un acto que apenas arrancó un leve murmullo de aguas en el Río Masacre.

La donación de República Dominicana a Haití consistió en la Universidad Henri Christophe del Norte, situada en Limonade, a 130 kilómetros de Port au Prince. Si Haití la necesitaba o no, poco pareció importarle a un presidente amigo de la educación en países ajenos, pero enemigo en el propio. República Dominicana posee una de las inversiones en educación más baja de América Latina y el Caribe y, desde hace años, enfrenta la valerosa lucha de diversos movimientos y organizaciones de defensa de la educación pública. Esos mismos movimientos y organizaciones, que junto con otros, siempre han trabajado por el fortalecimiento de los lazos de solidaridad y amistad entre ambos países.

Tampoco pareció importarle demasiado a Leonel Fernández que la histórica Universidad del Estado de Haití estuviera hecha pedazos, que en ella hubieran muerto decenas de profesores y centenas de alumnos. Sacarse fotos en ese tipo de sitios carece de toda gracia. ¿Quién podría reconocer sobre los escombros el tamaño de su sonrisa generosa? El flamante edificio de Limonade fue inaugurado dos años después del terremoto. Y allí permanece, aún sin concluir, sin alumnos, sin profesores y sin que se haya dictado una única clase contando la silenciosa y dramática historia de los desencuentros entre dominicanos y haitianos.

La foto quedó a la altura de las circunstancias.

RD-Haiti

Los presidentes Leonel Fernández (derecha) y Michel Martelly (izquierda) inauguran el Campus de Limonade donado por el gobierno dominicano a 130 kilómetros de Port au Prince, en enero del 2012.

A 76 años de la Masacre del Perejil, el abismo entre ambos países sigue aumentando. Hace pocos días, el Tribunal Constitucional de República Dominicana ha negado el derecho a la ciudadanía a los niños y niñas de padres haitianos que viven en el país. Mientras miles de dominicanos emigran clandestinamente a Estados Unidos en busca de un futuro mejor, la justicia de su país niega a los hijos e hijas de emigrantes haitianos lo que todos los tratados internacionales sobre derechos humanos y derechos del niño proclaman. La nacionalidad dominicana para los hijos de inmigrantes haitianos es “inconstitucional”. Un nuevo gesto de barbarie y de agresión hacia el país vecino, que UNICEF ha condenado vehementemente.
La Masacre del Perejil persiste. Hoy se ha vuelto, quizás, más higiénica, literalmente, más eugénica. “Se trata de una limpieza étnica legal”, sostiene la destacada escritora dominicana Rita Indiana, en El País:

“Queremos que construyan nuestras casas, iglesias y puentes, queremos que corten nuestra caña y que limpien nuestra mierda, pero sin formar parte de la sociedad civil, víctimas de una ilegalidad irreparable, para cuya superación nos abren cada vez más caminos los países del Primer Mundo, adonde los dominicanos acudimos de la misma forma, en cientos de miles”.

Un millón de haitianos y haitianas que viven en República Dominicana son, simplemente, “extranjeros en tránsito”. Sus hijos, sus hijas, no existen. No tienen nacionalidad. Tampoco tendrán en Dominicana, como sus padres no tuvieron en Haití, derecho a la escuela, a la salud, a nada. No tienen patria ni la tendrán, aunque sean iguales a cualquier niño o niña dominicanos, aunque pronuncien como ellos la palabra “perejil”
Han pasado 76 años desde que Trujillo soñó un sueño de exterminio, desprecio y humillación. El río que corta, que divide, que hace sangrar esa isla del Caribe llena de gente heroica a ambos lados de la frontera, se sigue llamando Masacre.
Y Ud., ¿cómo pronuncia perejil?

Published by:
Boletín Digital ES39

Una Resolución racista la del Tribunal Constitucional Dominicano

Por Hugo Cedeño

HaitianosRD.jpg

Miles de hijos, hijas, nietos y nietas de padres y madres de nacionalidad haitiana que en la década de los años 30 fueron traídos al país a trabajar en los campos sembrados de caña de azúcar, ahora serán apátridas.

Una Resolución del Tribunal Constitucional Dominicano del pasado jueves 26 de septiembre decidió que éstos no son dominicanos porque sus padres no estaban en el país registrados legalmente.

Sin embargo, los contratistas, grandes empresarios azucareros, el tirano Trujillo y los sucesivos gobiernos se hicieron de la vista gorda para seguir explotando esta mano de obra barata y trabajadora por los “siglos de los siglos”, sin importarles su status migratorio. Esta política fue en común acuerdo con el régimen tiránico de los Duvalier, la burguesía haitiana y  la cúpula de la iglesia católica insular.

Con el quiebre de la industria azucarera, los caseríos en las que estos trabajadores fueron alojados, llamados bateyes, se convirtieron en “cementerio de hombre vivos” provocando el normal proceso migratorio de sus pobladores hacia las ciudades periféricas convirtiéndose en trabajadores de la construcción, de servicios y del sector informal.

Estos, la mayoría jóvenes y adultos jóvenes, se organizaron para solicitar ser dotados del documento de identidad acreditándolos como dominicanos que son. El hecho de no portarlo les impide trabajar bajo la legalidad de la nueva Ley de Seguridad Social que rige al país desde hace una década.

El documento lo expide la Junta Central Electoral. Su presidente, el doctor Rosario, envió al Tribunal Constitucional Dominicano la solicitud de los demandantes y este organismo ha votado que no tienen derecho a la nacionalidad dominicana.

¡Qué bien! Después de casi un siglo, a los Nazionalistas de patio se les ocurre que éstos dominicanos no lo son porque sus padres, en vez de regresar a Haití se quedaron en el país sin documentos migratorios legales, aunque portaban un carnet que los acreditaba como trabajadores, muchas veces transferido a sus descendientes,  que  en la mayoría de los casos se dedican a la misma labor.

Los inquisidores del presente siglo han votado retroactivamente una resolución que a todas luces es ilegal, cavernaria y por demás inhumana.

Llamamos a rechazar y combatir exigiendo que todos esos ciudadanos, sus hijos, hijas, nietos y nietas, sean dotados de documentos que les acrediten como nacionales dominicanos.

A estas alturas que vive la humanidad, después de haber derrotado el fascismo y el nazismo, solo un grupo del nacionalismo extremo se atreve a dictaminar una resolución como esta.

Cabe la más amplia unidad y coordinación para derrotar las malsanas pretensiones de los Nazionalistas y defender a los cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas a los que se les niega la nacionalidad dominicana bajo argumentos jurídicos inaceptables.

Published by:
Boletín Digital ES39

Todo el sector salud se unirá al paro laboral hasta el jueves: República Dominicana

Por Hogla Enecia

RDEl Colegio Médico Dominicano definió de exitoso el primer día de huelga; las enfermeras se unen hoy. (Angel Vargas)

Las enfermeras y los demás trabajadores del sector salud se sumarán al paro médico, mientras que los pacientes están a favor de la causa pero en contra del paro. La presidenta del Colegio Médico Dominicano (CMD) aseguró que a partir de hoy todo el sector salud se unirá al paro de labores convocado por 72 horas, incluidas las enfermeras, en demanda de aumento salarial.

Amarilis Herrera informó que la paralización se cumple en un 100 por ciento en todos los hospitales del país y que la respuesta de los médicos al llamado hecho por el gremio “deja muy claro que están esperando su reajuste salarial”.

“Ha sido un paro contundente, exitoso en un cien por ciento, los médicos han correspondido al llamado”, sostuvo la presidenta del gremio.

Agregó que “si el jueves a las 8:00 de la mañana no tenemos una decisión o un llamado de las autoridades, los paros a nivel nacional se van a seguir incrementando” para continuar luchando.

Durante un recorrido por diversos centros de salud del gran Santo Domingo se observó que las salas de esperas de los mismos estaban vacías y las emergencias abarrotadas de personas que necesitaban ser atendidas.

Al ser preguntado sobre el paro convocado por los médicos, los pacientes dijeron que están de acuerdo con la demanda, pero al mismo tiempo desaprobaron la paralización por tres días, pues no tienen dinero para acudir a un centro privado. “Estoy de acuerdo pero por tres días no, hay mucha gente enferma” y los más pobres son los perjudicados con la situación, expresó María Ramírez, quien asistió al Hospital Luis E. Aybar en busca de asistencia médica.

Galenos de los diferentes centros asistenciales dijeron que apoyarán la causa “hasta el final”, ya que están preocupados por que el presupuesto para el 2014 prácticamente se ha socializado y no los han tomado en cuenta. Expresaron su esperanza de que los legisladores y el Ministerio de Hacienda los tomen en cuenta antes de la aprobación del presupuesto, pues según sus percepciones, muchas veces, no modifican lo que propone el Poder Ejecutivo.

Paralización se cumplió parcialmente en el Cibao

El paro convocado por el CMD fue acatado un 90 por ciento en los hospitales de la región Norte, en su primer día. Al paro se sumaron las enfermeras del hospital regional José María Cabral y Báez, quienes anunciaron un paro de labores en toda la región del Cibao. Algunos de los pacientes que llegaron al centro de salud tuvieron que retirarse a sus hogares. Ramón Rodríguez, presidente del gremio, filial Valverde, dijo que las autoridades de Salud Pública han asumido las consultas conjuntamente con galenos contratados por ese Ministerio para las Unidades de Atención Primaria (UNAP).

Published by:
%d personas les gusta esto: