México. Nuevo ataque de las eólicas en Oaxaca

desINFORMÉMONOS periodismo de abajo
ALÉSSI DELL’ UMBRIA
TRADUCCIÓN: ARTHUR LOROT
Domingo 9 de Marzo 2014
Álvaro Obregón, Oaxaca. La resistencia a las empresas eólicas de la comunidad zapoteca de Álvaro Obregón, enfrenta los ataques físicos y amenazas de órdenes de aprehensión por parte de las organizaciones políticas que controlan clientelarmente Juchitán: La Coordinación Obrero Campesina Estudiantil del Istmo (COCEI) y el Partido de la Revolución Democrática. Desde la sociedad civil, se organizó ya una caravana de apoyo a la ejemplar asamblea comunitaria.

En el Istmo de Tehuantepec, la comunidad zapoteca de Álvaro Obregón (Gui Xhi Ro, en su lengua) logró una hazaña: unos cientos de pescadores y campesinos, armados con machetes y piedras, enfrentaron con éxito a una trasnacional con capitales holandeses, australianos y japoneses, apoyada por el Banco Interamericano de Desarrollo y la Unión Europea y promovida por los tres niveles de gobierno mexicanos (federal, estatal y municipal).

Con el bloqueo de la única vía de acceso a la barra Santa Teresa, iniciado el 2 de noviembre de 2012, Álvaro Obregón hizo fracasar un proyecto monstruoso, que planeaba llenar de hormigón y cemento a un sitio frágil y único, ubicado entre las dos grandes lagunas del Istmo, para instalar 132 aerogeneradores. Esto hubiera privado a cientos de familias istmeñas, acostumbradas a pescar en estas aguas, de un recurso fundamental.

Álvaro Obregón fue, hasta ahora, una simple agencia municipal de Juchitán. Desde hace más de 30 años, Álvaro Obregón fue también la reserva electoral de la COCEI. A este lugar vino la organización a pedir ayuda siempre que la competencia con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se volvía cerrada. Ese peonaje electoral se acabó el 2 de noviembre de 2012, cuando los habitantes se dieron cuenta de que los líderes de la COCEI malvendieron su territorio de pesca y que les mintieron –como lo hizo Héctor Sánchez en una junta pública- al decir que está garantizada la continuidad de la pesca.

La COCEI, movimiento que nació con los años setentas como de extrema izquierda, llegó a la presidencia municipal de Juchitán por primera vez en 1981, y renunció desde hace mucho a las luchas por la restitución de las tierras comunales. Con su institucionalización, se convirtió en una mafia política de clientelismo, que gobierna Juchitán comprando la fidelidad electoral de los pobres y reprimiendo brutalmente a los disidentes. Sus dirigentes, que usaron la presidencia municipal como pasarela para llegar a ser diputados o senadores, se volvieron un ejemplo escandaloso de corrupción y de malversación de fondos. Poseen ahora inmensas haciendas, manejan coches de lujo y circulan rodeados de pistoleros, además de rivalizar con el PRI en la venta del territorio istmeño a las trasnacionales eólicas.

Álvaro Obregón pagó el precio de la corrupción institucional: la mayor parte del presupuesto que debe recibir, el cuatro por ciento del de Juchitán, se pierde en camino. No dispone de un sistema de drenaje, ni tampoco de una red de agua potable o de recolección de basura; sus calles, en general sin pavimentar, se transforman en lodo durante la temporada de lluvias. La única inversión fue en el edificio de la agencia municipal.  Ser agente municipal en Álvaro Obregón es disfrutar de una renta en una situación cómoda. Sólo que ahora la renta se agotó.

En esta agencia municipal, la COCEI dejó de ilusionar y los partidos políticos están prohibidos en la comunidad. Las elecciones municipales de julio de 2013 no ocurrieron porque los habitantes decidieron arreglar ellos mismos sus asuntos. Después de constituir su policía comunitaria, revitalizaron el Consejo de Ancianos y crearon una asamblea comunitaria que designó a un cabildo. Unos días después, la asamblea ocupó el edificio abandonado de la agencia municipal. El corazón de la resistencia se desplazó de la Casa Charis, en la ruta de la barra Santa Teresa, a la agencia, en el zócalo del pueblo.

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