Por dónde empezar: La Revista Pluma.

14-diciembre-2014.

El día sábado 13 de diciembre el Partido Obrero Socialista (POS) realizó una presentación pública de su Revista Pluma en la Nueva Babel, ciudad de Oaxaca, acompañado de militantes y simpatizantes.

La revista Pluma, como periódico político, es muy importante para el POS, al igual que lo sería para cualquier organización bolchevique. Esta se distribuye en EUA, Costar Rica y República Dominicana; el norte, centro y sur de México; en el magisterio (Sección XXII de la CNTE) y entre los policías comunitarios de Guerrero.

Ese mismo día se realizó una escuela de cuadros en el istmo (Juchitan, Oaxaca).

¿Por qué es tan importante la revista Pluma para una organización revolucionaria como el POS? Lenin nos lo explicará detalladamente en el siguiente texto que les compartimos:

¿Por dónde empezar?
(Leer texto completo en: http://puntodevistainternacional.org/toda-la-formacion/libros-y-articulos-en-pdf/78-por-donde-empezar-de-v-i-lenin.html)

Por otra, sigue alzando orgullosamente la cabeza la tendencia del eclecticismo sin principios, que se adapta a cada nueva “moda” sin saber distinguir entre las demandas del momento y las tareas fundamentales y necesidades constantes del movimiento en su conjunto.

El programa que formulamos en Iskra es formar un partido fuerte y organizado que tienda no sólo a arrancar concesiones aisladas, sino a conquistar la fortaleza misma de la autocracia. Trabajar para crear una organización combativa y hacer agitación política es obligatorio en todas las circunstancias “monótonas y pacíficas”, en cualquier período de “decaimiento del espíritu revolucionario”. Es más: precisamente en tales circunstancias y en tales períodos es necesario de una manera especial el trabajo indicado, pues en los momentos de explosiones y estallidos es ya tarde para crear una organización; la organización debe estar preparada para desplegar inmediatamente su actividad.

La tarea inmediata de nuestro partido no puede consistir en llamar a todas las fuerzas existentes a atacar ahora mismo, sino en exhortar a formar una organización revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y de dirigir el movimiento no sólo nominalmente, sino en realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándola para multiplicar y reforzar los efectivos que han de utilizarse en el combate decisivo.

Lo que se exige de nosotros en el momento actual es que resolvamos el problema de una manera práctica, y no en principio. No sólo debemos comprender qué organización necesitamos y para qué labor; tenemos también que trazar un plan concreto de esta organización, a fin de que se pueda emprender su creación en todos los aspectos.

A nuestro juicio, el punto de partida de nuestra actividad, el primer paso práctico hacia la creación de una organización deseada y, por último, el hilo fundamental al que podríamos asirnos para desarrollar, ahondar y ampliar incesantemente esta organización debe ser la fundación de un periódico político para toda Rusia. Necesitamos, ante todo, un periódico. Sin él será imposible desplegar de modo sistemático una propaganda y una agitación que se atengan con firmeza a los principios y abarquen todos los aspectos. Esta tarea, constante y fundamental, es singularmente vital en estos momentos, en los que el interés por la política y por los problemas del socialismo se han despertado en los más vastos sectores de la población. Nunca se ha sentido tanto como ahora la necesidad de completar la agitación dispersa, efectuada por medio de la influencia personal, de hojas locales, folletos, etc., con la agitación regular y general, que sólo puede hacerse a través de la prensa periódica. El grado de frecuencia y regularidad con que se publica (y difunde) un periódico puede ser la medida más exacta de la seriedad con que está organizada esta rama de nuestra actividad combativa, más primordial y urgente.

Si no sabemos unir nuestra influencia en el pueblo y en el gobierno por medio de la palabra impresa, y mientras no sepamos hacerlo, será utópico pensar en unir otras formas de influencia más complejas, más difíciles, pero, en cambio, más decisivas. Nuestro movimiento, tanto en el sentido ideológico como en el sentido práctico, de organización, adolece más que nada de dispersión, de que la inmensa mayoría de los socialdemócratas están absorbidos casi en absoluto por una labor puramente local, que limita sus horizontes, al alcance de su actividad y su aptitud y preparación para la clandestinidad. El primer paso para transformar los diversos movimientos locales en un solo movimiento debe ser la publicación de un periódico.

Por último, necesitamos sin falta un periódico político. Sin un órgano político es inconcebible un movimiento que merezca el nombre de movimiento político. Sin ese periódico será imposible en absoluto cumplir nuestra misión: concentrar todos los elementos de descontento político y de protesta y fecundar con ellos el movimiento revolucionario del proletariado. A través del proletariado, el periódico penetrará en las filas de la pequeña burguesía urbana, de los artesanos rurales y de los campesinos, y será un verdadero periódico político popular.

La misión del periódico no se limita, sin embargo, a difundir ideas, a educar políticamente y a conquistar aliados políticos. El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. Con la ayuda del periódico, y en ligazón con él, se irá formando por sí misma una organización permanente, que se ocupe no sólo en la labor local, sino también en la labor general regular; que habitúe a sus miembros a seguir atentamente los acontecimientos políticos, a apreciar su significado y su influencia sobre los distintos sectores de la población, a concebir los medios más adecuados para que el partido revolucionario influya en esos acontecimientos. La sola tarea técnica de asegurar un suministro normal de informaciones al periódico y una difusión normal del mismo obliga ya a crear una red de agentes locales del partido único, de agentes que mantengan entre sí relaciones intensas, que conozcan el estado general de las cosas, que prueben sus fuerzas en la organización que necesitamos; lo suficientemente grande para abarcar todo el país; lo suficientemente vasta y variada para instaurar una rigurosa y detallada división del trabajo; lo suficientemente firme para saber proseguir sin desmayo su labro en todas las circunstancias y en todos los “virajes” y situaciones inesperadas; lo suficientemente flexible para saber, de un lado, rehuir las batallas en campo abierto contra un enemigo que tiene superioridad aplastante de fuerzas cuando concentra éstas en un punto, y para saber, de otro lado, aprovechar la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espera ser atacado. Hoy debemos aprovechar la agravación de la situación política, provocada por el gobierno. Semejante grado de disposición combativa sólo puede lograrse con la actividad constante a que se dedica un ejército regular. Y si unimos nuestras fuerzas para asegurar la publicación de un periódico común, esa labor preparará y destacará no sólo a los propagandistas más hábiles, sino también a los organizadores más expertos, que pueden, en el momento necesario, lanzar la consigna del combate decisivo y dirigirlo.

Como conclusión, unas palabras para evitar posibles confusiones. Hemos hablado todo el tiempo sólo de preparación sistemática, metódica; pero con eso no hemos querido decir en modo alguno que la autocracia pueda caer exclusivamente por un asedio acertado o por un asalto organizado. Tal punto de vista sería de un doctrinarismo insensato. Al contrario, es plenamente posible, e históricamente mucho más probable, que la autocracia caiga bajo la presión de una de esas explosiones espontáneas o complicaciones políticas imprevistas, que amenazan siempre por todas partes. Pero ningún partido político puede, sin caer en el aventurerismo, basar su actividad en semejantes explosiones y complicaciones. Nosotros debemos seguir nuestro camino y realizar sin desfallecimientos nuestra labor sistemática. Y cuanto menos contentos con lo inesperado, tanto más probable será que no nos pille desprevenidos ningún “viraje histórico”.

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